jueves, 25 de agosto de 2016

Vela en todo, soporta las aflicciones haz la obra de evangelista, cumple tu ministerio... redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina......declarando y proponiendo que convenía que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




PREDICAR LA PALABRA , EXHORTAR CON TODA DOCTRINA
       LA IMPORTANCIA DE LA PREDICACIÓN
Corría el año sesenta y seis. Desde la húmeda celda romana en que aguardaba su proceso final, el anciano Pablo escribía a Timoteo, su hijo en la fe. Era su última carta, y en ella vertía el alma en palabras de consejo, de estímulo, de exhortación y de advertencia. Ya para terminar, reunió la esencia de todo lo dicho en un gran encargo final:
  “Requiero yo pues delante de Dios, y del Señor Jesucristo, que ha de juzgar a los vivos y los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina; antes, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído, y se volverán a las fábulas. Pero tú vela en todo, soporta las aflicciones haz la obra de evangelista, cumple tu ministerio. Porque yo ya estoy para ser ofrecido, el tiempo de mi partida está cercano”.
¡El deber principal de Timoteo era el de predicar! Los motivos más solemnes lo impulsaban a ello. Pablo pronto dejaría de existir. Callada la voz de aquel que “desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico” había “llenado todo del evangelio de Cristo” era menester que otra voz anunciara las buenas nuevas. Además, la oportunidad pasaba. 
Se divisaban ya los tiempos en que los hombres no prestarían atención al mensaje de vida sino que buscarían a maestros que halagaran sus oídos con palabras melífluas de una falsa paz. Por tanto había que aprovechar la oportunidad presente. 
Otro motivo era el hecho de estar actuando constantemente “delante de Dios”. El ojo divino lo vigilaba, tomando nota de su labor. Por último, la perspectiva de juicio final en que el Señor Jesús, “el Príncipe de los pastores”, premiaría con “corona incorruptible de gloria” a los que hubieran desempeñado su comisión con fidelidad, le animaba a ser constante y cumplido en su ministerio de la predicación.
Las palabras dirigidas a Timoteo tienen una aplicación perenne a la iglesia del Señor. Su tarea principal es la predicación. Cuando Cristo subió al monte y llamó a sí a los que quiso y estableció a los doce como cuerpo apostólico, su propósito fue “para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios”. 
La comunión con Cristo sería su preparación; los milagros de sanidad serían credenciales para su mensaje en el tiempo transitorio de la cimentación de la causa cristiana en un mundo hostil; la obra central había de ser la de predicar. Cuando los doce fueron enviados de dos en dos a recorrer la provincia de Galilea, sus instrucciones fueron: “Y yendo, predicad...” 
Cuando los apóstoles pidieron una señal de la futura venida del Señor y del fin del mundo, les indicó que sería “predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio  a todos los gentiles; y entonces vendrá el fin”. Y cuando el Maestro quiso reducir a la forma más breve posible su gran comisión, la expresó en estas palabras: “Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura”.
La primacía de la predicación fue bien entendida por la iglesia primitiva. Cuando Felipe descendió a la ciudad de Samaria, “les predicaba...” Cuando Pedro se presentó ante el centurión romano en Cesarea, le dijo que el Señor “nos mandó que predicásemos...” cuando los filósofos atenienses quisieron describir a Pablo, dijeron: “Parece que es predicador...” Y tuvieron mucha razón porque el mismo apóstol consideraba que la predicación era su tarea principal, como vemos en su declaración a la iglesia de Corinto, cuando dijo: “Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio”. Tan así era que Pablo conceptuaba como una imposibilidad el que las gentes creyesen “sin haber quien les predique”. “Así predicamos,” dijo, “y así habéis creído”.
Por esto el doctor E. C. Dargan, en su monumental Historia de la Predicación, ha dicho lo siguiente:
  El fundador del cristianismo fue a la vez el primero entre sus predicadores; pero fue anticipado por su precursor y seguido de sus apóstoles, y en la predicación de éstos la proclamación y enseñanza de la Palabra de Dios por medio del discurso público fue convertida en rasgo esencial y permanente de la religión cristiana.
La historia confirma esta declaración. Al través de los siglos es notable el hecho de que el mayor extendimiento del Reino de Dios en la tierra ha coincidido precisamente con las épocas en que más ha florecido la predicación de la Palabra.
LA PREDICACIÓN DEFINIDA
Pero, ¿qué es lo que entendemos por predicación? Entre las muchas definiciones que han sido elaboradas, la mejor conocida, sin duda, es aquella  que expuso el obispo Phillips Brooks en 1876 en una serie de conferencias ante los estudiantes para el ministerio en la Universidad de Yale.
  La predicación es la comunicación de la verdad por un hombre a los hombres. Tiene en sí dos elementos: la verdad y la personalidad. No puede prescindir de ninguno de estos dos elementos y ser todavía la predicación. La verdad más cierta, la declaración más autoritativa de la voluntad divina, si es comunicada a los hombres de cualquier otro  modo que no sea a través de la personalidad de un hombre hermano, no es una verdad predicada. Supóngase que esta verdad esté escrita sobre los cielos, o supóngala como incorporada en un libro que ha sido tenido por una pronunciación directa de Dios durante tantos años que la viva personalidad de los hombres que lo escribieron ha quedado casi borrada, en ninguno de estos casos hay predicación. 
Por otra parte, si los hombres comunican a los demás hombres algo que no pretenden que sea la verdad, si emplean sus poderes de persuasión o de entretenimiento para logar que se preste atención a sus propias especulaciones o con el fin de que sea hecha su propia voluntad, o que sean aplaudidos sus propios talentos; eso tampoco es predicación. Lo primero carece de la personalidad, y lo segundo de la verdad. Y la predicación es la presentación de la verdad a través de la personalidad. Forzosamente es necesario ambos elementos.
Sin restar ningún mérito a esta clásica definición, podemos sugerir la conveniencia de agregarle cuando menos dos elementos más. Por una parte, debe ser especificado que la verdad que constituye el material de la predicación cristiana es preeminentemente de índole religiosa y que tiene por su centro de referencia al Cristo crucificado y resucitado. 
A este respecto es mejor la definición de Bernardo Manning. “La predicación es una manifestación del Verbo Encarnado desde el Verbo escrito y por medio del verbo hablado”. Reconocemos el hecho de que toda verdad es de Dios, y admitimos el derecho, y aun la obligación, del predicador de utilizar toda clase de conocimiento en la elaboración de sus mensajes. A semejanza de Eliú tomará su noticia de lejos, y atribuirá justicia a su Hacedor. Pero no es por demás insistir en que la provincia peculiar del púlpito cristiano es la verdad divina así
como ésta se ha dado a conocer en Cristo Jesús y así como ha sido conservada en las Sagradas Escrituras.
También tenemos que notar que la definición de Brooks deja de mencionar el proposito de la predicación. Es ésta una falta de serias proporciones, aunque en justicia hay que decir que en el curso de sus conferencias, al tratar del sermón, Brooks sí abordó el asunto del propósito con claridad y acierto. “Un sermón,” dijo, “existe por su propósito y para su propósito, a saber, el de persuadir y mover las almas de los hombres”. Es de lamentarse que este elemento no haya sido incorporado desde un principio en la famosa definición de la predicación. 
Transcribimos en seguida tres definiciones que, a nuestro juicio, son mejores que las dos antes anotadas. El ellas se deja ver un debido hincapié sobre el propósito de la predicación.
Según el doctor A. E. Garvie, la predicación es “la verdad divina al través de la personalidad humana para vida eterna”.
Andrés W. Blackwood se ha expresado en estos términos: “¿Qué es o que entendemos por la predicación? Significa la verdad divina comunicada a través de la personalidad, o sea la verdad de Dios proclamada por una personalidad escogida con el fin de satisfacer las necesidades humanas”.
Por su admirable brevedad y simetría, el que esto escribe prefiere la definición dada por Pattison: “La predicación es la comunicación verbal de la verdad divina con el fin de persuadir”.
 ANALIZANDO LA DEFINICIÓN
Vale la pena detenernos aquí para hacer un análisis de esta última definición.

