martes, 24 de noviembre de 2015

¡Dios! ¡Por favor, no nos dejes morir por matar a un hombre inocente! No nos culpes de su muerte, pues eres tú, Dios mío, quien ha querido hacer todo esto...reconocieron al Dios de Israel como su Dios

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6





Estudiamos para enseñar en la Congregación
  Jonás desobedece a Dios
Jonás 1:1-17
1 Cierto día, un hombre llamado Jonás hijo de Amitai recibió un mensaje de parte de Dios: 2 «¡Levántate, ve a la gran ciudad de Nínive y diles que ya he visto lo malvados que son!» 
3 Pero en vez de ir a Nínive, Jonás decidió irse lo más lejos posible, a un lugar donde Dios no pudiera encontrarlo. Llegó al puerto de Jope y encontró un barco que estaba a punto de salir. Pagó su pasaje y se embarcó, contento de irse lo más lejos posible de Dios. 
4 Cuando ya estaban en alta mar, Dios mandó un viento muy fuerte que pronto se convirtió en una terrible tempestad. El barco estaba a punto de romperse en pedazos. 
5 Cada uno de los marineros, temblando de miedo, llamaba a gritos a su dios. Ya desesperados, arrojaron al mar toda la carga del barco para quitarle peso. Mientras tanto, Jonás dormía plácidamente en la bodega del barco. 
6 El capitán se le acercó y le dijo: 

—¡Qué haces aquí, dormilón! ¡Levántate y pide ayuda a tu dios! ¡Tal vez nos salve al ver que estamos en peligro! 

7 Al mismo tiempo, los marineros decían: 

—Echemos suertes para saber quién tiene la culpa de nuestra desgracia. 

Echaron suertes, y Jonás resultó culpable. 8 Entonces, los marineros preguntaron a Jonás: 

—¡Dinos ya por qué estamos sufriendo todo esto! ¿En qué trabajas? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué nacionalidad eres? 

9 Jonás respondió: 

—Soy hebreo y adoro a nuestro Dios, soberano y creador de todas las cosas. Lo que está pasando es culpa mía, pues estoy huyendo de él. 

10-11 Los marineros, llenos de terror, le dijeron: 

—¿Por qué has hecho esto? ¿Qué podemos hacer contigo? ¡El agua se nos viene encima y la tormenta se está poniendo más violenta! 

12 —Échenme al mar, y el mar se calmará —contestó Jonás—. Esta terrible tempestad cayó sobre ustedes por mi culpa. 

13 Los marineros comenzaron a remar con todas sus fuerzas, tratando de acercar el barco a tierra; pero no pudieron. Las olas eran cada vez más altas, y la tormenta casi los destruía. 14 Desesperados, los marineros gritaron: «¡Dios! ¡Por favor, no nos dejes morir por matar a un hombre inocente! No nos culpes de su muerte, pues eres tú, Dios mío, quien ha querido hacer todo esto». 
15 Entonces los marineros tomaron a Jonás y lo tiraron al mar. De inmediato el mar se calmó. 16 Al ver lo sucedido, los marineros reconocieron al Dios de Israel como su Dios, le presentaron una ofrenda y prometieron seguir adorándolo. 17 (2.1) Entonces Dios mandó un pez enorme, que se tragó a Jonás. Y Jonás estuvo dentro del pez tres días y tres noches. 

JONÁS DESOBEDECE A DIOS









EL PRIMER LLAMADO DE JEHOVÁ Y EL RECHAZO DE JONÁS
Jonás 1:1–16


Jehová llama a Jonás ( Jonás 1:1–2 )

Jonás 1:1–2. Jonás comienza su libro de manera directa, va directo al llamado que le hizo el Señor, Jehová, el Dios del pacto con Israel. Es importante notar la manera como fue llamado, directamente por el mismo Señor. Eso también les sucedió a otros profetas en el Antiguo Testamento y a los apóstoles en el Nuevo. Se dice que ese llamado es un llamado inmediato, hecho directamente por Jehová en persona sin utilizar un medio humano. Hoy Jehová llama a pastores, maestros, y misioneros, a su servicio de forma mediata, es decir, por medio de su iglesia que actúa en su nombre.
En cualquier caso, el llamamiento siempre está relacionado con la palabra de Jehová, que le da su autoridad al llamado. Sólo Jehová sabe: a quién quiere llamar, qué va a hacer la persona, y dónde va a servir.

El llamamiento de Jonás fue: “Ve a Nínive, aquella gran ciudad”. Una de las ciudades más antiguas del mundo, Nínive fue fundada por Nimrod el bisnieto de Noé poco después del Diluvio (Génesis 10:11, 12). Estaba localizada en la ladera del río Tigris unos 350 km al norte y un poco al oeste de Bagdad en la actualidad Iraq. Durante 500 años, hasta el año 616 a.C., fue una de las ciudades capitales del poderoso imperio asirio.

Jonás fue enviado a Nínive “a clamar contra ella; porque su maldad ha subido” hasta Jehová. Hasta el rey de Nínive tuvo que admitir que las cosas estaban mal cuando exhortó a los ninivitas a convertirse “de su mal camino, de la violencia que [había] en sus manos” (3:8). Asiria fue especialmente famosa por su violencia y su crueldad insensible. 

El profeta Nahúm dice que Nínive es “ciudad sanguinaria”, donde la gente tropezaba con los innumerables cadáveres amontonados en las calles (3:3). Se decía que el rey Asurbanipal se deleitaba grandemente con el gran montón de cabezas humanas que apilaba después de sus victorias. Los asirios también tomaron esclavos en las batallas y deportaron poblaciones enteras a tierras distantes (2 Reyes 15:29).

Asiria estuvo orgullosa de sus conquistas militares (Isaías 10:12–19). Pero su principal maldad a los ojos de Dios tuvo que ser su abominable idolatría: se entregó a la adoración licenciosa de dioses como: Asur, Anu, Bel, Istar. Su continuo rechazo al Señor junto con su maldad subieron hasta él, como platos sucios que se amontonan en el lavaplatos, hasta que su paciencia se agotó. Nahúm lo describe muy bien: “Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable” (1:3).

