miércoles, 1 de junio de 2016

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




El Evangelio satelital del Verbo
El Evangelio de Juan
“Tengo el hábito de declarar que este evangelio constituye la llave que abre la entrada a la comprensión de los otros tres.”
Juan Calvino
Como un satélite surcando el espacio, el Evangelio de San Juan nos lleva de eternidad a eternidad en veloz órbita. Podría compararse a un satélite espiritual que nos conduce desde aquel comienzo indefinible de “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (1:1), hasta las moradas celestiales en la casa del Padre (14:1–3).

Este Evangelio muestra una marcada diferencia con los sinópticos (llamados así por tener el mismo punto de vista y un bosquejo en común del ministerio de Jesucristo). Esta diferencia nos recuerda las distintas facetas de la personalidad de un gran hombre según son percibidas por distintas personas, quienes luego las interpretan de modo distinto y seleccionan lo que creen más apropiado o útil.

  • Mateo escribió con el propósito de convencer a los judíos de que en Jesús se cumplen las profecías mesiánicas.
  • El objetivo de Marcos fue hacer un breve relato del ministerio de Jesús, especialmente dirigido a los romanos.
  • El propósito inmediato de Lucas fue presentar a Teófilo la cronología de la vida de Jesús a fin de asegurarle que la instrucción cristiana era verdadera.
El testimonio central del Evangelio de Juan es 3:16, mientras que todo el libro enfatiza que Jesús es el eterno Hijo de Dios enviado al mundo para salvación del hombre.

Los sinópticos presentan la enseñanza pública de Jesús. Juan muestra la enseñanza informal de Jesús con sus amigos, y narra los encuentros informales con sus enemigos.

Marcos comienza la historia de Jesús en el Jordán; Mateo y Lucas en Belén; Juan va al comienzo de la historia y aun antes, a la eternidad.

Los sinópticos describen un ministerio casi en su totalidad galileo. Juan sitúa la mayor parte del ministerio de Jesús en Judea y Galilea.

La intención de Juan no es ser didáctico. Combinando narrativa y discurso, hace una interpretación del evangelio presentando hechos históricos. Para Juan no tendría valor la mera presentación de los hechos sin el significado revelado por el Espíritu Santo.

El Evangelio de San Juan es como una irrupción divina al mundo. Apenas abrimos sus páginas hallamos una invasión personal, física, temporal y redentora de parte de Dios en la persona de su Hijo Jesucristo: 

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14)
.
El mensaje principal del Evangelio es la deidad de Cristo, pero no por ello deja de presentar su aspecto humano 
  • Jesús se cansa en el viaje por Samaria en Juan 4:6
  • llora ante la tumba de Lázaro en Juan 11:35
  • tiene sed en la cruz en Juan 19:28). 
El Verbo encarnado era Dios, pero también era un ser real de carne y hueso.

Juan realizó su elección de incidentes con un propósito práctico y específico brillantemente resumido en Juan 20:31. El deseaba:
  1. Crear en sus lectores la convicción de que Jesús es el Cristo, el Mesías prometido por Dios durante siglos.
  2. En virtud de esa convicción, llevarlos a la vida eterna por medio de la fe en Jesucristo.
La fe de los lectores es el motivo principal de Juan. Fe en dos aspectos, ya sea para ser transmitida por vez primera o bien para ser confirmada.

El teólogo australiano León Morris declara: “El Evangelio de Juan es como una piscina donde una criatura puede chapotear y un elefante puede nadar.” Es tan sencillo como profundo, tanto para el nuevo en la fe como para el cristiano maduro.

Por la manera en que explica costumbres y términos judíos (Juan 2:6; Juan 4:9; Juan 19:17; Juan 20:16), se desprende que Juan no tenía en mente un público judío.

El evangelista escribe con simplicidad tanto en el vocabulario como también en la construcción, pero es una sencillez majestuosa en su manera directa y solemne. Martín Lutero señaló: “Nunca en mi vida he leído un libro con palabras más simples, y sin embargo las palabras son inenarrables.”

El Evangelio muy probablemente haya sido escrito en Efeso, en ese momento lugar de residencia de Juan, y publicado poco más de medio siglo después que los eventos tuvieron lugar, es decir entre los años 90 y 100 de la era cristiana.

No mucho tiempo después de su publicación, el Evangelio de Juan fue unido a los sinópticos para formar un solo volumen con ellos. Por lo general los evangelios circulaban en forma conjunta, no separada.

Cabe destacar que el texto del Evangelio no incluye la mención del nombre del autor, pero la evidencia apunta a que fue Juan, el discípulo amado de Jesús. En la narración descubrimos que el autor tuvo que haber sido testigo ocular de los acontecimientos (ver Juan 1:39 y sig.; Juan 4:6; Juan 13:21 y sig.; caps. 18–21), algo que se reafirma en Jn 19:35 y Jn 21:24.

Juan era hijo de Zebedeo y Salomé (Mt. 27:56; Mr. 15:40; 16:1) y hermano menor de Jacobo (quien siempre precede a Juan cuando se los nombra a ambos). Los dos hermanos son llamados Bonaerges (Mr. 3:17), que significa hijos del trueno, quizás por su naturaleza impetuosa (Lc. 9:54) o por su autoridad y poder espirituales. Es interesante notar que en hebreo “trueno” equivale también a “voz de Dios”.

Juan era un pescador de Galilea y junto con su hermano Jacobo y el apóstol Pedro formaba parte del círculo de amigos íntimos del Señor Jesús. Podemos identificar a Juan con el discípulo amado (Jn 13:23; Jn 19:26; Jn 21:20), quien recibió del Señor el encargo de velar por su madre María como si fuera su propia madre. El fue el discípulo que siguió a Cristo a su juicio y a la cruz (Jn 18:15; Jn 19:26).

Tal vez precisamente por ser el discípulo amado de Jesús haya querido escribir el evangelio. Tuvo una posición privilegiada en su proximidad espiritual al Maestro, pero a propósito evita usar su propio nombre en la narración.
Las cinco grandes divisiones del libro son:
I.
Prólogo (Jn 1:1–18)
II.
Ministerio público de Jesús hacia los judíos (Jn 1:19–12:50)
III.
Ministerio privado hacia los discípulos (Jn 13:1–17:26)
IV.
Clímax pascual (Jn 18:1–20:31)
V.
Epílogo (Jn 21:1–25)
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martes, 31 de mayo de 2016

Estén siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que les demande razón de la esperanza que hay en ustedes

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




¿Con qué criterio puedo juzgar a la Palabra de Dios?

APOLOGÉTICA: LA BATALLA POR LA FE
Me atreví a tomar “Introducción a la filosofía” en mi primer año en la universidad. En su primer día de clases el profesor comenzó con la siguiente pregunta: “¿Cuántos de ustedes creen en Dios?” De los casi 200, solamente la mitad de los alumnos levantamos la mano. 
Entonces declaró el propósito de su curso: “Espero que para el término del semestre, ¡hayan visto que no existe ninguna razón para creer en Dios!” 
Mientras estudiaba los argumentos tradicionales para la existencia de Dios, comencé a darme cuenta de que todos se podían cuestionar, y mi fe empezó a tambalear. Cuando conversaba con mi hermano mayor, quien estaba en la misma clase, ninguno de los dos decía lo que realmente estaba pensando, y nos despedíamos siempre con un débil intento por encubrir nuestras dudas, diciendo cosas como, “Bueno, supongo que tienes que aceptar a Dios por fe.” 
Salía a caminar para pensar en todo esto: ¿Existe Dios realmente, o llegó todo a existir por un proceso de evolución? Lo probé también al revés: Supongamos que Dios no existe. ¿Puedes probar que no existe? Y si no existe, ¿por qué debo ser bueno en vez de malo? ¿Por qué estoy aquí en realidad? Empecé a sentir que mi vida era como un cuaderno de apuntes desordenados y sin título.

Una noche me acosté en el césped de un cerro de la universidad y miré las estrellas. Había millones de ellas, todas resplandecientes como diamantes, y sentí tanto la grandeza del universo como mi propia pequeñez. De pronto supe que Dios estaba allí. Empecé a orar diciendo, “Señor, no lo puedo probar con argumentos, pero sé que estás allí. Haz lo que sea necesario para ponerme en el camino correcto.” Sentía que era como un tren descarrilado que necesitaba un empujón fuerte para volver a enrielarse. Esa noche me fui caminando a mi habitación con una sensación de gozo y paz que nunca antes había experimentado en toda mi vida. No solamente sabía que Dios existía; ¡conocía a Dios!

Estuve bastante bien durante los dos años siguientes, creciendo en mi fe. Mi pastor me enseñó a estudiar la Biblia, a orar, y a compartir mi fe. Luego, durante el tercer año fui a Alemania en un programa de intercambios, período en el que tuve poco compañerismo y en el que tuve conversaciones inquietantes con algunos Testigos de Jehová. Me hicieron dudar de la Trinidad y de la divinidad de Jesús. 

Lo peor era que mi hermano, quien todavía no se recuperaba de las dudas generadas por las clases de filosofía, me escribía cartas desafiando mi fe. Cuando volví a los Estados Unidos para mi último año de universidad, le dije a mi pastor que todavía era un cristiano, pero que no estaba seguro de la Biblia, ni de la divinidad de Jesús. Él me leía pasajes de la Biblia para mostrarme que era inspirada. Yo respondía que este era un argumento circular. ¿Cómo podía usar la Biblia para mostrar que la Biblia era verdad?

