viernes, 17 de febrero de 2012

Comentario a Romanos: Una Ayuda Interesante



biblias y miles de comentarios
 
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         ¿CÓMO PUEDE AYUDARME ÉSTE COMENTARIO?

       La interpretación bíblica es un proceso tanto espiritual como racional que intenta entender e interpretar a un escritor de la antigüedad inspirado por el Espíritu Santo, de tal manera que el mensaje de Dios pueda ser entendido y aplicado a nuestros días.

       El  proceso  espiritual  es  crucial  pero  difícil de definir. Involucra un ceder a Dios y estar abierto a escucharle.  Debe haber un hambre (1) por Dios, (2) de conocerle a El, y (3) de servirle. Este proceso incluye oración, confesión y el estar dispuesto a cambiar tu manera de vivir. El Espíritu Santo es importantísimo en el proceso interpretativo, pero el por qué cristianos sinceros y entregados a Dios llegan a entender la Biblia de manera diferente es un verdadero misterio.

       El proceso racional es más fácil de describir. Debemos de ser consistentes y justos al texto y no estar influenciados por nuestros prejuicios personales o denominacionales. De hecho, todos estamos condicionados históricamente. Ninguno de nosotros somos intérpretes completamente objetivos y neutrales. Este comentario ofrece un proceso racional que contiene cuatro principios interpretativos y estructurados para ayudarnos a sobreponernos nuestros prejuicios.

El Primer Principio
       El  primer  principio  es  notar  la  situación  histórica en la cual cada libro de la Biblia fue escrito y la ocasión histórica particular para que se escribiera. Esto es debido a que el autor original tenía un propósito, un mensaje que comunicar. El texto bíblico no puede significar o decir algo que el autor antiguo e inspirado originalmente nunca hubiera querido decir. Vemos entonces, que la intención del autor original es ciertamente la clave de la interpretación -y no nuestra necesidad o situación histórica, emocional, cultural, personal o denominacional. Además,  la aplicación es compañera integral de la interpretación, pero la correcta interpretación debe siempre anteceder a la aplicación. Cabe reiterar aquí, que cada texto bíblico tiene uno, y solo un significado. Este significado es aquel que el autor bíblico original le dió a través del liderazgo del Espíritu Santo para comunicarlo a su día. Este único significado puede tener muchas posibles aplicaciones a diferentes culturas y situaciones. Estas aplicaciones, sin embargo, deben estar ligadas a la verdad central del autor original. Por esta razón, este comentario de guía de estudio está diseñado para proveer una introducción a cada libro de la Biblia.

El Segundo Principio
       El segundo principio es identificar las unidades literarias. Cada libro de la Biblia es un documento unificado. Los que interpretan la Biblia no tienen derecho de aislar un aspecto de la verdad a costa de excluir otros. Por lo tanto, debemos de esforzarnos por entender el propósito del libro particular a estudiar antes de que intentemos interpretar sus unidades literarias individuales. Las partes individuales -capítulos, párrafos, o versículos- no pueden significar algo que la unidad completa no significa. La interpretación debe de ir de un modo deductivo del todo a un modo inductivo de las partes. Por lo tanto, este comentario de guía de estudio esta diseñado para ayudar al estudiante a analizar las estructuras de cada unidad literaria por párrafos. Las divisiones de párrafos y capítulos no son inspiradas, pero sí nos ayudan a identificar las unidades de pensamiento.

       El  interpretar  a  nivel  de  párrafo  –y  no  a  nivel de oración, cláusula, frase o palabra- es la clave para seguir el significado intencionado del autor bíblico. Los párrafos están basados en un tema unificado, frecuentemente llamado el enunciado o declaración temática. Cada palabra, frase, cláusula y enunciado en el párrafo se relaciona de alguna manera a este tema unificado. Ellos la limitan, expanden, la explican y/o la cuestionan. Una verdadera clave para la correcta interpretación es seguir el pensamiento del autor original párrafo a párrafo a través de las unidades literarias que componen ese libro de la Biblia en particular. Este comentario de guía de estudio está diseñado para ayudar al estudiante a hacer precisamente eso, al comparar traducciones modernas de la Biblia en Español. Estas traducciones han sido seleccionadas porque ellas emplean diversas teorías de traducción:
1.  El Texto Griego de la Sociedades Bíblicas Unidas, cuarta edición revisada (SBU4). Este texto fue dividido en párrafos por eruditos textuales modernos.
2.  El texto impreso de este estudio-guía-comentario es la Versión Reina-Valera 1960 (RV 1960).
Esta es una traducción literal palabra-por-palabra basada en una tradición del manuscrito griego conocido como Textus Receptus. Sus divisiones de párrafos son mas largas que las otras traducciones. Estas unidades mas largas ayudan al estudiante a ver los temas unificados. Los comentarios de versículo-por-versículo que se encuentran aquí siguen las divisiones de párrafos de esta versión de la Biblia.
3.  La Biblia de las Américas (LBLA) es una traducción modificada palabra-por-palabra. Forma un punto medio entre las siguientes dos traducciones modernas. Sus divisiones de párrafo son de  bastante ayuda para identificar los temas que contienen.
4.  La Versión Dios Habla Hoy (DHH) es una traducción dinámica equivalente publicada por la Sociedades Bíblicas Unidas. Intenta traducir la Biblia de tal manera que el lector moderno de habla hispana pueda entender el significado del texto griego. Con frecuencia, especialmente en los Evangelios, divide párrafos basado en el que habla, en vez de por el tema, de la misma manera que la Nueva Versión Internacional. Para los propósitos del intérprete esto no es lo mejor. Es interesante notar que tanto la SBU4  y la DHH son publicadas por la misma institución, sin embargo sus divisiones de párrafos difieren.
5.  La Biblia de Jerusalén (JB) es una traducción dinámica equivalente basada en una traducción católica francesa. Es de mucha ayuda para comparar las divisiones de párrafos desde la perspectiva europea.

El Tercer Principio
       El tercer principio es leer la Biblia en diferentes traducciones para poder obtener el más amplio rango de significado (campo semántico) que las palabras bíblicas o las frases puedan tener. Con frecuencia una frase griega o una palabra pueden ser entendidas de varias maneras. Estas diferentes traducciones resaltan estas opciones y ayudan a identificar y a explicar las variaciones de los manuscritos griegos. Estas no afectan la doctrina, pero sí nos ayudan a regresar al texto original escrito por el autor antiguo inspirado.

