jueves, 26 de noviembre de 2015

Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste[…] Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6





¿Existen ángeles en el infierno?
ÁNGELES DEL INFIERNO
He aquí el trono del caos y su oscuro pabellón ampliamente extendido en el abismo ruin.
Milton
El infierno no es un lugar agradable. Pero usted lo desconoce, porque Satanás y sus demonios han montado un gran espectáculo. «El mismo Satanás», Pablo nos advierte, «se disfraza como ángel de luz» (2 Corintios 11:14, cursivas añadidas). Quizás es muy bueno haciendo esto porque alguna vez fue ángel. Satanás, según creen la mayoría de los eruditos bíblicos, fue en un momento dado un gran ángel, tal vez el más elevado de la jerarquía celestial. Su verdadero origen y los hechos específicos que lo llevaron a su caída están ocultos en el misterio. Sabemos mucho más acerca de lo que hace, que de cómo llegó ahí.

Un ser maligno … sutil y lleno de odio.
Donald Grey Barnhouse
EL PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS DISFRAZADO DE LUZ

Como vimos en el capítulo 2, el pasaje más conocido acerca de la ruindad del diablo se encuentra en Isaías 14:12: «¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!» La palabra Venus en latín es «Lucifer», que así aparece en algunas versiones de la Biblia. Al planeta Venus se le conoce como el lucero de la mañana debido a su brillante visibilidad en la temprana luz del amanecer. Irónicamente, a Jesús también se le llama «La estrella resplandeciente de la mañana» (Apocalipsis 22:16).

Isaías 14 continúa: «Cortado fuiste por tierra[…] Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo» (Isaías 14:12–15).

Como mencioné en el capítulo 2, la comprensión de este pasaje ha tenido un poco de dificultad. En su contexto histórico, Isaías 14 realmente se refiere a la caída del rey de Babilonia, quizás es una antigua historia cananea que Israel usaba para apoyar su argumento. Aunque hay eruditos de la Biblia que creen que Isaías 14 también describe la muerte celestial de Satanás, anterior al inicio de la historia humana. Sabemos que algo así debió haber sucedido, porque en Génesis 3 vemos a «la serpiente antigua, que se llama diablo» (Apocalipsis 12:9) interferir maliciosamente en los propósitos de Dios, después que la Biblia abre con la creación en Génesis 1 y Adán y Eva en Génesis 2.

Ezequiel 28 es otro pasaje clave acerca de un antiguo gobernante, el rey de Tiro, a quien se le identifica como «el querubín protector».
Tú eras el sello de la perfección,
lleno de sabiduría, y acabado de hermosura.
En Edén, en el huerto de Dios estuviste[…]
Tú, querubín grande, protector,
yo te puse en el santo monte de Dios; allí estuviste;
en medio de las piedras de fuego te paseabas.
Perfecto eras en todos tus caminos
desde el día que fuiste creado,
hasta que se halló en ti maldad[…]
Por lo que yo te eché del monte de Dios,
y te arrojé de entre las piedras del fuego,
oh querubín protector.
Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura,
corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor;
yo te arrojaré por tierra;
delante de los reyes te pondré para que miren en ti[…]
espanto serás,
y para siempre dejarás de ser.
Ezequiel 28:12–19
Tal vez este pasaje relate la caída del diablo. Si por cierto es acerca de Satanás, podemos ver que era un ángel de alto rango: «Querubín[…] protector, yo te puse en el santo monte de Dios». Y también era sin pecado, «perfecto» en todos los sentidos, pero nació la debilidad del orgullo (igual que en Isaías 14) cambió su corazón y se volvió en contra de Dios. Por lo tanto, Dios lo echó fuera del cielo.

Casi al finalizar la Biblia leemos un relato similar: «Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él» (Apocalipsis 12:7–9).

Apocalipsis 9, que comienza con el simbolismo bíblico clásico, es paralelo: «Una estrella [recuerden la asociación bíblica entre ángeles y estrellas] que cayó del cielo a la tierra». Sin duda, los primeros cristianos lo entendieron como un símbolo del ángel caído, Satanás. «Y se le dio la llave del pozo del abismo»: el elevador hacia el infierno. Una vez abierto el abismo, hubo tantas tinieblas que el sol y el aire se oscurecieron. Fue el ocaso de una de las más temibles plagas del mundo antiguo: una oscura y revoloteante nube de langostas. Sin embargo, estos insectos eran terriblemente diferentes: «Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes» (Apocalipsis 9:4).

En lugar de eso, la tortura a los perversos fue como tormento de escorpión: un símbolo del poder del demonio. Jesús lo explicó anteriormente: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará» (Lucas 10:18–19, cursivas añadidas).

Para resumir, la Biblia no aclara de dónde viene exactamente Satanás, ni precisa cuándo cayó a la tierra, pero de que hay un diablo, un oponente sobrehumano de Dios y su pueblo, es indiscutible. Su nombre, Satanás, significa «adversario». Los judíos de la antigüedad también lo llamaban por el nombre menos conocido Mastema: palabra hebrea para «enemistad». En los antiguos rollos del Qumrán, el diablo es «el ángel de enemistad». «El judaísmo[…] consideraba a Satanás o Mastema como la encarnación del principio de hostilidad entre Dios y los seres humanos, y también como el gobernador de los malos espíritus». El Nuevo Testamento lo llama cuatro veces «el príncipe de los demonios».

