sábado, 25 de febrero de 2012

Segunda Corintios 3.1-3: Verdades irrefutables


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 La diferencia entre la primera carta canónica de Pablo a los corintios y la segunda, es que en la segunda debe enfrentarse a los intrusos que han llegado a Corinto con cartas de recomendación. Como contraste, Pablo vino a Corinto como apóstol de Jesucristo; pero la gente sabía que no era miembro del grupo de los Doce que siguieron a Jesús. Pablo se ve obligado a defenderse y mostrar una prueba sólida de que no necesitaba recomendación. Sabía que Je-sús lo había llamado para ser apóstol a los gentiles, y que había bendecido su obra en aquella ciudad. De ahí que la labor de Pablo demostraba la legitimidad de su oficio. Sus aflicciones por Cristo y ser el padre espiritual de los corintios servían como testimonio de que era, indu-dablemente, un apóstol.
Los tres versículos de esta sección (vv. 1–3) son un puente entre la última sección del capítulo anterior (2:14–17) y el resto del capítulo 3. La discusión de Pablo sobre las cartas de recomendación encaja con las costumbres de su tiempo, en las que era común usar esta clase de cartas (véase Hch. 9:2; 18:27; 22:5). El mismo Pablo recomendó a Febe a los romanos (Ro. 16:1), a Timoteo a los corintios (1 Co. 16:10–11), y a Onésimo a Filemón (Flm. 10–17). 1. ¿Acaso comenzamos a recomendarnos a nosotros mismos otra vez? ¿O acaso necesitamos, como algunos, cartas de recomendación para vosotros o de vosotros?
a. «¿Acaso comenzamos a recomendarnos a nosotros mismos otra vez?» ¿Debe la frase adverbial otra vez modificar al verbo comenzar, o al verbo recomendar? Los traductores no se ponen de acuerdo en este punto, aunque la segunda opción sea la más natural. ¿Por qué Pablo debe comenzar algo otra vez cuando el énfasis recae en recomendar? (véase 5:12).
 Las cartas de recomendación generalmente las hacían entre amigos cuando alguno de ellos solicitaba un puesto de trabajo.2 En algunos casos, dichas cartas atenuaban o incluso negaban el valor de los elogios escritos. Cuando alguien se recomendaba a sí mismo, la per-sona que tenía que valorar los méritos de dicho individuo veía con malos ojos el asunto.
¿Será cierto que Pablo ahora pregunta a los corintios si tiene que recomendarse a sí mis-mo delante de ellos? En el contexto de esta epístola, elogiarse a sí mismo puede ser algo bue-no (4:2; 6:4), o algo malo (5:12; 10:12). Este texto indica que dicha acción era mala. Pablo pregunta a los corintios si debe presentarles otra autorrecomendación. Si le responden que sí, se colocaría en una posición poco loable con respecto a sus adversarios. Cuando vino a los corintios por primera vez, lo consideraron como su padre espiritual (1 Co. 4:15). Para Pablo, este hecho era, en un sentido, suficiente como para avalarse ante ellos.
Sin embargo, los mercaderes religiosos (2:17) lo afrentaban presentando dudas sobre su credibilidad apostólica. Pablo estaba familiarizado con sus desatinadas preguntas y críticas, y frecuentemente se las encaraba a los corintios (5:12; 10:18; 13:6 ).3 Pablo tenía que defenderse a sí mismo y a Cristo, que lo había nombrado. Su apostolicidad, integridad, cartas, discurso y comportamiento estaban en juego. Enfrentándose al tema frontalmente, Pablo les hizo una pregunta retórica, a la que forzosamente tenían que contestar en forma negativa. 
b. «¿O acaso necesitamos, como algunos, cartas de recomendación para vosotros o de
vosotros?»
 
