domingo, 10 de mayo de 2015

Tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Que Los ancianos [de la Iglesia] deben ser sobrios, dignos, prudentes, sanos en la fe, en amor, en perseverancia.

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
 
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LOS CREYENTES VETERANOS: TITO 2:1–2

  Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Los ancianos deben ser sobrios, dignos, prudentes, sanos en la fe, en amor, en perseverancia.

Las ideas que suscribimos con nuestra mente influyen poderosamente en nuestro comportamiento y nuestro estilo de vida. La doctrina y la ética suelen ir cogidas de la mano.

Por supuesto, es posible profesar fe en ciertas creencias y luego comportarnos de tal manera que nuestra vivencia pone en entredicho la fe que profesamos. Pero, en general, nuestro estilo de vida es un reflejo de lo que auténticamente creemos, y las doctrinas que abrazamos determinan en gran medida nuestras actitudes y acciones ante la vida.

No debe extrañarnos, por tanto, que las epístolas del Nuevo Testamento combinen a menudo enseñanzas doctrinales con exhortaciones éticas. Para los apóstoles, ambas cosas eran inseparables.

Tal es el caso del escrito que servirá de base para las reflexiones de este libro: los capítulos 2 y 3 de la Epístola a Tito. En ellos, el apóstol Pablo irá alternando textos de notable contenido ético (2:2–10; 3:1–3) con otros de profunda enseñanza doctrinal (2:11–14; 3:4–7). Lo hace porque tiene la convicción de que los cristianos sólo aprenderán a vivir correctamente si antes se les ha enseñado a pensar correctamente. Una adecuada comprensión de los propósitos de Dios revelados en el evangelio es el fundamento para una vida moralmente sana.

En el capítulo 1, el apóstol ha denunciado el serio daño que ciertos maestros judaizantes estaban causando en las iglesias de Creta, desviando la atención de los fieles hacia asuntos necios que no contribuían para nada a su verdadera edificación moral y espiritual. Para combatir esta influencia nociva, el apóstol ha propuesto un ataque en dos frentes. Ve la necesidad, por un lado, de reprender duramente a aquellos creyentes que se dejan influir por esas enseñanzas (vs. 13–14); y, por otro, de taparles la boca a los falsos maestros (vs. 10–11). Para llevar a cabo esta estrategia doble, entiende la importancia de nombrar en cada congregación a un buen equipo de ancianos (v. 5), hombres de Dios fieles y maduros que pueden servir como pastores proporcionando sana comida al rebaño y protegiéndolo de los estragos causados por los judaizantes.

Por lo tanto, una de las notas dominantes del capítulo 1 ha recaído sobre el contraste entre la enseñanza enfermiza de los falsos maestros (vs. 10–11, 15–16) y lo que Pablo denomina la sana doctrina (v. 9), aquella doctrina saludable que procede de la revelación divina y que sirve para la curación de los males morales y espirituales de la congregación. Sólo la sana doctrina debe ser enseñada por los líderes de la iglesia.

Ahora, en el capítulo 2, dejamos atrás el tema de los pastores a fin de concentrar nuestra atención en diferentes grupos sociales dentro de la iglesia —cinco en total— y en los deberes morales de cada uno de ellos (vs. 2–10). En cada caso, Pablo enseña la ética que debe caracterizar al grupo en cuestión. La implicación es que el evangelio, cuando es fielmente enseñado, debe producir cierto estilo de vida en los que lo abrazan. Quien nace de nuevo, como consecuencia de haberse arrepentido de sus pecados y de haber creído el evangelio, no puede vivir igual que antes.

Esta idea, fundamental en la enseñanza de esta epístola, será ampliamente expuesta en los capítulos 2 y 3, pero ya estaba implícita en el capítulo 1, en el contraste entre los falsos maestros y los ancianos fieles: los falsos maestros ni comen ni dejan comer; ni son santos ellos mismos, ni cultivan la santidad en sus seguidores; son inútiles para cualquier obra buena (v. 16). Tito y los ancianos, en cambio, por medio de su ejemplo y su predicación fiel (1:9; 2:7), deben inculcar en los miembros de la congregación aquellas buenas obras que son apropiadas para su situación social y que hacen honor al evangelio que profesan (2:10).

LA EXHORTACIÓN A TITO (v. 1)

El contenido de esta nueva sección, por lo tanto, versa sobre las distintas exhortaciones que Tito debe dirigir a las congregaciones. Sin embargo, Pablo empieza con una exhortación al propio Tito: Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Es una de aquellas frases de exhortación personal que —como ya dijimos en nuestra introducción a la Epístola— se encuentran esparcidas a lo largo del texto. Y, como también hemos indicado, no queda claro si estas exhortaciones son la culminación de lo que el apóstol acaba de decir o si constituyen la introducción a lo que está a punto de exponer.

En este caso (2:1), la exhortación podría mirar atrás, al capítulo 1, en cuyo caso la fiel predicación de Tito es contemplada como el antídoto de las enseñanzas enfermizas de los falsos maestros. Esta interpretación viene reforzada por el carácter enfático del pero en cuanto a ti que abre la exhortación: los falsos maestros enseñan necedades que no convienen a los oyentes (1:11) y que no les conducen a buenas obras; pero tú, por tu parte, Tito, debes predicar las verdades de Dios que pueden hacer que sean sanos en la fe (1:13).

Con mucha facilidad, los predicadores podemos dejarnos arrastrar por temas y debates que están de moda, descuidando así nuestra responsabilidad de alimentar al rebaño del Señor con la comida que él ha prescrito. En el caso de Tito, puede que sufriera la tentación de utilizar el púlpito para debatir los argumentos necios de los judaizantes y dar su opinión sobre las genealogías y mitos que tenían fascinados a muchos de sus oyentes. Pero si lo hubiera hecho, habría sido a expensas de malgastar oportunidades para conducirlos hacia la madurez y la santidad, porque éstas sólo son el fruto de la proclamación de la doctrina sanadora de Dios. Igualmente, el predicador de hoy, si quiere ser fiel al Señor, tendrá que negarse a ser distraído por polémicas o cuestiones que quizás apasionen a la congregación, pero que no contribuyen nada a su verdadera edificación.

Pero, por otro lado, la exhortación también podría mirar hacia adelante, al contenido ético del capítulo 2. Aquella enseñanza que está de acuerdo con la sana doctrina se centra en la clase de comportamiento que el apóstol exige a continuación. Es decir, después de la acción negativa de reprender duramente a la congregación por prestar atención a lo que no conviene (1:13), Tito debe dedicarse a la acción positiva de enseñar aquello que concuerda con la sana doctrina.

Un pequeño detalle que apoya esta segunda interpretación es que ahora Pablo no dice que Tito debe predicar la sana doctrina, sino aquello que está de acuerdo con ella. Aunque quizás sea buscarle tres pies al gato, parece que el énfasis de Pablo ya no recae tanto sobre la doctrina sanadora del evangelio en sí, como sobre la enseñanza ética que está en consonancia con el evangelio. O sea, además de nombrar ancianos para que enseñen las grandes verdades de la revelación divina, Tito debe mandar a las congregaciones que practiquen una manera de vivir que honre al Señor. Las necedades de los falsos maestros conducen a una mala ética; el evangelio verá recortado su efecto si no conduce a una buena ética.