Sabía que estaba en un oscuro callejón sin salida, y me asustaba. Usaba el método de Descartes, aceptando solamente aquello de lo que no pudiera dudar. Todavía creía en Dios y me decía, “Bueno, Dios existe. Ahora, ¿qué otra verdad puedo construir sobre este fundamento?” ¡Pero aquello no me llevaba a nada! No podía agregar ladrillo alguno sobre el primero. En mi peregrinaje espiritual, empecé a leer los libros de C. S. Lewis y Francis Schaeffer. 

Me ayudaba el hecho de que al menos hubiera cristianos muy inteligentes tratando de contestar las mismas preguntas que yo tenía. Me gustaba lo que presentaba Schaeffer: un sistema completo de verdad en el que cada parte encajaba con la otra y en la que todo se basaba en la Biblia. Decidí que la verdad no era algo que se construyera por piezas, sino un paquete en que todo se sostiene o cae por completo. No estaba totalmente convencido, pero al menos quería creer en la Biblia.

Decidí ir al seminario. No podía seguir sin obtener algunas importantes respuestas. Había visto algunos libros escritos por Cornelius Van Til, y quería estudiar donde él enseñaba. Cuando visité el Seminario Westminster en Philadelphia, uno de los estudiantes me aseguró que sus estudios con Van Til le habían dado tanta seguridad en su fe que estaba dispuesto a conversar con cualquier persona acerca del evangelio, aun con la persona más inteligente del mundo. Dentro de mí pensé, “¡Hombre!, ¡Yo quisiera sentir eso!”

Tengo que confesar que mis primeras clases con Van Til me decepcionaron un poco. Se veía un poco viejo y repetía mucho las cosas. Todos los días dibujaba dos círculos en la pizarra, uno que representaba a Dios y otro que representaba a la creación. Finalmente supe por qué repetía tanto; no era que no se acordara de lo que ya había escrito, sino que ¡teníamos que escucharlo diez veces para entenderlo! 

Su explicación de Adán y Eva en el huerto de Edén penetró definitivamente en mi corazón. Dijo, “Allí estaban, estas dos pequeñas criaturas del Dios Todopoderoso, cavilando, ‘me pregunto…, me pregunto.…, me pregunto… ¿tendrá Dios razón?, ¿o la tiene la serpiente?” Ellos no tenían derecho a cuestionar a Dios, decía Van Til. ¿Con qué derecho? Esto fue el comienzo de la Caída. Fue su pretensión arrogante de que podían erigirse como jueces de la verdad, aun sobre Dios mismo, lo que destruyó todo. “Pero esto es exactamente lo que yo estoy haciendo”, pensé dentro de mí. “¿Quién soy yo para preguntarme si la Palabra de Dios es verdad? ¿Con qué criterio puedo juzgarlo?” 

Una vez más, en lugar de recibir un argumento profundo, ¡necesitaba un profundo avivamiento espiritual. ¡Necesitaba arrepentirme! Pedí perdón al Señor y le dije que aceptaría lo que Él me dijera. Recuerdo que pensé, “Si Dios me dice que la luna está hecha de queso verde, ¡entonces está hecha de queso verde! ¡Tendría que cambiar mi idea de lo que era la luna, el color verde y el queso!” Por supuesto, Dios no dirá algo que tan claramente contradice el uso normal de lenguaje, razón, y observación, pero esta idea expresaba mi nueva actitud de sumisión a Él.

Fue como una segunda conversión para mí. Ahora no solamente mi corazón pertenecía a Dios, sino también mi mente. No puedo explicar en palabras lo importante que fue este cambio en mi vida. Sentí que había sido rescatado de un pantano de arenas movedizas, y puesto sobre una roca.
Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Salmo 40:2
¿Qué es la apologética?
Cuento mi testimonio, en parte para hacer de la apologética algo más práctico, y en parte para mostrar que nuestra tarea no consiste sólo en presentar un buen argumento lógico. Las dudas tienen que ver con asuntos tanto espirituales como intelectuales. Entonces, ¿para qué escribir otro libro acerca de la apologética? Precisamente porque quiero aclarar la relación entre la lucha intelectual y la lucha espiritual. Quisiera proponer una apologética que integre las distintas formas de abordar el problema, en lugar de enfatizar una sola forma.

Lo primero que debemos entender respecto de la apologética es que no podemos convencer a nadie de ser cristiano de verdad. Si logramos que alguien acepte sólo intelectualmente los postulados de la fe cristiana, sigue sin ser salvo. Para ser salvo la persona tiene que creer personalmente en Jesucristo como su Señor y Salvador. Esto significa confiar personalmente en Él para la obtención de la vida eterna. Aunque, por cierto, esto incluye una aceptación intelectual de la verdad del evangelio, es más que aquello; es un compromiso personal.

 Después de todo, ¿no “sabe” Satanás, en un sentido estrictamente intelectual, que las doctrinas básicas del evangelio son la verdad? (Vea, por ejemplo, Santiago 2:19.) Pero no es salvo, porque le falta un compromiso personal con Cristo. Incluso, ¡él es enemigo de Jesús! Pablo les dice a los corintios que no fue a persuadirlos con palabras de sabiduría humana, sino que fue a predicar a Cristo crucificado. ¿Por qué? Para que la fe de ellos no descansara en sabiduría humana, sino en el poder de Dios.
Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. 1 Corintios 2:1–5
El mayor impedimento del hombre para ser cristiano es su ceguera espiritual, y no su falta de comprensión intelectual. Sin embargo, esto no significa que el razonamiento intelectual no tenga lugar en la apologética. El no creyente ha construido además una muralla de defensa que contiene una mezcla de argumentos y razonamientos. Parte de nuestra labor consiste en romper estas barreras. 
Mientras mantengamos nuestros pies firmemente plantados en las Escrituras, podemos y debemos estar dispuestos a dialogar con el no creyente acerca de cualquier cosa a fin de ayudarle a ver la verdad. Sin ceder en nuestra posición, podemos tratar de entender su manera de pensar, mostrarle sus errores, y demostrar la belleza y la solidez del cristianismo. Pablo usó las Escrituras para “discutir” con los judíos acerca de la resurrección.
Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo. Hechos 17:2–3
Pedro nos exhorta a estar preparados para ofrecer una “defensa” de la fe y “responder” (NVI) a los que preguntan. La palabra griega es apología (defensa), de donde proviene el término apologética.
… Estad siempre preparados para presentar defensa [apología] con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros. 1 Pedro 3:15
Algunas personas necesitan una dosis fuerte de argumentos apologéticos para llegar a Cristo. Por ejemplo, la autora Nancy Pearcey cuenta que su conversión llegó solamente después de que “todas sus propias ideas hubieran sido desmentidas”. Dice que lo único que faltaba era “reconocer que había sido persuadida” y “entregar su vida al Señor de la Verdad”.

Podemos definir la apologética como “la defensa de la fe”, siempre que tomemos en cuenta el hecho de que una buena defensa incluye también una buena ofensiva. Es decir, no solamente debemos responder a las dudas, sino que debemos también descubrir los errores y las contradicciones del pensamiento del no creyente. La meta es “llevar cautivo todo pensamiento a Cristo”.
…Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, … 2 Co. 10:5
La conversión a Cristo es primordialmente un asunto de renovación espiritual- entregando nuestro corazón a Cristo, pero incluye también la sumisión de la mente al Señor. Es el Espíritu Santo que produce este cambio en las dos áreas. El cambio espiritual involucra cambio intelectual, y el cambio intelectural requiere un cambio espiritual. Los dos son inseparables.
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2
No podemos separar la apologética de la evangelización. Más aun, la apologética constituye realmente un aspecto de la obra evangelística.

La tarea es gigantesca. Tenemos que entender la manera de pensar del no creyente, tenemos que descubrir los principios bíblicos de la apologética, tenemos que buscar las mejores maneras de defender el evangelio, y tenemos que discernir la forma especial de presentar el mensaje a cada individuo. En esto consiste la apologética.
La oportunidad actual
La época postmoderna en que vivimos nos plantea grandes desafíos, pero también nos presenta grandes oportunidades. Aunque muchas personas no quieren tomar ningún compromiso, sabemos que están profundamente agobiadas por la inseguridad. 
Tienen que enfrentar una vida angustiante, sin significado, sin verdad, sin normas éticas y sin Dios. Lo más probable es que estén ansiosos por escuchar un mensaje de esperanza, de amor, y de certeza. El cantante español, Manolo García, del grupo “El último de la fila”, canta:
No hay deberes que nos llamen
ni doctrinas que seguir.
Las canciones de un grupo popular llamado “System of a Down”, y los comentarios de sus admiradores, nos pueden ayudar a entender cómo piensan muchos jóvenes hoy. Algunas de sus canciones son gritos rabiosos en contra de problemas sociales, tales como la guerra y el genocidio. Tienen especial interés en recordar al mundo del genocidio armenio que ocurrió entre 1915 y 1923, ya que sus abuelos tuvieron que ser testigos de la muerte de muchos familiares.

