Sermones expositivos

martes, 29 de julio de 2014

La Oración: Elemento importante en tu vida

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
 
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                                                                   La Oración
«Ven aquí, Jennifer; es hora de que te acuestes y hagas tus oraciones».
«Jessica, te toca el turno de dar gracias por la comida».
No todos nos habremos criado en hogares donde se decían estas cosas, pero el cuadro de una criatura con las manos unidas en oración y la cabeza inclinada es comprensible en cualquier parte. Aun en muchas casas donde se considera a Jesús como una mera figura histórica y Dios es apenas un concepto discutible, se dicen oraciones. Pregúntele a cualquiera, y la mayoría le dirá que en algún momento ora. Puede tratarse de «un deseo que se eleva al que está allá arriba», o una apasionada súplica a «Dios, si es que estás allí», o un simple recitar frases aprendidas de memoria, pero todos oramos.
Si bien la práctica de la oración es universal, hay muy pocas personas que parecen entender lo que en realidad es. La idea de invocar al Todopoderoso para que haga algo porque «se lo pido» resulta aterradora. Para la mayoría de las personas, la convicción de que Dios realmente habrá de contestar ese pedido casi no existe. ¿Por qué ora, entonces, la gente? Oran porque «a lo mejor da resultado», porque «mi abuela aseguraba que daba resultado», o, al igual que los que no saben qué contestar en un cuestionario con varias opciones, porque «cualquier cosa es mejor que nada». De modo que la oración se vuelve esa «cualquier cosa» que nos permite hacer algo en lugar de no hacer nada. Es lo que «hay que hacer» cuando uno mismo ya no puede hacer nada: «Ya no hay esperanza, de modo que es mejor que le dé una oportunidad a Dios».
Reconozco que estas actitudes pueden parecerles casi blasfemas a aquellos que creen en el poder de la oración y han comprobado que sus oraciones han sido contestadas vez tras vez. Sin embargo, debemos recordar que estamos expuestos a la influencia del mundo que nos rodea y, como resultado, muchos cristianos ya no ven la oración de manera muy diferente que la descrita arriba. Sabemos que deberíamos creer en la oración, y creer que nuestras oraciones van a ser contestadas, pero la verdad es que no entendemos, para empezar, en qué consiste la oración. ¿Por qué es necesario que un Dios que todo lo sabe necesita que le diga lo que me hace falta? ¿Por qué un Dios todopoderoso necesita mis oraciones a fin de obrar?… ¿Qué es la oración, después de todo?
Para comenzar a contestar estas preguntas, busque los siguientes pasajes en los Salmos, y vea si puede emplearlos para formular su propia definición práctica de lo que es la oración. A continuación tiene algunas preguntas para ayudarlo a formular dicha definición.
¿Qué palabra o palabras se usan además de la palabra oración?






¿Qué es lo que se pide en la oración? ¿Qué verdad se afirma?






¿Cambia la actitud en alguna forma durante la oración?






¿Qué cuadro de Dios se nos pinta en la oración?






¿Cómo es la actitud del que ofrece la oración?






¿De qué se trata la oración?






Indica la persona que ofrece la oración la razón por la cual ora?
Salmo 17.1–9






Salmo 28.1–7






Salmo 55.16–23






Salmo 61.1–8






Salmo 102.1–22






Salmo 141






Salmo 142






 


miércoles, 16 de julio de 2014

El Walmart del Evangelio: Las contradicciones que matan a un sistema espiritual injusto

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
 
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Los 10 Errores del Walmart del Evangelio
En los Estados Unidos de América el efecto Walmart se conoce en los pueblos pequeños. ¡En América Latina ya lo conocemos! Donde llega Walmart, quiebra a los negocios pequeños. Igualmente ha sucedido con las iglesias pequeñas que han sido absorbidas, como negocios familiares forzados a cerrar. Las megaiglesias ofrecen mejores productos: amplio parqueo, buena música, excelente sonido, mayor variedad de ministerios, y personalidades con mensajes de fácil aplicación. Mientras que las viejas denominaciones no solo luchan por sobrevivir, sino también convencer a sus adeptos de mantenerse fieles a su doctrina tribal, pero su estructura heredada ya no responde a los retos del mundo como lo hacía algunas décadas atrás.

¡Pero no debe prevalecer el pánico! Uno de los modelos mundiales de megaiglesias está hoy en decadencia y buscando reinvertarse. Hill Hybel, pastor de la famosa iglesia Norteamérica Willow Creek, llego a admitir en una conferencia de liderazgo que “hemos gastado millones de dólares pensando si ayudaría realmente a nuestra gente”. ¡Pero la cosa no pego! Pero hay más errores que han sucedido en las megaiglesias de América Latina, y las quiero numerar. Permítanme así, mencionar algunas de las principales razones de la decadencia del modelo de megaiglesia, para que nuestras megaiglesias pongan sus barbas en remojo.

Primero, en América Latina el énfasis en buscadores sensibles perdió su enfoque con el tiempo, pues empezaron a atraer más a convertidos heridos y decepcionados de otras iglesias. Perdieron tal enfoque cuando dejaron de inculcar en su membresía el modelo de un evangelismo por atracción (invitar gente a la iglesia). Pues al invitarles, nadie les mostraba interés, seguimiento, ni se hacían cargo de ellos pastoralmente hablando. Con el tiempo la cantidad de visitantes mermó, y la congregación se tornó en ser más exclusiva que inclusiva.

Segundo, la falta de cuidado pastoral se convirtió en algo escaso. Algunas megaiglesias no desarrollaron un ministerio enfocado en grupos pequeños. ¿Cómo se puede atender pastoralmente a miles de personas? Al menos en grupos pequeños se puede brindar cuidado. Pero, al prestarse más atención a las actividades masivas que a los grupos pequeños, estas iglesias empezaron a declinar más rápidamente. Se les olvido que una iglesia grande crece siendo pequeña. Mientras me pregunto: ¿Quién cerrará la puerta trasera? Otras iglesias han adaptado modelos abusivos como el modelo de los 12, G12, G8, o la visión. Piden total lealtad, compromiso, y entrega que llega a sacrificar a la familia, el empleo, y la salud de las personas. En algunas de estas iglesias se solicita que todo y toda aquella que sea parte del proceso, firme un “contrato de la corporación celestial”, donde la persona se somete a una total obediencia y alianza espiritual al pastor-apóstol. ¡Y qué hay de Cristo? Abusos espirituales y de poder se cometen con estos modelos, todo por el crecimiento de la iglesia, pero no del Reino.
Tercero, los pastores son contratados para hacerse cargo de programas y no para brindar cuidado a personas. ¡Terrible error! La iglesia se trata de gente, no de programas. Por un lado, hay que tener claro: el pastorado es un don espiritual no un titulo: Pastores brindan cuidado pastoral. Por otro lado, los voluntarios recargados de trabajo enfrentaban agotamiento. No tenían un pastor que les mostrara cuidado, ni acountabilidad. Debían esperar cita de hasta dos meses para reunirse con alguno de sus pastores. Por otro lado los pastores generales (i.e., celebridades, carismáticos, CEOs) encontraron que la gente los seguían a ellos, pero no a Cristo. ¿Quién predica este domingo? Al mermar la aparición de personalidades que manejaban el show, disminuyo la asistencia a los cultos.