El otro nombre bien conocido de Satanás es diablo, que significa «acusador» o «engañador». Es su título. Es a lo que se dedica. Al diablo también se le conoce como:
     mal o malvado (Mateo 6:13)
     enemigo (Mateo 13:25, 28, 39)
     homicida (Juan 8:44)
     engañador (Apocalipsis 20:10)
     beelzebú (Mateo 9:34; 12:24)
     Belial o Beliar, «el inútil» (2 Corintios 6:15)
     gobernador de este mundo (Juan 12:31)
     príncipe de este mundo (Juan 12:31)
     príncipe de los poderes del aire (Efesios 2:2; 6:12)
     gran dragón (Apocalipsis 12:9)
     serpiente antigua (Apocalipsis 12:9)
     Abadón, Apolión, destructor (Apocalipsis 9:11)
     tentador (Mateo 4:3)
Es el padre de mentira (Juan 8:44). Por eso es bueno en disfrazarse como ángel. Es el príncipe de las tinieblas disfrazado de luz.
UN DIABLO DE NEGOCIOS
El diablo está en un terrible negocio. Hace todo lo malo que podamos imaginar. Y otro tanto que parecen muy buenas. Está en el negocio de oponerse a Dios y resistir a los santos. C. Fred Dickason, en su excelente libro Angels: Elect and Evil [Ángeles: elegidos y perversos], ha bosquejado cuidadosamente el trabajo del diablo. Con relación a Dios, es el adversario de la persona y del programa de Dios. Con relación a las naciones, las engaña a través de la sutil influencia de sus gobernantes.

Con relación a los inconversos, Satanás obstruye o distorsiona el mensaje salvador de Jesús. Según la parábola del sembrador (Lucas 8:12), se lleva lejos el evangelio así como los pájaros lo hacen en los caminos donde el grano cae.

De algún modo, esto involucra juegos perniciosos de la mente, como el apóstol Pablo lo explica: «Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (2 Corintios 4:3–4).

Satanás lo logra promoviendo falsas religiones, algo que el apóstol Pablo llama «doctrinas de demonios» (1 Timoteo 4:1–3), y sustentando un estilo de vida de ateísmo, viviendo sin tomar en cuenta a Dios ni sus leyes. Los comentarios de Pablo al respecto son explícitos: «Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia» (Efesios 2:1–2).

Finalmente, con relación a los cristianos, el diablo lucha contra nosotros con uñas y dientes: «Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra[…] los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en la regiones celestes» (Efesios 6:11–12). Los «métodos de ataque del diablo» consisten en murmuración y acusación: precisamente pone en acción el significado de su nombre (Apocalipsis 12:10). Y plantando la duda, tentándonos a pecar. Incitando a persecución. Obstruyendo el camino del ministerio: «Por lo cual», escribe Pablo, «quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó» (1 Tesalonicenses 2:17–18).

Quizás las estratagemas más eficaces de Satanás son las más sutiles: el malentendido en las relaciones y la división profundamente dolorosa que viene como resultado: división de iglesias, demandas legales entre amistades y vecinos, hijos que huyen del hogar, divorcios. Pueden leer una letanía de los éxitos del diablo en la página principal de los periódicos del día.

A menudo se pasa por alto que Efesios 6, quizá un de los pasajes de la Biblia más familiares acerca de la batalla espiritual, es realmente acerca de los problemas de las personas y cómo el diablo las usa para lograr sus diabólicos propósitos. Justo antes del famoso pasaje sobre la armadura de Dios en Efesios 6, Pablo se refiere a toda clase de situaciones sobre las relaciones: esposos y esposas (Efesios 5:22–33), padres e hijos (Efesios 6:1–4), y amos y esclavos, o en términos de nuestra cultura, como lo traducen algunas versiones de la Biblia, empleados y empleadores (Efesios 6:5–9).

Después, y solo entonces, Pablo demanda: «Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios[…] Porque no tenemos lucha contra sangre y carne (Efesios 6:10–12). O sea, sus luchas no son con todos los que en su vida cree que son sus grandes problemas. Las batallas de la vida se dan a un nivel mucho más profundo y sus problemas no sólo son contra otras personas, sino contra los principados y las potestades de las tinieblas que trabajan detrás de los telones para romper nuestras relaciones importantes: esposos y esposas, padres e hijos, empleados y empleadores.

Antes de pasar a considerar los demonios y qué hacen, quiero aclarar otro asunto importante. Satanás quizás sea el segundo ser más poderoso en el universo, pero no es omnipotente. Su poder y autoridad están muy por debajo del trono de Dios. Pablo nos recuerda que Cristo está sentado a la diestra del Padre, «sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero» (Efesios 1:21).

Satanás tampoco es omnipresente. Es un ángel caído, un ser finito. En su condición de ángel, es probable que tenga «alas», en el sentido de que puede moverse rápido de un lugar a otro en el tiempo y el espacio. Pero a diferencia de Dios, no está en todas partes al mismo tiempo. Sin embargo, tal vez piensen que sí lo está por la forma en que la gente habla de él. Pareciera que está en todos los lugares al mismo tiempo, pero esa es parte de la ilusión. Lo que a la mayoría de las personas le parece que es el diablo, tal vez no sea algo más que los demonios, intensamente sirviendo a su malvado maestro.