Pablo anticipa que sus lectores respondan no a su interrogación, pero la pregunta realmente ataca a los falsos apóstoles, que se presentaron en Corinto con cartas de recomendación. Presumían tener dichas cartas y, a espaldas de Pablo, lo desacreditaban por carecer de ellas. En otros lugares esta gente quizá llegó a ser un grupo numeroso (2:17); pero en Corinto sólo había unos cuantos.
Los impostores entraron en la iglesia con las cartas de recomendación de las que Pablo carecía para respaldar su autoridad de apóstol. Podemos estar seguros de que estas cartas no fueron expedidas por los líderes de la iglesia de Jerusalén, y tampoco tenían la aprobación de los Doce. Quizás un grupo de judíos de Jerusalén y de otros lugares, que se oponía a las enseñanzas y conducta del apóstol, redactaron dichas cartas (cf. Hch. 21:20–21). Además, como traficantes de la palabra de Dios, los impostores no sólo proclamaban un evangelio distorsionado, sino que también, atacaban verbalmente a Pablo. [p 117] Pretendían llegar a
tener autoridad sobre los cristianos de Corinto, y hacerlos que se sometan a las costumbres judaizantes de Jerusalén.
Ahora Pablo, que fundó aquella iglesia por medio de la predicación del evangelio de salvación, pide a los corintios que evalúen su obra como apóstol misionero. Como su pastor, ha mantenido un vivo interés por la vida y la conducta de la gente. Mantenía correspondencia con ellos, los aconsejaba e incluso los visitaba. La pregunta que Pablo hace es si necesita de cartas de recomendación, dado que él nunca trajo carta alguna cuando vino a Corinto. Jesús lo envió como apóstol a los gentiles, y eso era más que lo que cualquier documento escrito pudiera decir. Para él, hacerse una carta hubiera sido absurdo, innecesario y una afrenta a
Jesucristo. 
2. Vosotros mismos sois nuestra epístola, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres.
a. «Vosotros mismos sois nuestra epístola». El antiguo proverbio que dice «la prueba del pastel está en comérselo», es una adecuada descripción del reto que Pablo hace a los intrusos. Que vean lo que ha hecho en Corinto por la predicación del evangelio de Cristo. Pablo dirige enfáticamente su atención hacia los corintios y les dice: «Vosotros mismos». Ellos mismos eran la prueba viva de que él era su padre espiritual y líder. Son como un libro abierto que cualquiera puede leer.
La frase nuestra epístola nos ilustra e informa. El pronombre se refiere a la obra espiritual que Pablo y sus colaboradores habían hecho. Y el sustantivo epístola se usa en forma figurada sólo en este versículo y en el siguiente. Es obvio que Pablo realiza un juego de palabras con este nombre, y da a entender que una carta no tiene que ser, literalmente, un documento escrito. Todas sus epístolas presentan a Cristo, y la misma iglesia no tiene por qué ser una excepción. Por la obra de Pablo, la bisoña iglesia de Corinto había cobrado vida y ahora demostraba ser un milagro de la nueva creación en Cristo (5:17).
b. «Escrita en nuestros corazones». En el texto griego, el verbo escribir en (con el significado figurado de inscribir o grabar), sólo aparece aquí (Lc. 10:20 nos da la idea de anotación en un registro). Era una costumbre muy extendida en el mundo antiguo la idea de grabar algo en el corazón. Jeremías expresó el mismo pensamiento cuando registró la profecía divina: «Pondré mi ley en la mente de ellos, y la escribiré en su corazón» (Jer. 31:33b; Heb. 8:10b; cf. Is. 51:7; Ro. 2:15).8 
La mayoría de traductores y comentaristas logran esta versión: escrita en nuestros corazones. El pronombre nuestros, en vez de vuestros, cuenta con el apoyo de excelentes manuscritos griegos, cosa que no podemos decir de la segunda opción. No obstante, unas cuantas traducciones inglesas prefieren la versión vuestros corazones (NAB, RSV, TNT).
Algunos comentaristas han adoptado el pronombre vuestros, y argumentan que en el siguiente versículo Pablo dice: «Es evidente que vosotros sois carta de Cristo» (v. 3). Por lo tanto, el pronombre muestra que los santos de Corinto son, claramente, la carta de recomendación de Pablo.9 Sin embargo, la lectura que se imponga tiene, exactamente, tanto sentido como la variante más débil. Pablo amaba profundamente a los miembros de la congregación corintia y les concedía un destacado lugar en su corazón (6:11–12; 7:3).
Si los adversarios de Pablo, implícitamente exigen que les enseñe su carta de recomendación, él les responde diciendo que esta carta la lleva escrita en su corazón. El autor de esta epístola es Cristo, quien recomienda a Pablo como fiel siervo suyo. Además, Pablo es el mensajero de esta epístola.10
c. «Conocida y leída por todos los hombres». Siempre que Pablo estaba o iba a Judea, Siria, Asia Menor o Macedonia, hablaba de las virtudes de la congregación corintia (7:14; 8:24; 9:2). Todo el que quería oírlo sabía que Cristo, mediante el evangelio, había logrado el milagro de la conversión entre los corintios. Como embajador de Cristo, Pablo podía jactarse de la obra que Cristo había hecho entre ellos. No obstante, no sólo la congregación corintia, sino todas las iglesias eran su preocupación (11:28). Oraba por ellas día y noche, les enviaba a sus colaboradores para que les ayudaran y, a veces, mantenía correspondencia con ellas
(cf. 9:2). Su corazón lo tenía puesto en su obra, de modo que todo el que entraba en contacto con él siempre le oía hablar de las iglesias. Cualquiera podía leer en él como en un libro abierto o, como en este caso, en una carta elocuente.
