sábado, 21 de marzo de 2015

El enemigo de Dios no pierde tiempo: Intentar desviarnos y corrompernos porque somos parte de la Iglesia.

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
 
Tipo de Archivo: PDF | Tamaño: MBytes | Idioma: Spanish | Categoría: Capacitación Ministerial
Información 


¡Prepárense! Vienen los falsos maestros
2 Pedro 2:1–10a
El conocimiento pleno de quién es el verdadero enemigo, cuáles son sus artimañas, en dónde está, qué hace y, si es posible, qué pretende hacer, es de suma importancia para los soldados que defienden un fuerte. Así se preparan mejor para resistir el ataque, desplegando sus medios de manera ventajosa, reforzando aquellas áreas no tan bien fortificadas, y surtiéndose de los recursos necesarios para aguantar un sitio prolongado. El defensor que ignora esa información acerca del enemigo, ya sea por falta de comunicación o por terquedad, pone en peligro al lugar que protege y a su propia vida.
El apóstol Pedro quería preparar a sus lectores para lo que seguramente sucedería; es decir, la venida de los que enseñarían una doctrina falsa, que tratarían de hacer estragos en el mensaje apostólico para desviar por completo a la iglesia.
Por lo tanto, empleando su pluma como un pincel, pintó un cuadro de los herejes y sus herejías, que estaban próximos a azotar a la iglesia. Es de notarse que la amonestación se dirige a la iglesia del primer siglo, por decirlo así, a la iglesia naciente. El enemigo de nuestras almas no perdió mucho tiempo antes de intentar desviar y corromper a la prístina iglesia.
De acuerdo a su enfoque, Pedro comunicó que la base de la defensa contra la falsa enseñanza es el conocimiento de la verdad; y él mismo aceptó la responsabilidad de comunicarla.
Por eso, pintó el cuadro de cómo eran exactamente y qué hacían los falsos maestros. Además, incluye ilustraciones provenientes del Antiguo Testamento que indican cómo, ya en aquel entonces, Dios había juzgado a quienes se desviaron de la verdad.
Entonces, de acuerdo al bosquejo ya elaborado, llegamos a
EL CONOCIMIENTO:
Acusando a sus enemigos 2:1–22
Advertencias contra los maestros falsos 2:1–3
El capítulo anterior terminó con una referencia a la gran obra del Espíritu Santo efectuada en los santos autores humanos de las Escrituras, una obra que les guió a lo que Dios quiso que proclamaran y que, a la vez, les preservó de todo error. Sin embargo, durante esa misma época de la historia antigua, Israel había estado infestado de algunos que promulgaban un mensaje falso, mentiroso, engañoso, ajeno a la verdad revelada por el Espíritu.
A veces se notaba en esos maestros un móvil personal y egoísta. Nuestra perspectiva bíblica nos permite reconocer la obra del Maligno y darnos cuenta que su mensaje no estaba de ninguna manera de acuerdo con Jehová. Las consecuencias en todo caso fueron desastrosas para el pueblo de Israel.
¡PENSEMOS!
En el Antiguo Testamento se denominaron “falsos profetas” a quienes: a ) hablaban del “engaño de su corazón” (Jeremías 14:13–14); sin tener el puesto ni el don, presentaban su mensaje y asumían el papel de profetas (Jeremías 23:28, 31); c) tomaban para sí mismos el título de profeta para disfrutar de las ventajas materiales que el pueblo acostumbraba entregar al religioso honrado. Fue contra semejantes farsantes y su mensaje, que los profetas legítimos tuvieron que luchar. Cuando eran descubiertos los charlatanes eran castigados, a veces hasta con la muerte.
“GUARDAOS DE LOS FALSOS PROFETAS QUE
VIENEN A VOSOTROS CON VESTIDOS DE OVEJAS,
PERO POR DENTRO SON LOBOS RAPACES”
(MATEO 7:15).