  1. Observemos en primer lugar cuál es el material de la predicación. Es “la verdad divina”. En un sentido puede decirse que toda verdad es “verdad divina”, puesto que Dios es verdad y que al crear cuanto existe imprimió en todo el sello de su propia veracidad. Y como la verdad, siendo fundamentalmente una, no puede contradecirse a sí misma, una verdad científica o comercial puede ser considerada como una verdad divina. Sin embargo, una conferencia sobre la desintegración del átomo o sobre las ventajas del   comercio internacional no sería, de ninguna manera, una predicación.

Dargan nos cuenta cómo en Alemania, hacia fines del siglo dieciocho cuando el racionalismo estaba en su apogeo, partiendo de la discusión de temas morales, desprovistos de una sólida base doctrinal, el púlpito degeneró cada vez más hasta quedar en la vergüenza de presentar “sermones” sobre temas como los siguientes: 
  • “El Peligro de Ser Sepultado Vivo” (un sermón para el domingo de Resurrección); 
  • “El Temor a los Fantasmas”; 
  • “La Preferencia de la Alimentación del Ganado en el Establo Sobre la Práctica de Pastarlos en el Campo”; y 
  • “La Bendición Inefable del Cultivo de la Patata”. También discutieron el valor del café como bebida y la importancia de la vacunación contra la viruela.
Semejantes temas constituyen nada menos que una prostitución del púlpito. La verdad de que legítimamente se ocupa la predicación cristiana es netamente religiosa y esencialmente bíblica. Es religiosa porque tiene que ver con las grandes realidades acerca de Dios y el hombre, del pecado y la salvación, del tiempo y la eternidad, del cielo y el infierno. Es bíblica porque toma de la fuente pura de las Sagradas Escrituras sus temas y los contornos generales del desarrollo de ellos.
  • Veamos en seguida cuál es el método de la predicación. Es “la comunicación verbal”. Aquí cabe la declaración de un gran maestro de homilética del siglo pasado: “Por predicación no se quiere significar simple y principalmente el acto de repartir Biblias impresas, el vivir santamente, ni el uso del canto llano y del ritual en el culto, sino la proclamación personal, pública y autoritativa de la verdad de Dios a los hombres por medio de un hombre.” Esta idea fundamental de “la comunicación verbal” se revela claramente al examinar los diferentes verbos griegos traducidos por la voz “predicar” en la Versión de Valera. Dos veces ésta representa la traducción de laleo, verbo que significa simple y llanamente “hablar”, como puede verificarse por una referencia a otros pasajes en que la misma palabra griega es empleada Siete veces la palabra “predicar” es la traducción de euaggelizo, vocablo que significa “traer buenas noticias” o “anunciar alegres nuevas” o “proclamar las buenas nuevas”. El mismo verbo aparece en otros cuarenta pasajes más donde es traducido generalmente “anunciar”. El otro verbo griego traducido “predicar” es kerusso, que significa “proclamar públicamente como un heraldo” con la sugestión siempre de ”formalidad, gravedad y de una autoridad que demanda atención y obediencia”. Este verbo aparece sesenta y una veces en el Nuevo Testamento. Cincuenta y cinco veces es traducido “predicar”; tres veces “publicar”, dos veces “pregonar” y una vez “divulgar”.
Lo dicho hasta aquí basta para comprobar que “la comunicación verbal” de la verdad divina es el método divinamente ordenado para la predicación del evangelio. Pero es necesario hacer constar que dentro de este método existe una saludable variedad. Aparte de los términos mencionados ya, existen varias otras expresiones en nuevo Testamento que describen los discursos cristianos. Sólo en el libro de Los Hechos se encuentran veinticuatro de ellas, tales como “exhortar”, “testificar”, “disputar”, “afirmar”, “persuadir”, “amonestar”, “profetizar”, “disertar”, “enseñar”, “alegrar” y otras más. En términos generales podemos decir que había cuatro tipos principales de discurso en la predicación apostólica.
  • En primer lugar encontramos el discurso informal o familiar. De esto tenemos evidencia en Marcos 2:2; Hechos 4:1, 31 y 14:25, donde se emplea la palabra “hablar”, y en Hechos 20:11, donde la expresión del original (jomileo) significa “platicar”. En este último pasaje se trata del discurso de Pablo ante los creyentes de Troas cuando el apóstol “alargó el discurso hasta la media noche... y disputaba largamente”. La palabra traducida “disputaba” da la idea de un discurso argumentativo de pensamientos bien ponderados. Tal discurso adormeció a cuando menos uno de los hermanos, pues leemos que  “un mancebo llamado Euticho... tomado de un sueño profundo... postrado del sueño cayó del tercer piso abajo”. Cuando el pobre de Euticho fue restaurado  a sus cabales, leemos que Pablo “habló largamente hasta el alba”. Pero aquí la palabra es “platicó”. Aunque el susto que todos llevaron con el descalabro de Euticho fue suficiente, sin duda, para quitarles el sueño, creo no hacer violencia  a la recta interpretación bíblica al sugerir que el cambio en el tipo de discurso ayudó también para mantener despierta a la congregación durante el resto de la noche. Tal vez en esta experiencia apostólica podrán encontrar una fructífera sugestión algunos predicadores de la actualidad. Indica que el discurso informal o familiar es más fácilmente seguido por las mentes cansadas o poco disciplinadas, y aconseja la práctica de variar la intensidad del discurso, aun dentro de los límites de un solo sermón, para proporcionar descansos mentales a los oyentes.
  • El segundo tipo de discurso empleado por los apóstoles fue el explicativo. Dieciséis veces en Los Hechos se emplea el verbo “enseñar” para describir los discursos apostólicos. Esto en sí sería suficiente para indicar la existencia del discurso explicativo, pero tenemos evidencia todavía más clara. En Hechos 17:1-4 hallamos la historia de la actividad del apóstol Pablo en Tesalónica. Siguiendo su plan acostumbrado de trabajo, al llegar a la nueva ciudad se  dirigió primero a la sinagoga judía, y por tres sábados consecutivos “disputó con ellos de las Escrituras, declarando y proponiendo que convenía que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, al cual yo os anuncio, decía él, éste era el Cristo”.
Por el momento nos interesan en este pasaje dos términos, traducidos “declarando y proponiendo”. 
  • El primero traduce la palabra griega dianoigon que significa literalmente “abriendo por el procedimiento de la separación de las partes constituyentes”, o sea “abriendo completamente lo que antes estaba cerrado”, Se emplea en las Escrituras en el relato del milagro de Jesús cuando abrió los oídos al sordo y del descorrer del velo celestial que permitió a Esteban ver “la gloria de Dios... y al hijo del Hombre en pie a la diestra de Dios”. 
Es el mismo término que usaron los discípulos del camino de Emmaús al exclamar; “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras”? Esta palabra, pues, que la Versión de Valera traduce “declarando”, indica un procedimiento completamente pedagógico mediante el cual el predicador apostólico analizaba las Escrituras, profundizándose en ellas y descubriendo su hondo y verdadero significado. Indica todo aquello que cabe legítimamente en el término    “exégesis”.
  • El segundo término, “proponiendo”. Es una traducción más fiel de la palabra que aparece en el griego del Nuevo Testamento. Esta palabra es paratithémenos y significa literalmente “colocando delante de”, como, por ejemplo, cuando la comida es colocada delante de los que están a la mesa. En su sentido figurado significa “explicar” e indica un proceso de síntesis, dando a entender todo aquello que legítimente cabe en el uso homilético de la palabra “exposición”. Vemos, entonces, que la exposición presupone la exégesis, y que ésta es el fundamento indispensable de aquélla, cosa que sugiere un pensamiento adicional que no aparece tal vez en nuestro pasaje, pero que si constituye una legítima inferencia, a saber: que la exégesis pertenece principalmente al cuarto de estudio del predicador, mientras que la exposición es provincia peculiar del púlpito.
