jueves, 9 de febrero de 2012

La Educación Teologica en la Iglesia local: Una necesidad urgente ante un monopolio satánico denominacionales

biblias y miles de comentarios
 
Tipo de Archivo: PDF |  Idioma: Spanish | Categoría: Capacitación Ministerial
Información
  Motivación
Este estudio nace como una alternativa para satisfacer dos tipos de necesidades percibidas en la educación dentro de la iglesia. La primera es la necesidad de renovar el método utilizado en la educación cristiana. A través de la experiencia obtenida a partir de la pastoría propia y de la investigación realizada sobre la experiencia de otros ministros, hemos reconocido la necesidad de una mayor preparación teológica para los miembros de la iglesia. Este reconocimiento nos ha llevado a plantear un método alternativo al de educación bíblica dominical, éste es, la educación teológica dominical. Si por educación bíblica dominical entendemos la enseñanza de lecciones bíblicas para la aplicación de éstas en la vida cotidiana, en el caso de la enseñanza teológica dominical pensamos en la utilización de un cuerpo de materias para la vida cristiana integral, reforzando el fundamento bíblico y doctrinal. Esto implica una diferencia en la filosofía educativa en la iglesia cristiana. No se trata de enseñar para que la persona ponga en práctica lo que está recibiendo como enseñanza, sino para que ésta ponga en práctica lo que está recibiendo como mensaje para acciones y determine bajo la dirección e iluminación del Espíritu Santo y las Escrituras, lo que está inter-aprendiendo con sus hermanos en la comunidad cristiana.
La segunda es la necesidad de mantener el fundamento bíblico para la renovación en el Espirítu. Cualquier intento de operar educativamente en la iglesia siempre se ha encontrado con un dilema: aceptar los conocimientos que la ciencia humana está proveyendo, y entonces dar la impresión de quedar reducida a los elementos que ésta le propone; o desecharlos, y seguir intuitivamente su curso, con el riesgo de ser llamada retrógada o fanática. Desde nuestro punto de vista, la utilización adecuada de la Biblia corrige sabiamente este dilema, pues podemos usar los recursos de la ciencia y técnica actual, sin llegar a la idolatría, siempre y cuando mantengamos a las Escrituras como la autoridad primera y suprema de la verdad.
Su relación con la Escuela Dominical
En 1780 sugió la Escuela Dominical en Gloucester, Inglaterra; su fundador fue Robert Raike. Inicialmente, fue diseñada para enseñar a leer y a escribir a niños de condición socio-económica deplorable que tenían problemas de analfabetismo. Es decir, la enseñanza religiosa ocurría en manera paralela a su objetivo primario, la enseñanza de lectura y escritura. Sin embargo, este movimiento encontró muchas resistencias, incluso persecusiones. En los últimos años del siglo 18 y en las primeras décadas del 19, la Escuela Dominical se asentó en la forma como la conocemos hoy. En 1857, Los Bautistas del Sur de los Estados Unidos la incorporaron oficialmente en su programa eclesiástico. En 1872, luego de la Quinta Convención de Escuelas Dominicales realizada en los Estados Unidos, es consolidada de manera internacional.
En términos generales, se considera a la Escuela Dominical como la agencia de la iglesia que se reune regularmente para servir a personas de todas las edades y cumplir cinco funciones principales: enseñanza de la Biblia, comunión entre los participantes, promoción de la iglesia, entrenamiento de los miembros, y evangelismo. El instituto teológico dominical, tal como se propone aquí, no busca suprimir a la Escuela Dominical, sino modificar el currículo de enseñanza dominical de la iglesia de modo que se alcance una mejor formación del miembro de la iglesia local. Según se propone, el instituto teológico dominical deberá funcionar en interrelación con la Escuela Dominical.
Adoptamos el siguiente concepto de currículo (o curriculum): el conjunto de actividades que constituyen los elementos que permitirán el cumplimiento de los objetivos que la iglesia se ha propuesto en la formación de sus miembros.
A quiénes va dirigido este manual
Este manual va dirigido principalmente a grupos de cristianos que comparten dos intereses básicos: el crecimiento integral de la iglesia y el aprovechamiento de los recursos educativos teológicos para que este desarrollo se lleve a cabo eficientemente. Entre éstos se encuentran, al menos, cuatro clases de personas: pastores; líderes y miembros interesados de la iglesia local; líderes de organizaciones denominacionales; y profesores y estudiantes en el campo de la educación teológica en la iglesia.
Los pastores de iglesias locales son registrados en primer lugar, debido a su responsabilidad sobre el rebaño (Hebreos 13:17). De la manera como están organizadas la mayoría de nuestras iglesias, da la impresión de quienes primero estarán interesados en el mejoramiento de la educación cristiana de la iglesia deben ser los pastores. En segundo lugar, son registrados los líderes y miembros interesados de iglesias locales, porque estas personas constituyen el grupo de centinelas en toda iglesia que busca siempre con pasión santa el mejoramiento de todas las instancias de ésta. Además, ellos constituyen el crisol de la recepción y desarrollo de vida de la iglesia. En tercer lugar, los líderes de organizaciones, tales como denominaciones o Asambleas de iglesias, porque son responsables, entre otras cosas, de la política administrativa de las iglesias. Además, en muchos casos, la implantación oficial de este programa en la congregación local requerirá su endoso, sino su aprovación. Finalmente, los profesores y estudiantes en el campo de la educación cristiana, ya que constituyen el espacio donde la iglesia universal fragua su edificación educativa en el Espíritu. La importancia de este grupo es tal que, solamente para ilustrarlo, basta mencionar el lugar que ocupa la Educación Cristiana es el currículo de los institutos y seminarios teológicos alrededor del mundo.
Características del manual
En términos de su utilidad, el presente texto busca facilitar la articulación de un nuevo sistema de educación teológica para la iglesia local, con las siguientes características:
1)     La iglesia no va al instituto teológico, el instituto teológico va a la iglesia.
2)     La iglesia no delega un grupo especial para que sea preparado teológicamente, toda la iglesia se prepara teológicamente.
3)     No se crea un departamento extraeclesiástico, se promueve un departamento intraeclesiástico.
Buscando ser coherente y progresiva, la presente obra gira alrededor del concepto del “instituto teológico”, su lugar en la iglesia local, así como su planificación, organization, implantación, evaluación y mejora continua. Finalmente, en relación al método de estudio sugerido, este manual está diseñado para estudio personal o grupal, con el siguiente formato para cada uno de sus seis capítulos: unidades de estudio, preguntas de repaso, preguntas de interacción, y sugerencia de actividades específicas.
Como nota aclaratoria convendrá decir que se utiliza el término “hombre”, “hermano” y “obrero” para referirse conjuntamente tanto al hombre como a la mujer, conjuntamente. La connotación general se aplicará en cada caso, a menos que se requiera una diferenciación.
I.     El lugar del instituto teológico en la iglesia local
“Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.”     1 Corintios 12:7
Sumario: El foco de este capítulo es la delimitación del tema, es decir, definir a la iglesia local, proponer un concepto de instituto teológico, y la interrelación entre ellos. Para este efecto se utilizan conceptos operativos, o sea, en función de su aplicación.
Concepto de iglesia local
Desde un punto de vista funcional, la iglesia puede ser considerada una entidad operativa, a cargo entre otras cosas de la tarea de educación de sus miembros. Es decir, la iglesia local es vista como un grupo de cristianos reunidos bajo ciertas condiciones. Estas condiciones permitirán la concepción de la educación en la forma de un instituto teológico local, cuya organización y funcionamiento reposan en un reconocimiento cuádruple: el reconocimiento de Dios, la doctrina, la organización, y la visión de crecimiento. Trazando una línea de progreso, podemos considerar el reconocimiento de Dios como el inicio del camino; la doctrina como el elemento constitutivo de esta vía; la organización como la puesta de la vía en su lugar respectivo; y la visión de crecimiento como la progresión en el camino hasta el retorno del Señor. Esta congregación, o hermanos del Camino, será donde un instituto teológico dominical puede operar.
Es una iglesia cuyos miembros tienen la certeza del reconocimiento de Dios como el centro de sus vidas
La condición fundamental es que este grupo de personas crea que Dios hizo al mundo y que Dios está actuando en su creación. Esta acción divina se da en manera multiforme e indubitable, de acuerdo a la voluntad del Padre Celestial. Voluntad que en su máxima forma de expresión es manifiesta en la persona y ministerio del Señor Jesucristo, como revelación absoluta del sublime y perfecto amor de Dios. Este mismo Dios de amor continua presente hoy en su iglesia, a través de la presencia y actividad del Espíritu Santo. Y este Dios es el mismo y único Dios verdadero de quien el apóstol Pablo declara en Romanos 11:36, “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén”.
