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sábado, 14 de mayo de 2016

Pablo, prisionero de Cristo Jesús, y el hermano Timoteo; a Filemón el amado y colaborador nuestro, a la hermana Apia, a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




Onésimo, Pablo, Filemón y Timoteo: Hermanos en Cristo



EL HERMANO TIMOTEO y LA EPÍSTOLA A FILEMÓN

Pablo es el responsable de la Epístola, pero ha querido incluir en la autoría al hermano Timoteo.

El apóstol le concede lo que es quizás el título más sencillo y entrañable en la comunidad de la fe: le llama hermano. Luego, hablando de otros compañeros, empleará otros sustantivos: colaborador, compañero de milicias, hijo, compañero de prisiones. Pero ahora, al hablar de aquella persona que más supo comprender al apóstol y estar a su lado, le llama sencillamente hermano, lo cual demuestra toda la fuerza de especial afecto y ternura que puede haber en aquella palabra.

Puesto que la relación fraternal servirá de base para las peticiones de Pablo a Filemón —Pablo le llamará hermano en el versículo 20 y le pedirá con respecto a Onésimo que le reciba ya no como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado (v. 16)—, es apropiado que desde el primer momento de la carta Pablo empiece hablando de consiervos suyos como hermanos.

Ésta es la vinculación básica que une a los creyentes entre sí. Es la que nos da derechos y privilegios en la familia de Dios, pero también responsabilidades ante los demás. Por esto podemos contar los unos con los otros, a veces sin apenas conocernos, y ayudarnos mutuamente: porque somos hermanos. Ésta es la base de la apelación a Filemón y es la base de la relación entre Timoteo y Pablo.

¿Y por qué es mencionado Timoteo y no los otros compañeros? Probablemente porque a estas alturas Timoteo no es el aprendiz que salió de Listra como compañero de Pablo hacía muchos años, sino el consiervo y consejero en cuyos criterios Pablo deposita mucha confianza.

Tanto en la situación que tiene que afrontar en la Epístola a los Colosenses como en la de Filemón, es posible que Pablo haya buscado en Timoteo a un compañero con el cual compartir sus pensamientos. Sin duda, los dos pasaron tiempo hablando de estas situaciones y ahora Pablo quiere reconocer el lugar que el consejo, discernimiento y sabiduría de Timoteo ocupan en la redacción de las cartas.

Si bien éstas llegan con la fuerza de su propia autoridad apostólica —y son escritas mayormente en primera persona del singular— llegan con el respaldo de Timoteo. Son fruto de la reflexión de dos destacados y reconocidos líderes espirituales. Por lo tanto, hay doble razón para prestar atención a lo que dicen.
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viernes, 13 de mayo de 2016

La voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




CURVAS QUE DESVÍAN HACIA EL ABISMO
LA ALARMA ESTÁ DADA - HUYE!!!

Al viajar por las carreteras encontramos señales que nos advierten de peligros potenciales que ponen en riesgo nuestra vida. Nos alertan y previenen para que disminuyamos la velocidad o, en algunos casos, nos detengamos. El propósito de las señales es evitar tragedias.

El conductor sabio hace caso, disminuye la velocidad, y aplica la precaución correspondiente. Una de esas señales es: “Curvas peligrosas”.

Al viajar por el camino de la vida, especialmente quienes estamos en liderazgo en el cuerpo de Cristo, nos damos cuenta de que Dios ha puesto “señales” para que evitemos desgracias. A menudo vemos sitios marcados con cruces en las vías públicas donde algunos murieron por falta de precaución.

El motivo de escribir sobre este tema es salvar a los siervos de Dios, pastores y otros líderes (y creyentes en general), de la desgracia de caer en una de las trampas más sutiles y efectivas que nuestro enemigo, Satanás, ha podido usar contra nosotros: la inmoralidad, el pecado sexual.

Las cifras que presentaremos son alarmantes (aunque algunas estadísticas son tomadas de los Estados Unidos), de muchas denominaciones, grupos y ministerios, nos dan un cuadro general de la problemática que vive el cuerpo de Cristo en todo el mundo. (Las estadísticas son más accesibles en ese país debido a estudios y encuestas realizados). Aunque las estadísticas pueden variar por factores culturales o sociales, sospecho que no son muy
diferentes de otros países del mundo.

