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miércoles, 9 de diciembre de 2015

En la mucha sabiduría hay mucha frustración, y el que aumenta conocimiento, aumenta su aflicción.

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




La Perspectiva de El Predicador


 Teología de Eclesiastés
Primera Parte
Las suposiciones son puestas en duda

La perspectiva del Predicador acerca del mundo, de conocer a Dios y de la justicia divina.

Los autores de la literatura sapiencial hacen una serie de suposiciones acerca de Dios y del mundo que Él creó, y luego basan sus reflexiones en estas suposiciones. Alan Jenks identifica tres pre suposiciones teológicas que proveen la perspectiva ortodoxa presente en Proverbios:

    1.      El mundo sigue un orden, dirigido por Dios, su sabio Creador.
    2.      Es posible entender ese orden si buscamos la sabiduría.
  3.    Por tanto, el sabio que sigue el orden divino experimentará buenas cosas, mientras que el insensato sufrirá por su necedad. (1985, 44)

¿En qué manera difiere la perspectiva del Predicador acerca del orden de Dios en la creación con la de la mayoría de los autores bíblicos?

El autor de Eclesiastés pone en duda estas suposiciones, asumiendo una perspectiva distinta en cada una de ellas. La mayoría del resto de la Biblia considera que el orden de Dios en este mundo es parte de su plan lineal que será cumplido sólo al final de los tiempos. Aún así el Predicador se enfoca en la naturaleza cíclica del mundo (una característica común entre los escritores sapienciales) —los patrones repetitivos— y descubre que “no hay nada nuevo bajo el sol.” 

La vida no es caótica y todo puede ser asignado a un tiempo y una hora específica, pero no siempre las personas pueden saber cuándo es ese momento. Eclesiastés cuestiona la utilidad del orden divino de la creación para planear nuestra vida si no podemos identificar ese orden.

Otra de las perspectivas del Predicador es que parece ser imposible conocer a Dios. En esta vida, Dios es misterioso y está escondido. La muerte termina cualquier esfuerzo de aprender acerca de Él, y el Predicador no sabe qué pasa después de la muerte.

Mientras que Job cuestiona la justicia de Dios en relación a su caso en particular, el Predicador duda de la justicia divina en general. Él ha visto a “justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obra de justos” (Eclesiastés 8:14). Aunque la causa de la injusticia puede atribuirse al pecado, éste no determina con exactitud la experiencia humana. Los que pecan no siempre experimentan lo malo, así como los que hacen el bien no siempre experimentan lo bueno. La justicia de Dios simplemente no funciona como una ley mecánica en la que ciertas acciones siempre tienen ciertos resultados. Aunque el Predicador no rechaza la suposición de Proverbios, sí la califica.


La vida: un soplo de aire

¿Cómo usó el Predicador la palabra vanidad para describir la vida?

La perspectiva de que todo es vanidad es prevalente en todo lo que dice el Predicador en Eclesiastés. La palabra hebrea hebel es traducida “vanidad” en la versión Reina Valera y es “absurdo” en la Nueva Versión Internacional. Esta palabra literalmente significa “un soplo de aire”, “un respiro” o “un vapor”. También puede referirse a la naturaleza transitoria de la vida humana (Proverbios 31:30) y a la idea de que algo es falso o engañoso (Job 21:34). En Eclesiastés, es frecuentemente combinada con la palabra hebrea que se traduce como “espíritu”, “respiro”, o “viento”. Por tanto, hebel es como “ir tras del viento” (Eclesiastés 1:14; 2:11, 17, 26). Significa algo inseguro o poco confiable. El Predicador piensa que el orden que ofrece la sabiduría y la seguridad prometida siempre se mantienen más allá de nuestro alcance, desapareciendo cuando son examinados muy de cerca.


El problema de la muerte

La perspectiva en el Antiguo Testamento de la vida después de la muerte.

¿En qué se diferencia la perspectiva del Nuevo Testamento de la vida después de la muerte de la del Antiguo Testamento?

Cuando leemos la Biblia, es importante que no supongamos que los autores entendieron el mundo de la misma manera que nosotros lo entendemos, o que todos tenían la misma comprensión del plan y de los propósitos de Dios. Por ejemplo, el Antiguo Testamento presenta un concepto de la vida después de la muerte no totalmente desarrollado. La vida y la muerte estaban en extremos opuestos en una línea continua entre las cuales las personas podían moverse libremente. 

Muchas veces los salmistas hablaron de bajar al sepulcro cuando estaban enfermos o de cómo el Señor los rescató de la tumba, restaurándolos a salud y seguridad (Salmos 30:3; 107:17–19). Los autores bíblicos del Antiguo Testamento tuvieron poco que decir acerca de la resurrección, una creencia que fue poco común hasta el período intertestamentario (los cuatrocientos años entre el final del Antiguo Testamento y el tiempo de Cristo). Aún en los días de Jesús, continuaba un gran debate acerca de la resurrección. Pablo se valió de esto como un punto de contención en su juicio ante el Sanedrín en Jerusalén (Hechos 23:6–8), y fue la razón por la cual muchos en Atenas rechazaron el evangelio (Elesiastés 17:31–32).