Como su Dios no es un Dios lejano, extraño o no familiar, el cristiano miembro de una iglesia local goza de la oportunidad de vivir en una relación única y personal con este Dios; relación que en lo que corresponde a su significado es maravillosamente cautivante. A tal punto es de hermosa y lúcida esta experiencia, que el cristiano vive una romántica relación con su Padre Celestial, pero una relación que también es realista mientras dure su pregrinar en la vida. Cuando una persona toma conciencia del amor de Dios revelado a través del Señor Jesucristo y de las buenas nuevas proclamadas en su ministerio, entonces ésta tendrá una serie de reacciones de gratitud, porque “antes estaba perdida”, y “ahora es salva”. Todas las implicaciones de esta concienciación pueden ser resumidas en la llamada divina de su Señor y en su respuesta humana de querer servirle en el lugar que le corresponda entre su pueblo, dentro y fuera de la iglesia.
Finalmente, el cristiano descubre la magnífica experiencia de la comunión con el Espíritu Santo. No solamente Dios está actuando en su creación, y especialmente en sentido redentor por medio del Señor Jesucristo, sino que ha provisto un Consolador que está enseñando a su iglesia las maravillas de ser llamados hijos de Dios. Este cristiano podrá entonces ver la oportunidad de instruirse en comunidad con sus hermanos, como iglesia y sin temor, porque el Espíritu de Dios está en medio de ellos.
Es una congregación doctrinal
Doctrina es el cuerpo de creencias que la iglesia tiene como el sano entendimiento de su peregrinaje en esta tierra. Es posible decir, sin temor a equivocación, que toda iglesia cristiana, por muy pequeña o grande que sea en número u organización, tiene un cuerpo doctrinal que guía su interpretación de los tiempos y circunstancias en que le ha tocado vivir. Las creencias doctrinales deben estar basadas en la Biblia como la Palabra de Dios. Por lo tanto, la iglesia es cristiana, y como cristiana, bíblica. Esto le da a la doctrina, entre otras características, la de ser viva y eficaz (Hebreos 4:13). El que la doctrina sea bíblica, y por lo tanto viva y eficaz, asegura que los miembros de la iglesia tendrán una fuente—la Santa Biblia—en la cual pueden descansar para el sano entendimiento de lo que es la vida cristiana. En ella encontrarán alusiones directas a diversos tópicos y dirección cierta sobre actitudes ante situaciones nuevas que afloran según el tiempo y lugar en que se encuentre la iglesia del Señor.
De la existencia de la doctrina con bases bíblicas se desprende el que los miembros de la iglesia tengan la capacidad para estar alertas, apercibidos de la sana doctrina de su congregación. Esto les asegurará un sentimiento de convicción espiritual, creciendo en una fe, que por ser cierta, es inteligente. Así mismo, una vida cristiana más productiva, la que por ser edificada en el Espíritu, será para la gloria de Dios.
Es una congregación organizada
Organización es la manera de integrar sus componentes para poder actuar de manera eficaz y alcanzar sus objetivos como iglesia del Señor. Por lo tanto, la iglesia es cristiana, bíblica y organizada. Se ha dicho, y con justicia, de que Dios es Dios de orden, y que esto se puede percibir en todas las manifestaciones del poder divino. Siendo esto aplicable a la iglesia, podemos encontrar que la comparación de ésta con el cuerpo humano (Efesios 1:23) o con un edificio (Efesios 2:21–22) confirma la necesidad de verla como organizada en una forma especial, dado su carácter único en la tierra. En la idea de organización especial está implícita la de orden especial. Para que exista este orden, tendrá que existir un acuerdo de las partes del Cuerpo del Señor, de manera que cada una de ellas pueda funcionar en armonía, de acuerdo a su don. Los conceptos humanos de organización pueden servir para entender mejor el tópico, pero nunca podrán garantizar su éxito, pues éste depende de parámetros que corresponden a la dirección que proviene de Dios mismo.
Es una congregación con deseos de crecer
Para efectos de este manual, la iglesia es definida como una congregación con deseos de crecer. Al hablar de crecimiento, la idea es la de crecimiento integral, es decir, en todos los elementos posibles que constituyen la iglesia como una comunidad de santos. Por lo tanto, la iglesia es cristiana, bíblica, organizada y con deseos de crecer. El apóstol Pedro presenta esta idea de crecimiento en 2 Pedro 3:18, pasaje exhortativo, asociado al tema de la venida del día de Dios. Uniéndose al apóstol Pablo, llama a los hermanos al crecimiento en la gracia y en el conocimiento del Señor.
Su visión de crecer como iglesia cristiana, bíblica y organizada constituirán su círculo hermenéutico. Esto es, la manera en que puede entenderse la iglesia, ministrársele, y recibir su ministración en una interacción donde ministrantes y ministrados se transforman en el proyecto de Dios como el todopoderoso ministrante y la congregación como interministrantes los unos con los otros en el nombre del gran ministrador que está presente por su Santo Espíritu. Una iglesia con estas características estará preparada no para nuevos retos sino para nuevas oportunidades.
Concepto de instituto teológico
El instituto teológico es un lugar. Esto significa que es un espacio con un objetivo específico: el de hacer teología. Si teología es “la reflexión participativa, por parte del cristiano, de los hechos de Dios en su creación y especialmente en la obra de Jesucristo”, el quehacer teológico, bajo la forma de un instituto teológico dentro de una iglesia local, se desglosará con el siguiente perfil: en el nombre de Dios, en comunión con el Espíritu Santo, dentro de la visión de la iglesia, compartiendo información de la vida cristiana, con testimonio de los testigos de Dios, edificándose mutuamente, alimentándose mutuamente, con reconocimiento de las funciones del Cuerpo de Cristo dentro de la iglesia, así como en la comunidad fuera de la iglesia, y buscando en todo agradar a Dios.
Un lugar para reunirse en el nombre de Dios
“En el nombre de Dios y por lo tanto para su gloria” expresa la razón para realizar todas las actividades que pudieran darse dentro del instituto. Es Dios quien produce esta experiencia, dentro de la gran experiencia de la iglesia y sus ministerios. Es en su nombre que todos los participantes del instituto se reunen, porque tienen sed del conocimiento de su Señor. Cualquier otro motivo deberá ser santificado y reorientado en el nombre de Dios, puesto que éste es el único motivo rector de la existencia del instituto teológico. Porque Dios es quien pone “el querer como el hacer” (Filipenses 2:13), es de esperarse que todos los aspectos del instituto, su existencia y funcionamiento, sean de acuerdo a la buena voluntad de Dios. Esto implica incluso que no debe haber lugar para murmuraciones y contiendas. Por el contrario, debe manifestar una la iglesia, la comunidad de creyentes que el Señor llama a actuar como “lumbreras en el mundo”.
Un lugar para tener comunión con el Espíritu
Conforme la promesa del Señor Jesucristo, gozamos de la ministración del Espíritu Santo. ¡Qué mejor maestro podríamos tener que Dios mismo entre nosotros! Esta presencia divina, prometida y proclamada en palabra y hecho a través de los siglos, es el maestro rector de todo lo que se haga, en otras palabras, produce que todo se realize en su presencia y con su asistencia y guía. Esta situación no es idealista ni irreal, porque el Señor Jesucristo prometió que el Espíritu Santo nos enseñaría “todas” las cosas (Juan 14:26). Descansando en esta promesa, los discípulos tendrían cómo vencer la turbación y el miedo. La historia de la iglesia registra de la militancia de la iglesia mártir, la iglesia de los primeros tiempos. Estas “cosas” que el Espíritu Santo sigue enseñando a su iglesia pueden encontrar canales de expresión en un instituto teológico local.
Un lugar para participar de la visión de la iglesia
La visión de la iglesia determina el papel e importancia de un instituto teológico para preparar a sus miembros. Por lo tanto, esta visión delimita las actividades de cualquier índole que pudiera pensarse al referirnos al instituto. El apóstol Pablo encontró que en el propósito que tuvo Dios en Cristo Jesús (Efesios 3:11), había motivación suficiente no solamente para justificar su vocación personal sino también para orar de modo que los cristianos seamos “capaces de comprender” y “de conocer” todo esto cimentado en el amor de Dios mismo. Este pensamiento debe guiar la visión de la iglesia, y en ella el instituto teológico podría ser visto como parte de la respuesta a la oración del apóstol.
