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miércoles, 30 de septiembre de 2015

...Quebraré a este pueblo y a esta ciudad, como se quiebra una vasija de alfarero, que no puede recomponerse más...todas las casas sobre cuyos terrados queman incienso a todo el ejército de los cielos y vierten libaciones a otros dioses.

RECUERDA ESTO Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6







PREPARAMOS NUESTRO ESTUDIO PARA ENSEÑAR EN LA CONGREGACIÓN
JEREMÍAS 19:1-13

19:1 Así dijo YHVH: Ve y compra una vasija de barro de alfarero, y lleva contigo de los                 ancianos del pueblo y de los ancianos de los sacerdotes,
2      y sal al valle de Ben-Hinom, que está a la entrada de la puerta del alfarero, y proclama          allí las palabras que Yo te diré.
3      Di: ¡Oh reyes de Judá, y vosotros, habitantes de Jerusalem, oíd el oráculo de YHVH!          Así dice YHVH Sebaot, Dios de Israel: He aquí Yo traigo un mal sobre este lugar, tal             así, que a todo el que lo oiga le retiñirán los oídos.
4      Porque me han abandonado y han enajenado este lugar, quemando allí incienso a               otros dioses que ellos no conocieron, ni sus padres, ni los reyes de Judá, y han                     llenado este lugar de sangre de inocentes.
5      Y han edificado los lugares altos a Baal, para quemar con fuego a sus propios hijos              como holocaustos a Baal; cosa que Yo no ordené ni dije, ni me pasó por el                            pensamiento.
6      Por tanto he aquí vienen días, dice YHVH, en que no se le llamará más a este lugar             Tofet, ni Valle de Ben-Hinom, sino Valle de la Matanza.
7      Y haré nulo el consejo de Judá y de Jerusalem en este lugar, y los haré caer a espada          ante sus enemigos, y en mano de quienes buscan su vida, y daré sus cadáveres                  como pasto a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
8      Convertiré esta ciudad en objeto de asombro y de silbido: todo el que pase por ella se          asombrará y silvará a causa de todas sus plagas.
9      Haré que se coman la carne de sus propios hijos y la carne de sus propias hijas, y                cada uno comerá la carne de su compañero, en el asedio y la aflicción con que los                afligirán sus enemigos y los que buscan su vida.
10      Luego quebrarás la vasija ante los ojos de los hombres que vayan contigo,
11      y les dirás: Así dice YHVH Sebaot: De este modo quebraré a este pueblo y a esta                 ciudad, como se quiebra una vasija de alfarero, que no puede recomponerse más; y              enterrarán en Tofet hasta no haber lugar.
12      Así haré con este lugar, dice YHVH, y con sus habitantes, hasta que esta ciudad sea            como Tofet.
13      También las casas de Jerusalem y las casas de los reyes de Judá, que están                        contaminadas, serán como este lugar de Tofet: todas las casas sobre cuyos                          terrados queman incienso a todo el ejército de los cielos y vierten libaciones a otros              dioses.

La Búsqueda de interlocutores


  Los ancianos y el mensaje de Dios
  19:1
  Dios pide al profeta que busque específicamente a los ancianos del pueblo y ancianos de los sacerdotes. Dado que el pueblo no tenía una buena opinión de Jeremías, este busca testigos con autoridad. Los ancianos del pueblo desde los orígenes de la nación fueron reconocidos por su autoridad (ver Núm 11:16; Jos. 7:6; 1 Rey. 8:1). En momentos de crisis los ancianos de los sacerdotes ocuparon un lugar importante (2 Rey. 19:2). En este caso servirían de testigos y receptores de las palabras o mensaje pronunciado (19:3, 10, 11a).

  En los pueblos antiguos los ancianos ocupaban un lugar de liderazgo, por su experiencia (Job 12:12) eran quienes velaban por las tradiciones y el orden dentro de la sociedad (Deut. 19:12). Fueron los ancianos los que juzgaron a Jesús (Mat. 16:21; 26:59).

  Hoy como en aquellos días (de Jeremías) Dios necesita interlocutores, hombres y mujeres que tengan la capacidad de comprender y recibir la Palabra de Dios, y que al mismo tiempo tengan autoridad frente al pueblo de Dios para poder transmitirla con claridad.

Jehovah habla a los ancianos del pueblo, 
Jeremías 19:1–13. 

Nuevamente el Señor manda al profeta que entregue un mensaje por medio de sus acciones. Tiene que ir de nuevo a la casa del alfarero, esta vez para comprar una vasija. Debe pedir que le acompañen algunos de los ancianos del pueblo y de los sacerdotes, esto es, los líderes civiles y religiosos. Luego deben salir al valle de Ben-hinom y allá darles el mensaje del Señor. Puesto que lleva consigo a los líderes del pueblo, su mensaje cobra más legitimidad. Dios no está dando su mensaje en secreto, o a unas cuantas personas de la comunidad. Aquí tiene algunos de los líderes reconocidos.

En el v. 3 la palabra se dirige a todo el pueblo, los reyes y los habitantes de la ciudad. Se enfatiza que la palabra viene del Señor, repitiendo su nombre tres veces, y entonces da el preaviso de la calamidad que vendrá sobre el pueblo. Va a ser tan severo que todos los que lo escuchan van a quedarse atónitos, algo como tener un retiño constante en sus oídos.