c. Otro tipo de discurso empleado por los apóstoles fue el argumentativo. Ya hemos hecho alusión a él en los párrafos anteriores. Su uso es indicado de dos maneras. Por una parte, por el término dialégomai, traducido “disputar” en Hechos 20:9 y “disertar” en Hechos 24:25. Esta voz griega significa “pensar uno cosas diferentes consigo mismo; mezclar pensamiento con pensamiento; ponderar; revolver en la mente; argumentar o discutir”. En el primer pasaje mencionado describe el discurso de Pablo en la ocasión del accidente sufrido por Euticho, y que ha sido comentado ya. En el segundo pasaje describe el discurso de Pablo ante Félix, el gobernador romano, hombre cuya preparación intelectual le capacitaba para seguir el curso de un argumento lógico.
La segunda manera de saber que el discurso argumentativo ocupaba un lugar prominente en el repertorio de los predicadores apostólicos es por la lectura de sus sermones. En la introducción de su sermón del Día de Pentecostés, Pedro empleó la refutación, y más adelante, sobre la base del hecho de la muerte y sepultura de David, fundó un argumento para probar que en el Salmo 16  David, había profetizado la resurrección de Cristo. La defensa de Esteban ante el sanedrín es un continuo argumento de analogía histórica en que refuta la acusación hecha en su contra de haber hablado “palabras blasfemas contra este lugar santo (el templo) y la ley”, demostrando paralelamente dos cosas.
  1. Primero, que él no blasfemaba al hablar de la destrucción del templo, puesto que Dios nunca había limitado la revelación de sí mismo al templo; se había manifestado a Abraham en Ur de los Caldeos, a José en Egipto, y a Moisés en el desierto de Madián; y cuando Salomón por fin le edificó un templo, en su oración dedicatoria había confesado que “el Altísimo no habita en templos hechos de mano”. 
  2. En segundo lugar, no pecaba él, sino sus mismos  acusadores, puesto que exactamente como Abraham había demorado en Charán hasta la muerte de su padre; así como los hermanos de José lo vendieron a él a la esclavitud; de la misma manera en que los hebreos habían desechado la primera vez a Moisés; así también ellos habían sido rebeldes a Dios al rechazar a Jesús como su Mesias y Salvador. Todo el sermón es un poderoso argumento, basado en una serie de analogías.
Es demasiado vasto el material de que disponemos en el libro de Los Hechos para que lo mencionemos todo aquí. Bastará con un ejemplo más.
Refiriéndonos otra vez al incidente consignado en Hechos 17:2,3, vemos un hermoso ejemplo del argumento deductivo en forma silogística. Dice el versículo 3: “...declarando y proponiendo que convenía que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, el cual yo os anuncio, decía él, éste era el Cristo”. Este argumento es propiamente un entimema, es decir, un silogismo incompleto en que una de las proposiciones queda sobreentendida, pero podemos reconstruirlo en la siguiente forma:
  Premisa mayor: “Convenía que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos”.
 Premisa Menor: “Jesús padeció y resucitó de los muertos”. (Esta premisa queda sobreentendida por el tenor general del argumento.)
  Conclusión: Por tanto, “Jesús, el cual yo os anuncio, éste es el Cristo”.
d. Por último tenemos el discurso declarativo. Aquí tenemos el tipo de discurso que más que cualquier otro indica la índole esencial de la predicación verdadera. Es el tipo indicado por dos verbos muy comunes en el Nuevo Testamento: euaggelizo y kerusso. El primero significa “traer buenas noticias; anunciar alegres nuevas; o proclamar las buenas nuevas”. El segundo significa “pregonar públicamente como un heraldo, siempre con la sugestión de formalidad, gravedad y de una autoridad que demanda atención y obediencia”. Como se ve por estas definiciones, se trata de un discurso cuya idea característica es la de un anuncio, de una proclamación, de un pregón. No se trata de probar, sino simplemente de manifestar. No es cuestión de emitir un juicio respecto al significado de algún hecho, sino más bien de dar testimonio del hecho mismo. Esta fue la tarea de los cristianos primitivos: ser testigos.
Pero, ¿qué era aquello que habían de atestiguar? Habían de ser testigos de la Persona más gloriosa y de la obra más grande de que jamás hubo noticia.
¡Habían de anunciar a Jesús y la resurrección! Siendo tal el tema de su pregón, podemos entender el fervor, la pasión, el celo con que se consagraron a la  tarea. Había perdón para los pecados más viles; había pureza para el más corrompido corazón. Había poder y victoria para los derrotados; había consuelo y paz para los tristes y afligidos. Con razón dijeron los apóstoles: “No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”. Proclamaron como heraldos la regia venida del Mesías Salvador. Anunciaron la buena nueva de  que en Jesús el Reino de Dios se hacía una realidad en el corazón arrepentido y creyente. ¡Y esto es, hasta hoy, la esencia de la predicación cristiana!
Entendemos, pues, por qué Pattison, después de referirse a los diferentes tipos de discurso empleados por los apóstoles, terminó su discusión con estas palabras: “La predicación apostólica era una combinación de todos estos procedimientos, saturada con oraciones y con lágrimas”.
Volviendo ahora al análisis de la definición de la predicación, recordamos que hemos discutido sus primeras dos partes: el material y el método de la predicación. 
Resta considerar cuál es su meta. Es la de persuadir. La persuasión era nota característica de la predicación apostólica. Lo vemos tanto en el tono urgente de sus discursos como en los resultados que obtuvieron.
El apóstol Pedro predicaba para persuadir. Al final de su sermón en el Día de Pentecostés, leemos que “con otras muchas palabra testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación”. Lo mismo puede decirse del apóstol Pablo. Cuando estuvo con los ancianos de la iglesia de Efeso en Mileto les recordó cómo por tres años de día y de noche no había cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. 
Ante la mofa incrédula del rey Agripa reveló cuán profundo era su anhelo de persuadir, clamando: “¡Pluguiese a Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, mas también todos los que hay me oyen fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas prisiones”. Y en su carta a la iglesia de Corinto descubrió las fuentes de su pasión, diciendo: “Estando pues poseídos del temor del Señor, persuadimos a los hombres...
Porque el amor de Cristo nos constriñe... como si Dios rogase por medio nuestro”. Por último, Judas, el medio hermano del Señor, da cima a este sentimiento de persuasión con su ferviente exhortación; “Mas haced salvos a los otros por temor, arrebatándolos del fuego”.
Tal espíritu de urgencia no dejó de tener su efecto. En Jerusalén leemos que “fueron compungidos de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: “Varones hermanos, ¿qué haremos?... Y fueron añadidas a ellos aquel día como tres mil personas”. En Iconio los apóstoles “hablaron de tal manera que creyó una grande multitud de Judíos, y asimismo de Griegos”. En Tesalónica los judíos dieron testimonio de la efectividad de la predicación apostólica, diciendo: “Estos que alborotan el mundo, también han venido acá”. 
Y en Efeso el platero Demetrio desahogó su resentimiento por causa de las pérdidas sufridas en el negocio de la fabricación de ídolos, diciendo: “Y veis y oís que este Pablo, no solamente en Efeso, sino a muchas gentes de casi toda el Asia, ha apartado con persuasión, diciendo, que no son dioses los que se hacen con las manos”.
Los apóstoles predicaban para persuadir. Esta es la meta de la predicación. Como dijo G. Campbell Morgan:
  Toda predicación tiene un solo fin, a saber: el de tomar cautiva la ciudadela central del alma humana, o sea la voluntad. El intelecto y las emociones constituyen vías de acercamiento que debemos utilizar. Pero lo que tenemos que recordar siempre es que no hemos logrado el verdadero fin de la predicación hasta no haber alcanzado la voluntad, constriñéndola a hacer sus elecciones de acuerdo con la Verdad que proclamamos.