Un lugar para compartir información de la vida cristiana
Como seres humanos somos seres comunicantes. Como cristianos comunicamos una vocación, la vocación cristiana. Todo el fenómeno de la vida humana, esencialmente en su forma de ser cristiana, encontrará un espacio de expresión en el instituto teológico de la iglesia. En este caso, el instituto encuentra su apoyo ético en el consejo del apóstol a Timoteo, para que sea sin prejuicios y sin parcialidad (1 Timoteo 5:21). El compartir la formación de esta manera redundará en una mejor calidad de vida compartida entre los hermanos de la iglesia, y esto se transformará en un círculo abierto a la comunión con los nuevos participantes de la experiencia teológica dominical.
Un lugar para compartir el testimonio de lo que Dios está haciendo en la vida de los testigos
Como cristianos, somos testigos del Señor. El instituto teológico será un lugar apropiado para dar y recibir los “informes” de la acción del Espíritu Santo en la vida de cada uno de los hermanos. Esto le dará un sabor del tiempo neotestamentario a las reuniones, cuando todos los hermanos se reunían para preparse como parte del Cuerpo del Señor Jesucristo. Y le dará raíces de gozo, puesto que será una celebración con el Señor (una reminiscencia de la parábola dada por el Señor, registrada en Lucas 15:1–7).
Un lugar para seguir un plan de formación edificante para la gloria de Dios
El instituto está programado para ser secuencial en los cursos, de acuerdo a un plan que permita el crecimiento de los participantes. Esto será para la gloria de Dios, ya que creará un sentir de que por Dios y para Dios hacemos todas las cosas, correspondiendo todo esto al concepto de la edificación mutua expresado en 1 Tesalonicenses 5:11. Por lo cual el instituto será un lugar donde siempre los hermanos se estarán animando mutuamente para gozar de la gloria de Dios, del Dios de la vida verdadera. Cualquiera que fuere el concepto de edificación que tenga la iglesia, siempre tendrá que concluir en que esta edificación girará alrededor de la gloria de Dios. Y el instituto como parte de su ministerio eclesial, estará dentro de esta hermosa vocación.
Un lugar para alimentar el rebaño
Proponemos que el instituto sea coparticipativo, dando lugar a la ministración mutua, lo cual le dará una peculiaridad interesante. Esta peculiaridad o característica especial es que la alimentación espiritual será cooperativa, donde cada miembro del instituto tendrá la oportunidad de participar a sus hermanos de lo que está aprendiendo en Dios, y así mismo tendrá la oportunidad de recibir de ellos, en forma recíproca, lo que los otros están desarrollando en el proceso educativo (Romanos 12:4–5).
Un lugar para reconocer las funciones del Cuerpo de Cristo
Es muy conocida la figura que utiliza el apóstol Pablo para informarnos de la importancia que tenemos como parte de un mismo cuerpo (1 Cor. 12:14–18). El instituto provee el espacio necesario para el reconocimiento de nuestra participación individual como parte del cuerpo de Cristo, y esto traerá como consecuencia la comunión de los santos para sanidad y crecimiento integral en la comunidad eclesial.
Un lugar para realizarse como miembro activo de la comunidad
Siendo la iglesia la luz y la sal en este mundo, será lógico el que la formación teológica de los miembros de una congregación local no quedará encerrada dentro de las paredes de la comunidad eclesial. Esta trascenderá a la comunidad que rodea a la iglesia. Este será un espacio para que la luz pueda ser vertida a la comunidad, y los pueblos vean que la luz y la sal están mezcladas en el testimonio del amor de Dios (Mateo 5:13–16).
Un lugar para agradar a Dios como obreros preparados
El concepto de agradar a Dios está dado en las Escrituras, desde el principio hasta el fin. El Señor Jesucristo refirió algunas parábolas y enseñanzas sobre la necesidad de estar apercibidos, o listos, para crecer como obreros preparados (Véase, por ejemplo, Mateo 25:1–13; Lucas 12:35–40; Lucas 16:1–15). El hermano que esté dispuesto a tomar un tiempo de preparación en el instituto teológico, será alguien con disposición en su corazón de agradar a Dios como un obrero que merezca el reconocimiento de su Padre Celestial.
El lugar del instituto teológico en la iglesia local
Retomando el concepto operativo de la iglesia local, el instituto teológico dominical encontrará su lugar en una iglesia que sienta, básicamente, la necesidad de renovarse. Del pasaje en Efesios 4:17–32, destacamos los versos 23, “renovaos en el espíritu de vuesta mente”, y 29, “ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación”. Pensando en la posibilidad de un instituto teológico dentro de la iglesia de nuestros tiempos, consideramos que dicho proyecto encontrará su lugar en una iglesia que sienta la necesidad de renovarse en los aspectos administrativos, de aprovechamiento de recursos, así como en lo teológico. Todo esto dentro de su vocación como cuerpo de Cristo es la experiencia que llamamos circumpatía.
Renovación administrativa
El concepto de administración que se propone es el siguiente. Tener un orden de acciones coherente a la visión de la iglesia, a sus recursos, y a su aprovechamiento de dichos recursos para lograr excelencia en los resultados; todo esto bajo la guía del Espíritu Santo. La inspiración para proponer esta renovación administrativa viene de Pablo y su testimonio en 2 Corintios 3 al 7:1. El dice de manera explícita: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro” (4:7) que es un argumento a favor de la humildad en este proceso ministerial que busca ser renovador, con la confianza de que “nuestra competencia viene de Dios” (3:5c). Esta clase de inspiración nos hace comprender la necesidad de decirle a la iglesia que parte del perfeccionamiento en la santidad y en el temor de Dios (7:1) es buscar lo mejor en la ministración de la grey.
Consideramos que solamente personas con humildad suficiente pueden tener el valor para entrar en un proceso de riesgo en el nombre del Señor. La iglesia necesita de estas personas, y estas personas necesitan redescubrir la visión de su iglesia para buscar nuevas posibilidades en la búsqueda de la excelencia.
La idea de un instituto teológico dominical puede ser una alternativa dentro de estas intenciones. Esto demandará actividades sanas e innovadoras, que no tienen mucho que ver con la palabra reto, sino más bien con oportunidades. La iglesia no necesita adoptar una posición agresiva para pensar en la necesidad de un instituto teológico. Antes bien, necesita sentir que en la administración de sus dones, un instituto de esta naturaleza será una fuente de bendiciones saludables. En fin, ésta es la clase de iglesia para la cual ha sido diseñado el instituto teológico dominical.
Renovación en el aprovechamiento de los recursos de cada uno de sus miembros
Como partes del Cuerpo de Cristo, en cada congregación, cada uno de sus miembros tiene una función que cumplir. Esto no corresponde a ningún concepto moderno de administración, sino al fundamento bíblico que nos permite considerar a la comunidad de creyentes como necesarios los unos a los otros en función de la misma iglesia. Esta propuesta con una inspiración bíblica la encontramos en las palabras del Señor un poco antes de ser arrestado. La referencia específica se da en el pasaje de Juan 12:12 al 17:26. Cada uno de los miembros del Cuerpo de Cristo es valioso y tiene la promesa del pámpano de Dios (15:4). No es posible dejar pasar por alto que si una agencia de la iglesia está unida a la vid verdadera, cada uno de sus miembros dará frutos en abundancia. Examinando los avivamientos en la historia del Cristianismo, éstos mantienen la constante de una integración del pueblo de Dios. No ha habido avivamientos solitarios, siempre han sido comunitarios y participativos.
El desarrollo de un instituto teológico dominical puede ser parte de un proceso de avivamiento integrado. En efecto, éste es el lugar del instituto tal como se propone en esta obra: ser parte del avivamiento por el cual siempre la iglesia ora y vibra, puesto que es parte normal de su desarrollo histórico y escatológico. Como corolario, solamente una iglesia que anhele un avivamiento en el aprovechamiento de los recursos que cada uno de sus miembros representa puede ver en la creación de una institución teológica local una oportunidad immejorable. En términos bíblicos, esto tiene que ver con la mayordomía del pueblo de Dios.
Renovación en su quehacer teológico
Para el presente caso, teología es definida como la interpretación de la experiencia con Dios en nuestra vida diaria. Con toda seguridad podemos declarar que la iglesia cristiana tiene a través de su historia, en tiempo pasado y presente y futuro, hasta que el Señor venga otra vez, exponentes teológicos que constituyen verdaderos paradigmas. Y una de las características de estos maravillosos personajes cristianos, hombres y mujeres de Dios, es que han presentado propuestas de renovación que han bendecido en gran manera a la iglesia del Señor.
