martes, 30 de agosto de 2016

Tú no entiendes ahora lo que Yo hago, pero lo comprenderás después de estas cosas... El que ha sido bañado no tiene necesidad de lavarse sino los pies, pues está todo limpio; y vosotros estáis limpios, aunque no todos

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




LA BIBLIA NO ES UN LIBRO INCOMPRENSIBLE
   ESCUDRIÑEMOS LAS ESCRITURAS  CON SABIDURÍA Y HERRAMIENTAS
Con demasiada frecuencia nos encontramos con alguien que dice muy sentidamente: «No tiene que interpretar la Biblia; solo léala y haga lo que ella dice». 
Normalmente, una observación como esa refleja la protesta del laico contra el especialista «profesional», pastor, maestro o maestro de Escuela Dominical, quien al «interpretar» parece arrebatarle la Biblia a la persona común. Es su manera de decir que la Biblia no es un libro oscuro. «Después de todo», se alega, «cualquier persona medio dotada puede leerla y comprenderla. 
El problema con demasiados predicadores y maestros es que le dan tantas vueltas que tienden a oscurecer su sentido. Lo que estaba claro para nosotros cuando la leímos no queda tan claro». Hay mucho de cierto en esta protesta. 
Estamos de acuerdo en que los cristianos deben leer, creer y obedecer la Biblia. Y especialmente estamos de acuerdo en que la Biblia no necesita ser un libro oscuro si se estudia y lee de forma adecuada. De hecho, estamos convencidos de que el problema más serio que tiene la gente con la Biblia no es la falta de comprensión ¡sino el hecho de que entienden la mayoría de las cosas demasiado bien! Por ejemplo, con un texto como:«Háganlo todo sin quejas ni contiendas» (Fil 2:14), el problema no es comprenderlo sino obedecerlo, ponerlo en práctica. 
También coincidimos en que el predicador o maestro con demasiada frecuencia es proclive a hurgar primero y mirar después, y en consecuencia encubrir el significado llano del texto, que a menudo está en la superficie. Permítanos decir al principio —y repetir en todas partes— que la meta de una buena interpretación no es la originalidad; no se trata de descubrir lo que nadie ha visto antes. 
Una interpretación que tiene la meta o el propósito de lograr la originalidad puede atribuirse por lo general al orgullo (a un intento de «deslumbrar» al resto del mundo), una equivocada comprensión de la espiritualidad (en la que la Biblia está llena de verdades ocultas que esperan por una persona espiritualmente sensible con una especial perspicacia para que las desentierre), o intereses disfrazados (la necesidad de apoyar un prejuicio teológico, especialmente al tratar con textos que parecen contradecir ese prejuicio). 
Las interpretaciones originales están normalmente equivocadas. Esto no es decir que la correcta comprensión de un texto no pueda aparecer a menudo original a alguno que la escucha por primera vez. Pero sí que la originalidad no es la meta de nuestra tarea. La meta de una buena interpretación es simple: captar el «significado llano del texto». Y el ingrediente más importante que aportamos a esta tarea es el sentido común bien informado. La prueba de una buena interpretación es que hace que el texto tenga sentido. 
Por lo tanto, una interpretación correcta da un respiro a la mente a la vez que aguijonea el corazón. Pero si lo único que concierne a la correcta interpretación es el significado llano, ¿para qué interpretar? ¿No proviene el significado llano de una simple lectura? En cierto sentido, sí. Pero en un sentido más profundo, un argumento como ese es ingenuo e irreal debido a dos factores: la naturaleza del lector y la naturaleza de la Biblia.
La primera razón por la que se necesita aprender cómo interpretar es que, nos guste o no, cada lector es al mismo tiempo un intérprete. Esto es, la mayoría de nosotros asume mientras leemos que también comprendemos lo que leemos. También tendemos a pensar que nuestra comprensión se equipara con el objetivo del Espíritu Santo o del autor humano. No obstante, traemos invariablemente al texto todo lo que somos, con todas nuestras experiencias, cultura y previa comprensión de las palabras e ideas. 
A veces lo que traemos al texto, seguramente sin intención, nos lleva por mal camino, o si no hace que leamos toda clase de ideas ajenas al texto. De esa manera, cuando una persona de nuestra cultura escucha la palabra «cruz», siglos de arte y simbolismo cristiano hacen que la mayoría de la gente piense automáticamente en una cruz romana (†), aunque es muy poco probable que esa fuera la forma de la cruz de Jesús, que probablemente tenía el aspecto de una «T». 
La mayoría de los protestantes, y también de los católicos, cuando leen un texto sobre la iglesia en el culto, automáticamente visualizan a gente sentada en un edificio con «bancos» muy parecidos a los nuestros. 
Cuando Pablo dice: «No proveáis para los deseos de la carne» (RVR-60), las personas en la mayoría de las culturas de habla hispana tiende a pensar que «carne» significa «cuerpo» y que por lo tanto Pablo habla de los «apetitos del cuerpo». Pero la palabra «carne» tal como Pablo la usa, muy rara vez se refiere al cuerpo —y en este texto casi seguramente no lo hizo— sino a una dolencia espiritual llamada a veces «la naturaleza pecadora», que denota una existencia totalmente centrada en sí misma. Por lo tanto, sin proponérselo, el lector interpreta mientras lee, y desafortunadamente demasiado a menudo interpreta de manera incorrecta. 
Esto nos lleva además a notar que de todos modos el lector de una Biblia castellana ya tiene una interpretación. Porque una traducción es en sí misma una (necesaria) forma de interpretación. Su Biblia, no importa la traducción que utilice, la cual es su punto de partida, de hecho es el resultado final de mucho trabajo erudito. A los traductores se les pide por lo regular que tomen decisiones relativas a significados, y sus decisiones afectarán cómo usted comprende. Por consiguiente, los buenos traductores toman en consideración el problema de nuestras diferencias idiomáticas. Pero no es una tarea fácil. 
En Romanos 13:14, por ejemplo, ¿debemos traducir «carne» (como en RVR-60, RVR-95, BJ, RVA), debido a que es la palabra que usó Pablo, y entonces dejar que un intérprete nos diga que «carne» no significa «cuerpo»? ¿O debemos «ayudar» al lector y traducir «naturaleza pecaminosa» (como en NVI) o «desordenados apetitos» (como CB) porque esto se aproxima más a lo que Pablo realmente quiso decir? Retomaremos esta cuestión con más detalle en el siguiente capítulo. 
Por ahora es suficiente para señalar cómo el hecho de la traducción en sí misma ya abarca una de las tareas de interpretación. La necesidad de interpretar también se debe fundar en la percepción de lo que ocurre en derredor nuestro todo el tiempo. Una simple mirada a la iglesia contemporánea, por ejemplo, evidencia con mucha claridad que no todo «significado llano» es igualmente llano para todos. 
Es más que un interés pasajero notar que la mayoría de aquellos que argumentan en la iglesia de hoy que las mujeres deben mantenerse en silencio en la iglesia sobre la base de 1 Corintios 14:34-35 al mismo tiempo niegan la validez de hablar en lenguas y profetizar, el preciso contexto en que ocurre el pasaje del «silencio». Y aquellos que afirman sobre la base de 1 Corintios 11:2-16 que las mujeres deben orar y profetizar al igual que los hombres normalmente niegan que deben hacerlo con las cabezas cubiertas. 
