lunes, 9 de mayo de 2016

Porque oigo del amor y de la fe que tienes para con el Señor Jesús y hacia todos los santos, de manera que la comunión de tu fe ha venido a ser eficaz en el pleno conocimiento de todo lo bueno que hay en nosotros para la gloria de Cristo.

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




MUCHA LIBERTAD EN CRISTO: ONÉSIMO ARREPENTIDO


¿PARA QUÉ LEER LA EPÍSTOLA A FILEMÓN?

Con frecuencia oímos decir que el tema de la Epístola a Filemón es la esclavitud:

    La carta trata con el problema de la esclavitud, el tráfico de vidas humanas, y cuál debe ser la respuesta cristiana a ello.

Sin embargo, aun una lectura somera del texto revela que éste no es el caso. Es cierto que el contenido de la Epístola tuvo profundas implicaciones para la esclavitud, pero su tema no es la esclavitud.

La carta hace referencia a un esclavo y explica cómo debe ser recibido en una comunidad cristiana, pero no entra en debate sobre la actitud cristiana hacia la esclavitud como institución.

Y si bien podemos afirmar que, si todo el mundo tuviese las mismas actitudes que vemos en Pablo hacia los esclavos, acabarían automáticamente aquellos abusos en el trato humano que la esclavitud institucional suele comportar, aun así no podemos decir que Pablo esté atacando a la institución en sí.

De hecho, el apóstol trata mucho más directamente el tema de la esclavitud en otros textos (como, por ejemplo, 1 Corintios 7:21–22; Gálatas 3:28; Efesios 6:5–9; Colosenses 3:22–4:1; 1 Timoteo 6:1–2; Tito 2:9–10), un estudio de los cuales nos revelaría mucho más acerca de la enseñanza apostólica en torno a la esclavitud que la que encontramos en la Epístola a Filemón.

Ciertamente ésta despierta en nosotros algunas preguntas acerca de la esclavitud y exige a los cristianos comportamientos que, como ya hemos dicho, acaban implícitamente con los peores abusos de la misma. Sin embargo, la esclavitud en sí no es el tema de la Epístola.

Entonces, ¿cuál es su tema?
Estrictamente el tema de Filemón es un asunto de orden práctico. Como dice un comentarista:

    Su contenido es específico. Quizá ningún otro libro bíblico sea tan concreto en cuanto a que haya sido escrito para tratar un solo tema. Hay un punto que Pablo quiere compartir con Filemón. Al margen de los naturales saludos, se limita a hablar de ello y absolutamente nada más. Por eso, nos deja a oscuras en muchas cosas que nos interesaría saber … En Filemón no hay nada doctrinario … Pablo daba por sentado que Filemón conocía ya la doctrina. No era necesario explicársela.

El asunto práctico que la carta aborda es sencillamente la petición de que Filemón reciba a Onésimo con espíritu de perdón y como hermano en el Señor Jesucristo. Las circunstancias de la carta, entonces, son eminentemente prácticas: la necesidad del apóstol de interceder por Onésimo ante un amo ofendido, la petición de benevolencia y amor fraternal hacia el prófugo y —si acaso queremos un segundo «asunto»— la petición de hospedaje para Pablo mismo (Filemón 22).

Éstas son las cuestiones tratadas.
No son en sí mismas temas teológicos, ni siquiera éticos, aunque tienen implicaciones tanto doctrinales como morales.

La teología y la ética de la Epístola se encuentran más allá de su superficie, en el substrato, en las actitudes que subyacen en las peticiones del apóstol. Sin duda fue más bien a causa de ellas, y no por el contenido de la carta en sí, por lo que Filemón fue incorporada dentro del canon del Nuevo Testamento, porque es una Epístola sumamente aleccionadora en cuanto a ciertas actitudes y premisas que deben caracterizar nuestras relaciones fraternales.

Si bien el tema de la Epístola es de importancia relativa, las lecciones prácticas que podemos aprender de ella son de gran trascendencia y pueden ser resumidas en cuatro epígrafes:

    1.      En primer lugar, en Filemón aprendemos:

  •  el tacto, 
  • la cortesía, 
  • la discreción, 
  • la amabilidad, 
  • el respeto, 
  • la delicadeza y 
  • el civismo que deben caracterizar el trato entre creyentes. 
El hecho de que seamos hermanos en Cristo establece entre nosotros ciertas obligaciones y derechos, y éstos, en principio, se prestan a que se abuse fácilmente de ellos. Pero, al leer esta carta, vemos cómo Pablo trata con delicadeza, respeto y afabilidad los derechos que tiene como apóstol y las obligaciones de Filemón, y nunca abusa de ellos.

El hecho de tener ciertos privilegios como miembros de la familia de Dios y de saber que nuestros hermanos tienen obligaciones hacia nosotros nunca debe conducirnos a actitudes de presunción, de abuso o de chantaje moral.

      Esta Epístola da una muestra de la sabiduría más elevada en cuanto a la manera en que los cristianos deberían tratar sus asuntos sociales sobre principios más elevados.

      No contiene exposición ninguna doctrinal ni exhortaciones a la vida cristiana … Su valor consiste en el hecho de que ofrece una lección objetiva de cristianismo práctico … Suministra un ejemplo inspirador de conducta cristiana. Ante todo esta carta es un modelo de cortesía cristiana … No contiene la más mínima afectación, ni engreimiento, ni adulación, ni esfuerzo por impresionar. Es prototipo de sinceridad absoluta y cortesía perfecta.

      Las generaciones se han maravillado de la forma en que [Pablo] logró mantener el tono afectuoso y la mansa fortaleza que le daba su posición de padre espiritual de Filemón. Hay como una oscilación entre lo enérgico y lo bondadoso, que hace que estas líneas sean un modelo para la correspondencia de todos los tiempos.

      [La Epístola a Filemón] nos permite ver la cordialidad de las relaciones humanas que [Pablo] sostiene con un amigo; el tacto y la finura psicológica con que lo lleva a acceder a una súplica; el fino humor con que le propone renunciar a un legítimo derecho y la delicadeza con que le sugiere hacer lo que él no se atreve a pedirle.

    El tono de la Epístola nos recuerda lo que el mismo Pablo escribió a Timoteo:

      El siervo del señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen (2 Timoteo 2:24).

    La lectura de Filemón nos demuestra claramente que Pablo practicaba lo que predicaba.

    2.      En segundo lugar, la Epístola nos enseña ciertas virtudes de la vida cristiana como son 
  • el amor, 
  • el perdón y 
  • la reconciliación. 
Estas virtudes son expresadas de manera sencilla en medio de situaciones cotidianas y reales, no de forma teórica en medio de un tratado moral. Pero precisamente por eso nos llegan con mayor impacto y hermosura.

La auténtica cortesía no se aprende en escuelas de buenos modales, sino como consecuencia de descubrir en Cristo una fuente de amor. El verdadero amor es abnegado y busca el bien del otro, por lo cual siempre se expresa con la cortesía y respeto que acabamos de decir es una de las principales lecciones de esta carta.

    El amor de Pablo hacia Filemón y hacia Onésimo llenan el texto. Abundan frases de tierno afecto, de solidaridad, de cariño. La disposición del autor, y la que espera de sus lectores, es de sacrificio personal por el bien del otro.

El amor de Cristo manifestado en la vida del apóstol es el que derriba barreras sociales, convierte en «hijo» (Fil 10) al siervo inútil y hace que la relación amo-esclavo se disuelva para siempre en una nueva relación fraternal. El amor es la base sobre la cual Pablo funda sus peticiones (Fil 9). Pero el amor no es sólo un sentimiento entrañable; también se ha de manifestar de maneras prácticas. Y Pablo apelará a Filemón para que él practique por amor aquel perdón en el caso de Onésimo del cual él mismo ha sido objeto en Cristo. Aunque la palabra perdón no se encuentra en esta carta, el espíritu de perdón la llena.

    3.      Y esto nos conduce a la tercera gran lección que podemos aprender de esta epístola: la autenticidad del poder transformador del evangelio.

    El autor de la carta había sido hebreo de hebreos, fariseo de fariseos, un celoso de la Ley que, en su fanático afán de mantenerse puro de toda contaminación moral, antes había tratado a los gentiles como perros inmundos.

Ahora se considera a sí mismo apóstol a los gentiles y la redacta con el fin de interceder a favor de su amado hijo espiritual, el esclavo gentil Onésimo. ¿Qué ha efectuado este cambio radical en su vida, en sus actitudes, en sus relaciones y afectos? ¿Qué hace que un arrogante fariseo pueda humillarse y sacrificarse por un despreciado gentil? El poder transformador del evangelio de Jesucristo.