Es posible, dentro del propósito de crear un instituto teológico para la iglesia local, inspirarse en toda la carta a los Efesios, especialmente en 4:23, “y renovaos en el espíritu de vuestra mente”, así como en “comprobando lo que es agradable al Señor” (5:10). De este modo, la reflexión sobre la experiencia cotidiana con Dios será de acuerdo al mismo testimonio del Espíritu Santo. Una iglesia con este sentir estará lista no solamente para aceptar la idea de un instituto teológico en su edificio, sino que estará muy animada a comenzar con los preparativos para que éste funcione. En éste, como en los otros parámetros considerados para calificar a una iglesia en relación a su disposición para la apertura de un instituto teológico local, el hecho de que una determinada congregación no acepte esta propuesta no va a significar que ella no tenga un perfil de espiritualidad como el que se está sugiriendo aquí. Lo contrario es lo que no puede darse, es decir, el que una iglesia quiera tener un instituto teológico dominical sin calificar con ciertos atributos espirituales. En este último caso, si la iglesia organizara un instituto teológico sin estos requisitos, estaría haciéndolo carnalmente, lo cual sería no solamente espúreo, sino repudiable.
Renovación de su identidad a través del aprendizaje participativo
Durante un tiempo de aprendizaje, con una meta dada por la visión de la iglesia y con un programa de entrenamiento a través del instituto teológico, los hermanos participantes del proceso encontrarán algo que es correlativo a la participación en grupos: la familiarización como hijos e hijas de Dios. Habrá que establecer la diferencia entre el aprendizaje participativo en un grupo sin la presencia del Espíritu Santo y un grupo con la presencia de Dios, tal como ocurre en la iglesia.
Fuera de Dios puede darse la simpatía (sentirse tocado por la situación del otro) o la empatía (sentirse en la misma situación del otro). En el caso de la identidad dentro de la iglesia habrá más que simpatía o empatía; habrá una circumpatía. Esto significa una interacción de círculo, donde la identificación no se da entre dos o más personas, una persona y un grupo, o un grupo y una persona o grupo. En la circumpatía la identificación se da no en función de interacciones sino en función de asociaciones. Es inspirada en la presencia del Señor (1 Juan 4:7–5:5). Las características de una asociación circumpática son las siguientes:
1)     Dios está presente en el centro de la comunicación.
2)     Dios está presente como persona de referencia en todos los constituyentes de la comunicación.
3)     Dios está presente como trascendente a la comunicación.
Consideramos que una iglesia en la cual el amor de Dios encierra todas sus vivencias es una iglesia lista para intentar la creación de un instituto teológico, puesto que habrá asegurado la coparticipatividad en amor de sus miembros.
Al finalizar este capítulo, ciertamente, podemos decir: ¡EL INSTITUTO ES NECESARIO!
Preguntas de repaso
Para cada una de las siguientes preguntas, hay tres opciones. Escoja, por favor, la que considere más cerca a lo expuesto en este capítulo. Las respuestas correctas se encuentran en la página 75.
1.     La iglesia considerada de una manera operativa es una iglesia:
a.     Establecida
b.     Progresista
c.     Que actúa
2.     Para que una iglesia tenga doctrina:
a.     No importa su tamaño
b.     Debe ser grande
c.     Debe reconocer a la Biblia
3.     El círculo hermenéutico de la iglesia lo da:
a.     El que es cristiana, bíblica y organizada
b.     El que es cristiana y bíblica
c.     El que es bíblica y organizada
4.     El objetivo de un instituto teológico es:
a.     Agradar a Dios
b.     Hacer teología
c.     Servir a la iglesia
5.     Lo que determina el papel del instituto teológico en la preparación de los miembros de la iglesia es:
a.     La reunión en el nombre de Dios
b.     El testimonio del Espíritu Santo
c.     La visión de la iglesia
6.     En el aprendizaje participativo se enfatiza:
a.     La identificación
b.     La conversación abierta
c.     Los proyectos de la iglesia
7.     En la circumpatía, la identificación se da en función de:
a.     Interacciones
b.     Asociaciones
c.     Ambas
Preguntas de interacción
Para cada una de las siguientes preguntas, intente, por favor, elaborar respuestas personales, que pueden ser afirmaciones o questionamientos.
1.     ¿Considera usted suficiente los cuatro reconocimientos mencionados para definir a una iglesia como funcionante? ¿Por qué?
2.     ¿Qué opina del concepto de doctrina propuesto? ¿Podría pensar en otra forma de definir lo que es la doctrina? ¿Encuentra diferencias o similitudes?
3.     ¿Qué piensa del “círculo hermenéutico” propuesto?
4.     Si no se definiera el instituto teológico como “un logar”, ¿cómo lo definiría usted?
5.     ¿De qué manera cree usted que el Espíritu Santo nos enseña?
6.     ¿Cree usted que el organizar un instituto teológico en su iglesia traería ventajas o desventajas para la iglesia? ¿Por qué?
7.     ¿Qué será mejor para la iglesia tener retos u oportunidades? ¿Por qué?
Sugerencia de actividades específicas
Las siguientes actividades son optativas, y pueden ser modificadas de acuerdo a las circunstancias.
1.     Imagínese que usted quisiera organizar o ser parte de un equipo para organizar un instituto teológico en su iglesia:
¿Con quién o quiénes hablaría en primer lugar?
¿Cómo sentiría “el peso” del proyecto?
2.     Sugerencias:
Hable con la persona o las personas en quienes pensó al contestar la pregunta anterior. Anote las respuestas o comentarios hechos:
Anote en dos columnas lo que corresponda en relación a la creación de un instituto teológico en su iglesia:
Aspectos positivos
Aspectos negativos
3.     Resultado: Conteste por favor, ¿debe haber un instituto teológico en su iglesia?
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Pide el libro entero a : claudioamop@hotmail.com  ¡Dios bendice tu vida!

El Contexto en Los Sermones Bíblicos: Predica con Propiedad

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El contexto
Se cuenta el caso de la mujer que gustaba especialmente la lectura de la Biblia, porque tenía “tantos textos bonitos”.
Parece que algunas personas la leen así, esperando encontrar algún “texto bonito”. A tales lectores, parece no importarles el lugar donde encuentran las palabras, ni la conexión que tengan con el resto del pasaje. Esa conexión puede ser para ellos palabras sin importancia, o difíciles de entender.
Naturalmente, este tipo de lectura conduce a mucho mal entendimiento; porque la conexión de los versículos con el pasaje donde ocurren, es lo que les da su significado verdadero.
Tales errores son de los más comunes en la interpretación bíblica, y acaso sean los más fáciles de corregir. Pero demanda una sinceridad mental dispuesta a rechazar por el momento, cualquiera interpretación que se le haya dado antes. Siempre es necesario tomar nota de las palabras que preceden y siguen al texto. Estas palabras se llaman el contexto, porque se encuentran en conexión estrecha con el texto.
Sin embargo, el contexto puede ser inmediato o remoto, y de alguna manera afecta su interpretación.
Hay ocasiones cuando el predicador encuentra palabras que parecen, superficialmente, proporcionarle un texto excelente como base para su sermón. Y a pesar de su significado verdadero, sentirá la fuerte tentación de usarlo en un sentido tergiversado.
En cierta ocasión un ateo me aseguró que la Biblia dice que “no hay Dios”. Es probable que nunca la hubiera leído, porque quedó confuso cuando le dije que la Biblia realmente dice que fue el necio quien dijo en su corazón: “No hay Dios” (Sal. 14:1; 53:1).
Un error más común es el uso de Josué 24:15 como texto evangelístico: precisamente las palabras “escogeos hoy a quien sirváis”. El oyente supone que con estas palabras Dios lo está llamando a servirle a él y no al mundo.
Pero el lector cuidadoso verá que Josué no presentaba esta alternativa al pueblo con estas palabras. Más bien decía: que si no querían escoger a Jehová, entonces no importaba a qué otro dios escogieran: los dioses falsos de sus padres, o los de los amorreos; todos eran igualmente inútiles.
Es el v. 14 el que contiene el llamamiento del Señor: “Temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad.” Y el ejemplo personal de Josué en el v. 15, señala el camino correcto: “Yo y mi casa serviremos a Jehová.”
Otro caso se ve en Génesis 18:12, donde Sara se ríe y dice en su corazón: “¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?” Muchos entienden que el “deleite” a que Sara se refería era el acto sexual. Pero el v. 13 aclara el sentido. Pregunta el Señor: “¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja?” El placer a que Sara se refería era el de tener un hijo, y no el de tener relaciones sexuales.
Eclesiastés 1:9 aparentemente afirma que “nada hay nuevo debajo del sol”, pasando por alto la realidad de que puede haber muchas cosas nuevas en los asuntos humanos. El contexto indica que el escritor hablaba del mundo natural y de la naturaleza humana. (Véanse vv. 2–11.)
Con frecuencia 1 Corintios 2:9 es citado para enseñar que Dios ha reservado en el cielo muchas cosas que ahora no podemos entender:
Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,
Ni han subido en corazón de hombre,
Son las que Dios ha preparado para los que le aman.