En realidad, no es cuestión de escoger entre estas dos interpretaciones, porque las exhortaciones a Tito sirven como mortero para unir las diferentes secciones de la Epístola. Más bien, debemos tomar en consideración las dos: Pablo mira atrás para decir que la enseñanza de Tito debe distinguirse de la de los judaizantes; y mira adelante para decir que debe inculcar los frutos de una vida santa.

Tito —dice el apóstol— debe enseñar, o más exactamente hablar, estas cosas. Este verbo es muy amplio en su significado y cubre cualquier clase de comunicación verbal. Incluye la predicación y la docencia formal, pero también todo tipo de debate y conversación. No debe haber asomo de contradicción entre las declaraciones públicas y privadas del siervo de Cristo. Toda palabra suya debe ser la expresión de una fe consecuente. Debe ser como Apolos, quien, siendo ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba con exactitud las cosas referentes a Jesús (Hechos 18:25).

Calvino sugiere que esta tarea de Tito no es sólo una respuesta puntual a la enseñanza de los falsos maestros, sino un aspecto esencial de todo ministerio pastoral. No basta con que proclamemos el evangelio; también hemos de enseñar aquella vivencia que debe acompañarlo. De hecho, algo de esto ya lo hemos visto en el 1:9: la enseñanza de la iglesia siempre debe ser sanadora; o sea, debe efectuar cambios morales y espirituales en los oyentes y conducirles a una vivencia santa.

Así pues, la enseñanza ética que Tito tiene que «hablar» debe estar de acuerdo con la sana doctrina, es decir, con la revelación de Dios en el evangelio. Además de proclamar la sana doctrina del evangelio en sí, debe enseñar aquel comportamiento ético que le corresponde a ésta. Lo primero corrige la mente; lo segundo, la vivencia. No basta con ser ortodoxos en nuestra doctrina; también debemos ser sanos en nuestra vivencia. Los que siguen doctrinas erróneas son corrompidos en su mente y conciencia y, como consecuencia, en toda su manera de vivir (1:15). En cambio, la sana doctrina debe extenderse a todas las áreas de nuestro ser y producir vidas puras y santas.

Pero no debemos pensar que las vidas de nuestros oyentes serán transformadas en santas y sanas por la sola proclamación del evangelio. Si fuera así, Pablo no habría tenido que exhortar a Tito ni que enseñarle a exhortar a los demás:

  Algunos creen y enseñan que el hecho de hacer hincapié en la «sana doctrina» automáticamente dará como resultado un modo piadoso de vida. Si esto fuera cierto, Pablo no hubiera empleado la mayor parte de su carta explicando qué debe acompañar a la sana doctrina: cuál debe ser ese nuevo modo de vida.

LOS HOMBRES MADUROS (v. 2)

El primer grupo social mencionado por Pablo lo constituyen los varones maduros. Ya no se trata de los ancianos-presbíteros que ostentan el cargo pastoral, sino de los ancianos-viejos de la congregación. Al hablar de ellos en primer lugar, Pablo sigue la jerarquía reconocida en el mundo antiguo y asumida por la Biblia: los varones maduros toman precedencia porque ellos deben marcar el tono para toda la congregación, lo cual implica que ésta debe tratarlos siempre con respeto. Vale la pena tomar nota de que la palabra asimismo, que introduce la exhortación a las mujeres maduras en el versículo 3, indica que todo lo que el apóstol dice acerca de los varones ancianos se aplica también a las mujeres ancianas.

Antes de considerar las diferentes cualidades morales que deben caracterizar a los ancianos, necesitamos aclarar quiénes constituyen este grupo. Es de notar que, tanto en este texto como habitualmente, el Nuevo Testamento sólo conoce dos grupos sociales en la iglesia en cuanto a divisiones por edad: los ancianos y los jóvenes (los niños son caso aparte). ¿Será porque los de mediana edad no necesitan ninguna clase de exhortación espiritual? Por supuesto que no. Se debe a que, mientras nosotros solemos emplear tres categorías —jóvenes, personas de mediana edad y ancianos—, los antiguos sólo empleaban dos. En nuestros días, dos factores sociales vienen a complicar esta cuestión. En primer lugar, vivimos en una época que rinde homenaje a la juventud (en cambio, los antiguos lo rendían a la vejez). Por lo tanto, todo el mundo quiere ser joven. Hoy en día ¡hay jovencitos —y jovencitas— de cuarenta años o más!

En segundo lugar, puesto que a nadie le gusta ser asociado con la pérdida de facultades de la vejez, no llamamos anciano a nadie mientras pueda caminar sin bastón. Como consecuencia, para nosotros, los dos primeros grupos son mayoritarios: los jóvenes forman un gran bloque compuesto por todos los que tienen de 15 a 40 años, y los de mediana edad otro que va desde los 40 a los 70 (aproximadamente). En nuestra sociedad, ¡tanto los jóvenes como los ancianos son cada vez más viejos!

Ahora bien, para aplicar con acierto las exhortaciones a «ancianos y jóvenes» que encontramos en el Nuevo Testamento, tendremos que renunciar a nuestras categorías actuales y volver a las que se empleaban en tiempos apostólicos. Tendremos que entender que, para Pablo, todos los miembros de la congregación están incluidos en estos dos conceptos y tendremos que decidir en cuál de ellos nos clasificamos a nosotros mismos.
Para el pensamiento bíblico, la juventud se caracteriza por el vigor físico, la hermosura, la energía y la fuerza:

  La gloria de los jóvenes es su fuerza; la belleza de los ancianos, su vejez (Proverbios 20:29).

Pero, aunque la juventud se reconoce como una etapa hermosa de la vida, también se caracteriza por la inmadurez y por la falta de sensatez y de experiencia. Así, el rey David, aun a sabiendas de que él mismo no había de construir el templo, empezó a almacenar materiales para su eventual construcción por pensar que su hijo Salomón, al ser joven, no tomaría las necesarias medidas de previsión (1 Crónicas 22:5).

El joven se apasiona con facilidad y siente emociones con una especial intensidad. Por esto, suele ser capaz de entregarse a diferentes «causas» con celo y sacrificio y de ofrecerse en generosa devoción. Pero, al no saber controlar bien su entusiasmo o sujetarlo a una prudencia de miras amplias, éste tiende a traicionarle conduciéndole a acciones impetuosas, haciendo que le ciegue la demagogia de otros o, por el contrario, llevándole a inhibirse ante compromisos difíciles (cf. Jueces 8:20). Por esto, los jóvenes suelen ser magníficos soldados pero malos consejeros. Como ejemplo de eso, tenemos el caso de los jóvenes consejeros de Roboam: le indujeron a tomar unas medidas políticas que le costaron la mitad de su reino e involucraron al país en una terrible guerra civil (1 Reyes 12:8–16).