El Cuarto Principio
       El cuarto principio es observar el género literario. Los autores originales inspirados escogieron registrar su mensaje de formas diferentes, por ejemplo: narración histórica, drama histórico, poesía, profecía,  evangelio-biografía (parábola), carta y apocalíptico. Estas formas diferentes tienen claves especiales de interpretación particulares (vea el texto de Gordon Fee y Doug Stuart How To Read The Bible For All Its Worth, (Có mo Leer La Biblia Por Todo Lo Que Vale) publicado por Zondervan, ó Playing be the Rules (Jugando de Acuerdo a las Reglas) por Robert Stein).
       Así,  este  comentario  de  guía  de  estudio  ofrece una manera rápida para el estudiante de verificar sus interpretaciones. Este comentario no tiene el propósito de ser definitivo o de tener la última palabra, sino más bien de ser informativo y de invitar a pensar. Con frecuencia, las otras posibles interpretaciones nos ayudan a no ser tan parroquiales, dogmáticos y/o denominacionales. Todo intérprete debe de tener una amplia gama de opciones interpretativas para reconocer cuán ambiguo puede ser el texto antiguo. Es muchas veces sorprendente y vergonzoso ver cuán pocas cosas pueden tener en común cristianos que reclaman tener la Biblia como su fuente de verdad.
       Estos principios me han ayudado a sobrepasar mucho de mi acondicionamiento histórico al forzarme a luchar y batallar con el texto antiguo. Mi deseo es que estos principios sean de igual manera una bendición para usted.
 ¿Podemos conocer la verdad? ¿Dónde se encuentra? ¿Podemos verificarla de manera lógica? ¿Existe una autoridad máxima? ¿Existen absolutos que puedan guiar nuestras vidas, nuestro mundo? ¿Tiene significado la vida? ¿Por que estamos aquí? ¿Hacia donde vamos? Todas estas preguntas –preguntas que toda persona racional contempla- han hostigado el intelecto humano desde el principio del tiempo (Ec. 1:13-18; 3:9-11). Yo aún puedo recordar mi propia búsqueda personal por encontrar el centro integral de mi vida. Me convertí en creyente de Jesucristo a temprana edad, debido principalmente al testimonio de personas importantes en mi familial. Cuando crecí a la edad adulta también crecieron preguntas acerca de mí y de mi mundo. Simples clichés culturales y religiosos no daban significado a las experiencias de las cuales yo leía o confrontaba. Este fue un tiempo de confusión, búsqueda, anhelo, y con frecuencia de desesperanza en vista del duro e insensible mundo en el cual vivía. 
       Muchos reclamaban tener las respuestas a estas preguntas esenciales, pero después de investigar y reflexionar yo descubrí que sus respuestas estaban basadas en (1) filosofías personales, (2) mitos antiguos, (3) experiencias personales, o (4) proyecciones psicológicas. Yo necesitaba algún grado de verificación, alguna evidencia, alguna explicación racional en la cual basar mí entendimiento del mundo, mi centro de integridad, mi razón de vivir.
       Encontré todo esto en mi estudio de la Biblia. Comencé a buscar evidencia de su confiabilidad, la cual la encontré en (1) la confiabilidad histórica de la Biblia confirmada por la arqueología, (2) la exactitud de las profecías del Antiguo Testamento, (3) la unidad del mensaje de la Biblia a través de los 1,600 años de su producción, y (4) los testimonios personales de personas cuyas vidas habían sido permanentemente cambiadas por el contacto de la Biblia. El cristianismo, como un sistema unificado de fe y creencia, tiene la habilidad de tratar con las preguntas complejas de la vida humana. No solamente me proveyó esto un marco racional, sino que además el aspecto de la experiencia de la fe bíblica me trajo estabilidad gozo emocional.
      Yo pensaba que había encontrado el centro integral de mi vida-Cristo, como se entiende a través de las Escrituras. Fue una experiencia muy fuerte, una liberación emocional. Sin embargo, ¡yo todavía puedo acordarme de la conmoción emocional y el dolor cuando empecé a comprender cuántas diferentes interpretaciones de la Biblia se manejan, a veces incluso aún dentro de las mismas iglesias o escuelas de pensamiento! El afirmar la inspiración y confiabilidad de la Biblia no era el fin del asunto, sino solo el principio. ¿Cómo podía verificar o rechazar las variadas o conflictivas interpretaciones de los muchos pasajes difíciles de las Escrituras por aquellos que reclamaban su autoridad y confiabilidad?
       Esta tarea se convirtió en la meta de mi vida y mi peregrinaje de fe. Yo sabía que mi fe en Cristo me había (1) traído gran paz y gozo. Mi mente anhelaba algunos absolutos en medio de la relatividad de mi cultura (post-modernista); (2) el dogmatismo de sistemas religiosos conflictivos (religiones del mundo); y (3) arrogancia denominacional. En mi búsqueda por métodos válidos a la interpretación de la literatura antigua me sorprendí al descubrir mis propios prejuicios históricos, culturales, denominacionales y de mis experiencias. Me di cuenta que con frecuencia leía la Biblia simplemente para reforzar mis propios puntos de vista. La usaba como una fuente de dogma para atacar a otros mientras reafirmaba mis propias inseguridades e insuficiencias. ¡Cuán doloroso descubrimiento fue este para mí!
       Y aunque nunca podré ser completamente objetivo, sí puedo convertirme en un mejor lector y estudiante de la Biblia. Yo puedo limitar mis prejuicios si los identifico y reconozco su presencia. Aun no estoy libre de mis prejuicios, pero puedo confrontar mis áreas débiles. ¡Y es que el intérprete es con frecuencia el peor enemigo de una buena y correcta lectura bíblica! 
       Permítame darle una lista de algunas de las presuposiciones que yo en lo personal traigo al estudio de la Biblia para que usted, el lector, pueda examinarlas juntamente conmigo:

I.     Presuposiciones
       A.    Creo que la Biblia es la única revelación inspirada del Único y verdadero Dios. Por lo tanto, debe 
               de ser interpretada a la luz de la intención del Autor divino original (El Espíritu Santo), a través de 
               un escritor humano en una condición histórica especifica.
       B.    Creo que la Biblia fue escrita para la persona común, es decir, ¡para todas las personas! Dios se 
              adaptó a Si mismo para hablarnos claramente dentro de un contexto cultural e histórico. Dios no 
             esconde la verdad, más bien ¡quiere que la entendamos! Por lo tanto, debe ser interpretada a la      luz  del día en que fue escrita, no del nuestro. La Biblia no debe significar para nosotros lo que  nunca quiso significara para aquellos que la leyeron o escucharon por primera vez. La Biblia es entendible a la persona promedio y usa formas y técnicas de comunicación humanas normales.
      C.    Creo que la Biblia tiene un propósito y mensaje unificados. No se contradice a si misma, aunque sí   contiene pasajes paradójicos y difíciles. De tal manera que la Biblia es la mejor intérprete de sí  misma.
      D.    Creo que cada pasaje (excluyendo la profecía) tiene un y solo un significado basado en la intención  del autor original inspirado. Aunque nunca podemos saber con absoluta certeza la intención del 
              autor original, muchos indicadores nos muestran su dirección, tales como:
              1.    el género (tipo de literatura) escogida para expresar el mensaje
              2.    la situación histórica y/o específica que motivó a que se escribiera
              3.    el contexto literario del libro entero al igual que cada unidad literaria
              4.    el diseño textual (bosquejo) de las unidades literarias según se relacionan al pasaje completo
              5.    las herramientas gramaticales específicas usadas para comunicar el mensaje
              6.    las palabras seleccionadas para presentar el mensaje
              7.    los pasajes paralelos
       El estudio de cada una de estas áreas se convierte en el objeto de nuestro estudio de un pasaje de la Biblia. Antes de que explique mi metodología para una buena y correcta lectura de la Biblia permítame delinear algunos de los métodos inapropiados que son usados hoy y que han causado tanta diversidad en la interpretación, y que por consiguiente deben de ser evitados:

II.    Métodos Inapropiados
        A.     El ignorar el contexto literario de los libros de la Biblia y el usar cada oración, cláusula, o aún 
                palabras individuales como declaraciones de verdades que en realidad no están relacionadas a la   intención del autor o al contexto más amplio. Esto es en realidad “usar un texto como pretexto”,  es decir, usar un texto para decir algo que el texto no enseña.
        B.     El ignorar la situación histórica de los libros al sustituirla por una situación histórica supuesta      
                 que tiene poco o ningún apoyo del texto mismo.
        C.     El ignorar la situación histórica de los libros y leerlo como si fuera el periódico matutino escrito   
                 principalmente para los cristianos modernos de hoy.
        D.     El ignorar la situación histórica de los libros al alegorizar el texto y hacerlo un mensaje  
                 teológico/filosófico completamente sin relación a los primeros oyentes y a la intención original 
                 del autor.
        E.     El ignorar el mensaje original al sustituirlo por el propio sistema teológico personal, doctrina 
                 preferida, o asunto contemporáneo sin relación alguno con el propósito del autor original y su 
                 mensaje. Este fenómeno con frecuencia se da cuando se lee la Biblia como un medio de 
                establecer la autoridad del que habla, en su caso predicador o conferencista. A esto se le conoce                 como “respuesta del lector” (o sea es una interpretación según “lo que el texto significa para  mi”).

        Al menos tres componentes relacionados pueden encontrarse en toda la comunicación humana escrita:

 En el pasado, técnicas de lecturas diferentes se han enfocado en uno de los tres componentes. Pero para en verdad afirmar la inspiración única de la Biblia es mas apropiado un diagrama modificado: 

 
 En realidad los tres componentes deben de ser incluidos en el proceso interpretativo. Para el propósito de verificación mi interpretación se enfoca en los primeros dos componentes: el autor original y el texto.
Estoy consciente que probablemente estoy reaccionando defensivamente ante los abusos que he observado
(1) la alegorización y espiritualización de los textos bíblicos y 
(2) a la interpretación “respuesta del lector” (o sea es una interpretación según “lo que el texto significa para mi”). Los abusos pueden ocurrir en cada etapa. Debemos siempre de verificar nuestras motivaciones, prejuicios, técnicas, y aplicaciones. Pero ¿cómo los podemos verificar si no existen límites en la interpretación o un criterio base? Es aquí entonces donde la intención del autor y la estructura textual me proveen con algún criterio para limitar la gama de posibles interpretaciones válidas.
       A la luz de estas técnicas de lectura inapropiadas preguntémonos ¿cuáles son algunos métodos apropiados para la buena y correcta lectura e interpretación que ofrezcan un grado aceptable de verificación y consistencia?

III.    Métodos Apropiados para una Buena y Correcta Lectura de la Biblia
       En este punto no estoy discutiendo sobre las técnicas específicas de interpretación para géneros específicos, sino sobre los principios generales hermenéuticos validos para todos los tipos de textos bíblicos. Un buen libro de texto que habla de los géneros específicos es How To Read The Bible For All Its Worth, (Có mo Leer La Biblia Por Todo Lo Que Vale) por Gordon Fee y Douglas Stuart, publicado por Zondervan.
      
       Mi metodología se enfoca inicialmente en que el lector le permita al Espíritu Santo iluminar la Biblia a través de cuatro ciclos personales de lectura. Esto hace que el Espíritu, el texto y el lector sean primarios, y no secundarios. Esto también protege al lector de ser excesivamente influenciado por los comentaristas. He oído decir: “La Biblia arroja mucha luz sobre los comentarios.” Digo esto no para menospreciar las ayudas de estudio, sino más bien para abogar por un uso mas apropiado de ellos en su momento.

       Debemos poder apoyar nuestras interpretaciones desde el texto mismo. Hay cinco áreas que proveen al menos una verificación limitada:
1.  Del autor original:
a.    su entorno histórico
b.    su contexto literario
2.  la selección del autor original de
               a.    estructuras gramaticales (sintaxis)
               b.    el uso contemporáneo de las palabras
               c.    el género literario
3.  nuestro entendimiento apropiado de
               a.    pasajes paralelos relevantes
 Necesitamos poder proveer las razones y la lógica detrás de nuestra interpretación. La Biblia es nuestra única fuente de fe y práctica. Tristemente, y con frecuencia, los cristianos no están de acuerdo sobre lo que la Biblia enseña o afirma. Es contraproducente declarar y asegurar  la inspiración de la Biblia, ¡y luego no poder ponerse de acuerdo en su enseñanza y requerimientos!
       Por ello, los cuatro ciclos de lectura están diseñados para proveer las siguientes guías interpretativas:
       A.  El primer ciclo de lectura
               1.    Lea el libro de corrido completo. 
             2.    Luego, léalo otra vez en una traducción diferente, mucho mejor si es una traducción de una                         teoría distinta:
                    a.teoría palabra por palabra (Reina-Valera-1960, La Biblia de Las Américas, Reina-Valera   Revisada1995) 
                       b.    teoría equivalente dinámico (Dios Habla Hoy, Biblia de Jerusalén)
                       c.    teoría paráfrasis (Dios Llega Al Hombre, Nuevo Testamento Viviente)
               3.    Busque el propósito central del libro. Identifique su tema.
               4.    Aísle (si es posible) una unidad literaria, un capítulo, un párrafo o una oración que exprese 
                      claramente este propósito o tema central.
               5.    Identifique el género literario predominante
                      a.    Antiguo Testamento
                             (1)    Narrativa hebrea
                             (2)    Poesía hebrea (literatura de sabiduría, salmo)
                             (3)    Profecía hebrea (prosa, poesía)
                             (4)    Códigos de leyes
                      b.    Nuevo Testamento
                             (1)    Narraciones (Evangelios, Hechos)
                             (2)    Parábolas (Evangelios)
                             (3)    Cartas/epístolas
                             (4)    Literatura apocalíptica
       B.  El segundo ciclo de lectura
               1.    Lea todo el libro una vez más, buscando identificar los temas o tópicos principales.
               2.    Haga un bosquejo de los temas principales y escribir brevemente su contenido en una           
                      declaración sencilla.
               3.    Revise su declaración de propósito y bosquejo amplio con ayudas de estudio.
       C.  El tercer ciclo de lectura
               1.    Lea todo el libro nuevamente, buscando identificar el entorno histórico y la ocasión  
                      especifica que motivó se escribiera el libro.
               2.    Haga una lista de los asuntos históricos mencionados en el libro de la Biblia
                      a.    el autor
                      b.    la fecha
                      c.    los destinatarios
                      d.    la razón específica de su escritura
                      e.    aspectos del entorno cultural relacionados con el propósito de su escritura
                      f.    referencias a personajes y eventos históricos
               3.    Amplíe su bosquejo a nivel de párrafo de esa parte del libro bíblico que está interpretando.    
                     Siempre identifique y haga un bosquejo de la unidad literaria. Puede que sean varios capítulos 
                      o párrafos. Esto le permite seguir la lógica del autor original y el diseño textual.
               4.    Revise el entorno histórico usando ayudas de estudio.
       D.  El cuarto ciclo de lectura
               1.    Lea la unidad literaria específica en varias traducciones
                       a.    palabra por palabra (RV-1960, LBLA, RVR-1995)
                       b.    equivalente dinámico (DHH, BJ)
                       c.    paráfrasis (DLAH, NTV)
                2.    Busque las estructuras literarias o gramaticales
                       a.    las frases repetidas, Ef. 1:6, 12,13
                       b.    las estructuras gramaticales repetidas, Ro. 8:31
 C.     conceptos contrastantes
                3.    Haga una lista de lo siguiente:
                       a.    de los términos significativos
                       b.    de términos inusuales
                       c.    de estructuras gramaticales importantes
                       d.    de palabras, cláusulas u oraciones particularmente difíciles
                4.    Busque los pasajes paralelos relevantes
                       a.    busque el pasaje con la enseñanza mas clara de su terna usando
                              (1)    libros de “teología sistemática”
                              (2)    Biblia con referencias
                              (3)    concordancias
                       b.    Busque un posible par paradójico dentro de su tema. Es decir, muchas verdades bíblicas 
                              son presentadas en pares dialécticos; muchos conflictos denominacionales vienen de 
                              usar “textos como pretextos” y enseñar solo la mitad de una verdad bíblica. Toda la 
                              Biblia es inspirada, y debemos buscar el mensaje completo para poder proveer un 
                              balance bíblico a nuestra interpretación.
                       c.    Busque paralelos dentro del mismo libro, mismo autor o mismo género; la Biblia es su 
                              propio mejor interprete porque tiene un solo autor, el Espíritu Santo.
                5.    Use ayudas de estudio para revisar sus observaciones de entorno histórico y ocasión del libro
                        a.    Use Biblias de estudio
                        b.    Use enciclopedias, manuales y diccionarios de la Biblia
                        c.    Use introducciones Bíblicas
                        d.    Use comentarios bíblicos (en este punto de su estudio, permita a la comunidad de  
                                creyentes, pasada y presente, que le ayude y corrija en su estudio.)