Para algunos, la Biblia «enseña con claridad» el bautismo de los creyentes por inmersión; otros creen que pueden demostrar con la Biblia el bautismo de infantes. La «seguridad eterna» y la posibilidad de que alguien «pierda la salvación» se predican en la iglesia, ¡pero nunca lo hace la misma persona! A pesar de eso se afirman ambas como el significado llano de textos bíblicos. Aun los dos autores de este libro tienen algunas discrepancias sobre el significado «claro» de ciertos textos. Pero todos leemos la misma Biblia, y tratamos de ser obedientes a lo que el texto dice «con claridad».
Fuera de estas diferencias reconocibles entre cristianos que creen en la Biblia, también salen a flote todo tipo de cosas extrañas. Por lo general se pueden reconocer las sectas, por ejemplo, porque aceptan otra autoridad aparte de la Biblia. Pero no todos lo hacen; y en todo caso tuercen la verdad por la forma en que seleccionan los textos de la Biblia. 
Toda herejía o práctica imaginable —desde el arrianismo de los Testigos de Jehová (que niega la divinidad de Cristo), al bautismo de los muertos entre los Mormones, a la manipulación de serpientes por sectas apalaches — afirman estar «respaldadas» por un texto. Aun entre gente teológicamente más ortodoxa, muchas ideas extrañas se las arreglan para obtener aceptación en varias denominaciones. Por ejemplo, una de las furias actuales entre protestantes americanos, especialmente carismáticos, es el llamado evangelio de salud y prosperidad. La «buena noticia» es que la voluntad de Dios es que usted sea próspero financiera y materialmente. 
Uno de los defensores de este «evangelio» comienza su libro alegando el «significado llano» de la Biblia y afirmando que la Palabra de Dios es fundamental a lo largo de su estudio. Dice que lo importante no es lo que pensamos sino lo que de veras dice. Lo que él busca es el «significado llano». Pero uno comienza a preguntarse qué es de verdad el «significado llano» cuando se propone la prosperidad como la voluntad de Dios a partir de un texto como 3 Juan 2: «Querido hermano, oro para vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente» (NVI), texto que de hecho no tiene nada que ver con la prosperidad financiera
Otro ejemplo toma el significado llano de la historia del joven rico (Marcos 10;17-22) como precisamente lo opuesto «de lo que esta dice» y atribuye la «interpretación» al Espíritu Santo. Hay que preguntarse con razón si lo que del todo se busca es el significado llano; quizá el significado llano no sea más que lo que ese autor quiere que el texto diga a fin de apoyar algunas ideas favoritas. Dada toda esta diversidad, tanto dentro como fuera de la iglesia, y todas las diferencias incluso entre eruditos, quienes se espera que conozcan «las reglas», no extraña que algunos estén a favor solo de leer, no de interpretar. Pero como hemos visto, esta es una opción falsa. El antídoto para una mala interpretación no es renunciar a interpretar sino una buena interpretación, basada en las directivas del sentido común. Los autores de este libro trabajan sin hacerse ilusiones de que leyendo y siguiendo nuestras orientaciones todo el mundo coincidirá al mal en cuanto al «significado llano», ¡nuestro significado! Lo que sí esperamos alcanzar es elevar la sensibilidad del lector hacia los problemas específicos inherentes a cada género, ayudar al lector a conocer por qué existen diferentes opciones y cómo formular juicios sensatos, y especialmente capacitar al lector para discernir entre las interpretaciones buenas y no tan buenas, y conocer lo que las hace ser una cosa o la otra.
Una razón más significativa para interpretar reside en la naturaleza misma de la Biblia. Históricamente la iglesia ha entendido la naturaleza de la Biblia casi de la misma manera que ha entendido la persona de Cristo: la Biblia es al mismo tiempo humana y divina. «La Biblia», se ha dicho con razón, «es la Palabra de Dios dada en la historia en palabras humanas». Esta naturaleza dual de la Biblia es la que nos demanda la tarea de interpretación. 
Como la Biblia es la Palabra de Dios, ella tiene relevancia eterna ; le habla a toda la humanidad, en toda era y toda cultura. Debido a que es la Palabra de Dios, debemos escuchar y obedecer. Pero como Dios decidió pronunciar su Palabra a través de palabras humanas en la historia, todo libro de la Biblia posee también un carácter histórico; cada documento está condicionado por el lenguaje, el tiempo, y la cultura en la que originalmente se escribió (y en algunos casos también por la historia oral que tuvo antes de que lo escribieran). La «tensión» que existe entre su relevancia histórica y su particularidad histórica es lo que demanda una interpretación de la Biblia. 
Por supuesto, hay algunos que creen que la Biblia no es más que un libro humano, y que contiene solo palabras humanas en la historia. Para estas personas la tarea de interpretar está limitada a una búsqueda histórica. Su interés, al igual que al leer a Cicerón o a Milton, está dirigido a las ideas religiosas de los judíos, Jesús o la iglesia primitiva. Por consiguiente, la tarea para ellos es puramente histórica. ¿Qué significaban estas palabras para la gente que las escribió? ¿Qué pensaban de Dios? ¿Cómo se veían a sí mismos? Por otro lado, hay los que piensan en la Biblia solo en términos de su relevancia eterna. Como es la Palabra de Dios, tienden a pensar que es solo una colección de propuestas que se deben creer e imperativos que se deben obedecer, pese a que hay mucho de picoteo y selección entre las propuestas y los imperativos. 
Por ejemplo, hay cristianos que, sobre la base de Deuteronomio 22:5 («La mujer no se pondrá ropas de hombre»), alegan que una mujer no debe utilizar pantalones o shorts, porque se estima que son «ropas masculinas». Pero las mismas personas rara vez toman literalmente los otros imperativos de esta lista, la que incluye construir una baranda alrededor de la azotea (v. 8), ni sembrar diferentes tipos de semilla en una viña (v. 9), y poner borlas en las cuatro puntas del manto con que se cubren (v. 12). 
La Biblia, sin embargo, no es una serie de propuestas e imperativos; no es solo una colección de «Máximas del Dios Presidente», como si este nos mirase desde el cielo y dijera: «Oye, tú allá abajo, aprende estas verdades. 
Número  1, No hay Dios sino uno, y ese soy yo. Número 2, Soy el Creador de todas las cosas, incluyendo la humanidad, y así sucesivamente, hasta la propuesta número 7.777 y el imperativo número 777. Por supuesto, estas propuestas son ciertas, y se hallan en la Biblia (aunque no exactamente de esta forma). 
De hecho un libro pudiera haber hecho más fáciles para nosotros muchas cosas. Pero, por dicha, esa no es la forma en que Dios decidió hablarnos. Antes bien, quiso comunicar sus verdades eternas dentro de las circunstancias y acontecimientos particulares de la historia humana. Esto también es lo que nos da esperanza. Y porque Dios decidió hablar en el contexto mismo de la historia humana, debemos cobrar ánimo y pensar que estas palabras hablarán una y otra vez en nuestra historia «real», como lo han hecho a lo largo de la historia de la iglesia. El hecho de que la Biblia tiene un lado humano es lo que nos alienta, y también es nuestro reto, y el motivo por el que necesitamos interpretar. Hay que señalar dos cosas a este respecto: 