Cuarto, los largos mensajes o conferencias (pues no se usa más la palabra sermón)  ha sido el del platillo fuerte de la megaiglesia, y pronto empezó a encontrar sus limitaciones. Tales mensajes son de corte sicologísta (sicología popular) y llegaron a sacrificar el texto bíblico. Es decir, tales conferencistas pasaban más tiempo leyendo libros de sicología popular, que practicando una buena exégesis del texto bíblico. Este énfasis llegó a impactar con el tiempo en la pobre capacitación bíblica de su membresía. Aun más, en algunas de las megaiglesias la lectura bíblica desapareció de suliturgia. La gente llegó a saber más de pobre sicología aplicada que de principios bíblicos para su vida cristiana.

Quinto, su amplio real state llego a matarlas financieramente. Algunas de estas megaiglesias al no requerir membresía provoco que muchos nunca se comprometieran con sus diezmos y ofrendas. Tal vez el 20% de los asistentes servían en ministerios y sostenían las finanzas de la iglesia. Los demás parecían ser visitantes recurrentes sin ningún compromiso. Son como nómadas que cada domingo rotan de megaiglesia en megaiglesia. Nuevos creyentes: ¿Quién se comprometería en una iglesia donde nadie le importa que yo existo? Los grandes edificios e instalaciones se convirtieron en algo difícil de mantener. ¡Cayeron en un círculo vicioso! No se pueden contratar más pastores para atender a los no atendidos (80% de los asistentes) pues las instalaciones, y los altos salarios de las celebridades, y otro personal tragaban lo que el 20% de sus asistentes donaban. Eso motivo a que la iglesia empezara a ser administrada como una empresa en vez de ser un instrumento para el Reino. Cada vez la estructura empezó a perpetuarse en sí misma, y a darse menos enfoque misional como en el evangelismo y el discipulado.

Sexto, al carecer la megaiglesia de una doctrina protestante particular, todos eran bienvenidos a creer lo que quisieran creer. Por tanto, nadie sabía en qué se creía, ni en qué se debería creer, y entre estos los mismos pastores. Esto se agudizaba en aquellas iglesias donde sus pastores carecían de una formación teológica sólida. Y al atraer estas iglesias personas de otras iglesias, se empezaron a generar diferencias que la tolerancia no fue suficiente para mantener. Se convirtió en imperativo consolidar una doctrina, y aquellas iglesias que lo hicieron debieron decir  a ciertos criterios y no a otros. Al suceder esta consolidación doctrinal su membresía disminuyo por diferencias irreconciliables. Por ello, sicología popular es el plato más sencillo de preparar en sus predicaciones.

Séptimo, el mercadeo se convirtió en la herramienta más importante para diseñar su modelo. Al preguntarle a la gente de clase media sobre el tipo de iglesia, programas y actividades que desearían, se generó la megaiglesia. De esta manera vale la pena aseverar que la megaiglesia es producto delmarketing, nunca de la misión de Dios. La iglesia respondió a las inquietudes del mercado, y con tal de satisfacer ese mercado sacrificó la identidad transformadora del evangelio. ¿Qué hay de la misión de Dios? La iglesia es la agente del Reino en el mundo, no el teatro de doctrinas escogidas para no ofender a nadie. Al valorarse las expectativas de los buscadores por encima de la ética bíblica, la comunidad se convierte en una masa estadio de individuos que demandan un buen show religioso, pero sin el más mínimo interés de crecer y servir en un mundo quebrantado que necesita de Cristo (pues así fue como aprendieron el significado de la vida cristiana).

Octavo, a los pastores generales de las megaiglesias les gusta hablar de trabajo en equipo. Pero cuando el pastor y su esposa son los pastores generales, las decisiones se toman en la alcoba y no con los otros pastores. Aun peor, sus equipos lo componen sus clones. Lideres que ellos mismos han domesticado, y que fueron contratados por confianza y no por su currículum y capacidad profesional. Ninguno de estos líderes contratados tiene el valor de contradecir al pastor general, pues es un equipo jerárquico, y no democrático. ¿Es eso trabajo en equipo? ¿Quién contrata y despide pastores en las megaiglesias? Trabajo en equipo requiere de una organización plana, nunca jerárquica.

Noveno, a pesar de ser iglesias con cierta pasión por afectar la sociedad con el evangelio, su apoyo a las misiones o ministerios transculturales es mínimo. Su enfoque no está allá, sino aquí. Toda la energía está enfocada en el show del domingo. El presupuesto habla por sí solo. Es increíble notar el presupuesto operativo de estas iglesias, en comparación con el presupuesto que brindan a misioneros, y programas sociales. El hecho de estar gorditos no significa que estemos sanos.

Décimo y último aspecto es ese fuerte énfasis teológico en la prosperidad en algunas de las megaiglesias, más que todo de corte neopentecostales. ¡La teología eje de estas iglesias es la prosperidad! Si uno prospera es señal de fidelidad hacia y bendición de Dios. Prometen a todos poder recibir la prosperidad si siembran con fe. Sin embargo, es interesante que algunas de estas iglesias explican (no muy abiertamente) que los que reciben tal promesa de prosperidad necesitan de ciertos requisitos espirituales y morales cercanos a la descripción ético-espiritual de San Francisco de Asís. En otras palabras, yo puedo sembrar todo lo que pueda, pero si no prospero es por algún pecadillo en mi vida (pecado aun de omisión que la misma persona pueda ignorar). ¡La cosa es que no hay forma de perder ni ganar en este negocio de argumentos en cuanto a la siembra y la cosecha!

¡Por favor, no me malentiendan! No tengo nada personal contra las megaiglesias. Cosas muy buenas han traído de ellas. Pero, ¿Están sus pastores dispuestos a escuchar y querer corregir estas deficiencias para fortalecer su iglesia al servicio del Reino?


domingo, 6 de julio de 2014

El mensaje de Oseas: Un mensaje por descifrar

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
 
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I.      IDENTIFICACIÓN  PLENA 1:1
El versículo 1 es el título del libro. Todo el libro se caracteriza por la frase La palabra de Jehovah (v. 1a). La palabra no es solo lo que Oseas dijo, es decir sus palabras como tales, sino el mensaje unificado de Dios que se expresa en todo el ministerio de Oseas. Toda la tradición del profeta refleja la revelación del Señor que recibió o le sucedió a él. Es la revelación dada por el Señor a través de la vida de un hombre específico dentro del escenario de la historia. Entonces, su proclamación y su vida son un testimonio, una expresión del evento de la revelación de Dios.

El título solo dice que Oseas es hijo de Beeri. Su nombre significa “Salvación”, igual que la forma original del nombre de Josué. Oseas fue también el nombre de un efrateo contemporáneo de David, según 1 Crónicas 27:20. Por eso, su nombre, relacionado con la tribu de Efraín, y su dialecto señalan que era hombre del norte, de Israel.

Es interesante, entonces, que cuatro reyes de Judá son nombrados mientras que se menciona solamente el nombre de un rey de Israel, Jeroboam II (786–746). Alguien ha sugerido que en comparación con este rey, quien llevó a Israel a la prosperidad, los últimos seis reyes de Israel no merecen ser nombrados. Es más probable que este versículo refleje el hecho de que el libro fuera compuesto después de la caída de Samaria (en el año 722 a. de J.C.) pero en el territorio de Judá. 