IV.  Aplicación de la Interpretación Bíblica
       En este punto giramos hacia la aplicación. Usted ya se ha tornado el tiempo para entender el texto en su condición original; ahora usted debe aplicarlo a su vida y su cultura. Yo defino a la autoridad bíblica como “el entender lo que el autor bíblico original estaba diciendo en su día y aplicar esa verdad a nuestro día.”
       La aplicación debe seguir a la interpretación de la intención del autor original tanto en cuanto a tiempo como en lógica.
       ¡No podemos aplicar un pasaje Bíblico a nuestro día hasta que sepamos que estaba diciendo en su día! ¡Un pasaje de la Biblia no puede significar lo que nunca significó!
       Su bosquejo detallado, a nivel de párrafo (ciclo de lectura #3), será su guía. La aplicación debe ser hecha a nivel de párrafo, no a nivel de palabra. Las palabras tienen sentido solo en contexto; las cláusulas tienen sentido solo en contexto, las oraciones tienen sentido solo en contexto. La única persona inspirada involucrada en el proceso interpretativo es el autor original. Nosotros solo seguimos su dirección por la iluminación del Espíritu Santo. Pero la iluminación no es inspiración. Para decir “así dice el Señor”, debemos acatarnos bajo la intención del autor original. La aplicación debe relacionarse específicamente a la intención general de todo el escrito, a la unidad literaria específica y el desarrollo del pensamiento del nivel de párrafo. 
       ¡No permita que los asuntos de nuestro día interpreten a la Biblia; más bien deje que la Biblia hable! Esto puede requerir que saquemos principios del texto. Esto es válido si el texto apoya un principio. Desafortunadamente, muchas veces nuestros principios son solo eso, “nuestros” principios—no los
principios del texto.
Al aplicar la Biblia, es importante recordar que (excepto en profecía) uno y solo un significado es válido para un texto bíblico en particular. Este significado está relacionado con la intención del autor original al dirigirse a una crisis o necesidad en su día. Muchas posibles aplicaciones se pueden derivar de este significado. La aplicación estará basada en las necesidades de los recipientes, pero deberá estar relacionada con el significado original del autor.
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Un estudio sobre la soteriología del dogma del Descensus ad inferos


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 Un estudio sobre la soteriología del dogma del Descensus ad inferos
 I Parte:
Interpretación moderna de 1 Pe 3,19-20a.
El Libro de Henoch y los ángeles del diluvio
Capítulo I. Preámbulo: Prima Petri
1.  ¿Existe la necesidad de un nuevo estudio de las bases exegéticas   del descensus ad inferos?
2.  Necesidad de un estudio interdisciplinar
3.  Presentación de Prima Petri
4.  Claves de lectura de la Carta: Una exhortación a la fidelidad en medio de las dificultades de la vida 
     cristiana
5.  Presentación de la perícopa 3,18-22. Contexto inmediato
6.  Enumeración de las dificultades exegéticas de la perícopa
           6.1. Fórmula cristológica (v.18)……………………………………
           6.2. Nexo entre los versos 18 y 19: evn w-|……………………….…..
           6.3. El verso 19: conceptos no unívocos…………………………...
           6.4. Tipología bautismal (v. 20-21)……....………………………...
           6.5. Teología de la Ascensión (v. 22)……………………………....
7. Primera aproximación a la comprensión  de 1 Pe 3,18-22. Teorías   de su origen
8.  Tres interpretaciones de 1 Pe 3,19 en la historia de la Iglesia…….

Capítulo II. Libro de Henoch y 1 Pe 3,19-20a
1.  Introducción…………………………………………………………..
2.  Aparición del libro de Henoch en la historia de la exégesis  de 1 Pe 3,19
3.  Presentación del libro Etiópico de Henoch o 1 Henoch……………
4.  Descripción del Libro de los Guardianes……………………………
5.  El libro de Henoch y 1 Pe 3,18ss. Dos vías diferentes  de interpretación
 
Capítulo  III.  Predicación  de  Cristo  a  los  ángeles  responsables  del diluvio en los Infiernos. SELWYN
1.  Introducción..……………………………………………….………..
2.  Contexto de la perícopa 1 Pe 3,18-22: Imitatio Christi. ………….. 