  1. Una de las cosas más importantes del lado humano de la Biblia es que, a fin de comunicar Su Palabra a todas las condiciones humanas, Dios decidió utilizar casi todo tipo de comunicación: relatos históricos, genealogías, crónicas, leyes de todos los tipos, poesía de todos los tipos, proverbios, oráculos proféticos, acertijos, drama, bosquejos biográficos, parábolas, cartas, sermones, y revelaciones apocalípticas. Para interpretar adecuadamente el «entonces y allí» de los textos bíblicos, debemos conocer no  sólo algunas reglas generales que se aplican a todas las palabras de la Biblia, sino también las reglas especiales que se aplican a cada uno de estas formas literarias (géneros). La manera en que Dios nos comunica su Palabra en el «aquí y ahora» diferirá a menudo de una forma a otra. Por ejemplo, necesitamos conocer cómo un salmo, una forma frecuentemente dirigida a Dios, funciona como la Palabra de Dios para nosotros, y cómo ciertos salmos difieren de otros, y cómo todos ellos difieren de «las leyes», que fueron a menudo dirigidas a gente en situaciones culturales que ya no existen. ¿Cómo nos hablan esas «leyes», y cómo difieren de las «leyes» morales, que siempre son válidas en todas las circunstancias? Esas son las preguntas que la naturaleza dual de la Biblia nos impone. 
  2. Al hablar a través de personas de carne y hueso, en una variedad de circunstancias, durante un período de 1500 años, la Palabra de Dios se expresó en el vocabulario y por medio de los patrones de esas personas y estuvo condicionada por la cultura de esos tiempos y circunstancias. En otras palabras, la Palabra de Dios para nosotros fue antes Palabra de Dios para ellos. Si iban a escucharla, esta solo podría llegar a través de hechos y en un lenguaje que ellos pudieran haber entendido. Nuestro problema es que estamos muy lejos de ellos en el tiempo, y algunas veces en el pensamiento. Este es el motivo principal por el que hace falta aprender a interpretar la Biblia. Si la Palabra de Dios sobre las mujeres que usan ropas de hombres o las personas que construyen barandas alrededor de la azotea se refieren a nosotros, primero necesitamos saber qué le dijo a sus destinatarios originales y por qué. De manera que la tarea de interpretar involucra al estudiante/lector a dos niveles. Primero, hay que escuchar la Palabra que ellos escucharon; usted debe tratar de comprender lo que se les dijo a ellos entonces y allí (exégesis). Segundo, debe aprender a escuchar la misma Palabra en el aquí y ahora (hermenéutica). 
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jueves, 25 de agosto de 2016

Vela en todo, soporta las aflicciones haz la obra de evangelista, cumple tu ministerio... redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina......declarando y proponiendo que convenía que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