El Señor llamó a Jonás para que pregonara contra esa malvada ciudad este mensaje desolador: “Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida” (3:4). ¡Arrepiéntanse o les irá mal! Cuarenta días fue misericordia de parte de Jehová. Y eso no le gustó a Jonás.

Es bueno tener en mente que Jonás había sido llamado como profeta al pueblo de Israel; no se debe pasar por alto el hecho de que Dios lo llamó repentinamente fuera de su ministerio al pueblo del pacto. Sin embargo, en la época de Jonás (y de Elías y Eliseo) la nación de la alianza violaba el pacto de Dios, una actividad que siempre trae juicio de Dios. Como respuesta a la rebeldía de Israel, Dios llamó a Jonás para ministrar a la nación Asiria, la nación que iba a ser el instrumento de Dios para derramar su ira sobre Israel. Entonces, la llamada misma a Jonás tiene implicaciones de juicio sobre Israel, así como implicaciones de amor salvador de Dios para Asiria.


Jonás huye de Jehová ( Jonás 1:3)


Jonás 1:3
¿Es eso posible? ¿Es posible que un servidor llamado por Jehová huya de él? ¿Por qué huyó Jonás? Se han sugerido diferentes razones. Algunos sugieren que Jonás huyó porque tenía miedo de ir personalmente a proclamarles el juicio de Dios a los crueles y violentos ninivitas. Pero Jonás no era un hombre de temor; ni la tormenta en el mar ni la posibilidad de ser lanzado fuera de la borda para ahogarse le dieron pánico.

Otros dicen que Jonás era un profeta orgulloso; según este punto de vista, huyó porque quería evitar que le oyeran predecir la destrucción de Nínive sólo para ver cómo la misericordia de Dios perdonaba a la ciudad. Para que un profeta sea creíble, ¿no es necesario que se cumplan todas las predicciones que hace? No obstante, Jonás de ninguna manera aparece en la narración de manera orgullosa.

Otra explicación pone a Jonás en una posición más favorable. Deseaba tanto ver que los israelitas descarriados se arrepintieran, que pensó que sólo el juicio severo e inmisericorde de Dios sobre Nínive los llevaría al arrepentimiento. Pero Jonás no mencionó esa razón cuando criticó a Dios por su clemencia con los ninivitas, en 4:2: “Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque yo sabía que tu eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de gran misericordia y que te arrepientes del mal”.

La renuencia de Jonás a ir a Nínive parece reflejar este pensamiento sesgado: “Señor, no le voy a predicar el arrepentimiento a la malvada ciudad de Nínive que no sirve para nada, porque si se arrepienten tú los vas a perdonar. ¡Eso no es justo! Nosotros somos tu pueblo escogido, somos los creyentes; los extraños no tienen ningún derecho a tus bendiciones de amor y misericordia; esas bendiciones son nuestras, ¿recuerdas? Además, Asiria es nuestro peor enemigo. Perdónalos y ellos descenderán con dureza contra nosotros”.

Moisés, Isaías, y Jeremías, trataron de evitar la proclamación del mensaje de Jehová porque se sintieron incapaces; pero Jonás huyó de Jehová porque su corazón y su mente no estaban en armonía con los de Jehová; Jonás mostró una justicia propia exclusiva, consideró las bendiciones divinas de perdón y amor en el Mesías como algo reservado exclusivamente para él y sus compañeros israelitas. También fue evidente en él la cobardía de la fe descarriada, que se negaba a hacer la voluntad de Dios por temor a las consecuencias.

Aquí hay una lección para nosotros. ¿Qué pasa con el Jonás intolerante y prejuiciado que está en nosotros cuando se trata de compartir el evangelio con otros “que no pertenecen” o “que no lo merecen”, y se niega a seguir al Señor por miedo a las consecuencias? Esa es una de las trampas favoritas de Satanás. Es mejor seguir al Señor en todo, plenamente convencidos de que él sabe lo que está haciendo y que las consecuencias están bajo su control.

Así que Jonás “descendió a Jope”, hoy Jaifa, unos cincuenta kilómetros al noroeste de Jerusalén y el único puerto natural en la costa sur de Israel sobre el Mediterráneo. Le pudo haber tomado dos o tres días recorrer los cien kilómetros desde su ciudad de residencia Gat-héfer hasta Jope, así que su decisión de huir de Jehová no fue apresurada.

Jonás se negó a ir mil kilómetros al nordeste, a Nínive, y a cambio optó por abordar un barco de carga fenicio que también transportaba pasajeros y se dirigía al oeste, a Tarsis, a más de 3200 kilómetros de distancia. La mayoría de los estudiosos están de acuerdo en que Tarsis es otra manera de escribir la palabra Tartessus, la antigua colonia fenicia en la costa suroeste de España. En otras partes de la Escritura se dice que realizaba comercio marítimo, particularmente de plata, con la ciudad de Tiro en Fenicia. (Véase Isaías 23:1; Jeremías 10:9, Ezequiel 27:25).

Para la mayoría de la gente Tarsis era la ciudad más lejana conocida del mundo antiguo, localizada en el extremo oeste del valle del Mediterráneo; en otras palabras, Tarsis era el fin del camino, y eso era exactamente lo que Jonás buscaba. Quiso “huir de Jehová” tan lejos como pudiera, para evitar servirle como su mensajero en Nínive.
La versión en hebreo, como la tenemos en la Reina–Valera, lo dice muy claramente: Él quiso huir “de la presencia de Jehová”; pero Jehová está presente en todas partes.

      ¿Soy yo acaso Dios de cerca solamente, dice Jehová.
      Y no Dios de lejos?
      ¿Se ocultará alguno, dice Jehová,
      en escondrijos donde yo no lo vea?
      ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra
                                                                                (Jeremías 23:23, 24).

Jonás sabía eso, confesó al Señor como “Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra” (1:9). En la oración del capítulo 2 con gratitud reconoció que Jehová estaba con él en su tumba acuática. Jonás sabía eso, y sin embargo lo habían cegado la fiera lealtad a su nación judía y el temor a los odiados asirios. Lutero compara la presencia de Jehová como el lugar donde está: su palabra, la fe, el Espíritu, y el conocimiento de Dios. Y esto también es correcto. Por supuesto Jonás estaba huyendo de la presencia espiritual del amor y la palabra salvadora de Dios.

