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martes, 11 de agosto de 2015

Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




 
Tipo de Archivo: PDF | Tamaño: MBytes | Idioma: Spanish | Categoría: Capacitación Ministerial
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PREPARACIÓN DE SERMONES EXPOSITIVOS
La declaración de la verdad
MARCOS—4:1–5:43

a. Mediante mensajes (vv. 1–34)
(i) Su declaración de la verdad (1–9) mediante parábolas a la gran multitud reunida junto al mar, desde su púlpito flotante.
1Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor de él mucha gente, tanto que entrando en una barca, se sentó en ella en el mar; y toda la gente estaba en tierra junto al mar. 2Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina: 3Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar; 4y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron. 5Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. 6Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. 8Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. 9Entonces les dijo: El que tiene oídos para oir, oiga.
Las llamadas “parábolas del reino” ocupan un lugar privilegiado al definir el carácter de ese reino y los principios sobre los cuales sería establecido. Una parábola es una ilustración, una historia terrenal que tiene significado celestial y profundidad doctrinal—“les decía en su doctrina” (v. 2).
De todas las parábolas dadas por el Señor1 ésta es aparentemente la primera y la más extensa. Además, tiene relación con la recepción inicial del reino.
En esta parábola el sembrador (v. 3) es el mismo Señor,1 pero en la actualidad son aquellos a través de quienes él habla (v. 13).2 La semilla es la Palabra de Dios, el evangelio (las buenas nuevas de Jesús) y toda la verdad revelada por Dios que encontramos en las Sagradas Escrituras.
El suelo o terreno es el corazón humano. Y se mencionan cuatro clases distintas de suelo (vv. 4–8), representando cuatro formas distintas en que la Palabra es tratada por los que la oyen. Notamos que no hay nada malo en la semilla en sí; el defecto está en la recepción de la semilla en tres de los cuatro casos, que hace que ésta no fructifique. Por eso es necesario que antes de recibir la Palabra se preparen los corazones mediante la oración (ver Hch. 4:29, 30). A la vez tampoco debemos desalentarnos cuando los frutos no parecen muy abundantes.
En la vida cristiana hay varias etapas de crecimiento y grados de productividad (v. 8). Esto se aprecia en las palabras del Señor en Juan 15: “fruto” (v. 2), “más fruto” (v. 2) y “mucho fruto” (v. 5); en las del apóstol: “hijitos”, “jóvenes” y “padres” (1 Jn. 2:12–14); o en las del escritor de Hebreos: “niños” o “inexpertos”, “los que han alcanzado madurez”, “maestros” (5:12–14). El que tiene oídos (capacidad) para oír (oportunidad), que oiga (responsabilidad) (v. 9).
(ii) Su explicación de la verdad (10–25).
10Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola. 11Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; 12para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados. 13Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas? 14El sembrador es el que siembra la palabra. 15Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones. 16Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; 17pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan. 18Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, 19pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 20Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. 21También les dijo: ¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? 22Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz. 23Si alguno tiene oídos para oir, oiga. 24Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís. 25Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.
En respuesta a la pregunta de ellos, su explicación muestra que el propósito y la eficacia de las parábolas se estaba cumpliendo en ellos: hacer que la gente piense, a fin de que el mensaje penetre profundamente. Notemos:
* El misterio dado a conocer (10, 11a). ¿Qué quiso decir el Señor al hablar del reino de Dios? En el Nuevo Testamento “misterio” es una verdad desconocida hasta ese momento y que sólo puede ser conocida a través de la revelación divina. El misterio del reino de Dios consiste en que:
1) El Señor Jesús fue rechazado cuando se ofreció como rey de Israel.
2) Pasará un tiempo antes de establecerse el reino sobre la tierra.
3) Mientras tanto el reino existirá en forma espiritual. Todos aquellos que reconozcan a Cristo como rey, pertenecerán a este reino espiritual.
4) La Palabra de Dios será sembrada durante el período interino con distintos grados de éxito. Si bien algunos se convertirán de verdad, otros en cambio serán sólo creyentes de palabra. Todos se encontrarán en el reino en su forma exterior (es decir que podrán asistir a alguna iglesia pero sin haber tenido un encuentro real con Jesucristo), pero sólo los cristianos genuinos entrarán en el reino en su realidad interior.
* El motivo de las parábolas (11b–13). Dios revela sus secretos íntimos a aquellos cuyos corazones están abiertos, receptivos y obedientes. Por otro lado, la verdad es escondida de aquellos que rechazan la luz que les es dada. El Señor los llamó “los que están fuera”. Estos son los que están fuera del reino por propia y deliberada elección.
Jesús no negó a sus oyentes la oportunidad de creer en él. Ellos, sin embargo, persistieron con sus mentes cerradas (ver 1:15) y no recibieron el mensaje de Cristo. El Señor empleó parábolas1 especialmente por la dureza del corazón de los fariseos.2 Estas palabras son citadas de Is. 6:9, 10, y actualizadas por el Maestro.