El  Descenso  a  los  infiernos,  a  pesar  de  ser  uno  de  los  dogmas  de  la  Iglesia católico romana contenidos en el credo apostólico, es un tema marginal en los tratados de teología y, en el mundo de habla española, es un tema casi completamente inexplorado. No existe ni una sola monografía sobre el mismo y los teólogos apenas se preguntan sobre el puesto y la relevancia que éste tiene en la fe de la Iglesia. Sin embargo, no se ha de pensar que ocurre lo mismo en otros círculos. Cuando se profundiza en el tema, uno se encuentra con gran cantidad de estudios y suficientes monografías. 
El  Descensus  ha  sido  estudiado  desde  distintos  puntos  de  vista,  exegético, patrológico y dogmático. Creemos que, en esta primera monografía en lengua española, no está de más hacer mención de los trabajos más relevantes que se han publicado sobre el Misterio de los tres días. 
No  podemos  menos  que  empezar  por  un  trabajo  que  citaremos  constantemente en nuestro estudio y que igualmente es citado en todo estudio serio sobre el dogma del Descensus, nos referimos al trabajo excepcional de C. SCHMIDT. En su estudio sobre el libro conocido como Epistola Apostolorum, este alemán de principios de  siglo elaboró un excursus  de más de cien páginas sobre la fe en el Descensus en la primitiva Iglesia.
Su  estudio  se  centra  en  el  aspecto  soteriológico  del  Descensus  que  en  la  Epistola apostolorum  estaba  ligado  a  la  predicación  de  Cristo  en  el  Hades  y  a  la  salvación-bautismo de los justos del AT5. Estos son los temas centrales de nuestro estudio, de ahí la relevancia que tiene este trabajo para nosotros. Pero SCHMIDT no partía de cero, sino que  ya  había  habido  estudios  serios  sobre  la  historia  del  Descensus  en  los  primeros testigos  de  la  tradición6.  Así  a  principios  de  siglo  en  el  mundo  de  habla  francesa, TURMEL,  MONNIERy  QUILLIET publicaron  tres  estudios  del  tema.  En  el  ámbito sajón también se estaba trabajando sobre el Descensus, muestra de ello son los artículos que encontramos en la Encyclopaedia of Religion and Ethics (1911) de dos autores bien conocidos  entre  los  estudios  de  nuestro  tema:  LOOFS y  MACCULLOCH.  Años  más tarde,  este  último,  publicaría  un  estudio  monográfico  sobre  las  fuentes  del  dogma  del Descensus en la tradición, que se convertiría igualmente en un clásico. Este trabajo no sólo  se  limitó  a  presentar  la  historia  del  dogma  en  la  ortodoxia  (los  Padres),  sino también  se  preocupó  por  encontrar  los  posibles  precedentes  en  la  cultura  pagana.  Esto tampoco era novedoso. A finales del siglo XIX ya se había producido una disputa entre los  teólogos  que  consideraban  el  Descensus  como  genuinamente  cristiano  y    los  que afirmaban que éste era una simple cristianización de mitos paganos. Pero los estudios sobre el descenso a los infiernos, según HERZOG, pueden remontarse mucho más atrás.
El  primer  estudio  monográfico  y  sistemático  del  Descensus  fue  el  de  DIETELMAIR, Historia  dogmatis  de  descensu  Christi  ad  inferos,  Altfort  1741.  A  éste  le  siguieron muchos  otros.  HERZOG,  cuyo  libro  está  dedicado  a  presentar  las  monografías  sobre  el Descensus  en  los  cuatro  últimos  siglos,  testimonia  más  de  cincuenta  trabajos  en  el mundo protestante  en el  primer siglo  y medio desde que  comenzara la Reforma (hasta 1754).
 Para muchos lectores, a pesar de lo dicho hasta ahora, el título de nuestro trabajo seguramente  sonará completamente  extraño:  “Un  estudio  sobre  la  soteriología  del dogma  del  Descensus  ad  inferos:  1 Pe  19-20a  y  la  tradición  sobre  “la Evangelización de Cristo en los Infiernos”. En el credo se dice que Cristo descendió a los infiernos, pero  no se dice nada sobre lo que allí hizo. ¡Una predicación en el Hades! ¿Dónde se ha oído?
Como  hemos  apuntado,  para  los  patrólogos  esto  no  suena  en  absoluto  extraño. Según algunos de estos autores, ésta es la teología positiva (=soteriológica) más antigua asociada  al  dogma  objeto  de  nuestro  estudio;  muestra  de  ello  es  que  era  conocida  por autores ortodoxos y heterodoxos de los s. II-III.
Para  los  exegetas,  tampoco  suena  extraño,  pues,  como  hemos  dicho,  esta doctrina se ligó desde muy antiguo al texto de 1 Pe 3,1941. Creemos que es el momento de citar este controvertido texto:
 
Pues  también  Cristo,  murió  una  sola  vez  por  los  pecados,  el  justo  por  los  injustos,  para llevarnos a Dios, muerto en la carne, vivificado en el espíritu,  en el que también fue a predicar a los espíritus encarcelados,   en otro tiempo incrédulos,  
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miércoles, 15 de febrero de 2012