Asimismo, la juventud se caracteriza por una relativa torpeza social, a la luz de la cual la reacción de Jeremías ante el llamamiento de Dios es comprensible: ¡Ah, Señor Dios! He aquí, no sé hablar, porque soy joven (Jeremías 1:6). El joven conoce, con especial fuerza, las demandas de los apetitos sensuales y las pasiones juveniles (2 Timoteo 2:22): Alégrate, joven, en tu mocedad, y tome placer tu corazón en los días de tu juventud. Sigue los impulsos de tu corazón y el gusto de tus ojos; mas sabe que por todas estas cosas, Dios te traerá a juicio (Eclesiastés 11:9). Es la edad en la cual la sensatez no está tan desarrollada como la energía, lo cual hace que el joven cometa acciones impetuosas, irresponsables y necias: La necedad está ligada al corazón del niño (Proverbios 22:15; cf. 7:7).

En resumidas cuentas, pues, la Biblia, lejos de practicar aquella adulación a la juventud que vemos en los medios de comunicación de hoy, la trata con realismo y con cierta ambivalencia: por un lado reconoce que es una etapa hermosa de la vida llena de actividad, ilusión y entusiasmo; por otra, ve en ella una fase de inmadurez que necesita ser gobernada por el consejo de los prudentes. Mientras hoy parece ser que los jóvenes sientan cátedra, establecen modas y dictan formas de vivir, en la antigüedad se daba por sentado que el joven necesitaba el consejo de sus mayores.

En contraste con la juventud, la vejez —nosotros, hoy en día, hablaríamos más bien de la madurez— se caracteriza por la sabiduría y la sensatez adquiridas por medio de los golpes de la vida y por largos años de reflexión y experiencia. Al menos, debería ser así. Desafortunadamente, hay excepciones. Nos encontramos con ancianos necios, así como con jóvenes sensatos. Pero, en general, la prudencia se adquiere por medio de la experiencia y los ancianos son más experimentados que los jóvenes.

Al ir creciendo en prudencia y sensatez, la persona madura llega a estar mejor capacitada para aconsejar y para gobernar. Por eso, los líderes de la iglesia son llamados ancianos. Deben ser personas maduras en la fe y en la sabiduría, y la madurez suele adquirirse con la edad (aunque no sólo con ella), por lo cual los pastores deben ser normalmente hombres maduros, y sólo excepcionalmente hombres jóvenes.

Por esas mismas razones, la Biblia nos enseña que los ancianos deben ser personas dignas de respeto y que, aun cuando no muestren la debida sensatez, en todo caso deben ser respetados:

  Delante de las canas te pondrás en pie; honrarás al anciano, y a tu Dios temerás; yo soy el Señor (Levítico 19:32).

En el concepto bíblico, pues, la vejez no es una cosa temible que deba ser rehuida o disfrazada, sino una señal de la bendición divina. Esto lo vemos en las cláusulas del pacto de Dios con Abraham, pues una de ellas dice: Tú irás a tus padres en paz; y serás sepultado en buena vejez (Génesis 15:15).

Es con este trasfondo como cada uno de nosotros debe decidir si es joven o anciano. No podemos eludir la cuestión; debemos entrar en una de esas categorías. Y si no podemos decidirnos, ¡tendremos que aplicar a nuestras vidas todo lo que el apóstol dice, tanto a los ancianos como a los jóvenes!

LAS CARACTERÍSTICAS DE LOS HOMBRES MADUROS

En cuanto a las virtudes que Tito debe inculcar en los hombres maduros de las congregaciones, Pablo menciona seis, que en realidad constituyen dos grupos de tres: es obvio que la sobriedad, la dignidad y la prudencia se parecen entre sí; y Pablo mismo agrupa las tres restantes al decir sanos en la fe, en amor y en perseverancia.

  Sobrios
En su origen etimológico, la sobriedad se refiere a la ausencia de vino o de embriaguez. No podemos rehuir este sentido literal de la palabra, puesto que el mismo Pablo es aun más explícito a este respecto en sus enseñanzas sobre las ancianas, quienes no deben ser esclavas de mucho vino (2:3), y sobre los pastores, que no deben ser dados a la bebida (1:7). ¡Parece ser que el abuso del alcohol era un problema serio en Creta!

Sin embargo, en tiempos de Pablo, la palabra traducida como sobrio se empleaba habitualmente con un sentido más amplio, indicando seriedad, prudencia y sensatez. Los comentaristas debaten acerca de cuál de estos matices tenía en mente el apóstol. Quizás hagamos mejor en dar cabida a todos: por una parte, los ancianos no deben ser esclavos del alcohol, ni de ningún otro vicio o atadura, sino que deben practicar la moderación y rehuir todo tipo de exceso; pero, por otra parte, deben ser personas racionales y prudentes, con un pleno uso de sus facultades morales y espirituales y con un amplio dominio sobre sí mismos. La embriaguez conduce a la desagradable escena de personas fuera de sí que han perdido el control de sus facultades. No así el hombre maduro en Cristo. Por la obra de gracia del Espíritu de Dios, ha ido creciendo en santidad, sabiduría y madurez, y ahora ejerce un equilibrado dominio sobre sus apetitos, ambiciones, pasiones y humores. No es zarandeado por las embriagantes influencias de sus estados anímicos ni por las desconcertantes presiones de los vientos de doctrina que soplan a su alrededor, sino que camina rectamente en el temor de Dios.

  Dignos
La dignidad (o seriedad), naturalmente, guarda una estrecha afinidad con la sobriedad. No está reñida con un buen sentido del humor ni se manifiesta mediante caras largas; tampoco debe confundirse con la melancolía. Más bien representa un repudio de actitudes frívolas y superficiales ante la vida. En aquel entonces se asociaba con la honorabilidad y el respeto.

  La palabra sugiere la gravedad y dignidad de porte que invita al respeto y a la reverencia.

El hombre maduro debe ser digno de respeto y hacerse respetar por su recta manera de vivir y por la sensatez de sus acciones y palabras.

  Nada es tan vergonzoso para un viejo como entregarse a los desenfrenos juveniles.

Cae por su propio peso el hecho de que el creyente maduro, que ha caminado desde hace años en comunión con Dios y ha adquirido con ello cierto grado de comprensión de la vida según la perspectiva celestial, forzosamente será una persona caracterizada por la dignidad. Puede ser una persona amable y sonriente, con mucha alegría y que resulta una buena compañía; pero, en el fondo, sus actitudes ante la vida serán sobrias, porque convivir con Dios es profundizar en el conocimiento de la santidad divina y de la miseria humana, de la vida abundante y de la perdición eterna, del juicio venidero y del Dios omnisciente que todo lo ve. Convivir con Dios es comprender lo que realmente está en juego en esta vida. Es tomarse la vida en serio.

  Prudentes

En tercer lugar, los hombres maduros deben ser sensatos, considerados y equilibrados. Deben ejercer templanza y dominio propio. Deben saber controlar sus apetitos carnales, instintos primarios y pasiones turbulentas a fin de reaccionar ante las circunstancias de la vida con sabiduría y discreción. Deben saber guardar confidencias y no ser dados al chismorreo, a la calumnia o a la murmuración.