    Vemos este poder operante en Onésimo, convirtiéndolo de inútil en útil, de esclavo prófugo en hermano amado (v. 16). Lo vemos también en Filemón, haciéndole generoso en la concesión de su casa para el uso de la iglesia (v. 2), en su preocupación por las necesidades de todos los creyentes (vs. 5, 7) y —así lo esperamos— en el perdón y amor reconciliador que brinda al esclavo pródigo.

    Esta pequeña carta es la demostración de que el evangelio realmente funciona. Precisamente porque es una carta circunstancial de poco desarrollo teológico explícito, que trata sobre asuntos cotidianos y personas normales, por esto nos convence.

La vida de sus protagonistas sirve como espejo para reflejar la autenticidad del evangelio. Al estudiar este «espejo» tendremos que mirarnos a nosotros mismos. En aquellas vidas el evangelio funcionó, pero ¿qué de las nuestras? Éste es uno de los retos de la Epístola.

    Nuestra lucha a favor de cualquier reforma social siempre estará condenada al fracaso —o, como mucho, al éxito parcial— si no contamos con el poder transformador de Cristo. Nuestra sociedad no practica la esclavitud institucional, pero muchas de las características de la esclavitud todavía están con nosotros.

Mientras el hombre sea hombre, habrá pobreza, injusticia y abuso en las relaciones laborales y sociales. La única solución es que el hombre sea liberado de su vieja humanidad y se convierta en un hombre nuevo, con nuevas actitudes, ambiciones y relaciones. Cuando esto ocurra, los problemas sociales caerán.

Así debe ser en nuestras iglesias y en nuestras relaciones personales con nuestros hermanos en Cristo. Debemos ser la demostración fehaciente de que el evangelio es absolutamente eficaz para la transformación de actitudes egoístas en amor fraternal.

    Porque sabe que el evangelio funciona, Pablo puede escribir a Filemón con la plena esperanza de que éste no llevará a Onésimo al patíbulo, como tenía derecho a hacer, sino que lo recibirá como hermano en Cristo. Y, por esta misma razón, Onésimo puede acceder a volver a su amo, aun a riesgo de ser castigado. Lo puede hacer porque Cristo realmente transforma vidas. Sabe que su relación con Filemón nunca será igual que antes.

    4.      Finalmente, podemos destacar que esta pequeña epístola es un fiel reflejo de lo que significa la libertad en Cristo.

Curiosamente, dos de sus tres protagonistas se encuentran en circunstancias que humanamente parecen incompatibles con la libertad: Pablo es prisionero y Onésimo esclavo. Sin embargo, las relaciones que existen entre ambos, y entre ellos y Filemón, son la expresión de una nueva libertad en Cristo.

La coerción, la manipulación y el engaño ceden ante las nuevas vinculaciones fraternales de amor sincero. Todo rebosa confianza y amistad. Cristo no sólo nos reconcilia con Dios, sino también con nuestros hermanos y con nosotros mismos.

Esta realidad no es abordada en la Epístola como una tesis teórica, sino manifestada como algo real en la experiencia de los protagonistas. Por esto hace impacto. Por esto, también, se podría poner como título de esta carta la frase procedente del versículo 8: Mucha libertad en Cristo.
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domingo, 8 de mayo de 2016

Voceando palabras arrogantes y necias, seducen con las pasiones sensuales de la carne a los que hasta hace poco iban escapando de los que viven en error

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6
Fuentes sin agua... seducen...les prometen libertad




Llevemos a pastos frescos a la Congregación
FUENTES QUE DEBERÍAN TENER AGUA
2Pedro 2:17-19
17      Éstos son fuentes sin agua, nubes impulsadas por la tormenta, para los cuales está reservada la negrura de las tinieblas.
18      Porque voceando palabras arrogantes y necias, seducen con las pasiones sensuales de la carne a los que hasta hace poco iban escapando de los que viven en error.
19      Les prometen libertad, y ellos mismos son esclavos de corrupción; porque de quien uno es vencido, de éste queda hecho esclavo.

FUENTES SIN AGUA
Naturaleza
2 Pedro 2:17. Estos son fuentes sin agua y niebla llevada por la tormenta, para quienes está reservada la más densa oscuridad.
¡Qué imagen! Judas tiene una descripción ampliada en la cual solamente la primera y la última línea son similares a la versión de Pedro. He aquí las líneas tomadas de Judas 12–13:
Son nubes sin agua, llevadas por el viento. Son árboles que no dan fruto a su tiempo, dos veces muertos y arrancados de raíz. Son olas violentas del mar, que arrojan la espuma de su propia vergüenza. Son estrellas errantes, a las cuales la más densa oscuridad les está reservada para siempre.
Sin vacilar adoptamos la regla que estipula que la versión más breve de un texto es generalmente la lectura original, ya que los copistas siempre tienden a expandir, no a abreviar, un texto. 

Si aplicamos esta regla al texto de Judas, debemos dar lugar a la posibilidad de que Judas haya tenido el texto de la carta de Pedro en su poder. 

Sin embargo, también podemos suponer que Pedro y Judas se reconocían mutuamente como obreros en la iglesia y que juntos hablaban de los problemas que la iglesia enfrentaba en la segunda mitad del primer siglo. 

Ellos compartieron lo que habían considerado y escribieron, de manera que sus documentos exhiben interdependencia.

Pero volvamos a la descripción que Pedro hace de los apóstatas. 

Toma imágenes del mundo natural y manifiesta en tres breves cláusulas la verdadera naturaleza de estos infieles.

a. “Estos son fuentes sin agua”. Esta es una descripción que trae la imagen de un desierto en que el viajero está buscando un manantial. Pero al encontrar el manantial, descubre consternado que está seco. De igual manera, los falsos maestros no tienen nada que ofrecerles a los miembros de la comunidad cristiana: son como fuentes secas.

La segunda ilustración es igualmente adecuada:
b. “Niebla llevada por la tormenta”. ¡Qué desilusión sufre aquella gente que, víctima de una sequía, ve llegar las nubes típicas de una tormenta, de las que esperan lluvia abundante, sólo para observar luego como la tormenta se lleva de largo a las tumultosas nubes que no tienen agua. 
Así los herejes causan conmoción en la comunidad pero no ofrecen nada que sea substancial y digno de atención. En cierto sentido, traen abatimiento.

c. “Está reservada la más densa oscuridad”. 
Cerca de fin de siglo Juan escribe: “Dios es luz” (1 Jn. 1:5). 
Lo opuesto a la luz es la oscuridad absoluta. Mientras los hijos de Dios comparten su luz, los hijos del diablo andan en la oscuridad que han escogido. 

A ellos les espera el juicio de Dios que Pedro describe como “la más densa oscuridad”. 
En el griego, Pedro usa el superlativo la más densa, que es el mismo término lóbregos que ya hemos encontrado en el versículo 4 (Es que si Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al infierno, metiéndolos en lóbregos calabozos a ser reservados para el juicio”).
Intención
18. Porque profieren palabras arrogantes y sin sentido y, apelando a los deseos de la naturaleza pecaminosa del hombre, seducen a quienes acaban de escapar de los que viven en el error.
De las metáforas que tomó del ambiente de la creación de Dios, Pedro pasa ahora a una descripción de la intención que tienen estos falsos maestros. Casi como resumen de lo dicho en la primera parte del capítulo, 

Pedro exhibe los métodos y fines que estos herejes buscan ejecutar.

a. “Porque profieren palabras arrogantes y sin sentido”
El término palabras tiene dos adjetivos calificativos en esta traducción. 
El primer adjetivo, “arrogantes”, se refiere a la forma y al sonido de dichas palabras. Son declaraciones engreídas, orgullosas y exageradas. 
El segundo, “sin sentido”, tiene que ver con el contenido de las palabras habladas. Son inútiles, faltos de todo significado, sin propósito. No tienen significado porque carecen de toda semejanza con la verdad y con la integridad. Sin embargo, los falsos maestros utilizan estas palabras para sus propios propósitos (cf. Jud. 16).

b. “Apelando a los deseos de la naturaleza pecaminosa del hombre, seducen a quienes …”. 
Esta es una variante del versículo 14: “Con los ojos llenos de adulterio, son insaciables en el pecar; seducen a las almas inconstantes”. 

Ellos declaran estas palabras arrogantes y sin sentido con el propósito de atrapar a gente inestable. 

¿Cómo logran su objetivo? Ellos excitan aquellos deseos sexuales del hombre que lo inducen a la lujuria y a la gratificación sexual. La inclinación de Pedro hacia la redundancia se hace evidente una vez más. El escribe literalmente: “Ellos tientan por medio de deseos carnales, por la sensualidad” (NASB). 

