Preparación Ministerial

 
A Teófilo con amor

Lucas 1:1–4

“Me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo” (Lucas 1:3)

AUTOR Y FECHA

Es así como Lucas, autor humano del tercero de los cuatro evangelios, presenta su propósito y plan. Es cierto que no empieza como muchos libros de la Biblia, porque el escritor no menciona su nombre ni al principio ni en el resto de su obra. Sólo aparece el término “Lucas” en algunas de los escritos de Pablo (Colosenses 4:14; 2 Timoteo 4:11; Filemón 24). Sin embargo, esas referencias y otras, estableciendo su relación íntima con el gran apóstol de los gentiles, nos ayudan a identificar la paternidad literaria del tercer evangelio.
Parece que no hay quien niegue la relación que existe entre el libro de los Hechos y el que estamos por estudiar. En primer lugar, se nota que los dos se dirigen a una misma persona, Teófilo (Lucas 1:1; Hechos 1:1). Además, en múltiples versículos, el autor de los Hechos se identifica como compañero de Pablo, utilizando la primera persona plural “nosotros”. Obviamente hubo otros que acompañaron a Pablo, pero la mayoría de ellos se eliminan como autores, debido a lo que dice Hechos 20:4–5. Lucas es el preferido por la mayoría de los eruditos bíblicos.
Se cita también la semejanza que hay entre los vocablos que se usan en los dos libros. Incluso, nos llama la atención el vocabulario médico, el cual va completamente de acuerdo con el título de “el médico amado” que le da Pablo al autor en Colosenses 4:14. La deducción consiguiente es que Lucas fue el autor humano de los dos libros. Siendo gentil, sus libros son los únicos en toda la Biblia no escritos por un judío. Se dice, sin mucha evidencia que lo apoye, que Lucas era pintor. Aunque no lo estampó en lienzo, lo cierto es que supo describir muy acertadamente con palabras la bella historia de Cristo.
Puesto que el libro de los Hechos fue el segundo tomo proveniente de la pluma de Lucas, probablemente escrito a finales del año 61 d.C., el evangelio que nos ocupa debe haberse escrito antes, alrededor de 58 d.C. Esta fecha más o menos concuerda con el tiempo del encarcelamiento de Pablo en Cesarea (Hechos 27:1). Entonces, el médico amado no contaba con el manuscrito de Marcos, quien no terminó su libro, sino hasta el año 67 o 68, después de la muerte de Pedro.


PROPÓSITO Y PLAN


Lucas tenía el deseo de confirmar en la fe a su amigo Teófilo, hecho que dio origen al tercer evangelio y al libro de los Hechos. Aparentemente el destinatario era un alto oficial griego y, lo que es más importante, creyente.
Su propósito principal al escribirle, y por ende a nosotros, era presentar a nuestro Señor Jesucristo como el Hijo del Hombre. Esa frase clave aparece veintiséis veces en el libro. Su importancia está en que hace hincapié en la humanidad perfecta de la segunda persona de la Trinidad. En contraste, la frase “Hijo de Dios” enfatiza su deidad. (Véase la nota del Dr. Scofield en su Biblia anotada, p. 808.) Los estudiantes de la Biblia acostumbran distinguir los cuatro evangelios por el énfasis que hacen en determinado aspecto de la personalidad del Señor. Es decir, Mateo presenta a Cristo como el prometido “Rey de Israel”, Marcos como el gran “Siervo de Jehová”, Juan, con la frase “Hijo de Dios”, hace hincapié en su deidad, mientras que Lucas lo considera “Hijo del Hombre”. Este último quiere hacernos ver al Hombre perfecto que rescata a los hombres imperfectos (19:10).


JESUCRISTO:
VERDADERO HOMBRE,
VERDADERO DIOS.


El tema del rescate o redención es parte importante del enfoque que presenta el médico Lucas, quien muestra un gran interés en mostrar la gloriosa obra de nuestro Redentor. Es en su evangelio donde encontramos por primera vez en el Nuevo Testamento el término “redimido” (1:68).


RASGOS DISTINTIVOS


De acuerdo con la dirección del Espíritu Santo, la personalidad y el propósito del autor humano, cada libro de la Biblia tiene características distintivas. Cabe aquí hacer una breve consideración de este evangelio.


La humanidad de Cristo
Es de esperarse que este evangelio, reconocido como el de la humanidad perfecta de Cristo, presente detalles muy específicos acerca del nacimiento de nuestro Señor. Además, ofrece más información que los demás sinópticos acerca de su juventud, desarrollo, y vida doméstica y social. El relato de su natividad y los eventos asociados con ella (1:26–2:38) es bien conocido. Menciona la sujeción ejemplar del Salvador a la autoridad de sus padres (2:51). Hay evidencias de que mostraba gozo (10:21) y tristeza (19:41). En repetidas ocasiones comió con: Simón (7:36–50), Marta y María (10:38–42), otro fariseo (11:37–52), el gobernante fariseo (14:1–24), Zaqueo, en su casa (19:1–10) y al final, en un evento posterior a su resurrección, pescado con sus discípulos (24:41–43).


La oración
En nueve diferentes pasajes (3:21, 5:15–16; 6:12; 9:18, 29; 10:17, 21; 11:1; 22:39–46; 23:34, 46), Lucas cita las oraciones que nuestro Señor Jesucristo hizo en tiempos críticos de su vida. Siete de las nueve ocasiones se encuentran solamente en este tercer evangelio. Además, el autor relata que el Señor dijo a Pedro: “pero yo he rogado por ti” (22:32).
De acuerdo con ese énfasis en la oración, Lucas cita las exhortaciones que nuestro Señor hizo con respecto a ella. La parábola del fariseo y el publicano (18:9–14), citada solamente en este evangelio, enseña la importancia que tiene.


ORAR SIEMPRE,
Y NO DESMAYAR.



¡PENSEMOS!

 En Cristo y la oración. Es conveniente reflexionar en la gran importancia que tiene la oración, ya que Cristo mismo la practicaba, enseñanado y exhortando a sus discípulos para que también lo hicieran. Observe las exhortaciones que hace el Señor en los siguientes pasajes:

 6:28:____________________________________________

 10:2:____________________________________________

 11:9–13:_________________________________________

 18:1:____________________________________________

 22:40, 46_________________________________________




Alabanza
Debido a las múltiples ocasiones en que menciona la frase “glorificando y alabando a Dios” (2:20), parece que Lucas es el primer gran himnólogo del cristianismo. No es que fuera músico, sino que como instrumento del Espíritu Santo, preservó en los capítulos 1 y 2, cinco importantes canciones sagradas. Se ha dicho que son a la vez los últimos salmos hebreos y los primeros himnos cristianos. A través de sus veinticuatro capítulos, se aprecia en su evangelio el doble hilo del gozo y la alabanza, el cual principia en Lucas 1:9, donde se hace referencia al sacerdote que ofrecía el incienso y termina su libro con una nota final: “y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén” (24:53).


Vida social
Con palabras, Lucas “pinta” la vida social de aquellos días y la participación de nuestro Señor en ella. Las ocasiones que pasó en casa de los tres hermanos de Betania (10:37–42), con Zaqueo (Lucas 19:1–10) y en el camino a Emaús (24:13–32) reflejan ese énfasis. Muchas de las parábolas contenidas en este evangelio describen detalles de la vida cotidiana.
Es notable la atención que el autor pone en los temas de escasez y abundancia, pobreza y riqueza. No es su propósito enseñar el supuesto mérito de ser pobre ni la inconveniencia de ser rico. Sin embargo, parece comunicar que aunque la pobreza no constituye una desventaja espiritual, es posible que la riqueza, sí lo sea (14:16–24; 18:18–25).
Como artista que pintaba con palabras, son muchos los retratos que nos presenta de las mujeres que aparecen en el relato bíblico de los tiempos de Jesucristo. Elisabet y la Virgen (Lucas 1 y 2), Ana (Lucas 2), Marta y María (Lucas 10), María Magdalena, Juana y Susana (8:2–3). La palabra “mujer” aparece más de 40 veces, y es de notarse que no haya ninguna indicación histórica de que alguna se haya opuesto a Cristo durante su ministerio terrenal. Es impresionante que en una época en la que los gentiles por lo regular degradaban a la mujer (los rabíes, líderes religiosos del judaísmo, daban gracias a Dios porque “no habían sido creados como mujeres”), Cristo la elevó a su debido lugar social y espiritual.


Vocabulario médico
Como es de esperarse, la obra literaria de alguien a quien se llama “el médico amado” (Colosenses 4:14), contiene muchos términos médicos. Esta es otra indicación de que el Espíritu Santo usó la personalidad, preparación y profesión de los autores humanos de las Sagradas Escrituras, y sabemos que Dios los guió en la selección de palabras para evitar que cometieran errores. El resultado es que nuestra Biblia es inspirada e infalible, totalmente libre de errores.
Un buen ejemplo del uso de términos relacionados con su profesión, lo encontramos en el relato del buen samaritano (10:25–37). Solamente Lucas narra esta historia y la presenta mostrando gran interés y atención profesional. Considere las expresiones “medio muerto” (10:30), “vendó sus heridas, echándoles aceite y vino” y “cuidó de él” (10:34).
Igual tendencia se nota en Lucas 16:19–28 donde cuenta la historia del rico y Lázaro. Se observan frases y términos como “lleno de llagas”, “refresque”, y “atormentado”. Las últimas dos palabras eran comunes en la literatura médica de esa época, la última refiriéndose al dolor y la primera al alivio. Bastan estos ejemplos para indicar que Lucas tenía mentalidad médica.


BOSQUEJO BÁSICO DEL LIBRO


Perfacio
1:1–4
A.
B.
C.
D.
E.
Advenimiento del Hijo del Hombre
Preparación del Hijo del Hombre
Ministerio del Hijo del Hombre
1. En Galilea
2. En Judea
Sufrimiento y muerte del Hijo del Hombre
Resurrección y ascensión del Hijo del Hombre
1:5–2:52
3:1–4:13
4:14–19:27
4:14–9:50
 9:51–19:27
19:28–23:56
24:1–53





PREFACIO 1:1–4


Un prefacio es una introducción. En breves palabras, el autor presenta las circunstancias que le impulsaron a escribir. Esta sección se puede resumir en tres palabras: pensamiento, procedimiento, propósito.


Pensamiento
Por la frase: “me ha parecido también a mí” (1:3), es obvio que el autor había pensado mucho en el asunto. Refleja que había considerado Io que otros habían expuesto y decide “poner en orden la historia” (1:1). Reconoce que ni él ni otros habían inventado la historia, sino que procedía de testigos fidedignos: “Lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra” (1:2).


Procedimiento
Lucas escribe que había averiguado y comprobado su veracidad: “después de haber investigado con diligencia” (1:3). No se basó en rumores. Además, declara que su relato se presentará no en forma confusa, como “ya muchos han tratado” (1:1). A propósito, esa frase no hace referencia a los demás evangelios que incluye nuestra Biblia (Mateo, Marcos y Juan), sino a otras “historias” que andaban circulando en aquel entonces. Lucas promete escribir metódicamente.


Propósito
No le cabía duda alguna en cuanto a la razón que tenía para escribir el libro. Quería que su amigo Teófilo conociera la verdad por escrito (1:4). Con el libro en la mano, por decirlo así, Teófilo podría repasar sus bellísimos detalles. ¡Gracias a Dios por alguien como Lucas, que quiso instruir a su amigo Teófilo! Somos nosotros, los lectores modernos, los que podemos ahora aprovechar esta fuente de información divina.


“PARA QUE CONOZCAS BIEN
LA VERDAD”.



¡PENSEMOS!

 ¿Cómo recibimos el mensaje de Dios? La Biblia, la Palabra divina, no nos cayó del cielo ya como un libro. Claro que como su nombre lo indica, es “de Dios”. Lea 2 Timoteo 3:16. Por otra parte, 2 Pedro 1:21 indica que los instrumentos humanos que Dios usó fueron controlados por el Espíritu Santo. Lucas, el médico amado no escribió solamente sus propios pensamientos o ideas, sino que fue guiado por el Espíritu Santo, quien preservó y presentó lo que Dios deseaba que tuviéramos. Lo mismo sucedió con los demás autores humanos de las Sagradas Escrituras; el resultado es un libro totalmente confiable.











2

Primer anuncio importante

Lucas 1:5–25




“No temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer … te dará a luz un hijo. (Lucas 1:13)





Es evidente que nuestro Dios se complace en revelarse al hombre. Este es precisamente el propósito de la Biblia. A través de ella, él se ha comunicado con los hombres de todas las épocas, aun con nosotros, los del siglo veinte.
A fin de que hubiera una fuente fidedigna, consecuente y universal que contuviera el conocimiento del Ser Supremo, él escogió usar palabras escritas, las cuales son producto del Espíritu Santo y describen los eventos históricos que Dios decidió que conociéramos. Entre ellos están algunos casos del Antiguo Testamento en que él se comunicó directamente con el hombre, como por ejemplo cuando habló con Abraham, el joven Samuel y Gedeón. Por supuesto que en aquel entonces no existía la palabra de Dios por escrito ni la Biblia tal como la conocemos hoy. En la actualidad, todo lo que sabemos de Dios y de su voluntad para nosotros lo conocemos a través de la revelación que contiene la Biblia.
El primer capítulo del evangelio de Lucas presenta dos ejemplos de la intervención directa de Dios, y ambos se relacionan con dos eventos milagrosos.


JUAN EL BAUTISTA


El autor nos proporciona varios detalles interesantes. En primer lugar, cuando cita al rey Herodes, establece la época en que sucedieron los eventos. Herodes el Grande fue rey de Judea durante casi 45 años. Por su nombre sabemos que era judío, pero en realidad su familia era idumea. Su largo reinado se mantuvo gracias al apoyo del imperio romano. Es muy conocido por la infame orden que dio de degollar a los infantes de su época.
Pero son de mayor importancia las observaciones que se hacen respecto a los padres de Juan. Se nos informa que Zacarías, el padre, era sacerdote de “la clase de Abías” (1:5). Hacía muchos años que el rey David había dividido a los sacerdotes en veinticuatro grupos (1 Crónicas 24:7–18). Cada uno de ellos tomó el nombre de su líder y se turnaban para trabajar en el templo. Al parecer, era así hasta los tiempos del Nuevo Testamento. Por su lado, su madre Elisabet era descendiente de Aarón y por lo tanto, también pertenecía al linaje de los sacerdotes.
Gracias a Dios que esa pareja no era religiosa sólo de nombre: ”Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (1:6). ¡Qué ambiente familiar tan ideal, ambos padres viviendo a la luz de lo que Dios había dicho! Obviamente, el hecho de vivir en semejante comunión con el Señor no elimina que existan los problemas.


AMBOS ERAN JUSTOS
E IRREPRENSIBLES


Al igual que sus famosos antepasados Abraham y Sara, esta pareja había llegado a edad bastante avanzada sin tener familia. Debido a las costumbres de aquella época, sin duda que esto les era bastante penoso.

¡PENSEMOS!

 No, el andar cerca de Dios no descarta la posibilidad de tener problemas y tensiones en la familia. Sin embargo, andar con él nos da poder para resolver las situaciones difíciles. El Señor nos da los recursos para enfrentar las dificultades. Uno de ellos es la oración, como veremos enseguida (1:13).


Cabe notar aquí la manera en que Dios arregló los detalles para cumplir su perfecto plan. Ya vimos que Zacarías era sacerdote y que el líder de su orden en la época del rey David había sido Abías. En el decurso del tiempo y según la rutina que se observaba, tocó precisamente a su orden servir en el templo el día que Dios decidió hablar con él.
Pero hay un detalle adicional: le tocaba “ofrecer el incienso” (1:9). Debido a la gran cantidad de sacerdotes, este privilegio se asignaba por medio de “suertes”. Parece que esta práctica era la acostumbrada para conocer la voluntad divina. Posiblemente se usaban piedrecitas, una denominada “sí” y la otra “no”. No se sabe a ciencia cierta, pero se cree que el famoso Urim y Tumim (Exodo 28:30) conocido como “el pectoral del juicio”, contenía esos objetos. Aunque ya hacía muchos años que había desaparecido, persistía la costumbre de echar suertes.


“LA SUERTE SE ECHA EN EL REGAZO; MAS
DE JEHOVÁ ES LA DECISIÓN DE ELLA”
(Proverbios 16:33).


Podemos hacer dos observaciones al respecto. La primera, que Dios controla todas las cosas.
La segunda, es que en la actualidad no tenemos que usar semejantes métodos. En aquel entonces no existía la palabra de Dios por escrito tal y como nosotros la conocemos hoy. En la actualidad, ella es nuestra fuente de instrucción, dirección y guía. Juntamente con la oración, se combina para ofrecernos todo lo que necesitamos para conocer la voluntad de Dios.


DIOS CONTROLA TODAS LAS COSAS


Ahora bien, regresemos a Zacarías y al tema del control divino sobre todas las cosas. Debido al gran número de sacerdotes que había, el honor de ofrecer incienso les tocaba una sola vez en la vida, y eso era por suerte. Zacarías jamás había tenido esa oportunidad ni la tendría otra vez. El hecho de que le tocara el turno es un detalle adicional que confirma el plan de Dios. Esta confluencia de eventos ocurrió justamente cuando Dios había decidido hacerle un importante anuncio.
Fue así que cumpliendo con sus responsabilidades en el templo, se le apareció un ángel. Más tarde se identificó como Gabriel (1:19). Como era de esperarse, Zacarías se asustó. Hacía mucho tiempo que no se había dado este tipo de comunicación de parte de Dios al hombre; no era un evento común y corriente. Sin embargo, en vez de ser una voz condenatoria, lo primero que hizo el mensajero fue alabar la devoción de Zacarías.
La oración es un recurso que está a disposición del pueblo de Dios y puede usarse aún en medio de tensiones y problemas. Evidentemente, Zacarías era hombre de oración.
Sin duda que la aparición y saludo del ángel espantaron al anciano sacerdote, pero no se compara con la sorpresa que le causaron sus palabras, las cuales le anunciaron la venida de un hijo a quien llamaría Juan, y añadió: “será grande delante de Dios” (v. 15). Además le dio detalles del tipo de ministerio que ejercería su hijo.
Sería nazareo
Los nazareos se dedicaban a Dios. Parece que la palabra significa “separarse o abstenerse” y se distingue del término nazareno, que significa “procedente de Nazaret”. Las evidencias visibles de un nazareo era que nunca se cortaba el pelo y jamás comía uvas.
La Biblia menciona únicamente a dos hombres que fueron nazareos desde su nacimiento: Sansón (Jueces 13:7) y Samuel (1 Samuel 1:11).