Ilustración de Sermones: Homilética Avanzada


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La ilustración2
Entre los materiales para la elaboración de sermones, este es uno de los recursos más importantes y necesarios para hacer de la predicación una comunicación eficaz. Según las estadísticas, el estudiante latinoamericano promedio durante sus años de escolaridad pasa ante las pantallas de cine o televisión quince mil quinientas horas, muchas más de las que pasa en las aulas de clase. El joven estadounidense se devora al año dieciocho mil páginas de historietas (comics). La venta y especialmente el alquiler de videocasetes alcanza proporciones imposibles de cuantificar a nivel mundial. La venta anual de discos sobrepasa la astronómica cifra de los quinientos mil millones anuales en el mundo; número este superado por la venta de audiocasetes.3
Estamos viviendo cada vez más en una sociedad saturada de imágenes y sonidos. Experimentamos el paso acelerado de una civilización verbal a otra visual y auditiva. A esto se agrega lo que las ciencias de la comunicación y la educación han comprobado. Esto es, que captamos conocimientos a través de nuestros cinco sentidos, según los siguientes porcentajes: ochenta y cinco por ciento por lo que vemos, diez por ciento por lo que oímos, dos por ciento por lo que tocamos, uno y medio por ciento por lo que olemos, y uno y medio por ciento por lo que gustamos.
Es por ello que predicar exige un lenguaje pictórico. Las congregaciones están cada vez más habituadas a la imagen mental. El uso del lenguaje abstracto condena la predicación al fracaso. Esto no es un problema meramente comunicativo, sino también teológico. No es solo que nuestros oyentes no entiendan o que les cueste demasiado seguir los argumentos puramente abstractos y por consiguiente se aburran y desconecten de la predicación, sino que nuestro Dios se revela a la humanidad a través no de abstracciones sino de personas y situaciones concretas de la vida diaria. Las grandes afirmaciones de la fe cristiana nos llegan en forma de símbolos tales como la cruz, el bautismo y la santa cena. Nadie puede comunicar adecuadamente las verdades del evangelio sin hacer uso de alguna clase de imágenes que reflejen lo concreto. Somos desafiados, en esta generación alimentada en base a películas, saturada por la radio y bombardeada por ritmos frenéticos, a predicar vívidamente, transformando el oído en ojo, ilustrando, pintando cuadros que fijen gráficamente en la mente las verdades de Dios. Alrededor del setenta y cinco por ciento de las enseñanzas de Jesucristo en el Nuevo Testamento contienen algún tipo de elaboración pictórica. Predicar a través de imágenes, es decir, utilizando ilustraciones, es usar el método con el cual Jesucristo predicó y enseñó las verdades centrales de la fe cristiana.
Las ilustraciones pueden surgir de una sola palabra, una frase breve, una oración gramatical completa, o uno o varios párrafos. La extensión no es lo más importante, aunque la brevedad y precisión son virtudes de toda buena ilustración.
Por otra parte, la experiencia nos enseña que los predicadores que manejan un lenguaje claro, preciso y significativo tienen menos necesidad de recurrir a las formas más tradicionales de ilustración. Su propio lenguaje, lleno de figuras, se constituye en un constante material de apoyo. Para muestra, damos un ejemplo del predicador Cecilio Arrastía, maestro en cuanto al uso del lenguaje figurado: «Jesucristo es la esquina de la historia, donde Dios tiene una cita con el ser humano». Cultivar un lenguaje ilustrativo, pictórico, es hacer de toda la predicación una constante ilustración de nuestros temas.
Son numerosos y variados los tipos de ilustraciones útiles para la predicación que están a nuestro alcance. La mayoría pertenecen a géneros literarios que se encuentran en la Biblia. Luego de considerar las opiniones de diversos homiléticos al respecto, nuestra lista de tipos de ilustraciones, la cual es obviamente incompleta, nos ofrece nueve alternativas que consideramos válidas:
a. El símil lo constituyen palabras o expresiones de carácter pictórico. El símil afirma que una cosa es como la otra y consiste en la comparación directa que se hace entre dos ideas o realidades, por la relación de semejanza o similitud, que hay entre ellas en uno o varios de sus aspectos. Encontramos muchos ejemplos en el Antiguo y Nuevo Testamentos. Jesucristo utilizó constantemente el símil. Un buen ejemplo es: «¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!» (Mt 23:37).
b. La metáfora, que es la figura literaria por excelencia en la lengua española, consiste en palabras o expresiones que dicen que una realidad es la otra. Es decir, se traslada el sentido de una persona o cosa a otra en virtud de la relación de semejanza estrecha que hay entre ellas. Como en el caso de los símiles, las metáforas son numerosas en la Biblia y constituyen uno de los recursos retórico-literarios más utilizados para ilustrar en la enseñanza y predicación de Jesucristo. Para muestra, solo un par de ejemplos: «Yo soy el buen pastor, el buen pastor su vida da por las ovejas» (Jn 10:11); «Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5:14a). Es impresionante e iluminador el hecho de que en el sermón del monte podemos encontrar cincuenta y seis metáforas.
c. La analogía funciona, en la ilustración, sobre el principio de que realidades o situaciones que se asemejan en ciertos aspectos, lo harán también en otros. Esto no debe confundirse con la comparación. En la analogía solo hay similitud entre dos o más atributos, circunstancias, o efectos. El parecido es en forma proporcional. Por ejemplo, los filósofos antiguos, preocupados por el sentido total de la vida humana, al observar que la mariposa, viva y bella, emergía de una crisálida aparentemente muerta y poco atractiva, decidieron por analogía que el alma viviente del ser humano emergería en forma similar de su cuerpo muerto. Es decir, su observación de ciertas leyes naturales los llevó, a través del paralelismo analógico, a formular argumentos antropológicos. Por ejemplo, según Jesucristo, el acto de evangelizar es análogo al de pescar, y para Pablo, el evangelio es análogo a la dinamita. Con James Crane concordamos en que uno de los mejores, sino el mejor ejemplo del uso de la analogía en Jesucristo es: «Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Jn 3:14–15).
d. La parábola es, etimológicamente, la combinación de dos vocablos griegos: para, la preposición que significa «al lado de, junto a»; y ballein, el verbo «echar o arrojar». Juntos significan aquello que se coloca al lado de otra cosa, para demostrar la semejanza entre las dos. En resumen, parábola significa semejanza. La parábola es semejante al símil, pero sus detalles se han ampliado como narración. En un sentido, la parábola es la extensión del símil. Es una historia concreta y fácilmente comprensible de lo cotidiano —real o imaginario— a fin de ilustrar una verdad que, quien la usa, quiere hacer clara y central en sus oyentes. La parábola se compone normalmente de tres partes: la ocasión, la narración y la aplicación o lección espiritual. La parábola enseña siempre una sola verdad central, exactamente como todo otro tipo de buena ilustración en el sermón. Cuando la verdad del sermón se ilustra objetivamente a través de una historia en apariencia inocente, y se ejemplifica en la vida de alguien o algunos, su moraleja puede obrar positivamente sobre los oyentes. La parábola bien construida no necesita explicar ni moralizar, puesto que estas funciones deben estar implícitas en la sí misma. Jesucristo no solo utilizó parábolas constantemente, inspiradas en la naturaleza y en la vida social, política y doméstica, sino que también perfeccionó este género retórico-literario. Sus parábolas son ejemplos notables de ilustración, por su fuerza, equilibrio estructural y economía del lenguaje. La preparación de parábolas como material de ilustración para nuestros sermones, es una tarea difícil, pero su uso, en los casos no muy numerosos en que se hace posible, vigorizará el carácter pictórico y docente de la predicación.
e. El suceso histórico es la imagen forjada en palabras sobre características de algún personaje o situación de la historia, preferiblemente de nuestros pueblos, que ofrezca ejemplos sobre aspectos de nuestros temas, aun en relación con manifestaciones de la providencia de Dios a través del devenir humano. Esto último obliga a la prudencia y cautela extremas en el uso de este tipo de ilustraciones. Además, somos llamados a buscar tales recursos en nuestra propia historia, pletórica de material ilustrativo. Los libros de ilustraciones, por ser hasta el presente en su mayoría traducciones del inglés, aunque proveen gran número de referencias a hechos históricos, estos son muchas veces desconocidos y encima, completamente ajenos a los intereses de nuestras congregaciones. Lo mismo se aplica a las anécdotas ilustrativas, que a continuación comentaremos.
f. La anécdota es el relato breve de un hecho curioso, poco conocido y modelador, ya sea sobre personajes y situaciones reales o imaginarias. Su valor descansa no tanto en su interés histórico o biográfico como en sus características narrativas, basadas más en lo inusual que en lo moral. Es lo fuera de lo común lo que, por vía de ejemplo, ofrece la lección espiritual. Este recurso muy usado en nuestros púlpitos, requiere selección y formulación cuidadosas. Uno de los peligros de la anécdota es su degeneración en fábula. Esta, en su significado negativo, es la narración falsa, mentirosa, de pura invención, carente de todo fundamento. Es la ficción artificiosa con que se encubre o disimula una verdad. Aparece en casi toda la literatura de género mitológico. El uso más positivo de la fábula es como composición literaria, generalmente en verso, en que por medio de una ficción alegórica y la representación de personas humanas y de personificaciones de seres irracionales, inanimados o abstractos, se da una enseñanza útil o moral. Entre las colecciones más conocidas por nuestra gente están las fábulas de Esopo, Samaniego y Hans Christian Andersen. El púlpito, opinamos, no es lugar para la fábula. Las anécdotas, ya sean reales o imaginarias, pero válidas por su relación directa y ejemplificadora con las verdades del evangelio y las necesidades humanas, tienen un lugar valioso en la predicación.
g. La poesía es un género literario muy utilizado, con propósito ilustrativo, en la predicación. La buena poesía no solo contiene los pensamientos más sublimes que puede concebir la mente sino que además penetra y expresa las complejas profundidades de la naturaleza humana. Tanto los clásicos de todos los tiempos, como la poesía contemporánea, en sus expresiones cristianas como en el amplio mundo de lo llamado secular, ofrecen en nuestra lengua cervantina una fuente inagotable de material ilustrativo. Aunque en general a nuestras congregaciones les agrada el uso de la poesía desde el púlpito, debemos ser muy cuidadosos. Una cosa es la poesía como medio de ilustración; otra es su uso como flor, adorno, para hacer «más bonito» el sermón. Por ello, a veces será sabio usar solo una estrofa o algunas líneas del poema que ilustren el aspecto del tema en cuestión. Con lo dicho no desestimamos la belleza que el género poético agrega a la predicación; solo apuntamos que la ética antes que la estética debe dominar nuestro mensaje.
h. El episodio o incidente biográfico es uno de los tipos de ilustración sermonaria de mayor uso y valor. Y esto con razón, pues, como bien apunta James D. Robertson: «No hay aspecto de la vida que no tenga paralelo en alguna biografía. Es aquí donde podemos encontrar un ejemplo concreto para cada verdad bíblica que tiene que ver con el ser humano».4 Un tipo especial, dentro de este género, es la autobiografía o experiencia personal de quien predica. El caso del apóstol Pablo, quien reiteradamente usa sus propias experiencias para ilustrar la verdad, defender su ministerio y ensalzar la gloria de Dios, es constantemente emulado en nuestros púlpitos. Los «testimonios personales» son elementos comunes a nuestra predicación. El peligro está cuando, quien testifica, se transforma inconsciente o conscientemente en el héroe de la historia. Ahí es cuando la experiencia personal, que pretendía ilustrar una verdad, pierde su funcionalidad dentro del sermón, pues desvía la atención de la congregación del Personaje único, en última instancia, de todo sermón: Jesucristo, y la centra en quien predica. Las experiencias personales como ilustraciones de nuestros sermones deben ser pocas, breves, sencillas y dirigidas con claridad a destacar explícitamente la gloria de Dios.
i. Los medios visuales constituyen un recurso ilustrativo que es muy poco explotado en la predicación. Si prestamos seria atención a lo ya dicho al comenzar estos comentarios sobre la ilustración, esto es, que el ochenta y cinco por ciento del conocimiento que captamos es a través de lo que vemos, entonces comprenderemos el tremendo valor de usar todo tipo de objetos visibles como ilustraciones de lo que predicamos. Las posibilidades son múltiples, y es ahí donde nuestra creatividad al respecto será probada. Desde una simple moneda, hasta la proyección luminosa de una o varias imágenes mientras predicamos, pasando por todo aquello que pueda ser útil para ilustrar las enseñanzas del sermón, debemos aprovecharlo todo como material visual ilustrativo.
Hay homiléticos que incluyen, como un tipo válido de ilustración, la alegoría. Aquí deseamos enfatizar que, así como cuestionamos anteriormente la interpretación alegórica del texto del sermón, por los errores a los que conduce, lo mismo hacemos con el uso de alegorías como ilustraciones. Hacemos nuestras las palabras de Cecilio Arrastía: «Le tememos a la predicación alegórica tanto como al diablo, porque equivale justamente a la desencarnación del evangelio».5
Los propósitos de las buenas ilustraciones son, entre otros: 1) Atraer y mantener la atención, 2) clarificar las ideas, 3) apoyar la argumentación, 4) dar energía al argumento, 5) hacer más vívida la verdad, 6) persuadir la voluntad, 7) causar impresiones positivas, 8) adornar verdades majestuosas, 9) proveer descanso frente a la argumentación abstracta, 10) ayudar a retener lo expuesto, 11) reiterar o dar variedad a la repetición de un concepto, 12) aplicar indirectamente la verdad, 13) hacer práctico el sermón.
Sobre este último propósito, el de hacer práctico el sermón, es decir, que sus verdades tengan relación directa y vital con la vida, más aun, con las necesidades humanas, Lester Mathewson afirma que las ilustraciones se aplican a los principios de la vida en la siguiente forma:
1)     La ilustración ejemplifica algún principio.
2)     La ilustración ayuda a ver ese principio en acción.
3)     La ilustración ayuda a realizar la aplicación del principio.
4)     La ilustración ayuda a demostrar la necesidad y la ventaja de ese principio.
5)     La ilustración ayuda a demostrar la frecuencia del principio.
6)     La ilustración ayuda a demostrar que puede haber resultados peligrosos si no se pone en práctica el principio que ella ilustra.6
Los predicadores podemos tener diversos propósitos al usar una ilustración, y esta puede satisfacerlos todos. La clave reside en la cuidadosa selección y elaboración de buenas ilustraciones. Escojamos y preparemos, entonces, ilustraciones comprensibles, apropiadas, interesantes, gráficas, breves y dignas de crédito. Huyamos de las muy trilladas, ya conocidas de todos. Jamás preparemos un sermón en torno a una ilustración. Las ilustraciones que necesitamos explicar, no sirven. Eliminemos toda inexactitud e imprecisión en nuestras ilustraciones. Seamos cuidadosos en el número de ilustraciones en cada sermón; usar la cantidad de ilustraciones apropiadas por cada división principal del bosquejo es un buen criterio.

