jueves, 24 de octubre de 2013

Causas de Conflictos Familiares: Ayuda Ministerial

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
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POR QUÉ PELEAN LAS FAMILIAS
¿Por qué escribió Pablo a los cristianos romanos: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.” (Rom. 12:18)? Porque sabía que tenían conflictos interpersonales. Otras referencias en la epístola apuntan a lo mismo. “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.” (Rom. 14:19). “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.” (Rom. 14:1). Pablo estaba diciendo, “Hermanos, yo sé que ustedes tienen conflictos y diferencias de opiniones pero no dejen que sus diferencias abran una brecha entre ustedes.”
Este tema es recurrente en la primera carta de Pablo a los corintios. Después de una introducción breve, el primer asunto que aborda Pablo es el problema de los conflictos y divisiones: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.” (1 Cor. 1:10). Vemos la razón para esta petición en el siguiente versículo: “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.” (1 Cor. 1:11). Las relaciones entre los miembros de la iglesia habían llegado a ser demasiado tirantes. Estaban echando a perder su testimonio frente a todo mundo. Estas personas necesitaban, con desesperación, ayuda para aprender a resolver sus conflictos.
Otras cartas del Nuevo Testamento contienen peticiones similares e indican que el tema “solución de conflictos” es de inmensa relevancia. Pablo escribe a los gálatas: “Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.” (Gal. 5:15). Santiago declara a los creyentes esparcidos entre las naciones: “Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz. ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.”(Sant. 3:18–4:2) El punto de vista de Santiago no es sólo académico; ya que los conflictos eran muy comunes entre la gente a quien Santiago escribió.
Desafortunadamente la situación es casi igual hoy en día; todavía vemos a cristianos morderse y consumirse unos a otros en el hogar y en la iglesia cuando luchan y riñen continuamente. En muchas familias, aun las cristianas, la discordia es algo normal.
¿Qué de ti y tu familia? ¿Batallas algunas veces con otros miembros de tu familia? ¿Has contendido con tu patrón, tus compañeros de trabajo, tus vecinos, tus compañeros en la iglesia? Estoy seguro de que no hay nadie que esté leyendo este libro que nunca haya tenido un conflicto con alguien. Algunos tienen más que otros. Si somos honestos admitiremos que sí hemos tenido conflictos con otros, incluso con los miembros de nuestra familia.

  Los Desacuerdos Son Inevitables

Ocasionalmente me dice la gente: “Tenemos diferencias en casi todo. No podemos ponernos de acuerdo. Ciertamente, eso es prueba de que nuestro matrimonio no era la voluntad de Dios.” Mi respuesta es: “Adán y Eva fueron hechos uno para el otro, la pareja perfecta, especialmente por Dios. Aun así se decepcionaron uno del otro. Adán culpó a Eva por haberle dado a comer la fruta prohibida. Eva echó la culpa a la serpiente. Inclusive culparon a Dios.
Rebeca e Isaac fueron juntados especialmente por Dios. Dios guió al siervo de Abraham hasta Rebeca para que sea la esposa de Isaac (Gen. 24). Pero el libro de Génesis revela que ellos también tenían sus desacuerdos. Esto no significaba que Dios se hubiera equivocado. Sólo que necesitaban aprender a congeniar.
Al contrario de los pensamientos de muchos, la diferencia entre un hogar feliz y uno infeliz no es la presencia o ausencia de diferentes puntos de vista. La diferencia básica es que en el primer hogar la gente enfrenta y resuelve sus conflictos, mientras que en el otro no saben cómo hacerlo. Un consejero explica:
“Vamos a reaccionar ante la idea tonta de que la casualidad lleva a los hombres a imaginar que podremos casarnos con una esposa que es una perla, de la misma forma que uno puede ganar la lotería. Además, sería muy difícil estar casado con una perla si crees que no estás a la misma altura que ella. Lo que realmente cuenta es que los dos trabajen juntos para conseguir la felicidad matrimonial. Es una meta por lograr, no un privilegio concedido no más porque sí… La “incompatibilidad emocional” es un mito inventado por abogados faltos de argumentos para pedir divorcios; también es una excusa común que usa la gente para esconder sus propias faltas. Simplemente no creo que existen las incompatibilidades emocionales. Hay malentendidos y fracasos que, sin embargo, pueden ser corregidos cuando y donde hay voluntad para hacerlo”.
Aquí Paul Tournier expone verdadera y bíblicamente varias verdades sobre la felicidad matrimonial y familiar. Los miembros de la familia van a tener algunas luchas para entenderse. Es parte del proceso. Aunque la felicidad familiar no llega de manera automática pero puede ser alcanzada por medio del trabajo duro.

  “Nunca Hemos Tenido un Conflicto”

Algunos aseguran y están de acuerdo con esta declaración, diciendo, “Nunca hemos tenido conflictos en nuestro matrimonio o familia.” Tal aseveración sugiere una de dos posibilidades:
1) Tienen desacuerdos pero temen decírselo uno al otro. Recuerdo un caso relacionado con este tema. Una pareja, por cierto ya grande, vino en busca de consejo porque la esposa estaba experimentando una depresión profunda. Ya no quería vivir; muchas veces sólo se sentaba a llorar.
Decidí explorar su relación matrimonial. Cuando le pedí que me dijera algo de su matrimonio, ella veía a su esposo y respondió, “Mi esposo y yo nunca hemos tenido un conflicto.” Su esposo asintió con la cabeza.
“¿Quieres decir que han estado casados por 45 años, y nunca has tenido una diferencia de opinión con tu esposo? ¿Han estado de acuerdo, absolutamente, en todo?”
“Pues, he tenido diferencias con él, pero nunca hemos peleado.”
“¿Cómo explicas esto?”
Ella dio un vistazo avergonzado a su esposo otra vez y dijo con mansedumbre, “No tenemos pleitos porque guardo mis opiniones para mí misma. Muy al principio de nuestro matrimonio, cuando mostré mi desacuerdo con él sobre algo, él dijo, “¡No peleemos! No me gusta pelear.” Así que, aprendí que nos llevamos mejor si me guardo mis ideas para mí.”
Aunque esta mujer aseguraba que nunca había tenido un conflicto con su esposo, en realidad nunca habían tenido un conflicto externo. Y es que ella había suprimido sus ideas para mantener la paz en la familia. Por 45 años había vivido una tormenta silenciosa. Aunque tenía inteligencia para juzgar independientemente y sacar conclusiones diferentes, no sentía la libertad de compartir sus pensamientos con su esposo. Su supuesta falta de discordia en su matrimonio era más mito que realidad.
2) La otra posibilidad es que cuando la gente dice que nunca ha tenido conflictos, si puede ser cierto. Puede ser que tengan desacuerdos pero los resuelven antes de que sean conflictos. Un desacuerdo es una diferencia de opinión, principalmente en el nivel cognitivo, intelectual. Un conflicto es una diferencia de opinión que nos afecta severamente en los niveles emocional y de relación. Algunas personas han aprendido a prevenir los conflictos manejando sus desacuerdos bíblicamente. No es que estas personas sean copias de otras; sino que tienen sus propias opiniones y las comparten. Y responden a los desacuerdos de tal manera que pocas veces llegan a ser conflictos.

  El Dolor de la Discordia

Los datos bíblicos, registros históricos y experiencia personal indican que en las relaciones interpersonales los desacuerdos son inevitables. Tu felicidad personal es afectada gracias a la forma en que manejas los desacuerdos que surgen. La Escritura declara que “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía!” (Sal. 133:1). Lo opuesto también es verdad; ya que la mayoría de la gente dice que no hay mayor desánimo que el resultante de una discordia familiar sin resolver.
Una amiga mía atravesó un periodo de dolor intenso e incertidumbre con los colores flotantes. Se mantuvo emocionalmente estable cuando casi pierde la vida, cuando su independencia estuvo amenazada, cuando tuvo que padecer la muerte de algunos miembros de la familia y cuando ciertos miembros de la familia estaban teniendo problemas severos; sin embargo, al tener un desacuerdo con su esposo que no puedo superar le invadió una depresión muy profunda. Ese desacuerdo afectó su felicidad personal más que lo anteriormente padecido.
La manera en que respondes a los desacuerdos afectará tu rendimiento en el trabajo. Muchas personas con talentos, con alta escolaridad tropiezan en su carrera debido a su incapacidad de relacionarse con otros. Una conocida mía tuvo 19 trabajos en 19 años. Tomaba un trabajo pensando que iba a ser feliz, pero pronto ella y su patrón u otro empleado veían las cosas de diferente manera. Al poco tiempo se sentía insatisfecha y empezaba a buscar otro trabajo. Al llegar a la edad de 40 años experimentó una depresión severa porque al repasar su vida, se dio cuenta que casi nada había alcanzado. Aunque era una mujer de muchas habilidades, su incapacidad de manejar los conflictos limitó seriamente sus logros ocupacionales.
Saber cómo manejar los conflictos es también un asunto crítico en el servicio cristiano. Cuando conocí a Beto y María González (seudónimos), Beto había sido pastor por 20 años. Pastoreó 6 congregaciones en ese tiempo, y María había experimentado 5 colapsos nerviosos. Me vinieron a ver porque María estaba al borde de otro colapso.
Al recabar datos, me di cuenta que cada colapso de María coincidía con sendos conflictos surgidos en las congregaciones. En la mayoría de los casos un grupo de personas de la iglesia estaba infeliz por algo que el pastor o su esposa o su familia habían hecho. María no sabía cómo responder a estas dificultades. Mientras meditaba en lo que pasaba, se sentía herida, ansiosa, intimidada y frustrada por dentro. Por fuera pretendía que nada estaba mal y trataba de, simplemente, evitar a estas personas que actuaban sin razón y sin apreciación. Gradualmente, la presión interna llegaba a ser tan intensa que se volvía loca.
La manera en que Beto respondía a los conflictos era totalmente diferente. María era una “internalizadora”, una “suprimidora”. Beto era un “confrontador”. Al surgir conflictos, se decidía y explicaba una y otra vez el porqué su posición estaba bien y las otras posiciones estaban mal. Finalmente, la gente hacía una de tres cosas: capitulaban, se confabulaban contra de Beto o salían de la iglesia. Y al final de la controversia, si eran muchas las personas que adoptaban una de las dos últimas formas, los Gonzáles se cambiaban a otra congregación.
La felicidad de Beto y María estaba siendo destruida por su manera inadecuada de manejar los desacuerdos. Además su eficacia para servir a Cristo declinó de manera considerable. Eran personas talentosas, que podrían haber contribuido grandemente a la edificación de otros cristianos. Desgraciadamente su labor como pareja ministerial era deteriorada severamente debido a su manera de manejar los conflictos.