O por lo menos trataba de huir, de la misma manera que Caín intentó huir de la presencia de Jehová (Génesis 4:16). Caín huía en incredulidad y desesperación de su única fuente de consuelo y esperanza, Jehová; no obstante Jehová todavía estaba presente con su gracia y misericordia, siempre listo a recibir a Caín en perdón si él se arrepentía; lo mismo ocurrió con Jonás. Tratar de huir de la presencia misericordiosa de Dios fue un suicidio espiritual, pero el amor compasivo de Dios no se acabó para él, como lo confirma el resto de la narración.

Jehová corrige a Jonás ( Jonás 1:4–6 )

Jonás 1:4–6
En el mar Mediterráneo no son raras las tormentas violentas, pero esta fue una tormenta especial: “Jehová hizo soplar [literalmente, arrojó] un gran viento en el mar”. El viento vino del claro cielo azul sin advertencia. El Señor que “hace a los vientos sus mensajeros” (Salmo 104:4), tuvo un propósito al crear esta violenta tormenta, un propósito para los marineros y para Jonás.

Los marineros estaban aterrorizados ante la amenaza de que se partiera la nave, creían supersticiosamente que la tormenta había venido de uno de uno de sus dioses enfurecido. Así que clamaron a sus dioses fenicios, dioses como: Baal el dios de la lluvia y los truenos, Melcarth el dios del mar, Esmún el dios de los barcos y la navegación, además también trataron de ayudarle a sus dioses echando al mar carga, de manera muy parecida a lo que hicieron los marinos en el barco que llevaba a Pablo en su tempestuoso viaje a Roma (Hechos 27:18, 19).


Jonás duerme

Pero no para provecho. El capitán quiso probar un último recurso; tal vez el pasajero Jonás conocía un dios a quien todavía no se le había clamado. “Levántate y clama a tu Dios; quizás tenga compasión de nosotros y no perezcamos”. No pasemos por alto las palabras iniciales del capitán: “¿Qué tienes, dormilón?” Tuvo que bajar a la bodega, debajo de la cubierta, para despertar al Jonás dormilón.


Barco de carga fenicio

¡Durmiendo durante una tormenta furiosa y ruidosa, con las olas golpeando y rompiéndose contra el sacudido barco! ¿Cómo pudo hacer eso Jonás? Aparentemente se había ido a dormir muy poco después de que el barco comenzó a navegar, antes de la tormenta. Puede ser que el apresurado viaje de cien kilómetros desde Gat-héfer a Jope lo hubiera dejado exhausto; pero también pudo ser la agonía mental y espiritual que sobrellevó por la determinación de resistirse al llamado de Jehová. 

Así que cansado y exhausto Jonás había ido bajo cubierta a dormir sin ser perturbado. ¿Decidió también dormir allá esperando pasar inadvertido, esperando que nadie le fuera a recordar su desobediencia pecaminosa? Es muy posible, y el hecho de que pudiera dormir durante la tormenta parece indicar que también tenía la conciencia dormida.

No podemos dejar de pensar en un evento similar ocurrido en la vida de Jesús, cuándo él también durmió durante una tormenta en el lago de Galilea (Mateo 8:23–27; Marcos 4:35–41; Lucas 8:22–25). Jesús durmió no para esconderse en temor sino porque no tenía miedo de la violenta tormenta que hacía chocar las olas contra su barca. Él durmió el sueño tranquilo de todos los que confían en el amor y la fidelidad del Padre celestial para plena protección: en tierra, mar, o aire. Además, Jesús mismo tenía poder sobre los elementos de la naturaleza, de tal manera que ellos “le obedecen”, como sus temerosos discípulos lo admitieron con gratitud.

¡Qué ironía! El capitán de un barco pagano debe llamar a un profeta de Dios para que se despierte y ore, cuando Jonás debía haber sido el primero en estar alerta para orar. ¡Él estaba actuando más paganamente que el capitán y sus marineros! No se nos dice si entonces Jonás oró; de todas maneras, por el momento la situación estaba empeorando para él y para los marineros. Por lo tanto se debía intentar otro método.


Echar suertes ( Jonás 1:7–9 )

Jonás 1:7–9. 
Hasta los paganos, como estos atemorizados marineros, tienen suficiente de la ley moral de Dios escrita en sus corazones para reconocer que el pecado atrae el castigo divino; por eso echaron suertes los marineros. Las suertes eran: piedras, guijarros, esferas pequeñas, o pedazos de madera de diferentes: colores, tamaños, y formas. 

Cuando se echaban al azar en un círculo en el piso o dentro de un recipiente, o se sacaban de un recipiente, se podía hacer una selección contando las suertes similares a favor o en contra. Echar suertes era una práctica común entre los paganos, para buscar la guía o la decisión de algún poder más alto. También era una costumbre practicada por los israelitas, más frecuentemente en el Antiguo Testamento que en el Nuevo.

En el Antiguo Testamento Jehová ordenó echar suertes solamente en asuntos de gran importancia: escoger una víctima propiciatoria (Levítico 16:8), distribuir la tierra prometida entre las tribus de Israel (Números 26:53ss), señalar la culpabilidad de Acán (Josué 7:13ss). 

En ocasiones, para evitar confusión y disputas, los israelitas por su parte optaron por echar suertes en asuntos menores, como para escoger el orden en que los sacerdotes y los levitas debían servir (1 Crónicas 24:1–10). Una ocasión notable en el Nuevo Testamento fue cuando los apóstoles echaron suertes para escoger a Matías como sucesor de Judas, lo cual no fue hecho por mandato expreso del Señor. Sin embargo, él estuvo directamente involucrado ya que los apóstoles con súplica invocaron su ayuda antes de echar suertes (Hechos 1:21–26).

El Señor lo hizo y todavía puede, si lo decide, revelar su voluntad mediante el método de echar suertes, porque controla la manera como ellas caen, “las suertes se echan en el regazo; pero la decisión es de Jehová” (Proverbios 16:33). No sería pecado si cristianos particulares o una congregación utilizan la suerte para decidir detalles al ejecutar un proyecto en el cual están en general de acuerdo. En efecto, esa acción puede evitar una grave discusión. “Las suertes ponen fin a los pleitos, y deciden entre los poderosos” (Proverbios 18:18).