Detectamos una desilusión con la ciencia que es típica del posmodernismo en canciones como “Science”.
La ciencia no reconoce
El elemento humano más potente
Soltando la riendas al desarrollo
Es la fe, fe, fe, fe
La ciencia ha fallado al mundo
La ciencia ha fallado nuestra madre tierra
El espíritu mueve en todas las cosas
El espíritu mueve en todas las cosas.
Según un observador, el título de la canción “Chop Suey” describe el estilo del grupo, porque tiene “muchas cosas mezcladas”. Es difícil decifrar el sentido de algunas canciones. Trate de darle algún sentido a las palabras de una de sus canciones más populares llamada “Toxicity” [Toxicidad].
Conversión, versión de software 7.0
mirando la vida a través de los ojos del centro de una rueda
comiendo semillas como pasatiempo
la toxicidad de nuestra ciudad, de nuestra ciudad
Tú, ¿qué eres dueño del mundo?
¿cómo eres dueño del desorden, desorden?
Ahora, en algún lugar entre el silencio sagrado
Silencio sagrado y el sueño
en algún lugar, entre el silencio sagrado y el sueño
desorden, desorden, desorden…
¿Qué significa esto? Aparentemente están protestando algún tipo de corrupción, pero en general la estructura de la canción parece fragmentada. Las frases individuales parecen tener sentido, pero al tratar de unirlas, resulta incomprensible. Según un admirador, uno de los miembros del grupo, Daron Malakian, dijo que esta canción se trataba del trastorno por déficit atencional. Es un riesgo tratar de interpretar una canción como esta, pero me pregunto si no están expresando su sentido de desorden (en el mundo cruel de las atrocidades que vivieron sus familares, en la corrupción del mundo de drogas, en la vida en general, o en la perspectiva de una persona con el trastorno por déficit atencional), a través de la estructura desordenada.

Según algunos comentarios que ellos supuestamente han hecho, el grupo System of a Down es bastante tolerante acerca de cómo se interpretan sus canciones. Se cita a uno de sus miembros Serj Tankian, “He escuchado las interpretaciones más extrañas del significado de nuestras canciones, y yo digo, ‘¿Por qué no? ¡Nunca había pensado en eso, pero eso sirve…!’ Creo que el arte verdadero es una reflexión universal, y los artistas son solamente mensajeros de esa reflexión - o en el mejor de los casos, son presentadores competentes.”

A veces no es fácil comunicar nuestro mensaje a la generación actual, porque muchas personas no están muy preocupadas por la coherencia, y realmente no creen en la verdad absoluta. Sin embargo, en lo más profundo de su corazón, deben sentir que debe haber algo de orden y significado en la vida. Además, a muchos de ellos realmente les inquieta lo que sucede en el mundo, y tienen un interés profundo en las cosas espirituales. Necesitamos escucharlos con respeto, desarrollar amistades con ellos, ayudarles a luchar en contra de los problemas sociales, y compartir nuestra esperanza con ellos.
Una de las pinturas más horrendas que he visto se llama “Cabeza VI”, de Francis Bacon (1949). Me refiero frecuentemente a ella porque creo que representa gráficamente la desesperación postmoderna. Muestra a un hombre vestido con atuendo religioso sentado dentro de un cubo. Su nariz está desapareciendo, y desde ahí hacia arriba ya no queda casi nada, excepto dos cavidades donde estaban los ojos y unas manchas negras. La única parte de su cabeza que se ve claramente es la boca, la cual abierta, grita de una manera escalofriante. Bacon mismo escribió, “El hombre ahora es consciente de que es un accidente, un ser completamente fútil que tiene que seguir adelante sin razón.” ¿No cree usted que alguien como Francis Bacon estaría dispuesto a escuchar nuestro mensaje, el cual explica que somos mucho más que un “accidente”?

¿PUEDES CONTESTAR SATISFACTORIAMENTE ESTAS PREGUNTAS?
He anotado algunas de las preguntas más comunes que hacen lo no creyentes. Cuando hago clases de apologética, pido a los alumnos que me cuenten cuáles son las inquietudes más complicadas que la gente les presenta. Normalmente mencionan las mismas. Recuerde las siguientes preguntas; al final del libro volveremos a ellas sugiriendo algunas formas de respuesta.
#1 ¿Cómo puedes probar que Dios existe?
#2 ¿Cómo puedes estar seguro de que la Biblia es la verdad?, ¿No tiene contradicciones y
 errores?
#3 ¿Qué pasa con las demás religiones? ¿Cómo puedes estar seguro de que no son también
 legítimas?
#4: ¿Qué pensar respecto de la teoría de la evolución? ¿No demuestra que la Biblia está equivocada?
#5: ¿Cómo puede un Dios bueno condenar a las personas?
#6: Si Dios es bondadoso y todopoderoso, ¿por qué permite el mal?

Personalmente creo que el desafío más grande para el apologista es el problema del mal. Aquí la batalla se pone sangrienta. Tenemos que estar preparados.

Hace poco vi un programa de televisión llamado “La interrogante acerca de Dios”. Un profesor de Harvard, el Dr. Armond Nicoli, reunió a un grupo de eruditos de distintas creencias religiosas para hablar de las vidas de Sigmund Freud y C. S. Lewis. El primero de estos dos no creía en Dios, pero el segundo sí creía. El grupo analizaba la forma en que la fe, o la falta de ella, afectaba a estas dos personas. 

Al mirar el programa, yo sentía que el panelista que representaba la posición cristiana había hecho un buen trabajo, hasta que empezaron a hablar del problema del sufrimiento. En ese momento, el cristiano se rindió totalmente, confesó que no tenía ninguna respuesta, y dijo que el dilema le inquietaba profundamente. El representante de la revista Skeptic Magazine [Revista de los escépticos] aprovechó el momento y lo dejó en ridículo diciéndole sarcásticamente que debería ser un ateo, puesto que éstos no tienen que luchar con este problema.

Hay un sitio de Internet llamado “Losing my religion” [Perdiendo mi religión] que es administrado por personas que dicen haber sido cristianos anteriormente (aunque yo creo que la fe verdadera no se pierde). Ahora se dedican a desafiar a los cristianos a discutir acerca de su fe. He sentido mucha desilusión al ver actitudes rígidas, insultos vergonzosos y argumentos débiles por parte de los cristianos. 

Por otra parte, desearía ver un mejor trabajo apologético. 

Si tiene estómago para soportar blasfemias, lea las siguientes líneas, las cuales contienen el diálogo entre Darcy West de “Losing my religion” y un cristiano llamado Roger. 

Darcy está luchando con el tema del infierno, comparando a Dios con un padre odioso y con un tirano como Hitler.
Darcy WestRoger, ¿qué opinión tendrías de un padre que le dice a su hijo, “ámame antes de que cumplas seis años, o voy a meterte en el horno para cocinarte”?
Roger: Darcy, Dios no dice eso…dice “Este es el camino para evitar el infierno.
¡POR FAVOR SIGUE ESTE CAMINO!”
Darcy West: ¿Sugieres que el infierno escapa al control de Dios?
Roger: ¿Qué crees tú?
Darcy West: Si el infierno es un peligro sobre el que Dios tiene control, entonces la analogía que utilizas no es válida. En tu ilustración, muestras a un Dios que está tratando de proteger a su hijo de un peligro sobre el cual no tiene control. Sin embargo, en el caso del Dios de la Biblia, el infierno es un peligro que él mismo creó. Sería como si un padre dijera, “No vayas a la calle o serás atropellado por un vehículo”. Luego, cuando el niño va a la calle, el padre mismo se sube a un bus y lo atropella. Si el padre dijera, “Bueno, el niño tomó su propia decisión”, ¿dirías tú que el padre ha hecho lo correcto?
Roger: Darcy, el infierno fue creado para Satanás y sus demonios, no para seres humanos.
Darcy West: Roger, el padre abusivo compró el horno para hacer galletas, pero si lo usa para hornear a sus hijos, ¿estará libre de culpa?
Al final del diálogo, Roger cae en la trampa de Darcy, admitiendo que sería mejor no adorar a tal tirano. Así Darcy cree que ha ganado el argumento.
Darcy West: ¿Quién merece más respeto?, un hombre que adora a Hitler para evitar que lo envíen a los hornos, o el hombre que se rehúsa a postrarse delante de él sin importar el precio.
Roger: Darcy, el hombre que se rehúsa a postrarse.
Darcy West: Roger, ¡muchas gracias!
¿Le gustaría desarrollar una apologética que le ayude a dialogar con los no creyentes en situaciones como esta? Si es así, espero que se prepare bien, le será de mucho beneficio.
¿PUEDES RESPONDER ... ENTENDISTE LO QUE LEÍSTE?
1. ¿Cuál es la ilustración que se usa en el prefacio para representar al no creyente?
2. ¿En qué sentido la apologética debe ser “integral”?
3. ¿Qué tipo de revelación debe tener la prioridad en la apologética?
4. ¿Cuál fue la “segunda conversión” del autor?
5. ¿Por qué una persona no es salva, si logramos que acepte sólo intelectualmente los
     postulados de la fe cristiana?
6. ¿Cuál es el mayor impedimento del hombre para ser cristiano?
7. ¿Por qué en la apologética el razonamiento intelectual tiene importancia?
8. ¿De dónde viene el término apologética?
9. Escriba 1 Pedro 3:15.
10. ¿Cómo podemos definir la “apologética”?
11. ¿Qué podemos aprender de la pintura “Cabeza VI” de Francis Bacon?
REFLEXIONANDO
1. ¿Por qué cree usted que es importante estudiar la apologética?
2. ¿Cuáles fueron los factores más importantes en su propia conversión?
3. ¿Cuál de las seis preguntas frecuentemente mencionadas por los no creyentes en este
    capítulo le parece a usted la más difícil de responder? ¿Por qué?
4. ¿Qué opina del diálogo entre Darcy West y Roger? ¿Tiene alguna sugerencia para
    Roger?