Marcos agrega una frase muy significativa a la parábola en el v. 13, que indica que es fundamental en su carácter y enseñanza. Añade que si no se entiende, no se podrán comprender las demás parábolas. Por eso es que se extendió más en ella que en todas las otras.
* El mensaje de esta parábola (14–20). El sembrador (14) es el predicador cuya responsabilidad consiste en sembrar.
Los de junto al camino (15) son los oyentes que tienen corazones duros, insensibles e indiferentes. Por eso la palabra no hace mella, no echa raíces, y las aves la arrebatan (v. 4). Judas Iscariote puede haber sido un oyente de esta clase (Lc. 22:47, 48).
Viene Satanás (15) no sólo hasta la puerta de la iglesia, sino también adentro, y notemos con qué rapidez actúa. Una de las formas más eficaces es distrayendo nuestros pensamientos, recordándonos problemas de la vida y haciéndonos olvidar lo que acabamos de escuchar. Además nos lleva a pensar en otros de la congregación para quienes esas palabras serían muy apropiadas, una manera muy conveniente de hacernos olvidar la aplicación personal para nosotros. Por otra parte, hace que nos justifiquemos a nosotros mismos para así evitar que apliquemos esa verdad a nuestra propia vida.3
¿Cómo quita la palabra Satanás? Puede ser a través de chismes, críticas y frivolidad. A través de los chismes y las críticas nos lleva otra vez a olvidarnos de la aplicación personal de lo que acabamos de escuchar o leer, y hace que nuestra atención maliciosamente se concentre en otros. Asimismo, por medio de la frivolidad hace que no tomemos la Palabra de Dios en serio sino que nos burlemos de ella, o cuando menos hagamos bromas con respecto a ella. Tengamos cuidado de estas aves que emplea Satanás, especialmente después del sermón y al salir del culto, o luego de haber leído un pasaje de las Sagradas Escrituras en nuestro devocional personal.
Los de los pedregales (16, 17) son los oyentes que se dejan llevar por sus emociones, los carnales y los superficiales. Estos nunca se conforman con algo por mucho tiempo. Se entusiasman y dicen, por ejemplo, “esto es lo que estaba esperando, esto es lo que necesito”. Sin embargo, esa emoción es temporal, les dura muy poco, y pronto se entusiasman con otras cosas (ver Lc. 9:57, 58). La Palabra de Dios no cala hondo en ellos sino que sólo los afecta en la superficie. Su fe no es profunda sino sólo una fina capa de tierra sobre la roca de la indiferencia. Es una fe externa pero no interior. Dependen de sus sentimientos y emociones antes que de convicciones profundas y sinceras. Profesan convertirse a Cristo pero como no tienen raíces profundas, tan pronto sale el sol de la prueba, la tribulación o la oposición, abandonan.1
Los que cayeron entre espinos (18, 19) son los oyentes que parecen tener un comienzo alentador pero son indulgentes y mundanales. Están agobiados por las ansiedades, las riquezas de este mundo y la codicia. En ellos el fruto se ahoga y pierden todo interés en cosas espirituales. Vemos una ilustración de tales oyentes en Ananías y Safira (Hch. 5:1–11).
Los de buena tierra (20) representan los oyentes con corazones sinceros, receptivos y fructíferos—tales como Natanael (Jn. 1:45–51), Cornelio (Hch. 10:1, 2, 44–48), etc. Los distintos grados de productividad mencionados nos recuerdan los grados de fruto o madurez (Jn. 15:2–5). A su vez pueden deberse a oportunidades, fidelidad o capacidad.
ACCIONES CONTRASTADAS
1. La acción del diablo
-v. 15- arrebata la semilla
2. La acción de la carne
-vv. 16, 17- impide que se alimente
3. La acción del mundo
-vv. 18, 19- ahoga la semilla
4. La acción de la fe
-v. 20- aceptación del mensaje
* La manifestación necesaria (21–23) pues la luz nunca debe ser escondida sino usada para iluminar. Aquí se nos habla de la evidente responsabilidad de los que oyen.
El evangelio no sólo debe ser apropiado sino luego transmitido a otros, alumbrando con la luz del testimonio. El almud1 representa los negocios, que pueden privarnos de tiempo para las cosas de Dios; y la cama indica comodidad o pereza. Ambas cosas se convierten en enemigos del evangelismo.
Quienes han llegado a entender la enseñanza de Jesucristo están en deuda con quienes todavía no la han comprendido. Es por ello que deben compartir los beneficios de la luz recibida.
* La medida a emplear (24, 25). Cuidado con lo que oímos (24a) y cómo lo oímos (Lc. 8:18). ¿Por qué? Porque mientras más atención prestemos a la enseñanza, más provecho le sacaremos.