Como no tenemos una instrucción directa de Jehová para utilizar suertes, no podemos estar seguros de que el resultado revele su voluntad, aunque los resultados pueden ser buenos y honestos.

Sin embargo, cuando “la suerte cayó sobre Jonás”, reveló la voluntad de Jehová. Jonás era culpable, responsable de la tempestad. Los marineros rápidamente llenaron a Jonás de preguntas: ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres? Jonás contestó las últimas tres preguntas al instante: “Soy hebreo”, el término usual por el cual los israelitas eran conocidos por los extranjeros. La respuesta a la primera pregunta fue una confesión de fe: “Temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra”.

Antes, tal vez cuando abordó el barco, Jonás les había dicho a los marineros que estaba huyendo de Jehová (versículo 10). Entonces, sin duda ellos consideraron al Dios de Jonás simplemente como otra deidad local, como una de la suyas, voluble y fácil para la ira y que por lo tanto debía ser temido. La respuesta de Jonás corrigió ese falso concepto. “Mi Dios es el verdadero Dios, el Gobernador del cielo y de la tierra, de todo el universo. Él es el Creador del mar y la tierra, y por lo tanto tiene el control de esta tempestad que ahora nos amenaza”.

Jonás no pudo haber tenido esa intención, pero Jehová pudo utilizar su confesión de fe para traer los marineros paganos al conocimiento salvador del verdadero Dios.


Jonás echado al mar ( Jonás1:10–12 )

Jonás 1:10–12. 
Ahora los marineros estaban aterrorizados, al saber que estaban tratando con el único Dios verdadero. “¿Por qué has hecho esto? Fue una pregunta retórica, queriendo decir: “¿Jonás, qué te pasa? ¡Te atreviste a desobedecer al Señor! ¿Cómo has traído todo este problema sobre nosotros y sobre ti mismo pensando que podías huir de Jehová que está en todas partes?” La respuesta de Jonás no se encuentra registrada. Sin duda no tenía ninguna, y sólo agachó la cabeza en señal de vergüenza.

Inicialmente, la respuesta de Jonás a la siguiente pregunta de los marineros los sorprende. “Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará”. ¿Estaba Jonás ofreciendo suicidarse por causa de los otros? ¿Estaba practicando fatalismo: “Si me ha llegado la hora, moriré; si no, no”?

El resto de la respuesta nos da la explicación. “Yo sé que por mi causa ha venido esta tempestad sobre vosotros”. De alguna manera, tal vez por los reproches de los marineros, Jehová despertó la conciencia dormida de Jonás y lo corrigió. Aquí está la primera señal de su arrepentimiento, el franco reconocimiento de su culpa. También supo que la muerte era un castigo adecuado a su desobediencia pecaminosa, pero sólo si era la voluntad de Jehová.

El profeta no saltó al agua, como sugirieron algunos comentaristas que debió hacer; sabía perfectamente que su vida no era de él. Lo que movió a Jonás a decir: “Echadme el mar”, no fue un deseo de muerte suicida, ni fatalismo, sino sólo la fe. Ya no estaba huyendo de Jehová; ahora deseaba entregarse totalmente, en cuerpo y alma, a la voluntad y al cuidado misericordioso de Jehová. Jonás deseaba sacrificarse por causa de otros.


La fe de los marineros ( Jonás1:13–16 )

Jonás 1:13–16. 
Al negarse a echar a Jonás al agua como él lo había ordenado, los marineros mostraron mayor compasión por la vida humana que cuando Jonás se negó a ir a predicarles arrepentimiento a los ninivitas. Pero cuando los valientes esfuerzos de remar hacia un lugar seguro, fueron inútiles y la tempestad se intensificó, los marineros se dieron cuenta de que su única seguridad estaba en las manos y en la voluntad de su recién hallado Dios.

En contraste con la previa oración frenética que elevaron a sus dioses falsos, ahora los marineros oraron al Señor con un grado notable de confianza y fe, diciendo efectivamente: “Oh Señor, tú haces lo que quieres. No nos hagas perecer por quitarle la vida a este hombre, ni nos hagas responsables de la muerte de un inocente” (v. 14, NVI). 

Aunque sabían que Jonás era culpable delante de Dios, ellos lo consideraban inocente porque sentían que no los había lastimado. Por naturaleza, la mayoría de las personas saben que el asesinato es malo, pero la conveniencia de escoger el menor de dos males, se utiliza corrientemente para justificar un asesinato, como el aborto. Pero no fue así con los marineros; su conocimiento natural de la ley fue ahora agudizado por su recién creada fe en Jehová. Echar a Jonás al agua era aborrecible e imposible a menos que Jehová los absolviera de toda culpa.

Cuando echaron a Jonás al agua, la violenta tempestad se detuvo tan repentinamente como había comenzado. ¿Un milagro de Jehová? ¡Desde luego! Este fue un caso de “el viento de tempestad que ejecuta su palabra” (Salmo 148:8). Los marineros lo reconocieron: “Y sintieron aquellos hombres gran temor por Jehová”. No fue el temor de un esclavo que se doblega en terror ante el látigo de un amo cruel, sino el temor reverente, el respeto reverente y profundo, de un niño agradecido delante de su padre amoroso. La palabra hebrea para “ellos temieron a Jehová” significa que ellos lo adoran en grata adoración por su misericordia al calmar la tempestad y salvar sus vidas.

Esos marineros fenicios inicialmente paganos estaban mostrando su nueva fe en el Señor, una fe que se dirige a él por su nombre del pacto de amor salvador y de misericordia, el Señor* Jehová, Yahveh; la fe que reconoce el poder soberano del Señor y que se somete a su voluntad. Y, en esa fe, ellos “le ofrecieron sacrificio” de acción de gracias a Jehová, utilizando cualquier cosa de valor que todavía tuvieran a bordo del barco, “y le hicieron votos” de adicional lealtad y servicio a su Señor.

Entre los milagros que se narran en la historia de Jonás, la conversión de los marineros debe estar en una posición muy alta. Ahí estaba Jonás huyendo de Jehová porque no quería compartir la misericordia de Dios con los ninivitas paganos, compartiendo esa misericordia con los marineros paganos. ¡Oh, la asombrosa gracia de Dios, que utiliza un profeta fugitivo para la evangelización! Después de todo también hay esperanza para nosotros, respecto a nuestros esfuerzos en ocasiones vacilantes, aún renuentes a dar testimonio de nuestra fe.