La expresión griega deseos carnales es fortalecida por el término sensualidad, que se refiere a la conducta indecente y a los excesos sexuales que eran prevalentes en Sodoma y Gomorra.

c. “Seducen a quienes acaban de escapar de los que viven en el error”
Como animales carnívoros que atacan a los miembros más débiles de la manada, así los falsos maestros centran su atención en los nuevos conversos. 

Los creyentes que no han tenido suficiente tiempo para crecer en la gracia y en el conocimiento de la fe cristiana tienen ahora que soportar las tentaciones de los apóstatas. 

Pedro agrega las palabras acaban de, que significa “apenas”. Otra traducción de esta sección del versículo es la siguiente: “seducen … a los que verdaderamente han huido de los que viven en error” (VRV, bastardillas añadidas; basadas en una lectura alternativa).

Sin embargo, el punto del mensaje de Pedro parece ser que es más probable que los falsos maestros tengan éxito en seducir a los nuevos conversos que a los cristianos experimentados que en el pasado escaparon de un modo malo de vivir. 

Además, un participio presente que encontramos en los manuscritos griegos más importantes indica que la acción de escapar era reciente. Pedro se está refiriendo a una minoría de la comunidad cristiana, no a toda la iglesia. Su preocupación abarca a los nuevos cristianos que todavía no han tenido suficiente enseñanza en la fe para oponerse al maligno. En general, los recién iniciados en la fe cristiana pueden fácilmente volver a ser atrapados por el mundo.

Los traductores favorecen la lectura que tiene el tiempo presente y la expresión acaban de, recién. Por ejemplo: “Seducen a los que acaban de alejarse de los que viven en el error” (BJer). Entre paréntesis, la Vulgata latina se aparta del texto griego al colocar las dos cláusulas en aposición: “Los que escapan de a poco, es decir, los que viven en error”. 

Las antiguas traducciones siriacas también difieren de la lectura griega: “Los que huyen de las palabras rectas y los que viven en error” ó “los que con pocas palabras escapan de los que viven en error”. Es posible, sin embargo, que estas versiones no sean más que simples intentos de mejorar el texto griego.

¿Quiénes son “los que viven en error”? No pueden ser los falsos maestros, caso así supondríamos que Pedro sería más explícito. La redacción no es lo suficientemente clara como para creer que estos maestros estuviesen tratando de recapturar a los nuevos conversos que acababan de escapar de su influencia y poder. Es mejor entender la cláusula como una referencia a la población gentil que seguía viviendo en la oscuridad espiritual.
Esclavitud
2 Pedro 2:19. Les prometen libertad, mientras que ellos mismos son esclavos de la depravación, ya que uno es esclavo de aquello que lo ha dominado.
¡Promesas doradas! Pero qué ironía es oír a los falsos maestros hablar acerca de una libertad que ellos mismos no poseen. Ellos son incapaces de cumplir su promesa de libertad porque están esclavizados por el pecado. Los esclavos del pecado prometen a su prójimo la libertad.

Pedro llama a esta gente “esclavos de la depravación”. El grado de depravación es evidente en la distorsión de los hechos. Pedro no describe a estos maestros como gente que, en su ignorancia y falta de un conocimiento pleno del evangelio—andan predicando “los beneficios y bendiciones de Cristo”. Al contrario, ellos distorsionan adrede la verdad para socavar el progreso del evangelio de Cristo.

La libertad en Cristo significa que somos libres del peso del pecado, que Cristo ha cumplido la ley por nosotros (Ro. 10:4), y que obedecemos la ley de Dios para expresarle a él nuestra gratitud. Pero esta no es la libertad que estos promotores del error ofrecen a los recién convertidos a la fe cristiana. Esa supuesta libertad está totalmente depravada, puesto que se trata de un permiso para vivir fuera de la ley de Dios.

Pedro escribe acerca de las promesas de libertad en otro contexto. Allí él da a conocer a los lectores las preciosas promesas que Dios les ha hecho, a fin de que ellos “escapen de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos” (1:4).

“Ya que uno es esclavo de aquello que lo ha dominado”. 
Esta oración es un proverbio que aparece algunas veces en la literatura cristiana primitiva. Tiene su paralelo en la observación de Pablo: “¿No sabéis que cuando os ofrecéis voluntariamente a obedecer a alguien como esclavos, sois esclavos de aquel a quién obedecéis?” (Ro. 6:16; y véase Jn. 8:34). 

Pedro se opone a los falsos maestros que han escogido deliberadamente obedecer al pecado y que, por consiguiente, han llegado a ser esclavos del pecado. El pecado los ha dominado completamente. Pedro los describe vívidamente con las siguientes palabras: 
“con los ojos llenos de adulterio, son insaciables en el pecar” (v. 14).
Consideraciones doctrinales en 2 Pedro 2:19
¿Qué es la libertad? Ni bien hacemos esta pregunta, se hace necesario especificar de qué tipo de esclavitud hemos sido librados. La gente que ha estado esclavizada por el alcohol o por las drogas pueden alegar libertad de su dependencia química. Las naciones que han sido libradas de una ocupación del enemigo experimentan la libertad de la opresión. Esta creación que ha sido colocada bajo el cautiverio del pecado, espera pacientemente el día en que “será liberada de la esclavitud de la corrupción y llevada a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Ro. 8:21).

Muchos de los primeros lectores de la epístola de Pedro tenían un conocimiento personal de la esclavitud y de la libertad. El Nuevo Testamento nos enseña que en la iglesia primitiva muchos de los cristianos eran esclavos (Ef. 6:5–8; Col. 3:22–25; 1 Ti. 6:1–2; Tit. 2:9–10; 1 P. 2:18). 

Pero en la comunión de la iglesia cristiana, las distinciones entre amo y esclavo desaparecieron. Por ejemplo, Pablo presenta a Onésimo como hermano cristiano de Filemón.

 También enseña a los Gálatas los principios de la libertad cristiana: “Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gá. 3:28). La verdad del evangelio libera al creyente del poder del pecado.

En el mundo gentil del primer siglo, los filósofos atenienses enseñaban que “las personas que son legalmente libres pero que están controladas por sus vicios son en realidad esclavos, los que son legalmente esclavos pero que buscan la bondad y la verdad son realmente libres”. 

Aunque esto no deja de ser un comentario elogiable, lo cierto es que los filósofos no están en condiciones de librar al hombre de las cargas y cadenas del pecado. Pero mediante su obra y palabra. Cristo Jesús concede verdadera libertad a todo aquel que viene a él en fe y arrepentimiento. Solamente el hijo de Dios libera al creyente de tal modo que sea verdaderamente libre (Jn. 8:36).
Palabras, frases y construcciones griegas en 2 Pedro 2:18–19
Versículo 18
ματαιότηος—si bien las traducciones le otorgan un significado adjetival (“vacías”) a esta palabra, es un sustantivo que significa “vacuidad, inutilidad, falta de propósito”.

ἀσελγείαις—este es el dativo plural del sustantivo femenino que significa “sensualidad”. Unos pocos manuscritos griegos tienen el genitivo singular de este sustantivo (“a los codiciosos deseos de sensualidad”). No obstante, esta lectura es innecesariamente repetitiva.

ὀλίγως ἀποφεύγδοντας—el adverbio fortalece al participio presente activo, que tiene una connotación ingresiva (“a punto de comenzar a escapar”). La lectura ὄντως (en realidad) debe ser tomada sintácticamente con el aoristo activo ἀποφυγόντες significa “en realidad ha escapado”. Los mejores manuscritos apoyan al presente participio con ὀλίγως (justo).
Versículo 19
ἥττηται—del verbo ἡττάω (hago inferior), este perfecto pasivo revela que una acción ocurrió en el pasado pero que los resultados son relevantes para el presente (véase v. 20). El tiempo perfecto de δεδούλωται (del verbo δουλόω, esclavizo), establece la misma distinción.
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viernes, 29 de abril de 2016

—¡Maestro! ¿No te importa que perecemos?...—¿Por qué estáis miedosos? ¿Todavía no tenéis fe? ...¿quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




MAESTROS Y MAESTRAS: ¡¡¡AQUÍ UNA LECCIÓN PARA USTEDES!!!
EL PODER DE JESÚS SOBRE LA NATURALEZA
Jesús calma la tempestad 
Marcos 4:35-41
35 Aquel día, al anochecer, les dijo:
—Pasemos al otro lado.
36 Y después de despedir a la multitud, le recibieron en la barca, tal como estaba. Y había otras barcas con él. 37 Entonces se levantó una gran tempestad de viento que arrojaba las olas a la barca, de modo que la barca ya se anegaba. 38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal; pero le despertaron diciendo:
—¡Maestro! ¿No te importa que perecemos?
39 Y despertándose, reprendió al viento y dijo al mar:
—¡Calla! ¡Enmudece!
Y el viento cesó y se hizo grande bonanza. 40 Y les dijo:
—¿Por qué estáis miedosos? ¿Todavía no tenéis fe?
41 Ellos temieron con gran temor y se decían el uno al otro:
—Entonces, ¿quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?