No podemos dudar de que así será. Pero se debe entender que este texto, citado de Isaías 64:4, se refiere al tiempo antes de la venida de Jesucristo y del evangelio. En el v. 8 dice Pablo que los príncipes de aquel tiempo no conocieron la gloria que corresponde al cristiano; de otra manera no hubieran crucificado al Señor. Luego en el v. 10 Pablo dice: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu.” De manera que el v. 9 se refiere a los misterios del evangelio revelado a los creyentes ahora; no al cielo que nos espera.
Muchas veces el contexto de algún versículo afecta mucho a la teología cristiana. Hebreos 7:12 declara que: “cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley”. Los teólogos católicos romanos usan este texto para comprobar que ha habido un cambio de sacerdocio para que otros, no judíos, puedan servir como sacerdotes.
Examinando el propósito del escritor se aclara el significado de estas palabras. Aquí el escritor quiso demostrar que el sacerdocio judío fue sustituido por Jesucristo, el Sumo Sacerdote eterno según el orden de Melquisedec. La interpretación católica romana ignora el contexto general y el propósito del escritor. El “cambio de ley” a que se refiere el v.12, es el cambio mencionado en Salmo 110:4, donde el Señor mismo establece al Mesías como sacerdote eterno, según el orden de Melquisedec, y no según el orden de Aarón. Véase especialmente Hebreos 7:11.
Los mormones hacen semejante uso de Amós 3:7 para demostrar la necesidad de profetas en la actualidad, para que la gente sepa todo lo que Dios hace. Dice este texto:
Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.
Pero el contexto aclara el sentido verdadero. Sobre esto dice Marvin W. Cowan: “Significa que Dios traerá juicio sobre su pueblo por sus pecados. Allí (en los vv. 2 y 6) declara que no lo hará sin advertir primero a su profeta.”1
En algunos casos el contexto es más remoto. Eclesiastés 9:5 se usa para apoyar las doctrinas del sueño del alma, y de la aniquilación de ella.
Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben …
Leído separadamente, este versículo parece afirmar que nadie está consciente después de la muerte. Pero el contexto remoto del libro, y de toda la Biblia, indica que tal interpretación es contradictoria y falsa. Sin la clara revelación del Nuevo Testamento, el escritor de Eclesiastés no podría decir nada sobre este asunto. Lo que significa el texto es que los muertos no saben nada de esta vida. Esta verdad está de acuerdo con todo lo que sabía el escritor de Eclesiastés.
Muchos de los Proverbios son declaraciones aisladas sobre la sabiduría; no existe ningún contexto inmediato. Pero su verdad está de acuerdo con otras declaraciones de las Escrituras y con el mensaje entero de toda la Biblia. Este es el contexto remoto de tales Proverbios. Por otra parte, debemos observar que algunos Proverbios sí se encuentran en medio de un contexto inmediato. El estudiante se dará cuenta de esto en su lectura de este libro.
En general, los libros de la Biblia son historia, ley, poesía, tratados, cartas o profecías, y todos ellos tienen un hilo de pensamiento, o un argumento, que demuestra su unidad interna. Esto es lo que proporciona el contexto de sus varias partes. Siempre se debe tomar en cuenta este contexto al interpretar cualquier pasaje dudoso.
PARA EL ESTUDIANTE
1.     Describa las dos clases de contexto.
2.     Examine e interprete los siguientes textos a la luz de su contexto: Mateo 24:32 (véanse vv. 26–31, 33); Efesios 5:22 (véanse vv. 21, 25–33); Colosenses 2:21 (véanse vv. 20, 22 y 23).
Pasajes
paralelos
Una de las hijas de este escritor preguntó una vez: “¿Por qué dicen algunos de los libros de la Biblia las mismas cosas acerca de Jesús?” Ella había notado algo que los lectores de la Biblia han entendido muchas veces: que hay cuatro Evangelios, y que en muchos lugares la historia es la misma, usando, en muchos casos, lenguaje idéntico.
Hay, por supuesto, muchos lugares donde la historia no es idéntica, aunque los casos narrados son lo suficientemente parecidos como para que el lector pueda tener seguridad absoluta de que la historia es la misma que se encuentra en otras partes de los Evangelios. En la mayor parte de los casos las formas variantes de la historia arrojan luz adicional sobre el evento y ayudan al lector a entender más completamente lo que sucedió.
Los pasajes que se refieren al mismo asunto se llaman “pasajes paralelos”. Esta expresión se usa también para aquellas partes de la Biblia que tratan las mismas leyes, doctrinas o profecías, usando lenguaje similar.
En el estudio de cualquier parte de la Biblia cuyo tema es tratado en otras partes de ella, será necesario examinar todos estos pasajes para tener en mente la enseñanza completa. Cualquier interpretación que no hace esto, será inadecuada. En algunos casos se cometerá un error serio por no leer los pasajes paralelos.
Hay tres pasajes muy importantes que tratan la deidad de Jesucristo: Colosenses 1:15–19; Hebreos 1:1–3; y Apocalipsis 1:4–8. Estos pueden considerarse pasajes paralelos, en cuanto tratan el mismo asunto.
Contrario a la enseñanza de estos pasajes, algunos insisten en que Jesucristo es el “primogénito de toda creación”, en el sentido que Jesús no es el Creador sino solamente el primero entre todos los seres creados; y la misma expresión parece apoyarles. No toman en cuenta que Colosenses 1:16 aclara el sentido al decir que “todo fue creado por medio de él y para él”.
En este estudio de pasajes paralelos, podemos observar por medio de ellos, que la palabra “primogénito” en Colosenses 1:15 se usa en el sentido especial de la “causa” de la creación, y no la primera cosa creada entre todas. En Hebreos 1:2 dice que Dios, “por el Hijo … hizo el universo.” Y Apocalipsis 1:8 contiene estas palabras de Jesús mismo: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin … el que es y era y que ha de venir, el Todopoderoso,” La Versión Popular da este sentido a la palabra “primogénito” en Colosenses 1:15: “el primero, anterior a todo lo creado”.
El estudio de los pasajes paralelos también permite una comprensión más completa de cualquier evento. En Mateo 9:2–8 encontramos la historia de la curación del hombre paralítico que fue llevado a Jesús por varios hombres, sobre una camilla. En Marcos 2:2–12 leemos que el enfermo fue llevado entre cuatro, y que lo bajaron por el techo donde hicieron una abertura. En Lucas 5:17–26 vemos que el techo era de teja, y que la abertura que hicieron, sin duda no hizo ningún daño a la casa.1
Tomados juntos, estos detalles permiten al predicador o maestro dar una descripción del suceso, sin hacer uso de la imaginación. De otra manera podrá hallarse en contradicción con alguno de los Evangelios, que no había examinado antes.
Hay ocasiones cuando una comparación cuidadosa de los pasajes paralelos ayuda a resolver alguna duda que resulta de la lectura de los varios relatos. En Mateo 9:18, 23–26, encontramos la primera referencia a la resucitación de la hija de Jairo. En el versículo 18, Mateo dice que la hija de Jairo “acaba de morir”. En Marcos 5:22–24, 35–43, dice Jairo (v. 23): “Mi hija está agonizando.” Nos preguntamos cuál de los dos casos era el verdadero: ¿había muerto ya?, ¿o estaba solamente agonizando? Lucas 8:41, 42 apoya las palabras de Marcos, diciendo que “se estaba muriendo”.
La situación mencionada en el v. 49 nos ayuda a entender qué sucedía. El siervo llegó para decirle a Jairo que no molestara más al Maestro, porque “tu hija ha muerto”. Así entendemos que las palabras de Mateo, “mi hija acaba de morir”, realmente indican el estado mental desesperado del padre. Pensaba que seguramente había muerto mientras iba en busca del Señor. Este detalle es de gran interés. No solamente resuelve la aparente contradicción, sino que nos dice algo del estado de ánimo del padre frente a la urgencia de su caso.
Cuando los cuatro Evangelios se comparan el uno con el otro, el lector puede comenzar a dudar de la exactitud de todos. Este es el caso del letrero en la cruz del Señor; porque las cuatro leyendas son diferentes. Según Mateo, el letrero decía: “Este es Jesús, el Rey de los judíos.” Según Marcos, decía solamente. “El Rey de los judíos.” Lucas nos informa que decía: “Este es el Rey de los judíos”, y Juan lo reporta así: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos.”
La única expresión común a los cuatro son las palabras: “Rey de los judíos.” Mateo y Juan incluyen el nombre de Jesús, mientras que Mateo y Lucas están de acuerdo en que decía: “Este es …” Marcos las reporta en la forma más breve, de acuerdo con esa característica notable de su Evangelio. Juan es el único que usa la palabra “Nazareno” como parte del nombre de Jesús.