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lunes, 30 de mayo de 2016

Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6





Los que influenciaron en la vida mundial

LOS LÍDERES SOLITARIOS DE LA HISTORIA

Solo la verdad es siempre ofensiva.
—NAPOLEÓN BONAPARTE

¿La Soledad es mala compañera?

Todos los líderes han experimentado que llevar una organización, empresa o congregación al máximo de su potencial conlleva sufrir un gran desgaste físico y emocional.

Cuando las fuerzas desaparecen de repente y el líder se siente desfallecer, el alejamiento por un tiempo del problema y la soledad puede ser un instrumento positivo para retomar su liderazgo.

Esta experiencia ha sido la escuela de muchos líderes. Hombres como Napoleón, Mandela o Churchill se encontraron solos, en muchos casos abandonados y traicionados, pero la soledad les sirvió para rehacer sus carreras, retomar las riendas de sus países y experimentar un profundo cambio interior. La única manera de edificar una empresa, iglesia o nación es construir dentro de nosotros unos sólidos cimientos interiores.

El proceso en todos ellos fue siempre el mismo, aunque cada uno sacó una lección distinta, ya que sus circunstancias eran radicalmente diferentes:

  • aceptación, 
  • reconstrucción, 
  • planificación y 
  • recuperación del liderazgo.

El efecto isla

Napoleón, el hombre más poderoso de Europa, encerrado en veinte kilómetros cuadrados.

Napoleón, el hombre más poderoso de Europa, estaba sentado aquel 4 de abril de 1814 frente a sus mariscales. Todos ellos le debían sus cargos y carreras, pero en ese momento estaban presionándole para que dejara su puesto.

La Coalición había penetrado en territorio francés con un ejército de medio millón de hombres y la situación era insostenible. Como el emperador de los franceses siempre había sido un tenaz negociador, logró abdicar en su hijo, imponiendo algunas condiciones, pero dos días más tarde, cuando uno de sus hombres de confianza, Marmot, le traicionó, tuvo que rendirse a la evidencia de su derrota.

El 11 de abril, en el Tratado de Fontainebleau, Napoleón renunciaba a la soberanía de Francia y aceptaba exiliarse junto a su familia a la isla de Elba, una minúscula ínsula italiana en medio de la nada. Su estado de ánimo era tan bajo que declaró: «Estoy molestando […] ¿Por qué no terminan con todo esto?».

Tuvo que exiliarse de Francia como un proscrito, disfrazado con uniforme austriaco y protegido por el ejército inglés, para que los monárquicos no le ahorcaran.

La llegada a la isla del hombre más poderoso de Europa debió de ser patética. Allí no había nada que hacer, su salud estaba seriamente quebrantada y todavía no era consciente de la profunda soledad que estaba a punto de apoderarse de su existencia. La isla no había sido elegida al azar, se parecía al sitio en el que se había criado de niño, Córcega, y a su querida ciudad de Ajaccio. Hermosas montañas, profundos acantilados y arenosas playas bañadas por el mar Mediterráneo. La tierra era muy fértil y ofrecía productos exquisitos, que una persona enferma, y sobre todo frustrada, hubiera disfrutado, renunciando a la acelerada y estresante vida de París.

El emperador tenía una máxima que no podía olvidar en medio de aquel paraíso obligado: «El pensamiento principal de un hombre bien situado es conservar su puesto».

Durante aquellos meses, aquel gran emperador se dedicó a gobernar aquella minúscula isla, construyendo carreteras, un hospicio y un teatro. Al final regresó a Francia, pensaba que su destino no había terminado. Aquella corta estancia en soledad le había ayudado a recuperar fuerzas, superar la traición de sus colaboradores y animarse a reconquistar el poder. Napoleón tenía tan solo cuarenta y cinco años. Pero ¿cómo sería recibido por el pueblo? Ya no contaba con su antiguo poder ni su ejército.

El plan de Napoleón era muy simple. Desembarcó en el golfo de Juan cerca de Cannes y se dirigió a una de las ciudades de los Alpes, Grenoble, que aún le guardaban lealtad. Cuando unos soldados estuvieron a punto de detenerle, él les dijo: «Si alguno de vosotros quiere matar a su emperador, aquí estoy…».

Unos días más tarde, sin haber disparado un tiro, Napoleón dormía en las Tullerías; en veinte días en Francia había recuperado el poder.

¿Por qué ayudó tanto a Napoleón ese tiempo de soledad? ¿Cómo fue su proceso de recuperación? ¿Qué aprendió de sus colaboradores? Lo primero que tuvo que aceptar Napoleón Bonaparte fue que tenía limitaciones. Luchó en todos los frentes y se rodeó de enemigos muy poderosos.

John C. Maxwell, en su libro Los 5 niveles de liderazgo, definió bien esta Ley del Tope:
Toda persona tiene un límite en su potencial de liderazgo. No todos estamos dotados por igual. El desafío que enfrentamos es crecer y desarrollar nuestro pleno potencial de liderazgo, aumentando así el límite de nuestra capacidad de liderazgo.

Napoleón había superado los límites de sus fuerzas físicas, de sus ejércitos y de la capacidad de sufrimiento de sus hombres por la causa del Imperio francés.

Dale Carnegie lo definía con la metáfora: «Si quieres recoger miel, no des puntapiés a la colmena».

Cuando llegó a la isla de Elba comenzó su proceso de cambio el «efecto Isla»: aceptación, reconstrucción, planificación y recuperación del liderazgo.

Primero aceptó que era un hombre derrotado. Su famosa frase encierra una gran verdad: «La victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana».

Después de unos primeros momentos difíciles en los que tuvo que recuperarse físicamente y asumir la traición de sus mariscales, enseguida se puso a buscar cómo reorganizar su mente y volver a implementar en pequeña escala su visión del gobierno. Construye carreteras (progreso), un teatro (cultura y educación) y un hospicio (derechos sociales).

Lo primero que hace Napoleón al enterarse de la situación en Francia, donde su sustituto Luis XVIII no termina de agradar ni a monárquicos ni a republicanos, es planificar su retorno. Su plan está trazado al detalle. Acude a una de sus ciudades afines, busca el apoyo de sus antiguos camaradas y después va a la conquista de París.

Una vez recuperado el poder corrige su primera idea, la que lo ha llevado a perderlo todo. Por ello dice a sus hombres en una verdadera declaración de intenciones:
Como en otro tiempo de Egipto, he regresado ahora porque la patria estaba en peligro […] No quiero hacer más la guerra. Es menester olvidar que hemos sido los amos del mundo […] Antaño, yo perseguí el fin de fundar Estados Unidos de Europa, y para esto era necesario permitir ciertas instituciones que debían garantizar la libertad de los ciudadanos. Ahora, mi única mira es el afianzamiento de Francia…

Steve Jobs hizo algo parecido al regresar a Apple, su empresa Next había sido comprada por su antigua compañía para utilizar su software. Jobs intentó volver a dominar su antigua compañía, pero sin utilizar su arrolladora personalidad. Se reunió con el gerente de aquel entonces, Gilberto Amelio, y simplemente ocupó su puesto:
Así pues, esa tarde y para su sorpresa, Amelio recibió una llamada de Jobs: Bueno, Gil, solo quería que supieras que he estado hablando hoy con Ed sobre todo este asunto y me siento muy mal por todo ello —afirmó—. Quiero que sepas que yo no he tenido nada que ver con este giro de acontecimientos. Es una decisión que ha tomado el consejo, pero me pidieron asesoramiento y consejo…

El «efecto isla» transformó la visión de Napoleón, le hizo superar sus debilidades físicas y emocionales, aceptar la traición de sus colaboradores, comenzar a aplicar sus habilidades, para después planificar su regreso y recuperar su puesto. Pero a veces la soledad escogida produce otros cambios fundamentales en la mentalidad del líder.

Veamos cómo la prisión transformó la vida de Nelson Mandela.

El efecto piedra

Nelson Mandela pasó diecisiete años en la prisión de la isla de Robben y descubrió cómo se partían las rocas del rencor.

La vida de un líder verdadero nunca es fácil. No importa que lo sea en el terreno de las finanzas, la política o la religión. Los líderes abren la marcha y enseñan el camino, por eso son los primeros en encontrar los obstáculos y luchar contra los antagonistas.

Siempre que te salgas del camino trillado por el resto de personas, te llamarán loco, temerario, raro, irresponsable o engreído. En el mejor de los casos te cubrirán de críticas, se mofarán de ti o puede que tu atrevimiento sirva para que alguien te reemplace, pero si el camino emprendido es el verdadero, al final terminarán todos por reconocer que fuiste el primero en llegar.