La palabra traducida como prudentes —que ya hemos tenido ocasión de estudiar en el contexto del nombramiento de ancianos (v. 8)— es una de las palabras clave de esta sección de la Epístola. Aparece nada menos que cinco veces: en el caso de los hombres maduros, de las ancianas, de las mujeres jóvenes (v. 5), de los hombres jóvenes (v. 6) y de todos (v. 12). Constituye, pues, la característica dominante de la enseñanza ética de este capítulo19, lo cual quizás nos sorprenda, porque no solemos considerar la prudencia como una de las principales virtudes cristianas. Sin embargo, bien pensado, la persona que, por medio de la capacitación del Espíritu Santo, ejerce dominio propio, se libera de las diversas motivaciones carnales que la esclavizan y está en condiciones de poder ejercer aquellas virtudes que consideramos más importantes: el amor, la rectitud, la veracidad, la justicia… Quien no es prudente y no sabe controlar sus motivaciones egocéntricas, no será capaz de manifestar las demás características de Cristo. La prudencia trae consigo toda clase de virtud y bien.
Por tanto, todo creyente que vive conforme al evangelio ha de crecer forzosamente en prudencia; pues ésta, en esencia, es la capacidad de entender la vida con los criterios, pensamientos y sentimientos de Dios. Quien no crece en prudencia manifiesta la pobreza de su comunión con el Señor. Todos los cristianos deben ser prudentes en cierto grado por haber empezado a enfocar la vida en el temor de Dios, que es el principio de la sabiduría (Proverbios 1:7). Pero el hombre maduro debe serlo también por su larga experiencia de comunión con Dios y por haber aprendido a ver las cosas con los ojos de Dios.

Este primer grupo de virtudes —sobrios, dignos, prudentes— corresponde a las que el mundo antiguo solía considerar propias del anciano. En cambio, el segundo grupo —sanos en la fe, en amor, en perseverancia— consiste en virtudes propias del evangelio cristiano. Si la doctrina del evangelio es sana, producirá efectos sanadores en los que la abrazan. El anciano, pues, debe ser sano en sus relaciones con Dios y con su prójimo. Debe haber aprendido a comportarse de una manera que sea digna del Señor (Colosenses 1:10), de su vocación (Efesios 4:1) y de su edad.

Por supuesto, todo creyente debe ser sano. Ésta es la finalidad que Tito (1:13; 2:1) y los ancianos (1:9) deben perseguir en su ministerio. Pero la sanidad debería destacar especialmente como marca de los hombres maduros. La vejez cristiana debe significar un proceso de creciente victoria sobre los diversos males, tentaciones y defectos carnales que nos acechan. El envejecimiento siempre se caracteriza por el aumento de enfermedades físicas y la progresiva pérdida de facultades; pero en lo espiritual el proceso puede, y debe, ser al revés; la adquisición de una salud cada vez más robusta y el pleno ejercicio de facultades:

  No desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día (2 Corintios 4:16).

El creyente maduro debe rebosar de salud espiritual. Debe ser una persona sumamente sana en sus actitudes, palabras, acciones, aspiraciones y relaciones. Y su salud debe manifestarse especialmente en tres cosas, las cuales podrían ser consideradas las tres dimensiones fundamentales de la conducta cristiana: la fe, el amor y la paciencia.

  Sanos en la fe
Ya hemos visto que la palabra fe admite dos acepciones. Por un lado, casi puede ser un sinónimo de doctrina, en cuyo caso el apóstol está diciendo que los ancianos deben haber meditado larga y profundamente sobre la revelación de Dios y la enseñanza apostólica hasta haber adquirido una fe bien fundamentada y estable. Deben saber lo que creen y por qué lo creen.

Por otro lado, la fe nos habla de una confiada dependencia del Señor Jesucristo. Los ancianos deben ser como Abraham, que en la vejez se fortaleció en la fe, en esperanza contra esperanza (Romanos 4:19–20). Su confianza en el Señor y su comunión diaria con él deben ser mucho más grandes y firmes que al principio.

Es difícil saber cuál de estos matices tendría en mente el apóstol. Pero, en todo caso, los ancianos deben ser ejemplares, tanto en su entendimiento de la doctrina como en su vida de comunión con el Señor Jesucristo, tanto en su meditación de la Palabra como en su caminar con Dios.

  Sanos en amor
Si la fe contempla a Dios como su objeto, el amor —al menos, en sus manifestaciones prácticas— se dirige principalmente al prójimo. La fe resume las exigencias de la primera tabla de los diez mandamientos; el amor la segunda. El que es sano en la fe y en el amor, guarda los mandamientos de Dios.

A veces, los viejos se vuelven ariscos, intolerantes, gruñones, egoístas, quejumbrosos y críticos con los demás. Su conversación se centra en sus propios achaques físicos y ansiedades económicas. Se caracterizan por el malhumor y la impaciencia. Pero los hombres maduros en Cristo no deben ser así. Antes bien, deben ser ejemplos de amabilidad y ternura; deben ser afables en el trato, mostrando consideración y paciencia, y preocupándose no por sus intereses egoístas, sino por el bien de los demás.

  Sanos en perseverancia
Si la fe contempla a Dios, y el amor al prójimo, la perseverancia contempla la reacción fiel del creyente ante las adversidades y pruebas de la vida.

En 1 Corintios 13:13, Pablo establece su famosa trilogía de la fe, el amor y la esperanza. Aquí, en vez de nombrar la esperanza, habla de la perseverancia. Pero la esperanza y la perseverancia (o la paciencia), en su uso bíblico, están íntimamente relacionadas entre sí. 1 Tesalonicenses 1:3, que habla de la perseverancia de vuestra esperanza en el Señor Jesucristo, indica que estaban estrechamente asociadas en la mente del apóstol. La perseverancia es la fe ejercida a lo largo de la vida vivida con esperanza.

La vejez comporta muchas bendiciones, pero también muchos motivos de ansiedad y dolor. Es la edad de muchas enfermedades, porque el cuerpo se va desgastando. Es la edad de una soledad creciente, pues los amigos y parientes de la juventud sucumben ante la muerte. Es la edad de la frustración de aspiraciones incumplidas, de la triste nostalgia de ambiciones que ahora nunca podrán ser realizadas, de la comprensión de que la vida ha servido para bien poco. Estos sentimientos pueden conducir fácilmente a intensas experiencias de desánimo y desengaño. En cambio, el anciano maduro en Cristo, que mantiene vivos su fe y su amor, mantendrá viva también su esperanza y soportará las pruebas y tribulaciones de la vida sin perder el ánimo ni el valor.

Así pues, el evangelio tiene que ver con la sanidad, en el sentido más profundo de la palabra. Además de proclamar las doctrinas del evangelio, Tito debe enseñar a los creyentes a permitir que los efectos sanadores del evangelio se manifiesten en ellos. En el caso de los ancianos, la sana doctrina debe producir el fruto de la fe, el amor y la perseverancia. Todos ellos deben ser sanos y robustos. Así serán ejemplares para las generaciones que les siguen.