PREDICAR LA PALABRA , EXHORTAR CON TODA DOCTRINA
       LA IMPORTANCIA DE LA PREDICACIÓN
Corría el año sesenta y seis. Desde la húmeda celda romana en que aguardaba su proceso final, el anciano Pablo escribía a Timoteo, su hijo en la fe. Era su última carta, y en ella vertía el alma en palabras de consejo, de estímulo, de exhortación y de advertencia. Ya para terminar, reunió la esencia de todo lo dicho en un gran encargo final:
  “Requiero yo pues delante de Dios, y del Señor Jesucristo, que ha de juzgar a los vivos y los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina; antes, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído, y se volverán a las fábulas. Pero tú vela en todo, soporta las aflicciones haz la obra de evangelista, cumple tu ministerio. Porque yo ya estoy para ser ofrecido, el tiempo de mi partida está cercano”.
¡El deber principal de Timoteo era el de predicar! Los motivos más solemnes lo impulsaban a ello. Pablo pronto dejaría de existir. Callada la voz de aquel que “desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico” había “llenado todo del evangelio de Cristo” era menester que otra voz anunciara las buenas nuevas. Además, la oportunidad pasaba. 
Se divisaban ya los tiempos en que los hombres no prestarían atención al mensaje de vida sino que buscarían a maestros que halagaran sus oídos con palabras melífluas de una falsa paz. Por tanto había que aprovechar la oportunidad presente. 
Otro motivo era el hecho de estar actuando constantemente “delante de Dios”. El ojo divino lo vigilaba, tomando nota de su labor. Por último, la perspectiva de juicio final en que el Señor Jesús, “el Príncipe de los pastores”, premiaría con “corona incorruptible de gloria” a los que hubieran desempeñado su comisión con fidelidad, le animaba a ser constante y cumplido en su ministerio de la predicación.
Las palabras dirigidas a Timoteo tienen una aplicación perenne a la iglesia del Señor. Su tarea principal es la predicación. Cuando Cristo subió al monte y llamó a sí a los que quiso y estableció a los doce como cuerpo apostólico, su propósito fue “para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios”. 
La comunión con Cristo sería su preparación; los milagros de sanidad serían credenciales para su mensaje en el tiempo transitorio de la cimentación de la causa cristiana en un mundo hostil; la obra central había de ser la de predicar. Cuando los doce fueron enviados de dos en dos a recorrer la provincia de Galilea, sus instrucciones fueron: “Y yendo, predicad...” 
Cuando los apóstoles pidieron una señal de la futura venida del Señor y del fin del mundo, les indicó que sería “predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio  a todos los gentiles; y entonces vendrá el fin”. Y cuando el Maestro quiso reducir a la forma más breve posible su gran comisión, la expresó en estas palabras: “Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura”.
La primacía de la predicación fue bien entendida por la iglesia primitiva. Cuando Felipe descendió a la ciudad de Samaria, “les predicaba...” Cuando Pedro se presentó ante el centurión romano en Cesarea, le dijo que el Señor “nos mandó que predicásemos...” cuando los filósofos atenienses quisieron describir a Pablo, dijeron: “Parece que es predicador...” Y tuvieron mucha razón porque el mismo apóstol consideraba que la predicación era su tarea principal, como vemos en su declaración a la iglesia de Corinto, cuando dijo: “Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio”. Tan así era que Pablo conceptuaba como una imposibilidad el que las gentes creyesen “sin haber quien les predique”. “Así predicamos,” dijo, “y así habéis creído”.
Por esto el doctor E. C. Dargan, en su monumental Historia de la Predicación, ha dicho lo siguiente:
  El fundador del cristianismo fue a la vez el primero entre sus predicadores; pero fue anticipado por su precursor y seguido de sus apóstoles, y en la predicación de éstos la proclamación y enseñanza de la Palabra de Dios por medio del discurso público fue convertida en rasgo esencial y permanente de la religión cristiana.
La historia confirma esta declaración. Al través de los siglos es notable el hecho de que el mayor extendimiento del Reino de Dios en la tierra ha coincidido precisamente con las épocas en que más ha florecido la predicación de la Palabra.
LA PREDICACIÓN DEFINIDA
Pero, ¿qué es lo que entendemos por predicación? Entre las muchas definiciones que han sido elaboradas, la mejor conocida, sin duda, es aquella  que expuso el obispo Phillips Brooks en 1876 en una serie de conferencias ante los estudiantes para el ministerio en la Universidad de Yale.
  La predicación es la comunicación de la verdad por un hombre a los hombres. Tiene en sí dos elementos: la verdad y la personalidad. No puede prescindir de ninguno de estos dos elementos y ser todavía la predicación. La verdad más cierta, la declaración más autoritativa de la voluntad divina, si es comunicada a los hombres de cualquier otro  modo que no sea a través de la personalidad de un hombre hermano, no es una verdad predicada. Supóngase que esta verdad esté escrita sobre los cielos, o supóngala como incorporada en un libro que ha sido tenido por una pronunciación directa de Dios durante tantos años que la viva personalidad de los hombres que lo escribieron ha quedado casi borrada, en ninguno de estos casos hay predicación. 
Por otra parte, si los hombres comunican a los demás hombres algo que no pretenden que sea la verdad, si emplean sus poderes de persuasión o de entretenimiento para logar que se preste atención a sus propias especulaciones o con el fin de que sea hecha su propia voluntad, o que sean aplaudidos sus propios talentos; eso tampoco es predicación. Lo primero carece de la personalidad, y lo segundo de la verdad. Y la predicación es la presentación de la verdad a través de la personalidad. Forzosamente es necesario ambos elementos.
Sin restar ningún mérito a esta clásica definición, podemos sugerir la conveniencia de agregarle cuando menos dos elementos más. Por una parte, debe ser especificado que la verdad que constituye el material de la predicación cristiana es preeminentemente de índole religiosa y que tiene por su centro de referencia al Cristo crucificado y resucitado. 
A este respecto es mejor la definición de Bernardo Manning. “La predicación es una manifestación del Verbo Encarnado desde el Verbo escrito y por medio del verbo hablado”. Reconocemos el hecho de que toda verdad es de Dios, y admitimos el derecho, y aun la obligación, del predicador de utilizar toda clase de conocimiento en la elaboración de sus mensajes. A semejanza de Eliú tomará su noticia de lejos, y atribuirá justicia a su Hacedor. Pero no es por demás insistir en que la provincia peculiar del púlpito cristiano es la verdad divina así
como ésta se ha dado a conocer en Cristo Jesús y así como ha sido conservada en las Sagradas Escrituras.
También tenemos que notar que la definición de Brooks deja de mencionar el proposito de la predicación. Es ésta una falta de serias proporciones, aunque en justicia hay que decir que en el curso de sus conferencias, al tratar del sermón, Brooks sí abordó el asunto del propósito con claridad y acierto. “Un sermón,” dijo, “existe por su propósito y para su propósito, a saber, el de persuadir y mover las almas de los hombres”. Es de lamentarse que este elemento no haya sido incorporado desde un principio en la famosa definición de la predicación. 
Transcribimos en seguida tres definiciones que, a nuestro juicio, son mejores que las dos antes anotadas. El ellas se deja ver un debido hincapié sobre el propósito de la predicación.
Según el doctor A. E. Garvie, la predicación es “la verdad divina al través de la personalidad humana para vida eterna”.
Andrés W. Blackwood se ha expresado en estos términos: “¿Qué es o que entendemos por la predicación? Significa la verdad divina comunicada a través de la personalidad, o sea la verdad de Dios proclamada por una personalidad escogida con el fin de satisfacer las necesidades humanas”.
Por su admirable brevedad y simetría, el que esto escribe prefiere la definición dada por Pattison: “La predicación es la comunicación verbal de la verdad divina con el fin de persuadir”.
 ANALIZANDO LA DEFINICIÓN
Vale la pena detenernos aquí para hacer un análisis de esta última definición.

  1. Observemos en primer lugar cuál es el material de la predicación. Es “la verdad divina”. En un sentido puede decirse que toda verdad es “verdad divina”, puesto que Dios es verdad y que al crear cuanto existe imprimió en todo el sello de su propia veracidad. Y como la verdad, siendo fundamentalmente una, no puede contradecirse a sí misma, una verdad científica o comercial puede ser considerada como una verdad divina. Sin embargo, una conferencia sobre la desintegración del átomo o sobre las ventajas del   comercio internacional no sería, de ninguna manera, una predicación.

