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martes, 17 de julio de 2018

ES USTED UN NEHEMÍAS... SIGUE ESTOS PASOS?

PARA RECORDAR ... El que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6



  NEHEMIAS 1:1-4
1Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, 2que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. 3Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.
4Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.
NEHEMIAS...UN LIDER PARA IMITAR 
A medida que reflexionamos sobre esta observación, encontramos que en nuestras iglesias y en el campo misionero, en la educación y el comercio, en política y en medicina, dependemos enteramente de líderes. Sin embargo, debemos formular y responder ciertas preguntas básicas acerca del liderazgo. Por ejemplo: ¿Cuáles son sus bases? ¿Cómo pueden los líderes desarrollar todas sus potencialidades? ¿Qué medidas deben tomarse para mantener el resultado de sus éxitos? ¿Cómo pueden los líderes hacer recuento de su progreso actual y prepararse para las demandas del futuro?
Existen muchas recetas para tener éxito en el liderazgo. Cada persona parece tener una propia. Esta interminable variedad solo sirve para confundir. Déjeme decirle como tropecé con la solución.
Conocí al Señor Jesucristo como mi Salvador durante mi segundo año en el mundo de los negocios. Este encuentro cambió completamente mi vida. Desde el principio comprendí la necesidad de poner a Cristo antes que nada en mi vida. Además aprendí que si deseaba crecer espiritualmente necesitaba estudiar la Biblia por mí mismo. A medida que empecé a examinar las Escrituras, fui hallando que Dios nos ha comunicado también las cosas que tenemos que saber acerca de nuestra existencia secular, además de lo concerniente a una vida de santidad (1 Pedro 1:3, 4). También aprendí que cada libro de la Biblia tiene un propósito específico. Por ejemplo, Dios explica el lugar y la importancia de las relaciones humanas en el libro de los Proverbios. Nos da un plan detallado para el entendimiento en el matrimonio, en el Cantar de los Cantares. También nos ha mostrado como vivir en medio de la decadencia espiritual en la segunda epístola a Timoteo y nos ha descrito cómo mantenernos en su intimidad en la primera de las epístolas de Juan.
Pero, ¿qué hay en la Biblia para aquellos que han sido colocados en posiciones de liderazgo?
Fue el doctor V. Raymond Edman, quien en su obra The Disciplines of Life [Las disciplinas de la vida], dirigió primeramente mi atención al libro de Nehemías. En este libro encontré lo que estaba buscando. Allí estaban los principios específicos que necesitaba. De Nehemías aprendí cómo planear mi trabajo, organizar mi tiempo y recursos, integrar mis obligaciones en la operación total de la compañía, motivar a otros y medir los resultados. Aprendí la importancia que tiene fijar metas realistas y averiguar qué hacer antes de alcanzar mis objetivos.
A medida que estudiaba el libro, pude ver para mi asombro que Dios había previsto los problemas de las personas que están en la administración intermedia. También nos había mostrado cómo enfrentarnos a las oposiciones. Nos explica la diferencia entre un «líder de trabajo» y un «especialista en emociones sociales» y nos alecciona sobre lo que debemos hacer cuando aceptamos un trabajo nuevo. Nos brinda ejemplos sobre cómo debemos conducirnos en situaciones delicadas de prueba. Y lo más importante de todo, nos ha demostrado el inapreciable valor práctico de las convicciones religiosas en una administración eficaz.
Desde la primera oportunidad en que leí The Disciplines of Life, en 1948, hasta el presente, he mantenido la firme resolución de estudiar el libro de Nehemías una vez cada año. Esto lo hago con el propósito de refrescar en mi mente la importante información contenida en esas «memorias». El contacto continuo con la riqueza de material que hay en este libro me ha ayudado a comprobar constantemente la calidad de mi propio trabajo, objetivos y relaciones. He comprobado que esta parte de la Palabra de Dios constituye un asombroso y agudo comentario del pronunciamiento del apóstol Pablo: «Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús … Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor» (Colosenses 3:17–23).
El problema número uno
El primer problema que encontramos al empezar a examinar el libro de Nehemías es de interpretación. Algunas de las primeras exposiciones que leí sobre Nehemías tienden a espiritualizar el texto. Los escritores tuvieron que enfrentarse con el hecho de que el libro de Nehemías está en el Antiguo Testamento, y como tal trata sobre el pueblo de Israel y no sobre la Iglesia. Se sentían en la obligación de hacer que el Antiguo Testamento tuviera sentido para los cristianos. Para lograr esto, buscaron principios espirituales que pudieran ser de aplicación a la Iglesia colectivamente y a los creyentes en forma individual. Su método de interpretación era alegórico.
Existen problemas con este tipo de interpretación, como Bertrand Ramm señala: «La Biblia, cuando es tratada alegóricamente se convierte en masilla en la mano de los intérpretes. Pueden brotar diferentes sistemas doctrinales dentro del esquema de la hermenéutica alegórica (esto es, la interpretación) y no hay forma de determinar cuáles son los verdaderos … El método alegórico ensalza lo subjetivo y el resultado lastimoso de ello es el oscurecimiento de la Palabra de Dios».
