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domingo, 15 de mayo de 2016

Se oye que hay entre vosotros inmoralidad sexual, y una inmoralidad tal como ni aun entre los gentiles se tolera...

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




CORINTO: A LA MIRA DE CRISTO


Corinto
La inexpugnable ciudad

1. Ubicación geográfica

La antigua ciudad de Corinto estaba ubicada en la amplia llanura que está debajo del elevado Acrocorinto, una inexpugnable cima de 630 metros de altura que se alza en la península del Peloponeso.

La escarpada pendiente del Acrocorinto convirtió el lugar en una fortaleza casi invencible, por lo que la ciudad misma gozaba de una relativa seguridad. Entre la antigua ciudad de Corinto y la ciudad puerto de Licaonia, en el golfo de Corinto, sólo había una distancia de más o menos 3.2 kilómetros hacia el norte.

A unos 11 kilómetros hacia el este, estaba el puerto de Cencrea, en el golfo Sarónico. Fue a través de estos dos puertos que Corinto se llenó de comercio y riqueza. Los barcos que venían del occidente (Italia, España y África del Norte) traían sus mercancías a Licaonia; y los barcos que llegaban del oriente (Asia Menor, Fenicia, Palestina, Egipto y Cirene) atracaban en Cencrea.

Capitanes y tripulación evitaban navegar las doscientas millas náuticas que había alrededor del cabo que estaba al sur de la península (cabo Malea), porque las impredecibles tormentas podían convertir la navegación en una aventura traicionera.

Tanto propietarios como marineros sabían que jamás podrían olvidar la pérdida de vidas, barcos y cargamento. Así que preferían anclar en Licaonia o en Cencrea. A partir de estos dos puertos, las mercancías se distribuían en pequeñas naves que recorrían las islas que conectaban la península con Grecia central.

A Periandro (625–583 a.C.) se le ocurrió construir un canal para facilitar el transporte de mercancía, pero en última instancia edificó un cruce de piedra con el nombre de diolkos, palabra que significa plataforma deslizable sobre ruedas.

El sistema consistía en colocar pequeños barcos en plataformas, para arrastrarlos desde el golfo Sarónico (al oriente) hasta el golfo de Corinto (al occidente), y viceversa. De esta forma, Corinto podía recaudar una considerable suma de impuestos, cobrando peaje por el tránsito de mercancías a través del istmo.

En aquellos tiempos, el rey griego Demetrio y los emperadores romanos Julio César y Cayo Calígula tuvieron la intención de cavar un canal que corriera a través del istmo en su parte más angosta (7.25 Km.).

Fue Nerón el que puso en marcha el proyecto, pero por varias razones tuvo pronto que abandonarlo. No logró financiarlo, corría la creencia de que cavar un canal era un sacrilegio y, además, surgió la teoría de que el nivel de las aguas de las dos orillas del istmo era distinto.

Por su parte, Vespasiano asumió el mando de las tropas romanas asignadas a Palestina y esclavizó a muchísimos judíos. Josefo afirma que en el año 67 este general envío cerca de seis mil judíos a Corinto, para que cavaran a lo largo del istmo. Finalmente, a fines del siglo diecinueve (1881–93), ingenieros franceses construyeron y terminaron el canal de Corinto.


2. Historia

En su obra La Iliada, Homero hace mención de Corinto. Esto significa que la ciudad se remonta por lo menos al segundo milenio antes de Cristo.

Su influencia se dejó sentir en toda la península, en el istmo y en partes de Grecia central. Por ser una ciudad atractiva desde el punto de vista económico, Corinto llegó a la cima de su poder en el siglo séptimo a.C. Fue Periandro quien fomentó la influencia económica de Corinto, equipando a los pequeños barcos para que pudieran transitar por el istmo. Pero durante los dos siglos que siguieron, Corinto tuvo que vérselas con Atenas, poderoso rival.