Sería lleno del Espíritu Santo
Todavía restaba a Gabriel mencionar otra cualidad más de Juan el Bautista. Le dijo que desde el vientre de su madre, sería lleno del Espíritu Santo. Por supuesto que debido a esto, sería grande delante de Dios y tendría un ministerio importantísimo. Más adelante, observamos que “Elisabet fue llena del Espíritu Santo” (1:41) y “Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo” (1:67). ¡Toda la familia participaba de la misma bendición!
Este caso fue muy especial y diferente a como nosotros disfrutamos de la presencia de esa divina persona en nuestra vida. Actualmente, el que es verdadero creyente, que ha nacido de nuevo, que ha aceptado a Cristo como su Salvador, tiene al Espíritu Santo (Romanos 5:5; 8:9). Nosotros tenemos el mismo poder de Juan: aquél desde el vientre de su madre (debido a la soberana voluntad de Dios), pero nosotros, gracias al nuevo nacimiento.

¡PENSEMOS!

 El caso de la familia de Zacarías es muy singular. Sin embargo, como la familia es la unidad básica de la sociedad, ¿puede usted imaginarse cómo sería este mundo si hubiera más familias llenas del Espíritu Santo? Reduciendo el alcance de esta pregunta, ¿qué pasaría si todas las familias de su iglesia fueran así? Y reduciendo aún más esta posibilidad, ¿qué sucedería si toda su familia fuera llena del Espíritu?

Iría con el espíritu y poder de Elías
En cuanto al ministerio futuro de Juan, el ángel le hizo a su padre una gran revelación. No había judío que no supiera lo que había sido y realizado el gran profeta Elías. Al decir que Juan “irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías” (1:17), comunicaba mucho, y daba nuevas esperanzas al pueblo.
A continuación, el mensajero celestial explicó las tres facetas específicas que caracterizarían la obra y mensaje del nuevo profeta. Las tres tienen importancia, pero la tercera es la que identifica a Juan, porque venía “para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (1:17). Iba a ser el precursor de nuestro Señor Jesucristo.
Por un lado, es lamentable lo que sigue. Por otro, y conociendo las flaquezas del ser humano, el incidente no nos sorprende. El viejo sacerdote dudó que la comunicación procediera de Dios y tuvo que sufrir las consecuencias: permaneció sin poder hablar durante todo el embarazo de su esposa. Cuando por fin salió del templo a enfrentar a la gente que se desesperaba por su demora, no pudo hablar, pero comunicó las buenas noticias por escrito. Sin embargo, por su incredulidad sufrió la gran pena de no poder celebrar el acontecimiento en voz alta, ni gritar ni cantar.

TARDE O TEMPRANO,
LA INCREDULIDAD TRAE
MALAS CONSECUENCIAS

Esta sección termina con una bella expresión de gratitud por parte de Elisabet (1:25). Cabe observar que un hijo de Dios debe reaccionar como ella cuando recibe un mensaje divino.

Segundo anuncio importante
Lucas 1:26–80

“… Y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo”. Lucas 1:31–32

¡Importantísimos versículos! Ni hablar del impacto que han tenido en el mundo cristiano; el mundo entero ha tenido que tomar nota de ellos, y no solamente porque a fines de diciembre celebramos una gran fiesta. Aun los que no quieren aceptar el mensaje de Cristo, tienen que reconocer que él vino en carne. Cada año, los almanaques proclaman que con el nacimiento de Cristo, empezaron a contarse los años de nuestra era.

LA HISTORIA DE CRISTO EN TRES FRASES:
   1. CRISTO VIENE
   2. CRISTO VINO
   3. CRISTO VIENE OTRA VEZ
 
ANUNCIO DEL NACIMIENTO DE JESUCRISTO, EL HIJO DE DIOS 1:26–38

En el sexto mes del embarazo de Elisabet, el ángel Gabriel comunicó otros anuncios. Aparentemente, su ministerio principal es hacer anuncios específicos de los planes de Dios. Lucas nos presenta los que transmitió a José y María.
Después de identificar el sitio geográfico de su siguiente aparición como un lugar distante que se encontraba al norte de donde había hablado con Zacarías, Lucas hace una breve descripción de la virgen María, diciendo que estaba “desposada con un varón” (1:27). Por la cultura judía de aquel entonces, entendemos que no había tenido intimidad sexual con él. Ellos pensaban que esa etapa del enlace era más importante, fuerte y restringida que el concepto moderno de “compromiso”. La pareja se consideraba marido y mujer, aunque no vivían juntos hasta después de la ceremonia de boda.

¡BENDITA TU ENTRE LAS MUJERES!

Las palabras con las que el mensajero saluda a María se han hecho famosas: “¡Salve, muy favorecida!” Es obvio que desde el principio el ángel quería comunicarle que Dios le había otorgado un honor muy especial. ¡Por supuesto que fue “muy favorecida”! A continuación dijo: “el Señor es contigo” (1:28). Esa en sí misma sería una razón suficiente para apoyar sus primeras palabras, pero aún hay más: “Has hallado gracia delante de Dios” (1:30). Debido a su desobediencia, Adán, padre de la raza humana, hizo que todos los seres humanos necesitaran de la misericordia y gracia de Dios. María, habiendo hallado gracia, en verdad podía considerarse muy bienaventurada.
En seguida, el ángel mencionó el motivo principal de su mensaje. María había sido seleccionada como instrumento para introducir al mundo la forma humana del prometido Mesías: iba a tener un hijo. ¡Y qué hijo! A continuación lo describe en forma impresionante:

    1.      Sería grande.
    2.      Sería llamado Hijo del Altísimo.
    3.      Tendría el trono de David su padre.
    4.      Reinaría sobre la casa de Jacob para siempre.
    5.      Su reino no tendría fin.

El carácter mesiánico del anuncio es muy evidente. El que iba a nacer había sido prometido a Israel en la antigüedad y todos lo esperaban con ansia.

¡PENSEMOS!
 Aparentemente, María no se sorprendió al saber que el Mesías estaba por llegar. Su sorpresa consistió en darse cuenta de que ella era el instrumento escogido de Dios. ¿Por qué? Ella misma dijo: “¿Cómo será esto? pues no conozco varón” (1:34). Es notable ver que el ángel no le hizo reproches al hacer su pregunta como en el caso de Zacarias. Esto nos da a entender que no fue formulada por rebeldía ni incredulidad. Sólo estaba inquiriendo acerca del método en que el plan divino se llevaría a cabo.

Podemos observar dos verdades que resaltan en esta conversación. En primer lugar, el ángel hace un comentario acerca del carácter de Dios cuando dice: “Nada hay imposible para Dios” (1:37). Claro que a María todo le parecía imposible, porque no podía imaginar cómo podría suceder lo anunciado. Por otro lado, Dios no veía las cosas de la misma manera, porque sabía perfectamente cómo hacerlo. El Señor no sólo sabe cómo, sino que tiene todo el poder necesario para realizar lo que se propone; posee la autoridad y poder para hacer cualquier cosa que está de acuerdo con su carácter o voluntad.

“NADA HAY IMPOSIBLE PARA DIOS”


En segundo lugar, María demuestra una actitud que deben imitar los creyentes al conocer la voluntad divina: “Hágase conmigo conforme a tu palabra” (1:38).
Al recordar a los héroes de la fe, tal vez pensemos que para ellos era fácil pronunciar semejantes palabras, pero aunque las Escrituras nos dicen que la voluntad de Dios es “agradable y perfecta” (Romanos 12:2), a veces la debilidad humana nos hace ver las cosas de distinta manera.
No sabemos lo que cruzó por la mente de María en esos momentos, pero podemos imaginar lo que sería esa noticia para una mujer de aquella cultura. Prácticamente era una invitación a la crítica abierta de la sociedad. Humanamente hablando, estaba arruinada su felicidad con José, o cuando menos, en gran riesgo. ¿De dónde vendría el dinero para sostener al niño?

¡PENSEMOS!

 No. La voluntad de Dios no siempre es fácil de entender y muchas veces no nos gusta. A primera vista, la revelación de la voluntad divina para Maria era una ocurrencia desagradable, porque venía a romper sus buenas relaciones y tranquilidad. Pero para ella, si Dios decía que así debía ser, así sería, porque estaba dispuesta a ser instrumento en manos de su Señor. Hoy la recordamos y admiramos porque como descendiente de Adán también había heredado la naturaleza pecaminosa y requería de la gracia divina que se le ofreció. La vemos en el pasaje totalmente sumisa a la voluntad divina, dispuesta a cumplir su papel en la venida de su Salvador.

 ¿Cómo ha recibido usted la voluntad de Dios? ¿Con sumisión, aceptando lo que venga, o protestando por ella?

DOS HIMNOS IMPRESIONANTES 1:39–80

Los himnos de alabanza siempre han expresado los sentimientos de los hijos de Dios que están en buenas relaciones con él

EL CORAZON QUE ESTA
BIEN SINTONIZADO
CON DIOS, SABE CANTAR


El himno de María (1:39–56)
Su alabanza se llama el Magnificat (porque es la primera palabra que aparece en la traducción de la Biblia al latín, la Vulgata Latina) y es una expresión de alabanza. Por su contenido, vemos que María conocía muy bien el Antiguo Testamento porque está totalmente de acuerdo con el pensamiento, idioma y costumbres judías. Ella alaba a Dios por su poder (1:49, 51), misericordia (1:49) y fidelidad (1:54–55)
Es interesante que no hace referencia a su futuro hijo ni refleja temor, quejas, autocompasión (considerando el posible oprobio que sufriría), ni amargura. Por el contrario, reconoce dos importantes verdades: 1) su necesidad de salvación, y 2) que sabía que Dios le había conferido un gran honor. Esto fue lo que produjo su alabanza: “Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (1:47).

¡PENSEMOS!

 El himno de María expresa una actitud de reverencia y confianza absoluta en su Señor. Aunque no entendía todos los detalles del plan divino, sí descansaba confiadamente en la misericordia y sabiduría divinas. Esto fue lo que le permitió decir: “Hágase conmigo conforme a tu palabra”. Analice los versículos de Lucas 1:46–55 y medite en la manera en que esta alabanza refleja las actitudes de un carácter sencillo y ferviente como el de María.

El himno de Zacarías (1:57–80)

Para el veterano sacerdote ya habían pasado los nueve meses de mudez. Es probable que durante ese tiempo no pudiera oir ni hablar. Pero su esposa ya había dado a luz (1:57). Semejante acontecimiento, verdaderamente milagroso, fue ocasión de mucho regocijo entre sus amigos y vecinos. El día que circuncidaron al niño, les preguntaron el nombre del bebé, a lo que Elisabet respondió: “Se llamará Juan”. Esto causó extrañeza, pero indica que Zacarías ya le había comunicado el mensaje angelical. Por escrito, con toda seguridad, el sacerdote lo confirmó: “¡Juan es su nombre!” En cuanto dio esa evidencia de haber creído al mensaje divino, le fueron devueltas sus capacidades de oir y hablar.

¡PENSEMOS!

 El texto dice que lleno del Espíritu Santo, Zacarías cantó lo que por nueve meses no había podido decir, a lo menos en voz alta. Su tema principal es de alabanza a Dios por la salvación que iba a proveer al pueblo. Este siervo del Señor tuvo un atisbo del plan divino y en su alabanza reconoce que Dios es el Dios de la historia, en cuyas manos se encuentran la salvación, la misericordia, la santidad y la justicia. Asimismo, comprendió que su hijo Juan sería el precursor del Mesias y dio gracias al Señor por una salvación tan grande. ¿Podemos nosotros cantar a Dios nuestra gratitud aún cuando no entendamos todos los detalles de sus planes? Medite en las circunstancias difíciles que tiene que enfrentar y dé gracias a Dios por ellas.

Nacimiento del Hijo del Hombre

Lucas 2:1–38
 
“Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16)

En este pasaje tenemos los detalles de un nacimiento. Traer una nueva vida al mundo es de por sí un acontecimiento maravilloso, pero cuando vemos que “Dios fue manifestado en carne”, se convierte en un milagro. Las bendiciones que trajo al mundo el nacimiento del Señor son innumerables, porque abrió al hombre la puerta de la vida eterna. Lucas presenta, en forma simple, pero con interesantes detalles, la historia de la encarnación del Hijo del Hombre.

EL NACIMIENTO DE CRISTO 2:1–7
La época
La expresión “en aquellos días” (2:1) proporciona al lector cuando menos dos importantes ideas
1. Es evidente por lo que sigue, el autor emplea la frase para colocar los eventos del capítulo en su debido lugar dentro de la historia secular. Como comentamos antes, la veracidad del nacimiento de Cristo y su relación con la historia han impactado al mundo, porque nuestro calendario se basa en ese acontecimiento.

“EL MUDA LOS TIEMPOS Y LAS EDADES;
QUITA REYES, Y PONE REYES”
Daniel 2:21.


Augusto César fue emperador de Roma durante 44 años (del año 30 a.C. hasta el 14 d.C.), tiempo durante el que propició, o mejor dicho, impuso al mundo un reinado de progreso, prosperidad y paz. Organizó el imperio de tal forma, que ayudó en gran manera a los que más adelante se encargaron de diseminar el evangelio. Eso y el empadronamiento que ordenó poco antes del nacimiento de Jesucristo (2:1), mismo que forzó a José y a María a viajar a Belén, ilustran muy bien Proverbios 21:1, “Como el repartimiento de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina”.

AUGUSTO CÉSAR FUE INSTRUMENTO
EN LAS MANOS DE DIOS


2. Esto comprueba la observación que hemos hecho en el sentido de que toda la historia es y ha sido controlada por el Señor. Sus muchos, variados e intrincados eventos forman parte de una red de “caminos” que condujeron a Belén en tiempos del emperador Augusto, cuando Cirenio era su gobernador. Pablo lo comenta así: “pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4).
“Aquellos días” que cita Lucas 2:1 se refieren al “cumplimiento del tiempo” de Gálatas 4. Dios lo había arreglado todo, porque tiene control total. probablemente César pensaba que era el personaje más importante del mundo conocido de aquel entonces, pero la verdad es que Dios lo controló de tal manera, que el emperador arregló los detalles para que Cristo, el verdadero personaje importante, naciera en Belén de judea.

Circunstancias que rodearon su nacimiento
Al emperador no le importó que su decreto causara muchísima incomodidad a los pobres súbditos de palestina. No concía a José ni a María, quienes eran totalmente insignificantes para él. No sabía que el Dios de toda la tierra lo estaba usando para cumplir la profecía del Antiguo Testamento:

“PERO TÚ, BELÉN EFRATA, PEQUEÑA PARA
ESTAR ENTRE LAS FAMILIAS DE JUDÁ, DE TI
ME SALDRÁ EL QUE SERÁ SEÑOR EN ISRAEL”
(Miqueas 5:2).

La Biblia no dice mucho acerca de José. Sabemos que era del linaje de David (2:4), que era carpintero (Mateo 13:55), que respondió al mensajero de Dios (Mateo 1:20–24) y que actuaba con responsabilidad en asuntos familiares. Esto último se demuestra porque llevó consigo a María cuando viajó a Belén.
Según la ley, ella no tenía por qué hacer ese viaje tan arduo. Por otro lado, quedarse en Nazaret, en semejante condición y con el parto inminente, la hubiera dejado expuesta al vituperio cruel de sus vecinos. José, cuando menos por razones de cariño y caballerosidad, no la sujetó a semejante sufrimiento. Quién sabe cuánto lo había influenciado su conocimiento del Antiguo Testamento. De todos modos, aquí hay otra evidencia más del control de Dios. El hombre actuó de acuerdo a lo que consideraba eran las exigencias del momento, pero detrás de todo ello estaba la mano de Dios.
Cabe notar algunos detalles de Lucas 2, capítulo que normalmente se estudia sólo cuado se celebran las fiestas navideñas.
Estando ellos allí (2:6).
La construcción gramatical parece indicar que José y María habían llegado a Belén unos cuantos días antes del nacimiento. Llegaron con anticipación.
Lo envolvió en pañales (2:7).
La frase describe la ropa del bebé. Lucas no quiere insinuar que no hubo nadie que ayudara a María.
Lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón (2:7).
Por razones de tradición, se ha considerado este lugar como una posada o una venta, especie de hotel antiguo. Sin embargo, esta misma palabra se traduce en Lucas 22:11 como “aposento”, para designar un lugar bien presentado. Por lo tanto, es posible que tenga el mismo sentido en Lucas 2. Tal vez la pareja se hospedara durante su estancia en Belén con algunos parientes de José que tenían una casa propia, pequeña, pero adecuada. Junto a la casa, probablemente con entrada aparte, tal vez había un cuarto más rústico donde los dueños guardaban sus animales y donde estaría el pesebre. Ningún “mesón”, “posada” o “venta” de aquel entonces tenía pesebre para los animales. ¡A duras penas poseían espacio para sus huéspedes! La probabilidad de que fueron alojados por sus parientes también apoya la idea de que alguna mujer le ayudó en parto.

LA ADORACIÓN DE LOS PASTORES 2:8–20
Los ángeles anunciaron el nacimiento de Cristo, pero no a los líderes políticos, ni a los sacerdotes, fariseos o escribas, sino a unos pastores. ¿Por qué? El oficio de cuidar ovejas no se consideraba vocación muy elevada. Más bien, el Sanedrín había establecido que quien pastoreaba ovejas no era digno de confianza y no podía aceptarse como testigo. ¿Por qué, entonces, llegaron los mensajeros celestiales a los pastores? Parece ser que Dios, quien sabe todo, incluyendo el corazón humano, encontró en aquellos hombres, pobres y humildes, un corazón dispuesto a creer.

“¿NO HA ELEGIDO DIOS A LOS POBRES DE
ESTE MUNDO, PARA QUE SEAN RICOS EN FE Y
HEREDEROS DEL REINO QUE HA PROMETIDO?”
(Santiago 2:5).

¡PENSEMOS!


 ¿Quiénes está más dispuestos a creer? ¿Por qué será que el pobre está más inclinado a tener fe en Dios? Hablando del otro extremo, Cristo mismo dijo que es muy difícil para un rico entrar en el reino de los cielos. ¿Por qué? ¿Qué piensa usted de la influencia que tienen las cosas materiales en la fe de un individuo?

¡Por supuesto que los pastores tuvieron miedo! ¿Desde cuándo un ser celestial se comunicaba con los pastores? O, ¿cuándo habían visto “la gloria de Dios” los hombres sencillos del campo? (2:9) Sin lugar a duda, ellos reconocieron que el acontecimiento era de procedencia sobrenatural. Su fe sencilla los convenció de inmediato que venía de su Dios, y su reacción está de acuerdo con la de unhombre pecador que recibe una comunicación divina por primera vez.


