martes, 26 de marzo de 2019

TU ENSEÑANZA, OH MAESTRO... ES PARA SIEMPRE

PARA RECORDAR ... El que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6



 
PREPARARSE PARA EL SALVADOR  


Juan el Bautista señala el camino
TEXTO: Marcos 1:1–15
Propósito: A los niños se les requerirá su propia respuesta a la venida del Señor después de describir estos acontecimientos tempranos que encontramos al inicio del Evangelio según Marcos.


Introducción para los maestros

Anhelamos que cada uno de los niños que tenemos a nuestro cuidado se convenza de que ha de buscar al Señor, y esperamos que Él les llame mientras estén en nuestras clases. ¿Cómo podemos prepararles para que oigan? Juan el Bautista preparó al pueblo de Judea para la llegada de su Mesías. Podemos aprender mucho de él.

Tres errores que debemos evitar. 

  1.  El primer error que hemos de evitar es el de dar la impresión de que el arrepentimiento es “una buena obra”, o una forma de ganarnos la salvación. Juan el Bautista llamaba a la gente al arrepentimiento porque sabía que era la preparación adecuada para la visita del Salvador, el único que podía reformar el corazón mediante la obra del Espíritu Santo.
  2. El segundo error es el de hacer que la lección se vuelva demasiado solemne. El arrepentimiento es, por supuesto, solemne, pero aquí lo estamos enseñando en el contexto de “ganancias” gloriosas. El motivo de la petición de arrepentimiento de Juan fue la gran venida del Señor, tan larga y ansiosamente esperada. Dejar nuestros caminos pecaminosos no se puede comparar en modo alguno con el privilegio de conocer al Salvador y sus bendiciones. El mismísimo Señor da un ejemplo de ello con la parábola de la Perla de gran precio.
  3. El tercer error que hemos de evitar es aquel que el mismo Juan trata con minucia: concluir la lección con Juan y su misión en lugar de con el Señor y su obra (cf. Marcos 1:7)
Bosquejo de la lección

Prepararse para recibir visitas. 
Atrae la atención de los niños mediante la descripción de la forma en que se hacen los preparativos para recibir a las visitas especiales. A las clases de los mayores quizá les guste pensar en la preparación y revisión de la contabilidad antes de la llegada del auditor. Las clases de los pequeños habrán vivido la tarea de poner orden y de colocar exposiciones especiales en la escuela cuando preparan una fiesta para los padres. Recuerda a la clase que, cuando los líderes mundiales visitan otro país, es necesario hacer frenéticos preparativos —desfiles militares y banquetes de Estado— para impresionar al invitado.

Prepararse para una visita real. 
Luego haz que los niños se remonten atrás en el tiempo a un viaje de un personaje real. Explica que, en aquellos días, los reyes orientales, acompañados de sus sirvientes, tenían que viajar por los desiertos con una caravana de camellos, y cargar a los animales con todas sus pertenencias y todos sus regalos. Podían surgir todo tipo de problemas, que retrasarían su llegada durante semanas y hasta meses. No había teléfonos para avisar a sus anfitriones de la hora a la que esperaban llegar. La costumbre era, por tanto, que el visitante real o especial enviase a un mensajero por delante para que anunciara que ya se encontraba cerca. Los ciudadanos recibirían el aviso con tiempo para poder llevar a cabo los planes necesarios ante la llegada de su visitante.

¡Viene un Salvador! 
Recuerda a la clase que ya en el principio del mundo, cuando Adán y Eva pecaron por primera vez y fueron expulsados del huerto de Edén, Dios había prometido enviar a un Salvador que llevaría el pecado y restituiría a Dios a aquellos que creyeran en Él. En todas las épocas del Antiguo Testamento, Él renovaba su promesa: a Abraham, a Moisés, al rey David y luego, con detalles aún más gráficos, a profetas como Isaías y Malaquías.

Se promete un mensajero. 
Tan grande e importante iba a ser la venida del Salvador que Dios prometió enviar a un mensajero para preparar su camino. Isaías predijo que este mensajero no aparecería en cortes reales, ni tampoco en el palacio de un rey judío, sino en el desierto. Profetizó que el mensajero sería una voz solitaria que llamaría al pueblo a prepararse para la venida del Señor y lo instaría a enderezar sus sendas (cf. Marcos 1:3). Luego indica a los niños que, aunque Isaías habló más de 700 años antes del nacimiento de Cristo, esto fue exactamente lo que ocurrió.

Aparece Juan el Bautista. 
Explica que su primo Juan apareció como un solitario mensajero en el territorio desértico situado a las afueras de Jerusalén, poco antes de que el Señor Jesús empezara su ministerio público. Había sido preparado solo por Dios para esta obra especial. No provenía de las filas de los líderes religiosos de aquellos días, tampoco se había educado en sus escuelas. En lugar de eso, un ángel había anunciado su nacimiento a su anciano padre Zacarías. El ángel había predicho que Juan conocería al Señor desde su nacimiento y que su vida se reservaría para la tarea especial que tenía por delante. Viviría una vida austera en el desierto, que haría recordar a los judíos al profeta Elías (cf. Lucas 1:13–17). Esta singular figura, que se vestía de pelo de camello, que ceñía en sus lomos con un cinto de cuero y que vivía de la comida del desierto —langostas y miel silvestre— (cf. Marcos 1:6), aparece súbitamente en escena predicando a las multitudes que acudían en masa procedentes de las ciudades, de los pueblos y de la capital, Jerusalén.

Prepararse para el Señor. 
Pregunta a los niños qué suponen ellos que decía Juan a estas multitudes. ¿Les pedía que cambiaran la decoración del palacio, o que colgaran vistosas guirnaldas para la venida del Mesías? Si el Señor Jesús hubiese sido un rey terrenal, una bienvenida semejante habría sido adecuada, pero era el Rey del Cielo. No le preocupaba la parafernalia externa. Había nacido, en efecto, en un pobre establo, y su cuna fue el pesebre. Su preocupación era la situación de los corazones de las personas. Recuerda a los niños que uno de los nombres de Cristo es “Sol de justicia” (Malaquías 4:2). Cuando sale el Sol, pone en evidencia la suciedad y la oscuridad de los meses de invierno, y nos indica que es tiempo de hacer la limpieza de primavera. Cuando el Señor Jesús aparece, brilla en los corazones, mostrando todo el egoísmo y el pecado, y haciendo que hombres y mujeres se avergüencen de sus caminos.

Se arrepintieron. 
Así fue como respondieron los oyentes de Juan cuando este anunció la llegada del Salvador. Se sintieron avergonzados y poco preparados para un invitado semejante. El pueblo de Judá y de Jerusalén sabía que su Dios era puro y santo y que la venida de su Mesías significaría que tenían que arrepentirse y rechazar sus pecados. Juan hizo algunas indicaciones muy prácticas al pueblo, mostrándoles que debían cambiar sus caminos, abandonar la falta de honradez, la opresión, el egoísmo y la hipocresía (cf. Lucas 3:11–14).