En el original griego, Pablo hace un juego de palabras, probablemente como una expresión idiomática, que no en todos los idiomas se puede traducir: ginoskoene (conocer) y anaginos-koene (conocer de nuevo, por medio de la lectura). En todo el mundo antiguo era costumbre leer en voz alta, tanto privadamente (véase Hch. 8:30), como en los actos públicos de culto (Col. 4:16; 1 Ts. 5:27). Pablo dice que todo el que lo conoce no tendrá más remedio que hablar de la iglesia de Corinto. 
 3. Es evidente que vosotros sois carta de Cristo, entregada por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones humanos.
a. «Es evidente que vosotros sois carta de Cristo, entregada por nosotros». A Pablo no le interesa hablar de sí mismo, porque no necesita una carta personal de recomendación. En su lugar, llama la atención a los corintios a que sean conscientes de que, por la gracia de Dios, pueden evidenciar su relación con Cristo. Dios obra en sus vidas, y hace que se sepa que pertenecen a Jesucristo. Muchos traductores optan por la versión mostráis en vez de es evidente. La primera opción está en voz media, mientras que la segunda está en voz pasiva.
Ambas traducciones son igualmente acceptables, pero yo prefiero la voz pasiva, la cual posee a Dios como agente. El participio es evidente aparece en tiempo presente para indicar que se trata de una actividad continua.
La imagen presenta dos focos de atención y cambia del uno al otro: Se enfoca en Pablo, de cuyo corazón nace la epístola, y luego en los corintios, que son los destinatarios de la epístola. En otras palabras: todos podían oír a Pablo hablar de la carta, pero al observar a los corintios, se daban cuenta de lo que quería realmente decir.
Pablo repite y desarrolla la tendencia de su pensamiento, que aparece en el versículo anterior (v. 2a) «vosotros sois carta de Cristo». Declara que los cristianos de Corinto son un testimonio vivo del Señor y, por consiguiente, una carta viviente. Luego afirma que Cristo es el autor; es decir: no Pablo, sino Cristo fundó la iglesia de Corinto. Pablo atribuye toda la gloria a Cristo, y él mismo se considera un siervo suyo.
Para ampliar la imagen, Pablo mismo sirve de correo de esta epístola, y actúa a su vez como ministro de la iglesia corintia. Cristo es el autor de la carta, y Pablo su cartero. Pero algu-nos traductores afirman que Pablo es el compositor, y así logran la versión: redactada por no-otros (BJ; cf. NRSV, Moffat). Cuando Cristo es el autor, no podemos atribuir la autoría a Pablo.
Hacemos lo adecuado si traducimos el término griego diakoneo, de la que se derivan diaconado y diácono,como «yo entrego [y aplico un mensaje]». Aquí el verbo significa que Pablo proclamaba el mensaje del evangelio en Corinto como portavoz de Cristo. Pablo servía a los creyentes aplicando el mensaje de salvación, tal como los profetas prestaron un servicio anticipado a la comunidad cristiana (1 P. 1:12).11 Por la administración de este mensaje a la gen-te de Corinto, Pablo se comportaba como siervo obediente de Cristo (Hch. 18:9–11).
b. «Escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo». El texto griego nos muestra que la palabra escrita está en tiempo perfecto, lo que nos habla de una acción pasada, que tiene consecuencias en el presente. Esta acción tuvo lugar cuando Pablo trajo el evangelio, por primera vez, a los corintios (Hch. 18:1–5). 
Aunque Pablo menciona la tinta, pero no el papel, no se está expresando de manera descuidada. Habla de la idea de escribir una carta; pero declara que el procedimiento para escribirla no ha sido el normal de la tinta y el papel; pues esta carta es de índole espiritual, escrita con el Espíritu Santo. Cristo es su autor; pero el Espíritu es la que le da vida, y Dios es la fuente de esa vida. La escritura humana puede desvanecerse y desaparecer; pero la divina es permanente, viva y dadora de vida. La frase Dios vivo se repite tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, y señala a Dios, el dador de la vida.
c. «No en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones humanos». El primer contraste que encontramos entre el material de escritura, lo ofrece la tinta y el Espíritu; el segundo, entre la piedra y el corazón humano. Era de esperar que Pablo nos dijera algo sobre las diferencias entre el papel y los corazones; pero, en lugar de eso, introduce otro material más: la piedra. Este segundo contraste lo toma de las profecías de Ezequiel (11:19; 36:26), donde Dios quita el corazón pétreo de las personas y les pone uno nuevo de carne, y un nuevo espíritu dentro de ellos.
Además, por medio de Jeremías, Dios le dice al pueblo de Israel que él pondrá su ley dentro de ellos y la escribirá en sus corazones (31:33). Así como Dios había escrito su ley en tablas de piedra (Éx. 31:18; 32:15; Dt. 9:10–11), en tiempos del Antiguo Testamento, ahora la volvería a escribir en los corazones y mentes de su pueblo del Nuevo Testamento. Pablo con-trasta la ley del Antiguo Testamento, que había permanecido en lo exterior de su pueblo, con la ley del Nuevo Testamento, que opera en lo interno. De hecho, Pablo nos da a entender que el pacto del Antiguo Testamento ha quedado obsoleto, y que el pacto del Nuevo Testamento,
inaugurado por Jesús y la venida del Espíritu Santo, es el que ahora opera (cf. Heb. 8:13).