El apóstol Pedro hizo ver a sus lectores que ellos también podían esperar semejante clase de estorbo, ya que vendrían falsos maestros. El uso del verbo en tiempo futuro (“habrá” 2:1) ayuda a establecer la prioridad temporal de 2 Pedro relacionada con la epístola de Judas, donde se mencionan los mismos eventos, pero en tiempo pasado.
Tanto la táctica que emplearían, como el contenido de su mensaje, serían reprensibles. La impresión es que llevarían a cabo su nefario propósito con cautela. La instrucción escandalosa que impartirían esos engañosos, es descrita por Pedro como “herejías destructoras”. Se entiende lo serio de esa acusación al notar el detalle que dice: “negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina”. El centro de su negación parece haber sido tanto la persona, como la obra del Señor Jesucristo, actitud y conducta que hizo que esos maestros falsos cayeran en un gravísimo error.
Hubiera sido grave si solamente propagaran ideas o filosofías conceptualizadas pero no externalizadas, pero el hecho de que promulgaran semejante enseñanza para influenciar a otros, complicaba aún más el cuadro. Se entiende que un maestro tiene muchísima responsabilidad. “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación” (Santiago 3:1).
¡PENSEMOS!
Negar al Cristo bíblico parece ser el pasatiempo favorito de muchísimas sectas falsas que nos rodean en la actualidad.
Los musulmanes consideran a Cristo como un profeta, pero no como Dios. Inclusive niegan su muerte en la cruz diciendo que fue Judas quien murió en esa cruz. Los de la llamada Ciencia Cristiana (y las demás sectas de ese índole) enseñan que Cristo no fue más que una idea espiritual de Dios y que ni sufrió ni murió por el pecado, puesto que el pecado no existe.
Los ubicuos Testigos de Jehová promulgan que Jesús, antes de nacer aquí en la tierra, era un ángel, precisamente Miguel. A la vez dicen que era un dios, pero no Dios; que no hubo resurrección física, sino que Dios resucitó nada más su “cuerpo espiritual” y que ahora Jesús es otra vez el ángel Miguel.
El Cristo de los igualmente omnipresentes mormones es totalmente diferente al de la Biblia. El fundador de esa secta, José Smith, inventó a un cristo, el hijo espiritual de Elohim, quien llegó a esta tierra como resultado de las relaciones sexuales entre María y Elohim (quien, a propósito, tiene un cuerpo físico material igual a nosotros). Su intención al venir a la tierra fue para poder llegar a ser un dios. El Jesús de los mormones es hermanastro de Satanás.
¿Qué diríamos del Jesús de los católicorromanos? Para muchos de ellos, es el bebé perpetuo que está en brazos de la Virgen, o el cadáver en un crucifijo. Para todos, es el sacrificio inmolado cada vez que se celebra la misa. Finalmente, está el Jesús de muchísimos protestantes y hasta algunos llamados “evangélicos” que merecen el nombre de herejes por haber quitado o agregado a lo que la Biblia enseña. Me refiero a los que enseñan que Cristo era rico y que él quiere que seamos ricos tam bién; a los que predican que Cristo descendió al infierno para ser torturado por Satanás completando así la obra salvadora, a los que dicen que Cristo murió para lograr que cada individuo mejorara su autoestima, y al fin a los que dicen que se tiene que perdonar a Jesús por aquellas situaciones de tiempos pasados en donde sentimos que Jesús los ha decepcionado o herido emocionalmente. ¡Herejía todo! Estas son sólo una parte de lo que significa negar a Cristo actualmente.
“Y A CUALQUIERA QUE ME NIEGUE DELANTE DE
LOS HOMBRES, YO TAMBIÉN LE NEGARÉ DELANTE
DE MI PADRE QUE ESTÁ EN LOS CIELOS”
(MATEO 10:33).
La frase “…al Señor que los rescató” reconoce la eficacia y disponibilidad de la salvación en Cristo. “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2). Sin embargo, no quiere decir que esos maestros falsos eran redimidos, es decir, que eran legítimos hijos de Dios, que perdieron la salvación por “negar” a Cristo. El resto del Nuevo Testamento está en contra de esa idea.