La condición para recibir mayor verdad es responder a la verdad que ya conocemos. Negarse a responder a esa verdad puede conducir a la atrofia y al deterioro moral.
Aquí también parece haber una advertencia en cuanto a la necesidad de emplear y desarrollar nuestros dones (1 Ti. 4:14), pues el don que no se usa se malogra o se pierde.
(iii) Su aplicación (vv. 26–34)
26Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; 27y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. 28Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado. 30Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos? 31Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; 32pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra. 33Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oir. 34Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo.
* El crecimiento de la semilla (26–29). Esta parábola se encuentra sólo en Marcos, y complementa la anterior. Luego de demostrar las distintas clases de recepción de la palabra y del impacto que ella hace, el Señor muestra que el proceso por el cual la semilla germina y crece, se encuentra totalmente en las manos de Dios.
Primero está la obligación que tiene el sembrador de salir a sembrar (v. 26. Ver Sal. 126:6). La semilla cuesta y sembrarla exige esfuerzo, pero sin esto no habrá cosecha.
Una vez sembrada la semilla queda fuera del control del sembrador. “De suyo” viene del griego AUTOMATE, de donde procede nuestra palabra automático. Por lo tanto, la tierra produce fruto automáticamente, sin que el sembrador obre. “Pablo sembró, Apolos regó; pero es Dios el que da el crecimiento” (1 Co. 3:6, 7). Sin que sepamos cómo, la semilla crece. Por eso “nuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).
La obra de fe tiene etapas graduales: primero hierba, el tierno primer amor y celo por las cosas de Dios; luego espiga, mayor fuerza y madurez (ver 1 Jn. 2:14); y finalmente “grano lleno”, madurez plena de carácter. Luego, si nos toca ese privilegio, podremos segar o cosechar con la hoz de la predicación. En cambio, si a este versículo le damos un sentido escatológico,1 entonces el que echa la hoz es Dios mismo (Jl. 3:13).
* La comparación significativa (30–32). Se establece un notable contraste entre el comienzo tan humilde y de apariencia insignificante (semilla de mostaza) y el crecimiento notable que ha tenido. Por eso lo poco es mucho si Dios está en ello.2
De acuerdo a algunos estudiosos, otra posible interpretación es que aunque el evangelio comenzó con un puñado de hombres—era algo casi insignificante—un día llegará a todo el mundo, en cierto sentido como hoy en América Latina. Por otro lado, la mención de “las aves del cielo”, una figura negativa en el contexto inmediato (vv. 4, 15) y en el resto de la Escritura (Ez. 31:3–6; Dn. 4:20–22; Ap. 18:2), parece indicar que el crecimiento llegó a ser anormal (por ejemplo cuando la Iglesia se unió al Estado bajo el Emperador Constantino),3 llegando luego a albergar dentro del cristianismo a toda clase de fuerzas del mal.
Cuando Satanás y sus ángeles ya no pueden destruir la buena semilla, se cobijan en su fruto procurando corromperlo y usarlo para sus propios fines. Así dentro del cristianismo actual se da albergue a muchas doctrinas contrarias a la verdad que niegan, por ejemplo, el nacimiento virginal de Jesucristo, la eficacia de su obra redentora, la realidad de su resurrección, etc. En el orden personal, cuando el Señor nos ha ayudado a crecer espiritualmente, tengamos cuidado de que no se introduzcan en nuestras mentes las “aves” de la vanidad, el orgullo, la autosuficiencia, etc.
* La capacitación adecuada (33, 34). Aquí el Señor establece un importante principio para la enseñanza. El adaptaba su instrucción a la capacidad de sus oyentes (ver Jn. 16:12). De manera que sigamos su ejemplo y adaptemos nuestros métodos y materiales a la capacidad de aquellos a quienes nos dirigimos, recordando que lo más importante en el proceso de la comunicación es lo que los demás comprenden de lo que decimos. Esto nos llevará a esmerarnos en la preparación de lo que vamos a enseñar y de cómo lo vamos a exponer. El esfuerzo adicional requerido valdrá la pena al observar el rostro de los oyentes que nos han comprendido, y luego al apreciar cómo lo ponen en práctica en su vida y conducta diaria.
LA DECLARACION DE LA VERDAD (4:1–5:43)
a.     Mediante mensajes (4:1–34)
(i)     Su declaración de la verdad (1–9)
(ii)     Su explicación de la verdad (10–25)
* El misterio dado a conocer (10–11a)
* El motivo de las parábolas (11b–13)
* El mensaje de esta parábola (14–20)
* La manifestación necesaria (21–23)
* La medida a emplear (24–25)
(iii)     Su aplicación (26–34)
* El crecimiento de la semilla (26–29)
* La comparación significativa (30–32)
* La capacitación adecuada (33–34)
4:1–5:43
(continuación)
b. Mediante milagros—4:35–5:43
(i) La tormenta calmada por el Señor (4:35–41)
35Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. 36Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. 37Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. 38Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? 39Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. 40Y les dijo: ¿ Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?