Fueron bautizados. 
Muchas personas se tomaron muy en serio las palabras de Juan y, como señal de sus intenciones, fueron bautizadas en el río Jordán. Explica que esto es un buen ejemplo para explicar el arrepentimiento, el cual tiene dos aspectos claros: (a) pesar por el pecado pasado, y (b) resolución de no continuar en él, confesar y renunciar. El bautismo representa la necesidad de ser lavado y de mantenerse limpio en el futuro.

Buscaron al Salvador. 
Explica que Juan les enseñaba que, aunque el arrepentimiento y el bautismo eran signos esenciales de una actitud correcta, sin embargo, no tenían poder alguno para traerles el perdón. El agua pura nunca podría lavar el pecado. Las buenas intenciones no podrían producir un cambio verdadero del corazón. Les instaba a que esperaran con interés la venida de la única persona que sería capaz de lavar su pecado y darles un corazón y una vida nuevos. Él, el Señor Jesús, los bautizaría con su Espíritu Santo, cuya obra especial era esa. Debían esperar ansiosamente su venida, ya que llegaría pronto.

El bautismo del Señor Jesús. 
Explica a los niños que, en esta atmósfera de arrepentimiento y expectación, llegó el Salvador, y Él mismo fue bautizado, un humilde acto que nos enseña cuán maravilloso es nuestro Redentor. Nos muestra 

  1. Su obediencia. Explica cómo el Señor Jesús llegó de Nazaret y se unió a la multitud que escuchaba a Juan. Él también pidió ser bautizado, una señal de su obediencia y humildad. ¡Qué diferente de los orgullosos fariseos! Estos utilizaban la religión para reafirmar su posición y su importancia, sin un verdadero deseo de agradar a Dios. Él, en cambio, deseaba obedecer humildemente todas las leyes y mandamientos de Dios.
  2. Su bondad. El Señor Jesús, que no tenía que lavar pecado propio, se sometió a este acto externo y humilde al lado de personas culpables y egoístas que necesitaban su perdón. Ayuda a los niños a apreciar la bondad del Salvador. Pocos amigos en la Tierra están dispuestos a identificarse con nosotros cuando tenemos problemas y cuando se nos castiga.
  3. Su divinidad. Tan modesto era que ni siquiera Juan el Bautista se dio cuenta de que este Jesús de Nazaret era el Mesías prometido hasta que salió del agua, los cielos se abrieron, el Espíritu de Dios descendió sobre Él, y vino una voz del Cielo que decía: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Marcos 1:11) (El relato del Evangelio no menciona si la multitud fue testigo de este acontecimiento. Marcos solo dice que el Señor “vio abrirse los cielos” (Marcos 1:10), y Juan, en su Evangelio, dice que Juan el Bautista no reconoció a Cristo hasta que vio al Espíritu descender sobre Él (cf. Juan 1:32–34); entonces se lo dijo a los demás).
  4. Su buena disposición a morir en el Calvario. El mismo amor que llevó al Señor Jesús a identificarse con los pecadores arrepentidos cuando eran bautizados en el río Jordán le llevó también al Calvario. Allí se humilló a sí mismo aún más y se hizo obediente aun hasta la muerte (cf. Filipenses 2:8). Clavado en la Cruz entre dos ladrones, insultado por el populacho y cargado con la vergüenza de todos los pecados de su pueblo, el Rey de gloria sufrió en agonía; todo por su amor hacia nosotros.

Un mensaje para ti. 
Recuerda a los niños de tu clase que este mismísimo Señor Jesús va a regresar pronto. ¿Están preparados para ese gran día en que venga a juzgar al mundo? Indica que tú, como maestro de escuela dominical, tienes el mismo papel que Juan el Bautista. Como él, has de instar a los niños a enfrentarse con su insuficiencia, a colocarse frente a su Dios, a reconocer su pecaminosidad con vergüenza y pesar, y a mirar al Salvador, que se dio a sí mismo para que fueran limpios y perdonados.


Complementos visuales

Haz o muestra un mapa claro y a color de la Tierra Santa en los tiempos de Cristo . Señala en particular el río Jordán donde los discípulos oyeron a Juan el Bautista y se encontraron con “el Cordero de Dios” (Juan 1:29). 
Señala las ciudades de Jerusalén y Belén. Utiliza los bordes del mapa para pegar imágenes pertinentes que añadan interés.
2 Como está escrito en el profeta Isaías:
  He aquí envío mi mensajero delante de ti,
  quien preparará tu camino.
  3 Voz del que proclama en el desierto:
  "Preparad el camino del Señor;
  enderezad sus sendas." Marcos 1.2–3

Nuestra inclinación natural es hacer pagar con la misma moneda y devolverle “mal por mal” al agresor

PARA RECORDAR ... El que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6



 
El amor cristiano se pone en práctica

2 Tesalonicenses 5:14–15.
 El trabajo de un pastor tiene el propósito de fortalecer y amonestar. Sin embargo, los miembros de una congregación, también pueden hacer mucho para corregirse y ayudarse los unos a los otros.

Anteriormente en la carta, Pablo había exhortado a los tesalonicenses a no rechazar el trabajo manual como algunos de los griegos lo hacían, sino a trabajar “con vuestras manos” para no tener “necesidad de nada” (4:11, 12). Si alguno continuaba viviendo la vida “ociosa” de un haragán, los miembros de la congregación le debían advertir que estaba viviendo en pecado. La segunda carta de Pablo a los tesalonicenses indica que algunos no escuchaban aun después de haberlos amonestado. Lo que debía hacer la congregación en estos casos, se indica con detalle en 2 Tesalonicenses 3.

Algunos de los miembros eran “de poco ánimo”, es decir, los tímidos y deprimidos. Anteriormente en la carta se mencionan dos cosas que podrían haber sido la causa de esa acitud: la persecución y la aflicción. Sin embargo, no importa cuál sea la causa, Pablo insta a los miembros de la congregación a dirigir palabras de consuelo y de aliento a aquellos cuyo espíritu estaba casi quebrantado y que estaban listos a darse por vencidos.
Otra forma de practicar el amor cristiano era la de prestar ayuda a los que eran débiles por causa de alguna enfermedad corporal o de invalidez. Literalmente la palabra griega para “sostener” quiere decir “aferrarse a”. Las personas con enfermedades físicas de cualquier clase tienen una carga especial que sobrellevar, necesitan la ayuda de los hermanos en Cristo para sobrellevar esa carga, y toda la ayuda que podamos prestar no sólo es muy apreciada por el “débil”, sino que es observada por Cristo como si la hubiéramos hecho por él. En Mateo 25:40, él dice: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”.

La paciencia con otros es un fruto de la fe. La inmensa paciencia del Señor para con nosotros con todos nuestros pecados y flaquezas es una experiencia diaria. Nuestros hermanos en la fe tienen debilidades y características que algunas veces nos pueden irritar. El amor de Dios en Cristo nos da la paciencia que necesitamos para vivir y trabajar con ellos en una congregación.
Además, Pablo hace ver que la paciencia no ha de ser sólo con los hermanos en la fe, sino con “todos”. Dios en su paciencia no derriba al incrédulo inmediatamente, sino que le da un tiempo más largo para que se arrepienta. Debido a que nosotros, gracias a la misericordia de Dios, ya vivimos en el arrepentimiento, debemos ser motivados a practicar esta misma paciencia.