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Nueva vida en Cristo: Manual Completo 1, 2 ,3, 4, 5 y 6 Para Discipular



Nueva vida en Cristo: Manual Completo 1, 2 y 3 Para Discipular
Tipo de Archivo: PDF | Tamaño: 3MB | Idioma: Spanish |Categoría: Discipulado 
Información
VOLUMEN 1
Guía para el maestro...............................................   4
Introducción a la vida cristiana ................................   5
Paso 1    ¡Salvo!......................................................   6
Paso 2    ¡Seguro! ..................................................   8
Paso 3    ¡Victorioso!............................................... 10
Paso 4    Señor de todo .......................................... 12
Paso 5    Viviendo en el Espíritu .............................. 14
Paso 6    Dios me habla........................................... 16
Paso 7    Hablando con Dios .................................. 18
Paso 8   En comunión diaria .................................. 20
Paso 9    Mi iglesia ................................................. 23
Paso 10  ¡A testificar! ............................................ 25
Paso 11  Las ordenanzas ........................................ 27
Paso 12  La familia ................................................. 29
Paso 13  Siguiendo a Jesús ........................................ 31
Apéndices .............................................................. 33
VOLUMEN 2
Guía para el maestro .............................................   5
Paso 1 Conociendo a Dios ................................   6
Paso 2 Cristo mi modelo ...................................   8
Paso 3 Llamados a servir ................................... 10
Paso 4 ¿Quién soy en Cristo? ........................... 12
Paso 5 La Guerra Espiritual ............................... 14
Paso 6 La Armadura ......................................... 16
Paso 7 Perdonar para ser libre .......................... 18
Paso 8 Perdóname ........................................... 20
Paso 9  Llamados a santidad ............................. 22
Paso 10  El cristiano y su dinero .......................... 24
Paso 11 Puedo hacerlo, pero ¿debo? ................. 26
Paso 12 Tomando decisiones sabias ................... 28
Paso 13 Compartiendo a Cristo ......................... 30
Paso 14 El futuro ............................................... 32
Paso 15 Más sobre el futuro .............................. 34
Apéndices ............................................................ 36
VOLUMEN 3
Guía para el maestro....................................................   4
Paso 1 Los unos a los otros........................................   6
Paso 2 Amémonos los unos a los otros......................   8
Paso 3 Más sobre el amor.......................................... 10
Paso 4 Animándonos unos a otros............................. 12
Paso 5 Sirviéndonos unos a otros .............................. 14
Paso 6 Soportándonos unos a otros........................... 16
Paso 7 Perdonándonos unos a otros.......................... 18
Paso 8 Aceptándonos y recibiéndonos unos a otros... 20
Paso 9 Exhortándonos unos a otros .......................... 22
Paso 10 Amonestándonos unos a otros....................... 24
Paso 11 Saludándonos unos a otros
 Hospedándonos unos a otros ........................ 26
Apéndices .................................................................... 28
QUIÉN ES JESUCRISTO
Guía para el maestro...................................................  4
Paso 1  Jesús, el Autor de la vida .............................. 6
Paso 2  Jesús, el Cordero de Dios .............................  8
Paso 3  Jesús, el Buen Pastor .................................... 10
Paso 4  ¡Está vivo! .................................................... 12
Paso 5   Cristo, mi Abogado ....................................  14
Paso 6  Cristo, el Rey ................................................ 16
Textos bíblicos ............................................................. 21

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martes, 23 de agosto de 2016

Cómo solucionar conflictos en el matrimonio



"La diferencia entre un cristiano y un no cristiano no está en el hecho de que los primeros no tengan  problemas, sino en que los cristianos saben manejar sus problemas y no se dejan manejar por ellos"

MANEJO DE CONFLICTOS

Cualquiera pensaría que "el matrimonio ideal" es aquel en el cual no se presentan ninguna clase de conflictos. Sin embargo, esto es una utopía.