El autor sería Oseas, o sus discípulos que conservaron sus palabras. Evidentemente el libro se escribió para un público que conocía mucho mejor la cronología de Judá que la de los reyes de Israel. Al marcar el período de los cuatro reyes demostró a los lectores que el ministerio de Oseas comenzó durante el reinado de Jeroboam y duró hasta el fin del reino del Norte.
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BOSQUEJO HOMILÉTICO
La Palabra de Dios
Os. 1:1, 2
Introducción: La Palabra viva de Dios toma la iniciativa para intervenir en la situación humana, ya que Dios se interesa en el hombre. 
Así su Palabra:
        I.      Es dada a los hombres.
      1.      La Biblia es un libro divino.
      2.      Así como vino a Oseas, viene a nosotros.

        II.      Es expresada por intermedio humano.
      1.      Es un libro humano, escrito para satisfacer las necesidades del hombre.
      2.    Así como fue dada por medio de Oseas, Dios quiere dar a conocer su mensaje por nuestro
              intermedio.

        III.      Expresa la voluntad de Dios y el llamado al individuo.
      1.      Afecta nuestra vida personal y familiar.
      2.      Nuestra obediencia muestra el carácter y el amor de Dios.

Conclusión: Demos gracias a Dios por su Palabra y compartamos su mensaje con nuestra vida y nuestra voz a aquellos que nos rodean.
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Las fechas del ministerio de Oseas son aproximadamente del 752 al 722 a. de J.C. A pesar de las dificultades cronológicas, es probable que Uzías y su hijo, Jotam, hayan compartido el trono desde el 750 a. de J.C. hasta la muerte de aquel (ver Biblia de Estudio Siglo XXI). 

Acaz reinó durante los años 742–727; y Ezequías, del 727 hasta el 698, si seguimos la cronología de Miller y Hayes. Ningún oráculo en el libro exige una fecha después de la caída de Samaria. Por eso, podemos poner el año 722 como el fin del ministerio de Oseas. También, los eventos del cap. 1 requieren un período de por lo menos unos seis años, y estos eventos tienen que haber sucedido durante el reinado de Jeroboam II o su hijo. Jeroboam murió en el 746; por lo tanto podemos fijar el comienzo del ministerio del profeta por el año 752 a. de J.C.

Debemos decir que poner las fechas del 752 al 722 para el ministerio de Oseas no significa necesariamente que él murió en este último año. Su ministerio a Israel terminó (porque Israel como tal desapareció). Sin embargo, es posible que el profeta haya escapado a Judá y que allá haya comenzado a escribir el libro que lleva su nombre. También es igualmente posible que él muriera en el desastre de Israel, pero que escaparan algunos discípulos suyos quienes conservaron sus palabras, y que en Judá se escribiera el libro. De todas maneras, es interesante notar que el cap. 1 se escribió en tercera persona.

Con ese título del versículo 1, sabemos que las narraciones y los oráculos de este libro no son solamente palabras, sino que son la palabra de Jehovah, eventos que revelan al hombre el carácter de Dios. Los vv. del 2 al 9 forman una unidad literaria compuesta por cuatro eventos simbólicos. Los eventos históricos de la vida de Oseas se subordinan al propósito de presentar un modelo para la relación existente entre Dios y su pueblo. Es decir, tenemos eventos históricos en la vida de Oseas, pero no debemos utilizar estos datos para escribir sobre la vida de Oseas o su matrimonio. 

Lo que tenemos es la predicación de Oseas en palabras y acciones. Los nombres de sus hijos no describen el estado de su matrimonio sino el estado del pacto entre Dios e Israel. En el pasaje hay una economía de expresión para que el mensaje de Dios se manifieste en una forma más brillante y más clara.

  II.      MODELO DEL MATRIMONIO, 1:2–3:5
  1.      La tragedia de la infidelidad, 1:2-9
Esta sección tiene su propio título: El principio de la palabra de Jehovah por medio de Oseas (v. 2a). Los eventos que se encuentran en esta sección son el inicio del ministerio del profeta y durante el reino de Jeroboam. No es el “llamamiento” de Oseas, sino que es el contenido del primer período de su predicación. En un tiempo de paz y prosperidad Oseas, como Amós su contemporáneo, declara la destrucción del reino de Israel tanto con palabras como con acciones. Su familia misma llega a ser un sermón vivo delante del pueblo.

En primer lugar, Oseas recibe el mandato: Vé, toma para ti una mujer dada a la prostitución (v. 2b). El heb. dice “una mujer de prostituciones”, lo cual ha sido interpretado en varias maneras. Desde la época de Orígenes y Jerónimo, este capítulo se interpreta como visión o alegoría. Tal interpretación se origina en la incapacidad del intérprete para creer que Dios pudiera mandar a un profeta a hacer algo tan repugnante. Sin embargo, es mejor pensar en el matrimonio como un evento real en la vida de Oseas. Hay eventos simbólicos en los otros profetas muy semejantes a los de este capítulo, por ejemplo los nombres de los hijos de Isaías.

Otros aceptan el matrimonio histórico de Oseas, pero dicen que la mujer de prostituciones es una descripción metafórica y esta “prostitución” es la idolatría de Gomer al igual que la de la nación. Ella es solamente una de los demás israelitas que no adoran al verdadero Dios según las tradiciones de sus padres.

Una tercera interpretación ve a Gomer como a una mujer que tenía tendencias de prostitución/adulterio, pero que no era prostituta cuando se casó con Oseas. Solamente después del matrimonio que le fue infiel. Así, por medio del dolor de su vida, Oseas aprendió del dolor del Señor con su pueblo infiel. Por eso, en los años posteriores a estos eventos, Oseas reinterpretó el significado de su matrimonio con Gomer desde la perspectiva divina.

Estas interpretaciones eluden a lo que se presenta en el texto como un choque a los sentidos: “¡Ve! ¡Cásate con una prostituta!”. Como el texto lo presenta, este mandamiento fue dado a Oseas antes del matrimonio. No es que Oseas aprendió por medio de sus experiencias algo que puede aplicarse a Dios y a su pueblo, sino que es Dios quien revela la verdad a Oseas y manda que su vida familiar sea un modelo de la relación que existe entre Dios e Israel. Así, es necesario que esta “prostitución” de la mujer sea conocida por Oseas y todo el pueblo. No es que esa mujer era “solamente” una israelita o que más tarde se dio a la prostitución. Sus “prostituciones” fueron evidentes antes de que ella se casara con el profeta.
Una cuarta interpretación sugiere que ella era una prostituta común. Sin embargo, la palabra “prostituciones” no es el término para una prostituta común.

Otros dicen que ella era una prostituta sagrada o prostituta cultual, comprometida en la adoración de Baal en algún sentido. No obstante, la palabra “prostituciones” (zenunim2181) tampoco es la palabra “prostituta cultual” (qedeshah6945), palabra que ocurre en 4:14. Sin embargo, se usa esta palabra “prostituciones” para describir a Jezabel en 2 Reyes 9:22, una mujer comprometida en la adoración de Baal. También en Génesis 38:24 Tamar es acusada de “prostituciones” porque está embarazada. Note que en Génesis 38:21 Judá, después de tener relaciones sexuales con ella en el camino a Timnat, le mandó el pago a la “prostituta cultual” de Enaim. Por eso, esta palabra “prostituciones” nos guía a un asunto sexual/cultual. Entonces, parece mejor pensar en Gomer como un tipo de “prostituta cultual”.