La venganza es una fuerza poderosa que empuja el corazón de toda persona a causa del orgullo y del egoísmo de la naturaleza pecaminosa con la que nacimos. Por lo tanto, cuando alguien nos hace mal, nuestra inclinación natural es hacerle pagar con la misma moneda y devolverle “mal por mal”. Pero lo que es natural para nuestra naturaleza pecaminosa es contrario al nuevo espíritu que ha creado en nosotros el Espíritu Santo. En lugar de la venganza, este nuevo espíritu nos encamina a seguir las instrucciones de nuestro Salvador, de amar a nuestros enemigos y de hacerles el bien a todos los que pecan contra nosotros.

Sin embargo, este nuevo espíritu es a menudo débil y la naturaleza pecaminosa se impone con facilidad en los momentos de debilidad. Por lo tanto, Pablo quiere que nos preocupemos los unos de los otros en este asunto.

Si vemos a un hermano o hermana que busca la venganza, debemos asegurarnos de ayudarle a reprimir el viejo Adán y a dejar de tratar de devolver “mal por mal”.

En cambio, Dios quiere que sigamos “siempre lo bueno unos para con otros”. Solamente el amor de Cristo por nosotros nos puede motivar a llevar esa vida de bondad. Efesios 4:32 lo dice bien: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como también Dios os perdonó a vosotros en Cristo”.
3 ¡Que nadie los desoriente en modo alguno! Es preciso que primero se produzca la gran rebelión contra Dios y que se dé a conocer el hombre lleno de impiedad, el destinado a la perdición, 4 el enemigo que se alza orgulloso contra todo lo que es divino o digno de adoración, hasta el punto de llegar a suplantar a Dios y hacerse pasar a sí mismo por Dios. 2 Tesalonicenses 2.3–4

Ocho imperativos que se suceden uno a otro.. el camino de la verdadera libertad y de la felicidad.

PARA RECORDAR ... El que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6



 
Modelar la vida conforme a la voluntad de Dios En un instante tenemos ocho imperativos que se suceden uno a otro. Con ocho mandatos Pablo nos hace repasar lo que es “la voluntad de Dios” para nosotros “en Cristo Jesús”. Estas no son pautas hechas por el hombre, sino que son de Dios mismo.

El mundo se puede burlar de muchas de estas normas como si no tuvieran sentido, o como si fueran imposibles, o como algo que restringe demasiado la libertad de la persona, pero para los que están “en Cristo Jesús”, son normas vitales y son el camino de la verdadera libertad y de la felicidad.

Podría parecer imposible llevar una vida en la que uno esté “siempre gozoso”. Es fácil estar gozoso en los buenos tiempos, pero ¿cómo podría estarlo en todas las pruebas y tribulaciones que nos causan aflicción?

Para la persona que le pertenece a Cristo por la fe, hay gozo aun en la tristeza. ¿Por qué? Porque los creyentes saben que Cristo gobierna los cielos y la tierra, y así la tristeza que entra en nuestra vida no es un asunto del destino que sea difícil de entender.

Cualquier cosa que nos cause tristeza es algo que nuestro Salvador permitió que llegara sólo para servir a nuestro bien. Las aflicciones nos acercan más a él (Romanos 5:3–5); las aflicciones purifican nuestra fe así como el oro se refina con el fuego (1 Pedro 1:7); nos dan oportunidades de confesar ante otros la esperanza que hay en nosotros (1 Pedro 3:13–15). Sin embargo, hay algo que la aflicción no puede hacer; nunca, jamás nos podrá separar del amor de Dios (Romanos 8:39). El Espíritu de Dios nos ayuda y ora por nosotros en nuestras debilidades. Además, sabemos que Dios cumplirá sus promesas de velar por nosotros y de cuidarnos en las tristezas.


Así que podemos gozarnos “profundamente” cuando nos hallamos “en diversas pruebas” (Santiago 1:2). Había muy poco en la antigua iglesia cristiana en que la mayoría de los cristianos modernos encontrarían mucho gozo. Los creyentes eran perseguidos y la mayoría de ellos eran pobres. Aun así aquellos antiguos cristianos tenían un gozo en Cristo que nada ni nadie les podía quitar.


También podría parecer imposible y hasta absurdo para la mayoría de la gente que uno deba orar “sin cesar”, es decir, continuamente. ¿Cómo puede una persona orar sin cesar, sin descansar, al menos para comer y dormir?


Cuando Pablo exhorta a la oración constante, no está sugiriendo que nos sentemos a toda hora con las manos juntas y con la cabeza inclinada en una oración consciente. Los cristianos ya sea consciente o inconscientemente encomiendan todas las cosas en todos los tiempos al Señor, que es quien cuida de nosotros. Cuando por la fe este es el espíritu interior de una persona, también lo expresará externamente en palabras de petición, alabanza y gratitud.


A menudo acudimos rápidamente a Dios para pedirle las cosas que necesitamos, pero después nos olvidamos de agradecerle cuando él responde a nuestra petición. Diez leprosos se acercaron a Jesús pidiéndole que los sanara. ¡Sólo uno regresó a darle gracias! Que la triste pregunta de Jesús: “Y los nueve, ¿dónde están?” (Lucas 17:17) nos recuerde cuánto le agrada a él recibir nuestra gratitrud. No nos olvidemos nunca de agradecerle por todas sus bendiciones.