Los conflictos son parte natural de la vida. El conflicto es una realidad ineludible en cualquier relación sostenida, es algo universal; su manejo varía de cultura a cultura; su experiencia es única.

El ser humano fue creado para vivir en relación y eso hace que ineludiblemente tenga diferencias con otros. Todos tenemos sentimientos y actitudes que de vez en cuando chocan con los demás especialmente con aquellas personas con las que convivimos de una manera más cercana.

Por esto es que el conflicto hace parte de la vida cotidiana al interior de cualquier familia. El problema no está en que se tengan conflictos sino en la forma como reaccionamos ante ellos (Ef. 4:26).

Es a través del conflicto que llegamos a conocernos como realmente somos; por eso un conflicto bien manejado llegará a ser saludable para cualquier matrimonio. Aun cuando el conflicto es ineludible, sus consecuencias no tienen que ser destructivas. Tenemos que aprender a manejar los conflictos, enfrentándolos de una manera creativa y constructiva.

Agustín decía:

"La diferencia entre un cristiano y un no cristiano no está en el hecho de que los primeros no tengan  problemas, sino en que los cristianos saben manejar sus problemas y no se dejan manejar por ellos"

A. DEFINICION DE CONFLICTO.

Un conflicto es un choque (real o percibido como tal) de intereses, opiniones o actitudes entre personas o grupos.

El diccionario Webster define el conflicto como:

"Desacuerdo, angustia de ánimo, tensión emocional resultante de impulsos interiores o necesidades incompatibles Confrontar: poner a dos personas en presencia una de la otra ("cara a cara") para comparar sus afirmaciones.

B. ORIGEN DE LOS CONFLICTOS.

Las causas de los conflictos en el matrimonio son múltiples y generalmente más de un factor contribuye para que la pareja se confunda y experimente una alteración en su relación.

Alguien decía que el conflicto es como el polvo, no se sabe de donde viene pero aparece en cualquier momento y en cualquier parte.

Causas que originan conflictos en el matrimonio:


1. Conflictos internos.

Uno de los factores que origina los conflictos en el matrimonio son los problemas internos o "intrapersonales". Aquellos aspectos que hemos almacenado en el corazón determinaran nuestro comportamiento (Mt. 12:35).

"Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?"Jeremías 17:9

Una baja autoestima o un autoconcepto demasiado alto traerá como consecuencia celos, paranoia, inseguridad, orgullo, altivez, etc. (Ro. 12:3).

* La ultrasesibilidad y los complejos harán que se tomen posturas autodefensivas.
* La culpabilidad hace que el pecado destroce la confianza (Col. 2: 13-14).
* La depresión hace perder la objetividad y provoca el aislamiento (Heb. 12:15).


2. Conflictos contextuales o "extrapersonales".


Existen muchos agentes externos que pueden generar conflictos al interior de la pareja. Pueden ser personas que se involucran con comentarios, chismes, etc., afectando la relación (por ejemplo los suegros, la familia extendida, los amigos, vecinos o aún personas ajenas) (Pr.16:28).


También se pueden originar conflictos dentro del matrimonio cuando se trasladan al hogar los incidentes que se han tenido con personas en la calle, el trabajo o cualquier otro sitio.

Dentro de ésta categoría de agentes que pueden originar conflicto también se incluyen todos aquellos cambios, aún siendo cambios agradables, que producen tensión en las personas y en las relaciones. Los especialistas han encontrado que muchos cambios, sucediéndose simultánea o muy seguidamente, a menudo producen irritación, desajustes emocionales y hasta depresión profunda.

La muerte de un ser querido, la perdida o el cambio de trabajo, la jubilación, un embarazo, el cambio de residencia, la reconciliación matrimonial y hasta los cambios de hábitos y comidas pueden producir alteraciones y llevar al conflicto.


3. Conflictos interpersonales.


Son los más comunes en el matrimonio. El hecho de que tanto el hombre como la mujer sean diferentes los hace susceptibles de entrar en conflictos.

Esto no quiere decir que para que no haya conflicto en la pareja y se tengan familias armoniosas los dos tengan que ser copias iguales.

"El hombre y la mujer fueron creados iguales en esencia a la imagen de Dios, pero maravillosamente diferentes"



Entre esposos se pueden encontrar muchas diferencias que los pueden llevar a la confrontación:

  • Costumbres diferentes.
  • Percepciones diferentes.
  • Diferencias al actuar. 
  • Diferentes gustos. 
  • Expectativas diferentes. 
  • Metas divergentes.

David Hormachea dice:

"Si Dios nos hizo diferentes para beneficiarnos mutuamente, no tratemos de ser iguales pues nos destruiremos paulatinamente"

Otra causa de conflicto entre esposos proviene de los trasfondos culturales de la pareja.

Por ejemplo el machismo o el matriarcado son influencias culturales que condicionarán al matrimonio para que copie el mismo modelo, originando así conflictos internos

C. REACCIONES NEGATIVAS ANTE EL CONFLICTO.
Teniendo claro que en todo matrimonio existen conflictos también debemos identificar algunas reacciones negativas que tomamos y que pueden afectar la relación.
Negar el conflicto. Muchos matrimonios no tienen el valor de enfrentar los conflictos y para no herirse más lo niegan. No se tiene en cuenta que un problema sin solucionar, por pequeño que sea (Cnt. 2:15), hará nacer raíces de amargura en el corazón.
Tampoco se debe aplicar el "tratamiento del silencio" como medio para evitar la controversia. A veces se escoge esta opción pues parece menos dolorosa, pero el silencio a la larga nunca da resultados. Puede ser que se necesite un momento de silencio pero finalmente se tendrá que enfrentar la situación.
Bien lo decía en sabio Salomón:"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora..... tiempo de callar, y tiempo de hablar."Eclesiastés 3:1, 7
Un conflicto sin solucionar sigue una secuencia:



ENOJOà HERIDA àRESENTIMIENTOàAMARGURAàAISLAMIENTO

Trivializar o suavizar el conflicto. Es cuando alguno de los dos cede, asumiendo la culpa, para ser aceptado. Este puede ser un mecanismo de chantaje. También se llega a ceder, a costa de las convicciones o metas personales, pues lo más importante es mantener la relación así ésta sea solo de apariencia.