 
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sábado, 9 de mayo de 2015

“Son claveles. A ella le fascinaban los claveles. Le agregaré alguna flores del jardín, antes de llevarlos al cementerio” - De un niño a su madre

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
 
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Hace veintiséis años que mi amigo del ejército Dan y yo cargamos un Corvette 427 azul metálico con neveras portátiles bermudas y camisetas, y pasamos frente a la lúgubre fachada de la policía militar de sombrío semblante hacia la puerta principal del fuerte McClellan.
Preparados con los permisos para el fin de semana y con los bolsillos llenos de billetes nuevos que habíamos recibido por la primera semana de pago en el campamento de verano del Ejército de Reserva, nos dirigíamos a la Florida- y el ejército era en lo último en lo que pensábamos.
Felices al no encontrar nuestros nombres en la tabla de asignación de deberes del fin de semana, decidimos que un fin de semana en la playa era precisamente lo que necesitábamos para recuperarnos de cuatro días de raciones reducidas y de mosquitos en las colinas orientales de Alabama.
Nuestro campo de verano había comenzado muy pronto aquel año. El clima de mayo había sido delicioso, y con la capota abajo y el equipo de sonido en lo alto llegamos a Birmingham y decidimos detenernos allí para llamar a nuestras madres y desearles un Feliz Día antes de continuar nuestro viaje hacia el sur por la autopista.
Encontré a mamá en casa y me dijo que acababa de regresar de la tienda. Por el tono de su voz, supe que estaba decepcionada de que yo no pasara aquel día especial en familia. “Que tengas un buen viaje y ten cuidado, Te echaremos de menos”, dijo.
Cuando regresé al auto, por el rostro de Dan supe que  el también estaba padeciendo del mismo sentimiento de culpa que me obsesionaba. Entonces tuvimos una brillante idea. Envíar flores, desde luego.
Aparcamos al lado de una florería del sur de Birmingham. Cada uno garabateo una nota para envíarla con las flores que nos absolverían de la culpabilidad de pasar nuestro único fin de semana libre en la playa y no con nuestra querida madre.
Aguardamos mientras el dependiente ayudaba a un niño, quien estaba eligiendo un arreglo floral, evidentemente para su madre. Impacientes, deseábamos pagar las flores y partir.
El niño se mostraba orgulloso a más no poder cuando se  volvió hacia mi sosteniendo su arreglo mientras el dependiente escribía la orden.
“Estoy seguro de que le encantara a mamá-dijo-.
“Son claveles. A ella le fascinaban los claveles. Le agregaré alguna flores del jardín, antes de llevarlos al cementerio”.
Levanté la vista hacia el dependiente, que se veía conmovido. Luego miré a Dan. Observando al niño que salió de la tienda, orgulloso de su arreglo, y trepó al asiento de atrás del auto de su padre.
“¿Ya eligieron lo que desean?”, preguntó el dependiente, quien apenas podía hablar.
“Supongo que si”, respondió Dan. Botamos las tarjetas a la basura y nos dirigimos en silencio hacia el auto.
“Vendré a buscarte el domingo en la tarde, hacia las cinco”, dijo Dan deteniéndose frente a la casa de mis padres.
“Te esperaré”, respondí, mientras me esforzaba por sacar mi bolsa de la parte trasera del auto.
Florida definitivamente podía esperar.

Mateo 15:4 Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre;  y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.

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"Mi madre nos esnseñó una Promesa de Dios: Él es padre de huérfanos y defensor de viudas. Su mayor fortaleza fue enseñarnos con su ejemplo"