Palabras, frases y construcciones griegas en 3:1–3
Versículos 1–2
ἤ—«o». La lectura variante adoptada en el Texto Mayoritario es εἰ (si). El soporte que el manuscrito supone, es débil para la variante; pero firme para la lectura preferida. El mismo fenómeno se da en la conclusión del versículo 1, donde el Texto Mayoritario (con un apoyo débil) introduce la lectura adicional συστατικῶν (recomendaciones).
ἐγγεγραμμένη—este verbo compuesto, en tiempo de participio perfecto y voz pasiva (véase también v. 3), presenta una acción del pasado cuyos resultados perduran. El compuesto es intensivo y connota la idea de grabar, que se aplica a las tablas de piedra y a los monumentos. Dios ha grabado en sus manos los nombres de su pueblo (Is. 49:16).
                                                 
ταῖς καρδίαις—se usa el plural para incluir a los colaboradores de Pablo. Pablo representa a sus compañeros.14 Para la expresión nuestros corazones, véase 1:22; 4:6. 
Versículo 3
διακονηθεῖσα—
el participio aoristo pasivo nos presenta una acción aislada, que se refiere al tiempo en que Pablo vino por primera vez a Corinto, que identifica al agente de dicha acción y más adelante a sus colaboradores, y que modifica la palabra carta. También aparecen participios, en tiempo presente, en 8:19, 20. Pero el nombre διακονία (ministerio) sucede doce veces en esta epístola, cuatro de las cuales están en el capítulo 3.15
σαρκίναις—la parte final de este adjetivo describe la esencia o sustancia de la carne (véase 1 Co. 3:3). En vez del plural καρδίαις (corazones), el Textus Receptus tiene el singular καρδίας (del corazón, RV60), que cuenta con poco apoyo textual. Pero la mayor dificultad para aceptar esta lectura está en el plural, a causa de su aposición al dativo plural πλαξίν (tablas).
4 Y tenemos esta confianza delante de Dios, por medio de Cristo. 5 No que nos consideremos competentes en nosotros mismos, como para pensar que algo proviene de nosotros, sino que nuestra capacidad proviene de Dios. 6 Dios nos ha capacitado para ser siervos de un nuevo pacto, no de la letra sino del Espíritu. Porque la letra mata, pero el Espíritu vivifica.
 
 1 ¿Acaso comenzamos a recomendarnos a nosotros mismos otra vez? ¿O acaso necesitamos, como
algunos, cartas de recomendación para vosotros o de vosotros? 
2 Vosotros mismos sois nuestra epístola, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres.
3 Es evidente que vosotros sois carta de Cristo, entregada por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones humanos.

La Palabra de Dios: 2Corintios 2.17


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2Co 2:17  Pues no somos como muchos, que comercian con la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios y delante de Dios hablamos en Cristo. 
 Pablo revela que en Corinto y en otros lugares, había predicadores que usaban el evangelio como mercadería. Con todos los problemas a los que los corintios se enfrentaban, tenían que habérselas también con los mercaderes de la religión. Pablo tomó prestado la palabra kapeleuein del mundo de los negocios. Se trata de un verbo que guarda relación con las actividades de un comerciante minorista o de un mesonero. Pero este vocablo había adquirido mala fama. Se usaba para referirse a quien les colocaba a los clientes un género con malas artes, importándole sólo el beneficio que lograra. Por ejemplo, el mercader que vendía el vino aguado (Is. 1:22), que le birlaba así el dinero a clientes poco  prevenidos, y luego desaparecía. Pablo usa el vocablo mercachifles para referirse a aquellos predicadores itinerantes que vendían como mercancía un evangelio que no era más que agua, que sacaban su beneficio de ello, y luego se iban. No dice cuántos podía haber por allí, pero sugiere que la palabra muchos indica que pululaban por varios lugares además de Corinto.

En la segunda mitad de esta epístola, Pablo menciona a los falsos apóstoles, que predicaban un evangelio distinto del genuino que anunciaban los apóstoles (11:13). Estos falsos pro-fetas causaban mucho perjuicio a la iglesia de Corinto, por lo que tenían que ser desenmascarados. Pablo hace referencia a su número y a su influencia dañina, y deja pendiente una discusión más amplia para la segunda parte de esta epístola. 