Nuestra gratitud no debe estar limitada a las palabras; también la podemos expresar “en todo”, es decir, en todas las circunstancias con nuestros actos. “Todo lo que hacéis”, escribió Pablo en Colosenses 3:17, “sea de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él”. La madre cristiana que cuida de sus niños, limpia la casa, prepara la comida y remienda la ropa, está expresando su gratitud a Dios en todas estas acciones. Y como las hace en su condición de hija de Dios, que se regocija en su Salvador, su tarea más sencilla es un acto de fe que Dios mira como una expresión de verdadera gratitud. Así es como sucede con las acciones más sencillas de todo cristiano, ya sea de obrero, campesino, hombre de negocios, empleado, policía o secretario. Sea que comamos o bebamos, cualquier cosa que hagamos, Dios quiere que todo lo que hagamos sea para su gloria. Así es cómo le damos “gracias en todo”.
Pablo en seguida instruye: “No apaguéis el Espíritu”. El fuego que el Espíritu ha encendido en nosotros es el fuego de la fe. Nuestra llegada a la fe fue un milagro, en el que no tuvimos ninguna parte. Sin embargo, una vez que creemos, tenemos un hombre nuevo en nosotros que nos capacita para pelear “la buena batalla” de la fe (2 Timoteo 4:7) y para ocuparnos en nuestra “salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12) en cooperación con el Espíritu Santo de Dios.
Dios quiere que “crucifiquemos” nuestra naturaleza pecadora con sus pasiones y sus deseos y “andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25). Con este fin Dios nos da los medios de gracia: la Biblia y los sacramentos del bautismo y la Santa Cena. A través de estos medios, el Espíritu Santo fortalece nuestra fe y renueva nuestro celo para que vivamos según el nuevo hombre. Entonces, no usar la Palabra y los sacramentos sería rebeldía y le daría al viejo Adán la delantera y de este modo se apagaría el fuego del Espíritu.
Esto lo subraya Pablo con la siguiente advertencia. El término “profecías” se refiere a la palabra revelada de Dios. Un profeta es simplemente uno que le transmite un mensaje de Dios al hombre. La Biblia está compuesta de numerosas “profecías” que Dios dio “muchas veces y de muchas maneras” (Hebreos 1:1).
La palabra que se traduce como “menospreciar” también quiere decir “quitarle toda autoridad”. Cuando se usa con la palabra “profecías” pone de manifiesto la negativa a reconocer las palabras de las Escrituras como la palabra inspirada de Dios. Hoy en día, muchos consideran que la doctrina de la inspiración verbal es imposible y absurda, tratando gran parte de la Biblia con desprecio al colocarla a la par con la palabra del hombre. Desconocen según su gusto versículos, capítulos y libros enteros. Pablo nos exhorta a no hacer nunca lo que ellos hacen, para que el castigo de Dios, del que se habla en Apocalipsis 22:18 y 19, no caiga sobre nosotros: “Yo advierto a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añade a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.”
El apóstol añade que la vida cristiana es una vida de continuo examen de todas las cosas. La palabra “examinadlo” es la palabra griega que se usa para probar la pureza de objetos como el oro y la plata. Si se encuentra alguna impureza en estos metales preciosos, no pasan la prueba. La norma que Dios quiere que usemos es su palabra pura. El cristiano debe examinarlo “todo” de esta manera. “Todo” incluye todo lo que se enseñe como la voluntad de Dios (la ley) y todo lo que se proclame acerca de la bondad y de la misericordia (el evangelio) de Dios. Hemos de estar pendientes buscando constantemente cualquier impureza humana que pueda ser introducida a las preciosas verdades que Dios ha revelado. Todo lo que nos ocurra en la vida diaria, lo debemos examinar a la luz de la palabra de Dios.
Una vez que hayamos probado la autenticidad, debemos actuar con la base en lo que hemos encontrado. Si encontramos que lo que estamos examinando es “bueno” según la norma de la palabra de Dios, entonces nos debemos “aferrar” a esto. La decisión final que tomemos no se debe basar en si algo funciona o si puede efectuar algunos buenos resultados, sino solamente en si está de total acuerdo con las Escrituras o no. Nos debemos aferrar bien a las cosas buenas para que nadie que interfiera consiga que las soltemos.
Por otra parte, si encontramos que algo es “malo” por naturaleza, nos debemos “abstener” de eso, es decir, lo debemos evitar. La palabra “abstenerse” literalmente quiere decir “mantenerse uno mismo muy lejos”. Dios quiere que consciente y constantemente pongamos una gran distancia entre nosotros mismos y cualquier cosa que esté en conflicto aun de una manera pequeña, con su Palabra pura. ¿Por qué? Porque “un poco de levadura fermenta toda la masa” (Gálatas 5:9). Un poquito de impureza mezclada con la verdad de Dios destruirá al fin y al cabo la verdad e inducirá de un error a otro.
Notemos que Pablo insiste en que debemos evitar “toda especie” de mal. Debemos huir no solamente de una clase de mal sino de toda forma de impureza que Satanás pueda inventar.
Es una lista formidable de mandatos la que Pablo escribió aquí por inspiración del Espíritu. Un escritor las ha llamado las joyas que coronan la vida del cristiano. Son la pauta que Dios nos da a nosotros para nuestro bien ahora y eternamente. Léalas una vez más lentamente, y deje que se graben en su mente para que las recuerde. Después, con la ayuda del Señor, ¡salga y vívalas!
Hermanos, rueguen también por nosotros. Saluden con un beso fraterno a todos los hermanos. Y les suplico encarecidamente por el Señor que esta carta sea leída a todos ellos. 1 Tesalonicenses 5.25–27

viernes, 22 de marzo de 2019

Y HOY... QUÉ SE TE APETECE?...

PARA RECORDAR ... El que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6



TODO CON ACCION DE GRACIAS
Entendiendo que todo lo que somos y tenemos es por la gracia de Dios, orar por los alimentos debe ser un acto solemne de agradecimiento.
La Palabra de Dios nos manda a dar gracias a Dios por todo (Ef. 5:20) y a hacer todo para la gloria de Dios, incluyendo el comer (1 Corintios 10:31). Además, como cristianos hemos sido llamados a orar sin cesar y a dar gracias en todo ya que esta es la voluntad de Dios (1 Te. 5:16-18).
Jesús nos dio ejemplo. En los evangelios podemos encontrar a Jesús bendiciendo los alimentos, o dando gracias al Padre por ellos, en varias ocasiones. Veamos los relatos de la alimentación de los 4 mil y de los 5 mil que encontramos en el libro de Mateo (énfasis añadido):
“Y ordenando a la muchedumbre que se recostara sobre la hierba, tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo los alimentos, y partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la multitud. Y comieron todos y se saciaron. Y recogieron lo que sobró de los pedazos: doce cestas llenas. Y los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños”, Mateo 14:19-21
“Jesús entonces les dijo*: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos respondieron: Siete, y unos pocos pececillos. Y Él mandó a la multitud que se recostara en el suelo; y tomó los siete panes y los peces; y después de dar gracias, los partió y empezó a darlos a los discípulos, y los discípulos a las multitudes”, Mateo 15:34-36
Otro ejemplo lo encontramos cuando, luego de Su resurrección, Jesús se encuentra con dos de los discípulos que iban de camino a una aldea llamada Emaús. Luego de una larga conversación donde Jesús les revela todo lo que las Escrituras decían acerca de Él, leemos que ”…al sentarse a la mesa con ellos, tomó pan, y lo bendijo; y partiéndolo, les dio” (Lc. 24:30).
¿Notas lo importante que es para Jesús el bendecir o dar gracias por los alimentos?
Pero no es solo a Jesús que encontramos dando gracias a Dios por los alimentos. En Hechos 27 vemos al apóstol Pablo dando gracias a Dios públicamente antes de comer: “Habiendo dicho esto, tomó pan y dio gracias a Dios en presencia de todos; y partiéndolo, comenzó a comer” (Hch. 27:35, énfasis añadido).