Después vino el conflicto bélico entre Atenas y Esparta, la llamada guerra del Peloponeso (431–404 a.C.). Corinto tomó partido en favor de Atenas. La guerra debilitó tanto a Atenas y a Corinto, Filipo II de Macedonia logró conquistar Corinto en el año 338 a.C. Su hijo, Alejandro el Grande, utilizó a Corinto como centro de comercio y de atracción turística. Después de la muerte de Alejandro (323 a.C.), Corinto se convirtió en la más importante de las ciudades estado griegas del Peloponeso y del sur de Grecia.

Cuando los romanos conquistaron Grecia (196 a.C.), pusieron a Corinto a la cabeza de la confederación de las ciudades de la provincia de Acaya. Cincuenta años después, Corinto se sublevó contra Roma, lo que forzó a Lucio Mumio a destruir la ciudad.

La ciudad permaneció en ruinas por todo un siglo, hasta que Julio César la restauró el año 44 a.C. El emperador también construyó el puerto de Licaonia y el de Cencrea. De esta forma, Corinto se convirtió en una colonia romana, conocida como la Colonia Laus Julia Corinthiensis (= la colonia de Corinto es una alabanza a Julio). Se trataba, pues, de una colonia que daba honor a Julio César. La ciudad volvió a prosperar, llegando a ser un centro de comercio que atrajo a gente de muchas partes del mundo.


3. Población

Como se trataba de una colonia romana, Corinto estaba sujeta al derecho romano. Así que, su gobierno era similar al de la ciudad imperial. La lengua oficial era el latín, aunque el pueblo en general hablaba griego.

Pablo registra los nombres latinos de algunos hermanos que vivían en Corinto: Tercio, Gayo, Cuarto (Ro. 16:22, 23); la pareja judía Aquila y Priscila, Tito Justo Crispo, principal de la sinagoga, y Fortunato (Hch. 18:2, 7; 1 Co. 1:14; 16:17).

Militares o civiles, los oficiales romanos residían en Corinto, como era el caso del procónsul Galión (Hch. 18:12). También vivía allí una multitud de colonos veteranos del ejército y libertos (que antes fueron esclavos) de Roma.

También había comerciantes, artesanos, artistas, filósofos, maestros y trabajadores provenientes de muchos de los países que rodean el Mar Mediterráneo. Dentro de la población también se contaba a judíos provenientes de Israel y de otras partes, a griegos nativos, a exiliados y a esclavos.

Toda esta gente vivía y trabajaba en Corinto o en sus dos puertos, incrementando así su población, su diversidad y su economía. Los campos de sembradío contribuían a la base agrícola de Corinto, la ciudad era un centro fabril, y los dos puertos la convertían en un eje del comercio mundial. En suma, Corinto gozaba de fama internacional.


4. Religión y cultura

En los siglos anteriores al cristianismo, autores griegos y romanos con frecuencia describían a Corinto como la ciudad de la fornicación y la prostitución.

Los griegos acuñaron el término corinthiazethai (literalmente: «vivir a lo corintio») para describir la inmoralidad de la ciudad.

Corinto tenía más de una docena de templos. El antiguo templo dedicado a Afrodita, la diosa del amor, era famoso por su inmoralidad.

Antes de que Corinto fuese destruida por los romanos (en 146 a.C.), Estrabón ya había escrito sobre el templo de Afrodita. Y aunque muchos eruditos han puesto en duda la exactitud de sus palabras, Estrabón afirmó que en dicho templo había miles de prostitutas.

Como Corinto tenía dos puertos, es posible suponer que alojaba una multitud de marineros, comerciantes y soldados. Esto hacía difícil que la ciudad fuese conocida por tener una moral respetable.

El que Pablo tenga que exhortar explícitamente a los corintios a que huyan de la inmoralidad sexual (1 Corintios 5:1; 6:9, 15–20; 10:18) es una indicación precisa de que la promiscuidad era algo bastante común en la ciudad.

Corinto daba libertad para que diferentes grupos religiosos practicaran su fe.

  • Estaba el culto a Afrodita, 
  • Se adoraba a Asclepio, 
  • Se adoraba a Apolos y 
  • Se rendía culto a Poseidón. 
También había altares y templos para las deidades griegas como:

  • Atena, 
  • Hera y 
  • Hermes. 
Otros altares estaban dedicados a los dioses de Egipto,

  • Isis y 
  • Serapis.