La salvación que se ofrece al ser humano vuelve a ser eficaz en la experiencia de cada uno, mediante la obra del Espíritu Santo de Dios (que convence al individuo del mensaje bíblico, le da la capacidad de creer, y lo coloca en Cristo). Habiendo sucedido eso, ¡es imposible perder la salvación! “Porque de tal manera amó Dios al mundo” (“mundo” incluye a todo pecador, hasta los que llegarían a ser maestros falsos), “que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree” (aquí está el pero. Obviamente, ¡esos engañadores no le creyeron!) “no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Así que la “vida eterna” es para los creyentes, pero la “destrucción repentina” es para los incrédulos en general y los falsos maestros en especial.
No nos debe sorprender la popularidad que alcanzaron las aberraciones de la sana doctrina. El ser humano (después de Adán) nace rebelde, y su mente siempre está inclinada hacia el error. El enemigo de nuestras almas se aprovecha de esa propensión y provee mentiras en abundancia para que las crea el hombre. Pedro lo anticipó cuando dijo: “Y muchos seguirán sus disoluciones” (2:2).
Además, esos maestros aprovechados cumplían con su abominable tarea usando las tácticas y artimañas de un vendedor inescrupuloso: “…y por avaricia harán mercadería de vosotros” (2:3). Le conviene al creyente estar alerta y muy apegado a lo que la Biblia enseña. Su modelo debe ser el de los creyentes de Berea, quienes “recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11).
Ejemplos de juicio y rescate 2:4–10a
A continuación, mediante ciertas ilustraciones tomadas del Antiguo Testamento, el apóstol Pedro presenta la evidencia de dos aspectos de la justicia de Dios; la retributiva y la premiadora. Naturalmente, la razón para incluir esa enseñanza aquí contempla el fin de los maestros falsos y la protección de los fieles. Es como si dijera: “Esos casos históricos no escaparon de la mano de Dios y tampoco lo hará los presentes. ¡Téngalo por seguro! ” Dicho sea de paso, otra vez se nota la importancia del Antiguo Testamento para el estudio del Nuevo.
Dios no perdonó a los ángeles que pecaron (2:4). Hay dos explicaciones que son las más usuales de este evento. La primera alude a que Satanás y sus ángeles cayeron del cielo en la época pre-Adánica. El problema principal con esa interpretación es que 2 Pedro 2:4 indica que dichos ángeles estaban encarcelados, lo que no se dice todavía de Satanás.
La segunda y tal vez la mejor explicación es que 2 Pedro 2:4 hace referencia a la intervención pecaminosa extraordinariamente atroz de parte algunos ángeles, que cometieron una rebeldía tan horrible contra el carácter de su Santo creador, que él no pudo evitar encarcelarlos. El texto indica que los tiene encerrados en un lugar de oscuridad y tristeza, pero probablemente no es el lugar de sufrimiento eterno.
Algunos dicen que el evento aludido es lo que ocurrió en Génesis 6, debido a que la frase “hijos de Dios” usada en el Antiguo Testamento podía referirse a los ángeles. Sin embargo, no hay evidencia de que un ángel (que es un espíritu) tenga la capacidad de asumir cuerpo humano por sí mismo, aunque sí podía hacerlo cuando Dios le otorgaba dicho cuerpo de acuerdo a su voluntad.
A la par de eso, está la referencia del Nuevo Testamento en el sentido de que los ángeles no se casan (Mateo 22:30). Bien es cierto que no hay otra referencia antiguotestamentaria que directamente cite la clase de falta angelical que se aplicara al contenido de la porción de 2 Pedro. Sin embargo, la fuerza de 2 Pedro 2:4 no se puede negar o disminuir; Dios castiga a los que se oponen a su voluntad.