En resumen, las funciones del diablo como tipo de universo negativo: cualquier cosa en la que Dios esté, el diablo va en su contra. Satanás es la personificación del mal y tiene una infinidad de ángeles caídos a su servicio.
¿DE DÓNDE VIENEN LOS DEMONIOS?
No todos los ángeles son buenos. La palabra demonios en griego es daimones. Según la Biblia, los demonios, que colaboran con el diablo mismo, son un malvado tercio (Apocalipsis 12:3–4) de la población del ámbito espiritual. ¿Quiénes son los demonios? ¿Y de dónde vienen? La respuesta más rápida y sencilla es que son ángeles caídos («de las tinieblas»). Y eso es lo que yo creo, pero quizás les sorprenderá que no todos piensen igual. C. Fred Dickason admite que «hay una pregunta concerniente a origen e identificación de los demonios[…] porque la Biblia no lo establece de manera específica». Y el teólogo Henry Theissen la llama «una pregunta confusa».
Ángeles caídos. 
La primera teoría, y la que acepto junto con la gran mayoría de los profesores de Biblia, es que los demonios son legiones de ángeles caídos. Se trata de ángeles disfuncionales, que sirven al diablo y le hacen la vida miserable a los seres humanos. Hay varias razones para creer en esta perspectiva. En primer lugar, hay expresiones paralelas como «el diablo y sus ángeles» (Mateo 25:41) y «Beelzebú, príncipe de los demonios» (Mateo 12:24ss.). 
Es obvio que los términos usados aquí son intercambiables, de que el «diablo» y «Beelzebú» son el mismo. De igual manera lo son los ángeles y los demonios. Sin embargo, debo mencionar que Satanás, que es un ángel caído, jamás se le llama demonio. Segundo, los ángeles y los demonios parecieran tener la misma naturaleza. A ambos se les llama «espíritus». Tercero, los demonios y ángeles malos llevan a cabo el mismo oficio terrible, que junto a Satanás se oponen contra Dios y el ser humano.
Espíritus incorpóreos de una «civilización perdida». 
La segunda teoría es la que dice que los demonios son los espíritus incorpóreos de una raza preadámica. En otras palabras, algunos estudiosos de la Biblia opinan que existió una raza de seres humanos antes de la creación de Adán y Eva. Se basan en lo que parece ser una nueva creación de la tierra en Génesis 1: «En el principio[…] la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo».

¿Por qué estaba la tierra desordenada y en tinieblas?, se preguntaban. ¿Por qué hay la sugerencia de un caos? Sabemos que Dios creó todas las cosas de la nada, pero en Génesis 1 pareciera que Dios hubiera comenzado de nuevo con algo y lo estuviera reorganizando. Quizás había una raza de seres humanos viviendo en la tierra antes de Adán, una raza que destruyeron la «primera» tierra. Y a lo mejor el diablo estuvo involucrado en todo esto de algún modo.

Bueno, no lo sabemos. No tenemos la película de la creación. El primer capítulo de Génesis nos da el relato completo de la creación, pero no entra en detalles. Como por ejemplo, lo que significan esas amorfas tinieblas en el principio del Génesis 1. Además, no hay otro lugar en la Biblia en que ni siquiera remotamente sugiera la existencia de una raza preadámica. Estoy convencido, por lo tanto, de que este no es el lugar de donde proceden los demonios.
Los espíritus de bene haʾelohim
Una tercera teoría, algo que analizamos en el capítulo anterior, es que los demonios son la simiente de los «hijos de Dios» y las hijas de los hombres en Génesis 6. Al parecer, el antiguo escritor cristiano Justino lo creía. En el siglo segundo escribió: «Dios otorgó el cuidado de los seres humanos y todas las cosas debajo del cielo a los ángeles, a quienes puso por encima de ellos. Pero los ángeles transgredieron este oficio, se dejaron cautivar por el amor de las mujeres y engendraron hijos que son los llamados demonios». Los líderes cristianos no apoyan abiertamente esta opinión. A mi juicio, esto es pura conjetura. A la luz de la enorme cantidad de actividad demoníaca que parece evidente en nuestro mundo hoy en día, esos «hijos de Dios» debían haber tenido un número imposible de descendientes.
Los espíritus incorpóreos de los que han partido. 
La cuarta teoría es la que dice que los demonios son los espíritus incorpóreos de los muertos malvados. «Son los condenados que regresan a perseguir a los vivos», como expone un escritor. En otras palabras, cuando los malvados mueren, se liberan sus espíritus para vagar por la tierra hasta el día del juicio. Este era el concepto que tenían los antiguos escritores judíos Filón y Josefo, y sorprendentemente, muchos de los autores cristianos antiguos. Se cree que estos fantasmas vagabundos, o «ánimas», habitan en las casas viejas y bosques oscuros, y poseen las almas y cuerpos de quienes están vivos.

Algunas personas hasta creen que las almas de los que han partido las observan y protegen como si fueran ángeles. Sophy Burnham informa en su libro: «Escuché de una mujer alemana que sufrió un terrible accidente automovilístico diez días después de la muerte de su marido[…] Explica que sobrevivió debido a la protección de su marido[…] porque sintió su presencia de manera muy poderosa a la hora del impacto».

Pero el enorme problema que hay con esta teoría es que sencillamente no está en la Biblia. En ninguna parte. Sin embargo, la Palabra de Dios enseña que las almas de las personas que han partido sin Dios, van a una prisión temporal de los muertos llamada «seol» o «hades», mientras que los espíritus de los justos van a la presencia de Dios. Seol es una palabra hebrea, hades es griega. Ambos términos significan esencialmente la misma cosa: una morada intermedia de los muertos.

El infierno es diferente. Es final y para siempre, y contrario a la opinión popular, los impíos no van directo al infierno. Según Apocalipsis, el infierno no abrirá sus puertas hasta después del juicio final:
Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.
Apocalipsis 20:12–14 (cursivas añadidas)
Así que por ahora, de acuerdo a las Escrituras, los impíos van directo al seol o hades. No es que tengan una segunda oportunidad ahí. El hades es sólo una celda de detención antes de la sentencia final cuando Dios aparezca en su gran trono blanco de juicio.

Aun hasta algunos de los ángeles caídos están encarcelados ahí, como lo revela Judas: «Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día» (Judas 6).

El porqué algunos de los ángeles caídos están presos y otros están bajo fianza no está claro, pero Pedro, también, declara: «Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno [griego: tartarus] los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio» (2 Pedro 2:4, cursivas añadidas). Tartarus era lo peor de lo peor, lo profundo de lo más profundo, la caverna más tenebrosa y temible en el hades.