Tomando las cosas en serio

Como te dije anteriormente, si no entendemos bien el propósito por el cual oramos por los alimentos, y la importancia de este “simple” acto, pudiéramos estar ofendiendo a Dios al hacerlo.
Lamentablemente he notado que muchas veces tomamos el momento de la oración por los alimentos de manera trivial. Es como si fuese algo que debemos hacer para cumplir con un requisito religioso o porque es lo que se espera de nosotros. A veces hasta llegamos al punto de básicamente repetir la misma oración vez tras vez para salir del paso, para terminar rápido, para cumplir con “el requisito”.
Repetimos una simple oración que muchas veces reza de esta manera: “Padre celestial te damos gracias por estos alimentos que nos has dado. Dale a tantas personas que no tienen. En el nombre de Jesus… ¡amén!”. Jesús nos advierte en Mateo 6:7: “Y al orar, no usen ustedes repeticiones sin sentido, como los Gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería. Por tanto, no se hagan semejantes a ellos; porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes que ustedes lo pidan”.
Cuando no le damos al orar por los alimentos la importancia que se merece, o cuando por vergüenza ni siquiera oramos antes de comer, no damos buen ejemplo a los que nos rodean –particularmente a nuestros hijos– y desperdiciamos una buena oportunidad para dar testimonio de nuestra fe a nuestros familiares y amigos que no conocen a Jesús, además de encontrarnos con el Señor en oración.
No hay nada que llame más la atención que ir a un restaurante o lugar donde haya comida y cerrar los ojos para orar por los alimentos. Es una manera bien efectiva de honrar a Dios en público y de demostrar que Él es importante para ti. Inténtalo y verás lo bien que se siente.
Si creemos que al orar en realidad Dios nos escucha y nos responde, entonces debemos tomar el momento de orar y agradecer por los alimentos con más seriedad, dándole la importancia que verdaderamente merece. Esta oración no tiene que ser extensa, pero sí debe reflejar la gratitud de un corazón agradecido. Demos gracias a Dios por la provisión, por Su misericordia, por las manos que prepararon los alimentos, por la salud, por la familia, por el evangelio. ¡Seamos agradecidos!

SER AUTENTICO, ES UNA BENDICIÓN?

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PARA RECORDAR ... El que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6





La bendición de ser auténtico  ...

La bendición de ser auténtico
     
Saúl vistió a David con sus ropas, puso sobre su cabeza un casco de bronce y lo cubrió con una coraza. Ciñó David la espada sobre sus vestidos y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: No puedo andar con esto, pues nunca lo practiqué. Entonces David se quitó aquellas cosas. 1 Samuel 17.38–39

Un mal que frecuentemente vemos en nuestras iglesias es la tendencia a la imitación. Un evangelista conocido golpea su Biblia y camina por la plataforma durante sus predicaciones, y seguramente veremos la aparición de otros evangelistas que golpean sus Biblias y caminan de la misma forma.

Un músico de renombre usa ciertas frases para motivar al pueblo, y al poco tiempo encontramos que las mismas frases se repiten donde quiera que vayamos. Un famoso pastor viste un traje blanco con zapatos negros, y pronto nos vemos rodeados de predicadores con trajes blancos y zapatos negros.

Lo que revela este fenómeno es nuestra tendencia a creer que la bendición de Dios está en las formas, y no en la persona que está detrás del ministerio. Creemos que atrapar las manifestaciones externas asegura la bendición que ha acompañado el ministerio del otro.

Cuando David se ofreció para enfrentar a Goliat, Saúl se mostró escéptico: «tú eres un muchacho, mientras que él es un hombre de guerra desde su juventud». El hijo de Isaí, sin embargo, estaba decidido a proseguir con su cometido. Frente a su insistencia, el rey decidió prestarle su equipo de guerra. Quizás por respeto, el joven pastor de ovejas se colocó la pesada armadura y empuñó la espada, pero encontró que eran demasiado incómodas como para serle útiles. Optó entonces por las herramientas que utilizaba todos los días, el callado y la honda.

Existe un principio importante detrás de este incidente. 
Si el Señor va a usar a una persona, será con las habilidades que Dios le ha dado y no con las habilidades que le ha dado a otros. La iglesia no necesita de réplicas. Necesita de hombres y mujeres que sean fieles con lo que han recibido. Si usted se esfuerza por ser lo que no es, nadie podrá reemplazar el lugar que usted deja vacío. Dios lo capacitó a usted para ocupar ese lugar.

No se avergüence de ser lo que es, ni de las herramientas que tiene a mano. Quizás no sean tan impresionantes como las que otros tienen, pero son las herramientas que le han sido útiles en el pasado.

No pida disculpas por ser de la manera que es. La bendición del Señor descansa sobre su vida cuando usted es genuinamente lo que Dios le ha mandado a ser. Ninguna imitación podrá ser tan buena como el original. Levante la frente y avance confiado. ¡Dios está con usted!


REFLEXIONE:
  • ¿Conoce las herramientas que Dios le ha dado para que ejerza el ministerio encomendado? 
  • ¿Cómo puede desarrollar mejor los dones que ha recibido? 
  • ¿Cuáles cree que serían las consecuencias de desarrollar el ministerio con herramientas prestadas?
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jueves, 21 de marzo de 2019

¡VETE A TU CASA!, A LOS TUYOS

PARA RECORDAR ... El que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6






¡VETE A TU CASA!, A LOS TUYOS

Este siempre fue el principio enseñado por Jesús para dar testimonio de todo aquello que ha sido en y para nosotros una experiencia de bendición espiritual, intelectual, material, visual, o física.   Por ejemplo, cuando Jesús regresó al cielo, le dijo a sus discípulos “y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).  Jerusalén, era la ciudad donde fue crucificado y resucitado Jesucristo, y donde se reunieron los discípulos después de la resurrección de Jesucristo, y donde nació la primera iglesia local de nuestro Señor Jesucristo.   Por eso, la instrucción fue que comenzaran testificando en “Jerusalén”, luego que siguieran testificando sobre Jesús resucitado en todo el estado que se llamaba “Judea”, y luego que extendieran su testimonio al siguiente estado vecino que se llamaba “Samaria”, y ya entonces que continúen el proyecto de testificar “hasta lo último de la tierra”.  Es evidente que Jesús quiso que comenzaran de adentro hacia afuera.
    En el caso de la historia que nos ocupa en esta ocasión, encontramos que un hombre transformado por el poder de Jesucristo “le rogaba (a Jesús) que le dejase estar con él” (v. 18), es decir, por gratitud quería andar con Jesús como discípulo a donde quiera que él fuese entre los pueblos y ciudades de las provincias de Palestina, San Marcos nos cuenta que “Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos” (v. 19ab).   Esta instrucción es una clara expresión de que no se debe comenzar primero desde afuera para regresar hacia adentro con la familia, sino que se debe comenzar desde la familia, desde adentro hacia afuera.

    Así que, en esta hermosa historia aprendemos que cuando una persona recibe una misericordia de Dios en su vida, debe dar testimonio de ello comenzando en su casa con la familia, es decir, desde adentro hacia afuera.  /  ¿Cuáles son las razones para comenzar a testificar primero “adentro” en casa con “los tuyos”, antes de estar listo para ir a otros lugares y personas “hacia afuera”?  /  En el desarrollo de este mensaje les voy a indicar algunas de las razones por las que se debe comenzar a testificar primeramente en casa, según lo sugiere la narración de San Marcos cuando describe lo acontecido al hombre gadareno, y según la instrucción que recibe de Jesús.
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    La primera razón por la que el testimonio de la misericordia de Jesús en nuestras vidas, debe comenzar primero en casa, es:
I.- PORQUE LA FAMILIA DEBE SER LA PRIMERA QUE OBSERVE QUE HAY UN CAMBIO EN NOSOTROS.
   La sanidad total de este hombre gadareno fue un evento que serviría para la gloria de Jesús, y que merece ser testificado y conocido por todo el mundo, pero Jesús no podía ni quiso alejarlo de todos aquellos que conocían a aquel hombre y que primeramente deberían conocer que algo providencial había y estaba ocurriendo en su vida.   Por eso, no hay nada mejor que: “Vete a tu casa, a los tuyos,…” (v. 19), indicando de esta manera que el testimonio de una persona que ha sido recipiente de la misericordia divina, debe comenzar primero en casa.   Aquel hombre que había sido víctima del control del maligno y que había tenido que vivir en los sepulcros, sin control de sus fuerzas, sin cuidado de su apariencia, sin buen uso de su razón, y de otras muchas cosas más, ahora ya lo pueden ver “sentado, vestido, y en su juicio cabal” (v. 15).   ¡Qué hermoso final feliz!, pero antes que sea conocido por todo el mundo, su familia debía conocer que este hombre ha sido cambiado totalmente.