Dargan nos cuenta cómo en Alemania, hacia fines del siglo dieciocho cuando el racionalismo estaba en su apogeo, partiendo de la discusión de temas morales, desprovistos de una sólida base doctrinal, el púlpito degeneró cada vez más hasta quedar en la vergüenza de presentar “sermones” sobre temas como los siguientes: 
  • “El Peligro de Ser Sepultado Vivo” (un sermón para el domingo de Resurrección); 
  • “El Temor a los Fantasmas”; 
  • “La Preferencia de la Alimentación del Ganado en el Establo Sobre la Práctica de Pastarlos en el Campo”; y 
  • “La Bendición Inefable del Cultivo de la Patata”. También discutieron el valor del café como bebida y la importancia de la vacunación contra la viruela.
Semejantes temas constituyen nada menos que una prostitución del púlpito. La verdad de que legítimamente se ocupa la predicación cristiana es netamente religiosa y esencialmente bíblica. Es religiosa porque tiene que ver con las grandes realidades acerca de Dios y el hombre, del pecado y la salvación, del tiempo y la eternidad, del cielo y el infierno. Es bíblica porque toma de la fuente pura de las Sagradas Escrituras sus temas y los contornos generales del desarrollo de ellos.
  • Veamos en seguida cuál es el método de la predicación. Es “la comunicación verbal”. Aquí cabe la declaración de un gran maestro de homilética del siglo pasado: “Por predicación no se quiere significar simple y principalmente el acto de repartir Biblias impresas, el vivir santamente, ni el uso del canto llano y del ritual en el culto, sino la proclamación personal, pública y autoritativa de la verdad de Dios a los hombres por medio de un hombre.” Esta idea fundamental de “la comunicación verbal” se revela claramente al examinar los diferentes verbos griegos traducidos por la voz “predicar” en la Versión de Valera. Dos veces ésta representa la traducción de laleo, verbo que significa simple y llanamente “hablar”, como puede verificarse por una referencia a otros pasajes en que la misma palabra griega es empleada Siete veces la palabra “predicar” es la traducción de euaggelizo, vocablo que significa “traer buenas noticias” o “anunciar alegres nuevas” o “proclamar las buenas nuevas”. El mismo verbo aparece en otros cuarenta pasajes más donde es traducido generalmente “anunciar”. El otro verbo griego traducido “predicar” es kerusso, que significa “proclamar públicamente como un heraldo” con la sugestión siempre de ”formalidad, gravedad y de una autoridad que demanda atención y obediencia”. Este verbo aparece sesenta y una veces en el Nuevo Testamento. Cincuenta y cinco veces es traducido “predicar”; tres veces “publicar”, dos veces “pregonar” y una vez “divulgar”.
Lo dicho hasta aquí basta para comprobar que “la comunicación verbal” de la verdad divina es el método divinamente ordenado para la predicación del evangelio. Pero es necesario hacer constar que dentro de este método existe una saludable variedad. Aparte de los términos mencionados ya, existen varias otras expresiones en nuevo Testamento que describen los discursos cristianos. Sólo en el libro de Los Hechos se encuentran veinticuatro de ellas, tales como “exhortar”, “testificar”, “disputar”, “afirmar”, “persuadir”, “amonestar”, “profetizar”, “disertar”, “enseñar”, “alegrar” y otras más. En términos generales podemos decir que había cuatro tipos principales de discurso en la predicación apostólica.
  • En primer lugar encontramos el discurso informal o familiar. De esto tenemos evidencia en Marcos 2:2; Hechos 4:1, 31 y 14:25, donde se emplea la palabra “hablar”, y en Hechos 20:11, donde la expresión del original (jomileo) significa “platicar”. En este último pasaje se trata del discurso de Pablo ante los creyentes de Troas cuando el apóstol “alargó el discurso hasta la media noche... y disputaba largamente”. La palabra traducida “disputaba” da la idea de un discurso argumentativo de pensamientos bien ponderados. Tal discurso adormeció a cuando menos uno de los hermanos, pues leemos que  “un mancebo llamado Euticho... tomado de un sueño profundo... postrado del sueño cayó del tercer piso abajo”. Cuando el pobre de Euticho fue restaurado  a sus cabales, leemos que Pablo “habló largamente hasta el alba”. Pero aquí la palabra es “platicó”. Aunque el susto que todos llevaron con el descalabro de Euticho fue suficiente, sin duda, para quitarles el sueño, creo no hacer violencia  a la recta interpretación bíblica al sugerir que el cambio en el tipo de discurso ayudó también para mantener despierta a la congregación durante el resto de la noche. Tal vez en esta experiencia apostólica podrán encontrar una fructífera sugestión algunos predicadores de la actualidad. Indica que el discurso informal o familiar es más fácilmente seguido por las mentes cansadas o poco disciplinadas, y aconseja la práctica de variar la intensidad del discurso, aun dentro de los límites de un solo sermón, para proporcionar descansos mentales a los oyentes.
  • El segundo tipo de discurso empleado por los apóstoles fue el explicativo. Dieciséis veces en Los Hechos se emplea el verbo “enseñar” para describir los discursos apostólicos. Esto en sí sería suficiente para indicar la existencia del discurso explicativo, pero tenemos evidencia todavía más clara. En Hechos 17:1-4 hallamos la historia de la actividad del apóstol Pablo en Tesalónica. Siguiendo su plan acostumbrado de trabajo, al llegar a la nueva ciudad se  dirigió primero a la sinagoga judía, y por tres sábados consecutivos “disputó con ellos de las Escrituras, declarando y proponiendo que convenía que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, al cual yo os anuncio, decía él, éste era el Cristo”.
Por el momento nos interesan en este pasaje dos términos, traducidos “declarando y proponiendo”. 
  • El primero traduce la palabra griega dianoigon que significa literalmente “abriendo por el procedimiento de la separación de las partes constituyentes”, o sea “abriendo completamente lo que antes estaba cerrado”, Se emplea en las Escrituras en el relato del milagro de Jesús cuando abrió los oídos al sordo y del descorrer del velo celestial que permitió a Esteban ver “la gloria de Dios... y al hijo del Hombre en pie a la diestra de Dios”. 
Es el mismo término que usaron los discípulos del camino de Emmaús al exclamar; “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras”? Esta palabra, pues, que la Versión de Valera traduce “declarando”, indica un procedimiento completamente pedagógico mediante el cual el predicador apostólico analizaba las Escrituras, profundizándose en ellas y descubriendo su hondo y verdadero significado. Indica todo aquello que cabe legítimamente en el término    “exégesis”.
  • El segundo término, “proponiendo”. Es una traducción más fiel de la palabra que aparece en el griego del Nuevo Testamento. Esta palabra es paratithémenos y significa literalmente “colocando delante de”, como, por ejemplo, cuando la comida es colocada delante de los que están a la mesa. En su sentido figurado significa “explicar” e indica un proceso de síntesis, dando a entender todo aquello que legítimente cabe en el uso homilético de la palabra “exposición”. Vemos, entonces, que la exposición presupone la exégesis, y que ésta es el fundamento indispensable de aquélla, cosa que sugiere un pensamiento adicional que no aparece tal vez en nuestro pasaje, pero que si constituye una legítima inferencia, a saber: que la exégesis pertenece principalmente al cuarto de estudio del predicador, mientras que la exposición es provincia peculiar del púlpito.