Nuestro enfoque no va a ser dedicarnos continuamente a espiritualizar lo que Nehemías escribió. Seguiremos una interpretación normal, constante y literal del texto. Después de todo, Nehemías fue una personal real. Se enfrentó con problemas reales y construyó una muralla verdadera. Incluiremos en nuestra interpretación la información que sea necesaria sobre el marco histórico, la situación geográfica y el fondo cultural del pueblo. Siguiendo la costumbre de selección social básica de Nehemías en cuanto a todo lo que consideró apto de ser contado, estaremos en disposición de interpretar con exactitud lo que leemos. Entonces en lugar de buscar significados espirituales secundarios, seremos capaces de buscar principios. Encontraremos que esos principios no envejecen. Con ellos como guía, estaremos más capacitados para aprender la dinámica de un liderazgo exitoso, ya sea en la esfera de nuestro servicio en el pastorado, en el campo misionero, en una corporación o en el gobierno.
Conozca al cortesano
Pero, ¿qué decir acerca de Nehemías? ¿Quién era? ¿Cuándo y dónde vivió? ¿Qué hizo?
Nehemías era probablemente de la tribu de Judá (véase Nehemías 1:2; 2:3; 7:2), y hasta es posible que fuera descendiente del rey David (véanse Nehemías 1:4 y Crónicas 3:19). Se nos presenta como «hijo de Hacalías». Nada se sabe de su padre y tenemos que llegar a la conclusión de que fue tomado en cautividad cuando Jerusalén cayó en manos de los babilonios. Probablemente Nehemías naciera durante ese cautiverio y creciera hasta su hombría, rodeado de todas las influencias corruptoras del Cercano Oriente antiguo.
En el momento en que conocemos a Nehemías, está sirviendo de copero (Nehemías 1:11) en Susa, en el palacio que era residencia de invierno del rey. Como copero, disfruta de una posición única. Está en posesión de los cargos de primer ministro y maestro de ceremonias, unidos. El temor a las intrigas y la constante amenaza de morir asesinado hacían que el rey llevara una vida relativamente solitaria. Por ello, era muy natural que buscara una persona de sabiduría, discreción y capacidad. Un copero que tuviera en el corazón los intereses del monarca y se mantuviera informado de los acontecimientos de su tiempo, podía ejercer una gran influencia en el soberano. Además de la responsabilidad de probar el vino del rey, tenía también el copero la responsabilidad de custodiar los dormitorios reales.
Cuando Nehemías comienza su relato, nos cuenta la visita que le hizo su hermano Hanani: «Aconteció que en el mes de Quisleu (noviembre/diciembre), en el año veinte (de Artajerjes I, 445 a.C.), estando yo en Susa, capital de reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. y me dijeron: el remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego».
La información que recibe es descorazonadora. Todos los intentos para reconstruir los muros han sido frustrados (Esdras 4:4–24). Una ciudad sin puertas ni muralla, no era una verdadera ciudad. Era un lugar indefenso, que ni siquiera podía aspirar a brindarles protección a aquellos que vivieran dentro de su perímetro. Por esto; muy pocos vivían en la capital (Nehemías 11:1).
Pero, ¿por qué estaban los judíos en tan deplorable situación? ¿Qué les había sucedido desde que David estableció el reino y Salomón inauguró la «edad de oro»?
Un poco de historia
El libro de Nehemías ocupa un lugar importante. El pueblo hebreo había sido una fuerza poderosa, pero el reino de David se dividió en dos. Las diez tribus del norte se unieron en un reino y las dos tribus del sur formaron otro. De ahí en adelante, la fortuna de dichos reinos fue confusa. La idolatría prevaleció. Finalmente (en 722 a.C.), Dios castigó a las tribus del norte permitiendo que los asirios las invadieran. Los miembros de esas tribus fueron tomados cautivos, deportados y enviados a otras naciones.
Solo Judá sobrevivió. Las tribus del sur, sin embargo, no aprendieron de la experiencia de Israel. Como resultado, también fueron tomadas cautivas y deportadas,1 en esta oportunidad por los babilonios (Jeremías 25:11, 12; Daniel 9:2). Durante los setenta años que los judíos permanecieron en cautividad, el poderío de Babilonia fue destruido por las fuerzas combinadas de los medos y los persas. Bajo el nuevo gobierno, el rey Ciro (550–530 a.C.) les dio permiso para retornar a Palestina y reedificar el Templo (Esdras 1:1–3). Los primeros exiliados regresaron acaudillados por Zorobabel (538 a.C.; Esdras 1–6). Los cimientos del templo fueron colocados, pero los samaritanos del norte se opusieron a dicha labor, por lo cual transcurrieron más de quince años antes de que el Templo fuera terminado.
Más tarde otro grupo de judíos regresó a Jerusalén. Iban dirigidos por Esdras (458 a.C.; Esdras 7–10). A su llegada a Palestina, Esdras encontró al pueblo judío en condiciones deplorables, tanto espiritual como moralmente. Por esta razón, comenzó un amplio ministerio de enseñanza (Esdras 7–10). Como veremos, la enseñanza de la Ley daría fruto catorce años más tarde (Nehemías 8–10). Finalmente, durante el reinado de Artajerjes I Longimano (465–424 a.C.), Nehemías regresó a Judá. Sin una muralla para protegerlos, los residentes se veían constantemente hostilizados. La moral del pueblo se mantenía muy baja. El rico explotaba al pobre y los mismos pecados que habían conducido a la cautividad eran practicados de nuevo. La crisis económica y la ignorancia espiritual acentuaban aún más la desunión del pueblo.
 