    Amados hermanos, cada uno de nosotros como creyentes en Jesucristo, hemos sido transformados en algunas cosas, y seguimos siendo transformados en otras cosas que tienen que ver con nuestra espiritualidad, con nuestra conducta, con nuestra ética, etc…, y antes de decirle a otros que ya somos cambiados, y antes de decirle a otros que Dios está transformando nuestra vida, nuestra familia es la que primeramente debe dar fe de la obra de Dios en nosotros.   Es por eso que la gente adecuada para confirmar el bien divino que está sucediendo en nosotros, no son primeramente los que no nos conocen, ni los que solamente nos ven de vez en cuando, sino aquellos con quienes pasamos más tiempo de nuestra vida, que son los de casa, la familia.
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    La segunda razón por la que el testimonio de la misericordia de Jesús en nuestras vidas, debe comenzar primero en casa, es:
II.- PORQUE LA FAMILIA DEBE SER RESTAURADA EN TODO LO QUE HA SIDO DAÑADA.
   Es de esperarse que tras la condición espiritual de aquel gadareno, debió él haber sido causa de diversos problemas en su propia familia, al grado de ya no ser aceptado por su propia familia, o puede ser que de manera involuntaria, dominado por las fuerzas del mal, tuvo que abandonar su propia casa y familia para ir a vivir en los sepulcros de Gadara; pero de cualquier manera, el resultado fue que se generó una ruptura del vínculo familiar, desencadenando al mismo tiempo, sin duda, graves problemas socioeconómicos y espirituales para su propia familia.   Pero ahora que el hombre ha sido sanado por el poder de Jesucristo, lo mejor que primero tenía que hacer, no era ir con Jesús para acompañarlo a otras ciudades y aldeas como discípulo, sino mostrarse en casa, como una persona transformada, y nuevamente apta para dedicarse a restaurar la ruptura familiar que se había generado por la influencia de los demonios que alcanzaron controlar su conducta.  

 Por ejemplo, ahora en vez de hacerse discípulo para seguir a Jesús en su viaje misionero por todo el país, era mejor que este hombre se dedicara a trabajar para sacar a su familia de las crisis y adeudos en la que probable o seguramente habían caído.

    Amados hermanos, el bienestar espiritual de la familia de cada persona es la primera prioridad irrenunciable antes que ocuparnos de otras personas.  Si nuestra conducta ha sido causa de daños a la estabilidad familiar, ahora que estamos en la fe en Jesucristo, es nuestro deber ocupar nuestro tiempo, nuestro trabajo, nuestro salario, nuestro afecto, nuestra fe, todo lo que ha sido transformado en nosotros.  Al estar en Cristo, tenemos que usar la gracia de Dios que opera en nosotros, para restaurar la relación familiar que alguna vez quizá fuimos responsables de deteriorar, y así entonces, estaremos ya capacitados para ir hacia los demás; es decir, testificar de la obra de Dios en nuestra vida, es un deber que va primeramente DE ADENTRO y entonces HACIA AFUERA.
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    La tercera razón por la que el testimonio de la misericordia de Jesús en nuestras vidas, debe comenzar primero en casa, es:
III.- PORQUE LA FAMILIA DEBE EXPERIMENTAR URGENTEMENTE LA MISERICORDIA DE DIOS.
   El mandato que Jesús dio al gadareno acerca de ir a su casa y a los suyos, incluyó lo siguiente: “y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti” (v. 19cd).   El tema de las conversaciones que este hombre transformado tenía que compartir con los de su casa, no serían temas de otra índole que no sean las grandes cosas que el Señor había hecho con él, y cómo el Señor Jesús había tenido misericordia de él.   Era una total misericordia de Jesucristo hacia este hombre, pues no solamente quería bendecir su voluntad, su cuerpo, su apariencia, y su espiritualidad, sino que quería Jesús extender su misericordia a todos los miembros de su familia que aceptaran su poder transformador.   Pero no se necesita estar endemoniado para que una persona necesite de la misericordia de Jesucristo, pues basta con ser pecador y entonces se necesita de esa misericordia especial.  Es esa misericordia para el pecador que Jesús envió por medio de aquel hombre transformado para el bien de su propia familia.
    Amados hermanos, debemos hacer todo nuestro esfuerzo, con dependencia en el poder del Espíritu Santo de Dios, para testificar a los miembros de nuestra familia, diciéndoles que Jesucristo es la fuente de misericordia, especialmente para la salvación eterna de sus almas, pero también que él es la fuente de misericordia para la transformación de la vida familiar, de los problemas conyugales, de los problemas sociales, de las adicciones, de los pecados, de los pleitos, y de todas las perversiones y depravaciones que pudieran estar alcanzando a nuestros propios seres queridos que están en casa.
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   CONCLUSIÓN: Cada una de nuestras familias debe estar experimentando la misericordia transformadora de Jesucristo, todos los esposos y esposas, hijos e hijas, toda la familia debemos ser la auténtica muestra de la misericordia de Dios para nuestra familia y para las personas a quienes les estaremos compartiendo el evangelio.   Es así como se propaga el mensaje del evangelio: Con las palabras de Dios, y con el testimonio de sus hijos.
3Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, 4sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones. 1 Tesalonicenses 2.3–4

martes, 17 de julio de 2018

ES USTED UN NEHEMÍAS... SIGUE ESTOS PASOS?