Dios juzgó al mundo antediluviano (2:5). Este es un punto indiscutible; hubo un diluvio universal. Fue un evento que hasta la ciencia honesta reconoce sin prejuicios. Sin embargo, la ciencia con todas y sus investigaciones geológicas, meteorológicas y a saber qué más, no puede explicar la razón de tal catástrofe, a menos que los científicos lean la Biblia. El diluvio vino para castigar a un pueblo incrédulo y rebelde, a un mundo poblado de “impíos” (2 Pedro 2:5), y otra vez se tiene que admitir que Dios castiga a los que se oponen a su voluntad.
Todos fueron destruidos menos Noé y su familia. Es interesante notar que Noé se describe como “pregonero de justicia”. En la actualidad, algunos consideran a Noé nada más el nombre de quien lleva el papel principal de una leyenda, un constructor de barcos o administrador de un zoológico. Pero la Biblia lo reconoce como personaje histórico y además, como un predicador de justicia. La porción de Génesis 6 y 7 no especifica cuál fue su predicación al menos siguiendo el estilo de lo que hoy se considera como tal, pero su testimonio frente a un mundo de incrédulos rebeldes e indiferentes, durante todos aquellos años cuando obedecía la voluntad de Dios, resultó en una “predicación”. Además, Génesis 6:9 especifica que Noé, “varón justo, era perfecto en sus generaciones”. Podríamos decir entonces que la vida obediente a Dios, que al fin y al cabo es una vida diferente de las demás porque obedece una norma mucho más alta, es una vida que da testimonio de la justicia. Naturalmente viene la pregunta, “¿Es así mi vida?”
Dios juzgó a las ciudades de la llanura, a Sodoma y Gomorra (2:6–8). Lo concerniente a esas dos ciudades llegó a tener un enorme impacto entre los judíos y a través de su historia les sirvió como amonestación, “poniéndolas de ejemplo” (v. 6). Pedro dice que su castigo redujo a cenizas esas ciudades, término empleado solamente aquí en el Nuevo Testamento pero usado por un autor pagano para describir la ciudad de Pompeya en Italia, que fue destruida por la erupción del volcán Vesubio.
Tal y como Pedro nos iluminó en cuanto a Noé llamándolo pregonero de justicia, aquí nos informa del carácter de Lot, algo que de otra manera no hubiéramos sabido: “el justo Lot”. Para los que tengan dudas, deben recordar que Abraham pensaba lo mismo e intercedió por Lot (Génesis 18:23–33).
Obviamente, Dios estuvo de acuerdo, porque lo libró de su juicio destructor (Génesis 19). Bien es cierto que muchos rabíes lo juzgaron con base en la ley de Moisés, proclamándolo así como muy deficiente y que era un pecador notable. También tenemos que admitir que el nombre de Lot no aparece en la lista de los héroes de la fe (Hebreos 11).
Aun un lector casual de las porciones aludidas (Génesis 13 y 19) tendría que confesar que la impresión que deja Lot es muy deficiente, tal vez era de carácter débil, y su interés espiritual era mínimo. Sin embargo, la conclusión final (“el justo Lot”) la tenemos que sostener, porque eso es lo que Espíritu Santo comunicó a Pedro para que lo escribiera.
Conclusión. Dios distingue entre los justos y los impíos (2:9–10a). Este no es un pensamiento nuevo para el lector y estudiante bíblico.
“PORQUE JEHOVÁ CONOCE EL CAMINO DE LOS
JUSTOS; MAS LA SENDA DE LOS
MALOS PERECERÁ”
(SALMOS 1:6).
En las ilustraciones veterotestamentarias ya presentadas, los impíos y rebeldes sufrieron el castigo de Dios. Las mismas referencias mencionan a quienes fueron librados de esa condenación, siempre por la misericordia y gracia de Dios. La sección termina anotando que los maestros falsos pertenecen a la clase anterior y gozarán del mismo porvenir: ¡el castigo!