Por todas estas razones, los demonios no pueden ser espíritus incorpóreos de los impíos que mueren. No hay absolutamente ninguna enseñanza al respecto en el Nuevo Testamento sobre los espíritus errantes de los muertos o fantasmas.
EL PELIGRO DE HABLAR CON LOS MUERTOS
Como estudiante de la Biblia, me inclino a creer que las anécdotas sobre las almas reales de los que han partido que vienen a visitar a los vivos quizás tienen sus bases en alguna actividad demoníaca, tal vez un demonio con disfraz de alguna persona amada. Sin embargo, creo que es posible que el Señor puede usar una visión—no el espíritu real de la persona—para decirnos que una persona amada fallecida está en paz en la presencia de Dios en el cielo.

Mi esposa, Marilyn, tuvo una extraña experiencia como esta pocos días después del fallecimiento de su madre. En un momento inesperado de éxtasis, a miles de millas lejos de la tumba de su madre, Marilyn «vio» la indescriptible cara gozosa de su madre. Fue tan real que, años más tarde, mi esposa no puede hablar de eso sin llorar.

Pareciera que, en un instante fugaz, Dios abrió los cielos y le permitió a mi esposa ver cuán feliz y bien cuidada estaba su madre allá con Dios. No obstante, ninguno de nosotros tuvo la más remota sensación de que la mamá de Marilyn hubiera de algún modo regresado de los muertos para visitarnos, ni de que ella tuviera algún mensaje para nosotros del más allá. Su madre no habló. Ni siquiera se volvió a mirarla. Marilyn sólo vio su cara.

La Biblia, creo yo, deja una brecha muy pequeña entre la puerta de los vivos y la de los muertos. En los relatos de los Evangelios, Santiago, Pedro y Juan vieron a Moisés y a Elías, santos del Antiguo Testamento que hacía mucho habían partido, hablando con Jesús en el monte de la transfiguración. Los muertos, aprendemos de aquí, no están realmente muertos. Pero también tenemos que tomar en cuenta que Moisés y Elías jamás dicen una palabra a los apóstoles. Es más, ni siquiera parecieran percatarse de su presencia. Jesús, no los espíritus incorpóreos de Moisés y Elías, es el centro del relato y el foco de atención de todo el mundo. Jesús es el único lazo entre el cielo y la tierra, la escalera por la cual ascienden y descienden los ángeles (Juan 1:51). Jesús es nuestro mediador, no un medio.

La Biblia expresamente prohíbe el uso de médiums o de cualquier contacto directo con los muertos: «Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien[…] practique adivinación[…] ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos» (Deuteronomio 18:9–11). En una nota, aún más estricta, Moisés advierte al pueblo de Israel: «Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos» (Levítico 20:27).

A pesar de las muchas dudas que pueblan nuestro entendimiento sobre Satanás y sus fuerzas malignas, parece ser indiscutible que existe. Y que él mismo contribuye a la confusión que rodea el dominio de las tinieblas.
«Demonio» es sinónimo de «ángel de las tinieblas».
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miércoles, 25 de noviembre de 2015

Sus aros eran altos y espantosos, y llenos de ojos alrededor en las cuatro. Y cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban junto a ellos; y cuando los seres vivientes se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban.

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6







¿OVNIS TRAEN SERES DE OTROS MUNDOS?

ARCÁNGELES, BESTIAS Y OVNIS
Y sus aros eran altos y espantosos, y llenos de ojos alrededor en las cuatro. Y cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban junto a ellos; y cuando los seres vivientes se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban.
Ezequiel 1:18–19
Ángeles extraños e insólitos. La Biblia está llena de ellos. Es más, la Biblia describe a los ángeles de manera muy diferente a la que típicamente imaginamos. En el Antiguo Testamento, por ejemplo, una buena cantidad de los pasajes sobre los ángeles hablan acerca del «ángel de Jehová».
EL ÁNGEL DEL SEÑOR