Retirarse del conflicto. La persona cede y prefiere perder. La meta está en no chocar, aún a costa de las relaciones y de las convicciones. El mensaje que se comunica es "tu no eres importante para mi". En vez de enfrentar el conflicto se rompe la comunicación, refugiándose en otras actividades como el trabajo, la televisión, etc. Es una forma de ocultar el conflicto como cuando de esconde la basura bajo la alfombra, esperando muchas veces ante la desesperación del cónyuge, para que el tiempo los vaya resolviendo (Ef 4:26-27).

Culpar o rebotar el conflicto. Es una forma de querer solucionar un conflicto culpando al otro para disculparnos nosotros. Esto fue lo que hizo Adán en el Edén cuando culpó a Eva para salir del problema (Mt. 7:1-5).

Dominar o vencer en el conflicto. Lo grave de esta reacción es que se pretende imponer las convicciones sobre las del otro, aún en forma agresiva, porque no se valora mucho la relación. Es más importante vencer que la persona misma. Si hay una ganador habrá un perdedor. Cuando se tiene esta actitud se ataca al otro hasta aplastarlo (Gá. 5:15).

Espiritualizar o idealizar el conflicto. Es cuando se argumenta acerca de que los conflictos no deben existir pues son malos y destructivos. Lo que se busca es mantener una "fachada de perfección" hacia los demás mostrando una imagen de mucha espiritualidad y falsa santidad (Gá. 6:1-3).

Usar "armas" en el conflicto. Muchas parejas se acostumbran a usar ciertas "armas" en la solución de sus conflictos, las cuales en lugar de ayudarles lo que hacen es agrandar el problema.
Algunas de esas "armas" son:
  • La explosión de ira.
  • El silencio.
  • Las lágrimas
  • Palabras ofensivas.
  • Actitudes despreciativas.
  • Fingimiento de enfermedades.
  • Llevar la contraria.
  • Negativa a la relación sexual.
  • Amenaza de abandono.
  • Privación de privilegios.

viernes, 19 de agosto de 2016

Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable...el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




Después de la luna de miel

Para tí, esposo y padre

La luna de miel

Por Jorge Taylor

Y AHORA, ¿QUÉ?

La luna de miel ha terminado y te hallas en casa con tu esposa. Ante ambos se abre una nueva etapa llena de insospechadas interrogaciones.
La luna de miel fue una experiencia inolvidable y feliz que comenzó al concluirse la ceremonia nupcial y salir de viaje. Ahora has empezado otro tipo de relación, “posiblemente una de las más importantes en la vida del hombre”.
Eres esposo. Eres marido. Te parecerá casi increíble, pero… ya estás casado.
¿Qué puedes esperar? ¿Será el matrimonio como lo habías soñado? ¿Qué puedes hacer tú para que la unión de los dos sea feliz? ¿Cómo desempeñar tu parte a cabalidad para que la vida matrimonial resulte satisfactoria en todos sus aspectos?
El éxito del, matrimonio depende de que cada uno de los dos contrayentes cumpla cabal y fielmente las funciones y responsabilidades que le pertenecen. Mucho le toca a tu mujer, desde luego, que es tu querida esposa y el alma de la casa. Pero quizás mucho más a ti, que como hombre llevas la dirección del hogar.
Cuando una pareja decide formalizar su amor en el matrimonio, ambos están generalmente llenos de ilusiones y convencidos de que la unión ha de ser, como se suele decir, “para toda la vida”.
¿Cuáles son, sin embargo, las causas de que no siempre ocurra así? Es un hecho sabido, hoy día más que nunca, que un número considerable de matrimonios terminan en fracaso. Se calcula que dentro de unos diez años más del 50 por ciento tendrán serias dificultades o se hallarán al borde “del divorcio”. ¿Por qué?
La felicidad matrimonial es el resultado de un ajuste de personalidades sobre una base mutua de amor. Cuando alguno de los dos —o ambos— falla en cualquier aspecto de la parte que le corresponde, el equilibrio matrimonial se rompe y la vida en común se hace aburrida o insoportable, si es que antes no termina en la separación.
Pero ese ajuste es algo casi imposible, dirás, puesto que en la vida real muy rara vez se encuentran dos personalidades que armonicen a perfección entre sí. Cierto, y por eso precisamente es aquí donde aparece la primera palabra clave hacia una relación satisfactoria.
Esa palabra es adaptación. Cuando tanto tú como tu esposa entienden y reconocen las respectivas áreas de su responsabilidad en la unión, están en condiciones de adaptarse cada uno a la personalidad del otro.
¿Qué quiere decir esto? Adaptación no significa necesariamente ceder siempre. No es que el hombre espere que su mujer se acomode constantemente a sus puntos de vista; ni que la mujer pretenda que su esposo haga siempre lo que ella quiere. El secreto consiste sencillamente en buscar cada uno primero el bienestar y la satisfacción del otro. Lo cual lleva en sí el resultado sorprendente de producir también la propia satisfacción y el propio bienestar.
La capacidad de adaptación depende proporcionalmente del grado de madurez emocional. Muy a menudo nos encontramos con personas que, aunque adultas en edad —veinte, treinta, o más años— se comportan no obstante como niños.
Seguro que tú conoces muchas personas de ese tipo. De todos modos, permíteme señalar aquí las principales características que muestra la persona que posee madurez emocional.
Podemos empezar por la objetividad. La persona dotada de madurez emocional tiene la capacidad de contemplar cualquier situación desde distintos puntos de vista además del propio. No permite que sus sentimientos o sus intereses personales interfieran con su juicio. Sabe, como si dijéramos, salirse de sí misma y ponerse en el lugar de los demás. Su pensamiento es “objetivo”, es decir, ve no sólo por sus ojos, que es lo “subjetivo”, sino también por los ajenos.
Es obvio que esta cualidad de ser objetivos es de suprema importancia en el matrimonio, donde a diario se presentarán situaciones en que los puntos de vista del marido y su mujer diferirán uno del otro. Puede decirse, además, que sin objetividad no puede haber adaptación.
La madurez emocional se halla también en lo que pudiéramos llamar relación de edad. Quiere decir que una persona normal ha de actuar y conducirse en todo momento en relación a su edad cronológica. “Un niño de cinco años, por ejemplo, que se comporte y piense como un niño de cinco años demuestra madurez emocional. En cambio, una mujer de treinta que actúe como una niña de trece o catorce dista mucho de poseer madurez emocional.
En realidad, pocas cosas hacen tan difícil la adaptación en el matrimonio como el hecho de que alguno de los dos —o ambos— carezca de madurez emocional por falta de relación de edad. El niño ha de ser y hacer como niño; el adolescente como adolescente; el adulto como adulto; el anciano como anciano.
El concepto de la madurez emocional envuelve también sentido de responsabilidad. La persona ha de ser capaz de “responsabilizarse con sus decisiones” —y no refugiarse o depender de las decisiones de otras personas. Significa primeramente que las decisiones no han de tomarse a la ligera, sino como producto de una consideración previa de todas las posibles consecuencias; luego que una vez tomada una decisión, la persona deberá estar dispuesta, a seguir todos los pasos que la misma requiera.
Otra cualidad que forma parte de la madurez emocional es la aptitud de actuar en la vida con independencia. No me refiero a actuar con aislamiento o rebeldía, sino más bien a la capacidad de tomar decisiones y asumir responsabilidades que viene con el desarrollo completo de la personalidad.
Es de suma importancia para la paz del matrimonio que tanto el esposo como la esposa se hallen independientes de ataduras ajenas a su unión. Sucede a veces que el que se casa no parece darse cuenta de que ha entrado en una nueva vida en la que debe cortar, o por lo menos subordinar, la mayoría de sus lazos e intereses con el pasado.
Hay matrimonios en que la esposa; una mujer que por edad ya ha alcanzado completamente la etapa adulta, continúa no obstante apegada a su madre como si aún estuviera en la niñez.
El mismo caso se presenta también a la inversa. Conocí a un hombre que, aun después de casado, tenía que ir todos los días a casa de su madre, donde casi siempre se quedaba a comer. Su esposa preparaba la comida… sólo para quedarse esperando la mayor parte de las veces. Un día la pobre mujer no pudo más y confrontó a su marido con la situación: o compartía la vida con ella como Dios manda, o ella se iba definitivamente para casa de su madre.
Si el que se casa resulta incapaz de asumir la independencia que el matrimonio exige, es que carece de madurez emocional y por lo tanto no puede ser feliz ni traerle felicidad a su cónyuge.
Vale notar lo que dice la Biblia en referencia al matrimonio: “Por esta causa dejará el hombre padre y madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne.” Claramente quiere decir la Palabra de Dios que el que se casa ha de independizarse completamente de toda unión anterior, aun la más cercana en la sangre.