PARA RECORDAR ... El que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6



  NEHEMIAS 1:1-4
1Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, 2que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. 3Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.
4Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.
NEHEMIAS...UN LIDER PARA IMITAR 
A medida que reflexionamos sobre esta observación, encontramos que en nuestras iglesias y en el campo misionero, en la educación y el comercio, en política y en medicina, dependemos enteramente de líderes. Sin embargo, debemos formular y responder ciertas preguntas básicas acerca del liderazgo. Por ejemplo: ¿Cuáles son sus bases? ¿Cómo pueden los líderes desarrollar todas sus potencialidades? ¿Qué medidas deben tomarse para mantener el resultado de sus éxitos? ¿Cómo pueden los líderes hacer recuento de su progreso actual y prepararse para las demandas del futuro?
Existen muchas recetas para tener éxito en el liderazgo. Cada persona parece tener una propia. Esta interminable variedad solo sirve para confundir. Déjeme decirle como tropecé con la solución.
Conocí al Señor Jesucristo como mi Salvador durante mi segundo año en el mundo de los negocios. Este encuentro cambió completamente mi vida. Desde el principio comprendí la necesidad de poner a Cristo antes que nada en mi vida. Además aprendí que si deseaba crecer espiritualmente necesitaba estudiar la Biblia por mí mismo. A medida que empecé a examinar las Escrituras, fui hallando que Dios nos ha comunicado también las cosas que tenemos que saber acerca de nuestra existencia secular, además de lo concerniente a una vida de santidad (1 Pedro 1:3, 4). También aprendí que cada libro de la Biblia tiene un propósito específico. Por ejemplo, Dios explica el lugar y la importancia de las relaciones humanas en el libro de los Proverbios. Nos da un plan detallado para el entendimiento en el matrimonio, en el Cantar de los Cantares. También nos ha mostrado como vivir en medio de la decadencia espiritual en la segunda epístola a Timoteo y nos ha descrito cómo mantenernos en su intimidad en la primera de las epístolas de Juan.
Pero, ¿qué hay en la Biblia para aquellos que han sido colocados en posiciones de liderazgo?
Fue el doctor V. Raymond Edman, quien en su obra The Disciplines of Life [Las disciplinas de la vida], dirigió primeramente mi atención al libro de Nehemías. En este libro encontré lo que estaba buscando. Allí estaban los principios específicos que necesitaba. De Nehemías aprendí cómo planear mi trabajo, organizar mi tiempo y recursos, integrar mis obligaciones en la operación total de la compañía, motivar a otros y medir los resultados. Aprendí la importancia que tiene fijar metas realistas y averiguar qué hacer antes de alcanzar mis objetivos.
A medida que estudiaba el libro, pude ver para mi asombro que Dios había previsto los problemas de las personas que están en la administración intermedia. También nos había mostrado cómo enfrentarnos a las oposiciones. Nos explica la diferencia entre un «líder de trabajo» y un «especialista en emociones sociales» y nos alecciona sobre lo que debemos hacer cuando aceptamos un trabajo nuevo. Nos brinda ejemplos sobre cómo debemos conducirnos en situaciones delicadas de prueba. Y lo más importante de todo, nos ha demostrado el inapreciable valor práctico de las convicciones religiosas en una administración eficaz.
Desde la primera oportunidad en que leí The Disciplines of Life, en 1948, hasta el presente, he mantenido la firme resolución de estudiar el libro de Nehemías una vez cada año. Esto lo hago con el propósito de refrescar en mi mente la importante información contenida en esas «memorias». El contacto continuo con la riqueza de material que hay en este libro me ha ayudado a comprobar constantemente la calidad de mi propio trabajo, objetivos y relaciones. He comprobado que esta parte de la Palabra de Dios constituye un asombroso y agudo comentario del pronunciamiento del apóstol Pablo: «Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús … Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor» (Colosenses 3:17–23).
El problema número uno
El primer problema que encontramos al empezar a examinar el libro de Nehemías es de interpretación. Algunas de las primeras exposiciones que leí sobre Nehemías tienden a espiritualizar el texto. Los escritores tuvieron que enfrentarse con el hecho de que el libro de Nehemías está en el Antiguo Testamento, y como tal trata sobre el pueblo de Israel y no sobre la Iglesia. Se sentían en la obligación de hacer que el Antiguo Testamento tuviera sentido para los cristianos. Para lograr esto, buscaron principios espirituales que pudieran ser de aplicación a la Iglesia colectivamente y a los creyentes en forma individual. Su método de interpretación era alegórico.
Existen problemas con este tipo de interpretación, como Bertrand Ramm señala: «La Biblia, cuando es tratada alegóricamente se convierte en masilla en la mano de los intérpretes. Pueden brotar diferentes sistemas doctrinales dentro del esquema de la hermenéutica alegórica (esto es, la interpretación) y no hay forma de determinar cuáles son los verdaderos … El método alegórico ensalza lo subjetivo y el resultado lastimoso de ello es el oscurecimiento de la Palabra de Dios».
Nuestro enfoque no va a ser dedicarnos continuamente a espiritualizar lo que Nehemías escribió. Seguiremos una interpretación normal, constante y literal del texto. Después de todo, Nehemías fue una personal real. Se enfrentó con problemas reales y construyó una muralla verdadera. Incluiremos en nuestra interpretación la información que sea necesaria sobre el marco histórico, la situación geográfica y el fondo cultural del pueblo. Siguiendo la costumbre de selección social básica de Nehemías en cuanto a todo lo que consideró apto de ser contado, estaremos en disposición de interpretar con exactitud lo que leemos. Entonces en lugar de buscar significados espirituales secundarios, seremos capaces de buscar principios. Encontraremos que esos principios no envejecen. Con ellos como guía, estaremos más capacitados para aprender la dinámica de un liderazgo exitoso, ya sea en la esfera de nuestro servicio en el pastorado, en el campo misionero, en una corporación o en el gobierno.
Conozca al cortesano
Pero, ¿qué decir acerca de Nehemías? ¿Quién era? ¿Cuándo y dónde vivió? ¿Qué hizo?
Nehemías era probablemente de la tribu de Judá (véase Nehemías 1:2; 2:3; 7:2), y hasta es posible que fuera descendiente del rey David (véanse Nehemías 1:4 y Crónicas 3:19). Se nos presenta como «hijo de Hacalías». Nada se sabe de su padre y tenemos que llegar a la conclusión de que fue tomado en cautividad cuando Jerusalén cayó en manos de los babilonios. Probablemente Nehemías naciera durante ese cautiverio y creciera hasta su hombría, rodeado de todas las influencias corruptoras del Cercano Oriente antiguo.
En el momento en que conocemos a Nehemías, está sirviendo de copero (Nehemías 1:11) en Susa, en el palacio que era residencia de invierno del rey. Como copero, disfruta de una posición única. Está en posesión de los cargos de primer ministro y maestro de ceremonias, unidos. El temor a las intrigas y la constante amenaza de morir asesinado hacían que el rey llevara una vida relativamente solitaria. Por ello, era muy natural que buscara una persona de sabiduría, discreción y capacidad. Un copero que tuviera en el corazón los intereses del monarca y se mantuviera informado de los acontecimientos de su tiempo, podía ejercer una gran influencia en el soberano. Además de la responsabilidad de probar el vino del rey, tenía también el copero la responsabilidad de custodiar los dormitorios reales.
Cuando Nehemías comienza su relato, nos cuenta la visita que le hizo su hermano Hanani: «Aconteció que en el mes de Quisleu (noviembre/diciembre), en el año veinte (de Artajerjes I, 445 a.C.), estando yo en Susa, capital de reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. y me dijeron: el remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego».
La información que recibe es descorazonadora. Todos los intentos para reconstruir los muros han sido frustrados (Esdras 4:4–24). Una ciudad sin puertas ni muralla, no era una verdadera ciudad. Era un lugar indefenso, que ni siquiera podía aspirar a brindarles protección a aquellos que vivieran dentro de su perímetro. Por esto; muy pocos vivían en la capital (Nehemías 11:1).
Pero, ¿por qué estaban los judíos en tan deplorable situación? ¿Qué les había sucedido desde que David estableció el reino y Salomón inauguró la «edad de oro»?
Un poco de historia
El libro de Nehemías ocupa un lugar importante. El pueblo hebreo había sido una fuerza poderosa, pero el reino de David se dividió en dos. Las diez tribus del norte se unieron en un reino y las dos tribus del sur formaron otro. De ahí en adelante, la fortuna de dichos reinos fue confusa. La idolatría prevaleció. Finalmente (en 722 a.C.), Dios castigó a las tribus del norte permitiendo que los asirios las invadieran. Los miembros de esas tribus fueron tomados cautivos, deportados y enviados a otras naciones.
Solo Judá sobrevivió. Las tribus del sur, sin embargo, no aprendieron de la experiencia de Israel. Como resultado, también fueron tomadas cautivas y deportadas,1 en esta oportunidad por los babilonios (Jeremías 25:11, 12; Daniel 9:2). Durante los setenta años que los judíos permanecieron en cautividad, el poderío de Babilonia fue destruido por las fuerzas combinadas de los medos y los persas. Bajo el nuevo gobierno, el rey Ciro (550–530 a.C.) les dio permiso para retornar a Palestina y reedificar el Templo (Esdras 1:1–3). Los primeros exiliados regresaron acaudillados por Zorobabel (538 a.C.; Esdras 1–6). Los cimientos del templo fueron colocados, pero los samaritanos del norte se opusieron a dicha labor, por lo cual transcurrieron más de quince años antes de que el Templo fuera terminado.
Más tarde otro grupo de judíos regresó a Jerusalén. Iban dirigidos por Esdras (458 a.C.; Esdras 7–10). A su llegada a Palestina, Esdras encontró al pueblo judío en condiciones deplorables, tanto espiritual como moralmente. Por esta razón, comenzó un amplio ministerio de enseñanza (Esdras 7–10). Como veremos, la enseñanza de la Ley daría fruto catorce años más tarde (Nehemías 8–10). Finalmente, durante el reinado de Artajerjes I Longimano (465–424 a.C.), Nehemías regresó a Judá. Sin una muralla para protegerlos, los residentes se veían constantemente hostilizados. La moral del pueblo se mantenía muy baja. El rico explotaba al pobre y los mismos pecados que habían conducido a la cautividad eran practicados de nuevo. La crisis económica y la ignorancia espiritual acentuaban aún más la desunión del pueblo.
 