Muchos son los que pueden acercarse a nosotros para halagarnos cuando hemos tenido cierto éxito o servimos en algún cargo de relevancia, pero siempre serán muchos menos los que nos apoyen, cuando nadie crea en nosotros.

Nelson Rolihlahla Mandela fue uno de esos hombres que no cedió hasta ver sus sueños hechos realidad. Mandela era un joven perteneciente a la casa real de uno de los clanes que componían el complejo mosaico de tribus en Sudáfrica. Su padre, Gadla Henry Mphakanyiswa, era uno de los principales consejeros del rey Thembu.

Mandela fue el primer miembro de su familia en acceder a una educación occidental, de hecho fue su profesora la que le puso el nombre británico de Nelson, aunque sus padres le habían llamado Rolihlahla, que significa textualmente «alborotador». Sus padres eran cristianos y por eso le enviaron a una escuela metodista.

Mandela quedó huérfano de padre a los nueve años, pero la influencia de este le acompañaría toda su vida, ya que de él heredó el carácter rebelde y su deseo de justicia.

Mandela no se perdía ningún servicio religioso durante su infancia y adolescencia.

Estudió con ahínco, ya que sabía que de mayor se convertiría en uno de los consejeros del rey, como lo había sido su padre años antes. Tras su paso por la educación secundaria, estudió en la Universidad de Fort Hare, dedicada a la élite de los negros del país.

Durante esta etapa se mantuvo en una línea conservadora, alejada de las reivindicaciones del Congreso Nacional Africano, que se había creado en 1911 para defender los derechos de los negros en Sudáfrica.

Tras su llegada a Johannesburgo, la capital, para huir de un matrimonio arreglado por su familia, consiguió algún trabajo precario hasta lograr entrar en un bufete de abogados. Siguió formándose en el curso por correspondencia de la Universidad de Sudáfrica. Más tarde estudió en la Universidad de Witwatersrand, convirtiéndose en el primer estudiante negro del campus.

  • ¿Qué sucedió en la vida de este joven estudiante negro para que terminara en una de las peores cárceles de Sudáfrica? 
  • ¿Por qué abandonó su prometedora carrera de abogado y su futura acomodada vida por los más desfavorecidos? 
  • ¿Cómo superó la tentación del odio cuando llegó al poder?

Sudáfrica era un país basado en el odio y la desconfianza. Una desconfianza nacida entre las clases sociales, las razas, los grupos étnicos y nacionales.

  • El inglés desconfiaba del holandés, 
  • este del africano negro y 
  • este a su vez de la comunidad hindú que habían instalado los británicos por ser una fuerza de trabajo más dócil. 
Todo ese odio y desconfianza podía convertir al país en una verdadera bomba de relojería, por eso Mandela descubría la poderosa fuerza del amor. Sus palabras parecen cargadas de la autoridad que da la razón y la sabiduría del hombre que sabe perdonar: «El odio se aprende, y si es posible aprender a odiar, es posible aprender a amar, ya que el amor surge con mayor naturalidad en el corazón del hombre que el odio».

¿Dónde aprendió Nelson Mandela a amar?
La cárcel parece un lugar extraño para aprender a amar. Sobre todo cuando uno atraviesa las gruesas puertas de una prisión y nota la maldad que se respira dentro.

Durante unas semanas he estado visitando una cárcel en mí país para impartir un taller gratuito. Después de atravesar cuatro gruesas puertas y llegar hasta el pabellón de los reclusos te sorprenden dos cosas.

  • La primera es la angustia que produce el saberse encerrado y 
  • la segunda es el poco afecto o amor que hay dentro. 
Los hombres que acudieron al curso eran personas encantadoras, agradecidas y con ganas de aprender, pero, sin duda, en el día a día debe de ser duro para ellos estar encerrados. Sin nadie en quien confiar, intentaban pasar desapercibidos, pero al mismo tiempo haciéndose respetar por el resto.

Nelson Mandela estuvo acusado en varias ocasiones, pero logró evitar la cárcel o salir de ella tras un breve periodo. En el año 1962, las cosas iban a cambiar radicalmente.

¿Qué había sucedido? Tras su gira africana, su notoriedad había crecido y la presión que algunos países del entorno comenzaban a hacer contra el apartheid, hizo que su gobierno le viera como un peligro.

El arresto se produjo el día 5 de agosto, durante un viaje en coche con Cecil Williams. Mandela fue arrestado cerca de la ciudad de Howick y encarcelado en la prisión de Johannesburgo de Marshall Square. La acusación era incitación a la huelga y la salida del país sin permiso. Mandela ejerció como su propio abogado. El joven letrado quería convertir el proceso en un juicio contra el estado, pero el gobierno no cedió y fue sentenciado a cinco años de cárcel.

El paso del sacrificio, del líder que ocupa en sus propias carnes el lugar de su pueblo, convirtió a Mandela en un mito. Muchos hombres de Dios son admirados, pero muy pocos se convierten en un mito. Al fin y al cabo, el mito es siempre la creación de un sistema que otros pueden imitar y que funciona igual. El gobierno sudafricano estaba creando en su injusto sistema penitenciario a uno de los hombres más influyentes del siglo XX.

Un año más tarde de su encarcelamiento, el descubrimiento de unos papeles inculpatorios del partido fue la excusa perfecta para que la fiscalía aumentara su pena en un nuevo juicio. Ahora los cargos eran mucho más graves, ya que se le acusaba de sabotaje y conspiración para derrocar violentamente al gobierno.

Mandela llegó a pronunciar una famosa frase, tomada de otra persona, intentando demostrar su inocencia en el caso: «La historia me absolverá».

Mandela sufrió una derrota procesal, pero una amplia victoria moral. Tanto las Naciones Unidas como el Consejo Mundial de la Paz pidieron la anulación del juicio. Se produjeron protestas por todo el mundo. La situación de Sudáfrica saltaba al conocimiento de la opinión pública internacional.

La isla de Robben fue el terrible hogar de Nelson Mandela durante veinte años, pero también una terrible escuela de humildad y perdón.

La actitud de Nelson Mandela me recuerda las palabras del jefe de una gran multinacional que decía a sus empleados: «Caballeros, este año la estrategia será la honestidad»

Lecciones aprendidas
La honestidad de Nelson Mandela le llevó a una terrible cárcel de Sudáfrica, pero allí aprendió cuatro lecciones:

  1. lo que no te destruye te hace más fuerte, 
  2. el desarrollo de nuestro mundo interior es imprescindible para liderar, 
  3. el odio destruye y 
  4. el amor es la fuerza más poderosa del mundo.

La celda de Mandela era poco más que un cuchitril, con una cama en el suelo, una mínima mesita, una manta y un cubo para depositar sus necesidades. La mayor parte del tiempo el preso estaba aislado, ya que eran celdas individuales. De esta manera se buscaba minar la moral del condenado. Muchos hombres se vuelven locos al sentirse aislados; de hecho, el aislamiento es un castigo adicional a la prisión.

En la propia cárcel había discriminación racial. Los negros no se mezclaban con los blancos y recibían menos comida. Los presos políticos eran peor tratados que los comunes. En su biografía se describe el mal trato recibido durante su estancia en prisión.

A pesar de todo, descubrió que la prisión le hacía más fuerte. Cada día les obligaban a picar piedras; él se dio cuenta de que la piedra más dura es el corazón humano. Si era capaz de doblegar el suyo, no sucumbiría al odio ni al rencor.

Moisés fue uno de los ejemplos más claros de líder que ha de pasar por la soledad para recibir las instrucciones y leyes para dirigir al pueblo de Israel. El proceso de maduración del líder implica una soledad escogida, en la que poder meditar y poner en marcha nuestro proyecto.

La segunda cosa que aprendió Nelson Mandela fue el desarrollo de su mundo interior: la soledad, en este caso obligada, le ayudó a conocerse mejor a sí mismo, a controlar su ira, su frustración y hacer cambios en su hombre interior. El autocontrol, la disciplina, la paciencia son habilidades que ayudan a los líderes a llegar a sus metas.

La tercera lección de Nelson Mandela fue la superación del odio que destruye. Los negros odiaban a los blancos por todos aquellos siglos de esclavitud y opresión. Los blancos odiaban y temían a los negros, pensando que si los liberaban o les daban más libertad, tomarían venganza. Cuanto más se odiaban, más daño se hacían mutuamente. Por eso Nelson Mandela fomentó una gran campaña de reconciliación cuando llegó al poder. Él mismo había experimentado esa regeneración en la prisión.

Durante el periodo que pasó en la prisión de Pollmoor buscó tener una mejor relación con los guardas y el alcaide. Los miembros del gobierno comenzaron a reunirse con él secretamente, para llegar a pactos, pero él quería romper con el estado racista y que se avanzara en las reformas de integración de la población negra y no cedió. Cuando llegó al poder impidió cualquier clase de linchamiento hacia los blancos. La cadena del odio y de la venganza debía romperse definitivamente.

La cuarta cosa que intentó poner en práctica fue la fuerza del amor. No es suficiente con no odiar. Necesitamos amar, para poder relacionarnos con nuestro prójimo. No nos preocupará el bienestar o la mejora de la vida de las personas que nos rodean si no sentimos nada hacia ellas.