Partes del Antiguo Testamento muestran que la creencia era que una persona moría y descendía al Seol, una “tumba” o “sepulcro” en común. Esto era considerado un lugar de olvido, no de castigo ni de recompensa. Por esta razón, la vida presente era sumamente importante. La gente en los tiempos del Antiguo Testamento pensaba que, si Dios era justo, Él pondría en equilibrio la balanza de justicia en nuestra vida antes de que muriéramos. En el seol no había memoria, ni alabanza, ni comunión con Dios.

No obstante, algunos pasajes del Antiguo Testamento hablan de la resurrección y de la vida después de la muerte. La enseñanza más clara y más completa se encuentra en Daniel 12:2: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.” Isaías 26:19 habla de la resurrección de los muertos, pero no en específico de la vida después de la muerte: “Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! Porque todo rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos.” Salmos 16:9–11; 49:15; 73:24; y Job 19:25–27 son algunos pasajes que sugieren la idea de la resurección sin describir claramente lo que ocurre después de la vida. Derek Kidner sugiere que tanto Job como Proverbios esperaban justicia para el justo y un revestimiento de lo malo después de la muerte (Proverbios 11:7; 12:28; 14:32; Kidner 1985, 118–119). La idea de la vida después de la muerte se desarrolla lentamente y bastante tarde en el Antiguo Testamento.

El Predicador, aunque posiblemente sabía de la creencia en la resurrección y la vida después de la muerte, no estaba seguro de lo que pasaría después de la muerte. Su problema principal es su falta de conocimiento acerca de lo que habría después de la muerte (Eclesiastés 2:16, 21–22; 3:11, 14, 21; 4:7–8; 5:15–16; 6:6, 12; 8:6–7, 17; 9:4, 6, 10; 11:5; 12:7). Para él la muerte limitaba todos los logros y la satisfacción que éstos producían por lo que pierden su significado (Eclesiastés 3:19–20; 4:3; 9:3–6, 10–12; 8:8; 11:8–12:7). Además, la muerte pone fin a cualquier oportunidad de reparar los errores cometidos y hacer justica.

Por tanto, el prospecto de la vida se convierte en una carga para el Predicador. “Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflcción de espíritu” (Eclesiastés 2:17). “Tal reflexión lanzó al Predicador a un rechazo radical de la bondad de la vida. Después de toda una vida de esfuerzos, nada queda, y la suma de las cosas se asemeja a un gran respiro” (Crenshaw 1981, 129). El Predicador prefiere el día de la muerte más que el día de nacimiento porque, cuando llega la muerte todas las ilusiones de la vida desaparecen y todos son iguales nuevamente (Eclesiastés 4:1–3; 6:1–6).

Al final, el Predicador es forzado a aceptar los límites que Dios impone a la revelación. “No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También se ha visto que esto es de la mano de Dios” (Eclesiastés 2:24; 3:13; 5:18; 12:13–14).
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martes, 8 de diciembre de 2015

Todos los ríos van al mar, Y el mar nunca se llena. Al lugar de donde vinieron los ríos, Allí vuelven, para correr de nuevo.

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




Bendiciones que trae la Sabiduría

La contradicción de Eclesiastés.

Más que ningún otro autor bíblico, el Predicador explora ambos aspectos de las bendiciones que promete la sabiduría. Como en el libro de Job, el autor de Eclesiastés lucha por entender experiencias que parecen contradecir las enseñanzas de la sabiduría tradicional. Mientras que Job cuestiona la sabiduría convencional y sus amigos la defienden; el Predicador, sin embargo parece abogar por ambos lados del asunto.

¿De qué manera son distintos los argumentos del Predicador de la mayoría de los disputantes?

El trato de ambos lados de un argumento es una contradicción esencial en este libro. Por una parte, el Predicador concluye que la búsqueda de la sabiduría sólo produce tristeza y sufrimiento (Eclesiastés 1:12–18) y el arduo trabajo es doloroso y no permite el descanso (Eclesiastés 2:17–23). Por otra parte, afirma que la sabiduría “sobrepasa la necedad” (Eclesiastés 2:13), y que “no hay cosa mejor para un hombre… que su alma se alegre en su trabajo” (Eclesiastés 2:24). El autor parece no estar seguro si la búsqueda de sabiduría y al arduo trabajo tiene valor alguno para hacer la vida feliz y significativa.

El autor de Eclesiastés está en conflicto aun acerca de las bendiciones materiales que resultan de seguir las enseñanzas de la sabiduría. “Cuando aumentan los bienes, también aumentan los que los consumen. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino verlos con sus ojos? Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia” (Eclesiastés 5:11–12).

La interpretación de Eclesiastés

Cuatro posibles interpretaciones de Eclesiastés.

