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viernes, 30 de enero de 2015

A la risa la considero una locura; en cuanto a los placeres, ¿para qué sirven?

Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6


 
 
Tipo de Archivo: PDF | Tamaño: MBytes | Idioma: Spanish | Categoría: Capacitación Ministerial
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                                           UNA REFLEXION SOBRE
                                   EL CARNAVAL
  

El carnaval es una celebración pública que tiene lugar inmediatamente antes de la cuaresma cristiana, con fecha variable (desde finales de enero hasta principios de marzo según el año), y que combina algunos elementos como disfraces, desfiles, y fiestas en la calle. Por extensión se llaman así algunas fiestas similares en cualquier época del año. A pesar de las grandes diferencias que su celebración presenta en el mundo, su característica común es la de ser un período de permisividad y cierto descontrol.
El origen de su celebración parece probable de las fiestas paganas, como las que se realizaban en honor a Baco, el dios del vino, las saturnales y las lupercales romanas, o las que se realizaban en honor del buey Apis en Egipto. Según algunos historiadores, los orígenes de esta festividad se remontan a las antiguas Sumeria y Egipto, hace más de 5.000 años, con celebraciones muy parecidas en la época del Imperio Romano, desde donde se expandió la costumbre por Europa, siendo llevado a América por los navegantes españoles y portugueses a partir del siglo XV.
El carnaval está asociado principalmente con el catolicismo, y en menor medida con los cristianos ortodoxos orientales; las culturas protestantes usualmente no celebran el carnaval o tienen tradiciones modificadas, como el carnaval danés.
Los etnólogos encuentran en el carnaval elementos supervivientes de antiguas fiestas y culturas, como la fiesta de invierno (Saturnalia), las celebraciones dionisíacas griegas y romanas (Bacanales), las fiestas andinas prehispánicas y las culturas afroamericanas. Algunos autores consideran que para la sociedad rural, fuertemente estructurada por el cristianismo, el tiempo de «carnestolendas» ofrecía mascaradas rituales de raíz pagana y un lapso de permisividad que se oponía a la represión de la sexualidad y a la severa formalidad litúrgica de la Cuaresma.
Sabiendo lo anterior, retomamos nuestra pregunta inicial ¿puede un cristiano participar en el carnaval? De poder hacerlo, puede, en el entendido de que no existe ningún impedimento FISICO que se lo prohíba, sin embargo recordemos las palabras del Apóstol Pablo:
“Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.” (1 Corintios 6:12)
“Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.” (1 Corintios 10:23)
La esencia del carnaval se encuentra en el descontrol, es una época de permisividad, darle gusto a la carne, dejarse llevar por los placeres del mundo como un desahogo antes del inicio de la cuaresma, época de ayuno, recato, oración y en general abstención de cualquier tipo de placer mundano.
¡Vamos a festejar la carne!
Debemos enfrentarnos con varias realidades que hacen imposible reconciliar las verdades bíblicas que un cristiano debe seguir como norma de vida con la tradición del carnaval. Para empezar, en nuestra sociedad actual y desde hace varios siglos, el carnaval es una fiesta básicamente CATÓLICA. No es una festividad que se encuentre en la Biblia, es una tradición humana e idólatra.
Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.” (Colosenses 2:8)
“ Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.” (1 Corintios 10:14).