Los judíos constituían otro de los tantos grupos religiosos.

Los emperadores Julio César y Tiberio concedieron a los judíos libertad para practicar su religión, siempre y cuando se cuidaran de no participar en actos sediciosos contra el gobierno romano. El emperador Claudio confirmó este edicto imperial. Así que, los judíos tenían su propia sinagoga, a la que Pablo fue invitado a predicar, para luego ser expulsado de allí.

Lucas nos relata que los líderes judíos arrastraron a Pablo hasta el tribunal de justicia (bema) del procónsul Galión, para acusarlo de enseñar una religión contraria a la ley (Hch. 18:12, 13).

Sabiendo que la religión judía estaba autorizada, Galión no hizo caso de los alegatos de los judíos, porque nada tenían que ver con el derecho romano. Para él, sólo se traba de un asunto religioso de carácter privado. Como no era un asunto civil, desestimó los cargos.

A nadie le pareció mal que el cristianismo se instalara en Corinto.

Por un lado, la gente estaba acostumbrada a convivir con diferentes corrientes religiosas. Por el otro, se tenía la impresión de que era otra versión de la fe judía, aunque para los gentiles de Corinto era más fácil aceptar la fe cristiana que la religión judía.

Pablo enseñaba que los gentiles que se convertían al cristianismo no estaban obligados a guardar los ritos de la fe judía, tales como la circuncisión. Esta enseñanza terminó enfureciendo a los oficiales de la sinagoga local, quienes llevaron a Pablo ante Galión. Como los judíos no ganaron el juicio, Pablo y la iglesia pudieron continuar predicando el evangelio sin temor a ser agredidos (Hch. 18:10).

La iglesia continuó creciendo, porque el Señor tenía mucho pueblo en aquel lugar. En contraste con los judíos, en Corinto los creyentes se empezaron a reunir en las casas de los hermanos.
Usaron, por ejemplo, la casa de Ticio Justo, que quedaba al lado de la sinagoga. Se establecieron congregaciones en los hogares. Una casa grande albergaría a unas cincuenta personas, mientras que casas más pequeñas, a unas treinta.

Uno de los eventos más destacados de esta ciudad cosmopolita del siglo primero eran los juegos ístmicos, cuya importancia sólo era opacada por los juegos olímpicos. Los juegos ístmicos se realizaban cada dos años al llegar la primavera, e incluían pedestrismo, boxeo, lucha libre y carreras de carros (cf. 1 Corintios 9:24–27).

Durante su estadía de dieciocho meses en Corinto, Pablo debió asistir a los juegos ístmicos de la primavera del año 51 d.C. Suponemos que poniendo en práctica su principio de «a todos me he hecho de todo» (1 Corintios 9:22, 27), usó la ocasión para comerciar con las carpas que fabricaba y para proclamar el evangelio de salvación.


5. Importancia

Pablo optó por predicar el evangelio en las capitales de las provincias. Por ejemplo, predicó en Tesalónica, capital de Macedonia, y en Corintio, capital de Acaya.

El apóstol pensaba que las capitales eran centros estratégicos donde, en algunos casos, el tráfico terrestre se encontraba con el marítimo. Desde Corinto el evangelio se extendió a las aldeas rurales y a las ciudades que estaban a su alrededor, para luego saltar a muchas otras partes del mundo mediterráneo.

Ninguna otra congregación recibió tanta atención de parte de Pablo, quien ofrendó talentos, tiempo y lágrimas en favor de ellos.

La congregación no sólo fue visitada tres veces (2 Co. 13:1), sino que recibió sanos consejos, largas epístolas e incesante oración. Diversos problemas prácticos acosaban a esta inexperta congregación. Como padre de esta iglesia local (1 Corintios 4:15), Pablo aconsejó a los creyentes para que supieran cómo enfrentar todas sus dificultades.

No obstante, el alcance de sus palabras no se limita a un grupo o a un momento histórico, sino que transciende a toda la iglesia universal. La teología que Pablo registra en esta epístola se puede aplicar a las situaciones que se viven en innumerables congregaciones a lo largo de todo el mundo.