Mientras estos falsos maestros defraudaban a los corintios vendiéndoles una palabra de Dios diluida, Pablo denuncia esta práctica de distorsionar el mensaje de Dios y engañar a la gente (4:2). El contraste es sorprendente ya que, por la gracia de Dios, Pablo y sus compañe-ros son hombres competentes para realizar la labor de la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios (v. 16b). Escribe que ellos llevan el evangelio con sinceridad, como personas digna de toda confianza. La palabra sinceridad guarda relación con examinar algo a la luz del sol. El vocablo significa que la gente moralmente pura hace las cosas por motivos dignos de alabanza. 

La estructura del texto griego es mucho más enfática que muchos idiomas modernos. Por ejemplo, en el texto original la conjunción más bien aparece dos veces, una antes de «hombres sinceros» y la otra antes de «hombres [enviados] de Dios». Pablo repite el término para establecer una clara distancia entre él y sus colaboradores y aquellos buhoneros del evangelio. Al usar la frase hombres sinceros alude al factor humano, y con la frase hombres [enviados] de Dios recalca la fuente divina de su autoridad apostólica y mensaje. Dios
concedió a Pablo autoridad para hablar, y le confió la Palabra de Dios. En contraste, aquellos malos mercaderes carecían tanto de la sinceridad humana como de la autoridad divina. 

Una observación final. Pablo predicaba el evangelio en la presencia de Dios. Como apóstol de Jesucristo, era un embajador al servicio de Dios y podía comunicar, exclusivamente, el mensaje exacto que Dios le había confiado. Cuando un embajador no representa bien a su gobierno y habla por su propia cuenta, es inmediatamente cesado. De modo similar, Pablo estaba obligado a proclamar solamente la Palabra de Dios, con la plena conciencia de estar en su presencia. Además, Pablo, apóstol enviado por Jesucristo, proclamaba el escándalo de la cruz, la resurrección y el juicio final, e invocaba a la gente al arrepentimiento y a la fe en Cristo (véase Hch. 17:31; 24:25; 26:19–29). Pablo presentaba toda la voluntad de Dios, a judíos y a gentiles (Hch. 20:21, 27). Por tanto, los corintios debían haberse dado cuenta ya de que Pablo no predicaba  las mismas cosas que sus antagonistas. Debían haber elegido ponerse del lado de Pablo y sus colaboradores apostólicos y no del de sus adversarios. 

Palabras, frases y construcciones griegas en 
2:14–17 Versículo 14
τῷ πάντοτε θριαμβεύοντι—nótese el tiempo presente que corresponde al presente de φανεροῦντι (dando a conocer). El adverbio (πάντοτε) refuerza el sentido de efecto continuado. ἡμᾶς—se usa el plural para destacar a Pablo. El uso del plural, en lugar del singular, es común en esta epístola. Véase el comentario a 1:4.
τῷ Χριστῶ—el artículo determinado equilibra de τῷ θεῷ. Nótese que el último está al principio de la oración y el primero al final.
Versículos 15–16
τῷ θεῷ—con el dativo, Pablo reconoce la labor de Dios. Cuando se usa un verbo estático con el dativo como parte del predicado, se le otorga crédito (o descrédito) a Dios.
σῳζομένοις—es éste un presente progresivo de acción simultánea, «los que están siendo salvados».
ἐκ (…) εἰς—nótese la importancia de estas dos preposiciones que denotan desplazamiento desde un origen y movimiento dentro de algo—«desde el principio hasta el fin». En algunos manuscritos falta la preposición ἐκ (dos veces); pero se prefiere la lectura más difícil, la que incluye la preposición.
πρός—junto con el adjetivo ἱκανός (capaz) expresa capacidad para una labor determinada. 
 Versículo 17
ἐσμεν (…) καπηλεύοντες—la construcción perifrástica equivale al tiempo presente y da la idea de
una acción lineal.59
πολλοί—se prefiere a «muchos», en lugar de «los demás» (οἱ λοιποί), que es de origen occidental.60
ὡς—segunda vez que aparece. Debe suplirse el verbo enviar, en pasiva, para completar la cláusula. 

Resumen del capítulo 2
Pablo continúa explicando las razones que ha tenido para no ir a Corinto: su última visita había sido triste y prefiere que la próxima sea gozosa. Había escrito una carta en una situación muy aflictiva y con corazón apesadumbrado.
Alguien que había pecado y causado pesar a la comunidad, había sido castigado. Ahora Pablo encarece a los Corintios que perdonen y consuelen al pecador y que lo rehabiliten, de manera que el hermano no se sienta derrotado por la pena y sea presa de Satanás. Pablo mismo lo ha perdonado.
Aparentemente, Pablo y Tito habían quedado en verse en Troas, donde Pablo fue a predicar el evangelio. El Señor proveyó una puerta abierta al evangelio; pero Pablo estaba preocupado por la tardanza de Tito, que no llegaba. Por eso se despide y marcha a Macedonia. Con imágenes sacadas de un desfile de un conquistador victorioso, en el cual figuran sus cautivos, Pablo se retrata personalmente como un esclavo capturado por Dios, que ha conquistado al apóstol y se place en su obra como predicador del evangelio.
Pablo describe esta obra como un aroma que agrada a los que se salvan, y que disgusta a los que perecen. Mientras otros hacen mercadería del evangelio, en beneficio propio, Pablo y sus colaboradores lo proclaman con un corazón sincero y sabiendo que Dios los ha enviado.

