viernes, 26 de junio de 2015

Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no abandones las enseñanzas de tu madre,

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
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Kenneth E. Bailey - Biblioteca Teológica Vida - Vol 6 - Las Parábolas De Lucas: Un Acercamiento Literario a Través De La Mirada De Los Campesinos De Oriente Medio


El trabajo extensivo de Bailey en la cultura campesina del Medio Oriente le ha ayudado en su intento de determinar las suposiciones culturales a las que habría llegado su audiencia al contarles las parábolas. Los mismos valores que comunicaron las parábolas en el tiempo de Jesús, sugiere Bailey, pueden ser descubiertos hoy en comunidades aisladas en lugares como Egipto, Líbano, Siria e Irak. Al explorar las visiones mundiales sobre estas culturas, es posible discernir, por ejemplo, lo que significó hace dos mil años atrás para un amigo venir a llamar a media noche, o que un hijo pidiera su herencia antes de que su padre muriera. A través de una combinación de análisis literario y cultural, estos estudios logran una gran cantidad de profundos avances en la interpretación de las parábolas de Jesús.

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Alfonso Calderón - Bosquejos Para Predicar


Contenido:
-Las Metas Del Cristiano
-Las Características De Una Iglesia Saludable
-La Perfección
-La Importancia Del Dominio Propio En El Cristiano
-La Bebida Bíblica
-Fuistes Formado Para La Familia De Dios
-Factores Que Unen Al Cuerpo De Cristo
-¡Estoy Débil!
-Enfermedades Del Corazón
-El Poder De La Alabanza y La Adoración
-El Enojo De Jonás
-El Carácter Cristiano-
-Nada Puede Estorbar-La Liberación Del Oprimido
-Necesitamos Conocer Las Armas Para La Batalla Espiritual
-Propósitos Para El Nuevo Año
-La Predicación Es Imperiosa Para Que Otros Se Salven
-Tesis De La Guerra Espiritual
-Oponer Resistencia a La Mayoría
-Ocho Desiciones Para Nuestro Crecimiento
-Higienizando Nuestra Casa Para Ser Testimonio
-La Restauración Del Creyente
-Conocer La Buena Nueva y No Predicarla Es Maldad
-El Altar Familiar,Una Necesidad De Nuestro Tiempo

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Martin Lloyd Jones - La Predicación y Los Predicadores


Que este libro está concebido ante todo para pastores y predicadores nadie lo puede negar. Pero limitarlo a los tales es algo que sí se puede cuestionar. Sin duda, los más beneficiados serán los ministros de la Palabra: ellos serán los que más provecho saquen de la rica experiencia de cuarenta y dos años del autor como predicador, y de la sabiduría y profundos conocimientos bíblicos que poseía. Sin embargo, los creyentes de base aprenderán también a apreciar por medio de este libro lo que es la verdadera predicación... ¡y quizá hagan alguna que otra sugerencia a sus pastores! Las abundantes anécdotas que cuenta el Dr. Lloyd-Jones (muy escasas por cierto en otras obras suyas) hacen muy amena esta obra (nada técnica por otra parte) y la enriquecen con ejemplos de la vida real.

Pero lo más importante de las dieciséis conferencias de que consta el libro (pronunciadas por el autor en el Seminario Teológico de Westminster) es la enseñanza e instrucción que contienen en cuanto al asunto vital de la predicación y con respecto a aquellos que han recibido lo que el Doctor consideraba "el más grande y el más glorioso llamamiento al que alguien puede ser llamado jamás". Aquí se hace ver (entre otros temas) la supremacía de la predicación, la preparación, la forma y las características del sermón, la persona misma del predicador y los peligros y el encanto que encierra la predicación.

En definitiva, todo un clásico para toda biblioteca cristiana.