La forma en que Nehemías unió al pueblo y lo inspiró para el logro de una tarea aparentemente imposible, es muy esclarecedora. La estrategia por él usada está en completa concordancia con las más recientes investigaciones referentes a la motivación y ha sido utilizada con éxito formidable por los hombres de negocios y los líderes de las iglesias a través de los años.
Sinopsis
Comprenderemos mucho mejor el plan general de las «memorias» de Nehemías, si dominamos un triple esquema básico de las mismas y hacemos un examen previo del contenido de dicho libro.
Sigamos con Nehemías. ¿Cuál fue su respuesta al informe traído por Hanani? ¿Qué le guió a su viaje a Jerusalén? ¿Cómo pudo él llevar a cabo lo que nadie había podido lograr?
Tan pronto como Nehemías conoció el triste estado de Judá, empezó a interceder en favor de sus hermanos (Nehemías 1:4–11). Demostró con sus acciones que tenía una profunda preocupación por ellos. Cuatro meses de intensa oración trajeron finalmente la respuesta deseada, pero en una forma que lo situaba en una posición muy espinosa (2:1–8). Su lealtad y tacto, sin embargo, le ayudaron a resolver esta situación difícil y potencialmente peligrosa, y el rey le concedió permiso para regresar a Judá. Viajó a Jerusalén y a su llegada pudo percatarse muy rápidamente de la realidad de la situación. Entonces exhortó al pueblo, haciéndole ver la necesidad de reedificar los muros de la ciudad (2:9–20).
 
  
El capítulo 3 contiene una relación de aquellos que se ofrecieron voluntariamente para la tarea de reconstrucción. A primera vista parece una lista de nombres fría y poco interesante. Un examen más detallado nos revela que está llena con importantes principios de liderazgo eficaz. Con la lectura de dicha relación podemos sentimos tentados a llegar a la conclusión de que los muros de la ciudad fueron levantados sin contratiempos. En la realidad, el trabajo encontró una enconada oposición (Nehemías 4–6). Sin embargo, las oposiciones por su propia naturaleza, siguen esencialmente los mismos patrones sin reparar en la época o las circunstancias, y el gran valor de esta porción de las Escrituras para nosotros, radica en que Nehemías nos muestra como conducirse ante cualquier oposición con éxito absoluto.
Latentes en esos capítulos iniciales del libro de Nehemías están los principios del «especialista en trabajos» y del «experto socio emocional». Aquellos que estén interesados en la «diferenciación de funciones» dentro de un conjunto y deseen estudiar la «dinámica de grupos», encontrarán estos capítulos del 4 al 6 cargados de informaciones prácticas.
La construcción de la muralla, un trabajo que muchos consideraban imposible, fue terminada en cincuenta y dos días. Nehemías, habiendo alcanzado su primer objetivo, se nos muestra como un sabio administrador, al consolidar inmediatamente sus logros (Nehemías 7). Su labor es interrumpida por un avivamiento religioso que tiene lugar, porque Dios ve que el pueblo no está preparado aún para gobernarse solo e interviene haciendo surgir un genuino avivamiento espiritual. Durante esta etapa de renovación, Nehemías actúa con gran sabiduría y toma una posición secundaria. Esdras, conjuntamente con los sacerdotes y los levitas, instruyó al pueblo en la Ley. Se restauró la fiesta de los tabernáculos y se estipuló de manera solemne un pacto con Dios (Nehemías 8–10).
Solo después de que el pueblo está espiritualmente preparado para nuevas responsabilidades, Nehemías se siente capacitado para continuar su labor de consolidación. Esta toma primero la forma de la repoblación de Jerusalén (Nehemías 11), la inauguración de los muros de la ciudad y la labor de asegurar que el ministerio del Templo sería mantenido (12:1–13:3).
Los años restantes de este primer período de Nehemías como gobernador, pasaron tranquilamente. En el año 432 a.C., regresó nuevamente a la corte de Artajerjes en Persia. Permaneció en dicho lugar doce años y en el año 420 a.C., se le confirió de nuevo la responsabilidad de la gobernación en la provincia de Judá. Cuando llegó a Jerusalén se encontró con que el pueblo se había apartado del Señor. Por esa razón Nehemías se comprometió entonces en una serie de vigorosas reformas con el fin de depurar a los moradores del lugar de todas aquellas prácticas que estaban apartándolos de las bendiciones de Dios (Nehemías 13:5–31).
En nuestro estudio del libro, entraremos en detalles en tres materias importantes, a saber: las características básicas del liderazgo dinámico; la importancia de los principios espirituales y la necesidad de principios administrativos sólidos. A medida que examinemos dichos temas, también examinaremos las creencias de Nehemías, a fin de determinar la contribución de sus convicciones religiosas al éxito en el liderazgo. Nuestro próximo capítulo ofrecerá una percepción clara de las cosas que hicieron de Nehemías el gran hombre que fue.
 
1 La Biblia registra tres deportaciones sucesivas. Tuvieron lugar en 605, 597 y 586 a.C.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla.