LA VERDADERA NAVIDAD:
“¡OS HA NACIDO UN SALVADOR!”


Pero el mensaje no era para provocar miedo, sino gozo. “¡Os ha nacido un Salvador!” (2:11) Y como para confirmarlo, apareció una multitud de mensajeros celestiales alabando a Dios. El versículo 13 no dice que cantaron, pero es posible que lo hayan hecho.
La evidencia de la fe de los pastores la vemos en que fueron a Belén para ver con sus propios ojos lo que el ángel les anunció. Y lo hicieron “apresuradamente”, no para comprobar el dicho del ángel sino dijeron: “veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado” (2:15).

ADORACIÓN DE SIMEÓN Y ANA 2:21–38

Cambia ahora la escena a la ciudad de Jerusalén. Los padres llevaron al niño al templo para presentarlo al señor. Habiéndole circuncidado de acuerdo a la ley, seguía la obligación de presentar al primogénito en el templo.
La circuncisión era señal del pacto abrahámico, símbolo de la fe. A esas alturas para casi todos, exceptuando a un remanente fiel, la circuncisión había perdido su verdadero significado y se había convertido en un rito y nada más. No cabe duda que José y María pertenecían a ese remanente fiel.
En efecto, el niño vino a cumplir con las promesas hechas a Abraham muchos siglos antes. Con cuánta razón le pusieron el nombre que el ángel les indicó antes de su concpeción: “Llamarás su nombre JESUS” (1:31) “porque é1 salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).
De ese nido de incredulidad que era Jerusalén, surgió un hombre de carácter diferente. Simeón no era un religioso profesional, pero Lucas lo describe diciendo: “…este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo estaba sobre él”(2:25). Este ancianito no se menciona en ningún otro lugar de la Biblia, pero tuvo uno de los más altos privilegios. No sabemos cómo, pero Dios le había comunicado que no moriría sin ver al Mesías prometido.
Justamente cuando José y María trajeron al niño Jesús para presentarlo en el templo, el Espíritu santo derigió a Simeón al mismo lugar. Sus palabras demuestran más entendimiento del plan de Dios que el que tenían los profesionales que frecuentaban ese lugar santo: “Han visto mis ojos tu salvación” (2:30). Los pardres se quedaron maravillados. Por la respuesta de Simeón pensamos que fue María quien hizo alguna observación al respecto.

¡PENSEMOS!

 La incredulidad no es privativa de aquella época. También en la actualidad corre rampante. El mundo cuestiona nuestra fe sencilla en la revelación que contiene la Palabra de Dios. ¿Cómo podemos manejar el menosprecio y burla hacia lo que nosotros consideramos sagrado? Medite en este pasaje y busque cuál era el secreto que sostenía a los siervos de Dios en aquélla época.

Pero existía otra persona bien sintonizada con las cosas de Dios en Jerusalén, una ciudad que se caracterizaba por su ceguera espiritual. Ana, denominada aquí “profetisa” (1:36) reconoció la importancia de la visita de la familia de Cristo. El sustantivo “profetisa” no quiere decir que se dedicaba a predecir o pronosticar el futuro, sino que anunciaba el mensaje de Dios.
En el Antiguo Testamento, Débora se describe de la misma forma (Jueces 4:4), y en el Nuevo, de igual manera a las hijas de Felipe (Hechos 21:9). Ana estaba en el templo cuando llegaron los padres de Jesús. Así fue como Dios guió a estos santos, personas dispuestas a oirle y seguirle, y les dio el privilegio de estar presentes en el templo justamente cuando estaba allí el niño. Ambos, reconociendo esta bendición especial, rindieron alabanzas al Señor.

Vida preministerial del Hijo del Hombre

Lucas 2:39–3:22


“Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” Lucas 2:52

En el breve espacio de dos cortos versículos (2:39–40), se resumen doce años de la niñez de Jesús. Por ese entonces, la familia vivía en Nazaret, ciudad que por razones que desconcemos, no gozaba de muy buena reputación.
La Biblia no da muchos datos biográficos de ese período, pero indica que el Señor tuvo crecimiento físico, intelectual, moral y espiritual (2:40). Estuvo completamente sujeto a las leyes del desarrollo humano, con la única excepción de que en él no había pecado. Creció y se desarrolló como ningún otro ser lo había hecho, porque fue verdaderamente hombre, pero hombre perfecto.
El comentario que hace Lucas de la infancia del Señor no nos sorprende, porque Jesús fue un hombre que a la vez era Dios y hombre perfecto, poseedor de las dos naturalezas. No es que sea difícil entender esta verdad ni que sepamos con exactitud cómo se compaginan las dos naturalezas, pero la revelación que Dios nos dio testifca que así es en efecto. Lo creemos porque nuestro Padre lo dice, aunque no lo entendamos cabalmente.

¡PENSEMOS!

 Cristo, fue el hombre perfecto. Mencionamos a continuación algunas referencias que hace el Nuevo Testamento en cuanto a Jesús y su relación con el pecado.

 “Y no hay pecado en él” (1 Juan 3:5).

 “No conoció el pecado” (2 Corintios 5:21).

 “Tentado, … pero sin pecado” (Hebreos 4:15).

 “No hizo pecado” (1 Pedro 2:22).

Por otro lado, parece que el mismo Jesús, ya en sus primeros años de juventud, estaba completamente consciente de quién era y del papel que le correspondía realizar: “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (2:49)
Lo poco que se nos dice en la Biblia acera de la niñez y juventud de nuestro Señor Jesucristo ha originado una gran cantidad de cuentos extrabíblicos que tienen el afán de satisfacer la curiosidad humana al respecto. Muchos autores no guiados por el Espíritu Santo, sino por su imaginación, han procurado llenar el vacío de información en cuanto a la infancia de Cristo.
La colección apócrifa resultante contiene historias absurdas que tratan de hacerse pasar por verdad. Sin embargo, Lucas nos proporciona el único cuadro auténtico y autorizado de lo que sucedió en esos años.
Es patente el gran abismo que existe entre la producción apócrifa y los libros canónicos (que fueron escritos bajo el control del Espíritu Santo por autores que fueron testigos o que entrevistaron a los testigos presenciales). Con excepción de lo que sabemos por Lucas 2, estos fueron en verdad, años de silencio. Obviamente, Dios no quiso hacer hincapié en los acontecimientos de esa época, sino destacar lo referente a nuestra redención por medio del ministerio público de Jesús que la propició.

LA FAMILIA CELEBRA LA PASCUA 2:41–52
El Antiguo Testamento exigía que los judíos visitaran el templo de Jerusalén cuando menos tres veces al año. En el período que nos ocupa, esto se había reducido a un sólo viaje para la fiesta de la pascua. Lucas nos relata que José y María tenían esta costumbre, pero sólo nos da detalles del año en que Jesús cumplió doce años.
No se sabe si el Señor los había acompañado en otras ocasiones. Es posible que esta visita la hicieran como un preparativo para cuando Jesús cumpliera 13 años, fecha en que los jóvenes judíos se integraban a la comunidad religiosa y pasaban a ser miembros responsables de ella. Se les llamaba “hijos del mandamiento”.
Esta historia es muy conocida. Sin embargo, algunos lectores se preguntarán: “¿Cómo es posible que los padres pasasen tanto tiempo sin descubrir la ausencia de su hijo? Cómo pudieron haber caminado una distancia de un día ignorando el paradero de Jesús?”
En primer lugar, no es evidencia de problemas familiares. No existe nada que indique que los padres fueran descuidados. Más bien, se echa de ver su atención cuidadosa. Cuando los peregrinos salían de Jerusalén para dirigirse a sus respectivas ciudades, lo hacían en grupos grandes. Las mujeres formaban el primero y los hombres el segundo. Por su parte, los jóvenes podían ir en cualquiera de ellos.
Después de un día de camino, cuando las familias se juntaron para comer y pasar la noche, se dieron cuenta de que Jesús faltaba. Al siguiente día regresaron a la ciudad y al tercero, lo encontraron en el templo platicando con los eruditos, a quienes hacía y contestaba preguntas, que era el método de enseñanza de entonces. Los maestros de la ley estaban asombrados de la inteligencia y respuestas del Señor (2:47). La observación que hicieron confirma que la intención de Jesús no era alardear de sus conocimientos o mostrarse superior; o no hubieran dicho lo que dijeron. Este intercambio nos da otra evidencia de la manera en que el Señor iba aprendiendo y desarrollándose.
El encuentro con sus padres y la pregunta y lamentación de la madre dieron ocasión a las palabras: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (2:49) No lo dijo por rebeldía, aunque José y María no comprendieron sus palabras sino hasta mucho tiempo después. En cambio, Jesús sabía perfectamente lo que decía. Es interesante observar que éstas son las primeras palabras de nuestro Señor Jesucristo que están registradas en la Biblia. Y con ellas, confirma ser Hijo de Dios.
El versículo final del capítulo indica cómo era el carácter y comportamiento del joven Jesús en su hogar y en la comunidad. “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (2:52).

¡PENSEMOS!

 ¿Qué influencia ejerce la vida familiar en los seres humanos? Si admitimos que en el hogar se forjan los hijos consagrados y los descarriados, ¿cómo afectará este conocimiento al ambiente de su hogar? ¿Encuentra algún área en que debe hacer cambios? Ore y actúe en consecuencia.

PREPARACIÓN DEL HIJO DEL HOMBRE
La infancia y juventud de Jesús transcurridas en su casa y bajo la influencia de quienes amaban a Dios y a él, contribuyeron a su preparación

EL HOGAR DE LOS QUE OBEDECEN A DIOS
ES UN AMBIENTE PROPICIO
PARA CRIAR A LOS HIJOS.

Un hogar creyente provee luz al joven, que estará bien dispuesto a enfrentar lo que le traiga la vida. La preparación a la cual se refiere esta sección es la oficial. Ya el Hijo del Hombre había dejado la casa y el cariño familiar. El ministerio público, importante y duro al cual Dios Padre le había enviado, estaba por iniciarse, pero había ciertos pasos preparatorios que era necesario que diera antes de emprenderlo.

MINISTERIO DE JUAN EL BAUTISTA 3:1–20
Como un heraldo que anuncia con trompeta la venida de un rey, Juan el Bautista presentó al Mesías. Los judíos no podrían decir que Cristo llegó sin previo aviso, o que no fue anunciado o introducido. El ministerio de Juan, su precursor, se define muy bien en Lucas 3:4: “Prepared el camino del Señor”.

Trasfondo histórico 3:1–2
Como historiador apto, Lucas nos provee de una cronología exacta para fijar el comienzo del ministerio de Juan. Esta cronología es buena, pero los personajes que intervienen no tanto. Según la historia, Tiberio César era malvado en extremo. A Poncio Pilato (nombrado gobernador en el año 26 d.C., puesto que ocupó por 10 años), lo conocemos por su cobardía durante el juicio de nuestro Señor Jesucristo. Ni hablar de la familia de los Herodes, aunque se cree que Felipe (hijo de Herodes el Grande y Cleopatra), era el mejorcito.
Anás y Caifás eran los sumos sacerdotes (3:2). Los romanos habían quitado de su puesto a Anás, pero como su yerno Caifás fue designado en su lugar, Anás siempre conservó bastante poder. Estos dos se opusieron a Cristo durante todo su ministerio público. Bueno, al menos sabemos quiénes eran los líderes cuando Juan empezó su ministerio.

El mensaje de Juan 3:3–14
Dice la Escritura que Juan predicaba el bautismo de arrepentimiento (3:3). Demandaba una transformación de mente, pensamientos, que resultara en un cambio al actuar, es decir, del ser interior, que diera evidencias externas. Ese último gran profeta al estilo antiguotestamentario, hizo reconocer a sus oyentes que tenían una responsabilidad espiritual relacionada con el mensaje mesiánico.
Tal y como habían hecho a lo largo de su historia como nación, los judíos de tiempos de Juan y nuestro Señor Jesucristo pensaban en lo político y no en lo espiritual. Juan clamaba contra eso y los exhortaba diciendo: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (3:8) y les daba ejemplo de algunas evidencias del arrepentimiento (3:12–14). Lucas no nos da todos los detalles de su predicación, pero sí nos dice lo suficiente como para que entendamos que su propósito era preparar el camino del Señor.

EL ARREPENTIMIENTO: UN CAMBIO INTERIOR
QUE RESULTA EN
ACCIONES VISIBLES


¡PENSEMOS!

 Los hechos cotidianos demuestran el arrepentimiento. ¿Ha abandonado usted hábitos antiguos y sus obras actuales son evidencia de que tiene una mente nueva? Recuerde que el juicio de quienes nos rodean es la mejor escala para evaluar nuestras acciones.

Identificación de Juan 3:15–17
Tan impresionante era Juan el Bautista, que muchos le preguntaban si él era el Mesías, pero declaró que no era digno de desatar la correa del calzado del Mesías (3:16). Inclusive explicó la diferencia que habría entre los ministerios de ambos, tanto en el presente como el futuro. Siguiendo el estilo profético del Antiguo Testamento, no hizo ninguna distinción entre la primera y la segunda venida del Mesías. La referencia al juicio con que Cristo vendría después (el “fuego” del versículo 16) ilustra ese punto.

Encarcelamiento de Juan 3:18–20
Aunque no con los mismos detalles que ofrece Mateo, Lucas también indica que Herodes encarceló a Juan. Sabemos que fue entonces que el monarca puso fin a sus días.

EL BAUTISMO DEL HIJO DEL HOMBRE 3:21–22

La mayor parte del ministerio de Juan se llevó a cabo cerca del río Jordán, donde bautizaba. Había anunciado al pueblo que el suyo era un bautismo de arrepentimiento, y en efecto así era. La gente que de veras cambiaba su manera de pensar y reconocía su pecado de incredulidad, era bautizada. El bautismo en sí, es una identificación. Esas personas reconocían sus pecados (el principal de ellos, no creer lo que Dios había dicho), y por el bautismo se identificaban abiertamente con Dios y su mensajero Juan.
Ahora bien, Cristo no tenía ningún pecado que confesar ni nada de qué arrepentirse. Sin embargo, fue bautizado por Juan. Se cree que el Señor permitió esto para identificarse con el mensaje que Juan predicaba: “el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2); porque el Rey mismo estaba a la puerta. Es sumamente importante recordar que la venida del reino prometido por los profetas dependía de la venida del Rey profetizado.
No hay reino sin rey. Este principio está vigente aún hoy. No se pueden imponer los valores del reino mesiánico en una sociedad pagana. Para que haya reino, primero tiene que ser inaugurado por el rey presente en la tierra. Jesús, el Hijo del Hombre, el Mesías prometido, iba a principiar su ministerio. Es evidente que no había conflicto entre los dos “predicadores”, porque ambos proclamaban un mismo mensaje. Los dos se identificaban con el plan y propósito de Dios en cuanto al reino y al Rey.


NO PUEDE HABER REINO SIN LA PRESENCIA
DEL REY



Naturalmente, el bautismo de Cristo fue un tanto diferente al de los demás. Los otros tenían de qué arrepentirse pero él no. Aunque había cierta similitud entre el bautismo de Jesús y el de los demás, para confirmar la gran diferencia entre los dos, Lucas narra que se escuchó la voz de Dios anunciando: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (3:22). ¡Qué momento más trascendental! Después de años de silencio, y en un espacio de poco tiempo, hubo varias comunicaciones directas de parte de Dios a su pueblo. En este pasaje, la voz de Dios identifica pública y específicamente a Jesús como su Hijo amado.

Genealogía y tentación del Hijo del Hombre

Lucas 3:23–4:13


“Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto”. Lucas 4:1
En esta sección, Lucas presenta los últimos detalles de la preparación del Señor antes de iniciar sus tres años y medio de ministerio público. Después, gracias a la pluma del médico amado, y guiados por el Espíritu Santo, empezaremos la caminata con Cristo, un viaje arduo, pero bendito, que nos conducirá a la cruz.

GENEALOGÍA DEL HIJO DEL HOMBRE 3:23–38

De una u otra forma, todos tenemos interés en nuestros antepasados, entre quienes siempre hay alguien de quién jactarse y, con frecuencia, alguien de quién avergonzarse. En el caso de los judíos, el árbol genealógico era de muchísima importancia porque éste determinaba su lugar en la sociedad, la religión y el gobierno. En cierto sentido, les mostraba qué tan buen judío era cada uno.

“PORQUE PARA VOSOTROS ES LA PROMESA,
Y PARA VUESTROS HIJOS, Y PARA TODOS LOS
QUE ESTÁN LEJOS; PARA CUANTOS EL
SEÑOR NUESTRO DIOS LLAMARE”
Hechos 2:39.


Al llegar a la genealogía de Jesús, el asunto toma mayor importancia porque establece que se trata nada menos que de un descendiente de David, con derecho a su trono. La lista, como la presenta Lucas, se refiere a los antepasados de María. Es interesante notar que de Abraham a David, los nombres corresponden a los mismos que Mateo menciona, pero de David a Jesús difieren, porque Mateo sigue a los descendientes del rey David a partir de Salomón hasta llegar a José (el padrastro de Jesús) para demostrar su derecho legal a ocupar el trono davídico.
Por su lado, Lucas traza la línea por otro de los hijos de David, Natán (3:31), mostrando que María también tenía raíces reales y que por parte de su madre, Jesús también era del linaje de David y con derecho legítimo al trono. Do acuerdo con su enfoque de presentar a Jesús como el Hijo del Hombre, la lista de Lucas va más allá de Abraham, hasta llega a Adán.

¡PENSEMOS!

 Medite en sus propios antepasados y dé gracias Dios si sus padres o abuelos fueron creyentes. Si con usted se inicia la primera generación de cristianos, pida al Señor que le permita alcanzar a sus hijos y nietos para que crean en Jesucristo, el único Salvador y Redentor de nuestras almas.

TENTACIÓN DEL HIJO DEL HOMBRE 4:1–13

El término “tentación” se refiere a una incitación o aliciente a pecar. No es en sí un pecado, sino que busca provocarlo. El encuentro con Satanás que Lucas relata no fue la única ocasión en que nuestro Señor Jesucristo fue tentado. Hebreos 4:15 dice que “fue tentado en todo según nuestra semejanza”. Quiere decir que hubo tentaciones en toda su vida, bajo muchas y variadas circunstancias.