Tradicionalmente ha sido extremadamente difícil interpretar y aplicar el libro de Eclesiastés. Michael Eaton ha estudiado varias interpretaciones distintas del libro (1983, 36–38), que incluyen las siguientes cuatro.


Interpretación espiritualizada

En primer lugar, los comentaristas judíos y los antiguos intérpretes cristianos usualmente optaron por la interpretación espiritualizada. Por ejemplo, el tárgum (una traducción parafraseada usada por los rabinos en la sinagoga) interpreta Eclesiastés 9:7 como una referencia a la recompensa de los justos por la caridad que dan a los pobres. El tárgum parafrasea el versículo de la siguiente manera:

  Salomón dijo por el espíritu de la profecía delante de Jehová: “El Señor del mundo dirá a los justos del mundo uno por uno, Anda y prueba con gozo el pan que se te ha dado a cuenta del pan que tú le has dado al pobre y al desafortunado que estaban hambrientos, y bebe con buen corazón tu vino, que está oculto para ti en el huerto del Edén, por el vino que tú has mezclado para el pobre y necesitado que estaban sedientos, porque tu buena obra ya ha sido agradable ante Jehová.”

Eclesiastés como un debate

Una segunda posible interpretación es entender el libro como un diálogo entre dos personas con puntos de vista opuestos. Conforme a esta interpretación, el libro toma la forma de debate entre dos sabios o entre un maestro y su pupilo. Michael V. Fox ve en Eclesiastés un desafío directo a la sabiduría convencional usando el estilo “Sí, pero” (Fox 1989, 19–28). Sin embargo, Fox no explica por qué un desafío como este sería incluido en el canon.


Propósito evangelístico

Una tercera sugerencia es que el pesimismo del Predicador tiene un propósito evangelístico. Cuando habla a personas que buscan los beneficios terrenales, el Predicador pregunta: “¿Cómo sería su vida si tuviera todo lo que el mundo ofrece?” El claro mensaje es la vanidad y falta de significado de las riquezas del mundo. En el siglo cuarto, Jerónimo escribió un comentario de Eclesiastés con el exclusivo propósito de convencer a una mujer romana rica que cambiara los placeres que el mundo ofrecía por la vida monástica. 

En una variación de este tema, el maestro de la Biblia Charles Swindoll (1985) ha sugerido que Eclesiastés es el diario de un hombre exitoso. Esto es, que el autor de Eclesiastés estaba en la posición de probar todas las buenas cosas de la vida, pero concluyó que todo era “vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 1:14). El descubrimiento del autor no fue que estas cosas eran malas o no provenían de Dios o que no producían placer, sino que no daban verdadero significado a la vida.

Generalmente los cristianos conservadores interpretan Eclesiastés de manera evangelística. Por su exploración de la sabiduría humana y de lo que brinda placer en la vida y un sentido de propósito, el autor concluyó que nada en este mundo tenía significado frente a la eternidad. La muerte limita todas las búsquedas terrenales. Ralph Wardlaw mantiene que Eclesiastés señala a la Cruz en anticipación de lo que trasciende esta vida presente. Conforme a esta perspectiva, el autor no es un escéptico sino alguien que comienza desde el punto de vista del mundo para señalar hacia algo de mayor significado.


Las limitaciones del razonamiento humano

¿Con cuál interpretación de Eclesiastés está de acuerdo usted?

La cuarta idea es que el libro presenta las limitaciones del razonamiento humano. Por ejemplo, la Biblia de Estudio Scofield introduce el libro de Eclesiastés declarando:

  Eclesiastés es el libro del hombre “bajo el sol” que piensa acerca de la vida. La filosofía que presenta, que no reclama ser revelación, pero que la inspiración registró para nuestra instrucción, nos muestra la cosmovisón de uno de los hombres más sabios quien sabe que hay un Dios santo y que juzgará todas las cosas.

Según esta perspectiva, el valor del libro es que muestra que nuestro entendimiento es limitado, por lo que somos llamados a confiar y a obedecer a Dios por la fe, aun cuando parezca que no está obrando en nuestra vida. La frase bajo del sol se refiere a la perspectiva puramente humana de la verdad. Sin embargo, aunque el libro sí nos habla de los límites que pone la muerte en nuestro entendimiento, el autor, en vez de promover la fe ciega, continúa buscando el significado de la vida.

Una de las preguntas fundamentales que plantea Eclesiastés es: “¿Qué función tienen la experiencia y la observación del mundo a nuestro alrededor en la formación de nuestra fe?” Sin que importe como finalmente entendamos esta tensión interna en Eclesiastés, podemos concluir que la vida bendecida es mucho más que simplemente aplicar la tradición sapiencial como si fuera una fórmula mágica. También, mientras el Predicador explora la aparente contradicción entre la fe y la experiencia, es importante notar que no compromete su fe ni está dispuesto a no ser sincero acerca de lo que observa a su alrededor. Quizá el aspecto más desafiante de Eclesiastés es que el autor no está dispuesto a darnos claras y simples respuestas.


¿Pesimista o Predicador de gozo?