Jesús anunció esta verdad del amor incluso a los enemigos, para terminar con la desconfianza innata del hombre. Él declaró esta máxima: «Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas» (Mt 7.12).

Nuestro liderazgo debe aprender el «efecto piedra». La única manera de no sucumbir ante la envidia, el odio, el rencor y la ira es destruyendo para siempre esa piedra del orgullo que nos separa de los demás.
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Acusen a su madre...Porque ella ya no es mi mujer, ni yo soy su marido. Que quite sus fornicaciones de delante de su cara y sus adulterios de entre sus pechos. No sea que yo la desnude por completo y la ponga como en el día en que nació

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




OSEAS: LA ANGUSTIA DE LA INFIDELIDAD
Oseas: 
¿Puede alguien amar a una prostituta?

¿Puede alguien explicar las razones subjetivas por las cuales una persona ama a otra persona? Es mucho más fácil describir por qué uno no ama a un miembro del sexo opuesto. La mayoría de la gente no se siente inmediatamente atraída hacia una persona impura, egoísta, engañosa y mala.

Si es que una persona va a comprometerse con otra por el resto de su vida, quiere estar segura de que esa otra persona la ama y que va a dedicar su vida a esta relación. Muchos se retraerían ante el pensamiento de casarse con una prostituta o de restaurar una relación matrimonial con un cónyuge que pasó el último año trabajando en la prostitución masculina o femenina.

Algunos podrían llegar a la conclusión de que las prostitutas son despreciables e incapaces de tener un compromiso de amor profundo con otra persona. Su pecado es de alguna manera menos tolerable, más ofensivo, menos perdonable y más repugnante que otros pecados. Ocultar la verdad, hacer trampa en una prueba, no preocuparse por diezmar o la infidelidad a Dios, no parecen ser cosas tan graves. No obstante, Dios tiene la visión de que todos los pecados son falta de santidad, actos traicioneros que mellan una relación, una ruptura de un compromiso de amor con Él, una prostitución de lealtades.

A pesar de la gran infidelidad de los pecadores del mundo, Dios los amó de tal manera, que voluntariamente perdonó sus actos de prostitución a intereses egoístas, fama, fortuna, placeres, drogas, trabajo o popularidad. En esta condición pecaminosa de infidelidad, no hay cualidad que haga atractiva a las personas; no hay buenas razones que expliquen el amor de Dios. ¡Pero aun así, Dios amó! Lo horrendo del pecado exhibe la grandeza del amor de Dios.

El profeta se identificó con los sentimientos de dolor y de enojo por parte de Dios hacia un compañero de pacto infiel y con el gran amor de Dios por su pueblo. ¿Con qué frecuencia los mensajeros de Dios se identifican hoy en día con esta visión del pecado? Si no lo hacen, ¿no estarán minimizando las misteriosas maravillas del gran amor de Dios?

Entorno social
Contexto histórico
Oseas vivió durante el tiempo de Jeroboam II, rey de Israel, y de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá (Oseas 1:1). Alusiones históricas sugieren que el ministerio del profeta se extendió desde 755 hasta 725 a.C. Durante estos años, la condición política y militar de Israel sufrió un gran revés.

La posición de poder de la nación y la prosperidad bajo Jeroboam II colapsaron totalmente poco después del 725 a.C.

El profeta predicó en Israel en tres entornos diferentes.
El contexto más temprano precedió a la muerte de Jeroboam II, el gran nieto de Jehú (Oseas 1:4).
 Se encuentran señales de los prósperos días de este fuerte gobernante militar (2 Rey. 14:25) en las declaraciones positivas acerca de la tierra llena de lana, lino, vino, oro y plata (2:8-13).
Los ricos vivían en grandes fortalezas (Amós 3:15; 5:11) y tenían un falso sentido de seguridad en su poder militar (Amós 6:13,12-14).

El segundo período fue un tiempo de depresión económica y de debilidad militar. Varios reyes fueron asesinados (Oseas 7:7 ; Oseas 8:4) y la anarquía era común en Israel (2 Rey. 15:8-38). El rey asirio Tiglat-pileser III (745–727 a.C.) contribuyó a las aflicciones de la nación exigiendo tributos (2 Rey. 15:19,29). En 734–732 a.C. destruyó a Israel (y a Siria) por tratar de forzar al rey Acaz de Judá a unirse a una coalición antiasiria (2 Rey. 15:27-29: 16:5-9; Isa. 7; 2 Crón. 28). El terror en Israel durante esta guerra se reflejó en el sonido de la bocina (5:8-11; 8:1)3 y en la derrota de Israel (5:14).

Aunque el tercer período fue un poco menos caótico debido a la habilidad del rey Oseas para hacer alianzas prudentes con Egipto y Asiria (Oseas 8:9 ;  Oseas 9:3 ; Oseas 12:1 ; 2 Rey. 17:4), eventualmente Asiria se dio cuenta de su traición y destruyó a Israel (2 Rey. 17:5-6). El libro de Oseas no describe este desastre final (722/721 a.C.), pero el profeta probablemente lo vivió.

La estructura del orden social
Oseas vivió en Israel, la nación del norte. Samaria, la ciudad capital, y los templos con los becerros de oro tenían un efecto cultural dominante sobre la conducta y las creencias en Israel.

La visión de Oseas y la de su audiencia sobre la realidad objetiva estaba influida por la política foránea, la intriga política entre líderes y el sincretismo religioso que enseñaban los sacerdotes. Oseas estaba familiarizado con la agricultura (Oseas 2:5-12; Oseas 4:16; Oseas 5:14; Oseas 7:14; Oseas 8:7,9; Oseas 9:2,10; Oseas 10:1,4,11-13) y usó metáforas de animales y de la naturaleza (Dios es como un pastor en Oseas 13:5-6a, NVI; y como una osa en Oseas 13:8).

Los sermones de Oseas se basaron en los patrones sociales que regulaban:

  • el matrimonio, 
  • la manera de nombrar a los hijos, 
  • la vida familiar, 
  • los modos agrícolas de ganarse la vida, 
  • el mercado de esclavos, 
  • la adoración en el templo y 
  • la guerra. 
Muchos patrones culturales en Israel estaban influidos por el baalismo, porque la gente aceptaba sus maneras de entender la naturaleza, las costumbres sociales y el poder divino. Para comunicarse efectivamente con su audiencia, Oseas interactuó creativamente con el ritual y las creencias teológicas dentro de la mitología del baalismo.

La mitología y el ritual del baalismo contenían una cosmovisión que tenía ciertas similitudes con los puntos de vista hebreos (de otro modo ningún israelita hubiera creído nada de eso), pero incluía muchas ideas que contradecían sus antiguas tradiciones.

La gente pensaba que Baal era un dios (Oseas 2:13,17; Oseas 11:2), el poder divino que bendecía la tierra con fertilidad (Oseas 2:5,8-9; Oseas 7:14). Con metáforas sexuales, Baal proveía fertilidad enviando lluvia a la tierra, la diosa madre.

Hacía a las personas fructíferas (muchos hijos; Oseas 9:10-14), porque él era "baal", el "amo, esposo". La gente ofrecía sacrificios tanto a Dios como a Baal (Oseas 2:13; Oseas 4:13; Oseas 10:1; Oseas 11:2) y el ritual del templo incluía actos sexuales que imitaban y celebraban las acciones de Baal para traer fertilidad. Los actos de fornicación eran tanto físicos (con prostitutas) como espirituales (con otros dioses).

La ubicación social y el rol del profeta
Se sabe poco acerca del lugar de nacimiento del profeta, de su nivel social o de su ocupación antes de llegar a ser profeta. Las referencias frecuentes a Efraín (Oseas 5:3,5,11-14; Oseas 6:4,10; Oseas 7:1,8,11) y a ciudades en la nación del norte indican que Oseas vivió y dio sus sermones en Israel.


  • Oseas era un joven en edad para casarse cuando el Señor le pidió que representara la relación de Dios con Israel casándose con una mujer fornicaria (Oseas 1:2). 
  • Él experimentó los gozos del matrimonio y de tener hijos (Oseas 1:2-6), pero también tuvo angustias porque su esposa Gomer le fue infiel (Oseas 2:2-7). 
  • El amor de Oseas por su esposa se expresó en forma suprema al comprarla y sacarla de su condición de esclavitud sin esperanza (Oseas 3:1-3). 
A través de estas experiencias, Oseas aprendió acerca del profundo amor de Dios por Israel y de su angustia debido a que la nación rechazó su amor.

Es improbable que Oseas haya sido panadero (Oseas 7:4-7) o levita. Oseas declaraba ser un vigía profético lleno del Espíritu de Dios, pero algunos israelitas lo consideraban un necio insensato (Oseas 9:7). Cuando comunicaba el mensaje de Dios a su audiencia, Oseas trataba hábilmente de persuadir a sus oyentes para que transformaran su perspectiva cultural baalista.

Su uso de formas literarias del lenguaje fue fragmentario y sus discursos no eran idénticos en estructura a los de otros profetas. Parece que usó partes de un juicio por el pacto (Oseas 4:1; Oseas 12:2). También usó discursos de juicio (Oseas 8:1-3; Oseas 13:1-3), oráculos de salvación (Oseas 1:10-11; Oseas 14:4-8) y exhortaciones al arrepentimiento (Oseas 6:1-3; Oseas 14:1-3).