Por otro lado tenemos el aspecto fundamental, el festejo de la carne. Como cristianos estamos llamados a hacer morir nuestra carne ¡no a celebrarla! Existen muchas advertencias en la biblia respecto a no seguir los deseos de la carne, a alejarnos de las manifestaciones de la carne. De hecho, la Escritura condena expresamente todas las expresiones que son fomentadas en las fiestas carnestolendas.
Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.” (Romanos 8:5-8)
Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.” (1 Corintios 10:7)
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” (Gálatas 5:16)
“Manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21)
Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;” (Colosenses 3:5)
Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.” (1 Pedro 4:3)
“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:16)
¿Y la fiesta del Purim?
Algunas personas han querido tomar como referencia la fiesta del Purim como evidencia bíblica de que Dios permite tomarnos un periodo de “licencia”, para darle gusto a la carne, y de esta manera “recargar las baterías” para seguir adelante con nuestro llamado a vivir una vida santa. Lamento decepcionarlos, pero no es una referencia válida, por las siguientes razones:
  1. Es una fiesta judía. El Purim es una festividad JUDIA y no es observada ni por gentiles ni por la Iglesia. Si quisiéramos festejar el Purim, también tendríamos que festejar el Hannukkah o el Yom Kipur.
  2. La Fiesta del Purim no fue establecida por Dios, sino por los hombres. El autor nos dice claramente “los judíos establecieron y tomaron sobre sí, sobre su descendencia y sobre todos los allegados a ellos, que no dejarían de celebrar estos dos días según está escrito tocante a ellos” (Ester 9:27). Otras fiestas, como la Pascua y Pentecostés, son fiestas bíblicas, fiestas que Dios estableció y en las cuales Él instruyo a los hombres a observar (ver por ejemplo, Éxodo 12:1-20). La Fiesta del Purim es una invención puramente judía, la cual fue decretada por Mardoqueo para ser observada por los judíos.
  3. Los judíos están celebrando su victoria sobre sus enemigos. El autor nos informa que la Fiesta del Purim fue celebrada el 14 y 15 del mismo mes como días en que los judíos tuvieron paz de sus enemigos” (Ester 9:22). Los judíos celebraron SU victoria, no la victoria de DIOS. Esta celebración es más como la fiesta para celebrar que un equipo de futbol gano el superbowl. No se habla de Dios o de gracia, solamente palabras y pensamientos como “somos lo máximo”.
  4. La Fiesta del Purim se celebra de una manera muy diferente a las fiestas ordenadas por Dios. Éxodo 15 o Jueces 5 revelan la respuesta de los judíos de un tiempo anterior después de que Dios les había concedido una gran victoria sobre sus enemigos. Pero en cada caso, el resultado de la “celebración” no es auto indulgencia o generosidad e intercambio de regalos. Es alabanza. Dios es alabado y exaltado por la victoria. Él ha cumplido. En nuestro texto, Mardoqueo describe la forma en que se debe celebrar la nueva Fiesta del Purim que los hiciesen días de banquete y de gozo, y para enviar porciones cada uno a su vecino, y dádivas a los pobres” (Ester 9:22). Ninguna fiesta bíblica judía es celebrada en esta forma. No hay sacrificios, no hay referencias a Dios, a sus hazañas, Su carácter o Su palabra.
En conclusión
Haciendo un recuento de todas las referencias contrarias al festejo de la carne, la conclusión más que obvia es que un cristiano no DEBE participar en el carnaval, no es una festividad que glorifique a Dios de ninguna forma, no trae edificación ni a la Iglesia ni al cristiano y contradice abiertamente la Palabra de Dios. Aprovechemos esos días para orar por todas las personas a nuestro alrededor, que el Espíritu Santo abra sus ojos, quebrante sus corazones y les haga ver que están alejados de Dios y necesitan reconciliarse con El y la única forma de lograrlo es a través de Jesucristo.