Analizar el principio de buscar el gozo en la vida aunque todo parezca ser vanidad.

J. Stafford Wright sugirió que la clave para entender Eclesiastés es observar la introducción y la conclusión (1946, 18–34). Eclesiastés comienza declarando que todo es vanidad. Concluye diciendo: “Teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 12:13). Además, hay varias afirmaciones que se repiten en varias partes del libro. Wright identifica dos de estas: Todo lo que se persigue en la vida es “vanidad”, y “No hay cosa mejor que el hombre coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo” (Eclesiastés 2:24; 3:12–13; 3:22; 5:18–19; 8:15; 9:7–9).

Si todo en la vida es vanidad, ¿por qué nos dice el Predicador que lo disfrutemos? Wright arguye que la búsqueda de las cosas del mundo no revela el plan escondido de Dios ni explica el significado de la vida. Ese misterio se encuentra en Dios. Sin embargo, son dones de Dios, y por tanto, deben ser disfrutados.

¿Cómo equilibra el Predicador la futilidad de la vida con el gozo en la vida?

R. N. Whybray señala que Eclesiastés no es un libro totalmente negativo. Al final del discurso en cuanto a la falta de significado de la vida hay siete exhortaciones a disfrutar la vida (Eclesiastés 2:24; 3:12; 3:22; 5:17; 8:15; 9:7–9; 11:7–12:1). Aun más, el llamado al gozo es más elaborado y exigente a medida que transcurre el libro (1982, 87–98). El primer llamado al gozo es un simple mandato: “No hay cosa mejor que el hombre coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo” (2:24). La expresión final y más elaborada pone en claro que, a pesar de que la vida está llena de vanidad, debemos gozarnos en las bendiciones de Dios:

  Suave ciertamente es la luz, y agradable a los ojos ver el sol; pero aunque un hombre viva muchos años, y en todos ellos tenga gozo, acuérdese sin embargo que los días de las tinieblas serán muchos. Todo cuanto viene es vanidad. Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad (Eclesisastés 11:7–8, 10).

Aunque el Predicador está frustrado por su incapacidad de ver más allá de la muerte, la que limita los esfuerzos “bajo el sol”, la creación de Dios aún tiene mucho bueno que disfrutar.
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¿Que provecho tiene el ser humano de toda su labor con que se afana debajo del sol?

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




TODO ES VANIDADECLESIASTÉS - UN ESTUDIO DE TENER A DIOS PARA NO ESTAR VACÍO


¿Qué es lo correcto: la enseñanza contemporánea de que la vida siempre debe ser considerada una fuente de bendición y llena de significado o la enseñanza del autor de Eclesiastés que dice que todo es vanidad? Esta es una pregunta interesante que necesita ser respondida a la luz de todas las Escrituras.

El libro de Eclesiastés es único en su actitud hacia la vida. El autor ha intentado todo lo que las personas buscan en la esperanza de hallar satisfacción y felicidad. Sus experimentos lo han dejado vacío y frustrado. ¿Dónde puede hallarse el significado o la esperanza o la forma realista de obtener gozo en la vida? Todas estas preguntas son parte del estudio de este libro, pero las respuestas se extienden más allá de sus límites, aun a siglos más tarde en los cuales vivieron los autores del Nuevo Testamento.

Nuevamente, un autor de literatura sapiencial del Antiguo Testamento, prueba ser sincero, aunque limitado, en su búsqueda de respuestas acerca de la esencia de la vida de un ser humano. Sus elecciones en la vida, en cuanto a actitud y perspectiva, lo han vuelto cínico. Pero el alumno es invitado a estudiar el asunto más a profundidad, a la luz de toda la revelación de las Escrituras y el consejo de quienes conocieron a Jesús personalmente.

Propósito

De todos los libros sapienciales del Antiguo Testamento, Eclesiastés emprende la tarea más ambiciosa. Los autores de Proverbios tuvieron como propósito explorar y describir las maneras de encontrar y mantener conocimiento que asegurara la vida. El autor de Job provee un recurso para los que experimentan intenso sufrimiento. 

Tanto los autores de Proverbios como el de Job confían en 
(1) su relación con Dios (aunque Job es probado intensamente en esta área) y 
(2) la sabiduría humana y el entendimiento como medios de alcanzar el éxito en la vida (nuevamente, Job tiene esta perspectiva y, al final, es justificado).

¿Por qué fue escrito Eclesiastés?

Sin embargo, el escritor de Eclesiastés rechaza las ideas de que Dios pueda conocerse y que una persona puede confiar en la habilidad de la sabiduría humana para producir felicidad o sostener la vida. Él explora los límites de la sabiduría y la experiencia humana. Los tres autores están de acuerdo en que Dios domina todo lo que ocurre, pero para el autor de Eclesiastés, los caminos de Dios son misteriosos y escondidos.