Empezando con la palabra porque los vv. 4 y 5 dan las razones por este castigo tan fuerte. Sigue una lista de los pecados graves que ha cometido el pueblo, encabezada con el abandono de Jehovah. Este es el pecado principal, porque los demás pecados vienen como consecuencia de este abandono del Dios verdadero. Aquí en este valle han levantado altares a Baal, y han quemado incienso a los dioses ajenos, desconocidos anteriormente por el pueblo. La apostasía del pueblo es flagrante.

Han tomado la sangre de inocentes, o sea han oprimido en formas crueles e inhumanas a los pobres. Además han seguido las prácticas de los seguidores de Baal para ofrecer en holocausto a sus propios hijos, cosa totalmente opuesta a la enseñanza del Señor. Había mucho sincretismo religioso en aquellos tiempos, y tal vez hubo quienes seguían esta práctica tan horrible pensando que podrían agradar a Baal y a Jehovah a la vez. 

Dios dice tres cosas muy importantes en cuanto a estas prácticas: cosa que no les mande, ni hablé [de ello], ni me vino a la mente. El concepto de la toma de la vida de los inocentes en holocausto al Señor es totalmente rechazado por él. Él ha dado la vida, y quiere que las personas le sigan en obediencia y en amor, no en formas tan paganas y crueles.


  Bosquejo homilético
  Algo se ha quebrado y no se puede restaurar
  Jeremías 19:1–13
  Introducción: 
En el capítulo anterior el profeta había usado la figura del alfarero, en este capítulo siguiendo la misma línea usa la figura de la vasija, es decir el producto final del alfarero.
          I.      La presentación de la vasija, 19:1–9.
      1.      Una vasija “comprada”.
      2.      Una vasija que recuerda el pecado del pueblo (vv. 3–5).
        (1)      Abandonaron a Dios.
        (2)      Sacrificaron a los ídolos.
        (3)      Derramaron sangre inocente; realizaron injusticias.
      3.      Una vasija que presenta el castigo de Dios.
        (1)      Pagarán con sus vidas (matanza).
        (2)      Pagarán con su derrota, decepción (haré pedazo los planes—DHH).
        (3)      Pagarían con la burla y asombro ante la catástrofe.

          II.      La quiebra de la vasija, 19:10, 11.
      1.      La quiebra de la vasija representaba la catástrofe del pueblo de Dios.
       2.     La quiebra es realizada ante sus ojos, es decir de manera pública, como                       públicamente habían pecado, y en ese mismo lugar.
      3.      La quiebra representaba que ya no había regreso a la situación anterior (no                  se puede volver a restaurar).

          III.      El mensaje de la vasija, 19:12, 13.
      1.      Enfatiza la paternidad del castigo (así haré).
      2.      Enfatiza la intencionalidad.
      3.      Enfatiza la violencia del castigo
      4.     Enfatiza el alcance del castigo. Tanto el pueblo como los líderes (todas las                    casas).
      5.      Enfatiza las implicaciones del castigo (serán inmundas).


Por tanto, viene el castigo tan grande sobre este pueblo tan pecador. Hasta el nombre del valle va a ser cambiado a valle de la Matanza. La gente va a caer frente a las espadas y no habrá sepultura para los cadáveres, sino serán comidos por las aves y las bestias. La ciudad va a ser totalmente destruida y un objeto de burla. Peor aún, en el asedio de la ciudad no habrá comida y la gente va a practicar el canibalismo.


Sin duda, este mensaje del Señor es presentado en forma impactante y contiene hipérbole, pero Jeremías tenía que hacerles ver el desastre pendiente. Se sabe que esta profecía fue cumplida y la destrucción vino a Jerusalén. El pueblo pagó en carne propia por su apostasía en los dos ataques a la ciudad hechos por los babilonios en 597 y más tarde en 587 a. de J.C. cuando por fin destruyeron la ciudad, incluyendo el templo, y llevaron al cautiverio lo mejor de la ciudad.




Después de este escenario tan pavoroso, el v. 10 viene casi como un choque, o más bien como un alivio. Dios manda a Jeremías que rompa la vasija frente de los líderes que le acompañaron. El mensaje con esta acción es tal como la vasija quedó en pedazos, así la ciudad y el pueblo van a ser quebrantados, sin la posibilidad de restauración.

Tófet era un pueblo que había sido sitio de culto a los ídolos y había sido profanado por Josías en su campaña contra la idolatría en el país (comp. 2 Rey. 23:10). Allí iban a ser sepultados los muertos de la destrucción de Jerusalén, en tierra profana. Pero no habrá otro lugar donde sepultar a sus muertos. Toda la ciudad quedará profanada como Tófet, desde el palacio hasta la casa más humilde, porque habían construido altares en las azoteas donde quemaron incienso a los astros, al sol, la luna y otros dioses. 

Los oyentes de este mensaje tan solemne y aterrador sabrían que si la ciudad era impura, entonces era inhabitable para Dios, su fundador. Sin su presencia, el Dador de vida, ¡la ciudad quedaría muerta!
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Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6