“A la risa la considero una locura; en cuanto a los placeres, ¿para qué sirven?” (Eclesiastés 2:2)
¿Cómo se originó el carnaval? Se cree que en Roma, cuando los reyes, tiraban la comida a sus subalternos y éstos entre sí como una gran diversión. La verdad es que hay distintas versiones. 

Una historia acerca del carnaval, la he tomado de Civila y Turismo de República Dominicana, que dice: 
La celebración del Carnaval tiene su origen probable en fiestas paganas, como las que se realizaban en honor a Baco, el Dios del vino, las saturnales y las lupercales romanas, o las que se realizaban en honor del buey Apis en Egipto.

Según algunos historiadores, los orígenes de las fiestas de Carnaval se remontan a las antiguas Sumeria y Egipto, hace más de 5,000 años, con celebraciones similares en la época del Imperio Romano, desde donde se difundió la costumbre por Europa, siendo traído a América por los navegantes españoles y portugueses que nos colonizaron a partir del siglo XV.

El Carnaval "Cristiano"
La celebración del Carnaval es una de las fiestas más populares. Se celebra en los países que tienen tradición cristiana, precediendo a la cuaresma. Por lo general, en muchos lugares se celebra durante tres días, y se los designa con el nombre de carnestolendas, y son los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza, que es el día en que comienza la cuaresma en el Calendario Cristiano.
Se supone que el término carnaval proviene del latín medieval "carnelevarium", que significaba "quitar la carne" y que se refería a la prohibición religiosa de consumo de carne durante los cuarenta días que dura la cuaresma.
Hay países en que se comienza la celebración del carnaval en distintas fechas, como en algunos lugares de Alemania en que se inicia el 11 del 11 a las 11 horas 11 minutos. O los hay que lo comienzan no bien termina la Epifanía, el 6 de enero. En otros lugares es tradicional comenzar el jueves anterior al Miércoles de Ceniza, y lo denominan Jueves Graso, como sucede en Italia.
Un carnaval del culto al dios momo, de placer y el erotismo, no debe ser practicado por el creyente en Cristo. Ni un carnaval salvaje al echar agua y otras cosas sucias al prójimo, sino se debe respetar a las personas y más bien aprovechar el tiempo para jugar sanamente, para orar, ir a un campamento, y hasta para reflexionar en esta frase:
“El carnaval del mundo engaña tanto a la gente, que aquí se aprende a reír con llanto y llorar a carcajadas” 
En ciertos países en que el Carnaval está muy arraigado como celebración popular, y ya alejada de su significado religioso, alargan los festejos a los fines de semana del mes de febrero y a veces el primer fin de semana de marzo.
El Carnaval en la Edad Media yen los Tiempos de la Colonia
En la Edad media, tan inflexible en los ayunos, abstinencias y cuaresmas, y con persecuciones a quienes no respetaban las normas religiosas, sin embargo, renació el carnaval y se continuó la tradición hasta la actualidad en muchos lugares del mundo. En esta época, se celebraba con juegos, banquetes, bailes y diversiones en general, con mucha comida y mucha bebida, con el objeto de enfrentar la abstinencia con el cuerpo bien fortalecido y preparado.
En la España de la época de la Conquista y la Colonia ya era costumbre durante el reinado de los Reyes Católicos disfrazarse en determinados días con el fin de gastar bromas en los lugares públicos. Más tarde, en 1523, Carlos I dictó una ley prohibiendo las máscaras y enmascarados. Del mismo modo, Felipe II también llevó a cabo una prohibición sobre máscaras. Fue Felipe IV, quien restauró el esplendor de las máscaras.
El Carnaval en los Tiempos Modernos
Hoy en día, hay lugares célebres por sus festejos tradicionales y espectaculares, que atraen al turista y al amante de las costumbres de cada sitio, como lo son el Carnaval de Río, el de Santa Cruz de Tenerife, el de Oruro en Bolivia, el de Corrientes en Argentina y el de República Dominicana, con sus distintas expresiones, desde el Vegano hasta el de Santo Domingo.

Se celebra en los distintos lugares de formas similares, pues siempre se presencian desfiles de carrozas, comparsas formadas por grupos de máscaras o bailarines vestidos con un mismo estilo que caracteriza a cada una de ellas, máscaras representando a distintos personajes reales o alegóricos, así como bailes de disfraces y diversión con cotillón, típico de esta fecha.

En algunos lugares se estila que las máscaras persigan a los paseantes con vejigas que se utilizan para asustan, dar golpes no demasiado fuertes, o hacer reír; en otros lugares es típico el uso de serpentinas, papel picado, espuma molesta, y hasta mojar con agua, en pomos, globos y recipientes.  El antifaz moderno es un vestigio de las fiestas de Baco y Cibeles.
Secretaría de Educación y turismo de R. Dominicana

La Iglesia Católica, impuso un sistema religioso después del carnaval, el Miércoles de Ceniza, y comienzo de la cuaresma, una abstención de carne de res. La Biblia no prohíbe ni incita a caer en religiones humanas, uno puede y debe comer carne de vaca, y también dedicar tiempo para adorar a Dios. Hoy celebre su “carnaval” dedicando su vida al Señor.

ORACIÓN: Señor dedico mi vida para servirte, líbrame de prohibiciones absurdas y que disfrute de la vida y la comida.


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Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6