LA ADAPTACIÓN EMOCIONAL

Al hablar de la adaptación emocional estoy refiriéndome a una de las cualidades más importantes de la personalidad. Es algo que tiene que ver con el control y dirección del mundo variado de los sentimientos. La capacidad de adaptación emocional es indispensable para la armonía y comprensión en el matrimonio, pues de ella depende en alto grado el éxito en la actividad sexual, en las relaciones sociales, y en la organización económica.
Debes empezar, marido recién casado, por reconocer que entre el hombre y la mujer existe una enorme diferencia en la forma de expresar sus emociones. Generalmente el hombre es comedido, mientras que la mujer es espontánea. El hombre piensa que con una vez que diga las cosas basta; la mujer, en cambio, necesita oír con frecuencia las mismas palabras amorosas de su esposo.
No te debes extrañar, pues, si cada mañana o una vez por semana tu esposa te pregunta si todavía la quieres. Esto es para ella como el agua fresca para las plantas. Significa que no debes ser parco en prodigarle a tu esposa los elogios, las atenciones y las galanterías que solía recibir de ti durante la época del noviazgo.
Desde el punto de vista del hombre, el hecho de volver y permanecer en el hogar luego de todo un día de trabajo es prueba suficiente de su amor hacia la mujer. Para ti, tal vez; pero para ella no basta. Tu esposa necesita tus demostraciones de cariño, escuchar de tu voz el “¡Te quiero!” y toda la ternura que refleja el misterio del amor.
Si te examinas a ti mismo, tendrás que admitir que tú también necesitas de las manifestaciones de cariño y de los mimos de tu esposa, si es que de veras la quieres, Pues la expresión del amor es mucho más importante aun para el alma femenina.
En segundo lugar, debes tener en mente que en el matrimonio se busca la unidad de dos personalidades. Pero esta unidad ha de ser para enriquecerlas a ambas, nunca para impedir su respectivo desarrollo. Es decir, tanto tú como tu esposa continuarán desarrollando cada uno su propia individualidad. La unidad de los dos servirá precisamente de estímulo recíproco para ello y a la vez para que los dos lleguen a formar y a ser “una sola carne”.
“Cada marido —dijo Fritz Künkel— es responsable de darle a su mujer la oportunidad de hacerse más mujer de lo que era antes del matrimonio”. Esto significa que la personalidad de la mujer seguirá desarrollándose y que la actitud del marido habrá de contribuir bien a estimular o bien retardar ese desarrollo. Tu esposa no deberá seguir siendo niña ni estancarse en su desarrollo, sino al contrario: gradualmente deberá ir haciéndose más y más mujer. Pero tú tienes que ayudarla.
Permíteme insistir. Esta unidad de la vida matrimonial no significa que las dos personas habrán de llegar a sentir y ser la misma cosa. No; lo que quiero decir es que los dos llegarán a conocerse mejor, a identificarse el uno con el otro y a hacerse cada uno cómo un complemento del otro. Hay una expresión familiar que sirve para ilustrar esta idea: “Mirar uno por los ojos del otro”.
Al principio esta adaptación emocional puede resultar difícil para ambos, ya que en cierto modo significa comenzar a pensar no tanto en yo como en nosotros. Después de haber vivido todos los años anteriores de la vida —dieciocho, veinte, treinta, a veces más— pensando solamente en mí, no es fácil cambiar de pronto y comenzar a pensar en nosotros. Pero es muy necesario e importante. Cuando tú puedas pensar ya en unidad y en lo que tú y tu esposa van a decidir o a hacer, sentirán ambos el aliento estimulante de una nueva corriente de vida.
La adaptación emocional supone también interdependencia emocional. Y esto es importante. En muchos matrimonios existe de hecho una relación de dominio y sumisión, bien sea que el hombre es el dominante y la mujer se somete o a la inversa. En estos casos puede tal vez haber adaptación; pero será una adaptación forzada, anormal. Según estudios e investigaciones, tales matrimonios no pueden conocer plenamente la felicidad. Esta sólo puede alcanzarse cuando entre los dos existe interdependencia emocional, es decir, cuando cada uno depende del otro por lo menos en los aspectos básicos del matrimonio.
No olvido en este punto lo que nos dice la Biblia, que el hombre es la “cabeza del hogar”. Creo que el hombre debe ser el que decida, el que represente, el que ayude y el que asuma, en una palabra, la dirección del hogar. Pero esto no quiere decir que necesariamente el marido haya de ser un dictador, que impone su voluntad y que toma decisiones sin consultar, gústele o no, a su mujer. La interdependencia emocional significa que esa dirección se ha de inspirar en el amor y la comprensión, no en el dominio y la fuerza.
Algo que puede ayudarte en la adaptación emocional es recordar que todavía 10 y tu esposa están en el proceso de conocerse. Generalmente los recién casados han llegado al matrimonio con la idea de que ya se conocen bien. Posiblemente tú piensas que conoces bien a tu esposa. Pues déjame decirte que antes de casarse uno ha conocido sólo una pequeña parte de la personalidad del otro. Es luego en el matrimonio que va descubriendo y sabiendo cosas que antes ignoraba. Dice el Dr. Künkel que se necesitan por lo menos siete años de vivir con una mujer para empezar a conocerla. Así que no pienses que ya tú conoces a la tuya; lejos de eso, vas a ver que cada día te trae rasgos o facetas nuevas de la personalidad de tu mujer que no sospechabas.