* El propósito indicado (35, 36). Su intención era clara. Había una promesa implícita de su presencia (“pasemos”), y de la seguridad de llegar a su destino (“al otro lado”). Si más tarde se hubiesen acordado de las palabras de Jesús, habrían sabido que ninguna tormenta podría alterar sus planes.
En la travesía del mar de la vida, él no nos promete un viaje sin tormentas sino un seguro arribo a nuestro destino eterno.
* La preocupación fue innecesaria (37–40), como luego mostraría el Señor. La causa de la preocupación (37) fue la tormenta que surgió en forma repentina, como suele suceder en esa región, y era tan intensa que aparentemente ponía en peligro sus vidas.
El hecho de ser creyentes no nos proporciona inmunidad a las tormentas de la vida. La misma presencia del Señor aquella noche no les libró de la tempestad. Sin embargo, una tormenta con Cristo es mucho mejor que una calma sin él.
- La calma del Señor (38a), que le hacía dormir, y que debía haber tranquilizado a los discípulos. ¿No había afirmado, acaso, el salmista que “no se dormirá el que te guarda”? (121:3). Sí, pero aquí tenemos la evidencia de la perfecta humanidad de Cristo, que duerme por el cansancio que tenía. Por otra parte, como dijera Juan Calvino: “Mientras tanto su divinidad estaba vigilando y controlando las circunstancias.” Era además el sueño de la fe que descansa en Dios y su propósito (Sal. 4:8).
- El cuidado que los discípulos creyeron faltante (38b) y que manifestaron en forma de reproche, revela no sólo la falta de fe de ellos sino también su injusta apreciación del Señor. A veces nosotros también reaccionamos en forma similar cuando somos azotados por las tormentas y pruebas de la vida, y aun llegamos a cuestionar el amor y el cuidado del Señor Jesús.
- El cese de la tormenta (39) ante su orden poderosa. El verbo reprender1 es muy fuerte,2 y habitualmente se emplea en relación con los demonios. Por eso se ha sugerido que quizás esta tormenta había sido provocada por las potencias diabólicas. Jesús manifestó así ser soberano hasta sobre las fuerzas de la naturaleza. La creación oyó la voz de su Creador y obedeció. Con él nada es imposible. Los discípulos lo habían tratado como si fuera un mero pasajero; pero de ser pasajero se convirtió en capitán del barco.
El Señor no siempre hace cesar las tormentas sino que nos guarda en medio de ellas (ver Hch. 27).
- La crítica merecida (40) del Señor hacia sus discípulos, pues el mayor peligro no era el viento o las olas sino la evidente incredulidad de ellos. Nuestros mayores problemas están en nosotros, no a nuestro alrededor. Muchas veces profesamos fe en Jesucristo, y sin embargo clamamos en incredulidad.
* El poder asombroso (41) que les dejó perplejos en cuanto a su identidad. Todavía no conocían el misterio de su Persona y por lo tanto se cuestionaron los unos a los otros ante esa manifestación de poder sobrenatural.
(ii) El endemoniado liberado (5:1–20).
1Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. 2Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, 3que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. 4Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. 5Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. 6Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. 7Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. 8Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. 9Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. 10Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región. 11Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo. 12Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. 13Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron. 14Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era aquello que había sucedido. 15Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. 16Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. 17Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos. 18Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. 19Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. 20Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban.
Notamos aquí:
* La persona necesitada (1–6) que salió a su encuentro al llegar a destino,1 al este del Mar de Galilea.
Si agregamos los detalles de los pasajes paralelos se completa un cuadro trágico de este hombre pues estaba desnudo (Lc. 8:27) y era el terror de la región (Mt. 8:28), el enemigo público número uno. Los vv. 3 y 4 revelan gráficamente la impotencia de todo esfuerzo—aparte del evangelio—para domar, controlar o transformar el corazón “salvaje” del ser humano, esclavizado por el pecado.
Humanamente hablando parecía no haber ninguna esperanza para este hombre, que además se estaba autodestruyendo (v. 5). ¡Gracias a Dios que no hay ningún caso demasiado difícil para él!
A pesar de todo, al ver a Jesús corrió y se arrodilló ante él (v. 6), reconociéndolo como Hijo de Dios (v. 7). ¿Cómo se explica esto? ¿Acaso reconocía en Jesús a quien venía a “atar” al diablo (3:27) y a derrotarlo? Al arrodillarse no lo hacía como un acto de adoración sino como un homenaje.
* La palabra de poder (7, 8) en respuesta a las palabras del endemoniado, haciendo referencia a su naturaleza como “Hijo del Dios Altísimo”. Esto demuestra tanto comunidad de esencia como identidad con el Padre. La expresión “Dios Altísimo” era empleada por los judíos para distinguir al verdadero Dios de todos los falsos dioses. En este caso la preocupación de los demonios era que Jesucristo, como Hijo de Dios, no precipitara o anticipara la ruina final de ellos. Al mismo tiempo no debemos olvidar la verdad de Stg. 2:19.