Es posible que en ese tiempo haya existido la costumbre entre las señoritas israelitas de ofrecerse por un tiempo como prostitutas culturales antes de casarse para recibir de Baal la fecundidad en su matrimonio. Gomer, según algunos, era una de esas mujeres que se habían dedicado a Baal para ser fértil. No obstante, a pesar del sincretismo de la religión de Israel en el tiempo de Oseas, es imposible probar que esta práctica existiera. Es más probable que Gomer era una prostituta al servicio del culto a Baal.

Ese matrimonio sería un escándalo sensacional. Todos irían a preguntarle: “Profeta, ¿qué significa esto?”. Entonces, Oseas les respondería: La tierra se ha dado enteramente a la prostitución (v. 3c). Prostituirse acá es metáfora para adorar a otros dioses, ídolos. Así, Gomer es modelo apta porque ella participa en la prostitución espiritual de Israel por medio de su prostitución física en los cultos a Baal.
Sin comentar los pensamientos de Oseas en cuanto a la orden que recibió, el texto dice que fue y se casó con Gomer, la hija de Diblaim. Inmediatamente la atención del lector se pone en el nacimiento del primer hijo, que por orden de Dios recibe por nombre Jezreel. 

En sí, esto es extraño porque Jezreel es el nombre de un lugar, no de una persona. El nombre significa “Dios siembra” y puede entenderse como una bendición. Jezreel es un valle rico en Israel, importante en la agricultura. También fue el sitio de batallas y victorias en la historia de Israel, por ejemplo las de Débora y Barac (Jue. 4 y 5) y Gedeón (Jue. 6 y 7).

Sin embargo, el profeta no proclama un mensaje de bendición y fertilidad. Jezreel también es el nombre de una ciudad que ha sido sitio de hechos de sangre, y el profeta condena la casa real por estos pecados. Esa ciudad ha visto el crimen de Acab y Jezabel contra Nabot entre los pecados de la casa de Omri. No obstante, es la casa de Jehú la que es condenada. Los hechos de sangre aluden a los eventos de 2 Reyes 9 y 10. Jehú mató no solo al rey de Israel, en su golpe de estado, sino también al rey de Judá. Era responsable de la matanza de los setenta hijos de Joram. 

Dirigió la exterminación de los que adoraban a Baal, aunque él mismo no adoraba a Dios en una manera pura (2 Rey. 10:29). Jehú era culpable de violencia igual que los que lo precedieron, y los que le siguieron. Por eso el fin de su dinastía se acercó. El nombre extraño de su primer hijo le dio a Oseas la oportunidad de predicar el mensaje de Dios. La sorpresa era que el mensaje no era uno de fertilidad y prosperidad. Jezreel no indicaba que Dios sembraría bendiciones; al contrario, él iba a sembrar destrucción.

El v. 5 es otra palabra de Oseas, pero fue pronunciada en un período posterior de su ministerio, probablemente cerca del año 733 a. de J.C. cuando el rey de Asiria tomó en batalla el valle de Jezreel. Ahora, este nombre se aplica al valle, no a la ciudad, para recalcar que estos eventos son el juicio de Dios y que ahora este juicio se aplica a Israel como nación entera y no solamente a la casa de Jehú.
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La “descendencia” del pecado
 OSEAS1:4–9
Introducción: Así como Oseas recibió la indicación de poner nombres a su descendencia, Dios nombra el juicio al pueblo pecador.
        I.      Jezreel: El juicio de Dios anunciado.
      1.      Jezreel significa “Dios siembra”.
      2.      “El arco” de Israel sería quebrado.

        II.      Lo-rujama: El amor de Dios retirado.
      1.      Lo-rujama significa “no compadecida”.
      2.      Dios ya no mostrará su compasión al pueblo rebelde.

        III.      Lo-ammí: El pueblo de Dios desechado.
      1.      Lo-ammí significa “no mi pueblo”.
      2.      Al final, todo lazo con Dios queda destruido a causa de la desobediencia.

Conclusión: El pecado va profundizando en la vida del individuo y el juicio de Dios es seguro sobre los incrédulos. Hoy es el tiempo del arrepentimiento y de volver a Dios.
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Los vv. 6 y 7 forman el tercer evento simbólico de esta sección. Gomer concibió de nuevo y dio a luz una hija. Oseas es el padre de esta hija y por la orden de Dios le pone el nombre “no recibe el amor del padre”. Otra vez, no debemos leer el nombre de esta hija como descripción del estado del matrimonio del profeta. Aunque el texto no dice que dio a luz (comp. v. 3b), la omisión debe considerarse como una parte de la economía de expresión que se muestra en el pasaje. Como parte de esa misma “economía”, la palabra Dios no aparece aquí en el texto heb. del v. 6 (ni en el v. 9, como explica la nota en la RVA). Se entiende, entonces, que la recién nacida es la hija de Oseas, y porque ella es su hija el nombre va a incitar al pueblo a preguntarle: “Profeta, ¿qué significa esto?”.

Oseas contestará que, a pesar de la esperanza que Judá pudiera tener (v. 7), Israel no recibirá la compasión o protección que un hijo espera de sus padres porque no se comporta como hijo. Si el “no” de la frase previa se aplica a ésta también, se ha de entender como que Dios dice de su hija Israel: “No la soportaré más”. Otra traducción sería: “Ciertamente, los llevaré”. De traducirse así, tiene que entenderse como profecía del cautiverio asirio de Israel.

El cuarto evento simbólico de la sección se presenta en los vv. 8 y 9. Comienza: Después de destetar a Lo-rujama… (v. 8a). La frase es más que una nota biográfica. Normalmente, las israelitas destetaban a sus hijos cuando tenían unos tres años (comp. 1 Sam. 1:24). El evento era importante y hasta festivo en Israel (Gén. 21:8). Pero el detalle es mencionado en este pasaje para subrayar que Dios había esperado un largo tiempo antes de dar este tercer signo de su castigo. El detalle testifica la paciencia divina, e implica que hay otro propósito que solo la destrucción en el juicio de Dios. Él busca el arrepentimiento y la reconciliación.

Sin embargo, la gente no respondió a esta invitación, y por eso el nacimiento del tercer hijo llegó a ser la ocasión de proclamar la palabra más dura que Dios envió a Oseas: Ponle por nombre Lo-ammí. Que este nombre, “no pueblo mío”, se aplica a Israel y no al hijo me parece claro. En la interpretación del nombre, por primera vez, Dios habla directamente a Israel: Vosotros no sois mi pueblo ni yo soy vuestro Dios. La traducción de esta última frase en RVA representa una ligera enmienda textual muy común (ver también RVR-1960). Sin embargo, tanto el texto masorético (TM) como la Septuaginta (LXX) pueden ser traducidos lit.: “Y yo no yo soy para vosotros”. Puede entenderse cómo Oseas emplea el nombre de Dios que se reveló en Éxodo 3:14, YO SOY. La interpretación del nombre Lo-ammí sería: “Vosotros no sois mi pueblo, ni soy YO SOY para vosotros”.