La naturaleza humana, con sus debilidades y tendencias, sigue siendo igual en todos los ámbitos culturales del planeta. Algunos de los casos citados son de líderes de América Latina.

Las palabras de Cristo en Mateo 26:41 hacen eco en nuestros tiempos con resonante impacto: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”.

La mayoría de las personas que caen moralmente no tienen intenciones de hacerlo. Es más, afirman que ese tipo de situación no es problema para ellos, que tienen control de sus emociones, acciones y decisiones.

Sin embargo, al sentirse fuertes y en control bajan la guardia y luego, cuando menos lo esperan, una tentación los atrapa y caen. “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Cor. 10:12).

El pecado sexual sólo lleva hacia la tragedia, y el precio es demasiado elevado.
Aunque se habla de otros tipos de pecado sexual que pueden atrapar a los líderes, el enfoque es principalmente en la inmoralidad (fornicación) y el adulterio, la infidelidad matrimonial.

Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón (Prov. 28:13 NVI).

Nadie está exento de caer en este tipo de tentación, absolutamente nadie. El pastor y escritor Bill Perkins dijo: “Si crees que no podrías caer en este pecado, entonces eres más santo que David, más fuerte que Sansón, y más sabio que Salomón”.

Otro líder de mucha experiencia declaró a un grupo de pastores: “Es probable que haya por lo menos una docena de mujeres en tu iglesia dispuestas  a acostarse contigo”. Las tentaciones son muchas, sutiles y fuertes. Son muchos los que han caído en ellas, pero hay esperanza.

Si los líderes cristianos reconocemos los peligros y hacemos caso a las señales de advertencia,
podremos salvarnos de la desgracia, el dolor, la angustia, y la vergüenza de una caída moral.

Salvar siquiera a un solo líder de esa desgracia valdrá la pena, y hará que todos nuestros esfuerzos sean recompensados.

Nos dirigimos a tres clases de personas:
1) A quienes en este tiempo están practicando algún tipo de pecado sexual y están pisando un        terreno peligroso, para que sepan escapar de la trampa y restauren la pureza moral en sus            vidas;

2) A quienes no han caído, para que les sirva de prevención y ánimo para evitar la trampa, y

3) A quienes ayudan a otros a ganar la batalla de la tentación sexual. Mi deseo es que todo líder     y todo creyente en Cristo esté consciente del peligro, y tome en cuenta las señales,                     especialmente las de “curvas peligrosas”.


“...la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os
apartéis de fornicación; Pues no nos ha llamado
Dios a inmundicia, sino a santificación”.
1 Tesalonicenses 4:3, 7

G. Lloyd Rediger, consejero de pastores, calcula que el 10% de ministros son culpables de pecado sexual, y que a otro 15% les falta poco para cruzar la raya.

Nadie está exento de la posibilidad de una caída moral—absolutamente nadie.


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Tengan por sumo gozo cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia...el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




Aspectos íntimos de la Epístola de Santiago
                                  SANTIAGO...UNA EPÍSTOLA GENERAL ¿MAS?
Santiago comienza su carta con un encabezamiento y un saludo (Santiago 1:1), emplea los pronombres vosotros y nosotros a lo largo de su epístola y con frecuencia apela a sus lectores llamándolos “hermanos míos amados” o “hermanos míos”. 
El no identifica por nombre a ninguno de los destinatarios, no aporta información personal acerca de ellos ni menciona ningún detalle personal acerca de sí mismo. Concluye la epístola sin una bendición y un saludo final.

Esta carta no es, entonces, un documento personal sino más bien una epístola general. 
Las epístolas generales del Nuevo Testamento (las de Pedro, Juan y Judas y la Epístola a los hebreos) y otras cartas, preservadas durante siglos en las arenas de Egipto pero recientemente descubiertas, tienen la misma forma literaria. 

Algunos eruditos desean establecer una distinción entre los términos epístola y carta. Estos sostienen que las cartas por lo general exhiben temporalidad, en tanto que las epístolas muestran permanencia y universalidad. Otros, empero, consideran que estos términos son sinónimos.
1. Un discurso
Si usamos el término carta o epístola tenemos que describir lo que dicha palabra significa. ¿Es una carta el equivalente de un discurso o de un sermón? Consideremos primeramente esta pregunta, ¿es la epístola de Santiago un discurso? Algunos eruditos han señalado que esta epístola se parece a una diatriba. 
La diatriba, un tipo de discurso caracterizado por la ironía, la sátira y el uso de motes, era común en los círculos helenísticos. 
Algunos estudiosos han detectado similitudes entre las diatribas griegas y la epístola de Santiago, como el uso de preguntas retóricas, ejemplos tomados de la naturaleza y de la historia, juegos de palabras, el uso de la aliteración y la asonancia, analogías, refranes y citas.