jueves, 23 de febrero de 2012

Devocionales Familiares: Una Lucha sin Cuartel


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Tipo de Archivo: PDF | Tamaño: 29MBytes | Idioma: Spanish | Categoría: Capacitación Ministerial
Información
 Lecturas Devocionales: MARZO 2012
MARZO
1.     El señor Mazo
2.     Aquí viene el juez
3.     Jesús y yo
4.     ¿A quién le corresponde el mérito?
5.     ¿Quién decide qué es bueno o malo?
6.     ¿Las reglas de quién valen?
7.     ¿Cómo puedes medir la verdad?
8.     Cómo comprender las reglas a fondo
9.     ¿Cuáles reglas gobernarán tu vida?
10.     Hazte un favor
11.     En busca de un caballito
12.     Adivina lo que oí decir de ti
13.     El que se merece el mérito
14.     Una señal gigantesca de Dios
15.     ¿Puedes sentir el amor?
16.     Dios escribió el libro del amor
17.     Dios escribió el nuevo libro del amor
18.     Tres realidades del amor
19.     Algo que siempre es correcto hacer
20.     Un amor que es más que humano
21.     Esteban y Copión
22.     Hay un precio sobre tu cabeza
23.     ¡Eh, tú, la del cabello anaranjado!
24.     Libreta de calificaciones
25.     Un día en la vida de cualquiera
26.     Un amigo para cada momento
27.     Una cena en una máquina del tiempo
28.     Cuando nos presionan
29.     ¿Eres o no eres?
30.     Ciento por ciento fiel
31.     Una reservación para llegar a tu destino
MARZO
1
El señor Mazo
Lectura bíblica: Romanos 3:10–20
Porque por las obras de la ley nadie será justificado delante de él. Romanos 3:20
Es la última semana de clases antes de las vacaciones de primavera, y Mónica está ansiosa por ver el resultado de sus pruebas de aptitud física en su clase de gimnasia. Mónica superó por mucho a todas las demás compañeras en cada una de las pruebas. Pero cuando su profesor le entregó los resultados, lanza un grito horrorizado. Falló en cada una de las competencias.
Mónica se arrastra hasta donde está su profesor de gimnasia, preparada para pedir misericordia:
—Señor Mazo, ¿en qué fallé? Estaba segura de que ganaría uno de los premios de aptitud física.
—¿Premio? —el señor Mazo le menea su dedo megamuscular—. No ganaste ningún premio. Ni siquiera vas a aprobar este curso. ¿No leíste los requisitos en el tablero? Para pasar tienes que correr 1.500 m en tres minutos, colgarte del trapecio durante seis horas, correr la carrera de 50 m en dos segundos, y beberte un litro de refresco en seis segundos mientras cantas el himno de la escuela. Tienes que hacer 1.000 abdominales, 500 flexiones de pecho y embocar 100 tiros libres seguidos en baloncesto.
¡Qué bien le queda el nombre “Señor Mazo”!
¿No es cierto que te retirarías de la clase del señor Mazo sintiéndote un poquito descorazonado? Oh, más bien, ¡completamente descorazonado! Las normas de este profesor están totalmente fuera de tu alcance, excepto quizá la parte de tomarte el litro de refresco. Y quizá en 100 años podrías hacer 1.000 abdominales. Pero los demás requisitos son absolutamente imposibles.
Esperamos que no tengas profesores tan exigentes e irrazonables como el señor Mazo. Pero eso es lo que nos espera si intentamos agradar a Dios por medio de obedecer sus reglas. Es imposible. El problema no es que las reglas de Dios sean irrazonables sino que cumplirlas a la perfección es algo inalcanzable. Nadie puede vivir toda su vida sin cometer algún pequeño pecado, y la Biblia dice: “Porque cualquiera que guarda toda la ley pero ofende en un solo punto se ha hecho culpable de todo” (Santiago 2:10).
¿Es Dios tan duro como el señor Mazo? ¡De ninguna manera! Dios no nos dio sus mandamientos para hacernos caer. Sus mandamientos muestran en qué consiste la perfección. Pero sus normas también destacan que no somos perfectos, y que necesitamos otro camino para acercarnos a él.
Jesús es el camino. Él abre la puerta y te da la bienvenida al cielo, y a una relación cercana ahora mismo con tu Dios que te ama. ¿Lo aceptas?
PARA DIALOGAR: Uno de los primeros pasos para confiar en Dios es admitir que no puedes cumplir perfectamente todas su reglas. ¿Crees tú eso? ¿Por qué sí o por qué no?
PARA ORAR: Señor, te damos gracias por proporcionarnos un camino para llegar a ti, a través de la muerte de Jesús.
PARA HACER: Recuérdale hoy a un amigo que Dios nos acepta gracias a Jesús, ¡no porque seamos perfectos!
McDowell, J. J., Kevin. (2005). Devocionales para la familia : McDowell, Josh. (1 de marzo). El Paso, Texas, EE. UU. de A.: Editorial Mundo Hispano.