Autor

El título Eclesiastés es el equivalente griego de la palabra hebrea Qoheleth. La palabra griega ekklesia y la palabra hebrea qahal significan “reunión” o “asamblea” y son las palabras que a veces traducimos como iglesia. Por lo que el título Eclesiastés literalmente significa “el que reúne” o “el que llama a la asamblea”. Jerónimo en el siglo cuarto y Martín Lutero en el siglo dieciséis simplemente tradujeron el título del libro como “el Predicador”.

¿Cuáles son las distintas perspectivas acerca del autor del Eclesiastés?

El autor de Eclesiastés no es identificado directamente. Conforme a la tradición rabínica, Salomón escribió el Cantar de los Cantares en su juventud, Proverbios en su mediana edad, y Eclesiastés en su vejez. Se nos dice que el Predicador es hijo de David (Ecl 1:1) y rey en Jerusalén (Ecl 1:12), pero no se nos indica cuál de los hijos de David. También sabemos que tenía más sabiduría (Ecl 1:16) y riqueza (Ecl 2:7, 9) que “todos los que fueron antes de mí en Jerusalén.” Tal declaración es extraña proveniente de Salomón pues él fue sólo el tercer rey de Israel y el segundo en ocupar Jerusalén. Por otra parte, sería extraño que cualquier otro rey que sucediera a Salomón dijera que lo sobrepasaba en estas virtudes. Ciertamente las referencias a riquezas, edificios, sabiduría, y placer sexual señalan al reinado de Salomón y el autor parece, al menos, seguir el modelo de Salomón.

Es posible que el autor de Eclesiastés sea el rey Salomón, un rey de Israel que vino más tarde, o una combinación de autores cuyos escritos fueron recopilados más tarde y editados. Pero independientemente de quien haya sido el autor, la intención del Predicador es recordar al lector la sabiduría y la riqueza de Salomón.

Estructura

Los esfuerzos por identificar una estructura general en el libro de eclesiastés no han sido exitosas, aunque sí contiene un prólogo (Ecl 1:1–11) y un epílogo (Ecl 12:9–14). El prólogo establece el tono de Eclesiastés, presentando tres principios que son explorados en el libro:

    1.      En el fin, todo en la vida es vanidad y sin propósito.
    2.      Nada es nuevo bajo el sol.
    3.      Nada de lo que hagamos en la tierra perdurará o será recordado.

¿Es malo buscar entender los misterios de la vida? ¿Por qué sí o por qué no?

El epílogo pone en duda el esfuerzo de tratar de entender los misterios de la vida, y a causa de tal incertidumbre, llega a la conclusión de que nuestra mejor alternativa es “temer a Dios y seguir sus mandamientos.”

Kathleen Farmer ha sugerido que este libro puede ser aproximadamente dividido en dos secciones (1991, 151). 

Los capítulos 1–6 hacen la pregunta: “¿Qué hay bueno en la vida?” y luego intentan probar varias cosas que se piensa que traen contentamiento. 

Los capítulos 7–12 son más generales y examinan la pregunta del conocimiento humano. Farmer afirma que el mensaje de esta primera parte del libro es “El arduo trabajo y la sabiduría son buenos”, mientras que el de la segunda parte es “¿Quién puede conocer a Dios? ¡Nadie!” 

En la mitad del libro, se encuentra Eclesiastés 6:12 que sirve como transición entre las dos partes: “Porque ¿quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales él pasa como sombra? 

Porque ¿quién enseñará al hombre qué será después de él debajo del sol?” Farmer señala que el patrón básico de Eclesiastés es un movimiento de los estudios específicos de lo que da significado a la vida a conclusiones más generales acerca de la vida.

La mayoría de los comentaristas contemporáneos han abandonado los esfuerzos de identificar un análisis detallado de la estructura del libro, y en lugar de esto han optado por un desarrollo de los temas presentes en el libro.

Contenido

¿Cuáles son los temas principales de Eclesiastés?

A pesar de que Eclesiastés no tiene una estructura específica, podemos identificar los elementos principales del estudio. 

La primera parte del libro considera todas las cosas que se piensa que traerán a la vida significado y alegría. El escritor explora las recompensas de la sabiduría (Ecl 1:12–18; Ecl 2:12–16), de la búsqueda de placer (Ecl 2:1–11), del arduo trabajo (Ecl 2:17–26), y de la riqueza (Ecl 5:8–6:11). 

El problema con estas búsquedas es que no producen el contentamiento y la satisfacción. No es que sean malas en sí mismas. Al contrario, el Predicador afirma que no podemos hacer nada mejor que disfrutarlas (Ecl 2:24; Ecl 5:18–19). Pero en sí mismas no dan sentido a la vida.

Un segundo tema tratado por el autor es el orden de la creación. Todo está en las manos de Dios. La vida está llena de los ritmos de la creación de Dios (Ecl 1:3–11), y todo tiene su tiempo y su hora (Ecl 3:1–17). 

A pesar de nuestras dudas acerca de su significado, la vida no es caótica ni sin propósito, pues Dios ordena todo lo que pasa. El problema es que desde nuestra perspectiva limitada muchas veces no podemos ver el plan de Dios ni entender sus propósitos. “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” (Ecl 3:11). Puede que haya un tiempo para todo pero no siempre es posible para las personas discernir esos tiempos.