SERIE: EL PODER DE JESÚS - SOBRE LA NATURALEZA

Los milagros que demuestran el 
PODER DE JESÚS


Introducción al Evangelio según S. Marcos.
El Evangelio según S. Marcos está dividido en tres secciones. Se titulan:
I.—    El Poder de Jesús: Cinco lecciones sobre los milagros y su enseñanza.
II.—  Oposición a Jesús: Incidentes que muestran la amarga hostilidad a la que se enfrentó el                         Salvador. Advertencias de cómo evitar tener nosotros mismos esas terribles actitudes.
III.— Beneficios y pérdidas por seguir a Jesús: Ejemplos y enseñanza del relato evangélico que nos               desafían a considerar seriamente este asunto.


LECCIONES SOBRE EL PODER DE JESÚS

1.— El poder de Jesús sobre la Naturaleza
“¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?” (4:41), preguntaron los conmocionados testigos de este asombroso acontecimiento. Único en la Historia de este mundo, este gran milagro también debería hacernos pensar.

2.— El poder de Jesús sobre la muerte
Desde el nacimiento de la civilización el hombre se ha dedicado a luchar contra ella en cuerpo y alma. Los individuos y las comunidades han tenido muy poco éxito en el intento de retrasarla o impedir que ocurra. Hoy aprendemos de un hombre que en un momento, con una palabra, pudo ordenar a la muerte que renunciara a su víctima con un éxito instantáneo. Este mismo Jesús está a la espera de rescatarnos de nuestra muerte espiritual.

3.— El poder de Jesús sobre el diablo
Un hombre atormentado y poseído por el diablo parecía un caso perdido, pero una vez más el poder de Jesús fue eficaz y le liberó de inmediato. Todos nosotros estamos tiranizados en mayor o menor medida por el enemigo de nuestras almas, y solo Jesús puede liberarnos.

4.— El poder de Jesús sobre nuestras necesidades
Todos nosotros sufrimos durante toda la vida la lucha por el dinero y la satisfacción de las necesidades básicas. La multitud comprendió rápidamente el significado de este suceso único y extraordinario. Pero en lugar de permitir que esto revelara a la persona y poder del Señor, lo desperdiciaron en la avaricia y en el provecho personal y egoísta. ¿Cuáles son nuestras razones para acudir a Él?

5.— El poder de Jesús sobre la enfermedad
Aun los niños más pequeños han experimentado alguna dolencia física que ha bastado para hacerles sensibles hacia aquellos que sufren gravemente. El Salvador fue capaz de aliviar a quienes soportaban todo tipo de enfermedades y discapacidades. A una orden suya muchas personas experimentaron un restablecimiento inmediato y total. Él tiene la misma autoridad para curarnos de la enfermedad del pecado. ¿Hemos acudido alguna vez a Él en busca de curación?

Introducción para los maestros

La mayoría de los niños tiene al menos un ligero conocimiento de estos milagros.
Por desgracia, muchos los encuadran en la misma categoría que los cuentos de hadas. Para ellos los milagros están en el terreno de fantasía y de la ficción.

Nuestro primer objetivo será, pues, convencer a la clase de que estamos hablando de la Historia y de hechos, y no de meros cuentos. Desde esta perspectiva, estos acontecimientos son asombrosos y extraordinarios. Graban en la memoria el poder divino del Señor. Hemos de proponernos que los niños pregunten como los discípulos: “¿Quién es éste?”

Las señales. En Juan 20:30–31 se nos dice que los milagros eran “señales”. No solo nos enseñan quién es el Señor, sino cómo obra.

Nuestros antepasados los consideraban “representaciones de las parábolas”, señales de lo que su amor y su poder pueden hacer espiritualmente. Esta idea añadirá una nueva dimensión a la lección.

Podemos mostrar a los niños que ya piensan conocer estos sucesos que tienen todo un nuevo matiz por descubrir, lo cual les desafiará e influirá de forma muy personal.


Complemento visual

CV 1 está concebido para ser utilizado en toda esta serie.


LECCIÓN 1:
EL PODER DE JESÚS SOBRE LA NATURALEZA 


La tormenta apaciguada

Marcos 4:35–41

Propósito: 
Mostrar a los niños por qué deberían confiar en el Señor, y cómo pueden confiar en Él.

Bosquejo de la lección

Haz ver a los niños el tremendo significado de este acontecimiento único y asombroso.

Háblales de la utilización de los símbolos y de las señales en la vida cotidiana.
Al presionar un signo o una tecla en el ordenador obtenemos una gran cantidad de información. Cuando viajamos por el campo un solo nombre en una señal puede indicar un gran cambio en el paisaje a la llegada a una gran ciudad.

Explícales que cuando el Señor Jesús hacía alguno de sus imponentes milagros era también un símbolo que informaba de cosas grandes e importantes. La forma en que Jesús calmó la tormenta en el mar de Galilea pertenece a este tipo de símbolo.



      CV 1 — Complemento visual para su utilización en las lecciones sobre “El poder de Jesús…”.

Símbolo A.
— Empieza el viaje
Describe cómo el mismísimo Jesús mismo propuso que Él y los discípulos cruzaran el mar. Otros barcos les siguieron y se vieron implicados en todo lo que ocurrió.
La vida misma es como un gran viaje en un mar imprevisible. Zarpamos como marineros inexpertos. ¿Nos parecen innecesarios una carta de navegación, una brújula y un piloto? ¿Está el Señor con nosotros?

Símbolo B.
— Una embarcación frágil. 
Mientras los discípulos estaban de pie en la orilla su nave parecía sólida y segura, pero una vez que empezó a soplar la tormenta, fue sacudida como si fuera una caja de cerillas, y llegaron a temer ser aplastados por las olas. Nosotros viajamos por el mar de la vida en una frágil nave. Podemos suponer que nuestros cuerpos son sanos y fuertes, pero en realidad solo existe una latido de corazón entre nosotros y la muerte, y las fuerzas con que nos vamos a encontrar serán mucho más poderosas que nosotros.

Símbolo C.
— ¡Peligro! 
Describe la súbita aparición de una pequeña nube en el cielo nocturno, el viento soplaba y en breves momentos el tranquilo mar nocturno se transformó en una masa embravecida. Aun los pescadores veteranos estaban aterrorizados. El viaje por la vida es mucho más peligroso de lo que la mayoría de las personas cree.

Pregunta a los niños si han estado alguna vez realmente asustados. 
Ayúdales a imaginar cómo ha de ser estar en una nave aérea que cae en picado sin control. 
Recuerda a la clase que las tormentas inesperadas de la vida traen temores e inquietudes que a menudo se llevan consigo nuestra felicidad y determinan lo que hacemos. 

En cierto momento estamos esperando con interés, por ejemplo, unas vacaciones, o un nuevo juguete o algún cachivache, cuando de repente nos golpea el desastre. Quizá el desempleo golpea a la familia, o una pelea terrible rompe la familia, o quizá uno de los padres cae enfermo. 

¿Podríamos hacer frente al problema? ¿Mientras crezcamos y pasemos por la juventud resistiremos el pecado y la tentación, o temeremos el desprecio de aquellos que se rinden a él y nos uniremos a ellos? La vida está llena de estos temores y estas inquietudes.

Símbolo D.
— Nuestra confianza puesta a prueba. Los discípulos creían que estaban siguiendo al Señor, pero Él les puso a prueba quedándose dormido durante la terrible tormenta. ¿Creyeron en Él? ¿Creyeron de veras que, dormido o despierto, Él era el Señor y que, por tanto, estarían a salvo? 

En tierra firme creían que confiaban en Él, pero ahora Él ponía su fe a prueba. Nadie es verdaderamente convertido sin confiar en Cristo.

Símbolo E.
— El enorme poder de Jesús. 
Los seres humanos no comprenden fácilmente el poder espiritual del Señor Jesús. 
Los discípulos, unos marineros experimentados, sintieron pánico. 
¡Aunque Jesús estaba a bordo, estaban seguros de que iban a morir! 
¡En su estado de desesperación, demostraron que no creían que Jesús podía salvarles si estaba dormido! ¡Como cualquier otro hombre normal, tenía que estar despierto para hacer cualquier cosa que les ayudara! Si hubieran entendido realmente que Él era Dios, se habrían dado cuenta de que no podía ahogarse en un accidente.