c. Otro tipo de discurso empleado por los apóstoles fue el argumentativo. Ya hemos hecho alusión a él en los párrafos anteriores. Su uso es indicado de dos maneras. Por una parte, por el término dialégomai, traducido “disputar” en Hechos 20:9 y “disertar” en Hechos 24:25. Esta voz griega significa “pensar uno cosas diferentes consigo mismo; mezclar pensamiento con pensamiento; ponderar; revolver en la mente; argumentar o discutir”. En el primer pasaje mencionado describe el discurso de Pablo en la ocasión del accidente sufrido por Euticho, y que ha sido comentado ya. En el segundo pasaje describe el discurso de Pablo ante Félix, el gobernador romano, hombre cuya preparación intelectual le capacitaba para seguir el curso de un argumento lógico.
La segunda manera de saber que el discurso argumentativo ocupaba un lugar prominente en el repertorio de los predicadores apostólicos es por la lectura de sus sermones. En la introducción de su sermón del Día de Pentecostés, Pedro empleó la refutación, y más adelante, sobre la base del hecho de la muerte y sepultura de David, fundó un argumento para probar que en el Salmo 16  David, había profetizado la resurrección de Cristo. La defensa de Esteban ante el sanedrín es un continuo argumento de analogía histórica en que refuta la acusación hecha en su contra de haber hablado “palabras blasfemas contra este lugar santo (el templo) y la ley”, demostrando paralelamente dos cosas.
  1. Primero, que él no blasfemaba al hablar de la destrucción del templo, puesto que Dios nunca había limitado la revelación de sí mismo al templo; se había manifestado a Abraham en Ur de los Caldeos, a José en Egipto, y a Moisés en el desierto de Madián; y cuando Salomón por fin le edificó un templo, en su oración dedicatoria había confesado que “el Altísimo no habita en templos hechos de mano”. 
  2. En segundo lugar, no pecaba él, sino sus mismos  acusadores, puesto que exactamente como Abraham había demorado en Charán hasta la muerte de su padre; así como los hermanos de José lo vendieron a él a la esclavitud; de la misma manera en que los hebreos habían desechado la primera vez a Moisés; así también ellos habían sido rebeldes a Dios al rechazar a Jesús como su Mesias y Salvador. Todo el sermón es un poderoso argumento, basado en una serie de analogías.
Es demasiado vasto el material de que disponemos en el libro de Los Hechos para que lo mencionemos todo aquí. Bastará con un ejemplo más.
Refiriéndonos otra vez al incidente consignado en Hechos 17:2,3, vemos un hermoso ejemplo del argumento deductivo en forma silogística. Dice el versículo 3: “...declarando y proponiendo que convenía que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, el cual yo os anuncio, decía él, éste era el Cristo”. Este argumento es propiamente un entimema, es decir, un silogismo incompleto en que una de las proposiciones queda sobreentendida, pero podemos reconstruirlo en la siguiente forma:
  Premisa mayor: “Convenía que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos”.
 Premisa Menor: “Jesús padeció y resucitó de los muertos”. (Esta premisa queda sobreentendida por el tenor general del argumento.)
  Conclusión: Por tanto, “Jesús, el cual yo os anuncio, éste es el Cristo”.
d. Por último tenemos el discurso declarativo. Aquí tenemos el tipo de discurso que más que cualquier otro indica la índole esencial de la predicación verdadera. Es el tipo indicado por dos verbos muy comunes en el Nuevo Testamento: euaggelizo y kerusso. El primero significa “traer buenas noticias; anunciar alegres nuevas; o proclamar las buenas nuevas”. El segundo significa “pregonar públicamente como un heraldo, siempre con la sugestión de formalidad, gravedad y de una autoridad que demanda atención y obediencia”. Como se ve por estas definiciones, se trata de un discurso cuya idea característica es la de un anuncio, de una proclamación, de un pregón. No se trata de probar, sino simplemente de manifestar. No es cuestión de emitir un juicio respecto al significado de algún hecho, sino más bien de dar testimonio del hecho mismo. Esta fue la tarea de los cristianos primitivos: ser testigos.
Pero, ¿qué era aquello que habían de atestiguar? Habían de ser testigos de la Persona más gloriosa y de la obra más grande de que jamás hubo noticia.
¡Habían de anunciar a Jesús y la resurrección! Siendo tal el tema de su pregón, podemos entender el fervor, la pasión, el celo con que se consagraron a la  tarea. Había perdón para los pecados más viles; había pureza para el más corrompido corazón. Había poder y victoria para los derrotados; había consuelo y paz para los tristes y afligidos. Con razón dijeron los apóstoles: “No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”. Proclamaron como heraldos la regia venida del Mesías Salvador. Anunciaron la buena nueva de  que en Jesús el Reino de Dios se hacía una realidad en el corazón arrepentido y creyente. ¡Y esto es, hasta hoy, la esencia de la predicación cristiana!
Entendemos, pues, por qué Pattison, después de referirse a los diferentes tipos de discurso empleados por los apóstoles, terminó su discusión con estas palabras: “La predicación apostólica era una combinación de todos estos procedimientos, saturada con oraciones y con lágrimas”.
Volviendo ahora al análisis de la definición de la predicación, recordamos que hemos discutido sus primeras dos partes: el material y el método de la predicación. 
Resta considerar cuál es su meta. Es la de persuadir. La persuasión era nota característica de la predicación apostólica. Lo vemos tanto en el tono urgente de sus discursos como en los resultados que obtuvieron.
El apóstol Pedro predicaba para persuadir. Al final de su sermón en el Día de Pentecostés, leemos que “con otras muchas palabra testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación”. Lo mismo puede decirse del apóstol Pablo. Cuando estuvo con los ancianos de la iglesia de Efeso en Mileto les recordó cómo por tres años de día y de noche no había cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. 
Ante la mofa incrédula del rey Agripa reveló cuán profundo era su anhelo de persuadir, clamando: “¡Pluguiese a Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, mas también todos los que hay me oyen fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas prisiones”. Y en su carta a la iglesia de Corinto descubrió las fuentes de su pasión, diciendo: “Estando pues poseídos del temor del Señor, persuadimos a los hombres...
Porque el amor de Cristo nos constriñe... como si Dios rogase por medio nuestro”. Por último, Judas, el medio hermano del Señor, da cima a este sentimiento de persuasión con su ferviente exhortación; “Mas haced salvos a los otros por temor, arrebatándolos del fuego”.
Tal espíritu de urgencia no dejó de tener su efecto. En Jerusalén leemos que “fueron compungidos de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: “Varones hermanos, ¿qué haremos?... Y fueron añadidas a ellos aquel día como tres mil personas”. En Iconio los apóstoles “hablaron de tal manera que creyó una grande multitud de Judíos, y asimismo de Griegos”. En Tesalónica los judíos dieron testimonio de la efectividad de la predicación apostólica, diciendo: “Estos que alborotan el mundo, también han venido acá”. 
Y en Efeso el platero Demetrio desahogó su resentimiento por causa de las pérdidas sufridas en el negocio de la fabricación de ídolos, diciendo: “Y veis y oís que este Pablo, no solamente en Efeso, sino a muchas gentes de casi toda el Asia, ha apartado con persuasión, diciendo, que no son dioses los que se hacen con las manos”.
Los apóstoles predicaban para persuadir. Esta es la meta de la predicación. Como dijo G. Campbell Morgan:
  Toda predicación tiene un solo fin, a saber: el de tomar cautiva la ciudadela central del alma humana, o sea la voluntad. El intelecto y las emociones constituyen vías de acercamiento que debemos utilizar. Pero lo que tenemos que recordar siempre es que no hemos logrado el verdadero fin de la predicación hasta no haber alcanzado la voluntad, constriñéndola a hacer sus elecciones de acuerdo con la Verdad que proclamamos.