¿Cómo podemos resolver este desacuerdo entre los evangelistas?
Algunos comentaristas explican las formas diferentes de la leyenda como traducciones de los tres idiomas en que fue escrita: hebreo, latín y griego. En cada idioma la extensión del título sería diferente. El hebreo usa pocas letras; el latín omite los artículos; y el griego daría el título en la forma más larga. Para que los tres títulos cupieran en la misma tabla, algún ajuste sería necesario para hacerlos caber en el mismo espacio.
Esta explicación tiene mucho a su favor, aunque es imposible saber de cuál idioma cada evangelista reportó el título; o bien, si esta explicación es realmente la verdadera. Puede ser mejor suponer que cada evangelista se refirió al título que le parecía mejor para su propósito (aunque por razones desconocidas para nosotros). Pero si nuestra curiosidad así lo demanda, podemos juzgar que la información completa está contenida en los relatos de los cuatro evangelistas, como sigue:
MATEO:
“Este
es
Jesús
El Rey de los judíos.”
MARCOS:
“..............
..............
.....................
............................
El Rey de los judíos.”
LUCAS:
“Este
es
.....................
............................
El Rey de los judíos.”
JUAN:
“..............
..............
Jesús
Nazareno
El Rey de los judíos.”
TOTAL:
ESTE
ES
JESUS
NAZARENO
EL REY DE LOS JUDIOS
En una lengua u otra, así decía el título. Cada evangelista nos ha dado sólo una parte de la información. Y así encontramos una de varias respuestas a la pregunta: ¿Por qué tenemos cuatro Evangelios? Ya que los testimonios humanos son incompletos por lo general, necesitamos las cuatro para tener la historia más completa sobre los hechos.
Otro tema, tan instructivo como interesante, es la profecía del Señor de la negación de Pedro la noche antes de la crucifixión, y la manera en que se cumplió cada forma de la profecía en cada Evangelio. Las diferentes formas de ella se encuentran en Mateo 26:34; Marcos 14:30; y Juan 13:38. El cumplimiento de cada una se encuentra en Mateo 26:69–75; Marcos 14:66–72; y Juan 18:16, 17, 25–27. El estudiante observará que cada cumplimiento está de acuerdo con la forma de la profecía en el mismo Evangelio.
De esta comparación resalta el problema de saber por qué Marcos afirma que Jesús habló de los dos cantos del gallo, cuando, según los otros dos, el gallo cantó sólo una vez.
Sugiero, sin dogmatismo, que cuando el gallo canta, no canta una sino varias veces. Comienza a cantar, y luego suspende el canto, y luego vuelve a cantar varias veces. Cada canto del gallo se compone de varios quiquiriquíes. Por esto, es posible que Mateo y Juan representen el canto del gallo como de una sola vez, mientras que Marcos señala que el gallo cantó dos veces. Quizá por esto registra las palabras del Señor así: “Antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces.” De esta manera Marcos tomó nota de detalles que se les escaparon a los otros.
El estudio de los libros de Samuel, Reyes y Crónicas, ayudará a entender los pasajes que relatan la misma historia. Esdras y Nehemías no relatan los mismos eventos, pero sí, contienen algunos detalles que proporcionan comentarios útiles sobre los del otro libro. Lo mismo pasa con el libro de los Hechos y las Epístolas de Pablo. Hechos nos da el fondo histórico de algunas Epístolas. Algunos salmos deben estudiarse en conexión con el evento histórico asociado con su composición. A veces esto es mencionado en los títulos al principio de varios salmos. Sin embargo, no todos dicen en qué ocasión el salmo fue escrito.
Cuando estudiamos algunos pasajes del Antiguo Testamento, será necesario examinar al mismo tiempo lo que el Nuevo Testamento dice al respecto. Algunas veces la interpretación dada en el Nuevo Testamento no parece estar de acuerdo con la historia original.
Por ejemplo, la historia de Moisés golpeando al egipcio y matándolo (Ex. 2:11–15), lo pinta como asesino, porque huye del Faraón. Sin embargo, Esteban señaló ese homicidio como prueba de que Dios lo había enviado como libertador de su pueblo (Hch. 7:35). Sin duda, estos dos aspectos de la historia deben afectar nuestra interpretación de la realidad.
En la historia de Lot (Gn. 13 y 19), no lo vemos como hombre de mucha espiritualidad ni buen juicio. Pero el apóstol Pedro (2 P. 2:7) lo llama “el justo Lot”, y afirma que estaba “abrumado por la nefanda conducta de los malvados”. Los dos pasajes nos presentan aspectos diferentes del hombre. Por tanto, nuestra interpretación de él debe tomar en cuenta los dos aspectos.
Con frecuencia alguna interpretación está basada en cierto detalle que no aparece en todos los pasajes paralelos, y que no debe señalarse con el énfasis acostumbrado. En Mateo 24:32 se habla de la higuera, que suele ser interpretada como símbolo de Israel. Según explican, cuando la higuera se enternece—aes decir, cuando Israel comienza a inclinarse hacia la fe en Cristo—entonces la venida de Cristo está cerca.
Pero si comparamos este texto con Lucas 21:29, veremos que el Señor no habló de la higuera como símbolo de Israel, sino como el árbol más común de la región; la higuera representaba a todos los árboles. Esto lo sabemos por las palabras de Jesús según las reporta Lucas: “la higuera y todos los árboles”. La lección no está en el supuesto simbolismo de la higuera, sino en el acto de enternecerse y brotar hojas. Cuando sucede este evento natural, está cerca el verano. De la misma manera, cuando suceden los eventos mencionados en la primera parte del capítulo, los creyentes pueden saber que la venida de Cristo está cerca.
Los libros proféticos deben estudiarse juntos en cuanto hablen del mismo período del futuro o de la historia. Uno de ellos puede ser el mejor comentario sobre el otro. Por ejemplo, la profecía de Daniel 7:2–8 se podrá estudiar con provecho junto con la del Apocalipsis 13:1, 2.
Si recordamos que la Biblia es una unidad doctrinal, y que entre sus partes no hay ninguna contradicción verdadera, podremos entender que es importante estudiar siempre sus pasajes paralelos y todos los que tengan alguna conexión histórica.
La forma más práctica de aplicar esta regla, será la de hacer uso de una Biblia con referencias, una concordancia y la memoria. El estudiante debe tratar de llenar su mente con la Biblia entera para que pueda reconocer y relacionar los pasajes paralelos con los textos que trata de entender.
PARA EL ESTUDIANTE
1.     Examine los pasajes paralelos sobre la profecía de la negación de Pedro, y su cumplimiento en cada Evangelio.
2.     Examine la vida del rey Salomón, especialmente 1 Reyes 11:1–13. Luego procure entender por qué el Señor lo menciona como hombre sabio (Mt. 12:42).
3.     Cuando leemos la historia de Job, no parece manifestar mucha paciencia. ¿Por qué lo menciona Santiago 5:11 como ejemplo de la paciencia?
El mensaje de
la Biblia entera
Hace algunos años cuando servía como editor de la revista Verbo, desafié a los lectores invitándoles a mostrar cualquiera base bíblica que justificara el uso de las imágenes en el culto cristiano. La única respuesta llegó de parte de un sacerdote.
Decía que Israel había adorado a las imágenes muchas veces, y que eso era suficiente base bíblica. También, como otros de su religión, sostenía que el segundo mandamiento del Decálogo no prohibía el uso de toda imagen, sino solamente de aquellas que no representan al verdadero Dios. Dijo, además, que los feligreses de su iglesia no adoraban a la imagen misma, sino a aquel que representaba.
Todas estas razones son falsas; porque al sostener que el uso de las imágenes está permitido en las Escrituras, aquel sacerdote pasaba por alto el testimonio abrumador en su contra. Los que usan las imágenes en el culto con frecuencia se refieren a Génesis 47:31 que habla de la muerte de Jacob. En el texto hebreo es posible traducir el versículo así: “Israel adoró hacia la cabeza de su bordón.” Enseñan que había una imagen de Dios grabada en él, y que Israel adoró delante de ella. Pero como los otros argumentos que usan en favor de tal culto, la interpretación es forzada. Sobre todo, tal interpretación ignora el testimonio de las demás enseñanzas de la Biblia.
Así como es necesario examinar cualquier texto junto con su propio contexto, es necesario también compararlo con la enseñanza general de la Biblia.
Si alguna persona atenta sugiere que esta regla es solamente la extensión de la regla sobre el contexto—es decir, el contexto remoto—, bien podríamos estar de acuerdo. En verdad, muchas reglas de interpretación están relacionadas. Según Angus y Green, “todas las reglas de interpretación avanzan gradualmente la una hacia la otra.”1
Con frecuencia los que enseñan en las sectas falsas usan textos que, aisladamente, parecen afirmar cosas que contradicen el resto de la Biblia. Sus adeptos no entienden la enseñanza general de la Biblia, o no consideran cuán irrazonable es aceptar aquellas doctrinas especiales. No consideran que ese proceder sería como aceptar el testimonio de un solo testigo ante el jurado contra la voz unida de los demás testigos.