Dentro de estos sermones, se emplearon tradiciones teológicas para justificar sus acusaciones contra la nación, para identificar la base para las creencias tradicionales de Israel acerca de la realidad y para respaldar el nuevo mensaje teológico del profeta. Estas tradiciones le recordaban a su audiencia la experiencia de sus padres con Dios, integraban fracasos pasados con problemas presentes y explicaban por qué la conducta de ellos no era consistente con la revelación anterior por parte de Dios.

Interacción social
El libro de Oseas
El texto hebreo de los sermones de Oseas es difícil, pero algunas formas inusuales de escribir pueden ser peculiaridades dialécticas en lugar de deformaciones textuales. El fluir del pensamiento de un párrafo a otro no es siempre fácil de seguir, pero las secciones más grandes del libro están organizadas en forma amplia, alrededor de ciclos de acusaciones, castigos y ofertas de esperanza. Se emplearon señales retóricas de repetición, inclusiones y quiasmos para marcar el comienzo y el final de algunos párrafos (Oseas 2:4-15; Oseas 7:3-7; Oseas 8:9,13; Oseas 9:10-17; Oseas 11:5,11).

Algunos comentaristas cuestionan la autenticidad de los pasajes de esperanza y una cantidad de referencias a Judá, pero otros consideran que son una parte genuina del mensaje del profeta. La organización del texto en español puede bosquejarse en cuatro secciones principales:

I. Prostitución en la familia de Dios y en la de Oseas 1:1–3:5
A. La familia de Oseas simboliza la dividida familia de Dios 1:1–2:1
1. La prostitución destruye a las familias 1:2-9
2. La futura restauración de la familia de Dios 1:10–2:1
B. Contienda con esposas fornicarias 2:2-25
1. Esfuerzos para remover la prostitución 2:2-15
2. Futura restauración del pacto de Dios 2:16-25
C. Restauración de las familias de Oseas y de Dios 3:1-5
1. El amor trae de regreso a la esposa de Oseas 3:1-3
2. El amor trae a Israel de vuelta a Dios 3:4-5

II. La prostitución proviene de no conocer a Dios 4:1–6:6
A. Declaración en forma de juicio por el pacto 4:1-3
B. Cargos en contra del sacerdote y de la adoración 4:4-19
C. Juicio/guerra porque los líderes no conocen a Dios 5:1-14
D. Restauración posible si uno busca conocer a Dios 5:15–6:6

III. La prostitución contradice la devoción leal a Dios 6:7–11:11
A. Cargos contra líderes por pecados sociales 6:7–7:7
B. Cargos por volverse hacia otras naciones y no hacia Dios 7:8–8:14
C. Metáforas de destrucción total 9:1–10:15
D. La restauración es posible debido al amor de Dios 11:1-11

IV. La prostitución trae engaño para con Dios 11:12–14:9
A. Acusaciones de engaño, como en el caso de Jacob 11:12–13:6
B. Destrucción total de la nación 13:7-16
C. La restauración es posible si se vuelven a Dios 14:1-9

En estos sermones, Oseas intentó persuadir a su audiencia para que transformara su manera de pensar y su conducta, y no se conformara a los patrones culturales de los que seguían a Baal.
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domingo, 29 de mayo de 2016

Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera que le aten al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y lo hubieran echado al mar

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




Mi pastor dice que estoy en rebeldía contra Dios

VISOS DE UNO O VARIOS ... MUCHÍSIMOS ABUSOS ESPIRITUALES EN LAS CONGREGACIONES CRISTIANAS Y NO CRISTIANAS
Sara se sentó en la oficina de un consejero cristiano, y explicó que se sentía desesperada, que se estaba volviendo loca. «O es eso», dijo secamente, «o estoy en el umbral de un cambio radical importante en mi crecimiento espiritual».
«Esas son dos cosas completamente opuestas», señaló el consejero. «¿Cómo llegaste a esa conclusión?».

«Bueno», comenzó, con un nudo en la garganta, «fui a ver a mi pastor hace pocos meses porque me estaba sintiendo muy deprimida. Identificó el problema fundamental en seguida, pero parece que yo no puedo hacer nada al respecto».

«El problema fundamental…», el consejero repitió, «¿cuál fue?».

Sara bajó la mirada hacia la parte de arriba de sus zapatos: «Creo que debo decir que el problema, pues, soy yo. Mi pastor dice que estoy en rebeldía contra Dios».

Lo que resultó fue la historia de un caso desafortunado, y excesivamente común: La iglesia de Sara enseña que La Biblia es la Palabra de Dios, el estándar mediante el cual debemos vivir.

Pero la utilizan como una medida a través de la cual ganamos la aceptación de Dios, en lugar de como una guía para vivir. Por consiguiente, cuando le pidió a su pastor que la ayudara con su depresión, le dieron una «receta» de pasajes bíblicos de alabanza para memorizar y repetir una y otra vez. Esto, se le dijo, haría que pensara en Dios y que dejara de pensar en sí misma. La depresión se acabaría cuando superara su pecaminoso egocentrismo.

Sara había probado lo que el pastor le sugirió, pero su depresión no se acabó, y esto suscitó algunas preguntas. Observó que había un historial de depresión entre las mujeres de su familia, y que en ese momento ella estaba experimentando algunos problemas físicos. Además, le confió a su pastor que estaba batallando en sus relaciones con su marido, porque este no daba importancia a sus responsabilidades con sus dos adolescentes que estaban empezando a meterse en problemas.

—¿Cómo respondió él cuando le dijiste que su sugerencia no ayudó?
—Ahí fue cuando me arrojó la bomba—dijo Sara.
El consejero no dejó de notar la metáfora que ella eligió—la devastación que Sara intentaba retratar—y preguntó:
—¿Qué tipo de “bomba”?

El pastor le había dicho: «El hecho de que no aceptes mi consejo sin plantear todas estas objeciones y otras posibilidades fue la principal indicación para mí, Sara, de que la raíz de tu problema es espiritual, no físico o emocional. Cuando mencionaste que discutías con tu marido, en lugar de someterte a él y confiar en Dios, eso lo confirmó».

Concluyó que los demás problemas—depresión emocional, enfermedad física, problemas en el matrimonio y unos adolescentes conflictivos—eran el resultado de la incapacidad de ella de someterse completamente a Dios y a su Palabra.

Sara había intentado poner objeciones:
—Le dije que me sentía condenada. Que yo sentía que necesitaba ayuda de otro tipo.
—¿Qué sucedió?—el consejero la apremió.
—Eso empeoró las cosas. Mi pastor sonrió y dijo que yo no estaba dispuesta a aceptar sus consejos, así que eso probaba que él estaba en lo cierto. Ahí fue cuando me aplicó la palabra “R”. Dijo: «Sara, necesitas arrepentirte de tu rebelión contra Dios. Después todos esos problemas menores serán atendidos».
—Ese es un veredicto fuerte contra ti—el consejero observó—. ¿Qué opinas?

Las lágrimas le brotaron, y las secó suavemente con un pañuelo desechable. Luego se sentó estrujando el pañuelo y haciéndolo nudos mientras respondía:
—Me siento como una sabandija clavada en una cartulina con un alfiler. Trato de alabar a Dios; sí lo alabo. Pero el problema con mi marido y los niños es interminable. Y me enfurezco cuando soy sincera conmigo misma, porque solo repetir las Escrituras, mientras nuestra familia y nuestra salud se están cayendo a pedazos, me parece demasiado superficial.
«Pero luego despierto a media noche, escuchando las palabras de mi pastor. Y pienso que debo de ser una terrible cristiana—en rebeldía, como él dijo—o mi vida no sería semejante desastre. Él tiene razón, ¿no es así? La rebeldía es un pecado que todos afrontamos.

«Pero la perturbación en mí ha continuado durante cuatro meses, y me encontré pensando que debería meter la cabeza a nuestro horno de gas. Y en otras ocasiones creo que debo de estar en el umbral de un cambio radical para una mayor “santidad”… si pudiera alabar lo suficiente, o someterme lo suficiente. Pero no creo poder aguantar el tiempo necesario. Por eso me siento exhausta, y como que estoy perdiendo la razón. Ya no puedo soportar todo este peso—finalizó, en tono suplicante—. “Ayúdeme…”.

El dilema de Sara es similar a incontables casos con los que nos hemos encontrado, el cual representa un serio problema muy extendido entre los cristianos. El problema, tal como hemos llegado a conocerlo, es el abuso espiritual.

No hay duda de que el término en sí molestará, si es que no escandaliza, a mucha gente, aunque esta no sea la intención. Nuestra intención tampoco es ser alarmistas, aunque estemos haciendo un llamado de atención a la existencia de un problema.

Por consiguiente, es importante definir a qué nos referimos con abuso espiritual, y dejar claro desde el principio que cualquiera puede ser víctima, e incluso en ocasiones perpetrador, sin darse cuenta de lo que está haciendo.

Para empezar, examinemos las dinámicas que intervienen en la historia de Sara.