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lunes, 23 de noviembre de 2015

Levántate y vete a la gran metrópoli, y proclama en ella que su maldad ha llegado hasta mí. Pero yo huí de Su Presencia

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6





JONÁS
El profeta rebelde


1      La palabra de YHVH llegó a Jonás ben Amitay, diciendo:
2      Levántate y vete a Nínive, la gran metrópoli, y proclama en ella que su maldad ha llegado hasta mí.
3      Pero Jonás se levantó para huir de la presencia de YHVH a Tarsis. Y bajando a Jope, halló una nave que partía a Tarsis. Pagó el precio y se embarcó para navegar con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de YHVH.
4      Pero YHVH mandó un viento impetuoso sobre el mar, y se alzó una gran tempestad en el mar, de manera que la nave estaba a punto de romperse.
5      Temieron los marineros, y cada cual clamaba a su dios, y echaron la carga al mar para aligerar la nave. Entre tanto, Jonás había bajado al fondo de la nave, y habiéndose acostado, dormía profundamente.
6      Y el patrón de la nave se le acercó y le dijo: ¿Qué haces dormido? ¡Levántate y clama a tu Dios! Quizás Ha-’Elohim se fije en nosotros, y no perezcamos.
7      Luego cada uno dijo a su compañero: ¡Venid, echemos suertes para saber por culpa de quién nos ha sobrevenido este mal! Y echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás.
8      Entonces le dijeron: ¡Decláranos ahora por qué nos ha sobrevenido esta calamidad! ¿De qué te ocupas? ¿de dónde vienes? ¿cuál es tu país? ¿de qué pueblo procedes?
9      Y él respondió: Soy hebreo y temo a YHVH, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra.
10      Aquellos hombres entonces tuvieron gran temor, y le preguntaron:
¿Por qué has hecho esto? Porque los hombres se enteraron que estaba huyendo de la presencia de YHVH, pues él se lo había declarado.
11      Y le preguntaron: ¿Qué haremos contigo para que se nos calme el mar? Porque el mar se tornaba cada vez más tempestuoso.
12      Y él respondió: Alzadme en vilo y arrojadme al mar, y se os calmará, pues yo sé que por mi causa os ha sobrevenido esta gran tempestad.
13      Sin embargo, los hombres remaron duramente para tratar de hacer volver el barco a tierra, pero no pudieron, porque el mar se embravecía más y más.
14      Entonces clamaron a YHVH, y dijeron: ¡Oh YHVH, te rogamos, no nos hagas perecer por la vida de este hombre, ni nos imputes sangre inocente, porque tú, oh YHVH, has hecho del modo que te agrada!
15      Y alzando en vilo a Jonás, lo arrojaron al mar, y el mar calmó su furia.
16      Y aquellos hombres temieron a YHVH con gran temor, y ofrecieron sacrificio a YHVH, e hicieron votos.
17      Y preparó YHVH un gran pez que tragara a Jonás. Y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches.


Jonás el Profeta Rebelde



El libro de Jonás ocupa el quinto lugar entre los doce llamados Profetas Menores, los libros proféticos más cortos del Antiguo Testamento. No obstante, el libro contiene menos profecía que cualquiera de los otros; sólo una breve frase de cinco palabras en hebreo se puede llamar verdadera profecía: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida” (3:4). El resto del libro es en su mayor parte biográfico: narra que el profeta Jonás llevó a cabo la comisión que le dio su Señor para los ninivitas.

Sin embargo, el mensaje profético, no está contenido sólo en lo que Jonás le dijo a Nínive, sino también en lo que Dios le dijo e hizo a Jonás en relación con la comisión que le dio para la ciudad capital de Asiria (hoy Irak y parte de Irán).

Mucha gente conoce el libro de Jonás mayormente por la narración de “la ballena” que se tragó a Jonás. Esto es desafortunado porque la “ballena” o el gran pez aparece sólo en un corto episodio con un total de tres versículos (1:17; 2:1, 10), y tampoco es la parte más importante de la narración del libro de Jonás.

Sin embargo, este relato ha hecho que Jonás sea uno, si no el más malentendido y objetado de los libros de la Biblia. Que el gran pez se tragara a Jonás y lo vomitara vivo, es un milagro que muchos encuentran difícil de aceptar, junto con los otros milagros que se narran en el libro; por eso explican todo el libro: como un mito, como un cuento popular, una alegoría, una parábola, una ficción religiosa, una prosa no histórica, o cualquier otra cosa.

A todos los críticos se les escapa el punto principal de la narración de Jonás, que no es el gran pez. Y la historia, estrictamente hablando, tampoco se centra en Jonás, es la historia del trato compasivo de Dios para con su siervo Jonás y con la antigua ciudad pagana de Nínive. Dios está enfrente y en el centro del lugar de la acción. Sus palabras inician la historia: “Jehová dirigió su palabra a Jonás” (1:1) y sus palabras la terminan: “¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad?” (4:11).
¿Y Jonás? Él sí fue a Nínive después de su segunda comisión, aunque a regañadientes. Sin embargo, durante la mayor parte estuvo haciendo el papel de un niño consentido y egoísta: refunfuñando, desobedeciendo, huyendo, haciendo mala cara.

Entonces, el libro de Jonás es historia de Dios. Hay que mantener esto en mente mientras estudiamos el libro.


El autor

El autor no se menciona en el libro, ni en ninguna otra parte de la Biblia. Los estudiosos críticos pretenden que el autor escribió siglos después de la época de Jonás. Sin embargo, la mayor parte de los estudiosos conservadores le atribuyen el libro a Jonás. La intensa oración personal desde el vientre del pez sólo podía ser conocida por quien la hizo. ¿Y quién sino el mismo autor sería capaz de dar una visión penetrante de su propio carácter, de confesar su desobediencia y sus fallas, de describir tan vivamente la inolvidable lección que Dios le enseñó, y después tener el deseo de ponerlo por escrito? No vacilamos en aceptar a Jonás como el autor del libro.