Pedro concluye su crítica de esos engañadores dando una descripción de su carácter y conducta: “aquellos que siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío” (2:10a). Su comentario parece indicar que los factores enumerados representan su actuación de costumbre, o sea, lo que les es habitual (“andan”, indica que es su manera de vivir continuamente).
Además, la combinación de los términos “carne”, “concupiscencia” e “inmundicia”, sugieren la contaminación moral, no como si fuera un accidente en la vida, sino su pasión, pasión que buscaba saciarse por medio de la experimentación. Existe la posibilidad (por lo que esas mismas palabras señalan en otras porciones de la Biblia y por el género del término “maestros”), de que el autor estuviera haciendo referencia al horrendo pecado de la homosexualidad.
¡LOS QUE SE SUJETAN A LA CARNE NO PUEDEN
SUJETARSE AL SEÑOR!
Así es como termina esta sección. Con la declaración de que Dios reservará para ser castigado cualquier intento de desviar a los verdaderos creyentes. Pero, gracias a Dios, él preservará a los verdaderos creyentes de la tentación.

DOWNLOAD HERE>>>
http://www.ermail.es/link/TCVmmA2ccJJaaATCeC7CmA7CjaallVaa

No nos ha puesto Dios para ira: La ociosidad crea inquietud entre los hermanos y es un mal testimonio delante de los no creyentes

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
 
Tipo de Archivo: PDF | Tamaño: MBytes | Idioma: Spanish | Categoría: Capacitación Ministerial
Información 


Gratitud y aliento para los perseguidos
2 Tesalonicenses 1:1–12
LA SEGUNDA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS TESALONICENSES
Trasfondo histórico
En nuestro estudio de la primera carta que Pablo envió a los tesalonicenses, nos fijamos en que él quería completar lo que faltara a la fe de los hermanos de Tesalónica (1 Tesalonicenses 3:10c). Por eso, trató temas prácticos y escatológicos, incluyendo el día del Señor (1 Tesalonicenses 5:1–11). Pero es evidente que sus palabras fueron malentidades e interpretadas en forma incorrecta.
Él les dijo que Cristo “nos libra de la ira venidera” (1 Tesalonicenses 1:10) y que “no nos ha puesto Dios para ira” (1 Tesalonicenses 5:9). Pero según el parecer de los tesalonicenses, esas palabras no iban de acuerdo con su experiencia porque estaban pasando por enormes persecuciones que probablemente ellos atribuían a una manifestación de la ira de Dios. Por otro lado, algunos pensaban que el fin del mundo se acercaba, y por eso, habían dejado de trabajar. Esa ociosidad creaba inquietud entre los hermanos y era un mal testimonio delante de los no creyentes.
Propósito
Pablo escribió la segunda epístola para dar ánimo a los creyentes tesalonicenses mientras sufrían las persecuciones (1:3–12), para enderezar sus conceptos acerca del día del Señor (2:1–17) y para corregir el problema de la ociosidad (3:6–15)
Autor y fecha
El autor es Pablo, y escribió esa carta desde la ciudad de Corinto en el año 51 d.C., poco después de haber escrito la primera epístola.
BOSQUEJO DE SEGUNDA TESALONICENSES
I.
II.
III.
IV.
Palabras de agradecimiento y aliento a los perseguidos
La venida del día del Señor
El efecto del día del Señor
Instrucciones finales
1:1–12
2:1–9
2:10–17
3:1–18
El primer capítulo gira alrededor de tres puntos principales:
Divisiones del primer capítulo
El saludo de Pablo     1:1–2
Palabras de agradecimiento     1:3–4
Palabras de ánimo     1:5–12
EL SALUDO DE PABLO 1:1–2
La salutación de esta epístola es muy parecida a la de la primera carta. Proviene de los misioneros, Pablo, Silvano y Timoteo, que Dios usó para establecer la obra en Tesalónica. Ambas cartas se dirigen “a la iglesia de los tesalonicenses”. En la primera epístola, Pablo dijo que la iglesia estaba “en Dios Padre y en el Señor Jesucristo”, mientras que en la segunda dice que la iglesia estaba “en Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo”. De modo que tanto los misioneros como los creyentes de Tesalónica tenían el mismo Padre.