PARA RECORDAR ... El que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6





El espíritu inmundo que vuelve
(Mt. 12.43–45)

43 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. 
44 Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. 
45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación. 

El sindrome de Ekbom

En 1896 Perrin describió este síndrome en tres pacientes llamándolo neurodermatitis parasitofobica, pero fue en 1938 cuando Karl Axel Ekbom un neurólogo, estructura sus causas, patogenia y pronostico, por lo cual lleva el nombre de Síndrome de Ekbom.
Este síndrome es una psicosis de ansiedad y rascado que el paciente experimenta por una supuesta parasitosis, donde aseguran que están infestados de ácaros, liendres, pulgas, vermes intestinales, entre otras. Se han descrito tres tipos:
- ECTOPARASITARIA: sienten los parásitos en la piel.

- ENDOPARASITARIA: sientes los parásitos en los órganos internos.
- MIXTA.

Los pacientes se presentan en el medico con lesiones de rascado, prurito y fobia a los parásitos, debe hacerse un diagnóstico diferencial antes de etiquetar al paciente en este síndrome. Lo podemos clasificar en:
SINDROME PRIMARIO se presenta como una psicosis hipocondríaca monosintomática que se manifiesta como un delirio monotemático fijo, en ausencia de esquizofrenia, trastorno afectivo primario o trastorno mental orgánico con personalidad conservada y sin deterioro psicótico.
SINDROME SECUNDARIO: se relaciona con diferentes enfermedades como son la esclerosis multiple, trastornos neurodegenerativos, Parkinson, demencia vascular, accidentes cerebrovasculares, traumatismos, tumores o infecciones del SNC, HIV, tuberculosis sistémica, diabetes mellitus, neuropatías periféricas, cáncer linfático, lupus eritematoso, artropatías severas, hiperbilirrubinemia, insuficiencia cardiaca congestiva, intoxicaciones a fármacos, adicciones al alcohol, cocaína, anfetaminas, etc., y diversos trastornos psiquiátricos.
Es un problema muy frustrante para la dermatología, ya que el paciente no tiene ningún problema médico. Por lo que el dermatólogo debe enviar al paciente con un psiquiatra para confirmar el diagnóstico, clasificar las causas, prevenir el daño y dar un tratamiento y seguimiento adecuado.
También pueden utilizarse medicamentos como la Pimozida, antipsicóticos, antidepresivos o inhibidores.
¿Cuál es la receta para la salud mental y el bienestar? San Agustín lo expresó así: «Mi alma no tiene descanso hasta que reposa en ti.» La Biblia es el libro fuente sobre esta cuestión. El principiante encontrará la mejor receta para la paz en el Evangelio de Juan, capítulo 3, versículos 1 al 21, y la mejor instrucción para mantener la paz mental en Filipenses capítulo 4, versículos 4 al 9.
El planteamiento defendido en la obra The Psychological Way/The Spiritual Way, por el doctor y la señora Bobgan es triple:
Hablar/escuchar
Confesión/aceptación
Reflexión/comprensión
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos ni en silla de escarnecedores se ha sentado, antes en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Y será como árbol plantado junto a arroyos de agua que da su fruto a su tiempo, y su hoja no cae”.
(Salmos 1:1–2)


      •      “¿Quién está calificado para ser un buen consejero bíblico?”

         —El cristiano que tiene una relación personal con Dios, que está comprometido profundamente con Jesucristo y que vive bajo la dirección del Espíritu Santo está calificado para consolar y animar a los demás.
         —La persona que ha buscado y recibido personalmente el consuelo divino

      “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”. (2 Corintios 1:3–4)

         —La persona que ama a Cristo y se preocupa por las necesidades espirituales de los demás

      “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. (Gálatas 6:2)

         —La persona que debido a su estudio cotidiano de la palabra de Dios puede manejar la verdad con exactitud

      “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. (2 Timoteo 2:15)

         —La persona que ha sido llamada por Dios para aconsejar a otros

      “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. (1 Tesalonicenses 5:24)

      •      “¿Cuál es la principal responsabilidad del consejero bíblico?”

         —Para que la consejería sea efectiva en verdad, el consejero debe tener una relación sincera con Jesucristo, compañerismo con él y buscar la voluntad de Dios a través de su palabra.


      “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. (Juan 15:5)



 “¿Quién está calificado para ser un buen consejero bíblico?”
         —El cristiano que tiene una relación personal con Dios, que está comprometido profundamente con Jesucristo y que vive bajo la dirección del Espíritu Santo está calificado para consolar y animar a los demás.         —La persona que ha buscado y recibido personalmente el consuelo divino
      “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”. (2 Corintios 1:3–4)
         —La persona que ama a Cristo y se preocupa por las necesidades espirituales de los demás
      “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. (Gálatas 6:2)
         —La persona que debido a su estudio cotidiano de la palabra de Dios puede manejar la verdad con exactitud
      “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. (2 Timoteo 2:15)
         —La persona que ha sido llamada por Dios para aconsejar a otros
      “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. (1 Tesalonicenses 5:24)
      •      “¿Cuál es la principal responsabilidad del consejero bíblico?”
         —Para que la consejería sea efectiva en verdad, el consejero debe tener una relación sincera con Jesucristo, compañerismo con él y buscar la voluntad de Dios a través de su palabra.
      “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. (Juan 15:5)


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viernes, 19 de agosto de 2016

Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable...el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




Después de la luna de miel

Para tí, esposo y padre

La luna de miel

Por Jorge Taylor

Y AHORA, ¿QUÉ?