  La Bendición de la Paz

Las escrituras declaran que “el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Sant. 3:18). ¿Quieres tener una cosecha de justicia en tu familia? Santiago dice que no debes esperar que esto ocurra en un hogar marcado por riñas y pleitos. Ocurrirá en familias donde los pacificadores están sembrando paz continuamente. Van a tener una cosecha de justicia.
El salmo 133 enfatiza el mismo pensamiento. Compara la unidad en la familia con el aceite de ungir que era vertido sobre Aarón cuando lo apartaron para su ministerio sacerdotal (Ex. 29:7; 30:25). De esa manera fue consagrado para el uso del Señor. El salmista parece estar diciendo que cuando mantenemos la unidad (previniendo o resolviendo conflictos), nosotros como Aarón, somos apartados especialmente para el servicio del Señor. En una atmósfera de paz y unidad, Dios nos bendice y usa de una manera especial.
Otra frase en este salmo expande más el concepto. El salmista compara la paz y la unidad entre hermanos al “rocío de Hermón, Que desciende sobre los montes de Sion; Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.” (Sal. 133:3) Entre las lluvias de temprano en la primavera y muy tarde en el verano, poca precipitación cae en Palestina. Para que crezca las plantas, necesita más humedad. Afortunadamente, a menos que ocurre condiciones severas, muchas áreas de Palestina se bendice con rocío pesado. En ningún lugar, sin embargo, era tan pesado como alrededor del Monte Hermón. Como resultado, los campos en este área usualmente producía cosecha abundante.
De manera similar, el salmista indica que la bendición de Dios cae abundantemente sobre la gente (individuos, familias, iglesias) que aman a la unidad. Condiciones de sequía pueden prevalecer todo alrededor de tales personas, y fuerzas de maldad pueden oponerse a la obra de Dios en sus vidas, Pero en sus relaciones adentro y fuera del hogar, la bendición de Dios produce una cosecha de justicia.

  Las Tres Fases del Matrimonio

Alguien ha dicho que la mayoría de los matrimonios pasa por tres fases. La fase 1 es el éxtasis o el encantamiento. Este ocurre durante el noviazgo y los primeros días del matrimonio, cuando reina el romance. Todo es maravilloso, y el cónyuge no puede hacer nada mal. Cualesquiera faltas menores o diferencias, cree la pareja, no interferirá con su relación.
La fase 2 es la realidad o el conflicto, la fase donde la pareja reconoce que los dos no siempre ven todo igual. Gradualmente empiezan a reconocer que no se casaron con quien creían que se casaron. Empiezan a ver que la otra persona tiene faltas reales y que tienen diferencias fuertes sobre ciertos asuntos. Poco a poco (o en algunos casos, rápidamente) empiezan los conflictos entre ellos.
De esta fase de realidad o conflicto, las parejas pasan a otra de tres direcciones. Algunas parejas deciden que no pueden manejar sus diferencias y escogen el divorcio. Otras proceden a adoptar un statu quo infeliz, donde sólo co-existen. Un tercer grupo aprende a manejar sus desacuerdos y a prevenir y/o resolver sus conflictos. Como resultado, avanzan a una relación de maduración o crecimiento y desarrollo. Para estas parejas, los desacuerdos matrimoniales o familiares les proveen el ambiente propicio para progresar y entrenarse en la marcha para aplicar los principios bíblicos. Consiguen una cosecha de justicia porque han aprendido la habilidad importante de resolver conflictos.
Pero la pregunta es, ¿cómo lograr ser pacificador(a) en vez de guerrero(a)? ¿Qué es menester hacer para prevenir y resolver los conflictos bíblicamente? Entender el porqué los desacuerdos son inevitables y la razón para que surjan los conflictos es un factor importante. Tener una respuesta clara a la pregunta, “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?” (Sant. 4:1) es el primer paso.

  Fuentes de Conflicto

Miembros de la misma familia pueden diferir en personalidad, perspectiva, valores, dones y habilidades, intereses, gustos, disgustos, nivel de educación, inteligencia y adiestramiento. Estas disparidades proveen frecuentemente la ocasión para desacuerdos y malentendidos que pueden producir contención. Así que, el ser diferente es un contribuyente mayor de conflictos familiares.
Por los dones y talentos disimilares que Dios nos ha dado (Rom. 12:4–6), podemos tener un interés más profundo de ciertas cosas que tienen otros miembros de la familia. Es fácil pensar que todos deben ser tan devotos a un asunto particular como somos nosotros. Si no, podemos convertirnos en tratar de forzarlos, y comunicarles que debe ser algo mal con ellos por su falta de entrega.
Estilos de hacer decisiones contrastantes pueden llevar la familia a riñas. Algunas personas hacen las decisiones muy rápidamente, otros muy lentamente. Un grupo estudia rápidamente la situación y llega a una pronta conclusión, para no dilatar. El otro grupo analiza y reanaliza, esperando y cosechando más data antes de decidir, para no actuar precipitadamente. Mientras el primer grupo se desespera con el segundo, el segundo puede sentir presión del primero, y la tensión se convierte en contención.
Estilos de vida diferentes pueden igualmente causar problemas en la casa. Una pareja de 65 años habían estado riñendo por años. Era evidente que eran opuestos en muchas maneras, pero especialmente en el ritmo de sus vidas. A los 65, ella todavía estaba viviendo en el carril rápido. Apurándose dondequiera que fuera, trabajaba de tiempo completo como enfermera y no tenía pensado retirarse. Su esposo no era así y nunca había sido. Era lento, muy, muy lento. Cuando movía, era casi. Parecía que lo único que hacía rápido era cansarse. Desde hace mucho tiempo había jubilado de empleo de tiempo completo.
Cuando salía su esposa en las mañanas, ella pedía que él hiciera ciertas cosas en la casa, y él respondía con un “mmmm”. Al regresar, encontraba ella muchas cosas sin hacer. Cada vez que pasaba, se fastidiaba más. El prometió cambiar, pero nunca a su satisfacción de ella. Al fin, su coraje se intensificó a tal punto que en varias ocasiones ¡hasta sacaba el cuchillo y lo correteaba alrededor de la casa!
La puntualidad es otro área en donde difieren las personas. Para algunas personas, estar a tiempo o antes de tiempo es una prioridad muy alta. Se deben cumplir los horarios a pesar de lo que ocurre. Para otras, la puntualidad no es crucial. Si llegan cerca del tiempo designado o por lo menos antes del final del evento, está bien. La flexibilidad y sensibilidad a las necesidades son más significantes a ellos que la puntualidad.
Aun el asunto de cómo se prepara la comida puede ser un catalizador para discordia familiar. Un médico y su esposa experimentaba desgarro familiar severo. Aunque había desarrollado conflictos acerca de muchas cosas, uno de los más calientes tenía que ver con la preparación de la comida. Por su preocupación con colesterol, el pensaba que ella debía cocinar todo con agua. Ella mantenía que cocinar con el aceite correcta estaba satisfactoria. Además, ella consideraba la cocina como su propio reino, y no le gustaba que él le dijera qué hacer en su reino.
Diferencias de edad, adiestramiento, prioridades, valores o experiencia pueden explicar muchas variaciones de perspectiva entre padres e hijos. Al relacionarse con sus hijos, los padres deben tomar en cuenta las diferencias de edad y experiencia. Deben acordarse de las palabras de Pablo, “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.” (1 Cor. 13:11). Los padres deben recordar que hay una manera infantil de ver las cosas igual que una manera adulta.
Las áreas en los cuales miembros de la familia pueden diferir son casi innumerables. He ilustrado algunos arriba. La lista que sigue cubre algunos de los asuntos más comunes en donde los miembros de la familia pueden tener opiniones diferentes:
  1.      Los conceptos de matrimonio y relaciones familiares.
  2.      El papel del esposo y la esposa y sus responsabilidades.
  3.      Objetivos ocupacionales y profesionales.
  4.      Límites entre miembros de la familia (compartiendo, privacidad, libertad, individualidad, unidad, etc.) y con gente fuera de la familia.
  5.      Finanzas.
  6.      Preferencias en recreación y tiempo libre.
  7.      Asistencia a la iglesia y envolvimiento, convicciones espirituales.
  8.      Esperanzas acerca del número de hijos, espaciamiento de hijos, relaciones con los hijos, razones por tener hijos, el entrenamiento y disciplina de los hijos, si los hijos tienen prioridad sobre el cónyuge de uno.
  9.      Cómo demostrar el afecto y en cuáles maneras.
  10.      Relaciones sociales, amistades.
  11.      Asuntos sexuales.
  12.      Lo que constituye comportamiento apropiado, etiqueta, costumbres.
  13.      Filosofía de la vida.
  14.      Relaciones con los padres o los suegros.
  15.      Valores y metas.
  16.      Cómo hacer decisiones mayores, y aun a veces menores.
  17.      Tareas de la casa; lo que constituye una casa limpia, y quien es responsable.
  18.      La cantidad de tiempo que pasan juntos.
  19.      Devociones familiares, oraciones, estudio de la Biblia (¿Si? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Cuánto?).
  20.      La casa: comprar o rentar; manutención y muebles.