TENTAR: SEDUCIR, INSTIGAR, INCITAR

Fue tentado como nosotros, pero aunque era humano, nunca cayó en la tentación. Por el hecho de ser el único hombre perfecto, no hubo en él inclinación hacia el pecado como nosotros. Así que aunque Satanás quiso hacerle caer, la tentación vino a comprobar su carácter perfecto.
Cabe notar también la gran diferencia entre la tentación del primer hombre Adán y la del Hijo del Hombre. El primero vivió en un jardín y todas sus necesidades estaban ampliamente cubiertas. Tenía comida y estaba rodeado de un ambiente propicio y agradable. Sin embargo, desobedeció a Dios y siguió a Satanás. Obviamente, la clave de la vida victoriosa no se encuentra en las circunstancias placenteras.


SER TENTADO NO ES PECADO;
PECADO ES CEDER A LA TENTACIÓN


Por otro lado, lejos de estar en un jardín, Jesús fue impulsado al desierto (Marcos 1:12). En ese lugar inhóspito pasó 40 días sin comer. Pero a pesar de que estaba solo, que tenía hambre y estaba en un ambiente hostil, triunfó sobre Satanás. No podemos dejar de observar que empleó la Palabra de Dios en todas sus respuestas. Durante este período específico de 40 días de tentación, vemos tres incidentes de especial importancia:

Las piedras en pan 4:3–4
Jesús tenía hambre y era de esperarse que Satanás lo atacara en ese punto. ¡El enemigo es mañoso! Aunque aparentemente le hizo una sugerencia simple y hasta inocente, en el fondo era una invitación para satisfacer una necesidad humana por medios no aprobados por Dios.
Cristo sabía que no debía buscar el bienestar físico usando sus atributos divinos. Si lo hubiera hecho en ese momento, ¿qué le hubiera impedido más adelante evitar el sufrimiento de la cruz? ¡No! Sabía que el plan de Dios no era que muriera de hambre en el desierto, y estuvo dispuesto a cumplir con todo el plan divino.
El Señor contestó citando el Antiguo Testamento: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios” (4:4).

¡PENSEMOS!

 El conocimiento de la Palabra de Dios nos ayuda a no pecar contra él. Anote tres pasajes que puedan usarse cuando nos encontremos en circunstancias difíciles:
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Los reinos de la tierra 4:5–8
No se puede nogar el poder de Satanás. Esta vez llevó a Jesús a un monte alto. Esto demuestra su poder, pero lo que hizo ahí lo manifiesta aún más: “…le mostró en un momento todos los reinos de la tierra” (4:5). El panorama es menos geográfico que histórico. Es decir, Satanás no le estaba mostrando solamente unos cuantos países cercanos, sino “todos los reinos”, pasados, presentes y futuros. La capacidad de Satanás para ejecutar semejante artificio es asombrosa.
En efecto, le estaba ofreciendo al Hijo del Hombre un reino mesiánico falsificado. Lo interesante es que Cristo no discutió con el “dios de este siglo” (2 Corintios 4:4) su supuesta potestad o derecho a hacerlo, porque sabía que era un derecho usurpado.
La oferta satánica no era gratis. ¿A costa de qué ofrecía a Cristo los reinos? ¡Qué blasfemia! Quería obligar al Hijo de Dios a que se postrara delante de él! El, que cuando era uno de los querubines que servían a Dios en los cielos, pecó diciendo: “Seré semejante al Altísimo” (Isaías 14:14).

¡PENSEMOS!

 Este caso es una buena indicación de que el maligno no ha cambiado su meta inicial. No debemos dejarnos engañar. Podemos estar seguros que todavía persigue el mismo fin, tratando de recibir la adoración que sólo pertenece a Dios.

Sin embargo, Jesús sabía con quién trataba; conocía sus artimañas, y que de acuerdo con el plan de Dios y a su debido tiempo, todo pasaría a sus propias manos. Pero primero tenía que sufrir la cruz. Así que rechazó a Satanás con las palabras: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (4:8)

Sobre el pináculo del templo 4:9–12
El reto siguiente fue decirle que se tirara de lo alto del templo, para que la gente al verlo, reaccionara, aceptándolo. ¡Qué dramático hubiera sido! El lugar donde Satanás le había colocado estaba más o menos a 130 metros de alto sobre el arroyo del Cedrón. Esta vez el diablo también usó un versículo de las Escrituras, que aparentemente conoce muy bien. No obstante, nuestro Señor sabía que Dios controla el tiempo y que la aceptación de parte del pueblo no se podría llevar a cabo excepto por lo que él lograra en la cruz. Así que contestó a Satanás: “No tentarás al Señor tu Dios” (4:12)
Así terminó el período de intensa tentación. Pero Satanás no se dio por vencido. Lucas dice que: “se apartó de él por un tiempo” (4:13).

¡PENSEMOS!

 ¿Cómo se enfrenta usted a Satanás y a las tentaciones? En esta sección descubrimos que el arma más fuerte que tenemos es la Palabra de Dios. Cristo mismo la utilizó para neutralizar los ataques satánicos al decir: “Escrito está…” Analice los siguientes pasajes y anote lo que aprende de ellos:

 2 Corintios 10:4_________________________________

 Salmos 34:7____________________________________

 Exodo 14:14____________________________________

 Efesios 6:11____________________________________

 Santiago 1:12___________________________________


Es lógico que la sección que trata de los tres años del ministerio público del Hijo del Hombre sea la más extensa del libro (Lucas 4:14–19:27). También lo es que Cristo empezara su trabajo en Galilea, que se encuentra al norte de Israel, porque entre sus amigos podría haber oyentes dispuestos a creer en él. También nos parece muy buena su idea de regresar a Nazaret, ciudad donde creció. Sin embargo, hubo problemas.

Ministerio en Galilea

Lucas 4:14–6:11

“Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado: Lucas 4:43

RECHAZO DEL HIJO DEL HOMBRE EN NAZARET 4:14–30
Para el creyente, Nazaret es una ciudad muy famosa porque fue allí donde creció nuestro Señor Jesucristo, pero por alguna razón, los moradores de Palestina de aquel entonces no compartían este sentimiento (Juan 1:45–46). No se sabe a ciencia cierta por qué.
Como era su costumbre, Jesús fue a la sinagoga el sábado. No porque los que enseñaban allí se inclinaran a creer el mensaje del Mesías, ya que los fariseos y escribas nunca sumaron un gran número entre los seguidores de Cristo.
Pero el pueblo sí acostumbraba congregarse en la sinagoga para oir la Palabra de Dios. Además, el propósito del sábado era honrar a Dios, y así lo hizo Jesús. La rutina establecida para el culto incluía dos diferentes lecturas. La primera, la del Pentateuco, iba de acuerdo con un calendario fijado de antemano. Más tarde, hicieron un orden semejante para los profetas.
Por la frase “se le dio el libro del profeta Isaías” (4:17) se deduce que la selección no quedaba a decisión del lector. Sin embargo, tal vez sí podía escoger la porción específica: “Y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito” (4:17). Podemos observar que no habían asignado de antemano al lector oficial. Cualquier hombre judío competente podía hacerlo.
Cristo decidió leer una porción mesiánica, es decir, que hablara de la venida del Rey prometido a Israel. Terminó de leer inmediatamente después de lo relacionado con la primera venida y antes de la parte que tenía que ver con los eventos asociados con la segunda venida (compare Lucas 4:19 con Isaías 61:1–2). Cerró el libro (rollo), y de acuerdo a la costumbre, pronunció un pequeño discurso.

“EL ESPIRITU DE JEHOVA ESTA SOBRE MI,
PORQUE ME UNGIO JEHOVA”
Isaías 61:1

Su mención de que las escrituras referentes al Mesías se habían cumplido ese mismo día, hizo que los congregantes se molestaran. Su fama por los milagros hechos en Capernaum, le había precedido hasta Nazaret. Como casi todos, desde entonces y hasta su crucifixión, los de su ciudad natal también querían ver señales y milagros. Como no los hizo, al oir la afirmación de alguien que habían conocido desde la niñez, le manifestaron abiertamente su desdén, lo cual dio ocasión para que el Señor pronunciara un versículo que se ha convertido en refrán; “Ningún profeta es acepto en su propia tierra” (4:24).
El desprecio se convirtió en ira, y la gente de Nazaret trató de matarlo (4:29). No se sabe exactamente lo que sucedió cuando Cristo “pasó por en medio de ellos, y se fue” (4:30). Pero esa deliberada, majestuosa y, en cierto sentido, heroica salida, ha de haberles dado en qué pensar. No lograron su propósito, y Cristo salió de Nazaret para siempre. Ese rechazo inicial era apenas la muestra de lo que iba a ser su ministerio en los siguientes meses y años.

“A LO SUYO VINO,
Y LOS SUYOS NO LE RECIBIERON”
Juan 1:11


CONFIRMACIÓN DEL MINISTERIO DEL HIJO DEL HOMBRE 4:31–6:11

Los habitantes de Galilea y Nazaret querían saber con qué autoridad hacía Jesús sus declaraciones. En esta sección les demuestra su autoridad a través de enseñanzas y milagros.

En Capernaum (4:31–37)
Debido a que los moradores de Nazaret lo habían rechazado, Cristo escogió como su base de operaciones la ciudad de Capernaum, que se encontraba a orillas del lago de Galilea. Continuó con su costumbre de enseñar el sábado, y aunque Lucas no nos provee ningún detalle de sus lecciones, sí nos relata la reacción de los oyentes: “Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad” (4:32).
Su autoridad y poder se manifestaron al tratar el caso de un endemoniado. Entre otras cosas, el incidente comprueba la existencia de los demonios, su conocimiento de la persona de cristo y su pavor porque iban a ser destruidos por él.
En el Nuevo Testamento, y especialmente por lo que escribe Lucas, se establece una gran diferencia entre las enfermedades o defectos fisicos y los casos sobrenaturales, que son el Antiguo Testamento hace muy pocas referencias a la actividad demoniaca en el mundo. La mayor incidencia sucedió cuando Cristo estuvo en la tierra y después menguó durante el tiempo de los apóstoles.
Lo que produce a la vez gozo y escalofrío es que, según la Biblia, la actividad demoniaca aumentará hacia el fin de los tiempos cuando venga el anticristo (2 Tesalonicenses 2:9). Pero será entonces, cuando Cristo triunfará (Apocalipsis 17:14) sobre Satanás y sus huestes. En el caso que nos ocupa, el Hijo del Hombre reprendió al demonio y lo arrojó fuera del individuo poseído. La gente quedó muy impresionada, y pregonó por todas partes el acontecimiento.

¡PENSEMOS!

 Satanás y sus huestes nos atacan por doquier provocando enfermedades y haciendo que los creyentes nos alejemos del Señor. ¿Cómo debemos prepararnos para combatir las fuerzas invisibles del mal? Lea y medite en Hebreos 2:18 y 2 Pedro 2:9 y descubra la seguridad que Dios nos da.

En la casa de la suegra de Pedro y sus alrededores (4:38–44)
Inmediatamente después del milagro mencionado, Jesús fue a la casa de un familiar de Pedro donde su suegra estaba enferma con “una gran fiebre” (4:38). Diciendo sólo unas palabras, Jesús la sanó en forma definitiva. La enfermedad no la dejó ni siquiera debilitada; más bien, recuperó sus fuerzas y servía a los visitantes. En este caso, parece que no fue un demonio el que causó la enfermedad, pero la curación no fue menos milagrosa.
Debido a que su fama aumentaba día a día, vinieron a él otros enfermos y endemoniados, pero Cristo puso en claro que tenía mucho qué hacer en otras partes del país. Definió su ministerio diciendo que su tarea era anunciar el evangelio del reino de Dios porque: “para esto he sido enviado” (4:43). En esta frase, reconoció que su prioridad era enseñar y predicar. Para él, los otros aspectos de su ministerio, como hacer milagros, sanar enfermos, echar fuera demonios, etc., no tenían la misma importancia. Los judíos de aquel entonces querían very experimentar los milagros, pero Cristo dijo que lo más importante era su mensaje.

EL SER HUMANO TIENDE A ADMIRAR LO
ESPECTACULAR Y
A DESCUIDAR LO MAS IMPORTANTE,
QUE ES LA ENSEÑANZA.


Por el lago Genesaret (5:1–11)
La descripción de ese lugar proviene del nombre del gran llano donde está situado el lago. También se conoce por Mar de Galilea. Sin embargo, Lucas nunca lo describe con el término “mar” porque conocía el Mediterráneo, que de veras merecía el nombre de mar. El autor no asignaría dicho apelativo a una porción de agua de apenas 480 kilómetros cuadrados. A través de la Biblia, el mismo lugar ha tenido otros nombres como: “Mar de Cinaret” (Josué 12:3) y “Mar de Tiberias” (Juan 6:1).
Es interesante notar que el lago está a unos 225 metros bajo el nivel del mar. En los tiempos de Jesucristo había 9 ciudades en las orillas, cada una con unos 15,000 habitantes. Pero es más importante mencionar que 18 de los 33 milagros de Cristo se hicieron en las cercanías de ese lago, y 10 de ellos en la ciudad de Capernaum.
En esa ocasión, depués de predicar a la muchedumbre, se dirigió específicamente a Simón pedro ordenándole echar las redes para pescar. ¡Imagínese, el pescador profesional recibiendo órdenes de un carpintero! Es evidente que Simón sabía que Cristo era mucho más que un carpintero. Aunque había trabajado con sus colegas toda la noche, la hora más adecuada para la pesca, no habían pescado nada. Posiblemente se dijo a sí mismo: “¡Tampoco a esta hora hallaremos pescado! ¿Qué dirá la gente si me ve salir a pescar de día, considerado inadecuado para la pesca?”

“VENID EN POS DE MI, Y OS HARE
PESCADORES DE HOMBRES”
Mateo 4:19

Lo que salió de su labios refleja su verdadera y creciente convicción: “mas en tu palabra echaré la red” (5:5). ¡Cómo ha de haberse alegrado el corazón de Jesús al oir semejantes palabras! Es una lindísima combinación de fe sencilla y obediencia completa, precisamente lo que Cristo busca en sus seguidores.
La primera reacción de parte de Simón Pedro (5:7–8) demuestra lo que requiere el Señor de los suyos: que reconozcan el carácter santo de su Dios y su propia pecaminosidad. Simón cayó de rodillas, y el Señor Jesús, por decirlo así, puso su sello de aprobación en él y le indicó la que sería su vocación de allí en adelante: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres” (5:10). La frase “pescador de hombres” es la traducción de un verbo que solamente se usa dos veces en todo el Nuevo Testamento, y quiere decir “tomar vivos a los hombres”.
La segunda reacción de parte de Simón Pedro es que dejó todo por seguir a Cristo Jesús. Es la respuesta lógica, y precisamente la que se espera de alguien que ha visto y entendido la revelación de la persona de Cristo, el Hijo de Dios y Dios mismo. Ese milagro y su enseñanza fueron la prueba que necesitaba Simón, y desde entonces, el barco de ese pescador tuvo otro capitán.

LA BENDICIÓN VIENE POR LA OBEDIENCIA.

En una de las ciudades (5:12–26)
Hemos visto una demostración de la autoridad que el Hijo del Hombre tenía sobre la naturaleza. ¡Hasta los peces lo obedecieron! A continuación sigue autenticando su personalidad y mensaje al curar a un leproso y a un paralítico.
Los leprosos se consideraban muertos y de acuerdo a la ley, eran inmundos e intocables. Lucas, otra vez mostrando su profesión médica, describe el caso como muy avanzado: “un hombre lleno de lepra” (5:12). Estando en esas condiciones físicas y sociales, nos asombra que se presentara en público y ante una persona célebre como Jesús. Por sus palabras, se ve que el valor del enfermo provenía de la confianza que tenía en Jesús: “Señor, si quieres, puedes limpiarme” (5:12). Cristo dijo: “Quiero; sé limpio”, y así fue.
Jesús le mandó cumplir con los requisitos que la ley estipulaba, lo cual causó sorpresa entre las autoridades religiosas. Las Escrituras no indican que tuvieran experiencia en cumplir con esa parte de la ley. Además, advirtió al hombre que no dijera nada. Pero no le hizo caso, y con gran gozo hizo todo lo contrario.

¡PENSEMOS!
 Cabe indicar aquí que ni la alegría desbordante es motivo para desobedecer las órdenes de Dios. En este caso, la fama presionó mucho a Cristo, porque la gente empezó a llegar de todas partes buscando ser sanados. Por supuesto que no existe ninguna circunstancia que justifique la desobediencia. Analice su vida para ver si existe en ella algo en lo cual esté desobedeciendo al Señor y corrija lo que sea necesario.

El siguiente caso tembién demuestra su autoridad, no solamente sobre lo físico, sino también en lo espiritual, así como la fe y perseverancia de los amigos del paralítico, cuya sanidad también fue un milagro en todo sentido.
No obstante, el encuentro causó una reacción adversa por parte de los religiosos. Cuando el Señor dijo: “Hombre, tus pecados te son perdonados” (5:20), ellos dijeron: “¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” ¡Bien dicho! Sus propias palabras los condenaron. El mismo Dios que pretendían obedecer estaba presente y actuando. Los milagros que Cristo Jesús hacía autenticaban su mensaje e identidad, pero los líderes religiosos no querían aceptarlo.
¡Qué asombroso! Ni la presencia, ni la predicación ni el poder de Jesucristo fueron suficientes para convencer a los religiosos. Esto nos recuerda lo que Jesús mismo dijo en Juan 6:44: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere”. Conocer a Cristo, el Hijo de Dios, el que perdona nuestros pecados, como nuestro Salvador personal, no viene por oir argumentos ni por ver milagros, sino por la obra de Dios.

En la casa de Leví (5:27–39)
Lucas identifica a Leví (llamado “Mateo” en Mateo 9:9) como un publicano, lo cual lo hacía empleado del odiado gobierno de Herodes y estaba encargado de cobrar los impuestos aduanales en la carretera principal que pasaba por Capernaum. Un publicano, por métodos legítimos o ilegítimos, podía llegar a ser muy rico, pero tenía que sacrificar su buena reputación; la gente lo consideraba pecador empedernido.
Tal vez Leví ya había oído de Cristo, o lo había escuchado en persona porque respondió a su invitación de todo corazón. Dejó no solamente su trabajo, sino también su carrera. Para celebrar el evento, dio un gran banquete porque quería que sus colegas tuvieran oportunidad de oir a Cristo.

LA EVIDENCIA MAS FUERTE DE HABER
CREIDO EN CRISTO ES
¡UNA VIDA TOTALMENTE CAMBIADA!