La luna de miel ha terminado y te hallas en casa con tu esposa. Ante ambos se abre una nueva etapa llena de insospechadas interrogaciones.
La luna de miel fue una experiencia inolvidable y feliz que comenzó al concluirse la ceremonia nupcial y salir de viaje. Ahora has empezado otro tipo de relación, “posiblemente una de las más importantes en la vida del hombre”.
Eres esposo. Eres marido. Te parecerá casi increíble, pero… ya estás casado.
¿Qué puedes esperar? ¿Será el matrimonio como lo habías soñado? ¿Qué puedes hacer tú para que la unión de los dos sea feliz? ¿Cómo desempeñar tu parte a cabalidad para que la vida matrimonial resulte satisfactoria en todos sus aspectos?
El éxito del, matrimonio depende de que cada uno de los dos contrayentes cumpla cabal y fielmente las funciones y responsabilidades que le pertenecen. Mucho le toca a tu mujer, desde luego, que es tu querida esposa y el alma de la casa. Pero quizás mucho más a ti, que como hombre llevas la dirección del hogar.
Cuando una pareja decide formalizar su amor en el matrimonio, ambos están generalmente llenos de ilusiones y convencidos de que la unión ha de ser, como se suele decir, “para toda la vida”.
¿Cuáles son, sin embargo, las causas de que no siempre ocurra así? Es un hecho sabido, hoy día más que nunca, que un número considerable de matrimonios terminan en fracaso. Se calcula que dentro de unos diez años más del 50 por ciento tendrán serias dificultades o se hallarán al borde “del divorcio”. ¿Por qué?
La felicidad matrimonial es el resultado de un ajuste de personalidades sobre una base mutua de amor. Cuando alguno de los dos —o ambos— falla en cualquier aspecto de la parte que le corresponde, el equilibrio matrimonial se rompe y la vida en común se hace aburrida o insoportable, si es que antes no termina en la separación.
Pero ese ajuste es algo casi imposible, dirás, puesto que en la vida real muy rara vez se encuentran dos personalidades que armonicen a perfección entre sí. Cierto, y por eso precisamente es aquí donde aparece la primera palabra clave hacia una relación satisfactoria.
Esa palabra es adaptación. Cuando tanto tú como tu esposa entienden y reconocen las respectivas áreas de su responsabilidad en la unión, están en condiciones de adaptarse cada uno a la personalidad del otro.
¿Qué quiere decir esto? Adaptación no significa necesariamente ceder siempre. No es que el hombre espere que su mujer se acomode constantemente a sus puntos de vista; ni que la mujer pretenda que su esposo haga siempre lo que ella quiere. El secreto consiste sencillamente en buscar cada uno primero el bienestar y la satisfacción del otro. Lo cual lleva en sí el resultado sorprendente de producir también la propia satisfacción y el propio bienestar.
La capacidad de adaptación depende proporcionalmente del grado de madurez emocional. Muy a menudo nos encontramos con personas que, aunque adultas en edad —veinte, treinta, o más años— se comportan no obstante como niños.
Seguro que tú conoces muchas personas de ese tipo. De todos modos, permíteme señalar aquí las principales características que muestra la persona que posee madurez emocional.
Podemos empezar por la objetividad. La persona dotada de madurez emocional tiene la capacidad de contemplar cualquier situación desde distintos puntos de vista además del propio. No permite que sus sentimientos o sus intereses personales interfieran con su juicio. Sabe, como si dijéramos, salirse de sí misma y ponerse en el lugar de los demás. Su pensamiento es “objetivo”, es decir, ve no sólo por sus ojos, que es lo “subjetivo”, sino también por los ajenos.
Es obvio que esta cualidad de ser objetivos es de suprema importancia en el matrimonio, donde a diario se presentarán situaciones en que los puntos de vista del marido y su mujer diferirán uno del otro. Puede decirse, además, que sin objetividad no puede haber adaptación.
La madurez emocional se halla también en lo que pudiéramos llamar relación de edad. Quiere decir que una persona normal ha de actuar y conducirse en todo momento en relación a su edad cronológica. “Un niño de cinco años, por ejemplo, que se comporte y piense como un niño de cinco años demuestra madurez emocional. En cambio, una mujer de treinta que actúe como una niña de trece o catorce dista mucho de poseer madurez emocional.
En realidad, pocas cosas hacen tan difícil la adaptación en el matrimonio como el hecho de que alguno de los dos —o ambos— carezca de madurez emocional por falta de relación de edad. El niño ha de ser y hacer como niño; el adolescente como adolescente; el adulto como adulto; el anciano como anciano.
El concepto de la madurez emocional envuelve también sentido de responsabilidad. La persona ha de ser capaz de “responsabilizarse con sus decisiones” —y no refugiarse o depender de las decisiones de otras personas. Significa primeramente que las decisiones no han de tomarse a la ligera, sino como producto de una consideración previa de todas las posibles consecuencias; luego que una vez tomada una decisión, la persona deberá estar dispuesta, a seguir todos los pasos que la misma requiera.
Otra cualidad que forma parte de la madurez emocional es la aptitud de actuar en la vida con independencia. No me refiero a actuar con aislamiento o rebeldía, sino más bien a la capacidad de tomar decisiones y asumir responsabilidades que viene con el desarrollo completo de la personalidad.
Es de suma importancia para la paz del matrimonio que tanto el esposo como la esposa se hallen independientes de ataduras ajenas a su unión. Sucede a veces que el que se casa no parece darse cuenta de que ha entrado en una nueva vida en la que debe cortar, o por lo menos subordinar, la mayoría de sus lazos e intereses con el pasado.
Hay matrimonios en que la esposa; una mujer que por edad ya ha alcanzado completamente la etapa adulta, continúa no obstante apegada a su madre como si aún estuviera en la niñez.
El mismo caso se presenta también a la inversa. Conocí a un hombre que, aun después de casado, tenía que ir todos los días a casa de su madre, donde casi siempre se quedaba a comer. Su esposa preparaba la comida… sólo para quedarse esperando la mayor parte de las veces. Un día la pobre mujer no pudo más y confrontó a su marido con la situación: o compartía la vida con ella como Dios manda, o ella se iba definitivamente para casa de su madre.
Si el que se casa resulta incapaz de asumir la independencia que el matrimonio exige, es que carece de madurez emocional y por lo tanto no puede ser feliz ni traerle felicidad a su cónyuge.
Vale notar lo que dice la Biblia en referencia al matrimonio: “Por esta causa dejará el hombre padre y madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne.” Claramente quiere decir la Palabra de Dios que el que se casa ha de independizarse completamente de toda unión anterior, aun la más cercana en la sangre.