Luego, comenzando en el capítulo 7, el autor cambia su enfoque para considerar el valor de la sabiduría (Ecl 7:1–8:17). Muchas de las cosas que escribe parecerían completamente naturales en el libro de los Proverbios. 

Pero finalmente, aun la búsqueda de sabiduría está limitada porque no siempre produce resultados. “Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad” (Ecl 8:14).

La muerte es un cuarto tema en este libro. La muerte pone fin a la labor y a los propósitos de una persona. Todos mueren: el rico y el pobre, el sabio y el insensato, el bueno y el malo (Ecl 3:18–22; Ecl 9:1–12). Si la vida simplemente termina en la muerte, entonces es vana.

Ya hemos aludido a un quinto tema, el de hallar contentamiento en las actividades diarias. Puesto que el placer es temporal, los planes de Dios están escondidos, la sabiduría es limitada, y la muerte es el fin de todo, debemos disfrutar lo mejor que podamos lo que vemos y lo que se nos ha dado. Esto al menos es parte de la solución a la vanidad que el Predicador ve en la vida.


El Predicador concluye su estudio redirigiéndonos al Ilimitado: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Ecl 12:13–14).
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viernes, 11 de noviembre de 2011

11-11-11: La Realidad de que Dios Tiene todo controlado

biblias y miles de comentarios
Eclesiastés II
Imagínese una asamblea de judíos mientras escuchan al rey Salomón hablar respecto a un importante problema. Salomón es el «predicador» o «el que debate» en esta asamblea (1.1–2, 12; 7.27; 12.8–10) y el tema que considera es este: «¿Vale la pena vivir esta vida?» ¿Puede pensar en un tema más práctico? ¿Y puede pensar de una persona mejor para tratarlo? Porque Salomón fue el más sabio de todos los reyes, hombre cuya sabiduría y riqueza le permitieron experimentar una vida plena. En esta breve sección sólo podemos tocar los puntos principales de este interesante libro.
I. Se declara el problema (1–2)
«¿Vale la pena vivir esta vida?» Esta es la cuestión que Salomón debate. En 1.1–3 indica su primera conclusión: la vida no vale la pena vivirse porque está llena de vanidad (vacío). Luego indica sus razones:
A. El hombre sólo es un diente en un enorme engranaje (1.4–11).
¿Qué es el hombre comparado con el vasto mundo? Todo en la naturaleza continúa, siglo tras siglo, pero el hombre está aquí por un breve tiempo, luego muere. Todo parece muy desprovisto de significado. Es vanidad. (Salomón usa la palabra «vanidad» treinta y siete veces en este libro.) Puesto que la vida es tan corta y el hombre tan insignificante, ¿por qué molestarle con vivir siquiera?
B. El hombre no puede comprenderlo todo (1.12–18).
Salomón fue el más sabio de los hombres, sin embargo, cuando trató de comprender el significado de la vida, se quedó confuso. Cuántos filósofos sabios han tratado de explicar la vida, sólo para admitir completa ignorancia. ¿Es razonable vivir cuando no se puede entender de qué se trata al fin y al cabo la vida?
C. Los placeres del hombre no satisfacen (2.1–11).
Salomón tenía abundancia de dinero, placer, cultura y fama; sin embargo, admitió que estas cosas no satisfacían. Tampoco duraban. Véase lo que Jesús dijo al respecto en Lucas 12.13–21.
D. La muerte lo acaba todo (2.12–23).
«Un mismo suceso» (la muerte) le ocurre tanto al necio como al sabio, al rico y al pobre. Una persona trabaja toda su vida, luego muere y deja la riqueza para que otro la disfrute. ¿Es esto justo?
Estos cuatro argumentos parecen conducir a una gran conclusión: para el ser humano no vale la pena vivir. Pero Salomón no llega a esa conclusión. En 2.24–26 nos dice que debemos aceptar las bendiciones de Dios hoy, disfrutarlas y beneficiarnos de ellas. Esto concuerda con el consejo de Pablo en 1 Timoteo 6.17. Pero incluso este «vivir para hoy» no satisface por completo, porque los seres humanos quieren ir más allá de hoy. Así que Salomón retrocede en los siguientes ocho capítulos («vuelve y considera»; véanse 4.1, 7; 9.11) y estudia sus argumentos de una manera más profunda.
II. Se discute el problema (3–10)
A. Dios tiene un propósito en nuestras vidas (cap. 3).
Dios equilibra la vida: nacimiento-muerte, tristeza-alegría, encuentro-partida. ¿Por qué lo hace? Por dos razones: (1) para que no pensemos que podemos explicar fácilmente las obras de Dios (v. 11), y (2) para que aprendamos a aceptar y disfrutar lo que tenemos (vv. 12–13). Dios ha puesto «eternidad» en nuestros corazones (v. 11, donde algunas versiones traducen «mundo» en lugar de «eternidad»). Esto quiere decir que las cosas del mundo jamás pueden realmente satisfacernos. Por consiguiente, debemos hallar la voluntad de Dios para nuestras vidas y permitirle que Él «mezcle los ingredientes» de acuerdo a su propósito.