2 Sobre este tema reconocemos las influencias recibidas a través de la lectura de James D. Robertson, Ilustraciones para sermones y el uso de fuentes de consulta, Rodolfo G. Turnbull (ed. gen.), Diccionario de la Teología práctica: Homilética, op. cit., pp. 27-37, y F.D. Whitesell y L.M. Perry, op.cit., pp. 67-76.
3 Estadísticas presentadas en la mesa redonda «Nuestras interrelaciones educativas», en el Seminario de Medios de Comunicación Social auspiciado por la UNESCO en Ciudad México, del 4 al 9 de diciembre de 1986.
4 James D. Robertson, op.cit., p. 30.
5 Cecilio Arrastía, Jesucristo, Señor del pánico, Casa Unida de Publicaciones, México, 1964, p. 8.
6 Citado en F.D. Whitesell y L.M. Perry, op.cit., pp. 72-73.
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Pasajes y textos bíblicos
1. ALGUNOS «DEBEMOS» DE LA BIBLIA
(Juan 3:7)
1. Debemos orar siempre (Lc. 18:1; Sal. 91:1; Mt. 6:6).
2. Debemos leer las Escrituras (Col. 3:16; 1 P. 2:2).
3. Debemos asistir a los cultos de la iglesia (He. 10:25).
4. Debemos dar testimonio (Ro. 10:9, 10).
5. Debemos traer nuestras ofrendas al Señor (Mal. 3:7–12; 2 Co. 9:7).
6. Debemos ser sinceros (Jn. 4:24; Mt. 5:8).
7. Debemos comparecer ante el Tribunal de Cristo (2 Co. 5:10).

2. GRANDES COSAS DE JUAN 3:16
1. Un gran Dios (2 Cr. 2:5; Sal. 86:10).
2. Un gran amor (1 Jn. 4:8, 16; Ro. 5:8).
3. Una gran compañía (1 Jn. 2:2; Jn. 3:17).
4. Un gran don (2 Co. 9:15).
5. Un gran Salvador (Mt. 1:21; Hch. 4:12).
6. Una gran invitación: «todo aquel» (Ap. 22:17).
7. Una gran seguridad: «que cree» (Ro. 10:9, 10).
8. Una gran liberación: «perezca» (Jn. 14:6).
9. Una gran recompensa: vida eterna (Sal. 23:6; Jn. 5:24).