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
 
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Si criar hijos es una tarea difícil,  tomar la decisión de  llevar a cabo la crianza sin contar con el apoyo de una pareja, es digno de admirar.
Hoy en día, es muy común encontrar mujeres valientes que han decidido criar a sus hijos sin apoyarse en una pareja. La vida les ha llevado forzosamente a ésta tarea, o se han armado de fuerza para tomar esta difícil decisión. Mujeres que han enviudado, o que le han puesto fin  relaciones disfuncionales  plagadas de agresiones y violencia; o mujeres que simple y sencillamente han decidido hacerle frente solas a la maternidad.
Para estas mujeres, es difícil luchar contra los estereotipos sociales que dicen que “debe” haber una figura masculina de sustento y protección. Si bien es cierto; existen hombres de Dios,  que aman y cuidan sus  hogares; nuestra realidad  nos muestra como hoy en día los índices de violencia intrafamiliar aumentan. La misma tendencia Patriarcalista de nuestras sociedades, ha inculcado roles masculinos en donde se valida la infidelidad y la agresión.
Estas mujeres tienen que lidiar con una serie de  mitos o ideas irracionales que me gustaría  compartir con ustedes:
IDEA # 1 ¡Me van a reprochar!
Uno de los mayores temores que se experimentan luego de una separación es tener  que lidiar con los reproches de los hijos/as. Es muy común que esto se de cuando alguno de los hijos es contaminado con los comentarios negativos que se hagan sobre el ejercicio de la maternidad. Sí es doloroso, sin embargo, tome en cuenta que sus hijos en algún momento desarrollarán criterio propio; serán adultos que a la larga podrán ponerse en sus zapatos y entender porqué mamá tomó esta  decisión.
Trate en la medida de lo posible de  contestar a las dudas  de sus hijos con extrema cautela; no les oculte la realidad pero tampoco los sobreexponga a detalles que pueden ser nocivos para ellos. De pronto muchos niños reaccionan defensivamente contra mamá pues esta en su afán de protección se ha encargado de cubrir,  cual detective, las huellas de dolor causadas  por una mala relación. No le digo que los sobreexponga, pero que no les tomé por sorpresa la decisión.
Contaba una buena amiga mía que ella de niña le guardaba un gran rencor a su mamá por ser la causante de  que su papá se fuera de su casa y que tuviera que buscarse a otra familia. De adulta comprendió que su padre se fue de la casa porque ya tenía otra familia, posteriormente  también los dejó para unirse a otra mujer con la que tuvo otra familia…. De adulta sintió la necesidad de agradecer a su mamá la valentía de asumirlos  a ella  y a sus hermanos; así como pedirle perdón por el rencor que durante años  guardó en su corazón. En sus recuerdos no tiene presente una relación con su papá; sin embargo tiene plasmados en su alma todos los buenos momentos de su vida en donde su mamá si estuvo presente.
IDEA  # 2 ¡Se me van a salir de las manos!
Viviendo en el mundo de hoy ¿quién no va a tener este temor? Aún las parejas que tienen hijos  comparten este miedo.  Tener el control en la crianza de sus hijos  no depende de tener pareja; es más, muchas parejas que conviven juntos han perdido el control sobre los hijos. Igual: ponga límites, establezca rutinas, horarios, fomente el buen diálogo, alimente la confianza, sea coherente con lo que les pide y con lo que usted practica, guíeles en los caminos de Dios, refuerce la conducta responsable, fortalezca su autoestima; fomente la autodependencia, trabaje en los  vínculos familiares, sea afectiva…. Esta fórmula no puede fallar.
IDEA  # 3  ¡Tengo  que ser mamá y papá!
No se imponga  roles imposibles…. Concéntrese en ser una muy buena mamá. Como mamá, usted nunca va a ser papá.
Puede ser una mamá que ante la ausencia de la figura paterna asuma todas las responsabilidades en la crianza de sus hijos; aún así usted es una mamá. Si bien es cierto, los niños pueden experimentar sentimientos de tristeza y nostalgia por la ausencia paterna;  la presencia y un buen ejercicio de la función materna harán que ellos puedan sobrellevar su situación. Yo perdí a mi padre a una temprana edad. Mi mamá decidió criarnos ella sola. No recuerdo que se esforzara en  cubrir la ausencia de mi papá; ella sólo se concentró en darnos lo mejor que podía y eso fue lo que hizo….
IDEA  # 4  ¡ No tengo derecho a tener una vida!
¡Claro que si puede! Y los más beneficiados van a ser sus hijos. Sé que la carga y las responsabilidades son más, la presión es mucha, por eso con mucha más razón procure buscar un espacio para usted. Saque tiempo para dar una caminata, para ir al salón de belleza, para participar en alguna reunión o grupo de mujeres de la iglesia, hable por teléfono con una amiga; “se vale hablar por hablar”, váyase una tarde sola a un centro comercial o al cine…. Esto es SALUD MENTAL. Usted necesita alimentar su alma, sus emociones. El dedicarse tiempo a usted le va a permitir sentirse más plena; bote a un lado los sentimientos de culpa y anímese a romper un poco la rutina….
IDEA  # 5  ¡Super mamá!
Esto es un encargo imposible de sobrellevar. Mamás que piensan que siempre deben tener el control de todo. Que siempre deben mostrarse fuertes, inquebrantables, que no sólo recorren una milla extra; sino veinte…  Permítame  decirle que esto es una forma de autoagresión. Usted no tiene que ser perfecta; trate de hacer lo mejor que pueda y lo que este a su alcance.
Acepte que hay momentos en que aunque usted no lo quiera las cosas pueden salirse de control… después de todo, sigue siendo humana!!!!! Se vale equivocarse…. los niños y las niñas aprenden más cuando nos ven conectadas con nuestro lado sensible y nos ven levantarnos cuando caemos.  No les va a pasar nada si usted  les dice que no puede hacer algo o que esta cansada…. Se trata de no desconectarse con su cuerpo y sus emociones por perseguir un ideal….
Muchas mujeres que tienden a desarrollar este tipo de “síndrome” se terminan enfermando física o emocionalmente. Hace algún tiempo tuve la oportunidad de trabajar con un grupo de  mujeres, todas ellas habían sido diagnosticadas con una enfermedad llamada  fibromialgia. Muchas de ellas compartían los síntomas. Parte del trabajo era revisar su historia de vida para determinar algún evento que les pudiera  haber detonado la enfermedad. Para nuestra sorpresa, todas compartían el “síndrome de super mamá”; habían llevado a su cuerpo a extremos con tal de cumplir con esta fantasía, muchas de ellas, eran mujeres solas que habían asumido  la crianza de los hijos; mujeres con parámetros de autoexigencia muy elevados, perfeccionistas, con rasgos obsesivos….  Muchas de ellas tuvieron que aprender a escuchar a su cuerpo y empezar a usar su palabra menos favorita: no
IDEA  # 6  ¡Es mi  culpa!
He atendido durante un tiempo a una señora que asiste a consulta pues después de soportar todo tipo de agresión y abuso por parte de su pareja; decide plantear una demanda de divorcio. Lastimosamente, sus hijitos  han estado expuestos a los ataques de los cuales ha sido víctima su mamá. Ella en su afán de protección y después de haber intentado salvar su matrimonio decide separarse. Su gran conflicto ha sido el tener que quitarse la culpa de que despoja a sus hijos de su padre.  Sus culpas aún y cuando no tienen fundamento lógico, no le han permitido ver que  sus hijos necesitan estar en un ambiente de paz y que lo que hace es lo mejor para ellos.
Deseo cerrar con una historia de vida muy  valiosa para mí. Cuando mi padre falleció, recuerdo que mi mamá se aferró a una promesa de Dios que dice que él es padre de huérfanos y defensor de viudas. Mi mamá nos recordaba esta promesa cada vez que la adversidad tocaba a nuestra puerta. Recuerdo escucharla orando, le reclamaba a Dios que por promesa él era nuestro padre.  Cuando  yo sentía que algo injusto nos sucedía, ella siempre respondía que Dios era su defensor y así siempre ha sido. Su fe ha sido tan firme siempre que hoy en día  me sorprende ver cómo logró sacarnos a mis hermanos y a mí adelante, si sus recursos económicos eran tan limitados. Enviudó en el momento en que mi hermana y yo nos  acercábamos a la temida adolescencia. Mi hermano tenía escasos siete años. Su mayor fortaleza fue enseñarnos con su ejemplo.
Mujeres así, definitivamente tienen el cielo ganado…. Mi mejor deseo para aquellas madres valientes que han tomado con amor y entereza la  crianza de sus hijos.

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viernes, 8 de mayo de 2015

La casa y las riquezas son herencia de los padres; Mas de Jehová la mujer prudente.(Prov)

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
 
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¿Cuál es el papel de una madre cristiana?


cual es el papel de una madre cristiana

¿Cuál es el papel de una madre cristiana?
Usualmente se escucha a las madres decirles a los hijos: “¡¡Es la única vez que te lo digo!!” Dios nos enseña:
“Y estas palabras que yo te mando hoy,…se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” Deuteronomio 6:7.
Qué dice la Biblia acerca de ser una madre cristiana y sus responsabilidades?
Ser madre, es un papel muy importante que el Señor elige otorgar a muchas mujeres. Se dice que las madres deben amar a sus hijos. En Tito 2:4-5 leemos: “… que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.” En Isaías 49:15a la Biblia dice, “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre?”
¿Cuándo comienza la maternidad?
Los hijos son un regalo del Señor (Salmo 127:3-5). En Tito 2:4, aparece la palabra griega “phileoteknos”. Esta palabra representa una clase especial de amor: “amor materno.” La idea que se desprende de esta palabra es la de “preferir” a nuestros hijos, “cuidar” de ellos, “alimentarlos”, “abrazarlos con amor”, “cubrir sus necesidades”, “entablar una tierna relación” con cada uno como si fuera el único salido de la mano de Dios. Se nos manda en la Escritura ver el “amor materno” como nuestra responsabilidad. En la Palabra de Dios se les ordena tanto a las
madres como a los padres, llevar a cabo varias cosas en las vidas de sus hijos:

*Estando disponibles – mañana, tarde y noche (Deuteronomio 6:6-7).

Involucrándose – interactuando, acordando, pensando y procesando la vida juntos (Efesios 6:4).

Enseñándoles – con las Escrituras, el punto de vista bíblico del mundo (Salmo 78:5-6, Deuteronomio 4:10; Efesios 6:4).

Entrenándoles – ayudando al niño a desarrollar sus habilidades y descubrir su potencial (Proverbios 22:6).

Disciplinándoles – Enseñándoles en el temor de Dios, señalándoles sus límites en forma consistente, amorosa y firme (Efesios 6:4; Hebreos 12:5-11; Proverbios 13:24, 19:18, 22:15, 23:13-14, 29:15-17).

Nutriéndoles – Proveyendo un ambiente de constante soporte verbal, libertad de fallar, aceptación, afecto y amor incondicional (Tito 2:4; 2 Timoteo 1:7; Efesios 4:29-32, 5:1-2; Gálatas 5:22; 1 Pedro 3:8-9).

Moldeándolos con integridad – Viviendo lo que enseñes, siendo un modelo mediante el cual un niño pueda aprender, “captando” la esencia de una vida piadosa (Deuteronomio 4:9, 15, 23; Proverbios 10:9, 11:3; Salmo 37:18, 37).