¿Somos nosotros mejores? ¿Comprendemos que el Señor Jesús, a pesar de que está fuera de la vista en el Cielo, posee el poder espiritual para cambiar nuestros propios corazones con una sola mirada?

Puede cambiar nuestro carácter, capacitarnos para comprender el Evangelio, fortalecernos y bendecirnos sin estar presente físicamente.

Símbolo F.
— Su poder hacia nosotros. 
La voluntad del Señor es todopoderosa, aun sobre cosas que parecen incontrolables. 

De la misma forma que dio órdenes al mar, puede transformar a la persona más rebelde y hacer que le conozca y le ame. Cuando oramos a Él pidiendo ayuda, aunque hayamos pecado contra Él, acude inmediatamente en nuestra ayuda y nos salva con una palabra.

Hemos oído de otros que afirman ser capaces de sanar a las personas, pero nadie ha pretendido jamás ser capaz de controlar el tiempo atmosférico. Sin embargo, el Señor Jesús, en presencia de muchos hombres completamente despiertos, dirigió tan solo dos palabras a las olas y al mar, y el resultado fue inmediato. Aun en la era de los satélites, las naves espaciales, los ordenadores que analizan el tiempo, etc., no podemos predecir el tiempo con exactitud, ni mucho menos controlarlo con palabras.

Di a los niños que el Señor cambió completamente no solo el tiempo, sino también las vidas de millones de personas. Él también les ha revelado su gran poder día tras día, respondiendo a sus oraciones y ayudándoles, especialmente en su servicio y su obra para Él. Recuerda a los niños que el Señor Jesús no ha cambiado. Sigue siendo el Señor del universo y Soberano de todas las cosas.

Símbolo G.
— Nuestra incredulidad pecaminosa. 
El Señor reprenderá a todos aquellos que rechazan confiar en Él. Afirma que Jesús expresó su decepción a sus discípulos. El viento y el mar “conocieron” y obedecieron a su Creador, sin embargo, a sus propios discípulos les entró pánico y se comportaron como si Él fuese tan solo un ser humano desvalido. (cf. Isaías 1:3).

Termina la lección mostrando a la clase que podemos apenar al Señor cuando rehusamos creer en Él. Vino de los atrios celestiales a hacer el milagro más grande de todos los que se han hecho: morir en la Cruz, para que tuviera el derecho y el poder de salvar a muchos, muchísimos niños y adultos de sus pecados.

¡Cuán trágico es separarse del Salvador y depositar nuestra confianza en alguna cosa o en alguien en su lugar! 

Anima a los niños a que consideren las evidencias y fijen su mirada con admiración y asombro en el Hijo de Dios —Señor del mar— que vino a este mundo para rescatar a todos aquellos que, al comprender que sin Él perecerán, claman a Él para recibir su ayuda.

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jueves, 28 de abril de 2016

Hijo mío, si los pervertidos te quieren seducir, no consientas...no olvides mis enseñanzas, Y tu corazón guarde mis mandamientos.

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




CAPACITACIÓN MAESTROS ESCUELA DOMINICAL

¿Vas a Empezar o ampliar una escuela dominical?


PASOS A SEGUIR

Debemos entender la importancia de presentar al Señor a una nueva generación. Es preciso que todo se haga dignamente. Consigue el apoyo más fervoroso de la reunión de oración de la iglesia.

Considera la mejor hora en que celebrar la escuela dominical.
En algunas zonas parece que el horario de mañana es la opción más provechosa. Sin embargo, cuando es posible y conveniente, la escuela dominical celebrada por la tarde hace posible que toda la comunidad de la iglesia se dedique intensivamente a la labor de los niños y, por tanto, se puede lograr reunir a un número mayor de niños.

A muchos niños de familias no creyentes les gusta hacer algo los domingos por la tarde, y los padres los llevan de buena gana. A menudo la escuela dominical de la mañana, organizada para que se adapte al culto de la mañana, es demasiado temprana para las familias no creyentes; no obstante, la situación local quizá aconseje inclinarse por esta opción.

El primer día. 
Esforzarse por empezar con el mayor número posible de niños que podamos reunir.
Las aglomeraciones son un buen reclamo. Los niños no prestan atención a reuniones pequeñas y grises. (Es mejor reunirse en una sala pequeña y repleta que en una grande y vacía).

Reunir a los niños.

  1. Anima a otros miembros de la iglesia a enviar a sus propios hijos, a los de sus vecinos y a los de sus amigos. 2. 
  2. Una semana o dos antes de empezar, reparte por el vecindario tarjetas o cartas de invitación con un diseño atractivo. 
  3. Haz visitas personales a los domicilios la semana previa para responder preguntas, insistir en la invitación y animar a los niños a que acudan. 
  4. Elige a un grupo de adultos para que visite a los niños el día señalado. 
  5. Organiza tantos automóviles, furgonetas, etc. como sea posible para recoger a los niños, en especial a los que viven en lugares más alejados. Si la escuela dominical se hace por la tarde, podemos pedir a casi todos los conductores de la iglesia que se unan al equipo.
  6. Este equipo de personas formado por quienes visitan a los niños y quienes los recogen construirá un vínculo inestimable con las familias, lo que facilitará oportunidades de evangelización del vecindario que de otra forma, y sin el vínculo con los niños, tardarían años en desarrollarse.

Listas de asistencia.
Organiza un sistema eficiente de listas.
Es mejor que una persona (o un equipo), que no esté implicada en la enseñanza, se encargue de ellas, de esta forma puede prestarles toda su atención.

Planifica un sistema de premios por asistencia habitual y buen comportamiento.
Los niños responden al menor incentivo, y las novedades les encantan.
Utiliza pequeños premios, nuevos objetivos y nuevas tablas, hace maravillas, y se mantiene dentro del principio divino de la recompensa y el castigo.

Proporciona tarjetas impresas con una fotografía o un dibujo del edificio de la iglesia con nombre, dirección, etc., tranquilizará a los padres en caso de que teman que sus hijos van acudir a la reunión de una secta. Se puede rellenar una de estas tarjetas con la edad, la dirección, teléfono, etc. de cada nuevo niño. Este registro facilitará al personal de la escuela dominical la labor de preparar un plan completo de visitas a los ausentes. Los niños son inconstantes y necesitan que se les recuerde que acudan. ¡Hay tantas otras atracciones los domingos!

Presentación y complementos visuales.
Asegúrate de tener un número suficiente de hojas de himnos y cánticos, tablas de equipos, etc., con una buena presentación, para que la atmósfera general produzca una impresión favorable en los niños.

Es importante que el nivel de la presentación de los complementos visuales sea tan alto como el que los niños están acostumbrados a ver en su escuela normal. Todo aquello que sea de menor calidad deshonra al Señor. Los maestros deberían utilizar rotuladores, Letraset y fotocopiadoras para que sus presentaciones visuales sean atractivas.

Utiliza una cartulina grande y escribe las palabras del complemento visual con un rotulador grueso.

Himnos y música.
Piensa en este punto detenidamente. Hemos de mostrar a nuestros niños que adoramos a un Dios santo y que ser cristiano significa separarse del mundo pecaminoso y carnal. A lo largo de los siglos y en todas partes, los cristianos han tenido que dejar atrás la cultura mundana de su tiempo y proporcionar música y alabanza dignas del Señor.

Tenemos un legado de himnos y cánticos cortos, sencillos, teológicamente ricos y con un mensaje profundo, escritos por cristianos que se consagraron en el pasado a la obra evangélica entre los niños. Asimismo tenemos muchas melodías memorables y melodiosas a nuestra disposición. Lamentablemente, la generación de la música pop ha descartado gran parte de este material rico en mensaje evangélico por considerarlo pasado de moda, y a los niños se les enseña un sentimentalismo hueco ajustado a los ritmos modernos.

Muchos de los himnos más antiguos comunican, en un lenguaje muy sencillo, todo el mensaje evangélico a los que están perdidos. Si los niños aprenden estas estrofas en su juventud, recordarán las palabras toda su vida y llevarán el desafío del Evangelio hasta sus lechos de muerte. Mucho después de que sus días en la escuela dominical hayan terminado, este mensaje del amor redentor de Dios permanecerá en ellos. Hemos de prestar seria atención, pues, a los himnos que enseñamos y a la música que utilizamos.


LISTA DE COMPROBACIONES PARA LOS MAESTROS QUE PREPARAN UNA LECCIÓN

Lee el pasaje bíblico con detenimiento: los apuntes de la lección no son un sustituto de la lectura.

Verifica que tienes un verdadero interés personal por la clase. Los niños perciben con facilidad las actitudes hipócritas o indiferentes.