Aparentemente, otros asistieron a la fiesta. No como invitados, por cierto. Unos escribas y fariseos llegaron como “observadores” o mejor dicho “acusadores”, y de inmediato se quejaron diciendo: “¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?” Ese último término tenía la connotación del pecado grosero, cometido por una persona non grata a la sociedad.
Sin dar más detalles, Cristo respondió en palabras que han llegado a ser clásicas: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (5:32). De seguro, los religiosos no sentían la necesidad de que hubiera un cambio así en sus vidas.
Como para disimular, le hicieron una pregunta acerca de los ayunos, a la que Jesús contestó con tres ilustraciones, las dos últimas en forma de parábola.

    1.      Los amigos e invitados a la boda no ayunan mientras el “marido” está presente porque es una ocasión de gozo. Lo harán después que se haya ido (5:34–35).

    2.      No se hace un remiendo de tela nueva en un vestido viejo porque se encoge y el daño resulta peor (5:36).

    3.      No se debe poner vino nuevo en odres viejos, porque ya han perdido su elasticidad. La fermentación hará que se pierda tanto el vino como el odre (5:37–39).

Cristo no vino como un maestro o profeta más en la larga lista del sistema antiguo. Tampoco a colocar un remiendo en el vestido religioso de los judíos, sino a presentar algo nuevo, aunque no tan completamente nuevo. Los estudiantes verdaderos del Antiguo Testamento deberían haber sabido que el Mesías traería un mensaje de grandes responsabilidades espirituales, pero los dirigentes de ese tiempo no lo entendieron así.

En el día de reposo (6:1–11)
Esta sección se podría titular “un conflicto más con los líderes hipócritas”. En los primeros cinco versículos, los fariseos critican a los discípulos por recoger y comer trigo en sábado. La ley permitía que el hambriento tomara del grano ajeno para satisfacer su necesidad, pero lo que disputaban era que lo hicieran en sábado. Conviene recordar que no aplicaban a otras partes de la ley el mismo celo exagerado.
Así son los hipócritas, muy devotos en ciertos aspectos de su religión y muy descuidados en otros. No cabe duda que Cristo dio precisamente en el blanco con la pequeña frase: “¿Ni aun esto habéis leído?” Eso sí les molestó, porque se jactaban de conocer el Antiguo Testamento de punta a punta. “¿Quién es este advenedizo que nos quiere hablar de las Escrituras?” se han de haber preguntado.
Jesús cita el caso de David en 1 Samuel 21:1–6 como una interpretación del cuarto mandamiento (Exodo 20:10) y a continuación se declara “Señor del día de reposo” (6:5). El había hecho el día de reposo: “Todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:16). El Creador debía saber a fondo y mucho mejor que ellos, cuál era su propósito. Asimismo, conoce a fondo el corazón del hombre.

¡PENSEMOS!

 Aun el verdadero creyente puede caer en el error de los fariseos. ¡Qué fácil es leer y hasta dominar el contenido de la Palabra de Dios sin prestar la debida atención a lo que dice! En tal caso, dominamos la Biblia, pero ella no nos domina a nosotros. ¡Esto es fariseísmo puro! Deténgase y medite por unos momentos en alguna ocasión en que usted haya actuado así y propóngase no hacerlo más.

La misma reclamación surgió otro sábado cuando el Señor sanó al hombre que tenía la mano tullida. En esa ocasión los escribas y fariseos vigilaban a Jesús, sabiendo que el enfermo estaba presente. También conocían el poder de Cristo y su compasión. Sin embargo, sus duros corazones, en vez de reconocerlo como Mesías, buscaban atraparlo: “Mas él conocía los pensamientos de ellso” (6:8). Esa pobre gente autoengañada no sabía con quién se enfrentaba. ¡Hasta sus pensamientos los conocía Jesús!
Su pregunta breve y sencilla los dejó callados:


“¿ES LÍCITO EN DÍA DE REPOSO HACER BIEN, O
HACER MAL? ¿SALVAR LA VIDA, O QUITARLA?”


Parece que les quería comunicar que cuando uno tiene la oportunidad de hacer el bien, debe hacerlo sin importar qué día de la semana sea. Más bien, es malo refrenarse de hacerlo. Dicha lección también los dejó callados y muy enojados (6:11)

El Hijo del Hombre elige e instruye a sus discípulos

Lucas 6:12–49

“En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos”. Lucas 6:12–13a

Hasta aquí Lucas ha descrito a Jesús el Hijo del Hombre como el Mesías prometido. Sin embargo, con todo y la amplia demostración de su poder y autoridad, los judíos no lo aceptaron. Cristo escogió de enter los relativamente pocos, pero verdaderos discípulos, a los que le servirían de forma especial. Estos fueron denominados apóstoles.

JESÚS ELIGE A LOS APÓSTOLES 6:12–19
Una característica muy notable en la vida de Cristo era su comunión constante con el Padre por medio de la oración; la practicaba en todo el sentido de la palabra. Es decir, la oración no es un método para que el hombre imponga su voluntad a Dios, sino la manera de buscar la voluntad divina y ponerse de acuerdo con ella.
En Lucas 6 se nota que antes de nombrar a los doce, Cristo pasó una noche entera orando. ¡Claro que sí! La decisión de quiénes serían sus apóstoles afectaría la totalidad de su ministerio. En especial, se nota que el nombre del infame traidor Judas está en la lista. No fue seleccionado por error o ignorancia, sino porque Jesús estaba actuando conforme a la voluntad del Padre. Su plan había sido diseñado en la eternidad y su cumplimiento se hizo al compás de la historia.

¡PENSEMOS!

 La oración es una de las prácticas más necesarias de la vida cristiana. ¿Cuánto tiempo pasa usted orando? ¿Está acostumbrado a hacer conocidas sus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego (Filipenses 4:6)? La fe aumenta cuando nuestras peticiones son contestadas. Si no lo está haciendo, propóngase orar al Señor siempre, pidiendo su dirección en cualquire toma de decisiones.

En la lista también aparece “Bartolomé” (6:14), que quiere decir “hijo de Tolomeo” y no es propiamente un nombre. Se cree que su verdadero nombre era Natanael.

JESÚS ENSEÑA A LOS APÓSTOLES 6:20–49
En Mateo capítulos 5 al 7 tenemos el discurso titulado “El Sermón del Monte”, porque fue expuesto en una montaña. Si la misma técnica fuera empleada para poner nombre al mensaje de Lucas 6, tendríamos que encabezarlo “El Sermón del Llano” (6:17). El tiempo y el lugar de los dos mensajes son diferentes, aunque la enseñanza es muy semejante. La parte que Lucas presenta se puede dividir en cuatro partes.

Bienaventuranzas y ayes (6:20–26)
El término “bienaventurado” es bastante común en la Biblia. Su sentido básico es “feliz”, pero la felicidad bíblica es diferente a la que anhela el mundo y así tiene que ser. El sistema de valores promulgado por las páginas sagradas no es solamente diferente al mundano, sino mucho más elevado. La felicidad verdadera depende de la relació del hombre con Dios. Las “bienaventuranzas” están basadas en esas normas elevadas, y enfocan la condición feliz del cristiano en medio de las circunstancias.

“BIENAVENTURADOS LOS QUE AHORA
LLORÁIS, PORQUE REIRÉIS”.
Lucas 6:21b


Muchos han torcido el mensaje de esta porción. Jesús no encomia la pobreza ni mucho menos dice que la entrada al reino de Dios es automática para los pobres. El pobre y el rico por igual, tienen la misma necesidad delante de Dios y todos están en la misma condición.

“POR CUANTO TODOS PECARON Y ESTÁN
DESTITUIDOS DE LA GLORIA DE DIOS”
Romanos 3:23

¡PENSEMOS!

 ¿Cuál es la necesidad espiritual básica del hombre? Medite en los pasajes de Juan 5:24; Romanos 5:8 y Efesios 2:1–10 y déle gracias al Señor porque ha prometido la vida eterna a todos los que creemos en Jesucristo.

La gente que le estaba escuchando, y en especial los doce apóstoles, habían dejado todo por seguirle. Lo que el Señor está diciendo es: “¿Feliz aquél que hace esto!” Por otro lado, Jesucristo no condena la riqueza. Según 1 Timoteo 6:10, el amor al dinero es la raíz de todos los males. El problema surge cuando el amor dinero excede al amor que tenemos por Cristo. Esta es la razón que mueve a Jesús a pronunciar los ayes.

El amor es la evidencia del discipulado (6:27–38)
Jesús sigue haciendo hincapié en las altas normas que ha mencionado. Por fuerza, el discípulo tiene que marchar al compás de lo que dice la Biblia y no al del mundo. Por ejemplo, el seguidor de Cristo no solamente ama a los amigos (como hacen los paganos), sino a los enemigos también. ¡Noble sentimiento! En términos generales, el versículo 31 expresa la conducta correcta de un verdadero discípulo del Señor:

“Y COMO QUERÉIS QUE HAGAN LOS
HOMBRES CON VOSOTROS, ASÍ TAMBIÉN
HACED VOSOTROS CON ELLOS”.
Lucas 6:31


Sin embargo, existe una norma más elevada. Jesús dice que el comportamiento de sus discípulos debe reflejar a Dios mismo: “…porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (6:35–36). Esa norma excede al noble sentimiento del versículo 31. Así que lo que ha de identificar al discípulo no es solamente ser diferente del mundo, sino ser semejante a Dios.

¡PENSEMOS!


 ¿Amar a los enemigos? Parece imposible. ¿Cómo lograrlo? En primer lugar, conviene aclarar que el Señor no se refiere al amor romántico, sino a la clase de amor que se basa en el valor del objeto amado, no en sus apariencias, y que dice: “Este ‘enemigo’ es de valor para Dios. El envió a su hijo a morir por él. Entonces, con la ayuda del Altísimo, yo prometo amarlo también”. La clave es: “con la ayuda de Dios”. El ser humano, utilizando solamente los recursos propios, encontraría que es una hazaña imposible. Eso le obliga a utilizar un recurso sobrehumano, el Espíritu Santo, quien reside en cada creyente.

La conducta revela el carácter (6:39–45)
Tarde o temprano, las palabras que uno dice delatan la clase de persona que es. ¿Dónde aprendió uno esas palabras? El estudiante tiende a imitar a su maestro (6:40). Si es así, conviene escoger al mentor con bastante cuidado. El mundo está lleno de gente que quiere influenciar a sus discípulos. Sin embargo, el patrón del seguidor del Hijo del Hombre es Cristo mismo. Imitando ese modelo, no habrá hipocresía.

La obediencia es lo que cuenta (6:46–49)
Claro que es importante expresar la fe en voz alta. Jesús no está en contra de eso. Más bien, se opone a los que, sabiendo la verdad, no la obedecen. Nos hace pensar en dos pasajes del Nuevo Testamento: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15); “Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17). Los que reciben las enseñanzas de Jesús y las obedecen, no sufrirán las consecuencias del hombre que edificó su casa sobre la arena.

¡PENSEMOS!

 “¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” Con estas palabras, Jesucristo nos lanza el reto de obedecer sus mandamientos si queremos llamarnos sus discípulos. Analice su vida por un momento y piense si está desobedeciendo alguno de ellos. Si así es, decida hoy mismo en oración corregirlo y obedecer a Cristo sin objeciones.

Actividades y asociados de su ministerio

Lucas 7:1–8:56


“Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él” (Lucas 8:1)

La vida del Hijo del Hombre aquí en la tierra es un vívido tapiz de eventos y entrevistas. En la porción que tenemos por delante, Lucas presenta la última parte de su ministerio en Galilea, pero lo más importante es que nunca descuida el incluir sus enseñanzas.

MILAGROS 7:1–17

La curación del siervo del centurión (7:1–10)
El autor sigue presentando las evidencias que debían haber identificado al Hijo del Hombre ante cualquier testigo. Desafortunadamente, por la ceguera espiritual que había en la nación, pocos respondieron de corazón. No obstante, de vez en cuando alguien daba muestras de tener una gran fe; aun entre los gentiles, a quienes los judíos consideraban religiosamente marginados.

Varios puntos del siguiente encuentro nos llaman la atención:
1. Por lo regular, el Nuevo Testamento presenta a los centuriones romanos como personas, si no finas, cuando menos mejor que otros.
2. El de esta narración era reconocido por los mismos judíos como “digno” (término que se empleaba para indicar que tenía cierto valor), el autor cita la razón: “porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga” (7:5).
3. Algo de su carácter se revela en que quería mucho a su siervo (7:2) y al reconocer: “No soy digno” (7:6). Esta palabra significa “no llegar a la medida” o “deficiente”, dando muestras de humildad.

¡PENSEMOS!
 ¡Dichoso su siervo! El ambiente de su hogar debe haber estado controlado por la fe del centurión. Las ventajas de semejante relación son obvias. El soldado tenía interés en el siervo, lo cuidaba en lo material y, por lógica, se preocupaba de su bienestar espiritual. Alguien ha dicho: “El futuro de la sociedad está en las familias piadosas”. Si por “piadoso” se entiende “obediente a lo que Dios ha dicho”, es cierto. ¡Ojalá que así sea nuestra familia!

4. Lo más importante es que el soldado demostró tener una fe muy grande: “Dí la palabra, y mi siervo será sano” (7:7). Jesús mismo quedó muy impresionado: “Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe”(7:9). La fe y la humildad son dos ingredientes indispensables para recibir las bendiciones de Dios. Cabe notar que la misma fórmula sigue vigente hoy.

LA FE SE APROPIA DE LAS PROMESAS DE
DIOS. LA HUMILDAD RECONOCE QUE NO LAS
MERECE.


Cristo sigue demostrando su autoridad, esta vez no estando presente al momento de realizarse el milagro, lo cual es una evidencia más en la lista de acontecimientos que prueban que es el Mesías.

La resurrección del hijo de la viuda de Naín (7:11–17)
Este milagro pone de manifiesto el corazón misericordioso del Hijo del Hombre. Observó que se acercaba un cortejo fúnebre y, como de costumbre, es probable que fuera delante la madre, mucho más apesadumbrada por haber perdido primero al marido y después al hijo.
Considere los elementos tan tristes de la situación:
    1.      Un marido difunto,
    2.      El hijo único muere,
    3.      La mujer queda sola (7:12).

Jesús, comprendiendo su sufrimiento, resuele el problema sin dilación. Con palabras sencillas, pero directas, y con el gran poder de Dios que había en él, dijo: “Joven, a ti te digo, levántate” (7:14). Con qué razón la gente decía: “un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo” (7:16). Habiendo autenticado su persona y su mensaje con los milagros efectuados hasta entonces, aquí demuestra su poder sobre la muerte, el enemigo de todo ser viviente. Lástima, porque aunque parezca increíble, este milagro Sólo tuvo un efecto pasajero en el pueblo.

LOS MILAGROS DE CRISTO
ERAN PARA AUTENTICAR SU MESIANAZGO


ENSEÑANZAS 7:18–8:21

Un encomio y una crítica (7:18–35)
A estas alturas, Juan el Bautista languidecía en un calabozo de la fortaleza de Herodes. No era lo que Juan había esperado después de haber anunciado que el Mesías prometido estaba en camino. Cualquiera hubiera pensado que el Mesías-Rey iba a inaugurar su reino de inmediato y que su heraldo o precursor, ocuparía un alto puesto de honor. pero en vez de ello, estaba en cadenas.
Juan no tenía conocimiento de los detalles del plan de Dios. por eso, envió a unos de sus discípulos para preguntar a Jesús: “¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?” (7:19) El Hijo del Hombre le tranquilizó señalando las obras que autenticaban su persona y ministerio. En efecto dijo: “Soy quien soy”. Dios hace lo correcto, siempre a su debido timepo, y Jesús es Dios.

Después que los mensajeros salieron, Jesús hizo un fuerte elogio acerca de la persona y ministerio de Juan el Bautista diciendo que:
1. Era hombre firme en sus convicciones. No se dejó influir por las presiones ni religiosas ni políticas (7:24).
2. Era abnegado. Estaba tan entregado a su tarea profética que se negó a sí mismo, escogiendo llevar una vida simple y rústica, acorde con el mensaje de arrepentimiento que predicaba (7:25).
3. Era más que profeta, porque no solamente predicaba la venida del Mesías, sino que lo había visto en carne y presentado a sus oyentes (7:26, 28).
4. Era un profeta único porque él mismo había sido profetizado como el que anunciaría al Mesías (7:27; Malaquías 3:1).

La crítica del Señor se dirigió a los religiosos que deberían haber sido los primeros en creer, pero que por orgullo y la ceguera de su pecado: “desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan” (7:30). Es decir, que sencillamente no creyeron porque no reconocieron su necesidad de arrepentirse y por lo tanto, no se bautizaron. Jesús los compara con niños petulantes y caprichosos. ¡Qué cosa! Los publicanos respondían positivamente, y los religiosos no. Por lo tanto, merecían ser censurados.

¡VER PARA CREER!

Una pecadora y una parábola (7:36–50)
Simón el fariseo invitó a Jesús a su casa. ¿Por qué? Bueno, el contexto indica que no fue por amor ni porque estuviera dispuesto a creer en su mensaje. Tal vez por curiosidad, o peor aún, para descubrir algo qué criticar. Si este último era su propósito, sin duda pensó que había logrado su meta al ver la interacción de Jesús con la mujer no invitada.
Se nota que este es un caso muy especial. La mujer estaba catalogada como de la calle, porque se encontraba sumida en las profundidades del pecado (7:37). Semejante clase de persona nunca hubiera sido convidada a la casa de un fariseo. Pero ella entró y llegó hasta donde estaba Jesús.
Es evidente que algo muy significativo la impulsó a correr ese riesgo social. Por lo que hizo al encontrar a Cristo, se ve que había oído y creído en el mensaje que predicaba. Sí, había sido pecadora, y lo sabía, y también a quién debía acudir en tales condiciones. El ungimiento fue una muestra de gratitud. A propósito, el pasaje dice que se colocó a los pies de Jesús: “estando detrás de él”(7:38) porque Jesús seguía la costumbre de reclinarse de lado para comer.
El fariseo, considerando que tanto ella como lo que hacía era repugnante, “dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora” (7:39).
Como nada sucede a escondidas de Dios, Jesús tomó la palabra y relató a Simón la parábola de los dos deudores. Uno de ellos debía mucho y el otro poco, pero los dos fueron perdonados por igual. Para Simón era obvio que el individuo a quien más se le había perdonado amaría más, y Jesús le hace ver las muchísimas faltas sociales o culturales que había cometido al no atenderlo como debiera. En cambio, la mujer había venido a servirle en gratitud por sus pecados perdonados.
Ahora bien, Cristo no estaba enseñando que sus pecados fueron perdonados porque lo amó, sino que ella lo amaba porque había recibido el perdón. “Tu fe te ha salvado” (7:50).Uno entra en esta clase de relación con Cristo por fe, por creer. El amor es producto de la fe.