Ni una legión de demonios podía hacer frente a la voz de mando del Señor (v. 8). Así hoy el evangelio es “la palabra de esta salvación” (Hch. 13:26) y es “poder de Dios para salvación” (Ro. 1:16). Además, los hombres sólo son “renacidos … por la Palabra de Dios” (1 P. 1:23).
También el Señor puede echar fuera los otros males del temor, egoísmo, odio, envidia, orgullo, prejuicio, impureza, etc. de todos aquellos que acuden a él en fe.
* La petición extraña (9–12) hecha por los demonios. En este pasaje se nos muestra su poder (4), conocimiento (7), unidad (9) y sujeción (10).
Ante la pregunta del Señor: “¿Cómo te llamas?”, los demonios al unísono le contestan: “Legión me llamo; porque somos muchos”. Una legión romana estaba compuesta de nada menos que seis mil hombres, lo que nos da una idea del grado de posesión de este hombre. Le atormentaban como una fuerza combinada.
* El permiso concedido (13, 14). Esto revela que los demonios no pueden hacer libremente lo que quieren, y además que no sabían lo que les sucedería. Además indica que Satanás y sus huestes sólo pueden conocer los planes de Dios si él se los revela.
Es interesante notar que sólo Marcos señala el número de cerdos. A menudo se ha criticado al Señor por causar la destrucción de estos animales. Sin embargo, debemos destacar que:
1. El no causó su destrucción sino que la permitió (13a). El poder destructivo de Satanás hizo que se precipitaran al mar.
2. El alma de este hombre valía más que todos los cerdos del mundo.
3. Además, el endemoniado podía así estar seguro de que los espíritus inmundos habían efectivamente salido de él.
* El poder desplegado (14, 15). El hombre liberado, que había sido tan salvaje y violento, ahora estaba en su sano juicio y en paz. Su cuerpo, antes desnudo, estaba vestido y él había tomado su lugar de adoración y gratitud a los pies de Jesús (ver 2 Co. 5:17). Tan completa fue la transformación que los habitantes de esa región tuvieron temor.
* El pedido increíble (16–17). Aquí hallamos lo más asombroso de todo este incidente. A pesar del milagro que habían visto en la liberación del endemoniado, consideraban a Jesús como un huésped inconveniente, y le pidieron que se marchara. Daban más importancia a la pérdida material que a la bendición recibida por este hombre. Y el Señor no se queda donde no es bienvenido.
Aun hoy incontables multitudes prefieren mantener a Cristo alejado por temor de que su presencia pueda ocasionar alguna pérdida social, económica o personal. Al querer salvar sus posesiones, pierden su alma.
* La predicación convincente (18–20). En contraste con 1:44, en esta ocasión Jesús mandó que predicara y anunciara. A pesar de que su petición específica de permanecer con Jesús no fue concedida, el hombre obedeció.
Si deseamos agradar al Señor y amarnos a nuestros seres queridos, hoy también el evangelismo debe comenzar por la esfera del hogar. A menudo éste es el lugar más difícil para testificar.
ACTIVIDAD DEMONIACA EN EL SER HUMANO
1. Lo lleva a una vida depravada e inmunda (vv. 2, 8) (Mt. 10:1; Mr. 1:27; 3:1)
2. Lo aisla de la compañía de los demás (v. 3)
3. Proporciona fuerza excepcional (v. 4)
4. Lo atormenta destruyendo la paz y armonía interior (v. 7) y produciendo aflicción, recelo y ansiedad.
5. Puede llevarlo a la locura (v. 4)
6. Puede conducirlo a la autodestrucción (v. 5)
7. Le hace tener una personalidad múltiple (v. 7) debido a la presencia de fuerzas demoníacas.
8. Lo vuelve consciente de que su destino está en las manos de Dios (v. 7)
9. Puede llevarlo al conocimiento del futuro (Hch. 16:16–18)
10. Lo aleja de Dios, llevándolo a resistir la Escritura y conduciéndolo a la incredulidad (1 Ti. 4:1, 2; 1 Jn. 4:1–3).
LOS TRES PODERES CONTRASTADOS
1. El poder de Satanás—que posee y destruye al hombre (vv. 2–7). Este hombre perdió su hogar, la comunión, la decencia (ver Jn. 10:10).