Se nota una progresión del castigo cada vez más severa en los vv. 4 al 9. Israel tendrá un desastroso futuro sin rey (v. 4), sin el amor fraternal de Dios (v. 6), y ahora, un futuro sin Dios mismo (v. 9). Que Dios no sea el YO SOY de Israel equivale a decir en términos radicales, que el pacto ya se abolió. El pueblo de Dios rompió el pacto, y ahora sufrirá la maldición que el pacto mismo prescribió en las tradiciones preservadas en Deuteronomio 31:16–18. Con este oráculo parece que no hay más que decir. Sin embargo, este es solamente un lado del mensaje de Oseas.


  2.      La felicidad potencial, 1:10–2:1
Oseas ahora ofrece la esperanza de un nuevo futuro para el pueblo de Dios. Algunos han expresado dudas en cuanto a que Oseas proclamaría este mensaje después de lo que dijo en los vv. 2 al 9, pero hay que notar dos cosas: 1) La esperanza es una parte integral del mensaje de Oseas (2:14–23; 3:1–5; 11:8–11; y 14:4–8), y 2) la posición actual de 1:10–2:1 probablemente se debe al proceso de redacción del libro y no a un estricto orden cronológico de la predicación del profeta. Cuando se escribió el libro, posiblemente se sentía la necesidad de poner juntos los dos tipos de mensajes, juicio completo y salvación.

Realmente los mensajes no son alternativas opcionales. La salvación no es una opción que Israel puede escoger, sino que, al igual que el juicio, es totalmente la obra de Dios. En un futuro lejano, después del futuro más inmediato, Dios iniciará el cumplimiento de las promesas a los patriarcas (Gén. 32:12; 22:17), dice Oseas. Sin embargo, esta esperanza se presentará solamente después del juicio ya proclamado por el profeta. Y sucederá que en lugar de lo que se les dijo: Vosotros no sois mi pueblo, se les dirá: Hijos del Dios viviente (v. 10c).

Lit. el versículo dice: “Y sucederá en lugar de que se les dijo…”. Varios eruditos han sugerido que “en lugar de que” es sinónimo de “en vez de”. Sin embargo, tal traducción, según otros eruditos, estaría sin paralelo en el AT. Otros opinan que el artículo definido está presente implícitamente y que por eso sería mejor entender la frase lit. “en el lugar donde”. La pregunta entonces sería: “¿Cuál lugar?” La palabra “lugar” en el AT puede significar un santuario, un lugar santo. Entonces, en el mismo santuario en el cual Oseas proclamaba sus mensajes de los nombres de sus hijos, nuevos nombres serán dados, y nuevos significados se proclamarán. O, si “lugar” no es un centro cúltico, entonces se refiere a Jezreel, un lugar que es de mucha importancia para la predicación de Oseas.

Maestro de la Escuela Dominical: Jesús siempre respondió de un modo perfecto a las circunstancias que le tocó vivir

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
 
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  En una ocasión, una maestra amiga me compartió una experiencia triste que recién había vivido.
  —Hace unos días fui a visitar a tres niños de mi Escuela Dominical que acababan de perder a su madre por un cáncer—me comentó muy perturbada—. Pero cuando llegué, no sabía qué hacer o qué decir. ¡Nunca me sentí tan inútil!
  —¿Qué pasó? ¿Por qué estás tan mal? —le pregunté.
  —Cuando llegué abracé a los tres niños —dijo— y me largué a llorar a la par de ellos. Pero para mi sorpresa uno de los tíos me retó y me dijo que los niños no necesitaban verme llorando. ¡Tuve la sensación que mi visita les había molestado! Me fui de allí muy mal, sintiéndome como una intrusa. Todavía me queda una sensación fea, como que fracasé en mi intento de consolarlos.

Yo traté de darle a mi amiga otra perspectiva con relación al incidente que había vivido.
  —¿Qué te parece que hubiese hecho Jesús con esos niños? —le pregunté.
  Se quedó mirándome y luego me contestó que seguramente Jesús hubiese sabido perfectamente cómo consolar mejor a esos tres niños angustiados.
  —Puede ser —le dije—, pero creo que hubiese hecho lo mismo que tú hiciste. Creo que él los estaba consolando de la mejor manera a través de tus abrazos y tus lágrimas.

Nos cuesta pensar en un Jesús humanizado respondiendo en formas sencillas a la las complicadas demandas de la vida. Preferimos pensar que Jesús siempre respondió de un modo perfecto a las circunstancias que le tocó vivir, sin tener las dudas con las cuales nosotros luchamos. Nosotros, en cambio, no sabemos qué hacer o qué decir en ciertas circunstancias y llevamos un sentido de culpa por no tener las respuestas adecuadas. Por eso elaboramos enormes distorsiones en el concepto de Dios y, sin darnos cuenta, se las transmitimos a los niños. Las distorsiones pueden ser cambiadas solamente por una fe sencilla y natural demostrada por personas que aman a Dios y han aprendido a amar a los niños. Mi amiga estaba mostrando el amor de Dios a esos pequeños niños de la mejor forma, compartiendo su desolado dolor. Sus abrazos y lágrimas eran un reflejo de la misma actitud que el Señor demostró cuando lloró por la muerte de su amigo Lázaro y compartió la angustia de sus hermanas y amigos (Juan 11:17 a 37).

Este pequeño incidente que he relatado ilustra uno de los elementos más importantes del ministerio pastoral a los niños. El hecho de ejercer lo que llamo “ayuda pastoral” significa que aprovechamos cada oportunidad que se nos presenta para contribuir a la formación espiritual del niño. La enseñanza que recibe en la clase es solo una parte de lo que llamaríamos su “formación espiritual”. Idealmente, el entorno familiar debería contribuir a ello; mejor dicho, debería ser el fundamento de esta formación. Pero como esto no se da en la mayoría de los hogares, aun en aquellos donde los padres son cristianos. En tanto, es el maestro de Escuela Dominical u otro adulto comprometido a su bienestar quien juega un papel decisivo en la formación espiritual del niño. El nivel de influencia que ejerce esta persona dependerá en dos cosas: de la relación afectiva que tiene con el niño y de su comprensión de cómo guiar al niño en el desarrollo de su relación con Dios.

La necesidad de una relación personal con Cristo
Para que el niño pueda recibir la ayuda pastoral en su mayor sentido, debe conocer a Cristo como su Salvador personal. Esto no es una excusa para hacer diferencias en el trato con los niños. Pero no se puede hablar de formación espiritual sin que la persona, en este caso el niño, haya hecho un compromiso inicial de fe en Cristo como Salvador. Esta experiencia afecta el alcance de lo que se puede lograr en su formación espiritual. Por eso no debemos perder de vista la necesidad de estructurar momentos especiales donde podemos presentarles el plan de salvación y darles la oportunidad de tomar sus primeros pasos hacia un compromiso inicial con el Señor.

Hay muchas maneras de presentar el plan de salvación a los niños. La inmensa variedad de caminos a través de los cuales las personas llegan a Dios hace imposible fijar una sola fórmula que deba aplicarse para toda persona como pasos inalterables en la decisión de fe. La individualidad del niño es tan absoluta como la del adulto, y no debería ser ignorada por el uso de esquemas presuntamente aplicables a todos. No obstante, el niño debe entender en alguna medida ciertas verdades básicas para aceptar a Cristo como su Salvador. Sugiero que en este proceso de guiar al niño en su decisión de fe el maestro use un lenguaje sencillo (ver la explicación que sigue) sin entrar en explicaciones simbólicas, ya que, por su desarrollo intelectual, el niño no capta aún los simbolismos. También es mejor usar un solo texto bíblico para no confundirlo. Sugiero el uso de Juan 3:16 de la Versión Popular “Dios habla hoy”, en el cual, después de que el niño haya orado personalmente expresando su necesidad a Dios, el maestro puede leer el versículo con él sustituyendo la palabra “mundo” y la frase “todo aquel” con el nombre del niño.