¡PENSEMOS!

 ¡Perdonado! El corazón que ha experimentado el amor perdonador de Cristo lo ama y quiere vivir una vida agradable a él. Valdría la pena meditar sobre este tema. ¿Están presentes en su vida los dos resultados normales, el amor y la obediencia a Cristo? ¿Qué evidencias tiene de haber sido perdonado de sus pecados?

Las mujeres consagradas (8:1–3)
Con su itinerario completo, el Hijo del Hombre atravesó Galilea junto con sus apóstoles. También lo acompañaba un grupo de mujeres, agradecidas por lo que había hecho por ellas. El pasaje dice que algunas sostenían con sus bienes al Señor y su pequeño grupo de evangelistas (8:3).¡Nobles mujeres! Siguieron sirviéndole hasta la cruz y aún más allá de su muerte, porque prepararon especias que llevaron a su tumba.

La lista incluye a María Magdalena, de quien la tradición dice que fue prostituta. Sin embargo, no hay ninguna indicación en la Biblia de que llevara esa vida, aunque sí dice que había sido endemoniada (8:2).

Dos parábolas que tratan acerca de las reacciones al mensaje (8:4–18)
Se dice que una parábola es una ilustración de la vida cotidiana que tiene un significado espiritual. Sin embargo, el mismo Jesús dijo que ese método no lo entenderían todos por igual. Las verdades celestiales son para aquellos que las contemplan con el ojo de la fe (8:10). Debido a ello, la explicación que ofrece el Señor se limita a los apóstoles. Al hacerlo, describe las cuatro diferentes reacciones que produce la siembra de la Palabra de Dios.

Una parte cayó junto al camino (8:5, 12). Esa tierra es bien dura y la semilla no penetra. Entonces, viene el maligno (rapresentado por las aves en v.5), y quita la semilla. El individuo en estas condiciones no se salva.

Otra parte cayó sobre piedras  (8:6, 13). Aunque no había tierra suficiente para sostener el desarrollo de la planta; el oyente parece haber recibido la Palabra con gozo (8:13), pero en realidad no lo ha hecho de corazón. Al principio, hay una reacción positiva y hasta entusiasta, pero no perdura. No tiene raíces; este tampoco se salva.

Otra parte cayó entre espinos (8:7, 14). Cristo identificó las espinas como “los afanes y las riquezas y los placeres de la vida” (8:14). Esa clase de gente tiene sus prioridades fuera de orden. Posiblemente les interesa el mensaje, pero su preocupación por las cosas materiales no les permite aceptarlo y deciden no dejar que la buena semilla produzca frutos en su vida.

EL PECADO NO ES EL ÚNICO VENENO PARA
NUESTRAS ALMAS.
¡TAMBIÉN LO SON LOS AFANES!

Otra parte cayó en buena tierra (8:8, 15). Algunas personas escuchan y obedecen la Palabra de todo corazón, produciendo fruto. Estos son los salvos.

No se debe forzar el sentido de una parábola, ni tratar de exprimir un significado espiritual de cada sílaba. Sin embargo, es oportuno observar que en las condiciones arriba mencionadas, solamente una cuarta parte de los oyentes se convirtieron en creyentes verdaderos. Entonces, ¿será posible que la parábola también señale que muchos de los que estamos en el mundo, aun los que tenemos acceso a la Palabra, no somos salvos? Parece que sí. Entonces no ha de sorprendernos que muchos no acepten al Señor.

Una observación final: en la parábola, la culpa no es de la semilla, ni del sembrador o, si se quiere, del predicador. En esta comparación, el Señor dice que la culpa es del oyente: “Mirad, pues, cómo oís” (8:18).

En la siguiente parábola, la de la lámpara encendida, el Señor también hace alusión a la Palabra de Dios y establece la diferencia entre oir y obedecer. Cuando uno la entiende, deben verse evidencias en la vida. Es lo mismo que enseña Santiago 1:22: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. Un creyente que hace caso de la Palabra, recibirá todavía más discernimiento para entenderla (8:18).

Una familia nueva (8:19–21)
Jesús dice que los que oyen y obedecen sus mandamientos son como su familia; la relación espiritual es más importante que la física. Tal vez sus familiares vinieron a verlo para disuadirlo o impedirle que continuara con lo que ellos creían era su actividad frenética. Sin embargo, Cristo demuestra que no debemos permitir ni a los seres más queridos, que nos desvíen de hacer la voluntad de Dios.


LA FAMILIA DE DIOS ESCUCHA Y OBEDECE
SU PALABRA


OTROS MILAGROS 8:22–56

Jesús acababa de enseñar que es necesario escuchar sus palabras y obedecerlas. A continuación apoya su mensaje con las obras que solamente el Mesías podía hacer.

Poder sobre la naturaleza (8:22–25)
El lago de Galilea era famoso por sus repentinas y furiosas tempestades. En una ocasión, el Señor decidió cruzarlo con sus discípulos, pero se vieron amenazados por una de ellas. Debido a su violencia excepcional, nos preguntamos: ¿podría deberse a la intervención de Satanás? Los acompañantes de Cristo tuvieron gran temor, pero el Señor hizo el milagro de calmar por completo el viento y las olas, e hizo una observación importante cuando preguntó: “¿Dónde está vuestra fe?” (8:25)

El creyente que siente miedo cuando pasa por las aflicciones de la vida muestra que tiene una fe débil. El punto más importante es que el temor al oleaje de los apóstoles cesó, y quedaron maravilldos al contemplar al Hijo del Hombre demostrando su poder sobre la naturaleza.

Poder sobre los demonios (8:26–39)
Un demonio es un espíritu maligno, siervo de Satanás, entonces un endemoniado es alguien que está controlado por un espíritu así. En el caso que nos ocupa, había más de uno que dominaban al gadareno. 

El término “legión” indica pluralidad de demonios. Los siguientes detalles merecen ser comentados:
1. Parece que el grito del versículo 28 era una costumbre en casos parecidos según narra el Nuevo Testamento.
2. Los demonios tuvieron miedo del Hijo del Hombre porque reconocían su autoridad a pesar de que los líderes religiosos no querían hacerlo.
3. El hombre fue librado, y aunque quería seguir a Cristo de cerca como los apóstoles, el Señor le ordenó que se quedara en su tierra dando testimonio de lo que había pasado.
4. Los demonios pidieron permiso para entrar en los cerdos, y éstos fueron destruidos. A propósito, la crianza de cerdos no estaba de acuerdo con la ley mosaica.

5. Los que apacentaban los cerdos contaron en el pueblo lo que había pasado, y las personas de aquel lugar imploraron a Cristo que saliera de su región. Ellos, como sucede todavía, se preocupaban más de sus negocios, aunque fueran ilícitos, que por aquel pobre hombre endemoniado.

¡EL TESTIMONIO MÁS FUERTE
QUE PODEMOS DAR
ES NUESTRA VIDA TRANSFORMADA!


Poder sobre la enfermedad y la muerte (8:40–56)
Entre los que esperaban a Jesús en Capernaum estaba Jaira, “principal de la sinagoga” (8:41), que era el responsable de dirigir los servicios y dar mantenimiento al edificio. Su hija de doce años se hallaba enferma, motivo por el cual Jairo buscó a Jesús. No cabe duda que detrás de la motivación urgente del momento, tenía fe y confianza, porque cuando menos reconocía lo que el Señor podía hacer, aunque no aceptara quién era en verdad. El hecho de que un personaje de su categoría viniera a Jesús, es un indicio de fe personal.

En ese momento, hubo una interrupción. Una mujer que había estado afligida doce años por una hemorragia, tuvo el valor de acercarse a Cristo y tocar el borde de su manto. Parece que no hemos reconocido la difícil situación por la que ella pasaba.

La ley del Antiguo Testamento consideraba inmunda a una mujer en su estado; no se le permitía participar en los servicios del templo y tenía prohibido tocar a otra persona. También tenía que vivir separada de su familia.

Esta mujer había gastado muchísimo dinero tratando de sanar. Sin embargo, debido a la plena confianza que tenía en que Jesús podía hacer algo a su favor, se atrevió a tocar el borde de su túnica. El incidente no pasó desapercibido. Cristo sabía todos los detalles de la situación, y para bien de la mujer, hizo dos cosas importantes: a) la sanó y b) hizo público el asunto, probablemente para que todos supieran del gran cambio que se había operado en ella.

Así se abrió la puerta para enmendar el ostracismo legal, religioso y social que ella había experimentado. Si el Señor no hubiera dicho nada, hubiera sido difícil para la mujer reintegrarse a la sociedad. ¡Qué poder! ¡Qué ternura! ¡Qué bondad!

Jairo todavía esperaba, pero mientras tanto recibió la noticia de que su hija había fallecido, a lo que Cristo aseguró: “No temas; cree solamente” (8:50). Una vez en su casa, el Señor invitó a los padres de la muchacha y a sus tres discípulos íntimos a que presenciaran el milagro de resurrección. Considerando que era una ocasión familiar de acción de gracias y no un espectáculo público, Jesús “les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido” (8:56). ¡Qué maravilla!
Las evidencias de que Jesús tiene poder sobre la muerte seguían acumulándose.

¡PENSEMOS!

 Los milagros y maravillas que nuestro Señor Jesucristo realizó eran más que suficientes para que la gente creyera en él. No obstante, la mayoría lo rechazó, fenómeno que también se observa hoy en día. ¡Qué podemos hacer como creyentes, para que su mensaje sea escuchado y aceptado por aquellos que no le conocen? ¿Teme usted al rechazo cuando evangeliza? ¿Cómo puede animarnos el ejemplo de nuestro Salvador?

El Hijo del Hombre visto en su gloria
Lucas 9:1–50

“¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios” Lucas 9:20

EL HIJO DEL HOMBRE ORGANIZA UNA GIRA DE PREDICACIÓN 9:1–10

Hacia el final de su ministerio en Galilea, Jesús envió a sus apóstoles en un viaje corto “a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos” (9:2). No hay que confundir este encargo con la denominada “gran comisión” que viene después, la cual tiene que ver con el encargo de evangelización que el Señor entregó a la iglesia después de ser rechazado por Israel.

En esta ocasión debían proclamar el mensaje del Rey prometido a su pueblo. La oferta era legítima, aunque por todos lados el Señor veía corazones endurecidos por la incredulidad y el rechazo. En esta encomienda en particular, los apóstoles debían predicar y realizar señales que autenticaran la persona y obra del Rey. Claro que no podrían hacerlo por sí mismos. Por eso Jesús les dio poder y autoridad (9:1).
Las noticias de esta corta, pero fructífera campaña (¡sin duda por los milagros que en ella se hicieron!) llegó hasta Herodes, quien habiendo escuchado el rumor de que Jesús era Juan el Bautista resucitado, y sintiendo un temor supersticioso, quiso ver al hacedor de milagros.

EL HIJO DEL HOMBRE DA DE COMER A CINCO MIL HOMBRES 9:11–17

Este milagro es el único que se encuentra en los cuatro evangelios. Todos lo presentan como el clímax del ministerio de Cristo. Lucas dice que las multitudes, con quienes tenía una popularidad inmensa, lo seguían. Pero como veremos más adelante, eran volubles en extremo.

Ese día, se congregaron en un lugar despoblado para escucharlo. Según la costumbre judía para medir el tiempo, la frase “el día comenzaba a declinar” (9:12), se refiere a las primeras horas de la tarde. Con poquísimos recursos humanos, el Hijo del Hombre proveyó de comida para todos y hasta sobró.

¡PENSEMOS!

 No cabe duda que el señor queria que la fe de sus discipulos se engrandeciera. El santifica, bendice y aumenta lo que tenemos cuando lo traemos a él.

EL HIJO DEL HOMBRE, ¿QUIÉN ES Y A QUÉ VINO? 9:18–26

El evangelista Marcos nos indica que el presenta evento sucedió en el camino a Cesarea de Filipos. Lucas, enfocando otro aspecto, señala que sucedió después de que Jesús pasó un tiempo orando. Una de las características de Lucas es hacer hincapié en la vida de oración del Hijo del Hombre.

La pregunta de Cristo a sus discípulos (9:18) no era por ignorancia, sino para que ellos externaran su convicción. Como de costumbre, fue Pedro quien habló. Al decir: “El Cristo de Dios” (9:20), estaba confesando abiertamente su creencia de que Jesús es el Mesías prometido. Es posible que al presenciar el milagro del pan repartido entre la multitud, fuera la prueba final para que los discípulos creyeran. ¡Es importantísimo que tengamos un credo o conjunto de creencias bien basado y definido! ¡También es de suma importancia que declaremos abiertamente lo que creemos!

“CON EL CORAZÓN SE CREE… CON LA BOCA
SE CONFIESA PARA SALVACIÓN”
Romanos 10:10


La primera parte del ministerio del Hijo del Hombre se dedicó a la legítima presentación del reino mesiánico, pero los judíos lo rechazaron: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11) Por supuesto, esto no fue una sorpresa para Jesús ni para su Padre celestial. Más bien, el plan divino utilizó esa incredulidad como instrumento para dirigir al Mesías hacia la cruz.

Las profecías del Antiguo Testamento hablaban de un Mesías sufrido, pero la nación esperaba un libertador armado. Hubiera sido más popular alguien que los librara del yugo romano. Puesto que ni los mismos discípulos estaban muy seguros de este asunto, debe haberles causado bastante inquietud cuando el Hijo del Hombre les anunció que iba a morir; y añadió: “Es necesario” (9:22).

Esto no le fue impuesto por los religiosos ni el gobierno, sino por el plan de Dios. Era necesario que Cristo muriere para que la salvación estuviera disponible a todo aquel que creyera. También para que Israel disfrutara de las bendiciones prometidas a Abraham y, por ende, a la nación. ¡El Rey iba a morir! ¡Qué golpe para sus discípulos!

¡PENSEMOS!

 ¿Quién es responsable de la muerte de Cristo? Ha habido individuos y grupos que por interés propio echan la culpa a otros, usualmente a los judíos. Sin embargo, las Escrituras dicen claramente quiénes fueron responsables. En el otro libro que escribió Lucas, se encuentra lo siguiente: “Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel” (Hechos 4:27). La culpa la tenemos todos, porque nuestros pecados lo clavaron en ese madero cruel.
 
Posiblemente debido a la tristeza que los embargaba, comprensible por cierto, no prestaron la atención debida al último anuncio del versículo 22: “y resucite al tercer día”. Aquí tenemos la primer referencia a la resurrección de Jesús. El Señor continúa hablando de su muerte y agregando indicaciones acerca del porvenir de los mismos discípulos. La frase “tome su cruz” (9:23) no hace referencia a los sufrimientos comunes y corrientes como popularmente se entiende. Más bien, tiene que ver con lo que sufre un creyente por su asociación con y en el servicio de su Señor.

Sus apóstoles entendían muy bien lo que significaba la cruz en aquella cultura. Humanamente hablando, no había nada agradable ni provechoso en identificarse con ese odiado símbolo de vituperio y oprobio. Sin embargo, Cristo demandó que sus seguidores aceptaran su cruz, es decir, su muerte.

Por eso les enseñó la gran importancia de ese evento. Bonito y fácil hubiera sido asociarse solamente con el hacedor de milagros. Ser discípulo del gran Maestro que enseñaba como ningún otro, hubiera complacido al filósofo más erudito. Sin embargo, es a través de la muerte de Cristo que uno entra en buenas relaciones con Dios. El que quiera ser discípulo, tendrá que hacer lo mismo. Tendrá que vivir y tal vez morir, siguiendo una norma muy diferente a la del mundo.

EL HIJO DEL HOMBRE FUE VISTO EN SU GLORIA 9:27–36

Pasando del tema de la muerte, Lucas cita lo que Cristo dijo referente a que algunos de sus discípulos verían el reino. Es así que llevó a tres de ellos a cierto monte y los expuso a una experiencia maravillosa. Allí apareció, no en la forma de su humillación (la asociada con el término “cruz”), sino glorificado juntamente con dos santos del Antiguo Testamento. En esta ocasión, el Hijo del Hombre dio a sus tres seguidores un atisbo del reino mesiánico venidero. Vieron a Cristo con un resplandor que dejó a sus seguidores impresionadísimos. A propósito, parece que reconocieron a Moisés y a Elías a pesar de no haberlos visto nunca, indudablemente por revelación de Dios mismo.

“ESTE ES MI HIJO AMADO;
A ÉL OÍD”
Lucas 9:35


La idea de Pedro de construir tres tabernáculos estaba totalmente fuera de orden. La revelación de la gloria de Cristo fue un vistazo del futuro, no un estado que se podía prolongar indefinidamente. Además, aun el camino hacia las promesas futuras tenía que pasar inevitablemente por la cruz. Quedarse así no era parte del plan divino. El maravilloso espectáculo se completó con la igualmente maravillosa y majestuosa voz de Dios: “Este es mi hijo amado; a él oíd” (9:35).

¡PENSEMOS!

 “Y he aquí dos varones que hablaban con él” (9:30). ¿De qué hablaban? ¿Del cielo? ¿De los ángeles? ¿Hicieron un repaso de su vida? No, el versículo que sigue indica que hablaron de la muerte de Cristo, el evento más trascendental de toda la historia. Recordemos que nuestras conversaciones usualmente giran alrededor de lo que tiene importancia para nosotros y así fue en esa ocasión para ellos.

EL HIJO DEL HOMBRE DA LECCIONES ESPECÍFICAS 9:37–50

Finaliza la sección del ministerio del Hijo del Hombre en Galilea con cuatro lecciones cortas, pero importantes:
El muchacho endemoniado. Los discípulos no pudieron librarlo, pero Cristo sí. El seguidor de Jesús es totalmente incapaz sin él. Esta es una lección importante para el siervo de Cristo donde quiera que se encuentre.

“SEPARADOS DE MÍ, NADA PODÉIS HACER”
Juan 15:5

La muerte del Hijo del Hombre anunciada. Aun en medio de la gente que se maravillaba de su poder, Jesús habló por segunda vez de sus padecimientos futuros.

El sermón acerca de un niño. Los apóstoles discutían acerca de quién sería el mayor. Cristo enseñó que la característica que ha de identificar a sus seguidores es la humildad.

El que no es contra nosotros, por nosotros es. Siguiendo la misma idea, Jesús dice que los doce no tenían por qué pensar que ellos eran los representantes exclusivos de Dios. Por otro lado, tenemos que cuidar de no tolerar a falsos maestros.