Aparte de lo que el mismo libro nos dice, los únicos hechos conocidos de la vida de Jonás se registran en 2 Reyes 14:25, donde se nos cuenta la manera como el rey Jeroboam II de Israel restauró las fronteras de Israel “conforme a la palabra de Jehová Dios de Israel, la cual él había hablado por su siervo Jonás hijo de Amitai, profeta que fue de Gat-héfer (o Gat-Jefer)”.

El nombre hebreo Jonás significa “paloma” y Amitai “veraz.” ¿Pueden ser los dos nombres significativos con respecto a la comisión que se le dio a Jonás de representar a Israel (llamada “paloma en Oseas 7:11; Salmo 74:19) para llevar el mensaje verdadero del amor de Dios a Nínive? Tal vez. De todas maneras, sabemos algo de su ciudad natal Gat-héfer; estaba localizada en la frontera oriental del territorio de Zabulón en el norte de Israel (Josué 19:10–13), en una pequeña colina a unos cinco kilómetros al noreste de Nazaret.

Por lo tanto Jonás fue un profeta galileo del reino del norte de Israel. Cuando fue a Nínive se convirtió en el primer apóstol enviado a los gentiles, lo que hace a este libro él más antiguo, con excepción del libro de los Hechos, él más grande de los libros misioneros.


La fecha

De nuevo nuestra fuente es 2 Reyes 14:25. Jonás actuó antes y durante el reinado de Jeroboam II, rey de Israel en los años 793–753 a.C. Pudo haber escrito su libro muy poco después de su regreso de Nínive hacia el año 780 a.C. Una fecha como esta ha sido aceptada todo el tiempo tanto por la antigua iglesia judía como por la iglesia cristiana primitiva. Consecuentemente, Jonás vivió aproximadamente 80 años después de Eliseo y fue contemporáneo de los profetas: Amós (760 a.C.), Oseas (750 a.C.), Isaías (740 a.C.), y Miqueas (730 a.C.).


La ocasión y el propósito

Jonás recibió su comisión de Jehová en una época única de la historia de Israel. El reino del norte de Israel había estado en una condición débil; su maldad pecaminosa y las imprudentes relaciones políticas con sus vecinos, habían reducido la riqueza de Israel considerablemente. 

El rey asirio Salmanasar III en su famoso Obelisco Negro relata cómo peleó la sangrienta batalla de Qarqar en Siria (853 a.C.) para reprimir una revuelta de un grupo de reyes sirios reunido por el rey Acab de Israel. Posteriormente Israel fue forzado a pagar tributo al mismo rey asirio. Mientras tanto las fronteras de Israel se estaban encogiendo al perder posesión de sus áreas distantes una tras otra. Y “Jehová miró la muy amarga aflicción de Israel; que no había siervo ni libre, ni quien diera ayuda a Israel” (2 Reyes 14:26).

En este punto de la historia de Israel Jehová envió a su profeta Jonás al rey Jeroboam II con la promesa de restauración y días mejores. Jeroboam reinó por cuarenta años como decimotercer rey de Israel y llegó a ser uno de sus reyes más poderosos. Sin embargo, a pesar de toda la prosperidad y del poder militar que disfrutó, fue un rey muy malo, “hizo lo malo ante los ojos de Jehová” (2 Reyes 14:24).

No fue diferente con el pueblo. Aunque disfrutaron de prosperidad externa, vivieron en pobreza espiritual. Jehová, por medio de Jonás, había dado su promesa de restauración, para animar a la Israel caída para que se arrepintiera de su maldad y regresara a la bondad de Jehová. Pero el pueblo no utilizó este medio de gracia; no sólo no se arrepintieron sino que aumentaron sus perversos caminos.

      Dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios;
      se hicieron imágenes fundidas de los becerros, y
      también imágenes de Aserá; adoraron a todo el
      ejército de los cielos, y sirvieron a Baal; e hicieron pasar
      a sus hijos y a sus hijas por fuego; y se dieron a
      adivinaciones y agüeros, y se entregaron a hacer lo malo
      ante los ojos de Jehová, provocándole la ira
      (2 Reyes 17:16–17).

El profeta Amós en su libro describe la vida lujosa de la clase alta y la acompañante corrupción social y moral, que prevaleció en la tierra en ese tiempo.

Mientras tanto, las cosas en Asiria iban empeorando; después de años de conquista y prosperidad, se dio un descenso general que duró casi medio siglo. El rey fue despojado de su poder; altos funcionarios políticos y militares gobernaron el imperio, pero desperdiciaron la fortaleza de Asiria en esfuerzos para conquistar la parte occidental del Asia menor descuidando mientras tanto los asuntos internos. La nación también fue debilitada por numerosos levantamientos de las provincias.

En este punto bajo de la historia de Asiria, Jehová envió al profeta Jonás a Nínive, la ciudad capital de Asiria. Consideraremos posteriormente todas las razones por las cuales Dios hizo esto, pero ahora mencionemos esta razón: ¡Jonás fue a predicar arrepentimiento a Nínive para que pudiera ser salvada de la destrucción durante un tiempo suficiente para ser el azote en manos de Dios para castigar a Israel con destrucción!

La destrucción de Israel sucedió en año 722 a.C. cuando Jehová le permitió al rey Salmanasar V de Asiria atacar y derrotar al reino del norte; después Dios deportó a sus habitantes a la cautividad y al olvido en Asiria.

En el año 612 a.C. Nínive recibió su juicio final de Dios cuando fue destruida por la alianza militar entre medos y babilonios. El profeta Nahúm utiliza todo su libro para describir la profunda corrupción moral y la maldad de Nínive y la destrucción que siguió.


¿Realidad o ficción?

Jonás se ajusta bien dentro de la historia de Israel y Asiria. Pero no toda la gente lo ve de esta manera. Muchos estudiosos críticos ven en Jonás más ficción que realidad. Considere lo siguiente:

      Sin duda que esto no es un registro de hechos históricos
      reales ni jamás fue esta su intención. Es un pecado contra
      el autor tratar como prosa literaria lo que él trabajó
      como poesía. … Por lo tanto su historia es una historia
      con moraleja, una parábola, un poema en prosa
      como la historia del buen samaritano (Julius A.Bewer,
      “Jonah.” The International Critical Commentary, p.4).