Estas son las verdades básicas que el niño debe entender (los versículos en paréntesis son para el conocimiento del maestro):
1. Dios ama a todos sin excepción y quiere que seamos parte de su familia. Así lo declara Juan 3:16.
2. Todos hemos pecado y por eso no podemos sentir el amor de Dios ni tampoco ser sus hijos. El pecado es la actitud que dice: “Yo hago lo que yo quiero y no lo que Dios quiere”. El pecado me separa de Dios (Romanos 3:23).
3. Cristo, el Hijo perfecto de Dios, murió en la cruz por mis pecados (1 Juan 4:10, Romanos 5:8).
4. Si siento tristeza por mis pecados, puedo arrepentirme y pedirle perdón a Cristo. En ese momento, él me perdona y llega a ser mi Salvador personal, haciéndome un hijo de Dios (Juan 1:12).
5. Vivir como hijo de Dios significa obedecer lo que Dios quiere de mi vida. Él está conmigo para ayudarme a vivir así (1 Juan 2:17, Gálatas 2:20).

Este esquema cubre los puntos importantes del evangelio. Por supuesto, el niño puede responder a la invitación de recibir a Cristo como su Salvador sin entender todo lo que estos conceptos teológicos significan. La regeneración de una vida es obra del Espíritu Santo y no se ve limitada a nuestros tiempos ni esquemas de vida. Dios es original en todo lo que hace en cada vida. En la ayuda pastoral que el adulto ofrece al niño, uno no está obligándolo a cierto proceso sino acompañándolo en entender y profundizar su relación personal con Dios. Es importante reconocer y respetar los diferentes procesos que Dios utiliza en cada vida.

La confesión del pecado y el perdón de Dios
Los encuentros pastorales con niños en forma individual ofrecen hermosas oportunidades para profundizar los conceptos espirituales más importantes. Por ejemplo, cuando el niño reconoce que ha estado involucrado en algún problema que ha surgido de su conducta, el maestro tiene la oportunidad ideal para hablar del arrepentimiento y la confesión y, cuando es oportuno, preguntarle si quiere confesar su conducta incorrecta a Dios y pedir su perdón. Sin embargo, uno debe tener mucho cuidado de no culpar al niño por alguna conducta porque es posible que él haya sido víctima de circunstancias fuera de su control. Pero cuando el niño mismo acepta responsabilidad por su desobediencia, o cuando confiesa tener sentimientos de odio y rencor, la oportunidad se presenta para hablar del perdón que el Señor ofrece cuando confesamos nuestros errores. 

Un encuentro pastoral, donde se puede admitir los errores y pecados cometidos, es un momento propicio para que el niño comience a entender la importancia del perdón que él puede recibir. El niño debe ser ayudado a entender que él, al igual que todos, necesita practicar el hábito de pedir perdón por los errores que comete. También debe entender que él puede ofrecer perdón a otros. Merece señalar aquí que nunca se le debe obligar al niño a perdonar a las personas que le han hecho un daño. Más bien, uno debe explicarle que Dios nos capacita para perdonar a otros de la manera en que él nos perdona a nosotros, y que cuando uno perdona a la persona que me ofendió o me hizo daño, yo encuentro verdadera paz. Hay niños que necesitan ser ayudado en el difícil proceso de perdonar a quienes le han hecho daño: a sus padres, a sus hermanos, a sus maestros, a sus compañeros, a sus vecinos u otros. El poder perdonar a otro libera al niño, como lo hace también al adulto, de las emociones dañinas de odio, rencor y amargura. El perdonar a otro nos fortalece espiritualmente y hace posible la reconciliación entre las personas ofendidas o heridas.

Como el perdón es un concepto intelectual, el niño necesita algún elemento concreto para entender las circunstancias cuando debe perdonar y cuando podrá perdonar a otros. Una herramienta que he encontrado muy eficaz para esto es la “La rueda del perdón” (ver ilustración). La rueda más grande es para usar con un niño que necesita reconocer ciertas circunstancias donde debe perdonar a otro por algún daño cometido contra él (me mintió, me gritó, etcétera). La rueda intermedia contiene los nombres de las personas que pueden haben cometido el daño (amigo, padre, hermano, etcétera) y se usa para ayudar al niño a tomar conciencia de las personas que él puede perdonar. La rueda del medio especifica aspectos del perdón, como por ejemplo, “Yo lo perdono por…” o “Voy a escribir una carta que dice…”, etcétera).

El Concepto de Dios
El niño adquiere un concepto de Dios gradualmente a través de muchos factores que influencian su entorno. Si sus padres son cristianos y tienen el hábito de asistir a una iglesia, el niño irá formando su concepto a través de todo lo que escucha en la iglesia, principalmente por las clases donde recibe enseñanza bíblica, por las prédicas del pastor, por su participación en los cultos, y por los encuentros pastorales, si las hay. La adquisición de un concepto positivo de Dios es quizá el beneficio más importante en el ministerio pastoral entre la niñez. El niño, por su necesidad de tener representaciones concretas de los conceptos intelectuales, distorsiona fácilmente su imagen de Dios por lo que escucha en la iglesia y por lo que vive en su casa. 

Por ejemplo, sus primeras ideas acerca de Dios Padre han de estar estrechamente condicionadas por la percepción que tiene de su propio padre y de las experiencias que vive con él. Si esa relación es distante o conflictiva, su percepción de Dios adquirirá las mismas características. Es dichoso el niño que goza de una relación vital y afectiva con su padre, que confía plenamente en él y que siente que él está interesado e involucrado en su vida. 

Una relación así crea parámetros ideales para una relación sana e íntima con Dios. Debemos recordar la importancia que tiene la presencia de otro adulto en la vida del niño, especialmente en los casos donde el niño no tiene un modelo positivo. Este niño necesita a alguien confiable que puede estar involucrado en su vida y que sepa demostrarle amor incondicional y una vida que refleja las características del Señor. Cuanto más disfuncional sea la familia del niño, tanto más importante es el maestro u otro adulto en su formación espiritual. Esta persona puede ser hombre o mujer, pero es esencial que su compromiso con el niño sea incondicional y que sus interacciones con él manifiesten la actitud de gracia que Dios muestra hacia nosotros: “Tú eres mi hijo amado; estoy muy complacido contigo” (Marcos 1:11, NVI).

Todo programa religioso dirigido hacia el niño está impartiendo de muchas maneras información que condiciona su imagen de Dios. Piense en el escenario donde tal programa puede distorsionar el concepto de Dios en vez de edificarlo. Sería así: el programa de la Escuela Dominical está totalmente desorganizado; lo que se promete no se hace; los maestros no cumplen ni con los horarios ni con sus responsabilidades y manifiestan interés en cualquier otra cosa menos que en sus alumnos; el espacio físico donde se desarrollan las clases es estrecho, incómodo e improvisado; y la actitud de la congregación hacia ellos es sacarlos de los cultos para que no molesten. En ese escenario, el niño va recogiendo una impresión que ha de condicionar negativamente su vida de fe: “En la casa de Dios, no me toman en cuenta”.