Prepara algún complemento visual para la lección, con la presentación de noticias o ilustraciones de revista relacionadas con ella, u objetos que sirvan de ejemplo de los puntos que se van a tratar.

Piensa en cómo presentar la lección. Una introducción interesante es vital para retener la atención de los niños desde el principio.

Una vez que la clase está escuchando, haz una presentación interesante y atrayente durante toda la lección. No se debe desviar la atención de los alumnos con preguntas o “charlando” en medio de la lección. (Las preguntas se pueden hacer al final de la clase).

Haz apuntes propios con epígrafes. Aunque no se vaya a hacer referencia a ellos durante la lección, los apuntes ayudan a fijar la estructura básica de la lección en la mente y aportan, pues, libertad y fluidez.

Examina el contenido de la lección. ¿Ayuda la lección a que los niños vean algún aspecto de la realidad y del horror del pecado? ¿Contiene la lección algún aspecto “benévolo”, incluye algún esfuerzo real para convencerles de la bondad de Dios y de la misericordia al crear un camino para el perdón en el Calvario? ¿Cómo terminará la lección? Las palabras del “llamamiento” final han de prepararse cuidadosamente. No se debe pensar que esto es algo básico y, por tanto, fácil; esta importante parte de la lección ha de ser siempre novedosa y convincente.

Pide la bendición del Señor en cada uno de los diferentes aspectos del trabajo, recordando sus palabras: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; PORQUE SEPARADOS DE MÍ NADA PODÉIS HACER” (Juan 15:5).

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miércoles, 27 de abril de 2016

Es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos...¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




Alimentemos con pastos frescos a la congregación

Una salvación tan grande
Hebreos 2:1-4
2:1  Por lo tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2 Pues si la palabra dicha por los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3 ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? Esta salvación, que al principio fue declarada por el Señor, nos fue confirmada por medio de los que oyeron, 4 dando Dios testimonio juntamente con ellos con señales, maravillas, diversos hechos poderosos y dones repartidos por el Espíritu Santo según su voluntad.

UNA SALVACIÓN TAN GRANDE QUE NO DEBEMOS DESCUIDAR
El peligro de descuidar su revelación
Hebreos 2:1–4
V. 1
El autor de Hebreos interrumpe su exposición de la superioridad de Jesús sobre los ángeles con la primera de varias amonestaciones a sus lectores. 

El propósito de Hebreos no es simplemente lograr que los lectores acepten mentalmente la superioridad de Jesús; lo que creemos se debe reflejar en lo que hacemos. Si Jesucristo tiene una naturaleza tan digna, recta, y poderosa como se mostró en el primer capítulo, debemos dar la mayor atención a la palabra de Dios que él nos trae. Los destinatarios de Hebreos estaban en peligro de dejar su profesión cristiana por temor o apatía. Si aceptaban la superioridad de Cristo, lo mostrarían por la perseverancia.

La salvación no es simplemente un “lugar” donde podemos descansar en pasividad, sino un camino en el cual tenemos que caminar. Si no somos diligentes y activos, progresando en el camino de la fe, nos alejamos poco a poco del Hijo y de sus demandas, como un barco que por descuido pasa la seguridad del puerto y se escurre a la destrucción (Hebreos 6:19 describe nuestra esperanza como un ancla). Más son los que se alejan de Jesús por deslizamiento pasivo, que los que por decisión activa renuncian a la fe.
Semillero homilético
Indicaciones en el camino de la salvación
Hebreos 2:1–4
Introducción: 
Cristóbal Colón no se quedó tranquilo con su descubrimiento de haber encontrado el camino, la ruta a la India, sino que hizo lo imposible para recorrer esa ruta y fue así que se encontró con el Nuevo Mundo. No es suficiente solamente encontrar el camino, sino caminar por ese camino para llegar al lugar deseado.

Jesucristo es el camino de la salvación, eso lo sabemos una mayoría, pero no basta saberlo sino caminar en ese camino, vivir de acuerdo a las reglas de ese camino para encontrar la salvación. De ahí que vale la pena considerar tres indicaciones en el caminar por el camino de la salvación según Hebreos 2:1–4.
I.     Las recomendaciones para el caminar por el camino de la salvación (v. 1a).
1.     La primera recomendación es que debemos ser diligentes en nuestro andar (por el camino de la salvación).
(1)     Porque no es simplemente un refugio donde podemos estar tranquilos y quietos.
(2)     Porque es un camino en el cual tenemos que bregar con esmero y entrega.
2.     La segunda recomendación es que debemos observar las reglas del camino de la salvación con mucha seriedad.
(1)     Porque las reglas son vitales para que permanezcamos en él. (Son mucho más que el vestido, la comida, las comodidades y planes humanos).
(2)     Porque las reglas no son secundarias. (No se las puede tomar como un juego), de ellas depende nuestra felicidad, nuestra paz, nuestra vida.
II.     Los peligros en el caminar por el camino de la salvación (vv. 1b2a).
1.     Uno de los peligros es la negligencia y la pasividad.
(1)     Porque (la negligencia y la pasividad) traen como consecuencia el alejamiento de Cristo y sus demandas. (Más son los que se alejan de Jesús por deslizamiento pasivo, que los que por decisión activa renuncian a la fe).
(2)     Porque la negligencia y la pasividad trae como consecuencia el acomodamiento a un estado parasitario.
2.     Otro de los peligros en el camino de la salvación es la apatía.
(1)     Porque la apatía es un estado de fría indiferencia a las exigencias del camino de salvación.
(2)     Porque la apatía es un estado de dureza, insensibilidad a las demandas del camino de salvación.
III.     Las sanciones en el caminar por el camino de la                      salvación (vv. 2–4).
1.     La sanción es castigo grande a los infractores y desobedientes a los mandamientos de Dios.
(1)     Porque los mandamientos que Dios dio a los antepasados por medio de los ángeles, adquirieron carácter de ley, válidos, y quienes desobedecieron fueron castigados justamente.
(2)     Porque es más importante atender a la palabra suprema y final de Dios, que ofrece salvación por medio de su Hijo, y quienes lo rechacen y lo desobedezcan merecerán un castigo mayor de Dios.
2.     La sanción es castigo grande a los infractores y desobedientes al mensaje de Jesucristo, confirmado por Dios y su iglesia.
(1)     Porque el mensaje de Jesucristo fue de salvación confirmada por los que creyeron (a través de su proclamación y del testimonio de sus vidas cambiadas).
(2)     Porque el mensaje de Jesucristo fue de salvación confirmada por Dios a través de milagros y con la presencia permanente de su Espíritu Santo.
Conclusión
A través de este pasaje la palabra de Dios nos exhorta a tomar en serio el camino de la salvación, el camino de fe en el que nos encontramos por la gracia del amor de Dios.

Al mismo tiempo nos invita a examinar nuestra situación en el camino de la fe, si somos diligentes y tomamos el camino de la fe como lo más importante, como la verdadera prioridad de nuestra existencia, estamos progresando bien en ese camino, rumbo a la meta final, la Jerusalén celestial. 

Pero si seguimos en el camino de la fe con apatía, tomándolo como menos importante que cualquier actividad humana, teniendo más miedo a las pruebas y al rechazo de la gente no creyente, estamos próximos a deslizarnos del camino de la fe al otro camino ancho, que nos llevará a la perdición y, por ende, al castigo eterno de Dios. 

El propósito de este mensaje es que podamos sacudirnos y reaccionar al amor de Dios que no quiere por nada que nos deslicemos del camino de fe, porque ese camino es la prueba de su amor más inmenso por el hombre, fue abierto con la sangre de su hijo amado. ¡No lo rechacemos!

Hebreos confirma su advertencia con un argumento a fortiori (vv. 2, 3a). Este tipo de argumento, frecuente en la epístola, tiene esta forma: “Si A es cierto, con más razón es cierto B”. Aquí el argumento es que, si la ley dada por medio de los ángeles fue válida, cuánto más la salvación que Jesús ofrece. 

Ya que Jesús es superior a los ángeles, la palabra que Dios da por medio de él tiene que ser más importante que la que encargó a los ángeles. Si es importante evitar la retribución que amenaza al que viola la palabra dicha por los ángeles, cuánto más importante es “atender” a la palabra suprema y final de Dios, que ofrece salvación.

Para entender este argumento, hay que saber que los judíos del primer siglo creían que Dios mandó la ley a Moisés por medio de ángeles. El libro de Éxodo no menciona ningún ángel como mediador de la ley, pero tal creencia llegó a ser común entre los judíos por un creciente sentido de la trascendencia de Dios. 