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http://claudioxplabibliadice.blogspot.com/2015/06/hay-otros-que-arrancan-del-pecho-al.html

jueves, 25 de junio de 2015

Hay otros que arrancan del pecho al huérfano, Y toman en prenda al hijo del pobre, Hacen que anden desnudos, faltos de ropa, Y le quitan las gavillas a los hambrientos

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
 
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El poema de Job 24 es una de las expresiones más hermosas y crudas que se puede hallar en el libro de Job. 

El valor del texto no descansa en la narración de acciones o eventos heroicos, ni en la exaltación de la sabiduría, la belleza o el amor. Su grandeza radica en que describe con gran realismo situaciones dramáticas de vida, plasmadas por medio de personajes que hacen vívida cada imagen narrada.

JOB
Versión: Traducción en lenguaje actual

24
      1 »Nosotros, los amigos de Dios,
      esperamos impacientes
      que castigue a los malvados. 

      2-3 Ellos les van robando
      terreno a sus vecinos,
      y allí crían el ganado que les roban
      a los huérfanos y a las viudas. 

      4-5 Asaltan a la gente pobre,
      y la obligan a esconderse.
      Esos pobres huyen al desierto,
      y luego van por los campos,
      como burros salvajes,
      buscando comida para sus hijos. 

      6 Van a los campos de esos malvados
      y juntan uvas y espigas de trigo; 

      7 luego pasan la noche desnudos
      porque no tienen con qué cubrirse,

      8 y en las grietas de las rocas
      se protegen de la lluvia. 

      9 A las viudas y a los pobres
      les arrebatan sus hijos
      para que paguen sus deudas, 

      10 y esos niños recorren los campos
      cosechando trigo ajeno,
      mientras se mueren de hambre. 

      11 Muelen aceitunas para sacar aceite
      y exprimen uvas para hacer vino,
      mientras se mueren de sed. 

      12 Maltratados y a punto de morir,
      gritan desde las ciudades
      pidiendo la ayuda de Dios,
      ¡pero él no les hace caso!

      13-14 »Los malvados y asesinos
      no andan a plena luz del día
      ni obedecen a Dios;
      apenas se pone el sol
      salen y matan a los pobres;
      ya entrada la noche,
      buscan a quién robar. 

      15 Los que traicionan a sus esposas
      esperan a que llegue la noche,
      pues creen que en la oscuridad
      nadie los verá con la otra mujer. 

      16-17 Los ladrones roban de noche;
      no salen durante el día.
      Aborrecen la luz,
      pero aman la oscuridad».

  Zofar interrumpe a Job

      18 «Los malvados son tan corruptos
      que nadie trabaja en sus viñedos;
      sus terrenos están malditos. 

      19-20 Cuando les llega la muerte,
      la tierra se los traga
      y los gusanos se los comen.
      Desaparecen como la nieve
      que derrite el calor del verano;
      son como árboles caídos,
      a los que nadie toma en cuenta;
      ¡ni sus madres los recuerdan!

      21 »Los malvados no tratan bien
      ni a las viudas
      ni a las mujeres sin hijos. 

      22 Pero cuando Dios se decida,
      con su poder los aplastará;
      pues cuando Dios entra en acción,
      nadie tiene segura la vida. 

      23 Ahora los deja sentirse seguros,
      pero no deja de vigilarlos. 

      24 Ahora son gente de importancia,
      pero un día Dios los humillará,
      y dejarán de existir.
      Los cortará como al trigo,
      los quemará como a la hierba. 

      25 »Nadie puede demostrar
      que sea falso lo que he dicho».
 

El pobre y oprimido sufre muchas injusticias (24:1–12)
 

24:1–12. Como hemos leído en sus discursos, los amigos de Job habían afirmado una y otra vez que Dios recompensa al recto y castiga al malvado, pero Job lo negó firmemente. Por experiencia propia sabía que muchas veces ocurría exactamente lo opuesto. Dijo varias veces que, a pesar de ser un hombre justo y piadoso, había sufrido grandes pérdidas y desgracias.
Job mencionó de paso la triste situación de los pobres que son víctimas de los egoístas y de los inescrupulosos, sus palabras suenan como una lista de crímenes. Parece como si le estuviera diciendo a Dios: “¿Qué haces tú al respecto?” ¿Te limitas a ignorar lo que sucede? ¿Cuándo le pondrás fin a esa situación?” Cuando pensamos en Job, lo vemos como un modelo de hombre paciente, pero al exclamar estas palabras, parecería lo contrario. 