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Una Edificación Muy Especial para Dios: Nehemías

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Una Edificación Muy Especial para Dios: Nehemías



 
¡De Rodillas!
Nehemías 1:1-11a
Cuando era niño, uno de mis pasatiempos favoritos era jugar “sigue al líder” y solía pasar largos períodos de tiempo entretenido con mis amigos. Teníamos que estar dispuestos a seguir a quien iba al frente en todo lo que nos dijera, lo que a veces nos ponía en situaciones y actividades bastante ridículas por cierto. Una de ellas era caminar de rodillas, pero pronto descubrimos que esa posición no nos permitía avanzar con rapidez.
En la actualidad, es difícil que a alguien se le ocurra dirigir a otros andando de rodillas, porque es evidente que no se logrará mucho. Lo más común es guiar a los otros estando de pie; por ejemplo, se puede pelear mejor en esa posición porque hay mayor movilidad estando parados.
Sin embargo, tratándose del pueblo de Dios, la mejor posición desde la cual se debe guiar a otros es precisamente de rodillas. El líder espiritual auténtico no se mueve, ni aún para realizar lo que sabe que Dios quiere que haga, hasta no haber pasado tiempo conversando con su Señor acerca de la tarea a realizarse, ide rodillas!
Así es el caso de Nehemías, uno de los grandes personajes del Antiguo Testamento. Su historia empieza aproximadamente trece años después del regreso de los judíos a la tierra de Israel que fue dirigido por Esdras (458 a.C.). Hacía casi 92 años que habían vuelto a Jerusalén del exilio. El templo ya se había reconstruido y el pueblo había experimentado un avivamiento espiritual bajo la dirección de Esdras, pero los muros de la ciudad estaban derruidos. Por lo tanto, estaban indefensos porque la mayoría del pueblo vivía en las afueras de la ciudad, sin protección para sus casas y familias.
Durante esa época, el rey Artajerjes, hijo de Jerjes, gobernaba sobre el gran imperio persa. Jerjes se conoce en la Biblia como Asuero, y se menciona en el libro de Ester. Así que Artajerjes debe haber conocido a esa heroína y posiblemente por influencia de ella elevó a Esdras y Nehemías a posiciones de influencia en su reino.
Nehemías, el personaje principal de esta historia, era copero real de Artajerjes en ese tiempo. Este oficio siempre se asignaba a una persona de mucha confianza porque era quien probaba el vino que el rey iba a tomar para asegurarse de que no estuviera envenenado. Debido a que compartían el mismo riesgo, existía entre ambos cierta unidad y dependencia mutuas.
El relato se inicia diciendo que una delegación de israelitas llegó desde Jerusalén para saludar a Nehemías entre quienes estaba su hermano carnal Hanani, pues querían informarle de las condiciones imperantes en la ciudad y su muralla. Este reporte motivó a Nehemías a hacer algo a favor de la ciudad de sus padres.