¡PENSEMOS!

 ¿Ha analizado cuál es el significado de la transfiguración? ¿Qué importancia tuvo para los discipulos privilegiados que la observaron? ¿Qué hubiera hecho usted si hubiera estado ahí? Los discípulos, como simples mortales, quedaron tan impresionados por la experiencia, que no se atrevieron a hablar a nadie de lo acontecido. Sin embargo, sus actitudes básicas no cambiaron.
 
Ministerio en Judea

Lucas 9:51–11:13

Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén” (Lucas 9:51)

El ministerio público del Hijo del Hombre duró relativamente poco tiempo. Su aparente popularidad entre la gente común era más superficial que verdadera. Habiendo presenciado algunos milagros, sus seguidores querían ver más. En realidad no veían más allá de sus obras ni entendían su verdadero propósito, ni el sentido de su mensaje.

Por supuesto que todo esto había sido contemplado de antemano por Dios y formaba parte de su plan redentor. El usó el rechazo de la nación para conducir a su Hijo a la cruz. En el relato que sigue, Cristo dejó las regiones norteñas de Palestina para dirigirse a Jerusalén y el Gólgota. El reloj de Dios marcó la hora, y los eventos se suceden de acuerdo a su horario.

Convendría hacer un pequeño repaso del bosquejo general del libro. Así veremos el luger que el presente estudio ocupa en el panorama histórico del evangelista.

Prefacio
El advenimiento del Hijo del Hombre
La preparación del Hijo del Hombre
El ministerio del Hijo del Hombre
  1. En Galilea
  2. En Judea
1:1–4
1:5–2:52
3:1–4:13
4:14–19:27
4:14–9:50
9:51–19:27

RECHAZADO EN EL CAMINO A JUDEA 9:51–10:37

Cristo sabía dónde iba y lo que le esperaba, y que la actitud nefaria del pueblo sería el instrumento que Dios usaría para llevarlo a la cruz romana, aunque esa no era la verdadera razón, sino parte de su causa. Aun sabiendo lo que le esperaba, “afirmó su rostro para ir a Jerusalén” (9:51). No en actitud de mártir, sino porque estaba totalmente de acuerdo con el plan de Dios.

Por los samaritanos
En primer lugar, los samaritanos, mostrando su antipatía tradicional hacia los judíos en general, enfocaron su espíritu de hostilidad en Cristo y sus discípulos (9:51–56). Esto tuvo su origen en la antigüedad y seguía vigenta en tiempos de Cristo. En especial, se manifestaba contra quienes preferían adorar en el templo de Jerusalén, ya que los samaritanos pensaban que se debía rendir culto a Dios en una montaña local. Por lo tanto, no dejaron que los discípulos hicieran arreglos para el hospedaje de Cristo y su grupo cuando pasaron por sus tierras (9:53).

Por tres hombres
El Señor experimentó otra clase de repudio (9:57–62), por personas que ponen excusas para no extregarse totalmente a él, pero él afirmó que nada tenía más importancia que el Mesías y su mensaje. Lucas no nos cuenta qué pasó con los tres individuos aludidos, pero es obvio que no fueron perseverantes. Personas así no hubieran aguantado lo que les esperaba a Cristo y sus seguidores en Jerusalén. El verdadero discípulo no pone “peros” y sus prioridades son las de Jesús.

CUANDO SE SIGUE A CRISTO, TIENE QUE SER
DE CERCA, NO DE LEJOS

La misión de los setenta
A primera vista, lo que a continuación se presenta no parece seguir el mismo tema. Se trata de la comisón de los setenta, aunque las amonestaciones de Cristo indican que en general el mensaje no iba a ser aceptado. Esta fue la segunda vez que el Señor encomendó un ministerio especial a sus seguidores (9:1–9). Ninguna de las dos se debe confundir con la llamada Gran Comisión en la que Cristo responsabiliza a la iglesia.

En Lucas 9 y 10 todavía estaba ofreciendo una oportunidad a la nación de Israel. Su Rey prometido estaba presente y, por lo tanto, el reino mesiánico. Faltaba que la nación se arrepintiera y lo aceptara. Tanto Cristo como sus discípulos daban el mensaje y hacían milagros para autenticar su persona y obra. Esta vez tocaba a sus seguidores ir a todos los lugares por donde tenía que pasar, para preparar a la gente.
Aunque no se refiere al mandato misionero tal como se desarrolla después, la presente situación tiene ciertas características en común con él.

- Les advierte en cuanto a los malvados (10:3).

- El siervo de Dios tiene que evitar todo clase de impedimento (10:4).

- Los que reciban los beneficios sostendrán la obra (10:7).

- Habrá un castigo horrible para los que rechacen el mensaje (10:10–12).

- Habrá una condena especial sobre aquellas ciudades que aún habiendo experimentado muchos de sus milagros, lo rechazan (10:13–16).

- A quien mucho se ha dado, mucho se le exigirá. El juicio más severo se reserva para los que repudian al Señor habiendo oído su mensaje.

Todavía restan dos puntos en esta sección.
“Jesús se regocijó en el Espíritu”(10:21). Ninguno de los cuatro evangelios pretende presentar todos los detalles de la vida del Hijo del Hombre cuando estuvo en la tierra. Es muy probable que hubo otras ocasiones en las que Cristo manifestó gozo, pero no hay otra cita en todo el Nuevo Testamento que lo mencione. Cristo mismo hace una referencia indirecta a su gozo en Juan 17:13, pero la porción de Lucas 10 es única La ocasión surgió cuando los setenta rindieron su informe.

¡PENSEMOS!

 ¿Qué cuadro viene a su mente al pensar en Cristo? Como usted sabe, ningún artista estuvo presente para captar su imagen con pincel y óleos sobre una tela. Y ¡qué bueno que no se hizo, porque conociendo la naturaleza humana, el cuadro se hubiera convertido en ídolo! Los únicos retratos que tenemos son a través de las palabras de la Biblia. Aquívemos su gozo, y lo interesante es que fue resultado de un informe positivo de sus seguidores. Nos hace recordar el gozo que hay entre los ángeles del cielo cuando un alma se arrepiente (15:10).

“Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis” (10:23).¡Claro! Los verdaderos seguidores de Cristo, tanto de aquel entonces como hoy, llegan a ese estado mediante la fe. Es decir, creemos lo que él enseña. Jesús acababa de decir que ese paso se había logrado solamente por la obra divina (10:22, compare Juan 6:44).

De esto, se desprende que los discípulos se encontraban entre los más privilegiados, habiendo oído y visto lo que los profetas y reyes de antaño hubieran deseado ver. Se puede aplicar la misma bienaventuranza a nosotros. ¡En verdad somos privilegiados! Por obra de Dios, no siendo mejores que los demás, recibimos y creímos el mensaje de la cruz y de la tumba vacía. Debido a ello, tenemos la responsabilidad de compartirlo.

¡PENSEMOS!

 A continuación escribo un pequeño corito que solíamos cantar:

 Después de “venid”

 la Biblia dice “id”

 Después de “oíd”

 entonces es “decid”

 Con cada privilegio,

 responsabilidad nos dio.

 Después de “venid”

 la Biblia dice “id”

Por un maestro de la ley (10:25–37)
Finalmente, en esta sección el texto indica que un experto en la ley de Moisés quiso probarlo. Sabemos que su pregunta no era sincera porque en el versículo 29, Lucas agrega que quiso “justificarse a sí mismo”. Aunque el autor no lo dice, parece que éste no venía dispuesto a creer o lo que es peor, salió dispuesto a no creer.

El religioso preguntó: “¿Haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?” Los términos sugieren que el verdadero sentido de su inquietud era: “¿Qué acto heroico o que gran sacrificio puedo hacer para ganar la vida eterna?” Siguiendo su forma de responder a las preguntas capciosas, el Señor trató algo más profundo que la pregunta.

Cristo se refirió al área de conocimiento en que se suponía que el rabino era más experimentado, preguntándole qué decía la ley, y el religioso contestó bien. Es decir, sabía cuando menos intelectualmente lo que decía al respecto, porque ¡se acostumbraba leer el mismo texto a diario en las sinagogas! “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (10:27). Después de una breve felicitación, Cristo le dijo: “Haz esto, y vivirás” (10:28). Ahora sí, el religioso estaba acorralado.

Sabiendo que no había tratado a todos con amor, y picado en su conciencia, buscó desviar la luz penetrante que lo estaba poniendo en evidencia: “¿Y quién es mi prójimo?” (10:29) Cabe notar que el judaísmo de aquellos tiempos enseñaba que únicamente podían considerarse vecinos a los mismos israelitas. La respuesta de Jesús fue en forma de parábola, probablemente una de las más famosas.

La parábola del buen samaritano. El camino de Jerusalén a Jericó, aunque bastante transitado, era muy escabroso. En primer lugar, en un trayecto de apenas 27 kilómetros, se descendían unos 925 metros. Además, siempre había sido el lugar favorito de ladrones y bandidos. Jericó era predominantemente una ciudad de sacerdotes, lo cual explica por qué había tantos sacerdotes y levitas en la carretera.

En la parábola, ni el sacerdote ni el levita socorrieron al pobre damnificado. Sin embargo, el odiado samaritano hizo todo lo posible por rescatarlo. De allí la pregunta de Cristo: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” (10:36). Por segunda vez el religioso contestó bien, aunque sus prejuicios le impidieron pronunciar la odiada palabra “samaritano”. En todo esto, Jesús estaba enseñando que uno debe considerarse vecino de cualquier necesitado.

¡PENSEMOS!

 Cristo mismo es “el vecino ideal”, puesto que vino a buscar y salvarnos a nosotros los pecadores (19:10), tan necesitados espiritual y moralmente. Claro que él lo hizo como el Salvador, pero a la vez su actuación ofrece un modelo de servicio.

UN PARÉNTESIS POSITIVO 10:38–11:13

La presente sección es como una brisa fresca en lugares calurosos o como lluvia suave en lugares áridos, porque está intercalada en la narración del rechazo del Hijo del Hombre. En ningún sentido se debe considerar como irrelevante al propósito del libro de Lucas y mucho menos del Espíritu Santo. Es una isla de aceptación en un mar de rechazo.

La comunión con Cristo es una prioridad (10:38–42)
Principia esta sección con la visita del Señor a casa de unos amigos. El relato breve y hogareño se encuentra exclusivamente en este evangelio. Lucas sólo menciona a las hermanas Marta y María, así que no se sabe si su hermano Lázaro o alguno de los discípulos estaban presentes. Otras porciones del Nuevo Testamento mencionan que vivían en Betania, un pueblo situado cerca de Jerusalén en la ruta hacia Transjordania.

Las hermanas tenían mucho en común. Ambas eran creyentes, y amaban al Señor. Es obvio que Cristo también las amaba. Las dos le rendían honor cuando muy pocos lo hacían, y se regocijaron por su visita.
Pero así como citamos las semejanzas, debemos observar las diferencias. Es probable que Marta fuera muy activa e impulsiva, así que expresó sus sentimientos en forma abierta. Por otro lado, María era quieta, contemplativa y aunque sentía profundamente, no se expresaba igual que su hermana.
En la ocasión que Lucas relata, María aprovechó la presencia de Cristo, y sentada a sus pies: “oía sus palabras” (10:39). En cambio, Marta “se preocupaba con muchos quehaceres” (10:40). No cabe duda que el amor que sentía por Cristo la motivaba a preparar lo mejor para el Maestro. Sin embargo, el afán la dominó e hizo que se quejara de su hermana y del Señor por no reprenderla por su indiferencia hacia los deberes domésticos.

Conociendo lo más íntimo del corazón, Cristo comentó con ternura: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (10:41–42).

ES UNA PRIORIDAD ESTAR A LOS PIES DE
JESUCRISTO


El Señor establece aquí las prioridades; él no está contra la hospitalidad, la buena comida, o las comodidades y arreglo de la casa. Sin embargo, lo que vale es la comunión espiritual que ejemplifica María. Se podría decir que es el servicio más alto que uno puede dar.

No hay que pensar que Cristo enseña que la vida de un creyente ha de ser quieta y contemplativa, como la de un ermitaño evangélico. Tampoco que Jesús reprueba la vida activa. Más bien, lo que censuró fue la actitud de Marta al criticarlo a él y a su hermana. Ansiosa y agitada, descuidaba lo más importante, que es la íntima comunión con él, para dedicarse solamente a los quehaceres de la casa.

El asunto se refiere a que todo es cuestión de prioridades, y Cristo quiere que las tengamos en orden. ¡Difícil la lección! Cuesta mucho aprenderla y ponerla en la práctica.

Comunión a través de la oración (11:1–13)
La vida del Hijo del Hombre aquí en la tierra se caracterizó por la comunión que tuvo con su Padre mediante la oración. Dedicaba noches enteras exclusivamente a ella, y ese buen hábito no pasó desapercibido a sus seguidores. Reconociendo el valor de ese ejercicio espiritual, uno de ellos le pidió que los enseñara “a orar, como Juan también enseñó a sus discípulos” (11:1). Se deben hacer tres comentarios antes de entrar a considerar la oración.

No se menciona el nombre del discípulo. Es probable que fuera de los setenta y no uno de los doce. Lucas hubiera dado su nombre si fuera del grupo íntimo. Los setenta no estaban presentes cuando Cristo enseñó por primera vez acerca de la oración (Mateo 6:9–16). En este pasaje, repite la enseñanza con algunos cambios.

Enséñanos a orar. No es que los judíos desconocieran la práctica, porque todo el mundo veía las oraciones ostentosas de los fariseos. La petición no era que les enseñara el hábito de la oración, aunque no hubiera estado fuera de orden. Sin embargo, los hábitos no se adquieren en el aula, sino con la constante repetición. Más bien, parece que pide un ejemplo o modelo a seguir.

La petición era “como Juan también enseñó a sus discípulos”. Aquí está la única referencia bíblica a que Juan instruyó a sus seguidores en ella. No cabe duda que él enseñó a sus discípulos a que oraran de acuerdo a la revelación adicional que él dio; tal vez les indicó que las oraciones de los fariseos demostraban hipocresía.

La oración ejemplar del Señor contiene seis peticiones:

1. Principia igual que todas las oraciones del Señor, es decir, con la palabra “Padre… santificado sea tu nombre”. Pide que el Dios revelado a la humanidad sea reconocido y venerado por su nombre.

2. “Venga tu reino”. Tanto Juan el Bautista como Jesús, habían estado anunciando su advenimiento. Aquí el peticionario acepta lo dicho por ellos y desea lo mismo que Dios. A propósito, la oración de poder es la que está de acuerdo con lo que Dios ha revelado.

3. “Hágase tu voluntad como en el cielo, así también en la tierra”. En esta petición, el Señor expresa la sumisión y aceptación que debemos mostrar hacia la voluntad divina trabajando en nuestras vidas.

4. “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. La frase pide el sostén diario, reconociendo la dependencia que uno tiene del proveedor divino.

5. “Perdónanos nuestros pecados”. Dios es el único que puede perdonar pecados. La Biblia enseña que lo hace por medio del sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario. El hombre lo obtiene por la fe.
6. “No nos metas en tentación”. Según Santiago 1:13, Dios no tienta a nadie. El no es autor del pecado. Sin embargo, según lo que el Espíritu Santo enseña, el verdadero creyente reconoce que tiene una gran propensión a pecar. El que pide perdón por sus faltas y reconoce su inclinación hacia la maldad, también pide a Dios que no permita que caiga en tentación.

¡PENSEMOS!

 Esta oración modelo conocida como el “Padre Nuestro”, es parte de la enseñanza que Jesús dio a sus discípulos. Sin embargo, no debe hacerse repetitiva. ¿Por qué? Un ejemplo de Cristo practicando la oración correcta lo encontramos en Juan 17, e ilustra mejor el carácter de nuestro Salvador como intercesor (Hebreos 7:25).

Ilustraciones acerca de la oración (11:5–13)
Antes de terminar su instrucción sobre este tema, el Maestro dio a sus discípulos unas ilustraciones.
La primera se entiende como un argumento que va de menos a más; Jesús habla de personas y situaciones negativas. Sin embargo, un hombre accedió a lo que otro pidió.

¡PENSEMOS!

 Sabiendo que Dios no es como el amigo que se encontraba durmiendo, el creyente puede pedir, buscar y llamar, porque Dios siempre está dispuesto a oir.

Por supuesto que en esta porción no se encuentra toda la enseñanza bíblica referente a la oración. Otros pasajes (por ejemplo, Juan 16:23), indican que debemos pedir de acuerdo a la voluntad de Dios. Esta ilustración trata lo básico, y uno tiene que recordar que es un ejemplo y que por lo mismo no debemos agregarle lo que el autor no quería comunicar. Es decir, no debemos hacer que cada palabra o frase tenga un sentido místico o especial. Aquí se ve que Dios está dispuesto a oir al hijo que presenta sus peticiones de acuerdo a lo que él mismo ha indicado.

La segunda ilustración es semejante (11:11–13). Enseña cómo es el Padre perfecto, contrastándolo con uno terrenal, imperfecto. En la relación que hay entre este último y su hijo, no debe haber engaño; ha de dar a su hijo lo que es para su bien. El Padre celestial ofrece algo mejor, el Espíritu Santo.
Aparentemente, los discípulos no oyeron bien o no entendieron, pero poco después recibieron el don de la presencia del Espíritu. Desde entonces, no tenemos que pedir que venga a nosotros, porque mora en los que el mismo Espíritu conduce a la fe en Jesucristo (Gálatas 4:6). Desde el instante que uno acepta a Cristo como Salvador, Dios cumple con esta oferta.

El Hijo del Hombre condena la blasfemia e incredulidad

Lucas 11:14–54


“Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” Lucas 11:10

¡Qué bueno hubiera sido que después de tantas enseñanzas y señales que daban evidencia de quién era Jesucristo, el pueblo de Israel se hubiera arrepentido! Pero no fue así. Ni su presencia, predicación y pruebas lograron convencer a esa nación ciega. Por eso no debe de sorprendernos que en el día de hoy tampoco lo acepte el mundo.

De vez en cuando se oye el comentario: “Si Cristo estuviera aquí, si hiciera un milagro hoy, la gente creería”. ¡No es cierto! Ya vino al mundo, hizo milagros, y su propio pueblo lo rechazó por ceguera u obstinación. La porción de Lucas 11 es decisiva en la narrativa del repudio del Hijo del Hombre porque relata que había algo más que mera indiferencia, también blasfemaban contra él; lo calificaban como emisario del enemigo de las almas, Satanás.