Aun en los mejores familias hay diferentes perspectivas. Es un dado. Esperar que ocurre y no desequilibrarse. Reconocer que no todo es asunto de lo correcto o incorrecto, malo o bueno; algunas cosas simplemente son diferentes. Pero aguas, porque las diferencias que no se manejan apropiadamente con facilidad se pueden cambiar un hogar armonioso en una zona de guerra.

  Buscando las Raíces de los Conflictos

Pero ¿por qué se conviertan tan fácilmente las perspectivas diferentes en conflictos? Las Escritura declara que tenemos conflictos por nuestros deseos que luchan adentro de nosotros; porque queremos algo que no podemos tener (Sant. 4:1–3). En otras palabras, las diferencias muchas veces se tornan a conflictos porque somos egoístas. Queremos que los miembros de la familia vean las cosas como nosotros las veamos, que creen lo que nosotros creemos, que actúan como queremos que actúan, o que hagan lo que queremos que se haga. Y cuando no cooperan, nos frustramos. Luego, por nuestro egoísmo, respondemos en una variedad de maneras pecaminosas. Puede que tratamos de forzar los miembros de la familia a sumisión por sermonearlos, gritarles, o argüir incansablemente. Tal vez desenfrenamos y los castigamos verbalmente o aun físicamente. O puede ser que usamos maneras más sutiles para presionarlos a someter o lastimarlos por no estar de acuerdo con nosotros. Hacemos pucheros, retiramos, lloramos, o fruncimos el entrecejo, o somos silenciosos, no cooperativos, o pródigos. Porque nuestros deseos se bloquean, nuestros esfuerzos a controlar la situación producen conflictos.
Piensa en sus propias experiencias. Puede que sientes que no recibes suficiente sostén emocional, respeto, aprobación, afirmación, o afecto de otros miembros de la familia. Puede que estás buscando más ayuda física en el hogar y sientes que los demás te toman ventaja. O tal vez quieres algo espiritual, como que estén de acuerdo con tu interpretación de la Escritura, conformidad a tus normas de lo correcto y lo incorrecto, o mejoría en el caminar con el Señor de algún miembro de la familia. ¿Cómo reaccionas cuando los demás no cumplen tus deseos? ¿Y por qué reaccionas de esta manera?
Santiago nos desviste de todo nuestros pretensiones piadosos y llega al raíz de muchos de nuestros conflictos interpersonales. Con gran valentía y claridad, explica que si tus deseos te llevan a conflictos en el hogar, el verdadero problema es tu deseo consumidor de satisfacerte a ti mismo. Santiago dice, en efecto, “Tu peleas y riñas porque eres egoísta. Tienes motivos equivocados. En verdad no tienes cuidado de la gloria de Dios o el bien de los demás. Mayormente tienes cuidado de ti mismo, tu reputación, tu propio placer. Para conseguir lo suyo, aun tratas de manipular a Dios y otros miembros de la familia.” (Sant. 4:1–3)

  Conflicto por la Causa de la Justicia

A veces la discordia se levanta por una razón radicalmente diferente. La Escritura nos recuerda que a veces la gente nos van a oponer porque representamos la justicia. “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.” (Mat. 5:10–11).
Los creyentes pueden esperar oposición en la sociedad. Pero Jesús también nos advierte de discordia similar adentro del círculo familiar. “Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa.” (Mat. 10:35–36). En ocasión, la discordia familia se presenta porque alguien (una esposa, un esposo, un padre, o un hijo) representa la justicia y otros se oponen a aquella justicia.
La rectitud de Abel trajo la ira de su hermano Caín (Gen. 4). Asimismo, los hermanos de José lo odiaban (Gen. 37). Y así, aun en el hogar del creyente hay veces que los miembros de la familia se van a perturbar por sus convicciones de él o ella. En ocasiones, aun tú puedes ser el que se perturbe por alguna convicción justo o acción de otro miembro de la familia. Desafortunadamente, en este lado del cielo todos somos capaces de oponer la voluntad de Dios y disgustarnos con aquellos que buscan obedecerlo.
Mi esposa, por ejemplo, puede querer alcanzar una persona con necesidad después del culto dominical. Carol siente que esta persona está herida, y desea ayudar a sostener la carga de aquella persona y dar ánimo. Ella lo ve como una acción de justicia, y ¡tiene razón! Cuando me pregunta si está bien, afuera le asiento, pero internamente no estoy de acuerdo. No estoy pensando en lo que Jesús quiere o lo que necesita la otra persona. Todo lo que pienso yo es que quiero llegar a casa. Tengo hambre. He tenido una semana ocupada. Quiero vestirme en fachas y relajarme.
Cuando al fin llega al carro (después de 15 minutos), le comunico de una manera u otra que me opongo a lo que hizo. ¿Qué pasa aquí? Estamos en conflicto porque Carol quería alcanzar a alguien en el nombre de Jesús, pero yo me irrité por su acción de justicia.
Si, la discordia ocasionalmente se da en la familia porque un miembro se preocupa por la justicia y otros miembros de la familia, por lo menos temporalmente, no están preocupados. Me gustaría pensar que cada vez que he tenido conflicto con otro miembro de la familia, es porque he estado representando a Cristo. Pero en muchas ocasiones, la razón de nuestros conflictos es porque he reaccionado con egoísmo a nuestros diferencias o a la justicia de la otra persona. Demasiados veces, he sido culpable de lo que condena Santiago. He deseado algo y no lo he conseguido. Ah, podría dar todas las razones espirituales en el mundo porque mis deseos eran correctos y por eso justificarme por estar enfadado. Pero la verdad es que estaba sufriendo más por la causa de mi ego que por la justicia.
Y lo que es verdad de mí es muchas veces verdad de los demás. Por la naturaleza de mi ministerio, constantemente estoy involucrado en tratar de ayudar a personas que enfrenten conflictos en sus hogares. Algunas que llegan para consejería están sufriendo verdaderamente por la justicia. Necesitan ánimo, sostén, afirmación, oración, aceptación, y compasión. En otros casos, encuentro que la discordia se asocia con egoísmo, esperanzas no razonables, una actitud pedante, un deseo de controlar, celos, ambición excesiva, insensibilidad, motivos no piadosos, buscar el placer, idolatría de sí mismo (yo-ismo), y una vida orientada a sensaciones.
Estas personas no necesitan ánimo para continuar tales actitudes. Necesitan un llamado bondadoso a arrepentimiento y confesión del pecado. Necesitan que les urgen buscar a Jesucristo para el perdón y el poder de cambiar la orientación de sus vidas. Actitudes y acciones pecaminosas se deben despojar y actitudes y acciones bíblicos (Centradas en Cristo) se deben desarrollar por el poder del Espíritu Santo que mora adentro.

  Cómo Prevenir Conflictos Familiares
¿Cómo previenes y resuelves los conflictos familiares? El primer paso es estar consciente que en cualquier relación terrenal muy cercana, los desacuerdos fácilmente se pueden convertir en conflictos. Lo más cercano la relación, lo más potencial hay para contención y discordia. Para prevenir eso de ocurrir en tu familia, reconozca las maneras específicas en lo cual están similares y en cuales están disimilares. No echas tus disparidades debajo del tapete. Sáquelos y discútalos cabalmente.
Luego busca discernir la razón porque estos diferencias tiendan a escalar en conflictos. Sea honesto delante de Dios. Pregúntate: Me molestan tanto estas diferencias y desacuerdos porque soy egoísta? ¿Es porque quiero mi manera y la otra persona no está cooperando con mis demandas? ¿Tengo envidia? ¿Tengo motivos no piadosos? Diagnostica lo que pasa en tu vida y tus relaciones por usar la Escritura como norma. Dondequiera que encuentras tus actitudes, pensamientos, emociones y acciones siendo no-bíblicos, toma la responsabilidad entera de ellos. ¡No buscas echar la culpa a otro o racionalizarte! Al contrario, reconozca tus pecados y mira a Jesús por su perdón. Fija tus ojos en él, y confía en él para ayudarte a responder a tus diferencias y desacuerdos en una manera más piadosa y más constructiva. Por su poder, la discordia familiar se puede cambiar en concordia familiar.

TAREAS PARA ESTUDIO Y APLICACIÓN
Haz las tareas individualmente, y luego comenta tus respuestas con tu cónyuge o tu grupo de estudio.

  1.      Describe tu reacción(es) usual a los desacuerdos o conflictos. Analiza las actitudes detrás de las reacciones.
 
  2.      ¿Que indica la Escritura acerca de la facilidad o dificultad de llevarse bien con otras personas? Sostener tu respuesta con la Escritura.
 