¿Quién es este misterioso visitante que aparece con tanta frecuencia a mujeres y hombres en el antiguo Israel? Una de las narraciones más sobresalientes la encontramos en Éxodo 3 en la historia de la zarza ardiente.
Moisés apacentaba las ovejas de su suegro, Jetro. También atendía sus negocios. Sin duda, no andaba en busca de ángeles mientras conducía las ovejas a la parte más retirada del desierto, Horeb, la montaña de Dios.
De repente, en un hecho bastante curioso, «se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía» (Éxodo 3:2, cursivas añadidas). Entonces hizo lo que la mayoría habríamos hecho. Se dijo: «¡Qué cosa tan extraña! Voy a ver por qué este arbusto no se quema» (Éxodo 3:3, parafraseado).
El relato, por supuesto, es acerca de cómo Dios llama a Moisés para ser el gran libertador del pueblo judío, el que lo sacaría de la opresión de la esclavitud de Egipto. También es, en segundo lugar, acerca de cómo Dios nos habla de maneras insólitas. En este caso, Dios se revela a través de «el Ángel de Jehová», su mensajero, el mal’akh Yahweh en hebreo.
¿Quién era este ser? ¿Acaso era Dios mismo? Si así fuera, ¿por qué la Biblia lo llama ángel? Pero si no era sólo un ángel, ¿por qué tal parece que presenta al «Ángel de Jehová» como Dios mismo? En Éxodo 3:4, por ejemplo: «Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés!»
Supongo que esto puede explicarse por el simple hecho de que los ángeles están tan cerca de Dios, y lo representan de manera tan directa y precisa, que es fácil confundir al ángel de Jehová con Dios mismo. En otras palabras, el ángel de Jehová realmente era un ángel. Así opinaban los judíos antiguos, quienes se referían al ángel de Jehová como «el ángel de su faz» y «la imagen del Dios invisible». Una afirmación del Talmud, el libro judío de religión más antiguo, declara: «El Ángel de Jehová está unido con el supremo Dios por la naturaleza de unidad».
Siguiendo esta tradición judía, los católicos en su mayoría ven al ángel de Jehová como un representante de Dios, un ángel real. Los protestantes, por su parte, generalmente creen que el ángel de Jehová fue una manifestación de Dios mismo o el Mesías haciendo apariciones visibles siglos antes de su encarnación, de ahí que se hable de la «preencarnación de Cristo». Juan Calvino escribió: «Me inclino a afirmar con los antiguos escritores [los autores bíblicos], que en aquellos pasajes en los que se establece que el ángel de Jehová apareció a Abraham, Jacob y a Moisés, Cristo era ese ángel».
Estoy de acuerdo con Calvino. Creo que el ángel del Señor era Jesús en su forma preencarnada. No obstante, el Antiguo Testamento no nos dice esto directamente, pero Zacarías 3 se acerca bastante. En una visión, el profeta Zacarías ve al sumo sacerdote Josué (no al primer Josué de Jericó) delante del ángel de Jehová, quizás en el cielo. Josué estaba vestido con ropas viles, simbolizando el pasado pecaminoso de Israel.
Zacarías se escribió después del exilio judío en Babilonia, que como todo el mundo sabe, fue la terrible consecuencia de la idolatría de Israel y el pecado contra Jehová. Así que las ropas de Josué representaban todo lo malo del pasado de Israel. Los hijos pródigos de Dios realmente no tenían derecho a estar ante su santa presencia. Y Satanás lo sabía. Estaba ahí mismo acusando a Josué y a todo el pueblo judío que este representaba. Pero el ángel de Jehová les dijo a los que estaban delante de él: «Quitadle esas vestiduras viles». Luego, volviéndose a Josué, le dijo: «Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala» (Zacarías 3:4).
Este pasaje describe a la perfección el trabajo de Cristo, quien tomó nuestra degradación y vergüenza y, en un intercambio inconcebible, nos cubrió con las túnicas de su rectitud. Jesús es nuestro mediador, nuestro abogado, nuestro abogado defensor que se interpone entre las acusaciones de Satanás y el juicio del Padre. El apóstol Juan escribe: «Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo» (1 Juan 2:1).
De esta manera, basándonos en todo lo que sabemos del Nuevo Testamento acerca del trabajo y ministerio del ángel de Jehová, es bastante fácil hacer la conexión entre el ángel de Zacarías 3 y el Mesías, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El ángel de Jehová en el Antiguo Testamento es, creo yo, el mismo Señor Jesucristo apareciendo en forma preencarnada.
CARACTERÍSTICAS DE LAS HUESTES CELESTIALES
Si en verdad el ángel de Jehová es Dios mismo, está simplemente en la cumbre de la jerarquía celestial. Es el Supremo. En algún punto más abajo de la escala, un segundo distante, están los arcángeles.
Si el arcángel ahora, peligrosamente, desde atrás de las
estrellas diera siquiera un paso hacia nosotros, nuestros
corazones, palpitando cada vez más alto,
latirían hasta matarnos.
Rainer Marie Rilke
Arcángeles. «Arcángeles» viene de un término compuesto, en griego archangelos (muy parecido en castellano), y significa «ángel rector». Esta en realidad es una palabra bastante extraña en la Biblia: sólo aparece dos veces en el Nuevo Testamento. En la primera de estas dos referencias, la voz de un arcángel es la señal de la resurrección de los justos que han muerto: «Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero» (1 Tesalonicenses 4:16, cursivas añadidas).
En algunas versiones viene «el arcángel», que da la impresión de que hubiera sólo uno, pero eso no está tan claro en el original griego del Nuevo Testamento. Si hay jerarquías celestiales, si hay rangos de autoridad ante los ángeles, nos resulta razonable creer que hay muchos arcángeles, muchos «ángeles rectores».
Dos son los arcángeles mencionados en la Biblia. Uno es Miguel, cuyo nombre significa «¿quien es como Dios?» Judas nos dice que «el arcángel Miguel» disputó con el diablo por el cuerpo de Moisés (Judas 9). Este es el único otro lugar en el que la palabra «arcángel» aparece en las Escrituras, pero Miguel se menciona al menos diez veces más. Como ya hemos visto, Miguel servía como príncipe o guardián en el destino del pueblo judío (véase Daniel 10:13, 21), y el libro de Apocalipsis nos dice que «Miguel y sus ángeles» lucharon contra Satanás cuando este se rebeló en contra de Dios en medio del pretiempo (Apocalipsis 12:7).