B. Dios da riquezas de acuerdo a su voluntad (caps. 4–6).
Estos capítulos tratan del significado de las riquezas. ¿Por qué una persona es rica y otra pobre? ¿Por qué hay injusticia y desigualdad en el mundo? Porque Dios tiene un plan para nosotros, no debemos confiar en las riquezas inciertas sino en el Señor. No viva para las riquezas, sino úselas de acuerdo a la voluntad de Dios.
C. La sabiduría de Dios puede guiarnos por la vida (caps. 7–10).
La palabra sabiduría (o sabio) se usa más de treinta veces en los capítulos 7–12. Es cierto que la sabiduría del hombre no puede sondear el plan de Dios, pero Él puede darnos sabiduría para conocer y hacer su voluntad. Simplemente porque no logremos comprenderlo todo no significa que debemos darnos por vencido en desesperación. Confíe en Dios y haga lo que le dice que haga.
¿Notó que en cada una de estas tres secciones Salomón enfatiza el disfrute de las bendiciones de Dios y la realidad de la muerte? Leáse 3.12–21; 5.18–6.7 y 8.15–9.4. Puesto que cada persona va a morir, no debemos molestarnos en trabajar ni ahorrar dinero ni servir a Dios: ¿es esto correcto? Salomón dice: ¡No! Y en los capítulos 11–12 explica lo que significa.
III. Se decide el problema (11–12)
Salomón ya ha decidido que el hombre no es «un diente en el engranaje» y que no hay nada de malo en disfrutar de las riquezas y placeres para la gloria de Dios, y que nuestra incapacidad para comprender todo lo que Dios hace no es obstáculo para una vida feliz. En los capítulos 11–12 Salomón resume todo el asunto con tres admoniciones prácticas.
A. Vive por fe (11.1–6).
Las circunstancias nunca van a ser ideales en esta vida, pero debemos seguir adelante y obedecer a Dios y confiarle a Él los resultados. Si espera el viento o el día correcto, quizás pierda la oportunidad. Tal vez parezca necio, como alguien que arroja pan en aguas corrientes, pero Dios velará para que eso vuelva a usted.
B. Recuerda que la vida acabará (11.7–12.7).
¿Es esta una sugerencia morbosa? No. Es realismo cristiano. Un día morirá, de modo que aproveche al máximo la vida que tiene ahora. Esta no es una actitud mundana: «Comamos, bebamos, y alegrémonos, que mañana moriremos». Más bien es la actitud de Pablo en Filipenses 1.20–21: vivir es Cristo y morir ganancia. Nótense aquí las tres palabras clave dirigidas especialmente a los jóvenes: alégrate (11.9), quita (11.10) y acuérdate (12.1). Alegrarse de las bendiciones de Dios mientras se es joven; quitar de la vida los pecados que causan tristeza; y acordarse de servir a Dios y temerle en los días de la juventud. En 12.1–7 tenemos una descripción poética de la ancianidad y la muerte. Analice si puede descubrir cuáles de estos términos poéticos se refieren al cuerpo humano.
C. Teme a Dios y obedécele (12.8–14).
Viva como quien un día enfrentará el juicio. ¿Se quemarán sus obras cuando el fuego de Dios las pruebe? (1 Co 3.9–17). Si así lo desea, interprete las conclusiones de Salomón a la luz de 1 Corintios 15, el gran capítulo de la resurrección en la Biblia. Si la muerte lo acaba todo, la vida no vale la pena vivirse, y todo verdaderamente es «vanidad» y vacuidad. Pero 1 Corintios 15 aclara que la muerte no es el acabóse. En razón de que Cristo resucitó de los muertos, nosotros también resucitaremos. Y la gloria y la recompensa que gozaremos en la eternidad dependerá de las vidas que hayamos vivido aquí en la tierra. Por consiguiente, nuestra labor «en el Señor no es en vano» (1 Co 15.58).
Desde el punto de vista humano «debajo del sol» parece como si la vida es fútil y vacía; todo es vanidad. Pero cuando se vive en el poder de Dios y para su gloria, la vida se vuelve significativa. Una persona puede vivir y laborar cincuenta años y luego morir. ¿Significa esto que desperdició su vida? Por supuesto que no. Su trabajo en el Señor no es en vano. Cuanto Cristo vuelva, recibirá las recompensas de sus trabajos. «El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre» (1 Jn 2.17). El inconverso lo pierde todo al morir; lo mismo el cristiano carnal y mundano que «será salvo, mas así como por fuego» (1 Co 3.15). Pero el cristiano fiel que hoy se regocija en las bendiciones de Dios y usa su vida para glorificar a Cristo, recibirá abundantes recompensas en la vida venidera.
A la luz del NT, Eclesiastés no es un libro «pesimista» que niega las alegrías de la vida. Más bien demuestra que aunque hay muchos misterios en la vida que no sabemos explicar, podemos vivir de tal manera que disfrutemos las bendiciones de Dios y glorifiquemos su nombre.
Wiersbe, W. W. (2000, c1995). Bosquejos expositivos de la Biblia : Antiguo y Nuevo Testamento (electronic ed.). Nashville: Editorial Caribe.