Anatomía del abuso espiritual
Podríamos señalar varios factores problemáticos: el pastor de Sara pasó por alto las dimensiones físicas, emocionales y relacionales de su problema y le dio un enfoque «espiritualizado» más limitado. Con poca investigación, supuso que conocía «el problema fundamental» de Sara, que había un «problema fundamental». Pero aquí intervienen más factores sutiles, y la sutileza es exactamente lo que da poder para que haya un gran daño.

Primero, examinemos el poder dinámico que interviene.
Sara voluntariamente se había hecho vulnerable al comentar un problema. Esto suponía, desde luego, que el pastor era más saludable en esa cuestión—o por lo menos tenía más conocimientos—y que podía ayudar. Debido a que ella se sentía débil en eso, lo que estaba buscando era la ayuda de alguien más fuerte. Añádele la posición de autoridad espiritual que tenía el pastor, y es fácil ver cómo las palabras de este tendrían doble peso en el pensamiento de Sara.

Y entonces, tristemente, lo que se le ofreció a Sara no fue ayuda. Aquí es donde entra una segunda dinámica: Se cambió sutilmente el enfoque del asunto.

Sara continuó hablando de su problema de depresión. El pastor trató el problema como si fuera Sara en persona. De acuerdo con el pastor, ella era «rebelde», así que ella era el problema. El enfoque lo cambió de la emoción a la persona, y el estado de los sentimientos de Sara al estado en el que se encontraba ella. La depresión ya no era el problema que juntos debían resolver; Sara misma era «el problema», etiquetada como una rebelde que necesitaba estar a la altura de cierta norma.

Sara nunca notó que no estaba recibiendo la ayuda que esperaba. En realidad cuestionaron y al parecer juzgaron su posición espiritual ante Dios.

En el fondo de este triste y doloroso encuentro quizá yace una dinámica más sutil: Sara cuestionó a una autoridad que se consideraba estar por encima de todo cuestionamiento, quizá incluso por encima de los errores.

Ahora bien, en un diálogo normal, por ejemplo, puedes malinterpretarme o no estar de acuerdo conmigo. Si cuestionas mi forma de pensar, y en realidad tu cuestionamiento corrige un error que estoy cometiendo, tu reto me es saludable. Me corrige. Y el simple hecho de que me cuestiones no te hace estar equivocado.

Lamentablemente, una serie de suposiciones más sutiles intervinieron contra Sara, y se presentaron de una manera parecida a esto:
Evidentemente este pastor interpretaba que su posición de autoridad significaba que sus pensamientos y opiniones eran supremos. Si él lo decía, la única respuesta correcta de ella era estar de acuerdo… definitivamente sin objeciones.

Segundo, se dio por hecho que los cuestionamientos de Sara provenían de un espíritu errado, no simplemente de un intento sincero de tener un diálogo con el pastor. En otras palabras, se asumió lo peor de ella, no lo mejor.

Más problemático que esto, francamente, fue el juego de poder que tuvo lugar. En resumen, Sara fue manipulada. No hay duda de que el pastor de Sara pensaba que solo estaba siendo honesto y directo con ella, tratando de «ayudarla» a ver el problema.

La manipulación entró en escena cuando Sara hizo una pregunta honesta, y él «hizo valer su autoridad». La actitud tácita con la que ella se encontró podría enunciarse mejor con palabras como estas: «Yo soy la autoridad, y porque soy la autoridad mis palabras no deben ser cuestionadas. El hecho de que las cuestionaste prueba que estás mal».

¿Qué revela esta actitud? Quizá inseguridad, frustración e ira sepultadas. También revela que el pastor, al menos en este encuentro, no estaba desempeñándose dentro de una posición compasiva a beneficio de Sara, aunque ella lo necesitaba a él. Por el contrario, al parecer se esperaba que ella afirmara y reafirmara estar de acuerdo, independientemente de cómo se sintiera y de si la valoración que él hizo de ella fuera o no atinada. Defender su posición de autoridad era lo que más importaba.

¿Qué es abuso espiritual?
Ser testigos de la angustia espiritual ocasionada por dinámicas como estas, una y otra vez, es lo que nos llevó a acuñar el término abuso espiritual. Una vez ilustrado con un caso para estudio, ahora definamos y apliquemos el término.

El abuso espiritual es el maltrato hacia una persona que tiene necesidad de ayuda, de apoyo o de mayor poder espiritual, lo que resulta en el debilitamiento, el menoscabo o el decaimiento del potencial espiritual de esa persona.

Esto es una perspectiva amplia. Refinémosla con algunas definiciones funcionales. El abuso espiritual puede ocurrir cuando un líder utiliza su posición espiritual para controlar o dominar a otra persona.

Con frecuencia implica pasar por encima de los sentimientos y opiniones de otro, sin importar qué consecuencias habrá en las condiciones de vida, las emociones o el bienestar espiritual de la otra persona. En esta práctica, se utiliza el poder para reafirmar la posición o las necesidades de un líder, por encima de la persona que se acerca a él con necesidades. Esto fue lo que ocurrió en el caso de Sara.

El abuso espiritual también puede ocurrir cuando se recurre a la espiritualidad para hacer que otros vivan a la altura de un «estándar espiritual». Promueve un «desempeño espiritual» externo, sin respetar el verdadero bienestar de un individuo, o se utiliza como un medio para «probar» la espiritualidad de una persona.

¿En qué consiste el tipo de «desempeño espiritual» al que nos estamos refiriendo? ¿Cuándo sobrepasa sus límites una autoridad, al extender críticas cuando lo que se necesita es apoyo? Escucha las experiencias de estos cristianos, heridos y abrumados por un peso excesivo debido a las demandas de sus líderes y su «espiritualidad», y quizá obtengas un panorama más claro.

«Mi líder de estudio bíblico me dice que yo no he aceptado el “manto” como cabeza espiritual de mi hogar. Debería estar orando más, tomando autoridad en el Espíritu; entonces las fuerzas espirituales no podrían atacar a mi familia. Mi esposa no estaría teniendo problemas menstruales, y mi hijo mayor no estaría padeciendo asma. Creo que la enfermedad de ellos es culpa mía».

«Muchos de nosotros queríamos más información respecto a cómo se estaban gastando las finanzas de la iglesia. Queríamos saber si podría destinarse más dinero directamente a los ministerios, caridades, cosas como esas. Cuando en una reunión de ancianos hice algunas preguntas, vaya, el cuarto sí se puso helado. Posteriormente se me dijo que dejara de tratar de crear una facción en la iglesia».

«Habíamos vendido nuestra casa y nos habíamos cambiado al otro lado del país para que yo pudiera trabajar para este importante ministerio. Después de un año empezaron con esto del peso. Debido a que tengo sobrepeso, se me dijo que tenía que bajar de peso porque tener sobrepeso es “un mal testimonio”. Mis aumentos de sueldo y hasta mi empleo estaban en peligro».

«La congregación me hizo saber que estaban decepcionados de mí porque pedí dos meses sabáticos, aun cuando he estado pastoreando aquí durante doce años, básicamente disponible día y noche, y nunca he tomado siquiera dos semanas de vacaciones al mismo tiempo. Me siento demasiado desanimado».

«Nuestra iglesia se metió en este fuerte énfasis en tener escuela en casa y familias grandes. También en que las mujeres se cubran la cabeza para mostrar que están bajo sumisión; y nada de maquillaje. Finalmente surgió. Nuestros amigos nos dijeron que no somos espirituales porque nuestro hijo está en escuelas públicas, y que yo soy “mundana” porque uso sombra para los ojos y lápiz labial».

«La controversia empezó—¿puedes creerlo?—cuando traje a colación una pregunta en la Escuela Dominical. Estábamos debatiendo sobre un tema doctrinal, la predestinación, del cual siempre pensé que era un tema ambiguo. No estuve de acuerdo con el maestro, dentro de un espíritu amistoso. Pero dos días después, el coordinador de ministerios de la iglesia me dijo que yo había estado muy “polémico” con el maestro en frente de todos; que ellos me agradecerían si dejaba las clases hasta nuevo aviso».

«Mi marido está convencido de que yo debo orar una hora al día, utilizando una “fórmula de oración” en la que él se había especializado. Le dije que la probé y que no me pareció adecuada para mí. Todo lo que me dijo fue: “Este es todo tu problema. No puedes aceptar nada por fe”. Me siento tan… por debajo del estándar».

En cada uno de estos incidentes intervino una dinámica similar. A la persona con una necesidad—ya fuera la necesidad de información, diálogo, apoyo, aceptación o consejo—se le envió el mensaje de que era menos que espiritual, o de que su espiritualidad tenía defectos. En varios casos, se ha recurrido a la vergüenza en un intento de hacer que alguien apoyara una creencia, o se recurrió a ella para esquivar preguntas legítimas.

Espero que hayas notado, como en el caso del pastor cansado, que el abuso espiritual se puede adjudicar lo mismo a líderes que a seguidores. De ninguna manera estamos atacando a líderes o al liderazgo espiritual. Estamos exponiendo un fenómeno que está hiriendo a muchos.

Cualquiera que sea el caso, los resultados del abuso espiritual suelen ser los mismos: El individuo se queda con el peso de la culpa, del veredicto o de la condenación, y se queda confundido respecto a su valor y posición como cristiano.

En este punto es cuando decimos que la espiritualidad se ha vuelto abusiva.
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