Aunque ésta es la triste realidad en muchas iglesias, es más que evidente que no debemos insultar la dignidad del niño sujetándolo a esas condiciones. Tenemos que incentivar otra actitud hacia el niño, para que podamos sembrar conceptos positivos acerca de Dios en su vida. La redefinición que propongo en cuanto a la tarea del maestro es que él sea más que una fuente de información (preocupado únicamente por el contenido de la lección o las actividades de un programa) o más que un niñero (ocupado en entretener al niño durante el tiempo del culto de los adultos). Vuelvo a decir, entonces, que el maestro debe pensar en su labor en términos de dar cuidado pastoral a los niños bajo su cargo y debe orientar su tarea como un ministerio hacia ellos. Ese ministerio enfocará entre otras cosas las necesidades emocionales del niño, especialmente su dolor. De esa forma nuestras iglesias llegarán a ser verdaderamente lugares en donde los niños viven la realidad de las palabras de Jesús: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos” (Marcos 10:14, NVI).

La libreta de oración
Un aspecto fundamental del ministerio pastoral con los niños es la oración. La práctica de la oración es algo que se aprende. Dichosa la persona que aprendió de niño el hábito de la oración. La mayoría de las personas no han tenido esa experiencia y como tal luchan por incorporarlo en su vida adulta. El niño puede aprender el hábito de la oración. También puede experimentar que Dios se hace real en la vida a través de la oración porque por ella expresamos no solamente nuestras necesidades y problemas sino también nuestra gratitud y adoración. El niño necesita sentir la seguridad que la oración le puede dar para enfrentar sus vivencias. Esa seguridad queda confirmada cada vez que puede compartir un momento de oración con su maestro. 

Hay algo importante y concreto que el maestro puede hacer para reforzar con sus alumnos la importancia de la oración: esto es tener una “Libreta de Oración”. El maestro explica que esta libreta es su propiedad privada y que adentro hay una página que corresponde a cada niño. En ella anota las peticiones especiales que le puede compartir algún niño durante una clase o en un encuentro pastoral individual. Es importante que el maestro permita que los niños vean que usa su libreta (quizá cuando está anotando alguna petición) pero que lo guarde en seguida para que ellos sepan que sus peticiones más personales son mantenidas por el maestro en completa confidencialidad. En los encuentros pastorales subsiguientes con el niño, es valioso revisar las peticiones que ha expresado y cómo Dios ha obrado en ellas.

En mi ministerio he visto muchas veces cómo el niño responde a las palabras “estoy orando por ti”. Después de que yo haya tenido un encuentro privado con un niño y él haya compartido algún problema conmigo, cuando lo veo en domingos subsiguientes me acerco a él y le digo, a veces al oído: “estoy orando por el problema que me compartiste”. En seguida sus ojos destellan y brota una sonrisa. Con esas palabras sencillas, él sabe que no está solo. Hay un adulto que se interesa en él y lo acompaña en su lucha. Ojalá muchos adultos entendieran la importancia de sostener al niño de esta forma.
 


Cuáles son los planes para evangelizar: Evangelización, la tarea suprema del cristiano

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
 
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  El problema de los métodos de evangelización
Propósito y pertinencia: estos son los problemas cruciales de nuestra labor. Tienen relación mutua y la significación de toda nuestra actividad dependerá en gran parte de la medida en que logremos que ambos elementos sean compatibles. El hecho solo de que estemos ocupados (o de que seamos hábiles) en alguna actividad no significa necesariamente que estemos cumpliendo algún propósito. Siempre habrá que preguntarse: ¿Vale la pena hacerlo? ¿Se cumple la tarea establecida?
Estas son las preguntas que debieran plantearse constantemente en relación con la actividad evangelizadora de la iglesia. En nuestros esfuerzos por llevar adelante las cosas, ¿estamos realmente cumplimentando la gran comisión de Cristo? ¿Vemos como resultado de nuestro ministerio una comunidad creciente y pujante de hombres consagrados que comunican al mundo el evangelio? No se puede negar que estamos muy ocupados en la iglesia, afanados por llevar a cabo un programa tras otro de evangelización. Pero, ¿estamos cumpliendo el propósito deseado?

  A la función le sigue la forma
Nuestra atención se centra de inmediato en la necesidad de idear una bien madurada estrategia de acción diaria, en función de la meta a largo alcance que nos proponemos alcanzar. Debemos estar conscientes de cómo armoniza determinado curso de acción con el plan general que Dios tiene para nuestra vida, si queremos que conmueva nuestra alma con un sentido de destino. Esto es así en cualquier procedimiento o técnica que se utilice para propagar el evangelio. Al igual que un edificio se construye de acuerdo con un plano diseñado en función de su uso, así también todo lo que hacemos debe tener un propósito. De lo contrario, nuestra actividad puede resultar inútil por falta de rumbo y por confusión de metas.

  Estudio de los principios
Lo anterior explica lo que ha motivado este estudio. Es un esfuerzo por descubrir los principios que dirigieron las acciones del Maestro; con la esperanza de que nuestros propios esfuerzos puedan conformarse a una pauta semejante. Por consiguiente, el libro no pretende interpretar métodos específicos de Jesús en la evangelización personal o de masas.* Es más bien un estudio de los principios que forman el sustrato de su ministerio: principios que determinaron sus métodos. Se le podría llamar un estudio de su estrategia de evangelización en torno a la cual orientó su vida sobre la tierra.

  Necesidad de más investigación
Causa sorpresa lo muy poco que se ha publicado acerca de este tema, aunque, desde luego, la mayoría de los libros que tratan de métodos de evangelización contienen en forma somera algo acerca de ello. Lo mismo podría decirse de los estudios acerca de los métodos docentes de Jesucristo, como también de las historias generales que tratan de su vida y obra.

Probablemente el estudio más esmerado que se ha escrito hasta la fecha, en cuanto al plan general de evangelización del Maestro, haya sido en relación con la preparación de los discípulos. Destaca entre todos el libro The Training of the Twelve (La Preparación de los Doce) de A. B. Bruce. Publicado por primera vez en 1871 y revisado en 1899, este relato del crecimiento de los discípulos en la presencia del Maestro, no ha sido superado en cuanto a riqueza de ideas. Otro volumen, Pastor Pastorum, de Henry Latham, escrito en 1890, hace hincapié sobre todo en la forma en que Jesús preparaba y capacitaba a hombres, aunque resulta menos comprensivo en su análisis. Después de estos primeros estudios, han aparecido unos cuantos volúmenes menores que proporcionan ideas estimulantes siempre en relación con el mismo tema. No todos estos volúmenes tienen el mismo punto de vista teológico evangélico, pero es interesante advertir que coinciden cuando se trata de evaluar la característica fundamental de la obra que Jesús realizó con los discípulos.

Lo mismo se puede decir de muchas obras prácticas acerca de diversas fases de la vida y ministerio de la iglesia que han sido publicadas en años recientes, sobre todo de los escritos relacionados con el movimiento creciente de testimonio laico y de grupos pequeños dentro de la iglesia. Estamos conscientes de que estos autores no han escrito de modo primordial desde el punto de vista de la estrategia de la evangelización; con todo, debemos reconocer lo mucho que les debemos por tratar de los principios fundamentales del ministerio y misión de nuestro Señor.