Asimismo, el apóstol desea para ellos “gracia y paz… de nuestro Padre y del Señor Jesucristo”. La iglesia estaba en ambas personas de la Deidad, y la gracia y la paz provenían de ambas. El hecho de unir el nombre de nuestro Señor Jesucristo con Dios nuestro Padre es un argumento a favor de la igualdad que existe entre ellos.
¡PENSEMOS!
¿Cuál es el problema doctrinal que surgió en la iglesia de Tesalónica después de recibir la primera epístola de Pablo? ¿Por qué creían algunos que el día del Señor ya había llegado? ¿Cuál es la ramificación práctica de la mala interpretación de la enseñanza de Pablo?
PALABRAS DE AGRADECIMIENTO 1:3–4
Aun en medio de su preocupación por las deficiencias que había en la fe de los hermanos tesalonicenses, Pablo halló motivos por los cuales agradecer a Dios y les dijo que siempre daba gracias al Señor por ellos (1:3). Él los había instruido diciéndoles que dieran “gracias en todo” (1 Tesalonicenses 5:18), y practicaba lo que les había enseñado. La frase “como es digno” indica que los tesalonicenses merecían la expresión de gratitud por parte del apóstol. Tales expresiones agradan a Dios y fueron de gran incentivo para los tesalonicenses.
PARALELISMOS ENTRE 1 TESALONICENSES 1:3
Y
2 TESALONICENSES 1:3–4
1 Tesalonicenses 1:3
Su obra de fe
Su trabajo de amor
Su constancia en la esperanza
2 Tesalonicenses 1:3–4
Su fe creciente
Su amor abundante
Su paciencia en sus persecuciones y tribulaciones
En su primera carta, Pablo dio gracias a Dios por la obra de fe de los tesalonicenses (1 Tesalonicenses 1:3). Agregó en el versículo 8 del mismo capítulo que su fe en Dios se había extendido, y se regocijó mucho cuando Timoteo volvió dando “buenas noticias” de su fe (1 Tesalonicenses 3:6).
En la segunda carta, el apóstol alabó a Dios porque su fe iba creciendo (1:3c). El verdadero pastor añora que sus discípulos crezcan en la fe y la verdad (3 Juan 4), y se goza mucho al darse cuenta de que tal crecimiento sucede.
Pablo rogaba a Dios que los creyentes tesalonicenses abundaran en amor “para con todos” (1 Tesalonicenses 3:12). En respuesta a su primera carta, recibió la buena noticia de que su oración había sido contestada. Los creyentes abundaban en amor “para con los demás” (2 Tesalonicenses 1:3). Con razón estaba tan agradecido a Dios.
“Y EL AMOR DE TODOS Y CADA UNO DE VOSOTROS
ABUNDA PARA CON LOS DEMÁS” (1:3D).
En 1 Tesalonicenses 1:3 se hizo referencia a su paciencia o constancia al esperar la venida de nuestro Señor Jesucristo. En 2 Tesalonicenses 1:4b, Pablo toma nota de su paciencia y fe en todos sus persecuciones y tribulaciones. Todos pasamos por aflicciones y problemas. Algunos muestran paciencia y como consecuencia, crecen en su fe. Otros resisten, se amargan, se endurecen y se alejan de una vida de obediencia a Dios. El ejemplo de los tesalonicenses frente a las pruebas impactó tanto a Pablo que se gloriaba de ellos en las iglesias de Dios (1:4a).
PALABRAS DE ALIENTO 1:5–12
El justo juicio de Dios 1:5–9
La paciencia frente a las pruebas demostraba el justo juicio de Dios o el hecho de que Dios es justo (1:5a). Al ser juzgados los tesalonicenses por Dios, serían declarados “dignos del reino de Dios” (1:5b). La demostración de la paciencia frente a las pruebas no hace a nadie digno del cielo, porque éste no se alcanza por medio de los sufrimientos. Sin embargo, la paciencia frente a las pruebas demuestra que el creyente es digno de recibirlo.