2. El poder de la sociedad—que nada podía hacer a favor del endemoniado (v. 4).
3. El poder del Salvador—(vv. 8, 12, 13, 15; ver Lc. 19:10).
LA DECLARACION DE LA VERDAD (4:1–5:43) (continuación)
b.     Mediante milagros (4:35–5:43)
(i)     La tormenta calmada (4:35–41)
* El propósito indicado (35–36)
* La preocupación innecesaria (37–40)
* El poder asombroso (41)
(ii)     El endemoniado liberado (5:1–20)
* La persona necesitada (1–6)
* La palabra de poder (7–8)
* La petición extraña (9–12)
* El permiso concedido (13–14)
* El poder desplegado (14–15)
* El pedido increíble (16–17)
* La predicación convincente (18–20)
4:1–5:43
(conclusión)
b. Mediante milagros—4:35–5:43 (conclusión). Luego que Jesús demostró su autoridad sobre Satanás y los demonios, lo hizo sobre lo que el pecado introdujo en la raza humana: la enfermedad y la muerte.
(iii) La fe recompensada5:21–34
21Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junio al mar, 22Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, 23y le rogaba mucho, diciendo; Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. 24Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban. 25Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, 26y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, 27cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. 28Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. 29Y en seguida la fuente de su sangre se secó: y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. 30Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? 31Sus discípulos le dijeron; Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿ Quién me ha tocado? 32Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. 33Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. 34Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote.
* La solicitud de Jairo (vv. 21–24). El hecho de que este hombre en posición de liderazgo1 acudiera a Jesús muestra que no todos los dirigentes religiosos estaban en contra de él. Notamos la reverencia de Jairo al postrarse a sus pies, y la intensidad de su ruego por la crítica condición en que se encontraba su única hija (Lc. 8:42).
Los que somos padres, ¿acudimos así a Cristo cuando nuestros hijos están física, moral o espiritualmente en peligro? Si más padres recurrieran a Cristo por sus hijos, menos de estos se apartarían del camino de la fe.
Por otra parte, hay que distinguir entre nuestro deseo y nuestra petición. ¿Acaso estamos dictando a Dios la forma en que ha de obrar?
Luego habría de producirse, de entre la multitud que le acompañaba, lo que Jairo consideraba una molesta e inoportuna interrupción (v. 24). No lo sería para el Señor, para quien esta mujer anónima era tan importante como el hombre destacado.
* El sufrimiento de la mujer (vv. 25, 26). Por doce largos años había estado sufriendo una enfermedad debilitante2 que no sólo la afectaba en lo físico, sino que además la hacía ceremonialmente inmunda (Lv. 15:25) y la excluía de la adoración pública. Podemos, pues, imaginarnos cuán aislada y marginada se sentía.
Marcos utiliza un tono más fuerte que Lucas, y agrega que la mujer había empeorado luego de sus consultas a los médicos. Es improbable que la mención de los médicos haya sido para desacreditarlos. Después de todo era la profesión de Lucas y quizás quería destacar lo incurable de su dolencia y el hecho de que había llegado al final de su esperanza, su paciencia, y sus recursos. Se sentía, pues, desahuciada, desanimada y desalentada.
* La suposición de la mujer (vv. 27, 28). De pronto se abrieron las negras y espesas nubes de pesimismo y penetró un rayo de esperanza que llegó hasta ella. Oyó que Jesús pasaba por allí y se dio cuenta de que ésta era su oportunidad. Por su condición que la hacía impura a los ojos de los demás, sentía vergüenza, y por ello se acercó al Señor sin darse a conocer. Pero se acercó a él con fe. Se daba cuenta de que debía establecer un contacto entre ella y quien creía que era el manantial de vida y salud. Quizás su fe estaba mezclada con algo de superstición al suponer que el manto de Jesús tendría algún poder mágico—así como hoy algunos consideran los poderes de las reliquias en ciertas iglesias. Aunque la fe de la mujer era imperfecta y débil, bastó pues se sanó de su enfermedad. Además, el Señor corregiría las deficiencias de esa fe.
Así también nosotros, si queremos ver el poder de Cristo operando en nuestra propia experiencia, no nos conformemos con estar en medio de los que le rodean. Acudamos a él conscientes de nuestra necesidad y convencidos de su poder, para entonces extender nuestra mano de fe.
* La sanidad lograda (v. 29) fue instantánea y completa. Se había producido el milagro que tanto había anhelado, y podía percibirlo en su cuerpo, ya sano. Lo que los médicos no habían podido lograr en doce años, el poder del Señor lo efectuó en un instante. La necesidad de la mujer había sido satisfecha, su problema solucionado, su vida transformada.
El poder para sanarla había salido de Jesús, no de la ropa.
* El Señor y su exigencia (vv. 30–32) de una abierta y pública confesión, y un reconocimiento de la bendición recibida (Ro. 10:9, 10). De este modo no quedaría sospecha alguna de superstición mágica. No hay ni un atisbo de que el Señor se haya sentido molesto o contrariado por esta interrupción. Todo lo contrario. El sabía quién lo había tocado, pero formuló la pregunta para obligar a esta mujer a revelarse públicamente.