  3.      ¿Estás de acuerdo con la declaración de Paul Tournier sobre incompatibilidad emocional? ¿Por qué o porque no? Sostener tu respuesta bíblicamente.
 
  4.      ¿Estas de acuerdo que los desacuerdos son inevitables? ¿Por qué son inevitables?
 
  5.      Cuando la gente que viven juntos dicen que nunca tienen ningunos desacuerdos o conflictos, ¿qué puede estar ocurriendo?
 
  6.      Este capítulo menciona varias razones por que es importante la resolución de conflicto. ¿Cuáles son? Identificar Escritura que lo sostiene. Añadir tus propios perspectivas acerca de por que resolver conflictos es importante. Ilustrar de la Biblia, historia, literatura, o su propia experiencia los efectos debilitantes de conflictos sin resolución.
 
  7.      Identificar y describir varios desacuerdos y conflictos que has tenido con otros miembros de la familia. Usando la información en este capítulo, analiza las razones por los desacuerdos, y por que llegaron a ser conflictos.
 
  8.      Completar la Gráfica de Inventario de Personalidad (vea abajo). Evaluar cada miembro de su familia inmediata. ¿Con cuál miembro de la familia tienes más similitud? ¿Menos similitud? ¿Con cuál miembro de la familia encuentras más fácil llevarse bien? ´¿Más difícil? Notar cómo sus similitudes y disimilitudes han afectado sus relaciones personales y familiares.
 
  9.      Llenar la Forma de Análisis de Conflicto (después de la Gráfica de Inventario de Personalidad). Notar con cuales miembros de la familia tienes tendencia de tener más desacuerdos. ¿Por qué crees que es así? ¿Cómo ten ha afectado estos desacuerdos tu relación con estas personas? ¿Cómo han afectado a toda la familia tus desacuerdos?
 
GRÁFICA DE INVENTARIO DE PERSONALIDAD
En una escala de 0–4, califícate a ti mismo y a cada miembro de tu familia en las siguientes cualidades. Cuatro es el más alto, y 0 el más bajo. Por ejemplo, en el número 1, si eres muy paciente, califícate con un 4. Si no tienes nada de paciencia, date un 0. Si estás en medio, califícate de 1 al 3. (H. = hijo). Haz un círculo en cualquier área donde tu y tus miembros de la familia difieren en más de un punto. Discutir cómo las diferencias o similaridades afectan tus relaciones familiares.

  CUALIDADES:CALIFICACIONES: Tu/ cónyuge/ H.1/H.2/H.3/H.4
  1.      Paciente

  2.      Aceptar a otros

  3.      Terco

  4.      Fácil de fastidiar

  5.      Lleno de resentimiento

  6.      Perdonador

  7.      Dominador

  8.      Ego-céntrico

  9.      Bondadoso

  10.      Mandón

  11.      Buen escuchador

  12.      Razonable

  13.      Considerado, piensa en los demás

  14.      Ensimismado

  15.      Deprimente

  16.      Abierto

  17.      Expresivo

  18.      Práctico

  19.      Eficiente

  20.      Limpio, organizado

  21.      Extravagante

  22.      Responsable

  23.      Afectivo

  24.      Atlético

  25.      Ambicioso

  26.      Tiene una voz placentero

  27.      Musicalidad

  28.      De buen vestir

  29.      Olvidadizo

  30.      Perezoso

  31.      Extrovertido

  32.      Impulsivo

  33.      Artístico

  34.      Calmado

  35.      Convencional

  36.      Le gusta la naturaleza, acampar, etc.

  37.      Gastalón

  38.      Iniciador

  39.      Seguro, confiado

  40.      Generoso

  41.      Agresivo

  42.      Puntual

  43.      Flexible

  44.      Aventado

  45.      Decisivo

  46.      Sentimental

  47.      Dilatador


FORMA DE ANÁLISIS DE CONFLICTOS

Abajo indica la medida aproximada de acuerdo o desacuerdo entre tu y otros miembros de tu familia en cada detalle de la lista. Usa esta escala (H =hijo):

  1= Siempre están de acuerdo
  2= Frecuentemente de acuerdo
  3= A veces en desacuerdo
  4= Frecuentemente en desacuerdo
  5= Casi siempre en desacuerdo
  6= Siempre en desacuerdo
  7= No aplica

Después de completar la calificación, haz un círculo en los números de los detalles que proveen la potencial más alto de conflicto.
Tu: y Cónyuges/ y H.1/ y H.2/ y H.3/ y H.4

      1.      Uso de Dinero

      2.      Asuntos recreacionales

      3.      Asuntos espirituales

      4.      Amistades (Vida social)

      5.      Demostraciones de afecto

      6.      Comportamiento correcto o apropiado

      7.      Filosofía de la vida, metas

      8.      Tiempo que pasan juntos

      9.      Hacer decisiones mayores

      10.      Actividades de tiempo libre

      11.      Decisiones de carrera

      12.      Orar y Estudiar la Biblia juntos

      13.      Donde vivir

      14.      Tipo de casa para vivir

      15.      Maneras de tratar a abuelos, padres, y suegros

      16.      El uso de alcohol o drogas

      17.      Como resolver desacuerdos

      18.      Asuntos sexuales

      19.      Asuntos de vida familiar: entrenamiento y disciplina, diversiones, etc.

      20.      Asistencia a la iglesia y involucramiento

      21.      Expectativas matrimoniales y familiares

      22.      Asuntos ocupacionales, escolásticos, y profesionales

      23.      Tareas y responsabilidades en familia

      24.      Papeles del Esposo/de la Esposa y sus responsabilidades

En una escala de 0–10 (0=más bajo; 10= más alto) indica tu nivel de satisfacción en general con su relación ahora con cada miembro de la familia.
 