El otro ángel en la Biblia que tiene nombre es Gabriel, que en hebreo significa «quien es como Dios» o quizás «Dios es grande» o también «hombre de Dios». Los eruditos están en desacuerdo acerca del significado exacto de su nombre. Lo que sí sabemos, sin embargo, es que Gabriel aparece a Daniel dos veces (Daniel 8:16; 9:21), en ambas ocasiones para interpretar visiones proféticas, y más tarde en el Nuevo Testamento a Zacarías, anunciándole el nacimiento de Juan el Bautista (Lucas 1:19).
La Biblia nunca llama arcángel a Gabriel, pero podríamos afirmar que es un «ángel rector» debido a sus cruciales tareas de revelar los planes redentores de Dios. Todas sus apariciones en la Biblia están ligadas con promesas acerca de la venida de el Mesías, siendo su más alta intervención la visita hecha a la virgen María al anunciarle que daría a luz al Salvador (Lucas 1:26–28). ¡Ah, qué mensaje! Si los ángeles lloran, ¡Gabriel debe haberlo hecho con esa tarea!
Querubines y serafines postrados ante ti,
quien fuiste, eres y serás por siempre jamás.
Reginald Heber
Serafines. Poco es lo que se sabe acerca de estas criaturas, pues sólo aparecen una vez en la Biblia, en Isaías 6:
Vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo:
Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos;
toda la tierra está llena de su gloria.
Isaías 6:1–3
Un poco más tarde, uno de los serafines vuela hacia Isaías. Toma un carbón ardiente del altar celestial y toca con él la boca de Isaías (¡ay!), el ángel declara: «He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado» (Isaías 6:7).
Lo que acaban de leer es casi todo lo que sabemos sobre el serafín o los serafines. Algunos piensan que este término viene de la palabra hebrea que significa «fuego» o «ardiente», pero los eruditos de Antiguo Testamento no están por completo seguros.
Gesenius, uno de los especialistas en hebreo más ampliamente respetado, piensa que debe estar relacionado con algún término árabe, sarupha, príncipes o nobles de la corte celestial. Los serafines son tal vez similares a los querubines, porque «las criaturas vivientes», las «bestias» de Apocalipsis 4, parecen ser una combinación de los querubines de Ezequiel 1 y los serafines de Isaías 6. Podría ser que los querubines y los serafines fueran los mismos. En Apocalipsis 4, cada uno de los querubines tiene también seis alas y, al igual que los serafines de Isaías 6, jamás dejan de decir: «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso» (Apocalipsis 4:8).
Los veinticuatro ancianos. Apocalipsis 4:4 dice: «Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas».
¿Quiénes son estos ancianos? Algunos maestros de Biblia piensan que el número veinticuatro, junto con el uso de la palabra «ancianos», simboliza a los patriarcas de las doce tribus de Israel, representando a todos los santos del Antiguo Testamento, más los doce apóstoles, representando a todos los santos del Nuevo Testamento. Y en una primera lectura sin duda parecen santos, porque llevan puestas túnicas blancas y coronas de oro.
Sin embargo, estoy de acuerdo con otros comentaristas de la Biblia que creen que los veinticuatro ancianos no simbolizan al pueblo cristiano, sino a otra clase de ángeles. No veo en qué forma pueden representar el pueblo del pacto de Dios, porque en varios pasajes (Apocalipsis 7:11–13; 14:1–3; 19:4–9) parecen seres muy distintos a los santos y si el número incluye a los doce apóstoles, ¿por qué el apóstol Juan, quien escribe el libro, no se ve entre ellos?
El erudito Robert Mounce escribe: «Parece mejor tomar a los veinticuatro ancianos como una orden angélica superior que sirve y adora a Dios como la contrapartida celestial de los veinticuatro sacerdotes y las veinticuatro órdenes levíticas».
En todo caso, el uso bíblico del número doce, duplicado al número veinticuatro, es un símbolo de gobierno y juicio, y esto es precisamente a lo que los veinticuatro ancianos parecen estar asociados en cada uno de los pasajes que se mencionan. Llamarlos «ancianos» también sugiere que se trata de ángeles gobernantes. Quizás podemos pensar de los veinticuatro ancianos como senadores celestiales, ángeles encargados de regular el orden de Dios.
Los bene haʾelohim. La lengua hebrea tiene un sorprendente número de términos que se refieren de forma directa o indirecta a los ángeles. Ya les he presentado las palabras comunes más usadas, malak, que significa simplemente «mensajero». Pero los ángeles también se les llama mediadores, ministros, veladores, ejércitos, enviados, santos y «los hijos de Dios», los misteriosos bene haʾelohim. Esto nos lleva a lo que es tal vez el pasaje más difícil sobre los ángeles en la Biblia: Génesis 6. Por cierto, este es uno de los relatos más sorprendentes en la Biblia, punto. Antes del diluvio de Noé:
Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres [hebreo: las tomaron como esposas], escogiendo entre todas[…] Había gigantes [nefilim, una palabra de significado incierto traducida «gigantes» en la RV] en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.
¿Qué se supone que esto significa? Como bien pueden imaginar, los eruditos de la Biblia han analizado y discutido de este texto interminablemente. Lo que nos hace pensar que quizás esta sea una referencia a los ángeles es el libro de Job, que usa varias veces la frase «los hijos de Dios», siempre respecto a seres angélicos o no humanos. Es más, la Nueva Versión Internacional de la Biblia, la cual uso mucho, traduce la frase bene haʾelohim «ángeles»: «Llegó el día en que los ángeles debían hacer apto de presencia ante el Señor, y con ellos se presentó también el Adversario Satán» (Job 1:6, cursivas añadidas. Véase también Job 2:1).
¿Qué se supone que hagamos con «los hijos de Dios» en Génesis 6? Hay en realidad dos interpretaciones básicas. La primera: son seres humanos, quizás reyes antiguos y aristócratas. Esta sería probablemente la explicación más cómoda, porque echaría a un lado todas las implicaciones peculiares y sobrenaturales de este pasaje.