Los cristianos que leen y aceptan la Biblia creen que el Autor de las Escrituras fue el Espíritu Santo y que realmente no contiene contradicciones verdaderas. Cada parte de la Biblia estará en completa armonía con el resto de la Biblia, siempre que se interprete correctamente.
Este punto de vista no es una forma maliciosa de evitar aparentes contradicciones o dificultades; tampoco es evidencia de tener la mente cerrada. Más bien, es la convicción de que los lectores de la Biblia no deben abandonar apresuradamente lo que la Iglesia ha creído a través de su historia. Cuando existen problemas genuinos, el lector debe exigir de sí mismo un estudio imparcial del caso antes de afirmar que algún texto difícil se equivoca.
Hay numerosos ejemplos de la necesidad de examinar la enseñanza de la Biblia entera.
El Salmo 51:5 ha sido ocasión de una doctrina equivocada. Según las versiones antiguas, escribió David: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.” Si el lector no compara estas palabras con otras enseñanzas de la Biblia, bien puede pensar que el contacto sexual entre los padres de David, era pecado. Por esto, muchos creen y enseñan que el matrimonio no es un estado muy espiritual, y que la cohabitación es un “pecado venial” aun entre los casados.
La Biblia no enseña esto. En Génesis 1:28 Dios le dice a Adán y Eva: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra.” Génesis 2:24 dice: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Y Hebreos 13:4 enseña que el matrimonio debe ser entre todos “honroso”, y “el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”. La enseñanza entera de la Biblia contradice la idea de que el uso del sexo en el matrimonio es pecado.
Entonces, ¿de qué manera hemos de entender el Salmo 51:5? En primer lugar, nunca debemos usar algún texto difícil como la base de una doctrina, especialmente cuando la Biblia entera enseña algo diferente. Cuando leemos el Salmo 51, vemos que es una confesión de pecado. Los versículos 1 al 4 hablan del pecado de David, y en el v. 5 confiesa que su pecado existió desde su nacimiento, aun desde que fue concebido. Debe ser claro que el pecado al que se refiere no es el de sus padres, sino su propio pecado. La Versión Popular traduce el versículo con este sentido: “Soy malo desde que nací; soy pecador desde el seno de mi madre.”
Muchos piensan que había una pugna teológica entre la doctrina de Santiago y la de Pablo. Dicen que Santiago enseña que la justificación del pecador depende igualmente de la fe y de las obras, mientras que Pablo afirma que la fe es la única base de la justificación. Para apoyar esta interpretación, citan Santiago 2:24: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.”
Aquí no hay ninguna contradicción real. Santiago dice que la fe sola está muerta. Así exactamente dice en el v. 26: “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta.” La fe en que Santiago insiste, es la fe como la de Abraham (v. 23) y de Rahab (v. 25); es aquella fe que le mueve a uno a hacer lo correcto y justo. No podemos decir que la fe más las obras justifican al individuo, sino que la fe que produce buenas obras es la fe que justifica. De esta manera vemos que no existe ninguna contradicción entre estos dos escritores bíblicos; es que se complementan el uno al otro.
Algunos se resisten a aceptar la enseñanza bíblica del castigo eterno por el pecado, después de la muerte. Para apoyar su creencia citan Eclesiastés 6:6: “Porque si aquél viviere mil años dos veces, sin gustar el bien, ¿no van todos al mismo lugar?” Se refieren también a Eclesiastés 9:5: “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.”
Al lector superficial le suena como que todos los hombres van al mismo lugar después de su muerte, y que no hay diferencia entre ellos en cuanto al premio o castigo que reciben. Pero es claro que la Biblia enseña precisamente lo contrario; de otra manera no tendría ningún mensaje con respecto a la vida más allá de la muerte.
El problema está resuelto cuando se comprende que el escritor de Eclesiastés no hablaba del destino del alma, sino solamente del cuerpo. Todos mueren y tienen la fosa como su común destino. El escritor de estos textos sólo afirma que la vida actual termina en la muerte del cuerpo, muy aparte de lo que pueda haber hecho durante su vida.
Cuando leemos textos como 1 Timoteo 4:16: “Te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”; y Santiago 5:20: “El que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma”, el lector puede pensar que la salvación depende mucho de las obras humanas. Por supuesto, tal idea contradice toda la enseñanza de la Biblia, especialmente la del Nuevo Testamento. Estos textos solamente toman en cuenta que al hombre le toca una parte lícita en la obra salvadora de Dios.
PARA EL ESTUDIANTE
1.     Génesis 4:16, 17 aparentemente indica que Caín encontró a su esposa en la tierra de Nod. ¿Quién era ella, y en dónde la encontró? Después de meditar el problema, véase Génesis 5:4.
2.     Marcos 16:16 parece enseñar que el bautismo es necesario para la salvación. ¿Es ésta la enseñanza del resto del Nuevo Testamento? Véase 1 Corintios 1:14–17.
3.     Según Lucas 15:7, algunos piensan que hay ciertas personas que no necesitan arrepentirse para ser salvas. ¿Así enseña el resto de la Biblia? Si no, ¿cómo se debe entender este versículo?
4.     ¿Es posible, según Lucas 16:9, que los discípulos de Cristo puedan comprar su entrada al cielo? ¿Por qué?
El propósito, el plan y las
limitaciones de cada escritura
Se cuenta del patriota norteamericano, Benjamín Franklin, que fue invitado por una sociedad atea a escribir una novelita para una competencia literaria. Franklin aceptó la invitación, pero presentó como obra suya el libro de Rut. Cuando ganó el premio principal, lo rechazó y explicó a todos por qué. Los reprochó diciendo que si hubieran leído la Biblia en alguna ocasión—el libro que decían no creer—hubieran reconocido que su hermosa novelita era una parte de ella.
Este uso de la historia de Rut no tenía ninguna conexión con el propósito por qué fue escrita; su aspecto de novelita era algo accidental y sin relación con su mensaje verdadero. Seguramente el libro de Rut no fue escrito para divertir o entretener a sus lectores, ni proporcionar buena literatura, ni aun para describir el amor verdadero en el contexto de la vida hebrea antigua.
Lo más probable es que fue escrito para establecer la conexión entre el rey David y sus antepasados en la tribu de Judá. Como cosa secundaria, puede haber tenido el propósito de describir la vida hebrea ideal en un período de rebelión en la historia de Israel.
El que lee la Biblia rápida y superficialmente, puede entender mal el mensaje de cualquiera parte de ella, no captando la razón por qué fue escrita. O bien, puede pasar por alto ciertos rasgos literarios que revelan el plan del libro, o no considerar las limitaciones a las que estaba sujeto su escritor.
El lector debe reconocer siempre que cada escritor tuvo en mente algún propósito especial cuando escribió, y que siguió algún plan en su composición; pero que, por razones del tiempo cuando vivió y el estado de los conocimientos humanos, no pudo escribir muchas cosas para satisfacer nuestra curiosidad moderna.
¡Cuánta ayuda hubiera sido para nosotros si Moisés nos hubiese dado más detalles acerca de la creación del mundo, de la civilización del valle entre los ríos Tigris y Eufrates, del estado de la escritura humana, de la literatura, de las leyes y costumbres sociales de aquel tiempo, y otros detalles para mostrar la conexión entre su historia y las varias naciones del mundo! La razón por qué no lo hizo, se encuentra en su propósito al escribir este “libro de principios”.
Si consideramos con cuidado su propósito, veremos que él escribía una historia del pueblo de Dios, la línea de descendencia que por fin resultó en la fundación de la nación hebrea. Al hacer esto, dejaba escrita la historia más antigua de la obra de Dios en este mundo, que nos daría la salvación que urgía tanto para la raza humana. Los detalles que faltan nos habrían dado una lectura informativa e interesante, pero no habrían ayudado a desarrollar el propósito que Moisés tuvo en mente.
En el Nuevo Testamento el libro de Mateo parece haber sido escrito para demostrar que Jesús de Nazaret era el Mesías y Rey de Israel prometido. Para desarrollar este propósito, usó el plan de presentar aquellos detalles de la vida y ministerio de Jesús que mejor demuestran que en verdad era aquel Mesías y Rey. Con este fin incluyó la genealogía de Jesús por José, su padre según la ley, por medio de la cual Jesús podría reclamar su derecho al trono de David. Esta genealogía también indica su conexión con Abraham, el fundador de la nación, con David, su rey ideal, y con la tribu de Judá, a la que correspondía el honor de gobernar sobre la nación. De esta manera quiso establecer el derecho que Jesús tenía al trono de Israel.