miércoles, 23 de octubre de 2013

Conozcamos qué es la amargura: Ayuda Ministerial

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
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                                    ¿QUÉ ES  LA AMARGURA?
En el griego del Nuevo Testamento, “amargura” proviene de una palabra que significa punzar. Su raíz hebrea agrega la idea de algo pesado. Finalmente, el uso en el griego clásico revela el concepto de algo fuerte. La amargura, entonces, es algo fuerte y pesado que punza hasta lo más profundo del corazón.
La amargura no tiene lugar automáticamente cuando alguien me ofende, sino que es una reacción no bíblica (es decir pecaminosa) a la ofensa o a una situación difícil y por lo general injusta. No importa si la ofensa fue intencional o no. Si el ofendido no arregla la situación con Dios, la amargura le inducirá a imaginar más ofensas de la misma persona. La amargura es una manera de responder que a la larga puede convertirse en norma de vida. Sus compañeros son la autocompasión, los sentimientos heridos, el enojo, el resentimiento, el rencor, la venganza, la envidia, la calumnia, los chismes, la paranoia, las maquinaciones vanas y el cinismo.
La amargura es resultado de sentimientos muy profundos, quizá los más profundos de la vida. La razón por la que es tan difícil de desarraigar es triple: En primer lugar, el ofendido considera que la ofensa es culpa de otra persona (y muchas veces es cierto) y razona: “El/ella debe venir a pedirme disculpas y arrepentirse ante Dios. Yo soy la víctima".
El cristiano se siente culpable cuando comete un pecado. Sin embargo, no nos sentimos culpables de pecado por habernos amargado cuando alguien peca contra nosotros, pues la percepción de ser víctima eclipsa cualquier sentimiento de culpa. Por lo tanto este pecado de amargura es muy fácil justificar.
En segundo lugar, casi nadie nos ayuda a quitar la amargura de nuestra vida. Por lo contrario, los amigos más íntimos afirman: “Tú tienes derecho… mira lo que te ha hecho", lo cual nos convence aun más de que estamos actuando correctamente.
Finalmente, si alguien cobra suficiente valor como para decirnos: “Amigo, estás amargado; eso es pecado contra Dios y debes arrepentirte", da la impresión de que al consejero le falta compasión (recuerde, que el ofendido piensa que es víctima). Me pasó recientemente en un diálogo con una mujer que nunca se ha podido recuperar de un gran mal cometido por su padre.1 Ella lleva más de 30 años cultivando una amargura que hoy ha florecido en todo un huerto. Cuando compasivamente (Gálatas 6:1) le mencioné que era hora de perdonar y olvidar lo que queda atrás (Filipenses 3:13), me acusó de no tener compasión. Peor todavía, más tarde descubrí que se quejó a otras personas, diciendo que como consejero carecía de “simpatía” y compasión.
Hasta es posible perder la amistad de la persona amargada por haberle aconsejado que quite la amargura de su vida (Efesios 4:31). El siguiente ejemplo ilustra cómo la amargura puede dividir a amigos y familiares. Florencia, una joven de 21 años, pertenece a una familia que durante años ha sufrido una contienda familiar. Ella es la única que no desea culpar a los demás ni demostrar que tiene razón sino que anhela ver reconciliación. La pelea comenzó poco después del nacimiento de Florencia, sobre lo que al principio fue algo insignificante. Veinte años más tarde, alimentada por imaginaciones vanas, rencor y paranoia, existe una gran brecha entre dos grupos de la familia. A pesar de que casi todos son cristianos, la lucha es más fuerte que nunca. Florencia, tomando en serio lo que dice la palabra de Dios sobre la amargura, con toda el alma quiere que la familia se reconcilie. Se siente impotente, sin embargo, porque está bajo la amenaza de no poder volver a casa de sus padres si pisa la propiedad de su hermana y su cuñado.
Finalmente, el lector notará una característica interesante en casi todos los ejemplos de este libro: por regla general nos amargamos con las personas más cercanas a nosotros.
III
LAS CONSECUENCIAS DE LA AMARGURA
Para motivar a una persona a cumplir con el mandamiento bíblico “despréndanse de toda amargura…” (Efesios 4:31 NVI), veamos las múltiples consecuencias (todas negativas) de este pecado.
1) El espíritu amargo impide que la persona entienda los verdaderos propósitos de Dios en determinada situación. Job no tenía la menor idea de que, por medio de su sufrimiento, el carácter de Dios estaba siendo vindicado ante Satanás. Somos muy cortos de vista.
2) El espíritu amargo contamina a otros. En uno de los pasajes más penetrantes de la Biblia, el autor de Hebreos exhorta: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (12:15). La amargura nunca se queda sola en casa; siempre busca amigos. Por eso es el pecado más contagioso. Si no la detenemos puede llegar a contaminar a toda una congregación, o a toda una familia.
Durante la celebración de la pascua, los israelitas comían hierbas amargas. Cuando un huerto era invadido por estas hierbas amargas, no se lo podía limpiar simplemente cortando la parte superior de las plantas. Cada pedazo de raíz debía extraerse por completo, ya que de cada pequeña raíz aparecerían nuevos brotes. El hecho de que las raíces no se vean no significa que no existan. Allí bajo tierra germinan, se nutren, crecen, y los brotes salen a la superficie y no en un solo lugar sino en muchos. Algunas raíces silvestres son casi imposibles de controlar si al principio uno no las corta por lo sano. El escritor de Hebreos advierte que la amargura puede quedar bajo la superficie, alimentándose y multiplicándose, pero saldrá a la luz cuando uno menos lo espera.
Aun cuando la persona ofendida y amargada enfrente su pecado de la manera prescrita por Dios,2 no necesariamente termina el problema de la contaminación. Los compañeros han tomado sobre sí la ofensa y posiblemente se irriten con su amigo cuando ya no esté amargado.
Hace poco un médico muy respetado y supuestamente cristiano había abandonado a su esposa y a sus tres hijos, yéndose con una de las enfermeras del centro médico donde trabajaba. Después de la sacudida inicial, entró en toda la familia la realización de que el hombre no iba a volver. Puesto que era una familia muy unida, se enojaron juntos, se entristecieron juntos, sufrieron juntos y planearon la venganza juntos, hasta que sucedió algo sorprendente: la esposa, Silvia, perdonó de corazón a su (ahora) ex esposo y buscó el consuelo del Señor. Ella todavía tiene momentos de tristeza y de soledad, pero por la gracia de Dios no está amargada. Sin embargo, los demás familiares siguen amargados y hasta molestos con Silvia porque ella no guarda rencor.3
3) El espíritu de amargura hace que la persona pierda perspectiva. Nótese la condición del salmista cuando estaba amargado: “… entonces era yo torpe y sin entendimiento; era como una bestia delante de ti” (Salmo 73:21, 22 BLA). La persona amargada toma decisiones filtradas por su profunda amargura. Tales decisiones no provienen de Dios y generalmente son legalistas. Cuando la amargura echa raíces y se convierte en norma de vida, la persona ve, estima, evalúa, juzga y toma decisiones según su espíritu amargo.
Nótese lo que pasó con Job. En su amargura culpó a Dios de favorecer los designios de los impios (Job 10:3). Hasta lo encontramos a aborreciéndose a sí mismo (Job 9:21; 10:1).
En el afán de buscar alivio o venganza, quien está amargado invoca los nombres de otras personas y exagera o generaliza: “…todo el mundo está de acuerdo…” o bien “nadie quiere al pastor…” Las frases “todo el mundo” y “nadie” pertenecen al léxico de la amargura.
Cuando la amargura llega a ser norma de vida para una persona, ésta por lo general se vuelve paranoica e imagina que todos están en su contra. Un pastor en Brasil me confesó que tal paranoia tomó control de su vida, y empezó a defenderse mentalmente de adversarios imaginarios.
4) El espíritu amargo se disfraza como sabiduría o discernimiento. Es notable que Santiago emplea la palabra “sabiduría” en 3:14–154 al hablar de algunas de las actitudes más carnales de la Biblia. La amargura bien puede atraer a muchos seguidores. ¡Quién no desea escuchar un chisme candente acerca de otra persona!5 La causa que presentó Coré pareció justa a los oyentes, tanto que 250 príncipes renombrados de la congregación fueron engañados por sus palabras persuasivas.6 A pesar de que la Biblia aclara que el corazón de Coré estaba lleno de celos amargos, ni los más preparados lo notaron.
5) El espíritu amargo da lugar al diablo (Efesios 4:26). Una persona que se acuesta herida, se levanta enojada; se acuesta enojada, y se levanta resentida; se acuesta resentida, y se levanta amargada. El diablo está buscando a quien devorar (1ª Pedro 5:8). Pablo nos exhorta a perdonar “…para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11). Satanás emplea cualquier circunstancia para dividir el cuerpo de Cristo.7
6) El espíritu amargo puede causar problemas físicos. La amargura está ligada al resentimiento, término que porviene de dos palabras que significan “decir de nuevo". Cuando uno tiene un profundo resentimiento, no duerme bien o se despierta varias veces durante la noche, y vez tras vez en su mente repite la herida como una grabadora. Es un círculo vicioso de no dormir bien, no sentirse bien al siguiente día, no encontrar solución para el espíritu de amargura, no dormir bien, ir al médico, tomar pastillas, etc. Algunas personas terminan sufriendo una gran depresión; otros acaban con úlceras u otras enfermedades.
7) El espíritu amargo hace que algunos dejen de alcanzar la gracia de Dios (Hebreos 12:15). En el contexto de Hebreos, los lectores estaban a punto de volver al legalismo y a no valerse de la gracia de Dios para su salvación. La persona amargada sigue la misma ruta porque la amargura implica vivir con recursos propios y no con la gracia de Dios. Tan fuerte es el deseo de vengarse que no permite que Dios, por su maravillosa gracia, obre en la situación.
IV
UN EXAMEN
"El corazón conoce la amargura de su alma"
(Proverbios 14:10).
Antes de exponer el antídoto bíblico para la amargura, tomemos un examen para averiguar si ha brotado raíz de amargura en la vida. Recomiendo que, en oración, el lector medite sobre cada pregunta.