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Nueva vida en Cristo: Manual Completo 1, 2 ,3, 4, 5 y 6 Para Discipular



Nueva vida en Cristo: Manual Completo 1, 2 y 3 Para Discipular
Tipo de Archivo: PDF | Tamaño: 3MB | Idioma: Spanish |Categoría: Discipulado 
Información
VOLUMEN 1
Guía para el maestro...............................................   4
Introducción a la vida cristiana ................................   5
Paso 1    ¡Salvo!......................................................   6
Paso 2    ¡Seguro! ..................................................   8
Paso 3    ¡Victorioso!............................................... 10
Paso 4    Señor de todo .......................................... 12
Paso 5    Viviendo en el Espíritu .............................. 14
Paso 6    Dios me habla........................................... 16
Paso 7    Hablando con Dios .................................. 18
Paso 8   En comunión diaria .................................. 20
Paso 9    Mi iglesia ................................................. 23
Paso 10  ¡A testificar! ............................................ 25
Paso 11  Las ordenanzas ........................................ 27
Paso 12  La familia ................................................. 29
Paso 13  Siguiendo a Jesús ........................................ 31
Apéndices .............................................................. 33
VOLUMEN 2
Guía para el maestro .............................................   5
Paso 1 Conociendo a Dios ................................   6
Paso 2 Cristo mi modelo ...................................   8
Paso 3 Llamados a servir ................................... 10
Paso 4 ¿Quién soy en Cristo? ........................... 12
Paso 5 La Guerra Espiritual ............................... 14
Paso 6 La Armadura ......................................... 16
Paso 7 Perdonar para ser libre .......................... 18
Paso 8 Perdóname ........................................... 20
Paso 9  Llamados a santidad ............................. 22
Paso 10  El cristiano y su dinero .......................... 24
Paso 11 Puedo hacerlo, pero ¿debo? ................. 26
Paso 12 Tomando decisiones sabias ................... 28
Paso 13 Compartiendo a Cristo ......................... 30
Paso 14 El futuro ............................................... 32
Paso 15 Más sobre el futuro .............................. 34
Apéndices ............................................................ 36
VOLUMEN 3
Guía para el maestro....................................................   4
Paso 1 Los unos a los otros........................................   6
Paso 2 Amémonos los unos a los otros......................   8
Paso 3 Más sobre el amor.......................................... 10
Paso 4 Animándonos unos a otros............................. 12
Paso 5 Sirviéndonos unos a otros .............................. 14
Paso 6 Soportándonos unos a otros........................... 16
Paso 7 Perdonándonos unos a otros.......................... 18
Paso 8 Aceptándonos y recibiéndonos unos a otros... 20
Paso 9 Exhortándonos unos a otros .......................... 22
Paso 10 Amonestándonos unos a otros....................... 24
Paso 11 Saludándonos unos a otros
 Hospedándonos unos a otros ........................ 26
Apéndices .................................................................... 28
QUIÉN ES JESUCRISTO
Guía para el maestro...................................................  4
Paso 1  Jesús, el Autor de la vida .............................. 6
Paso 2  Jesús, el Cordero de Dios .............................  8
Paso 3  Jesús, el Buen Pastor .................................... 10
Paso 4  ¡Está vivo! .................................................... 12
Paso 5   Cristo, mi Abogado ....................................  14
Paso 6  Cristo, el Rey ................................................ 16
Textos bíblicos ............................................................. 21

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     Inglés- Alta calidad para Imprenta Professional

Francés - La Nouvelle Vie en Christ
              

Portuguese - Nova Vida em Cristo      
      Quem é Jesus Cristo? (Evangelistico)
Volumen 1      



Ruso                   

Ucranio        
Rumano      
      Volumen 1      Volumen 2

Swahili - Maisha Mapya Ndani Ya Kristo        
      Volumen 1      Volumen 2      Volumen 3

Kinyarwanda (Rwanda) - Ubuzima Bushya Muri Kristo          
      Volumen 1
Malagasey (Madagascar) - Fiainam-Baovao Ao Amin' Kristy    
      Volumen 1

Catalán - Nova Vida en Crist        
      Volumen 1

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martes, 23 de agosto de 2016

Cómo solucionar conflictos en el matrimonio



"La diferencia entre un cristiano y un no cristiano no está en el hecho de que los primeros no tengan  problemas, sino en que los cristianos saben manejar sus problemas y no se dejan manejar por ellos"

MANEJO DE CONFLICTOS

Cualquiera pensaría que "el matrimonio ideal" es aquel en el cual no se presentan ninguna clase de conflictos. Sin embargo, esto es una utopía.

Los conflictos son parte natural de la vida. El conflicto es una realidad ineludible en cualquier relación sostenida, es algo universal; su manejo varía de cultura a cultura; su experiencia es única.

El ser humano fue creado para vivir en relación y eso hace que ineludiblemente tenga diferencias con otros. Todos tenemos sentimientos y actitudes que de vez en cuando chocan con los demás especialmente con aquellas personas con las que convivimos de una manera más cercana.

Por esto es que el conflicto hace parte de la vida cotidiana al interior de cualquier familia. El problema no está en que se tengan conflictos sino en la forma como reaccionamos ante ellos (Ef. 4:26).

Es a través del conflicto que llegamos a conocernos como realmente somos; por eso un conflicto bien manejado llegará a ser saludable para cualquier matrimonio. Aun cuando el conflicto es ineludible, sus consecuencias no tienen que ser destructivas. Tenemos que aprender a manejar los conflictos, enfrentándolos de una manera creativa y constructiva.

Agustín decía:

"La diferencia entre un cristiano y un no cristiano no está en el hecho de que los primeros no tengan  problemas, sino en que los cristianos saben manejar sus problemas y no se dejan manejar por ellos"

A. DEFINICION DE CONFLICTO.

Un conflicto es un choque (real o percibido como tal) de intereses, opiniones o actitudes entre personas o grupos.

El diccionario Webster define el conflicto como:

"Desacuerdo, angustia de ánimo, tensión emocional resultante de impulsos interiores o necesidades incompatibles Confrontar: poner a dos personas en presencia una de la otra ("cara a cara") para comparar sus afirmaciones.