Esperaba que Dios detuviera y rectificara de inmediato los problemas; hasta trataba de ponerle un límite de tiempo para hacerlo. Mientras que sus amigos parecían estar ciegos a las injusticias sociales que se cometían, Job estaba muy consciente de ellas. En ese aspecto Job estaba en lo correcto, pero no lo estaba en cuanto a acusar a Dios de que permitía que las maldades continuaran. Dios, a su debido tiempo, hará justicia. Realmente es un acto presuntuoso del ser humano juzgar a su creador; sus pensamientos y caminos están fuera del alcance de la comprensión humana.

Job comienza este capítulo con una lista de casos diferentes de injusticias. En los primeros versículos de este capítulo Job les menciona a sus amigos las tribulaciones que sufren los desamparados del mundo. Las personas inescrupulosas se aprovechaban de ellos violando sus derechos humanos; recurrían al engaño moviendo los cercados de piedra que delimitaban las propiedades. Y como las propiedades son una posesión sagrada de los individuos, Dios prohíbe estrictamente que se alteren los límites de la propiedad ajena (Deuteronomio 27:17). 

Había, y hay, personas codiciosas y despiadadas que privaban al pobre de sus rebaños. Entre las víctimas de esa clase gente estaban las viudas y los huérfanos. En aquellos días las personas: no tenían seguro social, ni pensiones, ni seguros de vida, ni otras prestaciones como las que existen hoy en día. El jefe de familia era por lo general el único proveedor en el hogar, y si moría la viuda y los hijos quedaban a merced de toda clase de hombres rapaces. Si el padre moría endeudado, los hijos podían ser tomados como esclavos, como podemos ver por la historia de la viuda que visitó Elías (2 Reyes 4:1–7). Job deploraba la falta de misericordia de quien, para cobrarse una deuda, tomaba el asno o el buey de una familia desamparada. En esos días las bestias de carga eran medios esenciales de subsistencia, así como hoy en día los tractores y la maquinaria son esenciales para el campesino. Lo que era aún peor, en los días de Job había personas que tomaban a los hijos pequeños de los endeudados como pago por la deuda.

Aunque Job estaba describiendo los motivos egoístas y las crueles acciones de los impíos, también señaló la difícil situación de las víctimas. Sin tener los medios para subsistir, eran desalojados de su hogar para vivir una vida de vagancia y pobreza. Buscaban comida, recogiéndola y cosechándola en la viña del impío. La palabra que se traduce como “vendimian” en el versículo 6 sugiere que los pobres recogían lo que sobraba después de que el propietario cosechaba el campo. Y como el dueño egoístamente había recogido tanto como le era posible, quedaba muy poco en realidad para los pobres.

Estos versículos describen vívidamente la miseria de esa gente; hablan de su carencia de vestido y de techo, de que se veían expuestos al frío de la noche porque tenían que dormir a la intemperie. Cuando llovía, buscaban refugio en las rocas. Estaban desesperadamente hambrientos y sedientos. Morían en su miserable condición, y por lo visto sus gritos de socorro ni siquiera eran escuchados.