1) ¿Existe una situación en su vida que aparece frecuentemente en la mente o le despierta durante la noche?
2) ¿Está maquinando maneras de vengarse si tan sólo tuviera oportunidad de hacerlo? Varias personas me han dicho que estas maquinaciones son, precisamente, lo que les privan del sueño.
3) ¿Recuerda hasta los más ínfimos detalles de un evento que sucedió hace tiempo? La amargura tiene una memoria de elefante, y recuerda hasta los detalles más oscuros de un incidente. Tiempo atrás dos vecinas nuestras, cristianas, tuvieron una fuerte riña en plena calle. Fue sorprendente que una de las contrincantes, sin sacar apuntes pero con lujo de detalles, nombró cada vez que su vecina le había pedido prestado algo durante los últimos cinco años. Después de haber sembrado resentimiento, éste brotó en amargura cuando se presentó el ambiente apropiado.
¿Por qué recordamos ese tipo de detalles con tanta facilidad? En primer lugar, porque tal como mencionamos en la sección I siempre recordamos las heridas y las ofensas. Pero la razón principal es que repasamos y repasamos los detalles.
Cuando yo era estudiante en la secundaria, un maestro nos enseñó cuál era, según él, la mejor manera de recordar el material del curso: repasar, repetir y repasar. ¡Si pudiéramos recordar los buenos momentos o aun los pasajes de la Biblia tanto como recordamos las ofensas!
4) ¿Se siente ofendido y, debido a que usted estima es víctima, está justificando el resentimiento? Aquí la frase clave es “pero yo tengo razón". No hay situación más difícil de solucionar que cuando la persona ofendida tiene razón.
Carlos, un brillante y joven empresario, ascendió rápidamente en la empresa y a los 36 años llegó a ser vicepresidente con miras a llegar aun más arriba. Aunque el mismo director y fundador de la organización lo había empleado, llegó a sentir que Carlos era una amenaza y buscó motivos para despedirlo. Este, un creyente en Cristo, ignoraba el complot que se gestaba en la oficina a sólo cinco metros de la suya. Finalmente, un viernes por la tarde el director comunicó a Carlos en palabras terminantes que no tenía que volver a trabajar el lunes. Cuando preguntó por qué, el director, también cristiano, presentó una serie de mentiras y medias verdades.
Carlos encontró otro empleo pero sigue amargado. Envenenó de amargura a su esposa (que, por supuesto, tomó sobre sí la ofensa y está más amargada que él) y a sus mejores amigos.
Ahora bien, Carlos tenía toda la razón. Cada vez que escucho la historia yo mismo me enojo, porque era y sigue siendo injusto.8 Admito que es difícil quitar la amargura de la vida de quien fue ofendido, herido, pisoteado, marginado, pasado por alto, o algo similar. Es difícil porque esa persona es víctima. Sin embargo, la Santa Palabra de Dios interviene con el mandamiento “quítense de vosotros toda amargura…” (Efesios 4:31).9
5) ¿Hay explosiones desmedidas en cuanto a incidentes que de otra manera tendrían menor importancia? Sucede a menudo en la vida matrimonial cuando uno de los cónyuges por algún motivo está amargado. Tal amargura se entremete en todas las contiendas con el cónyuge, y es como un volcán esperando el momento de erupción. Súbitamente y sin previo aviso, comienza a salir todo tipo de veneno antes escondido bajo la superficie. El cónyuge se sorprende por la reacción violenta y se pregunta cuál es la razón.10
6) ¿Le sucede que al leer la Biblia casi inconscientemente aplica la Escritura a otros en vez de a sí mismo? Muchas personas amargadas hallan en la Biblia enseñanzas que aplican a otros (en forma especial al ofensor).
Una de las pruebas de que yo me libré de la amargura fue que al leer el libro de Proverbios me encontré aplicando sus enseñanzas a mi propia vida en vez de a la vida de otros involucrados en el incidente en la iglesia.
7) Por lo general ¿usa usted expresiones que incluyen “ellos” o “todo el mundo” para apoyar sus argumentos? Durante el problema que experimentamos en nuestra iglesia entró en combate uno de los amigos más íntimos de la amargura: el chisme. La persona amargada piensa que tiene razón (y probablemente sea cierto), busca a otros, comparte su experiencia, fundamenta su actitud con exageraciones y generalizaciones refiriéndose a “todo el mundo". Para poder enterrar el problema en nuestra congregación, entre otras cosas tuvimos que disciplinar a una dama que cayó en el pecado de ser chismosa.
Enfrentada con los pecados de la amargura y el chisme, se justificó diciendo que “tenía razón", y junto con su esposo se fueron de la iglesia ofendidos.11
8) Cuando se refiere a su iglesia local, ¿habla de “ellos” o de “nosotros"? La persona amargada empieza a distanciarse de la congregación, cuando dice “ellos” al referirse a otros miembros de la iglesia.
V
MANERAS NO BIBLICAS DE TRATAR CON LA AMARGURA
"Quítense de vosotros toda amargura…"
(Efesios 4:31).
La amargura es uno de los pecados más comunes no solamente en el mundo sino también entre el pueblo cristiano evangélico. Casi todos hemos sido ofendidos, y una u otra vez hemos llegado al punto de la amargura. Muchos no han podido superar una ofensa y han dejado crecer una raíz de amargura en su corazón. Debido a que es difícil (si no imposible) vivir amargado y en paz, el hombre maquina maneras para tratar de resolver su problema de amargura y así menguar el dolor, pero sin embargo la amargura queda intacta. Para poder extirpar de manera bíblica la amargura del corazón, es imperioso comprender y desenmascarar las varias formas mundanas de “solucionar” el problema, para que no quede otra alternativa que la bíblica.
1. Vengarse. La manera no bíblica más común es tomar venganza. Hace poco escuché una entrevista con un escritor de novelas policiales, quien comentó que sólo existen tres motivos para asesinar a una persona: amor, dinero, y venganza. En un país centroamericano asolado por la guerrilla, me comentaron que muchos se aprovechan de tales tiempos para vengarse y echar la culpa a los guerrilleros. Con razón Pablo exhorta: “…no os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19).
A pesar de las circunstancias, la Biblia sostiene que jamás es voluntad de Dios que nos venguemos nosotros mismos.
Julia y Roberto son hermanos; ambos están casados y tienen 4 y 3 hijos respectivamente. Cuando vivían en la casa paterna sufrían con un padre borracho y perverso. No sólo los trató con violencia y con las palabras más degradantes, sino que también se aprovechó sexualmente de sus hijos. Pasaron los años y Roberto –ya adulto, herido, con muchos malos recuerdos y profundamente amargado– odia a su padre. ¿Quién lo puede culpar por sentirse profundamente herido? Otra vez podemos decir que “tiene razón". No es cuestión de minimizar el pecado de la otra persona ni el daño o la herida, sino es cuestión de qué hacer ahora, y magnificar la gracia de Dios.
Buscando alivio, Roberto, acudió a un psicólogo no cristiano que le ayudó a descubrir la profundidad de su odio y amargura, y sugirió como solución la venganza. Durante los últimos años Roberto ha estado llevando a cabo el dictamen. Principió con llamadas telefónicas insultando a su padre con las mismas palabras degradantes que éste había empleado. Cuando las llamadas dejaron de tener el efecto deseado, empezó a sembrar veneno en su hermana Julia y los demás familiares para que hicieran lo mismo. No es de extrañar que cada reunión familiar termine en un espectáculo como la lucha libre. Hoy día Roberto es un hombre amargado y cada día más infeliz.
Por su parte Julia –adulta y también herida, y con muchos malos recuerdos pero sin amargura– ama a su padre. Es cristiana, esposa de un pastor, y optó por perdonar a su padre e intentar ganarlo para Cristo. Dos personas de la misma familia y que experimentaron las mismas circunstancias, eligieron dos caminos distintos: uno la venganza y la otra el perdón.
Cuando intento vengarme por mi propia cuenta…
a) Me pongo en el lugar de Dios. De acuerdo a la Biblia la venganza pertenece a Dios.12 Entonces, la venganza es el pecado de usurpar un derecho que sólo le pertenece a El. Querer vengarnos por nosotros mismos es asumir una actitud de orgullo, el mismo pecado que causó la caída de Lucero (Isaías 14:13, 14). Por lo tanto, al tratar de vengarnos (aunque tan sólo en nuestra mente), estamos pisando terreno peligroso.
Por otra parte, la ira de Dios siempre es ira santa. Dios no obrará hasta tanto yo deje la situación en sus manos. No puedo esperar de mi parte la solución que solamente el Dios soberano puede llevar a cabo.
b) La venganza siempre complica la situación. Mi propia venganza provoca más problemas, más enojo, envenena a otros y deja mi conciencia contaminada.
c) Sobre todo, tomar venganza por nuestros medios es un pecado contra el Dios santo. Es una gran lección ver como el apóstol Pablo dejó lugar a la ira de Dios cuando dijo: “Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos” (2 Timoteo 4:14).
2. Minimizar el pecado de la amargura. Minimizo un pecado cuando por algún motivo puedo justificarlo. Existen, por lo menos, tres maneras de minimizar el pecado de la amargura:
a) Llamarlo por otro nombre, alegando que es una debilidad, una enfermedad o desequilibrio químico, enojo santo, o sencillamente afirmando que “todo el mundo lo está haciendo". Hay quienes dicen ser muy sensibles y como resultado están resentidos pero no amargados. ¡Cuidado! Existe una relación muy íntima entre los sentimientos heridos y la amargura.13
b) Disculparse por las circunstancias y así justificar la amargura. “En estas circunstancias Dios no me condenaría por guardar rencor en mi corazón.” Básicamente, lo que estamos diciendo es que hay ocasiones cuando los recursos espirituales no sirven, y nos vemos obligados a pecar. Juan dice a tales personas: “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a El mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1ª Juan 1:10).
c) Culpar al otro. Esta es, sin duda, la manera más frecuente de eludir la responsabilidad bíblica de admitir que la amargura es pecado.14 Cuando de amargura se trata, el ser humano generalmente culpa a la persona que le ofendió. En casos extremos algunos se resienten contra Dios. “No sé porque Dios me hizo así…” “¿Dónde estaba Dios cuando me sucedió esto?"15