La idea de que los ángeles mediaron la ley de Moisés se refleja en Gálatas 3:19 y Hechos 7:53. Hebreos arguye que Jesús nos ofrece una salvación más grande que la ofrecida en el AT por ángeles, y el que rechaza esta salvación merece una retribución más grande que el que rechaza la del AT.
Vv. 3b, 4
Aparentemente, algunos de los lectores de la carta lamentaban que la ley judía hubiera sido dada por medio de ángeles, mientras ellos habían recibido el evangelio cristiano por medio de meros hombres. El autor corrige este error, afirmando que el primer mensajero que declaró el mensaje cristiano de salvación fue el mismo Señor, el Hijo quien es superior a los ángeles. 

Aunque el autor y los destinatarios de Hebreos no habían escuchado la palabra de labios de Jesús, los que oyeron al Señor les confirmaron el mensaje con su proclamación y con el testimonio de vidas cambiadas. Y Dios dio su confirmación de la verdad de este mensaje con milagros y con la presencia permanente de su Espíritu Santo.

De esta descripción de la recepción del evangelio por los lectores y por el autor de Hebreos, concluimos que ninguno de ellos era de los que anduvieron con Jesús en la tierra. Pero en la fundación de su congregación hubo manifestaciones milagrosas del poder y aprobación de Dios. Estas manifestaciones eran señales que apuntaban a una verdad espiritual. Eran maravillas y produjeron asombro en los que las presenciaron. Eran hechos poderosos, muestras del poder de Dios.

No está claro si el autor quería decir, dones repartidos por el Espíritu Santo o “repartimientos del Espíritu Santo”. El segundo sentido es más probable. Dios repartió el don de su Espíritu a cada uno de los miembros de la comunidad como él quiso, y dado que él nos conoce tan profundamente y nos ama tanto, su voluntad es mejor que lo que escogeríamos por nosotros mismos.
Sobre el poner por encima a una criatura en lugar del Creador
El inca Pachakutek (reformador), noveno rey del Imperio incaico (¿1225–1285?), fue un gran reformador y teólogo. Según el comentario de los cronistas como: Cristóbal de Molina y el padre Bernabé Cobo, en su "Historia del Nuevo Mundo" (escrita en 1654), el inca Pachakutij:

Llamó la atención al hecho de que el astro solar siempre sigue una trayectoria fija, realiza tareas definidas y tiene un horario rígido como cualquier obrero: en otras palabras si inti, sol, fuera Dios ¿por qué no realiza o hace algo original? El rey Pachakutij reiteraba después: el disco solar puede ser encubierto por cualquier nube. Esto quería decir que si inti era realmente Dios, ninguna cosa creada podría cubrir su luz. Sorpresivamente, Pachakutij tembló al darse cuenta de que había estado adorando a una simple criatura como si fuera el Creador.

Entonces, empezó llamando a un congreso de sacerdotes del sol, equivalente pagano del Concilio de Nicea, para proponer el cambio de adorar al Creador antes que a las cosas creadas, porque sería una incongruencia adorar al mismo tiempo a las cosas creadas como si fueran el creador.

Si Pachakutij, un inca pagano, desprovisto de la iluminación judeo cristiana, se pudo dar cuenta de que era una incongruencia poner una criatura en lugar del Creador, lo imperfecto y lo insuficiente antes que lo perfecto y todo suficiente, nosotros tenemos que darnos cuenta a través de la Palabra del Señor en este pasaje, de que no podemos poner a ninguna cosa creada por encima del Creador, por encima de su hijo Jesucristo
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La carne tiene deseos contrarios a los del espíritu, y el espíritu a los de la carne, y éstos se oponen entre sí para que no hagan lo que deseán

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6






La carne y el espíritu
Gálatas 5:16-17

16      Digo, pues: Andad en el espíritu, y no satisfagáis los deseos apasionados de la carne.
17      Porque la carne tiene deseos contrarios a los del espíritu, y el espíritu a los de la carne, y éstos se oponen entre sí para que no hagáis lo que deseáis.

EL REMEDIO PARA GRADAR A DIOS                    LA LUCHA : CARNE -ESPÍRITU
Gálatas 5: 16. Pero digo, andad por el Espíritu, y definitivamente no satisfaréis el deseo de la carne. Que vuestra conducta sea gobernada por el Espíritu, esto es, por el don que Dios os impartió (Gálatas 3:2, 5). Si seguís su dirección e impulsos no seréis dominados por vuestra naturaleza pecaminosa, esto es, por el asiento y vehículo de los deseos pecaminosos (como en Gálatas 5:13), sino que más bien la someteréis. 
Hace falta que salgan las tiernas hojas del roble al comenzar la primavera para deshacerse del resto del follaje marchito que quedó del último otoño. Sólo lo vivo puede expulsar lo muerto. Sólo lo bueno puede echar fuera lo malo. 

El versículo 16 da a entender claramente que hay un conflicto entre el Espíritu y la carne, así que también entre la naturaleza nueva y santificada del creyente y su antigua y pecaminosa naturaleza.

Por tanto, Pablo continúa:
Gálatas 5:17. Porque la carne pone su deseo contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne; pues éstos se oponen el uno al otro … Por cierto, mientras uno se deje guiar por el Espíritu, seguramente no dará satisfacción a los deseos de la carne, pero, ¿cuán a menudo pasa que la persona no deja que el Espíritu le guie?

Y en esas condiciones, dado que el Espíritu persiste, surge un fiero conflicto dentro del corazón del creyente. Los adversarios son: El Espíritu—por eso también la nueva naturaleza habitada por El—por un lado; y en el otro lado: la carne, esto es, “el hombre viejo” de pecado y corrupción (el mismo significado que en los vv. 13 y 19 de este capítulo, y como en Gálatas 6:8; cf. Ro. 7:25; 8:4–9, 12, 13).

En relación con esta contienda, nótese lo siguiente:
(1) El libertino no experimenta este tipo de lucha debido a que sigue sus inclinaciones naturales.
(2) El legalista, destinado a la gracia y la gloria, recordando su pecaminosidad por la ley, pero no queriendo por un tiempo aceptar la gracia, lucha y lucha, mas sin conseguir la victoria o sin experimentar el sentido de un triunfo cierto y final. Esta condición persiste hasta que finalmente la gracia echa abajo todas las barreras de la oposición (Fil. 3:7ss).
(3) El creyente, mientras está en la tierra, experimenta un conflicto agonizante en su propio corazón, pero en principio ya ha ganado la victoria, como lo testifica la presencia misma del Espíritu Santo en su corazón.

Esta victoria será suya en una medida plena en la vida venidera; por lo tanto,
(4) Para el creyente redimido que está en la gloria esta batalla ha terminado. Lleva la corona de la victoria.
Así que, en cuanto al punto (3), el mismo orden de las palabras en el texto—nótese: “pone su deseo contra” y “se oponen el uno al otro”—indican la intensidad de la lucha que dura toda la vida.

Esto muestra que la vida cristiana significa mucho más que el simple hecho de pasar adelante para registrar la decisión de consagración en una reunión de avivamiento después de haber oído un mensaje poderoso, evangélico, y que apela al corazón, y mientras uno está bajo la influencia del canto de viejos himnos familiares entonados por un gran coro.

Cuando, bajo estas circunstancias, el cambio es genuino, ello es algo maravilloso, pero uno debe de tener siempre presente que como regla general un pecador no es salvo totalmente de una sola vez (“¡presto!”). No llega al cielo por un salto prodigioso. Por el contrario, tiene que continuar ocupándose de su salvación (Fil. 2:12). Esto requiere tiempo, lucha, esfuerzo intenso y empeño.

Él mismo es su más fuerte enemigo, tal como Pablo lo afirma al decir, de manera que estas mismas cosas que quisierais estar haciendo, éstas no las estáis haciendo. ¡Qué batalla entre el querer y el obrar! Pablo, escribiendo como hombre convertido (Ro. 7:14–25) y narrando sus experiencias presentes en el “estado de gracia” (para la prueba véase Ro. 7:22, 25), se queja amargamente del hecho de que él practica aquello en lo que su alma ya no se deleita; de hecho, practica lo que su ser regenerado odia (Ro. 7:15). Y clama, “¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte?” (Ro. 7:24). No obstante, también está totalmente consciente del hecho de que en la lucha entre su propia carne y el Espíritu de Dios, es del todo cierto que el Espíritu—y por tanto también Pablo—tendrá la victoria; por cierto, en principio ya es un hecho ahora mismo.