Pero si aquí dejamos hablar a la Biblia (la segunda interpretación), parece que en realidad se refiere a seres celestiales, sobrenaturales. Ángeles caídos. Algunas personas simplemente descartarían esta explicación como extraña, mientras que otras argumentan que Génesis 6 es imposible que se refiera a seres angélicos porque Jesús dijo que los ángeles en el cielo nunca se casan (véanse Mateo 22:29–30; Marcos 12:24–25; Lucas 20:34–36). El asunto aquí, sin embargo, no es el matrimonio, sino las relaciones sexuales. ¿Pueden los ángeles de las tinieblas en realidad tener relaciones sexuales con los seres humanos? A lo mejor.
Me inclino a pensar que los bene haʾelohim de Génesis 6 eran seres celestiales y que algo extraordinario ocurrió en sus relaciones con «las hijas de los hombres». Ya vimos cómo los ángeles aparecen con «corporalidad», tan humanos que hasta comen y beben con sus huéspedes. Tal parece que en Génesis 6 hubiera descendientes.
QUERUBINES, BESTIAS
La colección más extraña de seres celestiales se encuentra en Ezequiel y Apocalipsis, ambos parecen describir las mismas criaturas celestiales en diferentes términos. Entre los miles de seres insólitos descritos en estos libros, los querubines sobresalen como los más gloriosos y poderosos. En un capítulo anterior, ya hemos analizado brevemente a los querubines como guardianes de la entrada del huerto de Edén. Son, por cierto, los primeros ángeles en aparecer en la Biblia y se mencionan con más frecuencia en los ornamentos del arca del pacto. También hay muchas referencias a los querubines que adornaban el tabernáculo de Moisés y el templo de Salomón.
Ezequiel 1, uno de los capítulos más sobresalientes en la Biblia, describe a los querubines con minuciosos detalles. Ezequiel, un profeta a quien un comentador de la Biblia ha caracterizado como «raro y maravilloso», estaba parado «en la tierra de los caldeos, junto al río Quebar». Hacia el norte se levanta una tormenta poderosa, «una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor, y en medio del fuego algo que parecía como bronce refulgente, y en medio de ella la figura de cuatro seres vivientes» (Ezequiel 1:4–5). ¡Los querubines! Sabemos que son ellos porque Ezequiel lo dijo en un capítulo más adelante: «Y se levantaron los querubines; este es el ser viviente que vi en el río Quebar» (Ezequiel 10:15).
Ezequiel procede a darnos la más larga y detallada descripción de seres angélicos en la Biblia:
Y esta era su apariencia: había en ellos semejanza de hombre. Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. Y los pies de ellos eran derechos, y la planta de sus pies como planta de pie de becerro; y centelleaban a manera de bronce muy bruñido. Debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos de hombre; y sus caras y sus alas por los cuatro lados. Con las alas se juntaban el uno al otro[…]
Y el aspecto de sus caras era cara de hombre, y cara de león al lado derecho de los cuatro, y cara de buey a la izquierda en los cuatro; asimismo había en los cuatro cara de águila. Así eran sus caras. Y tenían sus alas extendidas por encima, cada uno dos, las cuales se juntaban; y las otras dos cubrían sus cuerpos[…] Cuanto a la semejanza de los seres vivientes, su aspecto era como de carbones de fuego encendidos, como visión de hachones encendidos que andaban entre los seres vivientes; y el fuego resplandecía, y del fuego salían relámpagos.
Ezequiel 1:5–14
Un retrato paralelo, pero menos exacto, aparece en Apocalipsis:
Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás. El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos.
Apocalipsis 4:6–8
No es de admirarse que algunas versiones llamen a estas criaturas «bestias». Lo inadecuado del lenguaje humano para describir las exquisitas glorias del cielo explica las leves diferencias en los dos relatos. No hablamos de algo que uno podría fotografiar.
¿Por qué tenían tantas alas? Porque son rápidos en volar para cumplir la voluntad de Dios. ¿Por qué los cubren tantos ojos? Porque son seres altamente inteligentes y que están alertas. Nada escapa a su atención. ¿Por qué las cuatro caras y sus formas de león, buey, hombre y águila? Un comentario bíblico sugiere que estos seres tienen la fuerza y la nobleza de un león (véase Salmo 103:20), la habilidad de servir fielmente como un buey (Hebreos 1:14), la inteligencia de un hombre (véase Lucas 15:10) y la capacidad de disposición y velocidad de un águila.
Es posible que los querubines sean de un rango superior al de los ángeles. O al menos parecen ser los más cercanos a Dios. Adornando el tabernáculo, el templo y el arca sagrada, los querubines tienen una relación inmediata y especial con la gloria shekinah de Dios. En el cuarto del trono de Apocalipsis 4, de día y de noche nunca cesan de decir: «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir» (Apocalipsis 4:8).
En Ezequiel 1 descubrimos la misma relación entre los querubines y Dios. Los querubines vuelan raudos por los cielos semejantes a relámpagos, guiando a Ezequiel directamente al lugar más brillante del universo: la gloriosa presencia de Dios Todopoderoso. «Y cuando se paraban y bajaban sus alas, se oía una voz de arriba de la expansión que había sobre sus cabezas. Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él» (Ezequiel 1:25–26). Pero era Dios.
En el trono estaba la apariencia de la semejanza de la gloria de Dios. Postrándose sobre su rostro, Ezequiel escucha a Dios: «Yo te envío a los hijos de Israel». La angélica visión llevó a Ezequiel hasta la gloriosa presencia de Dios. Y hacia la voluntad de Dios para su vida. Los seres angélicos guiaron a Ezequiel a la presencia de Dios … y después a servirlo.
¿OVNIS?
Querubines. Extraños y asombrosos seres. También son extrañas sus «ruedas». Ezequiel informa:
Mientras yo miraba los seres vivientes, he aquí una rueda sobre la tierra junto a los seres vivientes, a los cuatro lados. El aspecto de las ruedas y su obra era semejante al color del crisólito. Y las cuatro tenían una misma semejanza; su apariencia y su obra eran como rueda en medio de rueda. Cuando andaban, se movían hacia sus cuatro costados; no se volvían cuando andaban. Y sus aros eran altos y espantosos, y llenos de ojos alrededor en las cuatro.