3. Desahogarse. Ultimamente se ha popularizado la idea de que “desahogarse” sanará la herida. Ahora bien, es cierto que desahogarse tal vez ayuda a que la persona sobrellevar el peso que lleva encima (Gálatas 6:2). Sin embargo, es factible que (a) termine esparciendo la amargura y como resultado contamine a muchos; (b) le lleve a minimizar el pecado de la amargura porque la persona en quien se descarga contesta: “Tú tienes derecho"; (c) no considere la amargura como pecado contra Dios.
4. Una disculpa de parte del ofensor. Muchos piensan que el asunto termina cuando el ofensor pide disculpas a la persona ofendida. De acuerdo a la Biblia efectivamente esto forma parte de la solución porque trae reconciliación entre dos personas (Mateo 5:23–25).16 Sin embargo, falta reconocer que la amargura es un pecado contra Dios. Sólo la sangre de Cristo, no una disculpa, limpia de pecado (1ª Juan 1:7). La solución radica tanto en la relación horizontal (con otro ser humano) como en la vertical (con Dios).
5. Perdonar a Dios. Después de presentar estos principios en una iglesia, de dos fuentes diferentes escuché que la solución para la amargura era “perdonar a Dios". Cuando una persona no está conforme con su apariencia física o con un suceso que dejó cicatrices emocionales o físicas en su vida, se le aconseja que perdone a Dios por haber permitido que sucediera.
En Rut 1:13 Noemí estaba amargada contra Dios y hasta explicó a sus dos nueras que tenía derecho a estar más amargada que ellas porque se habían muerto su esposo y sus dos hijos. Es la clase de situación donde hoy día se aconsejaría perdonar a Dios por haberlo permitido.
Estoy convencido de que hablar de “perdonar a Dios” es blasfemia. Dios es bueno (Salmo 103); Dios es amor (1ª Juan 4:8); Dios está lleno de bondad (Marcos 10:18); Dios es esperanza (Romanos 15:13); Dios es santo (Isaías 6:3); Dios es perfecto (Deuteronomio 32:4; Hebreos 6:18). Jamás habrá necesidad de perdonarlo.
Este concepto de perdonar a Dios es uno de los intentos del ser humano de crear a Dios a imagen del hombre. Demuestra una total ignorancia e incomprensión de que Dios en su amor tiene múltiples propósitos y lleva a cabo tales propósitos por medio de las experiencias que atravesamos. ¡Sí pudiéramos aprender la realidad: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2ª Corintios 12:9)!
VI
LA SOLUCION DIVINA PARA LA AMARGURA
Hace tiempo una mujer de 43 años vino a consultarnos. Hacía 23 años que estaba en tratamiento médico y siquiátrico por su depresión. Era una triste historia que cada vez escuchamos con más frecuencia. El padre de esta mujer se había aprovechado de ella desde los 5 hasta los 14 años de edad. Tiempo después ella recibió al Señor como Salvador de su vida, lo cual trajo alivio al comienzo, pero meses después volvió a caer en un estado depresivo. Vino a verme como un último recurso. "Desempacamos” el problema y descubrimos varios asuntos que solucionar, entre ellos como era lógico, un profundo resentimiento hacia su padre.
¿Cuál fue la ayuda para esta pobre mujer y para los miles que cuentan con experiencias similares?
Si hasta el momento usted no ha tenido que luchar con la amargura, tarde o temprano le acontecerá algo que lo enfrentará cara a cara con la tentación de guardar rencor, de vengarse, de pasar chismes, de formar alianzas, de justificar su actitud porque tiene razón, etc. Como cristianos hemos de estar preparados espiritualmente. ¿Cómo hacerlo?
Establecer la santidad como meta en su vida. Como en todos los casos de pecado, más vale prevenir que tener que tratar con las consecuencias devastadoras que el pecado siempre deja como herencia. El escritor de Hebreos, dentro del contexto de la raíz de amargura, exhorta: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (12:14). La mejor manera de prevenir la amargura es seguir o buscar la paz y la santidad; asumir un compromiso con Dios para ser santo (puro) pase lo que pasare. Cuando sobrevienen situaciones que lastiman nuestros sentimientos, producen rencor y demás actitudes que forman el círculo íntimo de la amargura, debemos decir: “He hecho un pacto con Dios a fin de ser santo, como El es Santo. A pesar de que la otra persona tenga la culpa, entregaré la situación en manos de Dios, perdonaré al ofensor y buscaré la paz."
Nótese la diferencia entre la actitud de David y su ejército cuando volvieron de una batalla (1 Samuel 30). Encontraron la ciudad asolada y sus familias llevadas cautivas. En vez buscar el consuelo de Dios y por ende Su sabiduría, el pueblo se amargó y propuso apedrear a David. En contraste, la Biblia explica que "David se fortaleció en Jehová su Dios” (v. 6). En ningún momento es mi intención minimizar el daño causado por una ofensa o por el ultraje que experimentó David y su gente, sino que mi deseo es magnificar la gracia de Dios para consolar y ayudar a perdonar.
Consideremos ahora qué hacer cuando estamos amargados.
1) Ver la amargura como pecado contra Dios. En las próximas páginas explicaremos la importancia de perdonar al ofensor. Sin embargo, si yo estimara la amargura solamente como algo personal contra la persona que me engañó, me lastimó, me perjudicó con chismes o lo que fuere, sería fácil justificar mi rencor alegando que tengo razón pues el otro me hizo daño. Como ya mencionamos,es posible que no hay nada tan difícil de solucionar que la situación de la persona amargada que tiene razón para estarlo.
Cuando tengo amargura en mi corazón, con David tengo que confesar a Dios: “Contra ti, contra ti solo he pecado” (Salmo 51:4). En el momento en que percibo que (a pesar de las circunstancias) la amargura es un pecado contra Dios, debo confesarlo17 y la sangre de Cristo me lavará de todo pecado.18 Pablo instruye: “Quítense de vosotros toda amargura". La Biblia no otorga a nadie el derecho de amargarse.
Volvamos al Antiguo Testamento para entender el contexto de la raíz de amargura en Deuteronomio 29:18, donde el pecado principal es la idolatría. Eso es precisamente lo que pasa en el caso de la amargura. En vez de postrarse ante el Dios de la Biblia, buscando la solución divina, uno se postra ante sus propios recursos y su propia venganza. El ídolo es el propio “yo".
2) Perdonar al ofensor. En el mismo contexto donde Pablo nos exhorta a librarnos de toda amargura, nos explica cómo hacerlo: “…perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31–32).19
En junio de 1972, por vez primera en mi vida tuve que enfrentarme con la amargura. Dos ladrones entraron en la oficina de mi padre y lo mataron a sangre fría, robando menos de 50 dólares. Ni siquiera tuve el consuelo de poder decir, “Bueno, papá está con el Señor", porque a pesar de ser una excelente persona, mi padre no tenía tiempo para Dios. ¿Cuáles eran mi opciones? ¿Hundirme en la amargura? ¿Buscar venganza? ¿Culpar a Dios? No, tenía un compromiso bíblico con Dios de buscar la santidad en todo. La respuesta inmediata era perdonar a los criminales y dejar la situación en manos de Dios y las autoridades civiles.
¿Tristeza? Sí. ¿Lágrimas? Muchas. ¿Dificultades después? En cantidad. ¿Consecuencias? Por supuesto. ¿Fue injusto? Indiscutiblemente. ¿Hubo otras personas amargadas? Toda mi familia. ¿Viví o vivo con raíz de amargura en mi corazón? Por la gracia de Dios, no.
a) El perdón trae beneficios porque quita el resentimiento. Uno de los muchos beneficios de no guardar rencor es poder tomar decisiones con cordura.
b) El perdón no es tolerar a la persona ni al pecado; no es fingir que la maldad no existe ni es intentar pasarla por alto. Tolerar es “consentir, aguantar, no prohibir” y lejos está de ser el perdón bíblico. Permitir es pasivo mientras perdonar es activo. Cuando la Biblia habla de perdón, en el griego original hallamos que esta palabra literalmente significa “mandarlo afuera". Activamente estoy enviando el rencor “afuera", es decir estoy poniendo toda mi ansiedad sobre Dios (1ª Pedro 5:7).
c) El perdón no es simplemente olvidar, ya que eso es prácticamente imposible. El resentimiento tiene una memoria como una grabadora, y aún mejor porque la grabadora repite lo que fue dicho, mientras que el resentimiento hace que con cada vuelta la pista se vuelva más profunda. La única manera de apagar la grabadora es perdonar.
Después de una conferencia, una dama me preguntó: “Si el incidente vuelve a mi mente una y otra vez, ¿quiere decir que no he perdonado?” Mi respuesta tomaba en cuenta tres factores:
(1) Es posible que ella tuviera razón. Recordamos que “engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso…” (Jeremías 17:9). El ser humano haría cualquier cosa para mitigar la vergüenza, y es lógico que permanezcan los fuertes sentimientos negativos asociados con una ofensa. Volvamos al caso de la mujer que durante 23 años había estado en tratamiento siquiátrico a causa del abuso de su padre. Después de aclarar lo que no es el perdón, y luego de hablar sobre los beneficios que el perdón produciría, le expliqué que de acuerdo a Marcos 11:2520 ella tenía que perdonar a su padre. Su respuesta inmediata fue: “Ya lo he hecho.” Pero era obvio que estaba llena de amargura y rencor. Mi siguiente pregunta fue: “¿Cuándo y cómo lo hizo?” Su contestación ilustra otra manera en que el ser humano evita asumir responsabilidad ante el Señor. Me dijo: “Muchas veces he pedido al Señor Jesús que perdonara a mi padre.” Es posible que la mujer aún no entendiera lo que Dios esperaba con respecto al perdón. O tal vez fuera su manera de no cumplir con una tarea difícil. Con paciencia volví a explicarle las cosas, y finalmente ella inclinó la cabeza y empezó a orar. Pronto vi lágrimas en sus ojos, y de corazón perdonó a su padre. Al día siguiente regresó para una consulta y se la veía con esperanza, con alivio y como una nueva persona.
(2) Hay quienes desean que recordemos incidentes dolorosos del pasado. En primer lugar está Satanás, que trabaja día y noche para dividir a los hermanos en Cristo (Apocalipsis 12:10; 1ª Timoteo 5:14). En segundo lugar, la vieja naturaleza saca a relucir el pasado. Los mexicanos emplean la frase “la cruda” al referirse a los efectos de la borrachera al día siguiente.21 En cierto modo es posible tener una “cruda espiritual” que precisa tiempo hasta no molestar más. Me refiero a ciertos hábitos, maneras de pensar que son difíciles de romper. Si uno en verdad ha perdonado, cada vez que el incidente viene a la memoria, en forma inmediata hay que recordar a Satanás y recordarse a sí mismo que la cuestión está en las manos de Dios y es un asunto terminado que sólo forma parte del recuerdo.