B. ORIGEN DE LOS CONFLICTOS.

Las causas de los conflictos en el matrimonio son múltiples y generalmente más de un factor contribuye para que la pareja se confunda y experimente una alteración en su relación.

Alguien decía que el conflicto es como el polvo, no se sabe de donde viene pero aparece en cualquier momento y en cualquier parte.

Causas que originan conflictos en el matrimonio:


1. Conflictos internos.

Uno de los factores que origina los conflictos en el matrimonio son los problemas internos o "intrapersonales". Aquellos aspectos que hemos almacenado en el corazón determinaran nuestro comportamiento (Mt. 12:35).

"Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?"Jeremías 17:9

Una baja autoestima o un autoconcepto demasiado alto traerá como consecuencia celos, paranoia, inseguridad, orgullo, altivez, etc. (Ro. 12:3).

* La ultrasesibilidad y los complejos harán que se tomen posturas autodefensivas.
* La culpabilidad hace que el pecado destroce la confianza (Col. 2: 13-14).
* La depresión hace perder la objetividad y provoca el aislamiento (Heb. 12:15).


2. Conflictos contextuales o "extrapersonales".


Existen muchos agentes externos que pueden generar conflictos al interior de la pareja. Pueden ser personas que se involucran con comentarios, chismes, etc., afectando la relación (por ejemplo los suegros, la familia extendida, los amigos, vecinos o aún personas ajenas) (Pr.16:28).


También se pueden originar conflictos dentro del matrimonio cuando se trasladan al hogar los incidentes que se han tenido con personas en la calle, el trabajo o cualquier otro sitio.

Dentro de ésta categoría de agentes que pueden originar conflicto también se incluyen todos aquellos cambios, aún siendo cambios agradables, que producen tensión en las personas y en las relaciones. Los especialistas han encontrado que muchos cambios, sucediéndose simultánea o muy seguidamente, a menudo producen irritación, desajustes emocionales y hasta depresión profunda.

La muerte de un ser querido, la perdida o el cambio de trabajo, la jubilación, un embarazo, el cambio de residencia, la reconciliación matrimonial y hasta los cambios de hábitos y comidas pueden producir alteraciones y llevar al conflicto.


3. Conflictos interpersonales.


Son los más comunes en el matrimonio. El hecho de que tanto el hombre como la mujer sean diferentes los hace susceptibles de entrar en conflictos.

Esto no quiere decir que para que no haya conflicto en la pareja y se tengan familias armoniosas los dos tengan que ser copias iguales.

"El hombre y la mujer fueron creados iguales en esencia a la imagen de Dios, pero maravillosamente diferentes"



Entre esposos se pueden encontrar muchas diferencias que los pueden llevar a la confrontación:

  • Costumbres diferentes.
  • Percepciones diferentes.
  • Diferencias al actuar. 
  • Diferentes gustos. 
  • Expectativas diferentes. 
  • Metas divergentes.

David Hormachea dice:

"Si Dios nos hizo diferentes para beneficiarnos mutuamente, no tratemos de ser iguales pues nos destruiremos paulatinamente"

Otra causa de conflicto entre esposos proviene de los trasfondos culturales de la pareja.

Por ejemplo el machismo o el matriarcado son influencias culturales que condicionarán al matrimonio para que copie el mismo modelo, originando así conflictos internos

C. REACCIONES NEGATIVAS ANTE EL CONFLICTO.
Teniendo claro que en todo matrimonio existen conflictos también debemos identificar algunas reacciones negativas que tomamos y que pueden afectar la relación.
Negar el conflicto. Muchos matrimonios no tienen el valor de enfrentar los conflictos y para no herirse más lo niegan. No se tiene en cuenta que un problema sin solucionar, por pequeño que sea (Cnt. 2:15), hará nacer raíces de amargura en el corazón.
Tampoco se debe aplicar el "tratamiento del silencio" como medio para evitar la controversia. A veces se escoge esta opción pues parece menos dolorosa, pero el silencio a la larga nunca da resultados. Puede ser que se necesite un momento de silencio pero finalmente se tendrá que enfrentar la situación.
Bien lo decía en sabio Salomón:"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora..... tiempo de callar, y tiempo de hablar."Eclesiastés 3:1, 7
Un conflicto sin solucionar sigue una secuencia:



ENOJOà HERIDA àRESENTIMIENTOàAMARGURAàAISLAMIENTO

Trivializar o suavizar el conflicto. Es cuando alguno de los dos cede, asumiendo la culpa, para ser aceptado. Este puede ser un mecanismo de chantaje. También se llega a ceder, a costa de las convicciones o metas personales, pues lo más importante es mantener la relación así ésta sea solo de apariencia.

Retirarse del conflicto. La persona cede y prefiere perder. La meta está en no chocar, aún a costa de las relaciones y de las convicciones. El mensaje que se comunica es "tu no eres importante para mi". En vez de enfrentar el conflicto se rompe la comunicación, refugiándose en otras actividades como el trabajo, la televisión, etc. Es una forma de ocultar el conflicto como cuando de esconde la basura bajo la alfombra, esperando muchas veces ante la desesperación del cónyuge, para que el tiempo los vaya resolviendo (Ef 4:26-27).

Culpar o rebotar el conflicto. Es una forma de querer solucionar un conflicto culpando al otro para disculparnos nosotros. Esto fue lo que hizo Adán en el Edén cuando culpó a Eva para salir del problema (Mt. 7:1-5).

Dominar o vencer en el conflicto. Lo grave de esta reacción es que se pretende imponer las convicciones sobre las del otro, aún en forma agresiva, porque no se valora mucho la relación. Es más importante vencer que la persona misma. Si hay una ganador habrá un perdedor. Cuando se tiene esta actitud se ataca al otro hasta aplastarlo (Gá. 5:15).

Espiritualizar o idealizar el conflicto. Es cuando se argumenta acerca de que los conflictos no deben existir pues son malos y destructivos. Lo que se busca es mantener una "fachada de perfección" hacia los demás mostrando una imagen de mucha espiritualidad y falsa santidad (Gá. 6:1-3).

Usar "armas" en el conflicto. Muchas parejas se acostumbran a usar ciertas "armas" en la solución de sus conflictos, las cuales en lugar de ayudarles lo que hacen es agrandar el problema.
Algunas de esas "armas" son:
  • La explosión de ira.
  • El silencio.
  • Las lágrimas
  • Palabras ofensivas.
  • Actitudes despreciativas.
  • Fingimiento de enfermedades.
  • Llevar la contraria.
  • Negativa a la relación sexual.
  • Amenaza de abandono.
  • Privación de privilegios.
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