Dicha paciencia proviene de Dios, y es evidencia que él está obrando en alguien. Esa virtud es una garantía de que él cumplirá sus promesas acerca del lugar que tendremos en el reino. Dios declara al creyente digno por su gracia, la cual se recibe como dádiva de Dios por la fe en Cristo Jesús.
En 1 Corintios 3:11–13 encontramos una enseñanza parecida. El tema de ese pasaje es el tribunal de Cristo, quien es el fundamento de nuestra fe (1 Corintios 3:11). Cuando estemos ante el tribunal de Cristo, “la obra de cada uno se hará manifiesta…; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará” (3:13a y d). El fuego no produce obra alguna, pero prueba si la obra es genuina.
Ese es el mismo propósito de las pruebas en la vida del cristiano. Las pruebas no producen paciencia, pero la presencia de la paciencia demuestra la obra del Espíritu Santo en el creyente (Gálatas 5:22). Dios es justo al declarar que tal persona es digna de su reino.
¡PENSEMOS!
¿Cuáles eran las cosas por las que Pablo daba gracias en 2 Tesalonicenses 1:3–4? ¿De qué manera son esas cosas pruebas de la eficacia de su enseñanza y sus oraciones? ¿Cómo se puede decir que la paciencia es demostración del justo juicio de Dios? ¿Qué hacía Pablo a favor de los tesalonicenses en las iglesias de Dios?
Dios también es justo al juzgar a los perseguidores (1:6–9). Dios paga con tribulación a los que atribulan a los creyentes. Esto es lo justo (1:6); todos cosecharán lo que han sembrado (Gálatas 6:7–8).
“Y OÍ AL ÁNGEL DE LAS AGUAS, QUE DECÍA: JUSTO
ERES TÚ, OH SEÑOR, EL QUE ERES Y QUE ERAS, EL
SANTO, PORQUE HAS JUZGADO ESTAS COSAS. POR
CUANTO DERRAMARON LA SANGRE DE LOS SAN
TOS Y DE LOS PROFETAS, TAMBIÉN TÚ LES HAS
DADO A BEBER SANGRE; PUES LO MERECEN”
(APOCALIPSIS 16:5–6).
En cambio, los atribulados hallarán reposo con todos los demás creyentes, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder (1:7). En esta vida, todos los cristianos padecemos de algún tipo de persecución (2 Timoteo 3:12), pero en medio de ella podemos hallar descanso en Cristo, y cuando él venga, disfrutaremos de reposo eternamente.
El poder del Señor se menciona en los versículos 7 y 9. Los tesalonicenses sentían el poder de sus perseguidores, y en tales momentos es muy fácil creer que nunca llegará el alivio. Algunos se sienten abandonados por Dios cuando sus tribulaciones son abrumadoras. Sin embargo, nuestro Dios es todopoderoso, y a su tiempo aplastará a nuestros enemigos. La creencia en su poder y en su justo juicio es un gran consuelo para los cristianos atribulados.
Nuestro Señor Jesucristo vendrá en llama de fuego (1:8a). El fuego es parte de su vestidura y de su persona (Apocalipsis 1:14b). Por el contexto se sabe que esta es una figura de juicio, porque él se manifestará: “para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (1:8b y c). Es interesante notar que el versículo seis dice que Dios paga con tribulación a los que persiguen a los creyentes atribulados. En otras palabras, él manifiesta su poder a favor de su pueblo. En el versículo ocho, él obra con gran poder a favor de su propio honor.