LA ADAPTACIÓN EMOCIONAL

Al hablar de la adaptación emocional estoy refiriéndome a una de las cualidades más importantes de la personalidad. Es algo que tiene que ver con el control y dirección del mundo variado de los sentimientos. La capacidad de adaptación emocional es indispensable para la armonía y comprensión en el matrimonio, pues de ella depende en alto grado el éxito en la actividad sexual, en las relaciones sociales, y en la organización económica.
Debes empezar, marido recién casado, por reconocer que entre el hombre y la mujer existe una enorme diferencia en la forma de expresar sus emociones. Generalmente el hombre es comedido, mientras que la mujer es espontánea. El hombre piensa que con una vez que diga las cosas basta; la mujer, en cambio, necesita oír con frecuencia las mismas palabras amorosas de su esposo.
No te debes extrañar, pues, si cada mañana o una vez por semana tu esposa te pregunta si todavía la quieres. Esto es para ella como el agua fresca para las plantas. Significa que no debes ser parco en prodigarle a tu esposa los elogios, las atenciones y las galanterías que solía recibir de ti durante la época del noviazgo.
Desde el punto de vista del hombre, el hecho de volver y permanecer en el hogar luego de todo un día de trabajo es prueba suficiente de su amor hacia la mujer. Para ti, tal vez; pero para ella no basta. Tu esposa necesita tus demostraciones de cariño, escuchar de tu voz el “¡Te quiero!” y toda la ternura que refleja el misterio del amor.
Si te examinas a ti mismo, tendrás que admitir que tú también necesitas de las manifestaciones de cariño y de los mimos de tu esposa, si es que de veras la quieres, Pues la expresión del amor es mucho más importante aun para el alma femenina.
En segundo lugar, debes tener en mente que en el matrimonio se busca la unidad de dos personalidades. Pero esta unidad ha de ser para enriquecerlas a ambas, nunca para impedir su respectivo desarrollo. Es decir, tanto tú como tu esposa continuarán desarrollando cada uno su propia individualidad. La unidad de los dos servirá precisamente de estímulo recíproco para ello y a la vez para que los dos lleguen a formar y a ser “una sola carne”.
“Cada marido —dijo Fritz Künkel— es responsable de darle a su mujer la oportunidad de hacerse más mujer de lo que era antes del matrimonio”. Esto significa que la personalidad de la mujer seguirá desarrollándose y que la actitud del marido habrá de contribuir bien a estimular o bien retardar ese desarrollo. Tu esposa no deberá seguir siendo niña ni estancarse en su desarrollo, sino al contrario: gradualmente deberá ir haciéndose más y más mujer. Pero tú tienes que ayudarla.
Permíteme insistir. Esta unidad de la vida matrimonial no significa que las dos personas habrán de llegar a sentir y ser la misma cosa. No; lo que quiero decir es que los dos llegarán a conocerse mejor, a identificarse el uno con el otro y a hacerse cada uno cómo un complemento del otro. Hay una expresión familiar que sirve para ilustrar esta idea: “Mirar uno por los ojos del otro”.
Al principio esta adaptación emocional puede resultar difícil para ambos, ya que en cierto modo significa comenzar a pensar no tanto en yo como en nosotros. Después de haber vivido todos los años anteriores de la vida —dieciocho, veinte, treinta, a veces más— pensando solamente en mí, no es fácil cambiar de pronto y comenzar a pensar en nosotros. Pero es muy necesario e importante. Cuando tú puedas pensar ya en unidad y en lo que tú y tu esposa van a decidir o a hacer, sentirán ambos el aliento estimulante de una nueva corriente de vida.
La adaptación emocional supone también interdependencia emocional. Y esto es importante. En muchos matrimonios existe de hecho una relación de dominio y sumisión, bien sea que el hombre es el dominante y la mujer se somete o a la inversa. En estos casos puede tal vez haber adaptación; pero será una adaptación forzada, anormal. Según estudios e investigaciones, tales matrimonios no pueden conocer plenamente la felicidad. Esta sólo puede alcanzarse cuando entre los dos existe interdependencia emocional, es decir, cuando cada uno depende del otro por lo menos en los aspectos básicos del matrimonio.
No olvido en este punto lo que nos dice la Biblia, que el hombre es la “cabeza del hogar”. Creo que el hombre debe ser el que decida, el que represente, el que ayude y el que asuma, en una palabra, la dirección del hogar. Pero esto no quiere decir que necesariamente el marido haya de ser un dictador, que impone su voluntad y que toma decisiones sin consultar, gústele o no, a su mujer. La interdependencia emocional significa que esa dirección se ha de inspirar en el amor y la comprensión, no en el dominio y la fuerza.
Algo que puede ayudarte en la adaptación emocional es recordar que todavía 10 y tu esposa están en el proceso de conocerse. Generalmente los recién casados han llegado al matrimonio con la idea de que ya se conocen bien. Posiblemente tú piensas que conoces bien a tu esposa. Pues déjame decirte que antes de casarse uno ha conocido sólo una pequeña parte de la personalidad del otro. Es luego en el matrimonio que va descubriendo y sabiendo cosas que antes ignoraba. Dice el Dr. Künkel que se necesitan por lo menos siete años de vivir con una mujer para empezar a conocerla. Así que no pienses que ya tú conoces a la tuya; lejos de eso, vas a ver que cada día te trae rasgos o facetas nuevas de la personalidad de tu mujer que no sospechabas.