La forma en que Nehemías unió al pueblo y lo inspiró para el logro de una tarea aparentemente imposible, es muy esclarecedora. La estrategia por él usada está en completa concordancia con las más recientes investigaciones referentes a la motivación y ha sido utilizada con éxito formidable por los hombres de negocios y los líderes de las iglesias a través de los años.
Sinopsis
Comprenderemos mucho mejor el plan general de las «memorias» de Nehemías, si dominamos un triple esquema básico de las mismas y hacemos un examen previo del contenido de dicho libro.
Sigamos con Nehemías. ¿Cuál fue su respuesta al informe traído por Hanani? ¿Qué le guió a su viaje a Jerusalén? ¿Cómo pudo él llevar a cabo lo que nadie había podido lograr?
Tan pronto como Nehemías conoció el triste estado de Judá, empezó a interceder en favor de sus hermanos (Nehemías 1:4–11). Demostró con sus acciones que tenía una profunda preocupación por ellos. Cuatro meses de intensa oración trajeron finalmente la respuesta deseada, pero en una forma que lo situaba en una posición muy espinosa (2:1–8). Su lealtad y tacto, sin embargo, le ayudaron a resolver esta situación difícil y potencialmente peligrosa, y el rey le concedió permiso para regresar a Judá. Viajó a Jerusalén y a su llegada pudo percatarse muy rápidamente de la realidad de la situación. Entonces exhortó al pueblo, haciéndole ver la necesidad de reedificar los muros de la ciudad (2:9–20).
 
  
El capítulo 3 contiene una relación de aquellos que se ofrecieron voluntariamente para la tarea de reconstrucción. A primera vista parece una lista de nombres fría y poco interesante. Un examen más detallado nos revela que está llena con importantes principios de liderazgo eficaz. Con la lectura de dicha relación podemos sentimos tentados a llegar a la conclusión de que los muros de la ciudad fueron levantados sin contratiempos. En la realidad, el trabajo encontró una enconada oposición (Nehemías 4–6). Sin embargo, las oposiciones por su propia naturaleza, siguen esencialmente los mismos patrones sin reparar en la época o las circunstancias, y el gran valor de esta porción de las Escrituras para nosotros, radica en que Nehemías nos muestra como conducirse ante cualquier oposición con éxito absoluto.
Latentes en esos capítulos iniciales del libro de Nehemías están los principios del «especialista en trabajos» y del «experto socio emocional». Aquellos que estén interesados en la «diferenciación de funciones» dentro de un conjunto y deseen estudiar la «dinámica de grupos», encontrarán estos capítulos del 4 al 6 cargados de informaciones prácticas.
La construcción de la muralla, un trabajo que muchos consideraban imposible, fue terminada en cincuenta y dos días. Nehemías, habiendo alcanzado su primer objetivo, se nos muestra como un sabio administrador, al consolidar inmediatamente sus logros (Nehemías 7). Su labor es interrumpida por un avivamiento religioso que tiene lugar, porque Dios ve que el pueblo no está preparado aún para gobernarse solo e interviene haciendo surgir un genuino avivamiento espiritual. Durante esta etapa de renovación, Nehemías actúa con gran sabiduría y toma una posición secundaria. Esdras, conjuntamente con los sacerdotes y los levitas, instruyó al pueblo en la Ley. Se restauró la fiesta de los tabernáculos y se estipuló de manera solemne un pacto con Dios (Nehemías 8–10).
Solo después de que el pueblo está espiritualmente preparado para nuevas responsabilidades, Nehemías se siente capacitado para continuar su labor de consolidación. Esta toma primero la forma de la repoblación de Jerusalén (Nehemías 11), la inauguración de los muros de la ciudad y la labor de asegurar que el ministerio del Templo sería mantenido (12:1–13:3).
Los años restantes de este primer período de Nehemías como gobernador, pasaron tranquilamente. En el año 432 a.C., regresó nuevamente a la corte de Artajerjes en Persia. Permaneció en dicho lugar doce años y en el año 420 a.C., se le confirió de nuevo la responsabilidad de la gobernación en la provincia de Judá. Cuando llegó a Jerusalén se encontró con que el pueblo se había apartado del Señor. Por esa razón Nehemías se comprometió entonces en una serie de vigorosas reformas con el fin de depurar a los moradores del lugar de todas aquellas prácticas que estaban apartándolos de las bendiciones de Dios (Nehemías 13:5–31).
En nuestro estudio del libro, entraremos en detalles en tres materias importantes, a saber: las características básicas del liderazgo dinámico; la importancia de los principios espirituales y la necesidad de principios administrativos sólidos. A medida que examinemos dichos temas, también examinaremos las creencias de Nehemías, a fin de determinar la contribución de sus convicciones religiosas al éxito en el liderazgo. Nuestro próximo capítulo ofrecerá una percepción clara de las cosas que hicieron de Nehemías el gran hombre que fue.
 
1 La Biblia registra tres deportaciones sucesivas. Tuvieron lugar en 605, 597 y 586 a.C.
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