De hecho, lo que él enseña acerca del matrimonio, el divorcio, la separación, la virginidad y las viudas (capítulo 7) toca la vida de todos nosotros. Por tanto, esta epístola está dirigida a todos los creyentes de todo el mundo, no importa su edad o la época en la que vivan.

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martes, 26 de enero de 2016

La necesidad de capacitar a los misioneros y apoyarlos con recursos financieros propios y cuidado pastoral es frecuentemente dejada de lado. Como resultado se producen muchas caídas

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




Misión Urgente: Evangelizar  a los no evangelizados
¿Necesitan capacitación los misioneros del Tercer Mundo?
ESTABA hablando en una convención de vida espiritual para nuevos creyentes en uno de nuestros campos misioneros. Todo el programa estaba conducido como en cualquiera de nuestras convenciones en el sur de la India. Había muy poca adaptación cultural y sensibilidad en el procedimiento completo. El misionero a cargo habló en el idioma del norte de la India, con un marcado acento sureño. Uno de los locales que asistió a la reunión comentó: “No entiendo lo que dice. ¡No hablo el malayo!” El misionero en cuestión, graduado en un famoso instituto bíblico, era muy dedicado y sincero, pero no se había esmerado lo suficiente en el aprendizaje del idioma ni en la comprensión de la cultura.

Otra pareja empezó su trabajo en un grupo tribal no alcanzado. Ellos amaron el idioma de esa tribu y se introdujeron con ahínco en el estudio de su lengua. Estudiaron también la cultura y comenzaron a identificarse con los nativos. Estos los aceptaron y a su vez comenzaron a responder a su mensaje.

¿Cuál fue la razón de tal diferencia en la aproximación al idioma y a la cultura del pueblo? La segunda pareja pasó por un período de capacitación misionera en el que se enfatizaba el aprendizaje del idioma y la antropología cultural. Se les enseñaron principios de lingüística y de aprendizaje de idiomas de modo que pudieran hablar la lengua con el acento del pueblo. Sí, la capacitación misionera hace la diferencia en la efectividad del obrero.

Al principio nuestras misiones indias estaban impacientes por enviar de inmediato sus misioneros a pueblos no alcanzados, y simplemente comenzar a trabajar. Pero a través de la experiencia práctica se dieron cuenta de que los misioneros necesitaban capacitación no sólo en el conocimiento bíblico sino también en el de los pueblos entre los cuales estaban trabajando. Y así se comenzaron programas de capacitación misionera en pequeña escala, orientados espiritual y prácticamente. El énfasis estaba en aprender a vivir y trabajar juntos, y en el ayuno, la oración y la guerra espiritual. Más tarde se agregaron cursos de antropología cultural, lingüística, comunicaciones transculturales y otras materias.

Cada misión desarrolló su propio programa de capacitación encajado en sus costumbres y filosofía particulares. La necesidad fue cubierta por un programa de capacitación en común, utilizando recursos externos que estaban disponibles, especialmente en la capacitación de traductores de la Biblia. Así la Asociación Misionera de la India creó en 1980 el Instituto Indio de Comunicaciones Transculturales. Este programa se emplea para instruir a obreros de producción de literatura y traductores de la Biblia.

Las misiones coreanas se involucraron en la capacitación misionera desde 1970 en adelante. El Centro Este–Oeste y otros programas fueron seguidos por misiones individuales. En 1985, durante la conferencia de la Asociación Nigeriana de Misiones Evangélicas, en Jos, se realizó una consulta sobre capacitación misionera que condujo al establecimiento del Instituto de Capacitación Misionera de Nigeria.