De la misma manera escogió un gran número de profecías antiguas y mostró cómo Jesús las cumplió como Mesías y Rey. Este era el plan que Mateo elaboró para llevar a cabo su propósito al escribir su Evangelio.
En cada Evangelio el estudiante podrá notar ciertas “omisiones”. De Mateo, notará la omisión del nacimiento de Juan el Bautista. Pero cuando consideramos el propósito y plan que el escritor tenía en mente, vemos que esa historia no podría contribuir nada al libro. La misma historia, sin embargo, ayuda al propósito de Lucas, que fue la presentación de “todas las cosas desde su origen … por orden” (Lc. 1:3).
Lo mismo sucede con respecto al nacimiento de Jesús. Este relato era necesario para los propósitos de Mateo y Lucas: el uno lo presenta como Mesías y Rey, y con este fin se refirió a sus credenciales por ascendencia; el otro incluye esta historia como parte necesaria de “todas las cosas …”
Pero de Marcos y Lucas el mismo relato está omitido. Es posible que Marcos lo omitió según su plan de redactar la historia de Jesús en forma breve. Otros sugieren que la omitió porque presentaba a Jesús como Siervo u Obrero de Dios. En tal caso, no necesitaba credencial de ascendencia porque la autoridad no era suya sino del Padre. De Juan está omitida la historia de su nacimiento, en parte porque el libro fue escrito como complemento de los otros tres Evangelios, apuntando especialmente lo que ellos no habían incluido. Pero es posible, también, que omitió esta historia porque presenta a Jesús como el Verbo de Dios, que había existido con el Padre desde el principio. La única necesidad que veía Juan con respecto a su nacimiento era la de mencionar su venida a este planeta. El vaso humano—su madre según la carne—por medio de quien entró al mundo, era insignificante en comparación con su origen divino: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14).
En la misma forma debemos estudiar cualquiera omisión o énfasis de algún libro, a la luz del propósito de su escritor.
El plan del libro es la forma literaria que empleó el escritor para presentar su tema o llevar a cabo su propósito. Por ejemplo, los Hechos de los Apóstoles fue escrito con el propósito de señalar el traspaso del evangelio de la nación judía a los gentiles, y el progreso del mismo desde Jerusalén a Roma. Sigue el plan de mencionar solamente aquellos hechos significativos de los apóstoles para este fin; pero no de todos los apóstoles, sino de los dos principales, que eran los líderes y expositores del evangelio para los dos grupos de cristianos—los judíos y los gentiles; y no todos los hechos, sino aquellos que tienen que ver con el traspaso del evangelio, y con su progreso hacia Roma y los gentiles.
Pero esto no es aún el todo: ya que el libro de Hechos es principalmente una historia, sin muchos comentarios, en que Lucas no interpreta detalladamente los eventos que apunta. Donde los eventos requieran alguna interpretación, ésta es dejada—acaso inconscientemente—a las Epístolas de Pablo.
Se verá, entonces, que el propósito y plan de algún libro deben ser examinados juntos y entendidos en forma armoniosa.
Cuando hablamos de las limitaciones de algún libro de la Biblia, nos referimos a los asuntos doctrinales, históricos o científicos de los que el escritor no podía hablar por razón de condiciones que no le permitían hacerlo. Por ejemplo, no esperamos encontrar el evangelio explicado en el Antiguo Testamento, especialmente en sus aspectos históricos y doctrinales. Todo el Antiguo Testamento está sujeto a esta limitación.
La limitación científica consiste en el hecho básico de que ningún libro de la Biblia fue escrito para revelar verdades científicas; bien que algunos de sus secretos, y algunos conocimientos de los antiguos sí se encuentran en las Escrituras, siempre de manera no intencional. Si la Biblia se refiere a la tierra esférica (Is. 40:22), o sugiere a algún investigador científico que la nieve o el hielo se puede emplear en la fabricación de dinamita (Job 38:22), lo dice indirectamente. Es claro que los escritores bíblicos no dijeron tales cosas porque quisieron revelar estas cosas. Al contrario, estaban sujetos a muchas limitaciones al respecto.
A través de las Escrituras encontramos varios niveles de limitación doctrinal. No esperamos encontrar el evangelio en el Antiguo Testamento, sino solamente en promesa y profecía, o en tipos, símbolos e instituciones de la ley de Moisés. La realidad es que nos sorprendemos cuando encontramos alguna alusión al evangelio en él. El capítulo 53 de Isaías es cosa tan sorprendente en sus referencias evangélicas, que algún judío no bien informado puede estar seguro de que fue tomado del Nuevo Testamento y no del Antiguo. Pero ésta y otras referencias semejantes no son comunes.
Aun en los cuatro Evangelios—que son compendios selectivos de la vida y ministerio de Jesús—encontramos limitaciones doctrinales: allí no encontramos el mensaje del evangelio en lenguaje tan preciso como en el libro de Hechos y las Epístolas. Esto se debe al hecho de que los aspectos históricos del evangelio se verificaron sólo al final de la narración evangélica. La significación de aquellos eventos se aclara sólo después de la resurrección y del día de Pentecostés. Con raras excepciones leemos palabras de Jesús comparables con el lenguaje teológico preciso de las Escrituras posteriores. Marcos 10:45 y Lucas 24:46, 47 son ejemplos de estas expresiones raras. Pero Jesús mismo advirtió a los discípulos que tal sería el caso; y Juan lo recordó cuando escribió después de los otros:
Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre (Jn. 16:25).
Aun en el libro de Apocalipsis reconocemos una limitación verdadera. Mientras leemos, queremos saber más del futuro, pero reconocemos que Dios no ha tenido el propósito de hacernos saber ahora lo que se necesita saber sólo cuando llegue la hora. Es como si Dios nos dijera lo que le dijo a Daniel:
Anda … pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin (Dn. 12:9).
El propósito, el plan y las limitaciones de los libros de la Biblia son ilustrados bien en el libro de Job, y cuando los examinamos con cuidado podemos resolver algunos de sus problemas. El propósito del libro parece ser el de mostrar que el problema antiguo del sufrimiento humano no podía explicarse por medio de la importancia exagerada atribuida a la sabiduría; y en el acto eleva el libro de Job para darle un lugar de gran importancia entre todos los libros de sabiduría. El escritor de Job siguió el plan de apuntar los discursos de los amigos de Job, que discutieron con él y le acusaron de ser un gran pecador. En sus argumentos observamos ciertas limitaciones doctrinales, especialmente sobre su ignorancia acerca del papel que jugaba Satanás; no conocían a su enemigo, ni sabían qué parte jugaba en los asuntos de los hombres. Sin embargo, el escritor comprendió esto, y habló de ello en el prólogo del libro.
Si preguntáramos por qué los amigos de Job decían tantas cosas correctamente, y tanto más que era falso, el propósito del libro nos da la respuesta: que aunque eran hombres sabios, le dieron sobrada importancia a su sabiduría en su explicación de esta vida.
La verdadera razón del sufrimiento humano no está contestada perfectamente en el libro; aun en el Nuevo Testamento no la encontramos. Podríamos decir que existe como parte de la situación humana, en la cual participaba Jesucristo. O podríamos decir que el sufrimiento existe para el desarrollo espiritual de los que creen en Dios; o bien, para darnos la oportunidad de demostrar la fe y el amor. Pero no podemos estar completamente seguros porque estamos todavía sujetos a algunas limitaciones.
Cuando ofrecemos alguna interpretación de cualquiera parte de las Escrituras, debemos estar seguros de que esté de acuerdo con el propósito y plan del libro, y que reconozca las limitaciones a las que el escritor estaba sujeto.
PARA EL ESTUDIANTE
1.     Después de leer otra vez el libro de Ester, procure entender por qué se omiten el nombre de Dios y el asunto de la oración.
2.     Lea los capítulos al principio de Proverbios para descubrir el propósito del libro.
3.     Cuando leemos la historia de Israel y de la iglesia primitiva, ¿por qué no encontramos la historia de otras naciones, tales como Egipto, Asiria, Babilonia, Grecia y Roma?
4.     ¿Está completa la historia de Israel en el Antiguo Testamento? Explique su respuesta.

1 Marvin W. Cowan, Los Mormones: Sus Doctrinas Refutadas a la Luz de la Biblia (El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 1978), pp. 97, 98.
1 El verbo empleado por Marcos, apestégasan, puede emplearse en uno de dos sentidos: quitar el techo, o romperlo.
1 Joseph Angus y Samuel G. Green, The Bible Handbook, (Londres: Religious Tract Society), P. 193.
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