Los discípulos no discernían la diferencia entre el roce accidental de la multitud y un toque voluntario del manto. Nadie es sanado en su alma en forma accidental. La voluntad humana tiene que entrar en acción al unísono con la voluntad divina. Hay una gran diferencia entre el toque intencional de la fe y el toque de la indiferencia. De los millones que asisten a cultos religiosos en iglesias cristianas, ¿cuántos extienden la mano de la fe para tomar contacto con Cristo, y así recibir bendición espiritual?1
* La simpatía y preocupación del Señor (vv. 33, 34). ¡Con cuánta ternura se dirigió a ella! La mujer temblaba, creyendo que Jesús la reprendería. Nada de eso, pues el Señor la llamó “hija”. A partir de ese momento, la que antes había estado excluida de la sociedad entraba en una nueva relación: pertenecía a la familia de Dios. “Tu fe te ha hecho salva”, manifestó Jesús, aclarando así que su fe la había sanado y no el toque de su mano en el manto de él. Además, al invitarla a darse a conocer, la enferma recobró la autoestima y descubrió que Jesucristo le sanaba tanto el alma como el cuerpo.
Cabe destacar que la fe en sí misma no tiene poder. No es la fe que nos salva sino la fe en Cristo. Es el objeto de la fe lo que realmente importa.
Todo este tiempo Jairo estaba allí, sin duda cada vez más ansioso y preguntándose por qué el Señor se demoraba tanto con esta mujer mientras su hija agonizaba. Las demoras de Dios siempre son motivo de perplejidad. En cambio, debieran ser una buena razón para que ejercitemos nuestra fe y confianza en él y sus propósitos. Aunque a veces parezca lo contrario, Dios nunca llega tarde.
(iv) La muerte vencida (vv. 35–43)
35Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo. Tu hija ha muerto; ¿para que molestas más al Maestro? 36Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente. 37Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. 38Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. 39Y entrando, les dijo; ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. 40Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. 41Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. 42Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. 43Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer.
* El anuncio funesto (35): la hija de Jairo había muerto. ¿Para qué seguir molestando al Señor ya que al haber muerto ella, Jesús no la podría sanar? No creían en la capacidad del Señor para resucitarla de entre los muertos.
¡Qué razonamiento ilógico! Cuanto más necesitaban al Señor, hablaban de prescindir de él.
* El ánimo efectivo (36) que el Señor le dio a Jairo en momentos tan terribles. Jesús había oído lo que decían, por eso se apresuró a animar a Jairo. Cuando llegamos al final de nuestros propios recursos naturales, estas palabras también nos animan a nosotros.
* Los apóstoles privilegiados (37), que formaban el círculo interior más íntimo. Más tarde estos mismos hombres estarían solos con Jesús en el monte de la transfiguración y en el Jardín de Getsemaní. Además, era el número de testigos que exigía la ley (Dt. 17:6).
* El alboroto molesto (38–40) que refleja la desesperanza y derrota del ser humano sin Cristo. Era una práctica habitual (2 Cr. 35:25; Jer. 9:17–18).1
El Señor les reprendió. Con sus palabras daba a entender que la muerte de la niña era sólo temporal. No decía que no estaba muerta.2
El carácter voluble e inconstante de los que estaban allí—primero llorando y lamentando (v. 39), luego burlándose de él (v. 40), y finalmente espantándose (v. 42)—demuestra cuán acertada fue la iniciativa del Señor al expulsarlos de aquel lugar. El no actúa en presencia de ciertas personas. Por eso cabe preguntarnos: ¿Somos una ayuda o un estorbo para Cristo cuando quiere trabajar?3 Sólo en presencia de la fe el Señor suele mostrar su poder.
* La acción vivificadora (41–43) que destaca la simpatía y el amor del Señor.
Talita cumi, “Niña, a ti te digo levántate.” Marcos cita las palabras exactas en el arameo de ese tiempo para destacar la intimidad y la ternura de las palabras del Señor. Algunos estudiosos han sugerido que eran las mismas palabras que su madre empleaba cada mañana al despertarla. Bastaron para devolverle la vida a esta niña. No se trataba de una fórmula mágica sino de una orden divina que revelaba y expresaba la autoridad de Jesús sobre la muerte. Los niños necesitan tanta vivificación espiritual como los adultos.
Notemos las instrucciones que dio a los padres (43). Allí encontramos el principio importante de que Cristo hace por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos (hizo que la niña resucitara), pero lo que sí podemos hacer es nuestra responsabilidad y corre por nuestra cuenta (los padres debían darle de comer).
Cuando los niños se convierten a Cristo debemos preocuparnos por su dieta espiritual. Y no sólo los niños sino que todos los que tenemos vida espiritual necesitamos alimento espiritual.