Algunos hombres llegan a pensar que su mujer los engañó cuando eran novios pues entonces no mostraban tal tipo de conducta. Pero tal no es realmente el caso. Lo que sucede es que como tú la veías sólo en determinadas situaciones y no todo el tiempo, no podías conocer muchos aspectos de su personalidad. Ahora que viven juntos es otra cosa. Como están bajo el mismo techo, duermen en la misma cama, comen en la misma mesa, y se ven en los más íntimos detalles de la vida doméstica, tienes amplia oportunidad de ir descubriendo y conociendo lo antes no habías podido saber de tu esposa.
Por último, quizás el factor más importante en la adaptación emocional es el grado de madurez emocional que tú y tu esposa hayan alcanzado. Ya hemos comentado sobre el caso de personas que son adultas cronológicamente hablando pero emocionalmente se comportan como niños.
Una persona madura emocionalmente no es como un niño. El niño demanda constantemente; quiere recibir pero no sabe cómo dar. El fenómeno cambia algo en el caso de los adolescentes. Los adolescentes también exigen, sólo que muchas veces no quieren aceptar lo que se les da. Es la misma falta de madurez emocional. La persona con madurez emocional es una que puede recibir y dar amor, cosa que es indispensable para el éxito de un matrimonio.
Otra señal de madurez emocional es la capacidad de comprender los sentimientos de otras personas. Comprender en este caso lleva también la idea de participar. Es muy importante que puedas comprender a tu esposa, es decir, sentir lo que ella siente, identificarte emocionalmente con ella. Cuando llegas a tu casa por la noche y encuentras que tu mujer está triste o desilusionada, tu comprensión será la habilidad de identificarte con ella, de ponerte en su lugar y tratar de saber por qué ella se siente triste o desilusionada. La comprensión a tiempo puede disolver muchas nubes ligeras, impidiendo que se acumulen y se conviertan más tarde en tempestades.
Las personas dotadas de madurez emocional suelen también ser objetivas. O sea, pueden reconocer sus propias faltas y sus propias limitaciones, y están dispuestas a aceptarlas y a corregirlas en vez de tratar de esconderlas y huir de ellas. Cuando el esposo posee la virtud de reconocer sus faltas tanto como las de su esposa y tiene la capacidad de identificarse con ella, el matrimonio está en el camino seguro de la adaptación emocional y la felicidad conyugal.
Tal vez pienses que en el caso particular de tu vida matrimonial la adaptación emocional es muy difícil. En realidad, no tiene por qué ser así. Si ambos, el esposo y la esposa, están de veras interesados en alcanzar la felicidad en su matrimonio, la mitad de la batalla está ganada. Algo que ayudará mucho es que tú, como esposa, se señalen algunas metas para los próximos dos o cinco años. La primera de esas metas debe ser el llegar a comprender bien a tu esposa/o. Lo que quiero decir es que, si hay una meta, ya tú tienes algo a que ceñirte, algo que te sirva de guía.
A menudo nos encontramos con personas que han ido al matrimonio sin ninguna meta. Las probabilidades de que esos matrimonios tropiecen con dificultades son muchas. Ninguna otra meta mejor para tu paz emocional, pues, que la de llegar a comprender de la manera más completa a tu esposa, identificándote con ella y haciendo así que ella encuentre también la paz emocional en su propia identificación contigo.
En su libro Noviazgo, matrimonio y familia, la pareja Schnepp ofrece una serie de consejos acerca de cómo alcanzar la madurez emocional. He aquí esos consejos:
    • Tener dominio propio.
    • Buscar la base racional que hay siempre detrás de todo conflicto emocional.
    • Respetar cada uno al otro y considerar sus necesidades y deseos.
    • No alterarse por cosas insignificantes.
    • Estar dispuestos a tomar decisiones y a hacerse responsables de las mismas.
    • Tener un punto de vista que incluya no solamente las conveniencias propias sino también las de la familia y la comunidad.
    • Adquirir un sentido de equidad guiado por el propio criterio.
    • Poseer una fe profunda y sincera.
    • No caer en la minucia que se manifiesta en encontrar fallas y en regañar o ridiculizar a los demás.
    • Reconocer el derecho del otro a que se contesten sus preguntas y a quedar satisfecho.
    • Estar dispuestos a transigir, excepto en lo fundamental.
    • Ser generosos.
    • Tener sentido de humor.
    • Admitir la corrección y sacar buen provecho de ella.
    • Estar constantemente procurando el mejoramiento y el progreso.
    • Simpatizar con los demás y tratar de comprenderlos y de ayudarlos en sus problemas.
    • Hacerse dignos de confianza y practicar la puntualidad.
    • Cooperar, como cónyuge, a la formación de un hogar en el que todos puedan encontrar paz, amor, dicha y seguridad.