La Biblia de Jerusalén dice que la historia de Jonás es una “aventura,” y añade: “Dios es también Señor de las leyes de la naturaleza, pero los prodigios se acumulan aquí a modo de ‘jugarretas’ que Dios le hace al profeta”. Y dice: “Esta fecha tan posterior [después del destierro] debe ponernos ya en guardia contra una interpretación histórica” (p. 999).

La historicidad de Jonás es objetada porque los críticos encuentran en su historia muchos elementos imposibles de aceptar: tanto los milagros, como la misión de Jonás a una ciudad extranjera, su cántico de acción de gracias en el capítulo 2, el tamaño de Nínive, y el idioma en el que Jonás les habló a los ninivitas están entre los “problemas que los críticos encuentran en Jonás.

Pero los milagros son el verdadero problema para los críticos, especialmente el de la supervivencia de Jonás en el vientre del gran pez. También están la tormenta en el mar, el arrepentimiento de los ciudadanos de Nínive, la calabacera que brotó de la noche a la mañana, y otros más. Los críticos arguyen que la abundancia de estos milagros (algunos relacionan hasta doce) y la naturaleza increíble de algunos de ellos es demasiado para la razón humana.

¡Bien, todos los milagros son demasiado para la razón humana, o no serían milagros divinos! Dios tiene la intención de que sus milagros sean aceptados por fe y no por vista, fe en Dios todopoderoso y misericordioso cuya palabra es verdadera desde el principio hasta el fin del libro.

En cuanto a la incredulidad, ¿son los milagros de Jonás más increíbles que el de no gastarse los vestidos y el calzado de Israel durante los cuarenta años en el desierto (Deuteronomio 29:5)? ¿Qué el maná todas las mañanas (Éxodo 16:14–35)? ¿Qué Pedro caminando sobre el agua (Mateo 14:29), o Lázaro saliendo de la tumba después de cuatro días (Juan 11:17, 44)?

Algunos críticos que no pueden leer a Jonás como una historia verdadera lo consideran como nada más que un cuento o una leyenda, como uno de los mitos griegos o romanos. Otros interpretan a Jonás como una parábola en la que los personajes no existen en la vida real, que sólo tiene el propósito de narrar un cuento para enseñar la verdad de que la misericordia de Dios no está restringida a los judíos. También están los que insisten en que la historia es pura alegoría en la que los personajes y eventos sí existen pero tienen un significado figurativo o simbólico aparte de su verdadero significado en la narración. Por lo tanto, se nos dice que Jonás representa a Israel, que Nínive representa al mundo gentil, y el gran pez al exilio en Babilonia.

En el relato bíblico no hay nada que sugiera que debamos tomar la historia de Jonás como diferente de un hecho histórico puro. Aunque pueda ser posible que haya significado simbólico en la narración, la narración permanece históricamente verdadera. Esa es la manera como los judíos y los cristianos consideraron el libro hasta hace un siglo. No tenemos dudas de la historicidad del libro de Jonás porque nuestro Señor mismo habló de Jonás y su misión en Nínive como un hecho histórico (Mateo 12:39–42; 16:4; Lucas 11:29–32).


El mensaje

El mensaje del libro de Jonás será presentado durante la exposición. La parte cinco lo tratará con gran profundidad. Como guía para el estudio de Jonás seguiremos este bosquejo:


La misión de Jonás a Nínive

      I.      El primer llamado de Jehová y rechazo de Jonás (1:1–16)
      II.      La liberación de Jehová y la oración de Jonás (1:17–2:10)
      III.      El segundo llamado de Jehová y el arrepentimiento de Nínive (3:1–10)
      IV.      El enojo de Jonás y la reprensión de Jehová (4:1–11)
      V.      El mensaje del libro de Jonás

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He visto tus caminos; pero te sanaré, y te pastorearé, y te daré consuelo a ti y a tus enlutados; produciré fruto de labios: Paz, paz al que está lejos y al cercano, dijo Jehová; y lo sanaré




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CELEBRANDO LA RECUPERACIÓN INTEGRAL

Información
 Un padre de familia estaba tratando de dormir su siesta un domingo por la tarde en la sala de su casa, mientras su pequeño hijo lo molestaba continuamente diciéndole:
“Papi, estoy aburrido”. Tratando de buscar la forma de entretenerlo, su padre tomó de un periódico una foto del mundo, la cortó en casi cincuenta pedazos y le dijo:

“Hijo, este es un rompecabezas. Quiero que lo armes”. Luego se acostó para termi-nar su siesta, pensando que por lo menos dormiría de una hora y media a dos. Habían pasado apenas quince minutos cuando su hijo lo despertó diciendo: “Papi, ya terminé. Ya está armado”. El padre sabía que su hijo no conocía todas las posiciones de los país-es y cosas como esas, por lo que era imposible que lo hubiera terminado tan pronto, así que le preguntó: “¿Cómo lo hiciste?” El niño contestó: “Papá, había una foto de una persona en el reverso de la página de ese periódico y cuando terminé de armar esa persona el mundo quedó arreglado”.

Hoy estamos comenzando una nueva serie a la que hemos llamado el Camino a la Recuperación, y esperamos que la misma obre grandemente en su persona. Es sorpren-derte cómo el mundo se ve mejor cuando su persona es puesta en orden en la forma correcta. En esta serie hablaremos de cómo manejar y vencer las heridas de su vida, los hábitos que están destruyendo su vida y los complejos que han causado dolor en ella. Heridas, hábitos y complejos.

El versículo que hemos elegido como base para este paso de nuestra  serie “El Camino a la Recuperación” es Isaías 57:18 (DHH), donde Dios dice: “He visto como han actuado, pero los sanaré. Los guiaré y les  ayudaré, y consolaré a los que lloran. Ofrezco paz a todos, a los que están cerca y a los que estén lejos”.

Esta es una gran promesa de Dios. Note que hay cinco partes en la recuperación que Dios desea hacer en su vida. Primero, si usted ha sido herido, Dios dice: “Quiero sanarte”. Si está confundido: “Quiero guiarte”

.Si alguna vez se ha sentido sin ayuda para cambiar algo: “Deseo ayudarte a cambiar eso”.
Si alguna vez ha sentido que nadie entiende su problema: “Quiero consolarte.”
Si se siente ansioso, preocupado y temeroso: “Quiero ofrecerte paz”.