Y cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban junto a ellos; y cuando los seres vivientes se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban. Hacia donde el espíritu les movía que anduviesen, andaban; hacia donde les movía el espíritu que anduviesen, las ruedas también se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.
Ezequiel 1:15–21
¿Qué vio Ezequiel? Sabemos que estaba viendo la gloria de Dios, pero es muy posible que, como parte de su visión, Ezequiel era testigo presencial de lo que la gente hoy en día llama un objeto volador no identificado, un OVNI. Aun Billy Graham admite que «los OVNIS [tienen] un sorprendente aspecto de ángeles en algunas de las apariciones que han sido reportadas».
En su libro sobre ángeles, Billy Graham nota lo siguiente: «Algunos cristianos sinceros, cuyos puntos de vista se basan en un fuerte apego a las Escrituras, sostienen que los OVNIS son ángeles[…] Los que lo afirman señalan ciertos pasajes en Isaías, Ezequiel, Zacarías y Apocalipsis, y hacen paralelos con los informes de los testigos de las supuestas apariciones de OVNIS».
Personalmente, estoy muy convencido de que los OVNIS son en verdad la manifestación de seres espirituales, y la mayoría de las veces, no del buen tipo. En un artículo bien documentado en Spiritual Counterfeits Journal [Revista de Engaños Espirituales], Mark Albrecht y Brooks Alexander informan que los OVNIS son «por lo general luminosos, brillantes y etéreos; con frecuencia despliegan luces parpadeantes y poderosas, reflectores de búsqueda». (¿Cubiertos con ojos? ¿Como las ruedas de los querubines?) «Casi siempre son silenciosos, pero a veces zumban o hasta rugen».
Además, los OVNIS parecen desafiar las leyes de gravedad y física. Albrecht y Alexander nos dicen que «sus movimientos y maniobras son[…] enigmáticas: se les ha visto cambiar de forma repentina; a veces se “materializan” como si surgieran de la nada, pero con más frecuencia se “evaporan” en una suave brisa en medio de una observación. Mientras que en la opinión de ambos, los seres humanos observadores y los instrumentos de radar, han desarrollado increíbles malavarismos aéreos, tales como giros de noventa grados a velocidades de varios miles de millas por hora». Ezequiel lo describe de esta forma: «Cuando andaban, hacia los cuatro frentes andaban; no se volvían cuando andaban, sino que al lugar adonde se volvía la primera, en pos de ella iban; ni se volvían cuando andaban» (Ezequiel 10:11).
El físico J. Lemairte, escribe en la más reconocida publicación sobre OVNIS Flying Saucer Review [Revista de Platillos Voladores], resume todo esto: «Podemos concluir que es imposible interpretar los fenómenos de OVNIS en términos de naves materiales como las concebimos, es decir, en términos de manufacturación y máquinas autopropulsoras». Y John Keel, a quien se le conoce por ser uno de los investigadores más respetados en este campo, hace notar que «una y otra vez, testigos me han dicho en tono bajo: “Sabe, no creo que el cuerpo que vi era mecánico. Tuve la impresión de que estaba viva». Cuán cerca está a lo que Ezequiel observó: «Porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas» (Ezequiel 1:15–21).
Otro físico cree que los OVNIS únicamente aparecen como materia, pero son en realidad una concentración de energía. Todo esto apunta hacia una base espiritual de la visión de OVNIS, donde algunos pueden ser los ángeles buenos de Dios, como los que Ezequiel vio cerca del río de Quebar en Babilonia.
Pero la mayor parte del tiempo, creo yo, las observaciones de OVNIS son las manifestaciones de ángeles de las tinieblas. Mi razón principal para pensarlo es que cuando se ven OVNIS, nunca, al menos que yo sepa, ha guiado a una persona a acercarse a Dios. Es más, la mayoría de las experiencias con OVNIS tiene el efecto opuesto.
Tal vez la más extraña visión de OVNIS son las que involucran el presunto «rapto». Ver un OVNI es una cosa. Visitar uno o conocer a su tripulación de vuelo es lo que sus observadores llaman «encuentros del tercer tipo».
El caso de Brian Scott quizás fue el más famoso. Dice haber conocido a los tripulantes de un OVNI en al menos cinco ocasiones diferentes, en las Superstition Montains [montañas superstición] de Arizona. Después de un extraño examen físico, los alargados y extraños seres dentro de la nave se comunicaron con Scott telepáticamente, sin mover sus bocas ni hablar. El mensaje fue una combinación de información general acerca del origen de los extraterrestres y sus propósitos, filosofía vaga y una promesa de que regresarían. Lo cual hicieron.
En encuentros subsiguientes, Scott se encontró que lo usaban como canal para revelar secretos de ciencia y metafísica, además de un notable diseño para una «máquina de energía física gratis» que podría capacitar a toda la humanidad para tener el mismo pensamiento al mismo momento. Todo esto, por supuesto, ofensivamente ocultista. Encuentros con OVNIS similares a este parece tener tonos religiosos bien sólidos, pero a diferencia de las «ruedas» de Ezequiel, los seres de los OVNIS nunca guían a las personas a la gloriosa presencia del Dios viviente.
Creo que los OVNIS son encuentros del tipo equivocado. El prominente físico francés Jacques Vallee expresó: «Creo que cuando hablamos de la aparición de OVNIS como ejemplos de visitas espaciales, vemos el fenómeno en el nivel incorrecto. No lidiamos con ondas sucesivas de visitas del espacio. Lidiamos con un sistema de control[…] Los OVNIS son los medios para reordenar los conceptos de los seres humanos».
Lo desconocido puede dañarnos. El estudio de los OVNIS es otro recordatorio sobrio de que todo lo que entendemos en la vida debe fundamentarse sólidamente en las enseñanzas de la Biblia.
Ángeles extraños e isólitos. El ángel de Jehová. Arcángeles. Miguel y Gabriel. Los bene haʾelohim. Querubines y OVNIS. Los serafines. Los veinticuatro ancianos. En el siguiente capítulo echaremos un vistazo en lo más extraño de lo extraño, una paradoja cósmica: los ángeles del infierno.
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