“NO TEMAS, CREE SOLAMENTE”
1. El discernimiento de Jairo, al acudir a Jesús con su problema (v. 22).
2. El dolor que sentía, por la condición de su hija (v. 23).
3. La demora del Señor, que puso a prueba la fe de Jairo (v. 25–34).
4. Las dudas desterradas por la promesa del Señor (v. 36).
5. La dicha posterior por la restauración de su hija (v. 42).
LA DECLARACION DE LA VERDAD (4:1–5:43) (conclusión)
b.     Mediante milagros (4:35–5:43)
(iii)     La fe recompensada (5:21–34)
* La solicitud de Jairo (21–24)
* El sufrimiento de la mujer (25–26)
* La suposición de la mujer (27–28)
* La sanidad lograda (29)
* El Señor y su exigencia (30–32)
* La simpatía del Señor (33–34)
(iv)     La muerte vencida (5:35–43)
* El anuncio funesto (35)
* El ánimo efectivo (36)
* Los apóstoles privilegiados (37)
* El alboroto molesto (38–40)
* La acción vivificadora (41–43)
1
Tres principios de interpretación deben ser tomados en cuenta al estudiar parábolas:
a.     Cada parábola tiene un mensaje principal, y sólo uno.
b.     Cada parábola tiene un número de detalles secundarios con significado espiritual. Estos se relacionan con la verdad principal.
c.     Cada parábola tiene detalles que son necesarios para completar la historia pero que no poseen significado espiritual.
1 Ver Mt 13:37
2 Ver 1 Co. 3:6
1 Que en realidad para el corazón incrédulo sólo eran enigmas y acertijos.
2 “El que tiene oídos para oír, oiga” (4:23), y los fariseos no tenían oídos espirituales.
3 Satanás también actúa a través de sectas y doctrinas falsas, y por otra parte utiliza las pruebas y dificultades de la vida, produciendo desánimo y desesperanza. El nuevo cristiano, por ejemplo, razona que Dios se ha enojado con él porque cambió de religión. El pagano, por su lado, tal vez se diga: “¿Acaso vale la pena el cristianismo si todo lo que uno recibe son dificultades?”
1 Los de Juan 6:66 y Simón el Mago (Hch. 8:9–24) también son un ejemplo de estos oyentes.
1 Almud: vasija con capacidad para 7–1/2 litros.
1 Escatológico quiere decir profético, ya que la escatología procede del griego ESCHATOS y significa “últimas cosas”.
2 De acuerdo a esta interpretación, los pájaros son los gentiles.
3 Primer emperador cristiano de Roma, 272–337 AD.
1 Gr. EPETIMESE.
2 Este verbo se utiliza en relación a quien es juzgado y es digno de castigo.
1 Gadara, región de considerable importancia y con muchos habitantes griegos. La presencia de un gran hato de cerdos—considerados inmundos por el judaísmo—es muestra de la helenización de esta zona.
1 Jairo era uno de los principales de la sinagoga, encargado de todo lo que tenía que ver con el culto público, la oración, el cuidado y la lectura de los rollos de las Sagradas Escrituras y la exhortación.
2 El término médico de la enfermedad es metrorragia, una continua pérdida uterina.
1 Muchos van a esos cultos y no reciben bendición por su indiferencia y porque no van con fe esperando recibir bendición.
1 Los israelitas manifestaban llamativamente su dolor por la muerte de un ser querido. Hacían lamentaciones y endechas, que muchas veces consistían en un grito agudo y repetido. A menudo había plañideras o “lloronas” profesionales que recibían pago por tomar parte en la ceremonia de duelo. Era común que hubiera canciones corales o antifonales, a veces con batir de palmas. Por ser Jairo una persona importante en la sociedad de su día, es probable que en su casa haya habido una gran cantidad de “lloronas” luego de la muerte de su hija. Es muy factible, por lo tanto, que las endechas produjeran gran ruido y alboroto.
2 Para el creyente hoy la muerte es sólo dormir porque el cuerpo descansa hasta el día de la resurrección (1 Ts. 4:13–16; 1 Co. 15:51–57; etc.). El espíritu no duerme pues en la muerte el espíritu del creyente deja el cuerpo (Stg. 2:26) para reunirse con Cristo (Fil. 1:20–23).
3
Podemos ser estorbo en la iglesia:
a) Cuando estamos con un espíritu de crítica o, peor aún, de mofa (como en este caso)—lo que no contribuye a una atmósfera de fe (ver Mt. 13:58);
b) Cuando distraemos a los demás con comentarios opuestos a lo que se está diciendo o haciendo;
c) Cuando no estamos en condiciones de comportarnos adecuadamente, por ejemplo por estar en estado de ebriedad;
d) Cuando tenemos algo contra otro hermano y no queremos solucionarlo (ver Mt. 5:23, 24).
Cabe, pues, preguntarnos “¿Hay alguno fuera de la iglesia porque yo estoy dentro de ella, porque soy parte de ella?” Respondamos con toda sinceridad.
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Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6