Las misiones del Tercer Mundo fueron incorporando al programa de capacitación misionera distintos énfasis en vida comunitaria, guerra espiritual, estilo de vida sencillo y disciplinas espirituales.
La necesidad de capacitación misionera
El número de misioneros del Tercer Mundo está aumentando a pasos agigantados. En la próxima década su número excederá al de los misioneros noratlánticos. Un sentido de urgencia por alcanzar a los pueblos no alcanzados y de reunir la cosecha caracteriza los esfuerzos de estas misiones. 
De este modo, la necesidad de capacitar a los misioneros y apoyarlos con recursos financieros propios y cuidado pastoral es frecuentemente dejada de lado. Como resultado se producen muchas caídas. 
El aprendizaje del idioma y la identificación cultural no son enfatizados como deberían, y esto ha afectado la efectividad de los misioneros. De todos modos, esta necesidad es ahora reconocida, y numerosas misiones del Tercer Mundo han lanzado sus propios programas de capacitación. La mayoría de ellos se encuentra apenas en los primeros pasos de su desarrollo.
Una variedad de orientaciones y programas
Desde que estos programas de capacitación misionera surgieron de una necesidad, su orientación es muy práctica, dirigida a las necesidades locales. Esto ha resultado en nuevos discernimientos y una variedad de orientaciones y programas. El estudio de los modelos presentados en este libro da cuenta de ello.

Mientras los programas de capacitación misionera se multiplican en el Tercer Mundo, algunos de ellos no son conocidos fuera de su propio círculo limitado. Es necesario ubicarlos y ver cómo funcionan, y reconocer que las misiones pueden aprender unas de otras cuando se observa qué están haciendo.

Las misiones anglosajonas se han esforzado durante años en la capacitación misionera. Algunos principios y métodos que han usado pueden ser de gran valor para las misiones del Tercer Mundo. 

Por otra parte, a causa de su propio entorno cultural, económico, y multirreligioso, las misiones del Tercer Mundo han desarrollado algunas orientaciones y métodos que pueden ser de valor para las misiones noratlánticas. De modo que es necesario unir a las misiones de uno y otro lado para compartir y aprender juntos.
El papel de la Comisión de Misiones de la AEM
La única organización mundial en contacto, a nivel de base, con las misiones autóctonas en el Tercer Mundo es la Comisión de Misiones de la Alianza Evangélica Mundial. 
Hemos hecho de esto nuestra meta y hemos trabajado en ello desde que se estableció la comisión. Por medio de viajes y contactos personales, se han hecho esfuerzos para encontrar a las misiones del Tercer Mundo y a sus dirigentes. Dondequiera estuvieran las misiones, fueron alentadas a continuar juntas en su propio contexto nacional, para formar asociaciones misioneras. Esto, lo sabíamos, los ayudaría a compartir experiencias, ideas y recursos.
La Comisión de Misiones de la AEM también incluye a dirigentes de las misiones anglosajonas y de asociaciones misioneras en su membresía. Así puede construir puentes y unir a las misiones del Norte y del Tercer Mundo. 
Poco tiempo atrás la Comisión de Misiones comprendió la necesidad de averiguar qué programas de capacitación misionera hay en los países noratlánticos y en el Tercer Mundo para involucrarlos conjuntamente en vistas a un foro común, de modo que puedan intercomunicarse. 
También existía la necesidad de recoger información, materiales y recursos que pudieran ser usados en los programas de capacitación misionera. Con esto en vista, fue creada una comisión de trabajo para la capacitación misionera.
Por primera vez en la historia de las misiones, los que estaban involucrados en la capacitación misionera, tanto entre los anglosajones como entre los del Tercer Mundo se reunieron para una consulta en Manila, Filipinas, en julio de 1989. 
Como resultado se formó una asociación misionera involucrada en la capacitación misionera: la Fraternidad Internacional de Capacitación Misionera. Como consecuencia tenemos ahora un foro donde pueden intercambiarse ideas y orientaciones, encadenando propuestas, informaciones, datos y personal.
Aún no hemos aprendido todo lo que hay por aprender en cuanto a capacitación misionera. Así que el futuro nos entusiasma a medida que exploramos y perfeccionamos diferentes maneras de hacer a nuestras misiones más efectivas, usando nuestro propio entorno cultural, económico y multirreligioso. 
Hacerlo con las misiones noratlánticas y del Tercer Mundo en forma conjunta es aún más emocionante. Este es nuestro propósito para el futuro inmediato de la Fraternidad Internacional de Capacitación Misionera.
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