3. TODAS LAS COSAS
SON HECHAS NUEVAS
Mateo 7:15–20
1. Nueva vida: por la gracia de Dios (Jn. 3:5, 6; 1:12).
2. Nuevos corazones: por su poder (Ez. 36:26; 1 Co. 6:11).
3. Nuevos frutos: por su Espíritu (Mt. 7:16; Gá. 5:22–25).
4. Nuevo camino: por su Palabra (Is. 43:19; Jn. 14:6).
5. Nuevo pacto: por su Hijo (He. 8:8–13; 1 Co. 11:25).
6. Nueva ley: por su misericordia (Jn. 13:34; 15:12; Gá. 6:2).
7. Nueva visión: por un milagro (Jn. 9:25; Col. 3:1–13).
8. Nuevas relaciones: por la justicia de Cristo (He. 2:11; 1 Co. 1:30; Ef. 2:10–13; Ro. 8:15).

 4. ALMAS SACUDIDAS
POR LA TORMENTA
(Salmo 46)
1. El poder de Dios (vv. 1–3):
a) Refugio (v. 1): nuestra verdadera seguridad reside no en las armas humanas, sino en
el Dios todopoderoso. Todas las otras promesas de seguridad ofrecen falsas esperanzas y
son, al final, inútiles.
b) Reposo (vv. 2, 3): Él ordena el caos cósmico, y la confusión da paso al reposo. Él no
es sólo un refugio, sino que es de fácil acceso, de manera que Su poder y ayuda están
siempre a nuestra disposición. El contenido de los vv. 2 y 3 tienen estrecha relación con los
vv. 7 y 11.
2. La presencia de Dios (vv. 4–7):
a) Consolación (vv. 4, 5): la escena cambia, y ahora es la omnipresencia de Dios más
que Su omnipotencia lo que nos trae consolación. El tumulto cesa, y la presencia de Dios
llena de gracia es el retiro seguro de un alma sacudida por la tormenta, como un cielo de
descanso después de una tempestad.
b) Bienestar (vv. 6, 7): Dios es eterno, inmutable, el Dios de los ángeles, y el Dios de
un hombre, aun de alguien tan débil como Jacob. Si a pesar de todos los fracasos de Jacob,
el Señor quiere ser su Dios, entonces también querrá ser el Dios nuestro y el Dios de cada
débil pecador.
3. La paz de Dios (vv. 8–11):
a) La Providencia (vv. 8–10): los caminos de Dios a veces no son fáciles de entender,
pero en cada acontecimiento está la Providencia, que hace que todas las cosas obren para
bien. Esto trae la paz a un alma azotada por la tempestad.
b) Protección (vv. 11): nuevamente el gozoso refrán que suena como música al oído de
los afligidos. Dios es nuestra segura defensa y protección. Su presencia es la promesa de
victoria y lo único que puede traernos una auténtica paz.

5. LA SED DEL ALMA
(Salmo 63)
1. Súplica (vv. 1, 2):
a) Comunión (v. 1): no todas las almas que están sedientas buscan a Dios. Cuando
decimos, «Tú eres mi Dios», entonces sí deseamos Su presencia.
b) Consuelo (vv. 2): cuando el alma busca a Dios, nunca encuentra temor, sino siempre
consuelo y confortamiento.
2. Contentamiento (vv. 3–6):
a) Dedicación (v. 3): «Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro
corazón». (Lc. 12:34). Una dedicación total moldea el juicio y controla los deseos.
b) Acción de gracias (vs. 4–6): un Dios tan inmensamente bueno que satisface los
profundos deseos del alma, es digno de toda alabanza.
3. Convicción (vv. 7, 8):
a) Escudo (v. 7): ¡Tal vez el «Shekinah» estaba en la mente del autor de este salmo! Es
el cántico de un alma satisfecha que halla su escudo en Dios.
b) Sostenimiento (v. 8): el alma tiene profundos anhelos de Dios y siente que está
segura en los brazos eternos.

 4. Confianza (vv. 9–11):
a) Castigo (vv. 9, 10): un declive extraño, al parecer, pero está dicho en un sentido que
expresa confianza, y no un sentir vindicativo. Es la seguridad que ha de triunfar la justicia.
b) Propiedad (v. 11): el salmista no se regocija por lo tanto en la caída del enemigo,
sino en Dios quien trae gloria al corazón honesto.

6. UN SALMO DE PENITENCIA
(Salmo 25)
1. Protección (vv. 1–5):
a) Confianza (vv. 1–3): ¿A quién más podríamos ir?
b) Enseñanza (vv. 4, 5).
No busca ni pide por su propio camino, sino que viene como un niño.
2. Paciencia (vv. 6–10):
a) Gracia (vv. 6, 7): el amor eterno de Dios es digno de toda nuestra confianza.
b) Guía (vv. 8–10): aprendemos no sólo sus verdades, sino también sus caminos.
3. Plenitud (vv. 11–13):
a) Perdón (v. 11): la verdadera penitencia ruega el perdón de Dios para glorificar su
nombre.
b) Paz (vv. 12, 13): aquel que pone su confianza en Dios nunca será confundido.
4. Compañía (vv. 14–16):
a) Revelación (v. 14): Dios revela los secretos de Su amor a Sus propios hijos.
b) Rescate (vv. 15, 16): es posible que Dios no nos libre siempre de las trampas que nos
tienden, pero sí nos dará la liberación final.
5. Poder (vv. 21, 22): Él nos sacará triunfantes de cada prueba.

7. UNA ORACIÓN PENITENCIAL
(Salmo 6)
1. Congoja (vv. 1–5):
a) Petición (vv. 1–3): a veces todos somos conscientes de que necesitamos ser
reprendidos por nuestras faltas. En tales momentos siempre podemos apelar a la
misericordia del Señor y estar seguros de que seremos escuchados y recibiremos perdón.
b) Ruego (vv. 4, 5): la conciencia de la presencia de Dios siempre sana las heridas de la
vida, y vivir en el secreto de Su presencia es ser inmune a los complots del hombre o a las
cosas que disgustan a los impíos.
2. Desesperación (vv. 6, 7):
a) Cansados (vv. 6): en este pasaje no figura el nombre de Dios, y por lo tanto tenemos
la figura de un pecador en el mundo, sin perdón ni redención.
b) Desgastados (vv. 7): así es el destino del pecador, sin Dios y sin esperanza. Esto se
empeora cuando el tal se da cuenta de que está más allá de toda recuperación posible en lo
que a recursos terrenos se refiere.
3. Liberación (vv. 8–10):
a) Convicción (vv. 8, 9): volvemos otra vez al nombre de Dios. No hay ninguna cosa
tan eficaz para alejar la tristeza como un buen tiempo dedicado a la oración.
b) Certeza (v. 10): he aquí la seguridad de que Dios está en Su trono
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