El juicio contra los incrédulos es cosa terrible. Sufrirán pena de eterna perdición (1:9a). Esta frase no habla de aniquilación total, o sea la destrucción del ser humano. Los no creyentes permanecerán con vida, pero perdidos eternamente. Además, serán lanzados al lago de fuego (Apocalipsis 20:14–15) donde está el diablo, la bestia y el falso profeta: “y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 20:10). También quedarán excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder (1:9b). Las llamas del lago de fuego son literales, y esa parte del juicio de los inconversos es horrible. Pero el juicio más drástico es quedar separado de la presencia de Dios para siempre. Si hay un lector que no conoce a Cristo, le ruego encarecidamente poner su fe en él para ser librado de semejante juicio. Tome en cuenta que el juicio es justo, aunque el objeto del castigo sea un ser querido mío o suyo. Es su propia incredulidad la que le acarreará tal consecuencia.
La segunda venida de Cristo no sólo será un tiempo de retribución, sino también de glorificación 1:10a
El Señor vendrá para ser glorificado en (no por) sus santos y ser admirado en todos los creyentes (1:10b). En esa ocasión, el Señor no vendrá para arrebatar a su iglesia. La descripción del arrebatamiento se encuentra en 1 Tesalonicenses 4:13–18. En la segunda venida, regresará para reinar después de la gran tribulación. Es una maravilla de la gracia de Dios que él permita que la gloria de su bendito Hijo se refleje en nosotros, que antes de ser salvos, éramos pecadores alejados de su gracia. Él también será admirado en todos los que creyeron. Todos los que presencien ese espectáculo se maravillarán en el Señor al ver su gracia desplegada a plenitud en las vidas totalmente cambiadas de su pueblo. Hasta cierto grado, la gloria de Cristo se manifiesta a través de las vidas de sus hijos en esta vida, y esa transformación debe ser constante y creciente.
“POR TANTO, NOSOTROS TODOS, MIRANDO A
CARA DESCUBIERTA COMO EN UN ESPEJO LA
GLORIA DEL SEÑOR, SOMOS TRANSFORMADOS DE
GLORIA EN GLORIA EN LA MISMA IMAGEN, COMO
POR EL ESPÍRITU DEL SEÑOR”
(2 CORINTIOS 3:18).
El conocimiento de lo que Cristo hará en su venida es un estímulo a la fe de los hermanos sufrientes, y les dará reposo aun en medio de las tribulaciones.
Pablo termina esta sección con una oración a favor de los tesalonicenses. Sus peticiones eran:
1. Que Dios les tuviera por dignos de su llamamiento (1:11a).
La contestación de esta petición depende de la obedencia de los creyentes. No se relaciona tanto con su posición, como con su andar. Lo expresa así el apóstol en Efesios 4:1:”…os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados”.
2. Que Dios cumpliera todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder (1:11b).
La fe aquí no es pasiva, sino activa, como era el caso en 1 Tesalonicenses 1:3, donde se observaba el uso activo del poder de Dios en servicio fructífero. Aun en medio de las tribulaciones, Pablo deseaba que los creyentes demostraran por medio de sus obras que servían al Dios vivo y verdadero.
3. Para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo fuera glorificado en ellos, y ellos en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo (1:12).
El resultado sería que nuestro Señor Jesucristo sería glorificado en ellos y ellos en él, demostrando así la unión estrecha que existe entre Cristo y los miembros de su cuerpo. Esos resultados pueden efectuarse solamente por la gracia de Dios.
¡PENSEMOS!
¿De qué manera paga Dios a los perseguidores de los creyentes? ¿Cómo demuestra la retribución el justo juicio de Dios? Comente el reposo que Dios provee para sus hijos cuando se encuentran en medio de las tribulaciones.
Describa la condición eterna de los incrédulos. Explique cómo será glorificado y admirado Cristo en sus santos. ¿Cuáles eran las peticiones de Pablo a favor de los tesalonicenses?

DOWNLOAD HERE>>>
http://www.ermail.es/link/TCVmmA2ccJJaaATCeC7CmA7CjaallVaa
https://story.ad/site/file_download/smartpublicity1467919561neTNIrOs.html