Sin embargo, el tema de la estrategia básica de Jesús muy pocas veces ha recibido la atención que merece. Aunque agradecemos los esfuerzos de los que la han estudiado —y no prescindimos de sus hallazgos—, sigue siendo apremiante la necesidad de más investigación y aclaración, sobre todo en el estudio de las fuentes primarias.

  Nuestro plan de estudio
Para comprender plenamente el plan de Jesús, debemos acudir al Nuevo Testamento y, en especial, a los Evangelios. A fin de cuentas, son los únicos relatos de primera mano que nos hablan del Maestro en acción (Luc. 1:2, 3; Jn. 20:30; 21:24; 1 Jn. 1:1). Es cierto que los Evangelios se escribieron primordialmente para presentarnos a Cristo el Hijo de Dios, y para que por fe podamos tener vida en su nombre (Jn. 20:31). Pero lo que a veces no acertamos a ver es que la revelación de esa vida en Cristo incluye la forma cómo vivió y enseñó a otros a vivir. Debemos recordar que los testigos que escribieron los libros no sólo vieron la verdad, sino que la verdad los cambió. Por consiguiente, al escribir el relato nunca dejan de hacer resaltar lo que más influyó en ellos y en otros para que dejaran todo y siguieran al Maestro. Claro que no lo mencionan todo. Como cualquier otro historiador, los autores de los Evangelios presentan un cuadro de conjunto, poniendo de relieve unas pocas personas y experiencias características y haciendo resaltar ciertos puntos vitales dentro del desarrollo de los acontecimientos. Pero en lo que respecta a esas cosas que se seleccionan y detallan con esmero y con integridad absoluta bajo la inspiración del Espíritu Santo, podemos tener la seguridad de que conllevan la intención de enseñarnos cómo seguir las huellas del Maestro. Por esto, los relatos evangélicos de Jesús constituyen nuestro mejor e infalible libro de texto sobre la evangelización.

De ahí que el plan de este estudio es el de seguir las pisadas de Jesús, tal como se describen en los Evangelios, sin recurrir mayormente a fuentes secundarias. Para ello se ha examinado con detenimiento —repetidas veces y desde varios puntos de vista— el relato inspirado de su vida, con el afán de descubrir la razón que lo indujo a llevar a cabo su misión en la forma en que lo hizo. Sus tácticas se han analizado desde el punto de vista de su ministerio en conjunto, con la esperanza de entender de este modo el significado más amplio que revistieron los métodos que siguió con los hombres. Hay que confesar que la tarea no ha sido fácil, y sería yo el primero en admitir que queda mucho por aprender. Las dimensiones ilimitadas del Señor de Gloria no pueden en modo alguno encerrarse en alguna interpretación humana de su perfección, y cuanto más lo contempla uno, tanto más se da cuenta de que así es.

  Cristo: ejemplo perfecto

No obstante de reconocer esta realidad, ningún otro estudio resulta más satisfactorio. Por limitadas que sean nuestras facultades perceptivas, sabemos que en Jesús tenemos al Maestro perfecto. Nunca cometió error alguno. Si bien compartió nuestra vida y fue tentado como nosotros, no estuvo sujeto a las limitaciones de la carne de que se revistió por nuestro bien. Aun en los casos en que decidió no utilizar su omnisciencia divina, su mente tuvo una claridad absoluta. Siempre supo discernir la senda recta y, como hombre perfecto, vivió tal como Dios viviría entre los hombres.

  Su propósito fue claro
Los días que Jesús vivió como hombre no fueron sino la manifestación, en el tiempo, del plan que Dios concibió desde el principio. Siempre lo tenía presente en su mente. Quería salvar del mundo y reservarse para sí un pueblo y también edificar una iglesia del Espíritu que nunca pereciera. Tenía puesta la mirada en el día en que su reino aparecería con toda gloria y poder. Este mundo era suyo por creación, pero no quiso convertirlo en su morada permanente. Sus mansiones estaban en lo alto. Fue a preparar para su pueblo un lugar que tenía fundamento eterno en los cielos.

Nadie estaba excluido de su propósito de gracia. Su amor era universal. No nos confundamos en cuanto a esto. Era “el Salvador del mundo” (Jn. 4:42). Dios quiso que todos los hombres se salvaran y llegaran al conocimiento de la verdad. Para ello se entregó Jesús a fin de ofrecer a todos los hombres la salvación del pecado, y al morir por uno, murió por todos. Al contrario de nuestra forma de pensar superficial, en la mente de Jesús no existió jamás distinción alguna entre misiones extranjeras y domésticas. Para Jesús era todo evangelización mundial.

  Se propuso triunfar
Toda su vida se encaminó a este propósito. Todo lo que hizo y dijo fue parte del plan general. Su significado emanaba del hecho de que contribuía al propósito último de su vida de redimir el mundo para Dios. Esta fue la visión rectora de su conducta. Fue la norma de todos sus pasos. Démonos bien cuenta de ello. Ni por un momento perdió Jesús de vista su meta.

Por esto es de suma importancia examinar la forma cómo Jesús realizó su propósito. El Maestro puso de manifiesto la estrategia de Dios para la conquista del mundo. Tenía confianza en el futuro precisamente porque vivió de acuerdo con ese plan en el presente. En su vida nada hubo fortuito: no hubo energías malgastadas ni palabras ociosas. Se dedicó a los negocios de su Padre (Luc. 2:49). Vivió, murió, y resucitó según lo previsto. Al igual que un general planea el curso de la batalla, el Hijo de Dios hizo planes para triunfar. No se pudo permitir el lujo de correr riesgos. Sopesó todas las alternativas y los factores variables en la experiencia humana, después de lo cual concibió un plan que no fallaría.

  Su plan merece cuidadoso examen
Es sumamente revelador estudiarlo. Reflexionar en ello con seriedad conduce al cristiano a conclusiones profundas y a veces abrumadoras, si bien es probable que su plena comprensión resulte lenta y ardua. De hecho, a primera vista podría incluso parecer que Jesús no tuvo plan alguno. Otros descubrirán una técnica particular pero no las normas básicas. Y aquí radica una de las maravillas de esa estrategia. Es tan modesta y silenciosa, que el cristiano atolondrado no atina a descubrirla. Pero cuando el discípulo dispuesto llega por fin a caer en la cuenta del método general de Jesús, le sorprende su sencillez y se pregunta cómo la pudo pasar por alto anteriormente. Sin embargo, cuando se reflexiona acerca del plan de Jesús, la filosofía básica del mismo es tan diferente de la de la iglesia moderna, que sus implicaciones resultan poco menos que revolucionarias.

Las páginas que siguen pretenden aclarar ocho principios rectores del plan del Maestro. Sin embargo, debe aclararse que no hay que entender los distintos elementos si se dieran siempre en un mismo orden, como si el último no comenzara hasta tanto que los otros estuvieran en pleno funcionamiento. De hecho, cada uno de ellos implica todos los demás y, en cierto modo, todos comenzaron con el primero. El esquema sólo pretende estructurar el método de Jesús y hacer resaltar la lógica progresiva del plan. Se observará que a medida que el ministerio de Jesús se desarrolla, los elementos se hacen más patentes y la secuencia de los mismos se vuelve más perceptible.