Ciertamente podemos comprender estas palabras de Job. En la televisión y en los periódicos, así como a nuestro alrededor, vemos constantemente personas despojadas. Lo vemos especialmente en las grandes ciudades donde hay muchos vagabundos que carecen de un lugar para dormir. Aunque hay muchos vagos que prefieren dormir en la vía pública, o en las estaciones de autobuses, o bajo los puentes, también es cierto que hay otros que simplemente no tienen lo suficiente para alquilar un lugar dónde dormir. Es cierto que hay alcohólicos y drogadictos entre los desamparados, pero hay también quienes son víctimas de las circunstancias. Así como hay personas que no quieren trabajar o que no hacen nada para conservar el trabajo que tienen, también hay desempleados que por falta de los debidos conocimientos o por incapacidades físicas carecen de un trabajo. Nuestra condolencia y nuestra ayuda deben ir hacia ellos.

¿Somos los cristianos insensibles a esas desgracias? ¿Acaso no deberíamos tratar de hacer más como individuos y como sociedad para que esas personas se levanten y sean ciudadanos productivos? Las personas desamparadas existen incluso en los países desarrollados. Tristemente las condiciones que describe Job en su época aún prevalecen en nuestros días. Y también esto es válido sobre la violencia que se describe a continuación.

Los malvados cometen muchos crímenes (24:13–17)
 
24:13–17. Los versículos anteriores (1–12) describen las injusticias y las crueldades que cometen los malvados contra inocentes seres humanos. Estos versículos (13–17) muestran la realidad de crímenes tan notorios como: los asesinatos, los adulterios, y los robos. En cada versículo de esta sección se mencionan la noche y las tinieblas. En los días de Job, como en los nuestros, los criminales prefieren atacar al amparo de la oscuridad de la noche para cubrir sus delitos. Job dice que son “rebeldes a la luz (que) no conocen sus caminos, ni permanecen en sus sendas”. Jesús habló en forma semejante cuando dijo: “Y ésta es la condenación: la luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas, pues todo aquel que hace lo malo detesta la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean puestas al descubierto” (Juan 3:19, 20).

Job mencionó tres clases de criminales que prefieren la oscuridad de la noche para hacer de las suyas: el asesino, el adúltero, y el ladrón. Notablemente estos crímenes violan el quinto, sexto y séptimo mandamientos, tal como lo aprendemos en el Catecismo Menor del Dr. Martín Lutero.

En el versículo final de esta sección leemos: “la mañana es para todos ellos como sombra de “muerte”. Las tinieblas de la noche son el ambiente del criminal. Los criminales prefieren permanecer escondidos durante el día, pero llegado el anochecer empiezan a operar a expensas de sus víctimas. Hoy en día los criminales recurren aún más a la violencia que en los días de Job, siendo la oscuridad el ambiente apropiado para llevar a cabo sus fechorías. Con mucha frecuencia las peleas que se producen bajo los efectos del alcohol terminan en asesinatos. Las orgías sexuales también terminan algunas veces en violencia. La lujuria conduce a violaciones, y con mucha frecuencia las víctimas callan por vergüenza y por el daño sicológico que resulta no sólo del hecho mismo sino de denunciar el caso. La elevada incidencia de robos en las casas y los carros, ha hecho que las personas tomen toda clase de precauciones para defender sus pertenencias.

Siempre ha habido crímenes que se cometen durante la noche: en los tiempos de Job, en los tiempos de Jesús y hoy en día. La gente no ha cambiado desde entonces. El pecado es parte de la naturaleza humana, y se puede manifestar en forma terrible. Eso parece ser particularmente cierto en nuestros tiempos. Con la ayuda de la tecnología moderna las personas son capaces de cometer peores crímenes que antes. Las armas automáticas más sofisticadas se encuentran en manos: de asaltabancos, de ladrones de casas, de terroristas que secuestran aviones y someten a sus víctimas a su antojo. Los automóviles conducidos por ebrios producen un elevado índice de accidentes fatales en las carreteras. La drogadicción lleva a las personas a robar y matar sin misericordia. Los versículos de esta sección del libro de Job, describen muy bien nuestros tiempos.

Pero en los versículos que vienen a continuación Job nos recuerda que llegará el día en los malvados también van a rendir cuentas.