Algunos hombres llegan a pensar que su mujer los engañó cuando eran novios pues entonces no mostraban tal tipo de conducta. Pero tal no es realmente el caso. Lo que sucede es que como tú la veías sólo en determinadas situaciones y no todo el tiempo, no podías conocer muchos aspectos de su personalidad. Ahora que viven juntos es otra cosa. Como están bajo el mismo techo, duermen en la misma cama, comen en la misma mesa, y se ven en los más íntimos detalles de la vida doméstica, tienes amplia oportunidad de ir descubriendo y conociendo lo antes no habías podido saber de tu esposa.
Por último, quizás el factor más importante en la adaptación emocional es el grado de madurez emocional que tú y tu esposa hayan alcanzado. Ya hemos comentado sobre el caso de personas que son adultas cronológicamente hablando pero emocionalmente se comportan como niños.
Una persona madura emocionalmente no es como un niño. El niño demanda constantemente; quiere recibir pero no sabe cómo dar. El fenómeno cambia algo en el caso de los adolescentes. Los adolescentes también exigen, sólo que muchas veces no quieren aceptar lo que se les da. Es la misma falta de madurez emocional. La persona con madurez emocional es una que puede recibir y dar amor, cosa que es indispensable para el éxito de un matrimonio.
Otra señal de madurez emocional es la capacidad de comprender los sentimientos de otras personas. Comprender en este caso lleva también la idea de participar. Es muy importante que puedas comprender a tu esposa, es decir, sentir lo que ella siente, identificarte emocionalmente con ella. Cuando llegas a tu casa por la noche y encuentras que tu mujer está triste o desilusionada, tu comprensión será la habilidad de identificarte con ella, de ponerte en su lugar y tratar de saber por qué ella se siente triste o desilusionada. La comprensión a tiempo puede disolver muchas nubes ligeras, impidiendo que se acumulen y se conviertan más tarde en tempestades.
Las personas dotadas de madurez emocional suelen también ser objetivas. O sea, pueden reconocer sus propias faltas y sus propias limitaciones, y están dispuestas a aceptarlas y a corregirlas en vez de tratar de esconderlas y huir de ellas. Cuando el esposo posee la virtud de reconocer sus faltas tanto como las de su esposa y tiene la capacidad de identificarse con ella, el matrimonio está en el camino seguro de la adaptación emocional y la felicidad conyugal.
Tal vez pienses que en el caso particular de tu vida matrimonial la adaptación emocional es muy difícil. En realidad, no tiene por qué ser así. Si ambos, el esposo y la esposa, están de veras interesados en alcanzar la felicidad en su matrimonio, la mitad de la batalla está ganada. Algo que ayudará mucho es que tú, como esposa, se señalen algunas metas para los próximos dos o cinco años. La primera de esas metas debe ser el llegar a comprender bien a tu esposa/o. Lo que quiero decir es que, si hay una meta, ya tú tienes algo a que ceñirte, algo que te sirva de guía.
A menudo nos encontramos con personas que han ido al matrimonio sin ninguna meta. Las probabilidades de que esos matrimonios tropiecen con dificultades son muchas. Ninguna otra meta mejor para tu paz emocional, pues, que la de llegar a comprender de la manera más completa a tu esposa, identificándote con ella y haciendo así que ella encuentre también la paz emocional en su propia identificación contigo.
En su libro Noviazgo, matrimonio y familia, la pareja Schnepp ofrece una serie de consejos acerca de cómo alcanzar la madurez emocional. He aquí esos consejos:
    • Tener dominio propio.
    • Buscar la base racional que hay siempre detrás de todo conflicto emocional.
    • Respetar cada uno al otro y considerar sus necesidades y deseos.
    • No alterarse por cosas insignificantes.
    • Estar dispuestos a tomar decisiones y a hacerse responsables de las mismas.
    • Tener un punto de vista que incluya no solamente las conveniencias propias sino también las de la familia y la comunidad.
    • Adquirir un sentido de equidad guiado por el propio criterio.
    • Poseer una fe profunda y sincera.
    • No caer en la minucia que se manifiesta en encontrar fallas y en regañar o ridiculizar a los demás.
    • Reconocer el derecho del otro a que se contesten sus preguntas y a quedar satisfecho.
    • Estar dispuestos a transigir, excepto en lo fundamental.
    • Ser generosos.
    • Tener sentido de humor.
    • Admitir la corrección y sacar buen provecho de ella.
    • Estar constantemente procurando el mejoramiento y el progreso.
    • Simpatizar con los demás y tratar de comprenderlos y de ayudarlos en sus problemas.
    • Hacerse dignos de confianza y practicar la puntualidad.
    • Cooperar, como cónyuge, a la formación de un hogar en el que todos puedan encontrar paz, amor, dicha y seguridad.

Dando por sentada la necesidad indispensable de la adaptación sexual , quisiera recordarte que hay también una adaptación a los distintos cambios o reacciones de tu compañera, cosas que tú no esperabas, cosas que a veces no puedes explicarte. Piensa también en la adaptación cuando surjan las dificultades, las luchas, las peleas. No sé cuándo tendrás el primer disgusto serio con tu esposa ni cuándo se peleará la primera batalla; pero sí te digo que es importante aprender a pelear en la vida del matrimonio. Muchas veces el primer disgusto, la primera pelea, señala pautas para el futuro.
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