11 - 11 - 11 : ¿Qué nos depara?

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Eclesiastés
I. Nombre
«Eclesiastés» procede de la palabra griega ekklesía, que en el NT se traduce «iglesia» o «asamblea». Lleva la idea de un predicador (o del que debate) hablándole a una asamblea de personas (véanse 1.1–2; 12.8–10). El Predicador aquí presenta un problema práctico y lo analiza procurando llegar a una conclusión.
II. Autor
Se menciona a Salomón como autor; véase 1.1–2, 12. Sin duda se le conoció tanto por su sabiduría como por su riqueza y disfrute de placeres. Ningún otro rey del AT encaja mejor en la situación descrita en este libro.
III. Tema
El tema aparece en 1.1–3 y puede expresarse: «¿Vale la pena vivir?» Salomón mira la vida con lo que parecen contradicciones y misterios, y se pregunta si el «inacabable bregar» de la existencia vale la pena. Las personas se esfuerzan toda su vida, luego mueren y alguien menos digno hereda su riqueza y la desperdicia. Salomón llega a la conclusión de que lo mejor que se puede hacer es disfrutar de las bendiciones de Dios hoy, temerlo y guardar su Palabra. Por supuesto, con la aclaración adicional del NT sabemos que «nuestro trabajo en el Señor no es en vano» (1 Co 15.58).
Algunas de las palabras y frases clave en Eclesiastés son: hombre (56 veces), trabajo (26 veces), debajo del sol (28 veces), vanidad (37 veces), sabiduría o sabio (53 veces) y mal (31 veces). Tenga presente que Salomón razona sobre lo que ve y conoce «debajo del sol». Si usted se detiene en Eclesiastés, se quedará en las sombras; debe avanzar a la plena revelación del NT para tener todo el consejo de Dios. Muchas de las sectas falsas citan versículos aislados de este libro para respaldar sus extrañas doctrinas.
IV. Problemas
¿Enseña Eclesiastés que los hombres mueren como los animales y que no hay vida después de la muerte? No. Léase con cuidado los versículos de la «muerte»: 2.14–16; 3.16–22; 6.1–6; 7.2–4; 9.1–4. Usted notará que Salomón en efecto cree en la vida después de la muerte. En 3.17 menciona un juicio futuro y también en 11.9 y 12.14. Si no hay vida después de la muerte, ¿cómo puede haber un juicio futuro? Lo que ocurre a hombres y bestias, en 3.19–20, es que tanto los unos como los otros van al mismo lugar: el polvo. Pero nótese el versículo 21, donde el espíritu del hombre vuelve a Dios; véase también 12.7. Salomón no tenía la revelación completa del NT con respecto a la vida, la muerte, la resurrección y el juicio, pero no contradice las enseñanzas del NT.
¿Enseña Eclesiastés a «comer, beber y alegrarse»? No. Lo que sí enseña, sin embargo, es que debemos recibir las bendiciones de Dios y disfrutarlas mientras podamos. Cada uno de los pasajes de «disfrutar» se equilibra con uno de «muerte»: 2.12–23 con 2.24–26; 3.16–21 con 3.12–15 y 22; 6.1–7 con 5.18–20; y 9.1–4 con 8.15–17. Salomón dice: «A la luz de la brevedad de la vida y la certeza de la muerte, disfruta hoy de las bendiciones de Dios y el fruto de tu trabajo. Usa estas bendiciones para su gloria». Esto concuerda con Pablo en 1 Timoteo 6.17. Salomón no aconseja el placer desenfrenado y la embriaguez. Más bien nos aconseja a apreciar la vida y sus bendiciones mientras podamos.
Las verdades de Dios no se revelan de una vez por todas; en la Biblia hay un desarrollo progresivo de verdad. Debemos interpretar Eclesiastés a la luz del NT. Si la muerte lo acaba todo, la vida no vale la pena vivirla y los seres humanos en verdad son miserables. Pero cuando conocemos a Cristo como Salvador y Señor, la vida se convierte en una emocionante aventura de fe. Y nuestros trabajos no son en vano en el Señor, porque un día seremos recompensados (1 Co 15.51–58). La salvación y la resurrección en Cristo hacen la vida digna de vivirse. «El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre» (1 Jn 2.17). «Sus obras con ellos siguen» (Ap 14.13). Las conclusiones de Salomón en los capítulos 11–12 recalcan esto: vive por fe, obedece a Dios y Él se encargará del resto. Disfruta de sus bendiciones e invierte tu vida en lo que realmente cuenta.
 
 


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