La Biblia nunca ordena que todas las mujeres deban ser madres. Sin embargo, dice que aquellas que son bendecidas siendo madres deben tomar seriamente esa responsabilidad. Las madres deben tener un papel único y de importancia crucial en las vidas de sus hijos. La maternidad no es un trabajo o tarea desagradable. Al igual que una madre lleva a su bebé durante el embarazo, y alimenta y cuida del niño durante su infancia, así también las madres juegan un constante papel en las vidas de sus niños, adolescentes y jóvenes adultos, y aún cuando llegan a la edad madura. Mientras que el papel de la maternidad debe cambiar y desarrollarse – el amor, el cuidado, la educación y el ánimo que da una madre, nunca deben terminar.

Lo opuesto: una mujer que no cuida de su casa, y sus consecuencias: ¿Padres insensatos?

Proverbios 19 habla acerca de los pros y contras de lo que una madre hace a favor, o en contra, de los hijos.

1 Mejor es el pobre que camina en integridad, Que el de perversos labios y fatuo.
2 El alma sin ciencia no es buena, Y aquel que se apresura con los pies, peca.
3 La insensatez del hombre tuerce su camino, Y luego contra Jehová se irrita su corazón.
4 Las riquezas traen muchos amigos; Mas el pobre es apartado de su amigo.
5 El testigo falso no quedará sin castigo, Y el que habla mentiras no escapará.
6 Muchos buscan el favor del generoso, Y cada uno es amigo del hombre que da.
7 Todos los hermanos del pobre le aborrecen !Cuánto más sus amigos se alejarán de él! Buscará la palabra, y no la hallará.
8 El que posee entendimiento ama su alma; El que guarda la inteligencia hallará el bien.
9 El testigo falso no quedará sin castigo, Y el que habla mentiras perecerá.
10 No conviene al necio el deleite; ¡Cuánto menos al siervo ser señor de los príncipes!
11 La cordura del hombre detiene su furor, Y su honra es pasar por alto la ofensa.
12 Como rugido de cachorro de león es la ira del rey, Y su favor como el rocío sobre la hierba.
13 Dolor es para su padre el hijo necio, Y gotera continúa las contiendas de la mujer.
14 La casa y las riquezas son herencia de los padres; Mas de Jehová la mujer prudente.
15 La pereza hace caer en profundo sueño, Y el alma negligente padecerá hambre.
16 El que guarda el mandamiento guarda su alma; Mas el que menosprecia sus caminos morirá.
17 A Jehová presta el que da al pobre, Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.
18 Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; Mas no se apresure tu alma para destruirlo.
19 El de grande ira llevará la pena; Y si usa de violencias, añadirá nuevos males.
20 Escucha el consejo, y recibe la corrección, Para que seas sabio en tu vejez.
21 Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; Mas el consejo de Jehová permanecerá.
22 Contentamiento es a los hombres hacer misericordia; Pero mejor es el pobre que el mentiroso.
23 El temor de Jehová es para vida, Y con él vivirá lleno de reposo el hombre; No será visitado de mal.
24 El perezoso mete su mano en el plato, Y ni aun a su boca la llevará.
25 Hiere al escarnecedor, y el simple se hará avisado; Y corrigiendo al entendido, entenderá ciencia.
26 El que roba a su padre y ahuyenta a su madre, Es hijo que causa vergüenza y acarrea oprobio.
27 Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas Que te hacen divagar de las razones de sabiduría.
28 El testigo perverso se burlará del juicio, Y la boca de los impíos encubrirá la iniquidad.
29 Preparados están juicios para los escarnecedores, Y azotes para las espaldas de los necios.

Vemos ejemplos del hombre que busca riquezas, del que habla mentiras; del ocioso que vive en necedad; habla del iracundo, del haragán, etc. En el v. 16 dice que los que son diligentes en guardar el mandamiento en todo, haciendo de él la norma de su conducta, guardan su alma, es decir, preservan su vida.

Si guardamos la palabra de Dios, la palabra de Dios nos guardará. En cambio, el que no pone diligencia en ir por el camino recto, sino que menosprecia los caminos por los que debería andar, morirá prematuramente. Imaginemos el ser parte de esto llevando a nuestros hijos hacia el mal.

V. 18: Tan pronto como aparece un principio de corrupción en los hijos, hay que aplicar el correctivo antes de que se convierta en hábito. Si la corrección se aplica de la mejor manera, sin ira y con la sabiduría que Dios da, todo irá marchando bien. Si el hijo no entiende con el consejo, aplíquese la disciplina con la vara pero sin excederse, enfatizando a su hijo que Dios manda a los padres enseñar la obediencia, y si no la hay, entonces hay que corregir por amor. Los niños deben entender que así como Dios nos ama y nos disciplina si no entendemos, así debe hacerlo un padre con sus hijos. La segunda parte del versículo significa: “no le causes la muerte por tu negligencia en corregirle”. Muchos padres piensan lo contrario y por ende, no les corrigen a tiempo.

Así es que podemos notar las consecuencias que podemos acarrear al ser madres o padres irresponsables.

La Biblia habla repetidamente acerca de la instrucción del padre y la madre. Si no lo hacemos, acarrearemos, tanto para nosotros como para ellos, muchas consecuencias.

Como hijos de Dios tenemos una gran responsabilidad al ser padres; necesitamos conducirlos por un buen camino siendo un ejemplo vivo de piedad dentro del hogar.

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La persona que inventó la celebración del "día de las madres" en Estados Unidos murió arrepentida de haberlo hecho.

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6



 
 
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A menudo nos encontramos con un sin número de festividades en este mundo irrelevante, en donde cada generación inventa nuevas formas de festejos, y nueva manera de inyectarlo en las personas. Y una de tantas es la celebración del "día de las madres".
Nuestra madre es algo muy especial en nuestra vida, es ella a la que eligió Dios para que fuera el puente por donde nosotros cruzaríamos y nos introduciríamos en este mundo. Es ella quien se preocupo por alimentarnos, vestirnos, y también con su mucho amor con que nos ha amado; es la primera maestra que tuvimos. Fue también nuestra primera amiga, la que estuvo, y está incondicionalmente cuando tenemos problemas, nos ha ayudado a afrontarlos enseñándonos así a desafiar a la vida.
La mayoría de las festividades empiezan con un sentimiento similar al que sentimos por algún ser querido; como lo es nuestra madre, Pero:



¿Será éste el motivo o la excusa para tener una celebración más en nuestro calendario? ¿La tradición es tan fuerte que solo a través de ella nos podemos acordar de nuestra madre, una vez al año?
¿Eso es lo que realmente quiere una madre; que la quieran con un amor tradicional, y únicamente movido por la costumbre, y el comercio? ¿Y simplemente una vez en el año?
¿Todo lo que ella ha hecho por nosotros; debemos de acordarnos de ella cuando otros lo hagan o hacen?
Déjame decirte que la persona que inventó la celebración del "día de las madres" (porque es un invento comercial) en Estados Unidos murió arrepentida de haberlo hecho., si aunque no lo creas murió desconsolada y con mucho arrepentimiento de ser la promotora del enriquecimiento de muchos comerciantes, que con el pretexto de hacerlo usaron a alguien que fue tan espacial en su vida...Su Madre.
Todo comienza así...
Inicialmente las celebraciones del día de la madre pueden ser remitidas a las fiestas de la Grecia antigua en honor a Rea "madre de todos los dioses".
Durante el siglo XVII, Inglaterra celebraba un día llamado "domingo de madres" en honor a las madres inglesas.
Durante este tiempo algunos pobres de Inglaterra trabajaban como siervos en lugares lejanos de sus casas. El domingo de las madres los siervos podían regresar a sus hogares para estar con sus madres. En esa festividad se preparaba una torta especial, llamada pastel de la madre, y con ella se le daba un toque festivo a la celebración.
Con la expansión del "cristianismo" por toda Europa, la celebración se cambió y se ofreció en honor de la madre virgen, cuyo poder espiritual "protegía a todos". Tiempo después, el domingo de madres se celebró en honor a todas las madres e igualmente a la virgen madre.
En Estados Unidos el día de las madres fue conocido primeramente en 1872, cuando Julia Ward Howe (compositora del himno de la batalla de la República), dedicó este día a la paz.
La señora Howe organizó en un comienzo el día de la madre en Boston, posteriormente, en 1907, Ana Jarvis, una activista comunitaria, de Filadelfia, estableció el "día de la madre" el segundo domingo del mes de Mayo.
Las mujeres que organizaron el primer día de las madres, creían que la maternidad era una fuerza política que debería ser movilizada a favor de toda la comunidad; no únicamente una expresión de un instinto fundamental que las llevó a dedicar todo su tiempo y atención a sus hijos.
El primer llamado a un día de las madres lo realizó Anna Reeves Jarvis, que en 1885 organizó los días del trabajo de las mujeres en Virginia Occidental para mejorar la sanidad pública en las comunidades Apalaches. Durante la Guerra Civil Norteamericana, las mujeres que ella misma movilizó cuidaron a los heridos de ambos bandos y después de la guerra organizaron reuniones para persuadir a los hombres a que fraternizaran con sus enemigos de ayer.
Al terminar el siglo, la expansión de las actividades sociales y económicas de las mujeres más allá del hogar chocó con el crecimiento de la economía de consumo.
Aunque lograron reformas importantes en la esfera pública, sus responsabilidades maternas y morales se privatizaron y se les asoció a su papel de "agentes compradores" de la familia.
Fue entonces cuando Anna Jarvis (hija de la anterior mencionada), inició una campaña por correspondencia para honrar a su propia madre mediante un día de fiesta dedicado a todas las madres. Los políticos y negociantes que en el siglo anterior se habían opuesto a las reformas impulsadas por las mujeres le dieron la bienvenida a un individualista "día de las madres" que pudiera ser "explotado como lo dijo Florist's Review, en la revista de la industria de las flores.
Finalmente el 8 de Mayo de 1914, el Congreso de Estados Unidos aprobó la fecha como "día de las madres" y la declararon fiesta nacional, lo cual fue apoyado por el presidente Woodrow Wilson.
Como vemos, el día de las madres es una importación directa de EE.UU. al igual que el Halloween (noche de brujas), que tan profundamente ha calado en las clases más populares.
EE.UU adoptó oficialmente el "día de las madres", y esa adopción representó un giro radical en todo lo que había significado los días de las madres del siglo XIX. Los defensores parlamentarios que apoyaron la iniciativa rechazaban la participación de la mujer en actividades sociales y políticas que hacían resaltar la importancia de su papel en el
hogar. Con ello se originó definitivamente la orientación del día de las madres hacia su COMERCIALIZACIÓN.
Irritada cuando los 'victoriosos" floristas empezaron a vender claveles por US$1, Anna Jarvis hija; se dedicó a combatir la comercialización del día que tanto trabajo le había costado establecer. Sin embargo, pocos años después Florist's Review pudo anunciar que "Miss Jarvis estaba totalmente derrotada". Por su parte, Anna Jarvis; se obsesionó cada vez más, por acusar a quienes "con su avaricia desmeritaran el día de las madres".
En 1925, en un hotel de Filadelfia entró una mujer decidida y se dirigió hacia un grupo de madres de excombatientes que celebraban una reunión y en voz alta comenzó a lanzarles improperios censurándolas porque vendían por lucro los claveles blancos simbólicos del día de las madres. Varias personas intentaron calmarla, pero la señorita estaba demasiado furiosa para guardar silencio. Los ahí reunidos llamaron a un policía y la airada dama fue arrestada por perturbar la paz, de esta manera termina este incidente de la señorita Ana Jarvis promotora del día de las madres. El juez encargado de calificar el incidente quedó desconcertado y la puso en libertad, posteriormente un reportero la visitó en su casa.
El reportero le pregunto: Srita. Jarvis ¿Por qué no deja Ud. esa actitud agresiva? Debería estar orgullosa de ser la fundadora del día de las madres.
Contesta la Srita. Jarvis: Lo están comercializando, ¿no ha leído lo que escribió el presidente Codlige?
El periodista asintió, la carta había aparecido en los medios de aquel entonces, en ella Anna Jarvis escribía "estoy tratando por todos los medios de evitar que el día de las madres sea profanado por la ambición de algunos individuos y organizaciones que lo ven sólo como una oportunidad de "ganar dinero".
Ana Jarvis, hija de Anna Reeves Jarvis, era una activista comunitaria de Virginia Occidental.
Ana, que perdió a su madre en 1905, comenzó a enviar cartas a políticos, abogados y otras personas influyentes solicitando que se consagrara día de las madres el segundo domingo de mayo (el cual algunos años coincidía con el aniversario de la muerte de su madre).
Para 1910 ya se celebraba en muchos estados de la unión, y en 1912 logró que se creara la Asociación Internacional del "día de las madres" con el objetivo de promover su "iniciativa".
Sin embargo, la festividad impulsada por Ana Jarvis comenzó a mercantilizarse, de manera tal que se desvirtuaba el origen de la celebración. Esto motivó a que Ana presentara una demanda en 1923, para que se eliminara la fecha del calendario de la festividad oficial. Su reclamo alcanzó tal envergadura, que hasta fue arrestada por disturbios durante una reunión de madres de soldados de lucha, que vendían claveles blancos, el símbolo que Jarvis había impulsado para identificar la fecha.
Ana luchó con insistencia contra la idea que ella misma había impulsado, perdiendo todo el apoyo de aquellos que la acompañaron inicialmente. En un reportaje que le hicieron antes de su muerte, Ana mencionó su arrepentimiento por haber impulsado "el día de las madres".
Finalmente se le internó en un asilo en el que murió en 1948, justo antes de comenzar la verdadera comercialización en masa del "día de las madres" en la década de los 50s.
(Datos obtenidos del periódico IMPACTO de San Diego Ca. Año 11 Edición #19 pagina 10)
No perdamos más el tiempo en celebraciones que sólo impulsan más al comercio y el enriquecimiento de personas que únicamente juegan con los sentimientos de los demás.
Amar a un ser querido es bueno, pero lo que no es bueno es que el mundo te marque que día y de que manera debes de amarlo. Piensa bien que es lo que Dios quiere de ti. Conozcamos más de él, y apartémonos de las tradiciones que sólo engendran controversias, vicios, pleitos, muertes y excusas para un sin número de extravagancias carnales.

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