Dando por sentada la necesidad indispensable de la adaptación sexual , quisiera recordarte que hay también una adaptación a los distintos cambios o reacciones de tu compañera, cosas que tú no esperabas, cosas que a veces no puedes explicarte. Piensa también en la adaptación cuando surjan las dificultades, las luchas, las peleas. No sé cuándo tendrás el primer disgusto serio con tu esposa ni cuándo se peleará la primera batalla; pero sí te digo que es importante aprender a pelear en la vida del matrimonio. Muchas veces el primer disgusto, la primera pelea, señala pautas para el futuro.
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miércoles, 3 de agosto de 2016

Levántate y ve a..., aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




Título
LECCIÓN 5>>>



HUDSON TAYLOR
El carácter de Taylor había alcanzado una gran semejanza con su Maestro. He aquí el testimonio de un ministro anglicano que le hospedó: «Era él una lección objetiva de serenidad. Sacaba del banco del cielo cada centavo de sus ingresos diarios – ‘Mi paz os doy’. Todo aquello que no agitara al Salvador ni perturbara su espíritu, tampoco le agitaría a él. La serenidad del Señor Jesús en relación a cualquier asunto, y en el momento más crítico, era su ideal y su posesión práctica. No conocía nada de prisas ni de apuros, de nervios trémulos ni agitación de espíritu. Conocía esa paz que sobrepuja todo entendimiento, y sabía que no podía existir sin ella… Yo conocía las ‘doctrinas de Keswick, y las había enseñado a otros, pero en este hombre se veía la realidad, la personificación de la ‘doctrina Keswick’, tal como yo nunca esperaba verlo».
La lectura de la Biblia era para él un deleite y un ejercicio permanente. Un día, cuando ya había pasado los setenta años, se paró, Biblia en mano, en su hogar en Lausanne, y le dijo a uno de sus hijos: «Acabo de terminar de leer la Biblia entera por cuarentava vez en cuarenta años». Y no sólo la leía, sino que la vivía.
En abril de 1905, a la edad de 73 años, Taylor hizo su último viaje a China. Su esposa Jennie había fallecido, y él había pasado el invierno en Suecia. Su hijo Howard, que era médico, acompañado de su esposa, decidieron acompañar a Taylor en este viaje. Al llegar a Shangai, él visitó el cementerio de Yangchtow, donde estaba sepultada su esposa María y cuatro de sus hijos.
Mientras recorrían las ciudades chinas, Howard pudo comprobar el gran amor que todos le dispensaban a su padre, y también conocer cuál era el secreto de su prodigiosa vida espiritual. Para Taylor, el secreto estaba en mantener la comunión con Dios diaria y momentáneamente. Y esto se podía lograr únicamente por medio de la oración secreta y el alimentarse de la Palabra. Pero ¿cómo obtener el tiempo necesario para estos dos ejercicios espirituales? «A menudo, cuando tanto los viajeros como los portadores chinos habían de pasar la noche en un so
lo cuarto (en las humildes posadas chinas), se tendían unas cortinas para proveer un rincón aislado para nuestro padre, y otro para nosotros.
Y luego, cuando el sueño había hecho presa de la mayoría, se oía el chasquido de un fósforo y una tenue luz de vela nos avisaba que Hudson Taylor, por más cansado que estuviera, estaba entregado al estudio de su Biblia en dos volúmenes que siempre llevaba. De las dos a las cuatro de la madrugada era el rato generalmente dedicado a la oración – el tiempo cuando podía estar seguro de que no habría interrupción en su comunión con Dios. Esa lucecita de vela ha sido más significativa para nosotros que todo lo que hemos leído u oído acerca de la oración secreta; esto significaba una realidad – no la prédica, sino la práctica».
Después de haber recorrido todas las misiones establecidas por él, Hudson Taylor se retiró a descansar una tarde de junio de 1905, y de este sueño despertó en las mansiones celestiales.
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