¿Podría haber habido esta pena tan genuina y teocéntrica por el pecado si Pablo no se hubiera convertido verdaderamente? ¡Por supuesto que no! En consecuencia, este mismo conflicto es la cédula de la salvación del apóstol. De manera que no nos sorprende que la exclamación “Miserable de mí … ¿quién me librará?” sea seguida por, “Gracias doy a Dios por Jesucristo Señor nuestro … Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro. 7:25; 8:1; cf. 1 Co. 15:57).

En forma similar, aquí en Gálatas la idea de victoria por medio del Espíritu también es básica para entender correctamente el v. 18. Pero si sois dirigidos por el Espíritu no estáis bajo la ley.

El estar “bajo la ley” significa derrota, esclavitud, maldición e impotencia espiritual, porque la ley no puede salvar (Gá. 3:11–13, 21–23, 25; 4:3, 24, 25; 5:1).

Es el espíritu que nos pone en libertad (Gálatas 4:29; Gá. 5:1, 5; 2 Co. 3:17).

Ser dirigido por el Espíritu

(1) A quien concierne
Según un punto de vista más bien popular la “dirección espiritual” es un don que el Espíritu concede a un grupo selecto, “a los hombres más santos”, la flor y nata del rebaño. Es un don que les es impartido para protegerlos de daños físicos, especialmente cuando viajan, para protegerlos de situaciones peligrosas, y a veces hasta asegurarles el éxito de sus empresas.

Sin embargo, cuando—tomando Gá. 5:18 como nuestro punto de partida—seguimos hacia atrás la línea de pensamiento de Pablo, llega a ser evidente que esta limitación de la “dirección espiritual” a un grupo de supersantos es algo totalmente ajeno a su mente.

A quellos que son dirigidos por el Espíritu (Gá. 5:18) son los mismos que andan por el Espíritu (Gá. 5:16), y vice versa. Volviendo un poco más atrás, notamos que a su vez éstos son los que han sido libertados (Gá. 5:1; Gá. 4:30, 31), los que pertenecen a Cristo (Gá. 3:29), y que son “de la fe” (Gá. 3:9). Por lo tanto, todos los verdaderos creyentes son dirigidos por el Espíritu.

Además, la poderosa influencia que ejerce el Espíritu sobre ellos y dentro de ellos no tiene un carácter esporádico, como si fuera una especie de inyección puesta aquí y allá en los momentos de más necesidad y peligro. Por el contrario, es algo permanente y constante, tal como lo da a entender el tiempo del verbo aquí en Gá. 5:18: Sois dirigidos por el Espíritu. Aun cuando desobedecen al Espíritu—y ellos por cierto lo hacen, como ya lo vimos (vv. 13–17)—el Espíritu no les deja solos sino que obra el arrepentimiento en sus corazones.

Esta exposición está en plena armonía con el único otro pasaje realmente paralelo de las epístolas de Pablo, es decir, Ro. 8:14, “porque todos los que son dirigidos por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”. Aquí también, el ser dirigido por el Espíritu se presenta como una característica indispensable de los hijos de Dios. Si una persona es un hijo de Dios, es dirigido por el Espíritu. Si es dirigido por el Espíritu, es un hijo de Dios.

(2) Lo que es
Antes de dar una respuesta positiva, sería bueno hacer notar lo que no es el ser dirigido por el Espíritu. Naturalmente, no puede significar ser gobernado por los propios impulsos e inclinaciones pecaminosas, ni tampoco que uno es “guiado fácilmente” a extraviarse por los malos compañeros.

También está excluida definitivamente la idea de aquellos filósofos de la moral, sean antiguos o modernos, que sostienen que todo hombre posee una naturaleza alta y baja, y que cada ser humano tiene el poder dentro de sí mismo para hacer que la primera triunfe sobre la segunda.

Esta idea está totalmente excluida, aun si sólo hubiese esta única razón, que a través de toda la enseñanza de Pablo el Espíritu Santo es una persona distinta, una en sustancia con el Padre y el Hijo. El no es “nuestro otro o mejor yo”. Véase Ro. 8:26, 27; 1 Co. 2:10; 2 Co. 13:14.

Esto muestra también que, estrictamente hablando, el ser dirigido por el Espíritu Santo no puede ni siquiera identificarse con el triunfo que experimenta el “nuevo hombre” (la naturaleza regenerada) dentro de nosotros sobre el “viejo hombre” (nuestra naturaleza corrompida, no totalmente destruida aún).

Esta victoria y la lucha sobre-entendida son muy reales por cierto; con todo, no son en y por sí mismas lo que se quiere decir por ser dirigido por el Espíritu, sino que más bien son el resultado de que el Espíritu mora activamente en nosotros. Esta victoria y lucha se sobreentienden, pero no son fundamentales.

Y, cambiando la voz pasiva por la activa para poder dar una definición, ¿qué significa, entonces, la dirección del Espíritu? Significa santificación. Es aquella constante, efectiva y benéfica influencia que el Espíritu Santo ejercita dentro del corazón de los hijos de Dios, y por la cual son dirigidos y capacitados más y más para vencer el poder del pecado que aún queda en ellos y para caminar por la senda de los mandamientos de Dios, libremente y gozosamente.
Esta definición evita los extremismos.

De esta manera, por un lado, ser dirigido por el Espíritu significa más que ser guiado por él, aunque es verdad que el Espíritu es también nuestro guía (Jn. 16:13; cf. Mt. 15:14; Lc. 6:39; Hch. 8:31; Ap. 7:17).

Pero el solo hecho de que, según el pasaje que ahora estamos considerando (Gá. 5:18), el poder esclavizante de la ley ha sido roto para todos aquellos que son dirigidos por el Espíritu, indica que esta dirección que provee el Espíritu implica mucho más que el simple hecho de “indicar el camino correcto”. Es algo que nos recuerda no tanto del guía indio que les señalaba a los primeros exploradores blancos el paso a través de las Montañas Rocosas, como del ciego de Jericó que fue llevado a Jesús (Lc. 18:40; cf. Mt. 21:2; Lc. 10:34; Jn. 18:28; Hch. 6:12; 9:2).

Sólo mostrarle el camino que debía seguir no le hubiera ayudado en nada. Cuando el Espíritu Santo dirige a los creyentes, Él viene a ser el principio controlador en sus vidas, llevándoles hasta la gloria final.

Por el otro lado, sin embargo, esta presentación también evita el extremo opuesto, que es negar la actividad y responsabilidad humana. El ciego de Jericó no fue cargado o llevado a hombro (2 P. 1:21) a Jesús, sino que él mismo caminó.

Warfield lo ha expresado muy aptamente:
“Su (la del Espíritu) parte es mantenernos en el camino y llevarnos al fin hasta la meta. Pero somos nosotros los que damos cada paso en el camino; nuestros miembros que se cansan con el trabajo; nuestros corazones que se desmayan, nuestro valor que decae—nuestra fe que revive nuestras fuerzas caídas, nuestra esperanza que inyecta nuevo valor a nuestras almas—mientras que subimos paso a paso trabajosamente” (The Power of God unto Salvation, p. 172).

Ser dirigido por el Espíritu Santo, para que sea plenamente efectivo, implica que uno se deja llevar. En cuanto a la interrelación de estos dos factores—la propia actividad de los creyentes y la dirección de Dios (el Espíritu Santo)—no podemos mejorar la declaración de Pablo que fue inspirada por el Espíritu: “Con temor y temblor continuad ocupándoos en vuestra salvación; pues es Dios el que está obrando en vosotros tanto el querer como el hacer por su beneplácito” (Fil. 2:12, 13).

(3) Sus preciosos resultados
a. Quienes son dirigidos por el Espíritu respiran el exhilarativo y vigorizante aire de la libertad moral y espiritual. No estando ya más bajo la esclavitud de la ley, obedecen a los preceptos de Dios con gozo de corazón (Gá. 5:1, 18).
b. Detestan y se oponen vigorosamente a “las obras de la carne” (5:17, 19–21, 24).
c. Aman las Escrituras (cuyo autor es el Espíritu mismo) y al Dios trino revelado en ellas en todos sus maravillosos atributos (Ro. 7:22; cf. Sal. 119; Jn. 16:14).
d. En sus vidas abunda “el fruto del Espíritu” (Gá. 5:22, 23; 6:2, 8–10).
e. Esto acrecienta su libertad de acceso al trono de la gracia (Ef. 2:18; cf. Ro. 5:1, 2; Heb. 4:14–16).
f. También va de la mano con el testimonio del Espíritu en sus corazones, asegurándoles que son hijos de Dios (2 P. 1:5–11; cf. Ro. 8:16).
g. Por último, el fruto del Espíritu que abunda en sus vidas fortalece grandemente el testimonio de ellos en el mundo, y todo esto para la gloria de Dios trino (Hch. 1:8; cf. Jn. 15:26, 27).

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