EL AUTOR Y LA FECHA
Encontramos dos clases de material en el libro. Una buena parte da evidencia de que fue escrita por Nehemías. La prueba más contundente de esta afirmación está en el uso de los pronombres personales de primera persona (1:1–7:5; 12:27–43; 13:4–31). Otras porciones del libro son parecidas al estilo de Esdras, o de los documentos que usó para escribir sus otros relatos (7:6–12:26; 12:44–13:3).
Los dos tipos de material han servido para fundamentar dos opiniones contrarias entre los eruditos conservadores en cuanto a quién es el autor de este documento histórico. Algunos creen que fue Nehemías, que quería narrar su propia experiencia y que después unió su relato con otros escritos, semejantes a los que utilizó Esdras. Otros piensan que fue este último quien escribió el libro basándose en los materiales disponibles, incluyendo porciones de las memorias de Nehemías.
Debido a que no encontramos entre los escritos de Esdras referencias a otras personas que emplean el pronombre personal de primera persona, el primer punto de vista parece más probable. Aunque Esdras y Nehemías aparecían como un solo libro en las primeras versiones hebreas del Antiguo Testamento, es probable que esto se haya debido a que ambos estaban relacionados por ser contemporáneos y por contener un mensaje común, independientemente de quién haya sido el autor.
Los eventos relatados en este libro ocurrieron entre 444 a.C., cuando Nehemías se preparaba para dirigir el tercer regreso a Jerusalén, y 425 a.C. cuando retornó a la tierra con otra misión. Esta última fecha probablemente identifica el año en que el libro se terminó.
MARCO HISTORICO
Aunque queda mucho por conocer acerca de los eventos de aquélla época, Esdras 4:6–23 nos da suficiente base para estar seguros de algunos hechos. Parece que cerca del principio del reinado de Artajerjes (464 a.C.), hubo un intento por parte de los judíos de reconstruir la muralla alrededor de Jerusalén. Aunque no se encuentra evidencia de que hubiera habido oposición por parte de Jerjes, es probable que su hijo Artajerjes haya escuchado a los consejeros de su padre en el sentido de no permitir la reconstrucción sabiendo que se trataba de un pueblo que tenía una larga historia de rebeliones. Sin embargo, según Esdras 4:21, parece que Artajerjes dejó abierta la posibilidad de permitirlo en fecha posterior.
El viaje de Esdras posiblemente fue autorizado con el fin de asegurar el control de los judíos que vivían en la región. Cuando Nehemías sintió el deseo de promover la reconstrucción de los muros de la ciudad, Artajerjes tal vez ya estaba inclinado a aceptar su petición gracias a la confianza que le tenía y a la buena labor de Esdras. No existía entonces un líder más conocido ni de más confianza que le permitiera al rey conservar el dominio sobre esa zona.
Por eso lo nombró gobernador y le dio la autoridad necesaria para que siguiera sus planes, pero también para que buscara la reconstrucción moral y política del pueblo. Así que, con esa comisión, Nehemías dirigió el tercer regreso a la tierra en 444 a.C. y después volvió a Persia por un tiempo. Es probable que su segunda visita fuera simultánea al ministerio profético de Malaquías, porque ambos tratan los mismos problemas que enfrentaba Israel.
PROPOSITO Y TEMA
Como todos los libros históricos del Antiguo Testamento, Nehemías tiene varios propósitos. El más obvio es describir las circunstancias relacionadas con el tercer regreso de la cautividad a Jerusalén en 444 a.C. que incluyen la reconstrucción de la muralla de la ciudad para proveer algo de seguridad a sus moradores y la restauración política y espiritual de la gente.
Además, muestra la participación activa de Dios y su preocupación al buscar el restablecimiento espiritual de sus escogidos. Se pone de manifiesto que él es quien controla la historia y que es capaz de utilizar aun a reyes paganos para llevar a cabo sus propósitos. El Señor tenía en sus planes que el pueblo regresara a la tierra que les había prometido siglos antes, pero antes tenían que reconocer su santidad y empezar a vivir como santos, apartándose de la vida pagana de sus vecinos que no conocían a Jehová.
Tal como Dios les había dicho desde el principio, experimentarían su bendición si eran fieles y obedientes, pero si no, recibirían la maldición indicada en Deuteronomio 28. El autor utiliza la experiencia previa de Israel para ilustrar las exigencias divinas.
Otra característica de este libro, que parece haber sido incluida intencionalmente, es que describe en forma detallada la clase de líder que Dios puede utilizar para llevar a cabo sus planes. La descripción de Nehemías como persona y sus actividades como líder dirigen nuestra atención a las características que el Señor busca y bendice en la vida de quienes le sirven.
En resumen, se nota que Nehemías mantuvo un equilibrio sano entre las tres cualidades que debe tener un líder espiritual:
Primero, estaba comprometido con Dios. Al observar su vida con detenimiento, podemos reconocer los rasgos que denotan un compromiso genuino con su Señor. Aunque detentaba una posición política elevada, nunca dejó de depender de Dios.
La segunda cualidad que se observa es que tenía una visión de lo que Dios quería lograr a través de su ministerio. En todo tiempo podía contestar a la pregunta: “¿Para qué estoy aquí?”
En tercer lugar, destaca su capacidad administrativa aplicada correctamente. Al estudiar su vida, podemos aprender a ser mejores administradores.
¡PENSEMOS!
Al considerar estas tres cualidades de Nehemías como líder espiritual del pueblo de Dios, vale la pena compararlas con nuestra vida. ¿En cuál de estas áreas debemos dedicarnos a trabajar para que se desarrolle más? ¿Qué quiere Dios que usted haga al respecto?
ORGANIZACION DEL LIBRO
El libro se divide en dos partes principales. La primera relata la reconstrucción física de los muros de la ciudad de Jerusalén (1–7).
La segunda tiene que ver con la restauración espiritual de los escogidos a fin de que sirvieran a Dios y recibieran su bendición (8–13).
·         RECONSTRUCCION FISICA DE LOS MUROS DE JERUSALEN 1–7
·         RESTAURACION ESPIRITUAL  DEL PUEBLO 8–13
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