AUTORIDAD SOBRE LOS DEMONIOS (11:14–28)
En el ministerio del Hijo del Hombre hay abundante evidencia de la autoridad que tenía sobre los demonios. Esta era una señal de su autenticidad mesiánica. Es más; aun los enemigos de Cristo, incluyendo los mismos demonios, reconocían su poder.

En Lucas 11, el autor relata que los líderes religiosos blasfemaron contra Cristo, atribuyendo su poder no a Dios, ni al carácter mesiánico de Jesucristo, sino a Satanás. El Señor refutó sus declaraciones en forma muy lógica: “Y una casa dividida contra sí misma, cae” (11:17). Es decir, ¿Satanás contra Satanás? No sería prudente, lógico, ni productivo para el diablo.

Hay una segunda consideración en la respuesta que dio Cristo. ¿En qué situación quedaban los judíos que también exorcizaban? (11:19) Naturalmente, sus acusadores no estarían muy dispuestos a aceptar que ellos también obraban por cuenta de Satanás.

A continuación, Jesús afirma que él tiene poder sobre el príncipe de los demonios (11:22). Sin duda, su dicho es una referencia a que venció al diablo durante su tentación (4:1–13). Pero el Señor no deja el tema nada más así. Agrega que no se puede ser indeciso y neutral.


“EL QUE NO ES CONMIGO, CONTRA MÍ ES”
LUCAS 11:23


¡PENSEMOS!

 En la actualidad, las fuerzas demoniacas están moviéndose con una fuerza increible en todo el mundo. Prueba de ello es la gran cantidad de peliculas con temas de ultratumba que se estrenan cada año, el ocultismo, adivinaciones, magia, etc. que mucha gente favorece. Algunos seguidores de Satanás disfrazan la mentira con palabras persuasivas con apariencia de religionsidad, pero en el fondo son manifestaciones satánicas. ¿Qué podemos hacer para resistir esos ataques e insinuaciones?

En términos más comprensibles, el versículo 23 quiere decir que aquellos que no se deciden por Cristo, en realidad escogen estar contra él. No hay ningún “término medio”. De clarísima manera esa frase explica las condiciones del mundo actual y, a la vez, la razón por la cual debemos dedicarnos al evangelismo.

Para ilustrar el principio enunciado, el Señor cuenta la historia de una persona que fue librada de un espíritu inmundo. No cabe duba que el hombre sintió gran alivio, pero como no dejó que el Espíritu Santo tomara residencia en su corazón, cayó de nuevo bajo el control de los demonios y al final resultó peor que al principio.

Jesús subraya la verdad de que no se puede ser neutral. Es imposible que exista un corazón totalmente independiente. O bien uno depende de Dios y se entrega a él, o se está bajo el dominio del enemigo de Dios.

Por ser corta, esta ilustración podría considerarse como de poca importancia. Pero no lo es. Al contrario, habla de una verdad tan grande e importante, que causa escalofrío al considerarla detenidamente.

Entre los oyentes había una mujer que quedó tan impresionada y entusiasmada con su enseñanza tan directa y clara, que expresó su admiración en voz alta. De acuerdo av las costumbres de entonces, bendijo a la madre del Maestro. Sin criticar a la mujer o denigrar a María, Jesús aprovechó la ocasión para destacar una verdad:

“BIENAVENTURADOS LOS QUE OYEN
LA PALABRA DE DIOS, Y LA GUARDAN”
Lucas 11:28


Para el Señor, la relación espiritual es de mucha más importancia que la física.

LA GENTE DEMANDA SEÑALES (11:29–32)
Los judíos pedían más señales, y usualmente lo hacían de mala fe. En el versículo 16 pidieron algo espectacular. Debido a su incredulidad, ignoraron lo que el Señor había hecho hasta ese momento y pidieron algo ridículo, como que hubiera oscuridad al mediodía o plena luz a medianoche. Querían ver las estrellas danzar, o a las nubes convertidas en crema batida.

Los líderes solicitaron algo que a su modo de ver fuera tan extremadamente difícil, que Jesús no lo haría. Entonces dirían: “Bien, ¿ya vieron? ¡No puede! Nosotros se los decíamos, ¡es un impostor!”
Conociendo el corazón del hombre, y en este caso la obstinada y perniciosa incredulidad de los líderes, Cristo les recordó la señal del profeta Jonás (11:29), quien había sido enviado a los ninivitas con el mensaje divino después de haber sido librado del gran pez. Hay varios factores que deben notarse en esa historia:
    1.      Jonás era judío, los ninivitas, gentiles.
    2.      El mensaje demandaba arrepentimiento a la luz del juicio inminente.
   3.    Efectivamente, y para disgusto de Jonás, los de Nínive se arrepintieron y fueron librados del castigo.

Asimismo les dijo que la reina de un país distante, habiendo escuchado de la sabiduría de Salomón (11:31), quiso constatar personalmente si en efecto era tan sabio, e hizo un viaje largo y costoso para visitarlo. Cuando llegó, creyó todo lo que había oído de él.

LA NACIÓN CIEGA,
A SU MESÍAS NIEGA


El Señor les aseguró que alguien mas grande que Jonás estaba entre ellos (11:32). Ya se les había anunciado que el reino prometido estaba cerca y allí estaba el Rey. Pero aún cuando aquellos gentiles de Nínive y la reina gentil del sur creyeron lo que les fue comunicado, los judíos, a pesar de las abundantes evidencias que contemplaron, repudiaron al Señor. ¡Qué castigo les esperaba! En el día del juicio, serían acusados por los ninivitas y la reina gentil.

LOS OJOS QUE NO VEN (11:33–36)
Haciendo una comparación entre los ojos con la lámpara del cuerpo, el Señor les da la razón por la que siempre buscaban señales. Se debía a que la incredulidad los tenía tan ciegos, que no podían apreciar la luz que él les ofrecía por brillante que fuera. Esa luz no disminuye, siempre brilla, pero no siempre es percibida por el hombre. Si hay oscuridad en el alma, no se puede culpar a la luz del evangelio.

LOS LÍDERES CIEGOS (11:37–54)
Los fariseos y escribas eran los dirigentes religiosos en tiempos de Jesucristo. Como tales, tenían la responsabilidad de velar por la condición espiritual de la nación. En general se oponían a Cristo, y por lo que relata este capítulo, la cosa iba de mal en peor.

Cierto fariseo se asombró de que Cristo no cumplía con las tradiciones y ceremonias establecidas (11:38), en especial, con el sistema de lavamientos instituido por los rabinos. Se dice que algunos enseñaban que un demonio se sentaba en las manos que no se lavaban siguiendo esa ceremonia. Esto produjo una de las respuestas más fuertes de parte del Señor contra el fariseísmo.

Como muchos de los llamados “religiosos” de cualquier época, los fariseos se especializaban en obedecer lo de menos valor en su sistema, y pasaban por alto lo de vital importancia. En este caso, menospreciaban la justicia y el amor de Dios (11:42).

De acuerdo a Números 19:16, cualquiera que tocara un sepulcro, quedaba inmundo por siete días. Se dice que los judíos emblanquecían las tumbas con cal para que se pudieran ver y evitar así tocarlas inadvertidamente. El Señor acusó a los líderes de ser sepulcros (11:44), no pintados de blanco. Por lo tanto, cuando el pueblo entraba en contacto con ellos, le causaban una condición espiritual inaceptable. ¡Ay de los fariseos, y de cualquiera que pierde de vista lo que Dios dice!

¡PENSEMOS!

 Uno de los peligros de las religiones es que sus ritos, tal vez concebidos como expresiones legitimas de culto a Dios, se convierten en simple ritualismo. Viene a ser una lista de cosas que se deben hacer, quién sabe por qué. El cristianismo también es susceptible de cometer ese error, creando liturgias y pensando que la forma externa es igual a la veneración y obediencia que Dios pide.

De igual manera, el Señor confrontó a los llamados “intérpretes de la ley” (11:45). Jesús los consideraba culpables porque habían agregado sus tradiciones a la ley de Moisés, haciendo la vida religiosa de la nación demasiado pesada. Con sus “interpretaciones” escondían la verdad, eliminando la posibilidad de entender el mensaje de Dios. ¡Ay de ellos, y de cualquiera que agrega mandamientos a los dados por Dios!

El camino a través de Judea fue en todo sentido de rechazo, y el que condujo al Señor Jesús a la cruz. De ahí en adelante, todo fue de mal en peor. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado de no echar toda la culpa a los judíos. Bien es cierto que ellos fueron los instrumentos del rechazo, pero al fin y al cabo, fue también nuestro pecado el que clavó a Jesús en el madero.

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REPASO DEL LIBRO
Hasta aquí la narración de Lucas, el médico amado, nos ha llevado por el anuncio, advenimiento, niñez, preparación, bautismo, genealogía, tentación y ministerio de Jesucristo, el Hijo del Hombre, en Galilea y Judea. Hemos viajado con él y hemos estudiado las señales y enseñanzas que caracterizaron su ministerio, las cuales fueron dadas para autenticar que verdaderamente es el Hijo de Dios, y también verdadero Hombre.

Observamos el amor y compasión de Cristo por quienes padecían diversas enfermedades y dolencias; su poder sobre los demonios y Satanás y sobre las fuerzas de la naturaleza. Asimismo, conocimos a las personas, hombres y mujeres, que de alguna manera estuvieron asociados con el Señor durante su ministerio terrenal y nos han conmovido con sus reacciones humanas, falibles y de asombro al estar en presencia misma de Dios hecho carne.
En el próximo tomo, estudiaremos a fondo los sermones y discursos del Señor en el viaje que hizo a Jerusalén y que culminó con la última semana de su vida y la fiesta de la pascua en la que dio su vida por nosotros.

Descubriremos que Lucas incluye las advertencias, instrucciones e ilustraciones del Señor, todas ellas repletas de enseñanzas y aplicaciones para nosotros. Con mucho interés exploraremos lo que el autor dice acerca de los detalles preparatorios a la muerte, crucifixión, sepultura, resurrección y ascensión del Hijo del Hombre.

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 LAS EPÍSTOLAS DE LA LIBERTAD PLENA EN CRISTO
GÁLATAS Y FILIPENSES
Autorizados para no Pecar
Ahora Dios te da la Libertad Para No pecar

Las Epístolas de la Prisión en el Gozo: 

Libertad Plena en Cristo - Licencia para no pecar

Las Epístolas de Gozo y Libertad Plena en Cristo: Licencia para no pecar

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BOSQUEJO DE LA ESTRUCTURA COMENTADA DE LA
EPÍSTOLA DE PABLO A LOS GÁLATAS
I.  INTRODUCCIÓN
A.  Identidad de los Gálatas.
B.  El Autor y su Escritura.
C.  La Fecha en que fue Escrita.
D.  Los Destinatarios.
E.  Propósito de la Epístola.
F.  Tema de la Epístola.

II.  PABLO DEFIENDE SU APOSTOLADO, Gá. 1 - 2.
A.  El Saludo de Pablo, Gá. 1:1-5.
B.  Ocasión y Motivo de la Epístola, Gá. 1:6-10.
C.  El Evangelio de Pablo es una Revelación de Dios a los Hombres, mas no es una Tradición, Gá. 1:11-24.
D.  El  Reconocimiento,  Elogio  y  Aceptación  del Apostolado  de  Pablo,  Gá. 2:1-10.
E.  Pablo  denuncia  la  Actitud  Judaizante  de  Pedro,  Bernabé  y  otros,  Gá. 2:11-21.

III.  SOLAMENTE  EL  EVANGELIO  JUSTIFICA  AL  HOMBRE,  MAS  NO  LA  LEY, Gá. 3 
       - 4.
A.  Reprensión  de  Pablo  a  los  Gálatas  por  Abandonar  el  Evangelio  de Cristo Jesús, Gá. 3:1-5.
B.  El Pacto de Abraham y su Relación con la  Ley Mosaica, Gá. 3:6-18.
C.  El Propósito y la Duración de la Ley, Gá. 3:19-25.
D.  Somos Hijos de Dios por Nuestra Fe en Cristo Jesús, y esto, nos hace Aceptos en el Linaje de
      Abraham, Gá. 3:26-29.
E.  Bajo  la  Ley  los  Judíos  eran  Conducidos  por  Guías  o  Ayos,  mientras que  bajo  la  Gracia, somos
     Hijos  y  herederos  de  Dios  con  todos  los Privilegios Divinos, Gá. 4:1-7.
F.  Una  Fuerte  Exhortación  a  los  Gálatas,  porque  han  Vuelto  a  la Esclavitud de la Ley, Gá. 4:8-11.
G.  El  Gesto  Cariñoso  de  Pablo  para  con  los  Gálatas,  recordándoles  el Momento cuando él les
      predicó el Evangelio, Gá. 4:12-20.
H.  Comparación Alegórica entre la Ley Mosaica y el Evangelio, poniendo como Ejemplo a Sara y Agar,
      Gá. 4:21-31.

IV.  EXHORTACIONES  DE  AMOR  PARA  LOS  QUE  DISFRUTAMOS  DEL
AMOR DE CRISTO JESÚS, Gá. 5 - 6.

A.  Los que se sujetan a la Ley Mosaica, se apartan de Cristo Jesús, Gá. 5:13-26.
B.  La Libertad en Cristo no significa Licencia para el Libertinaje, Gá. 5:13-26.
C.  Restauración  a  los  que  siguen  pecando  y  la  Nueva  Vida  en  el  Amor  Fraternal entre los
      Afligidos, Gá. 6:1-5.
D.  Comunión  entre  los  Hermanos  Afligidos,  tanto  entre  los  que  enseñan como  entre  los  que  son
      Enseñados,  y  la  Perseverancia  en  hacer  el  Bien, Gá. 6:6-10.
E.  Referencia General acerca de los Judaizantes, Gá. 6:11-17.
F.  La Bendición Final de Pablo a los Gálatas, Gá. 6:18.

Identidad  de  los  Gálatas.  Con  relación  a  la  identidad  precisa  de  los gálatas,  algunos  comentaristas  bíblicos  quieren  saber  si  el  autor  se refiere  a  Galacia  del  Norte  o  a  la  del  Sur.  Sin  embargo,  la  Biblia  de Estudio Mundo Hispano, cuando en su mapa político - descriptivo incluye en  el  mapa  de  Galacia  a  pueblos  como:  Antioquía  de  Pisidia,  Iconio, Listra y Derbe; lugares donde Pablo instituyó Iglesias de Cristo, durante su Segundo Viaje, según lo afirman algunos investigadores  de la Biblia.
Estos  lugares  mencionados  están  en  Galacia  del  Sur,  referida  de  por vida  en  el  Nuevo  Testamento,  (en  el  libro  de  los  Hechos).  De  los gálatas  podemos  decir  que eran  tribus celtas  que  se establecieron  por primera  vez  cerca  del  río  Danubio1;  quienes  más  tarde,  migraron diseminándose en variadas direcciones. De tal manera, aquellos gálatas a  quienes  se dirige  el apóstol  Pablo,  son los  residentes en  el  centro  de Asia Menor, conforme el mismo protagonista nos da a conocer en el  Gá. 1:2,  que  dice:-  “…y todos  los  hermanos  que  están  conmigo,  a  las iglesias de Galacia”.
Por otro lado,  Pablo emplea el sustantivo propio  Galacia2 refiriéndose a una provincia romana de aquel tiempo, comprendida en sentido político  oficial  por:  Antioquía  de  Pisidia,  Iconio,  Pisidia,  Listra  y Derbe, lugares donde Pablo había plantado Iglesias de Cristo, hoy conocidas y reconocidas en el Nuevo Testamento, como  son:  Antioquía de Pisidia: Hch. 13:14; Iconio: Hch. 14:1; Listra y Derbe: Hch. 16:1-5.
En la epístola de Pablo a los Gálatas, el autor revela el amor de su alma como  un  torrente  aluviónico  que  barre  con  todos  los  obstáculos judaizantes,  abriendo  paso limpio  y  firme  para  que  se  siembre  y  pueda germinar  la  esencia  de  la  Verdad  por  medio  del  Evangelio  de  Pablo, impregnado de amor y lleno de la gracia de Dios.

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Si el estudiante sigue las instrucciones dadas a continuación ahorrará tiempo y aprovechará más el estudio.
  1. Lea la lección completa la primera vez sin buscar las referencias en las Escrituras.   Así  tendrá una idea general del contenido. Subraye cualquier término o frase sobre el cual  tenga dudas, señalándolo para un estudio cuidadoso en el futuro.
  2.  Lea la lección por segunda vez, haciendo uso de las notas al pie de la página para buscar las referencias bíblicas. (Usted notaráque aparecen en el texto unos números en letra muy pequeña. Estos corresponden a las notas al margen que se hallan en la parte inferior de la página. Las referencias bíblicas citadas en estas notas sostienen y documentan las declaraciones de la oración o frase en la lección donde aparece cada    número.)    Escudriñe   cada    escritura estipulada para ver la relación que tiene con lo enseñado en la lección.

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    Usted está dando inicio al estudio del más maravilloso libro del mundo. La  Biblia a  me-nudo ha sido llamada "el  libro" y esto es correcto  ya que la Biblia se clasifica por sí misma. La  Biblia significa "libro".  En realidad la Biblia es una colección de 66 libros escritos por unos 40 autores. Estos autores produjeron sus escritos en diferentes países durante un período  de  1600  años.  La  historia  de  cómo  nos  vino  este  extraordinario  libro,  con  cada parte adecuadamente unida a  las otras  y sin contradecirse, es lo más interesante. Nosotros concluimos que un libro así solamente pudo haber salido de Dios.

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    LA IMPORTANCIA DE LA IGLESIA.
    Queremos  en  este  CURSO  investigar  minuciosamente  sobre  la  iglesia  como  la presenta  la  Biblia,  sabiendo  que  ella  es  de  suma  importancia  en  los  planes permanentes del Creador.

    Ninguno  que  conoce  la  Palabra  de  Dios  negaría  la  existencia  de  la  iglesia.
    Pero,  ¿cuál  iglesia,  entre  tantas  que  hay?  Y,  ¿de  dónde  vinieron  tantas?  Estas preguntas, como muchas otras siempre han surgido, y han  sido contestadas de muchas  maneras  diferentes  a  través  de  los  siglos.  ¿Cuáles  han  sido  los resultados?  Millares  de  denominaciones  y  sectas distintas, cada  cual dando una respuesta diferente a estas preguntas. Pero, no escuchemos las respuestas de los hombres, porque no valen nada. Antes bien, busquemos en la Biblia la respuesta correcta,  pues  es  la  Palabra  de  Dios  y  la  fuente  verdadera  de  la  información divina
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