Los malvados serán abatidos (24:18–25)


24:18–25. Muchos críticos bíblicos piensan que Job no pudo haber sido el autor de estas palabras; en su opinión, contradicen lo que acababa de decir (versículos 1–17); prefieren creer que el que habló fue uno de sus tres amigos. Lo que es más, también niegan que Job sea el orador en 26:5–14 y 27:13–23, porque esas palabras parecen expresar más las opiniones de los amigos que de las de Job. Apoyan esa opinión en el hecho de: que el tercer discurso de Bildad es muy breve (25:1–6), que Zofar no pronunció un tercer discurso, y que el último discurso de Job fue largo (capítulos 26–31).

Pero si Bildad o Zofar, hubiera sido el orador en los versículos 18–25 de este capítulo, o de los otros dos pasajes que se mencionaron antes, su nombre hubiera aparecido inscrito al principio de los discursos como sucedió en todos los anteriores. Este escritor cree que Bildad tenía muy poco que decir y que a Zofar ya no le quedaba nada por decir. Por otra parte Job, que había sido atacado duramente por sus amigos, sintió la necesidad de extenderse largamente en su propia defensa.

Con todo, en verdad parece que estas palabras contradicen lo que Job había dicho poco antes. Se han hecho varios intentos para armonizarlas con sus primeras declaraciones. Algunos comentaristas sostienen que Job sólo está citando los pensamientos de sus amigos para luego refutarlos, otros arguyen que está ridiculizando sarcásticamente los puntos de vista de los amigos. Lo que es más probable aquí, y en las dos secciones siguientes, es que Job está viendo más allá de la prosperidad cotidiana del impío hacia su destino final.

Dios no castiga inmediatamente al malo; en muchos casos no lo hace en este mundo. Parece que Job había llegado a la misma conclusión a la que llegaron, David en el Salmo 37 y Asaf en el Salmo 73. Las palabras de Job en el versículo 24 son semejantes a las de David en el Salmo 37:35–36: “Vi yo al impío sumamente enaltecido, y que se extendía como laurel verde. Pero él pasó y he aquí ya no estaba; lo busqué, y no lo hallé”. Aunque Job se quejó de la aparente prosperidad del impío, cuando consideró su destino final se dio cuenta de que su destino eterno iba a ser la condenación. De la misma manera, el salmista Asaf, hablando de los malvados a quienes se sintió tentado a envidiar, concluyó: “Hasta que, entrando en el Santuario de Dios comprendí el fin de ellos” (Salmo 73:17). ¿Y cuál fue ese fin? Dirigiéndose a Dios, Asaf declaró: “Ciertamente, los que se alejan de ti perecerán; tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta” (Salmo 73:27).

En los versículos 18–25 de este capítulo, Job menciona nuevamente los actos crueles y despiadados de los impíos cuando atacan a mujeres indefensas (versículo 21). Por algún tiempo prosperan y se sienten seguros (versículo 24), pero su prosperidad y su falsa seguridad no durarán para siempre. En un lenguaje muy pintoresco, dice que van huyendo ligeros “como corrientes de aguas”, que van a desaparecer tan rápidamente como el sol evapora las “aguas de la nieve”. Morirán para convertirse en dulce festín de gusanos. También los compara con un árbol quebrado. Aunque pueden llegar a sentirse seguros de su forma de vida, tarde o temprano Dios los llamará a rendir cuentas. La última línea del versículo 23 (“pero sus ojos vigilan los caminos de ellos”), se entiende mejor en el sentido de que Dios está vigilando a los malvados y no va a permitir que se queden sin castigo.

En las palabras de clausura, Job retó a sus amigos a que lo contradijeran, si es que podían. Como veremos, Bildad con su breve respuesta evitó darle respuesta directa al reto que les hizo Job. De hecho, habló en términos generales sobre un tema nada controversial: la majestuosa grandeza de Dios.

 
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miércoles, 24 de junio de 2015

No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6



 
 
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