(3) Finalmente existe otra persona o grupo que no quiere que usted olvide el incidente: Aquellos que fueron contagiados por su amargura, aquellos a quienes usted mismo infectó y como resultado tomaron sobre sí la ofensa. Por lo general para ellos es más difícil perdonar porque recibieron la ofensa indirectamente. Por lo tanto, no se sorprenda cuando sus amigos a quienes usted contagió de amargura, se enojan con usted cuando, por la gracia de Dios, ha perdonado al ofensor y está libre de dicha amargura.
d) El perdón no absuelve al ofensor de la pena correspondiente a su pecado. El castigo está en las manos de Dios, o quizá de la ley humana. El salmista nos asegura: “El Señor hace justicia, y juicio a favor de todos los oprimidos” (Salmo 103:6 BLA).
Presenté estos principios por primera vez en una iglesia donde no solamente varios de los feligreses estaban resentidos, sino también el mismo pastor. Después del sermón el pastor dividió a su pequeña congregación en grupos de 5 ó 6 personas para dialogar sobre el tema. Me tocó estar en un grupo que incluía a una pareja y su hijo adolescente. En forma inmediata noté la total falta del gozo del Señor en aquella familia. Durante los 20 minutos que tuvimos para compartir me preguntaron cómo era posible quitar la amargura del corazón por un gran mal que alguien había cometido. El hijo mayor había entrado en el mundo de la droga a pesar de que sus padres eran cristianos. Un día no tuvo suficiente dinero para pagar por su dosis regular, y el proveedor lo mató. Desde aquel momento la amargura había estado carcomiendo a toda la familia, y alegaban que era imposible perdonar. Ellos creían que perdonar significaba absolver a los asesinos del crimen que habían perpetrado.
e) El perdón tampoco es un recibo que se da después que el ofensor haya pagado. Si no perdonamos hasta tanto la otra persona lo merezca, estamos guardando rencor.
f) El perdón no necesariamente tiene que ser un hecho conocido al ofensor. En muchos casos el ofensor ha muerto, pero el rencor continúa en el corazón de la persona herida. Recuerdo el caso de una señora que con lágrimas admitió que su esposo había desaparecido con otra mujer de la iglesia. Durante la conversación me confesó: “Lo he perdonado. Hay y habrá muchas lágrimas, dolor y tristeza, pero me rehúso terminantemente a llegar al fin de mi vida como una vieja amargada.” El hombre consiguió el divorcio y se casó legalmente con la otra mujer. Por su parte, esta señora vive con su tres muchachos y sirve a Dios de todo corazón; sus hijos aman al Señor y oran para que su padre un día regrese al camino de Dios. Tener que perdonar un gran mal mientras el ofensor no lo merezca, representa una excelente oportunidad para entender mejor cómo Cristo pudo perdonarnos a nosotros (Romanos 5:8; Efesios 4:32).
g) El perdón debe ser inmediato. Una vez me picó una araña durante la noche. Tuve una reacción alérgica que duró casi medio año. Ahora bien, si hubiera podido sacar el veneno antes de que se extendiera por el cuerpo, hubiera quedado una pequeña cicatriz pero no habría habido una reacción tan aguda. Algo semejante sucede con el perdón. Hay que perdonar inmediatamente antes de que “la picadura empiece a hincharse.”
h) El perdón debe ser continuo. La Biblia indica que debemos perdonar continuamente (Mateo 18:22). Perdonar hasta que se convierta en una norma de vida. Uno de los casos más difíciles es cuando la ofensa es continua como en el caso de esposo/esposa,22 patrón/empleado, padre/hijo, etc. Es entonces cuando el consejo del Señor a Pedro (perdonar 70 veces 7) es aun más aplicable.
i) El perdón debe marcar un punto final. Perdonar significa olvidar. No hablo de amnesia espiritual sino de sanar la herida. Es probable que la persona recuerde el asunto, que alguien le haga recordar o que Satanás venga con sus mañas trayéndolo a la memoria. Pero una vez que se ha perdonado es posible olvidar.
Perdonar es la única manera de arreglar el pasado. No podemos alterar los hechos ni cambiar lo ya ocurrido, pero podemos olvidar porque el verdadero perdón ofrece esa posibilidad. Una vez que hay perdón, olvidar significa:
1) Rehusarse a sacar a relucir el incidente ante las otras partes involucradas.
2) Rehusarse a sacar a relucirlo ante cualquier otra persona.
3) Rehusarse a sacar a relucirlo ante uno mismo.
4) Rehusarse a usar el incidente en contra de la otra persona.
5) Recordar que el olvido es un acto de la voluntad humana movida por el Espíritu Santo.
6) Sustituir con otra cosa el recuerdo del pasado, pues de lo contrario no será posible olvidar. Pablo nos explica una manera de hacerlo: “Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:20, 21). Jesús amplía el concepto: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44).
j) El perdón también significa velar por los demás. Al finalizar su libro y bajo la inspiración del Espíritu Santo, el escritor de Hebreos exhorta a todos los creyentes a que seamos guardianes de nuestros hermanos. El versículo que advierte sobre la raíz de amargura comienza con: “Mirad bien”.23 En el griego original es la palabra episkopeo, de donde procede el término obispo o sobreveedor. Esto implica que en el momento en que uno detecta que se ha sembrado semilla de amargura en el corazón de un hermano en Cristo, la responsabilidad es ir con espíritu de mansedumbre,24 y hacer todo lo posible para desarraigarla antes que germine.
Se requiere un compromiso profundo con Dios a fin de no caer en la trampa de la amargura. Cristo mismo nos dará los recursos para vivir libres del “pecado más contagioso”.
1 La palabra “recuperar” no es la más adecuada porque da la impresión de que con el tiempo la amargura se soluciona por sí sola. Dejar pasar el tiempo jamás puede solucionar el problema del pecado. Sólo la sangre de Cristo limpia de pecado (1ª Juan 1:7).
2 Ver sección VI.
3 Se puede entender (no justificar) la actitud de los familiares porque ellos querían castigar al esposo de Silvia. Hay una gran diferencia entre consolar, proteger, ayudar, simpatizar y tomar sobre sí la ofensa. Proverbios 26:17 explica lo que pasa cuando se acepta como propia la ofensa de otro: “El que pasando se deja llevar de la ira en pleito ajeno es como el que toma al perro por las orejas”. El perro se vuelve enemigo si uno lo toma por las orejas; haría cualquier cosa para que la persona lo suelte. Cuando tomo sobre mí la ofensa de otro me vuelvo chismoso (porque la propago), juez (porque juzgo y condeno al ofensor), y dejo entrar amargura en mi corazón.
4 “…pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica” ––por más intelectual que parezca.
5 Proverbios 18:8; 26:20; 26:21
6 Números 16; Judas 11. Nótese que Coré invocó a “toda la congregación”, alegando que no solamente la mayoría sino también Dios estaba de su lado.
7 2ª Corintios 11:14.
8 La historia de Carlos nos recuerda la de David y Saúl. David empezó a representar una amenaza para su comandante cuando éste escuchó “…Saúl hirió a sus miles y David a sus diez miles… y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David” (1 Samuel 18:7, 9). La situación era cada vez peor: “…más Saúl estaba temeroso de David” (v. 12); “…y viendo Saúl que se portaba [David] tan prudentemente, tenía temor de él” (v. 15); “…tuvo más temor de David; y fue Saúl enemigo de David todos los días” (v. 29). La gran diferencia entre David y Carlos es que David no se amargó; incluso siguió honrando a Saúl por ser rey de Israel. La historia de David nos ofrece una verdadera riqueza de ejemplos (la mayoría positivos) para mostrar que basta la gracia de Dios, y que la amargura ni es inevitable ni es una opción para el creyente.
9 Distingamos entre enojo y amargura. Es cierto que el enojo pertenece al léxico de la amargura y es un factor contribuyente, pero el enojo también puede jugar un papel positivo en la vida del creyente. Existe el enojo santo y el enojo pecaminoso. El enojo no necesariamente es pecado (Efesios 4:26). Aun Cristo se enojaba (Marcos 3:5). El enojo santo debe estimular al creyente a la acción. ¡Pero acción bíblica! De lo contrario, aun cuando el enojo es justificado, a la larga se convierte en resentimiento y amargura, que sí son pecados.
10 La amargura es común entre esposos. Por tal motivo, tanto en consejos prematrimoniales y matrimoniales como también en seminarios, enseñamos el principio de "resolver hoy los problemas de hoy" (Efesios 4:26), no dejando pendiente nada que podría convertirse en resentimiento y amargura.
11 Mirando retrospectivamente y considerando que el chisme y la amargura van de la mano, debiéramos haber tratado con este pecado al principio. La Biblia dice “sin leña se apaga el fuego y donde no hay chismoso cesa la contienda” (Proverbos 26:20). Por eso Pablo instruye a Tito: “…al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación, deséchalo…” (3:10).
12 Romanos 12:19; Deuteronomio 32:35; Hebreos 10:30.
13 Existe la misma relación entre la amargura y el enojo, y una relación similar entre el enojo y el asesinato (Mateo 5:21–22).
14 Es lógico que ocurra porque la primera pareja principió esta práctica de culpar a otro. Eva echó la culpa de su pecado a la serpiente (Génesis 3:13), y Adán culpó a Dios (Génesis 3:12). Proverbios 19:3 afirma: "La insensatez del hombre tuerce su camino y luego contra Jehová se irrita su corazón."
15 Véase punto 5 – Perdonar a Dios.
16 No recomendamos que una persona pida “disculpas” sino que pida “perdón”.
17 1ª Juan 1:9; Salmo 32:1–5; 51; Proverbios 28:13.
18 1ª Juan 1:7.
19 Ver también Proverbios 17:9; 19:11; Mateo 18:21–22; Lucas 17:4; Colosenses 3:13; 1ª Pedro 4:8.
20 “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.”
21 En partes de Centroamérica se llama “la goma”.
22 En mi libro Mi esposo no es cristiano, ¿Qué hago? expongo ideas de cómo actuar, y qué camino seguir en una situación así.
23 “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (12:15).
24 Gálatas 6:1.

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