El hecho es que la vida es dura. Vivimos en un mundo imperfecto. Somos dañados por otros, herimos a otros y nos herimos a nosotros mismos. La Biblia dice que todos hemos pecado. Eso significa que ninguno de nosotros es perfecto, todos nos hemos equivocado, todos hemos cometido errores. Nos dañamos y dañamos a otros.

Esta serie es para todos. Todos necesitamos recuperación, a menos que alguien haya vivido una vida perfecta. Pero si no ha sido así, si no ha vivido una vida perfec-ta, si ha sido herido, si ha tenido un complejo o hábito del que le gustaría deshacerse, necesita recuperación.

¿DE QUÉ NECESITA RECUPERARSE?
La buena noticia es que sin importar el problema del cual necesite recuperarse, ya sea emocional, financiero, relacional, espiritual, sexual o de otro tipo, los pasos para recuperarse son siempre los mismos. Estos no varían.

Los principios para la recuperación se encuentran en la Biblia. Esta es el manual original para la recuperación. En 1935 un par de muchachos formularon, basados en las Escrituras, los que hoy se conocen como los doce pasos clásicos de los Alcohólicos Anónimos, una guía que también usan cientos de otros grupos de recuperación. En los Estados Unidos, veinte millones de personas están en un grupo de recuperación cada semana y hay quinientos mil diferentes grupos de recuperación.  La base de todos ellos es la Palabra de Dios.

He  resumido  estos  principios  en  torno  a  la  palabra  “R.E.C.U.P.E.R.A”.
Estudiaremos  una  letra  cada  semana  y  miraremos  los  ocho  pasos  resumidos  en  el camino a la recuperación.

EL PRIMER PASO: 
La “R” en RECUPERA significa RECONOCER.
Reconozco que no soy Dios. Admito que soy incapaz de controlar mi tendencia a hacer lo malo y que mi vida es inmanejable.
¿Se queda despierto hasta tarde cuando sabe que necesita dormir?
¿Come o bebe más calorías de las que su cuerpo necesita?
¿Siente que debe hacer ejercicios pero no los hace?
¿Conoce lo que es correcto pero no lo hace?
¿Sabe que algo está malo pero de todas formas lo hace?
¿Se ha dado cuenta alguna vez de que no debe ser egoísta pero de todas maneras lo es?
¿Ha intentado alguna vez controlar a alguien o algo y se ha dado cuenta de que usted mismo era incontrolable?
Si  su  respuesta  es  “sí”  a  cualquiera  de  estas  preguntas,  bienvenido  a  la  raza humana. Todos necesitamos recuperación.

I. LA CAUSA DE MI PROBLEMA: MI NATURALEZA PECAMINOSA
La Biblia tiene una forma de expresar esto. En ella se le llama a esta tendencia nuestra “naturaleza pecaminosa”. La naturaleza de pecado nos lleva tanto a usted como a mí a toda clase de problemas. Hago cosas que no son buenas para mí, las hago aun cuando son auto destructivas. Sin embargo, no hago las cosas que son buenas para mí.

Respondo de la manera incorrecta cuando soy herido y con esto solo consigo aumen-tar el daño, en lugar de disminuirlo. Reacciono de la manera incorrecta con las per-sonas. Las trato de la manera equivocada y luego, cuando me doy cuenta de que esa actitud no va a funcionar, esto me afecta a mí. Intento resolver problemas y a menudo, cuando creo que los he arreglado, compruebo que se vuelven peor de lo que estaban antes.

Proverbios 14:12 (NVI) dice: “Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte”.

Usted siempre va a tener esa naturaleza pecaminosa, ese deseo de hacer lo malo.
Este permanecerá siempre con usted hasta que llegue al cielo. Y aun cuando sea cristiano, todavía tendrá deseos que lo empujen hacia el mal. Pablo entendió esto. En Romanos 7:15 él dijo: “No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco”.
¿Le suenan familiares estas palabras? “Termino haciendo lo que no quiero hacer y termino no haciendo lo que quiero hacer”.

El primer paso para la recuperación es que usted entienda la causa de este prob-lema. ¿Por qué sucede esto en mi vida? Primero, necesita entender la causa del prob-lema, luego las consecuencias y más tarde la cura para el mismo.

¿Cuál  es  la  causa  de  mi  problema?  La  causa  de  todos  sus  problemas  es  esta:
“Quiero ser Dios”. ¿Le gustaría decidir lo que es bueno y lo que es malo? Usted dice:
“No quiero que nadie me diga lo que es bueno y lo que es malo; quiero decidirlo por mí mismo. Quiero hacer lo que quiera, quiero hacer mis propias reglas. Quiero ser el centro del universo. Quiero ser mi propio jefe, vivir a mi manera, si me siento bien haciendo algo, pues, adelante. No quiero que nadie me diga qué hacer con mi vida”.

Eso se llama jugar a ser Dios. Lo que en realidad está diciendo es: “Quiero contro-lar”. Y mientras más inseguro sea usted, más empeñado estará en controlar. Mientas más inseguro sea, más desea controlarse a sí mismo, controlar a otras personas, controlar su ambiente. A eso se le llama querer jugar a ser Dios.

Este es el problema más antiguo del hombre. Aun Adán y Eva lo tuvieron. Dios los puso en el paraíso y ellos trataron de controlarlo. Dios dijo: “Pueden hacer todo lo que quieran en todo este paraíso excepto una sola cosa: No coman de este árbol”.

¿Y qué hicieron ellos? Fueron directamente hacia ese árbol, que era lo único en el Paraíso a lo que Dios le había puesto límites. Satanás dijo: “Coman esta manzana (o lo que haya sido) y sean dioses”. Ese ha sido el problema desde el principio. Querer ser Dios. Querer tomar las decisiones uno mismo. Querer vivir nuestra propia vida.

Queremos  estar  en  control.  ¿Cómo  jugamos  a  ser  Dios?  Negando  nuestra humanidad y tratando de controlar todo por razones egoístas. Queremos estar en el centro de nuestro universo. El control es el asunto real. Queremos estar en control y tratamos de controlarnos a nosotros mismos, a otras personas, a todo lo que está a nuestro alrededor.


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