Aunque las similitudes son obvias (véase, por ejemplo, la serie de breves preguntas, preguntas retóricas y mandamientos que se encuentran en Santiago 4:1–10), lo cierto es que Santiago no es un helenista sino un judío. 

Santiago es un escritor inspirado que en su epístola presenta la revelación de Dios. 
A causa del contenido sagrado de su carta tanto el sarcasmo amargo como la ironía y el uso de motes—rasgos característicos de las diatribas helenísticas—están ausentes. 

Por consiguiente, llegamos a la conclusión de que la Epístola de Santiago no debe ser considerada un discurso con el estilo de una diatriba. Entonces, si no es un discurso, ¿podemos llamar a esta carta un sermón?
2. Un sermón
El apóstol Pablo da instrucciones a la iglesia de Colosas de que lean la carta que les envió y que luego hagan un trueque con la carta que él envió a la iglesia de Laodicea (Col. 4:16). Y en su primera epístola a la iglesia de Tesalónica le dice a los creyentes: “Os encargo ante el Señor que este carta sea leída a todos los hermanos” (1 Ts. 5:27). 
Las cartas dirigidas a iglesias o individuos eran escritas “para ser leídas en la iglesia en voz alta”. Presumiblemente, la carta que Santiago envió a “las doce tribus dispersas entre las naciones” (Santiago 1:1) era leída en los cultos como un sermón del Pastor Santiago.

La Epístola de Santiago puede dividirse en dos partes aproximadamente iguales; 
  • los primeros dos capítulos constan de cincuenta y tres versículos y 
  • los últimos tres de cincuenta y cinco versículos. 
Las dos partes son, en efecto, dos sermones sucesivos que tocan temas comunes. 

Después del saludo, el primer sermón se inicia y concluye con el tema de la fe (Santiago 1:3; Santiago 2:26). 

El segundo comienza haciendo notar que nosotros, los que enseñamos, seremos juzgados, puesto que todos nosotros tropezamos con lo que decimos (Santiago 3:1–2), y termina aconsejando que al pecador se le convenza del error de su camino (Santiago 5:20). En suma, la Epístola de Santiago está compuesta por dos sermones.

Además, los sermones judíos de los primeros siglos de la era revelan similitudes notables con la carta que Santiago escribió a su grey dispersa. Estos sermones utilizan el diálogo, el método de dirigirse a los oyentes de las sinagogas llamándolos hermanos y los numerosos temas que se mencionan en la carta de Santiago.

No puede pasarse por alto la posibilidad de que Santiago haya predicado ante el auditorio de una sinagoga (Santiago 2:2) este material sermónico, el cual eventualmente se transformó en epístola. 

Esta epístola encarna las características de un sermón, pero el encabezamiento y saludo al principio de la carta hacen que no sea un sermón sino una epístola.
B. ¿Cuáles son las características de la epístola?
Principalmente, las características de esta carta son estilísticas y culturales.
1. Características estilísticas
En primer lugar, aunque la epístola esté escrita en un griego que puede compararse favorablemente con el mejor del Nuevo Testamento (es decir, con el griego de la Epístola a los hebreos), su estilo literario muestra un colorido peculiarmente hebraico. He aquí un ejemplo de paralelismo hebraico:
Santiago 1:9
Santiago 1:10a
el hermano
pero el
de condición humilde
que es rico
debería enorgullecerse
debería enorgullecerse
de su alta posición
de su baja posición
Otros ejemplos aparecen en Santiago 1:15, 17, 19–20, 22–23; Santiago 2:22; Santiago 4:7, 10.

En segundo lugar, la carta está llena de imperativos
Alguien ha llegado a contar 54 de ellos. El uso frecuente del imperativo indica que el escritor es una persona que habla con autoridad, y que cuenta con el respeto de los miembros de su iglesia. Al mismo tiempo demuestra su amorosa preocupación pastoral por aquellos a quienes se dirige.

En tercer lugar, el escritor comunica su mensaje eficazmente por medio de numerosos ejemplos y comparaciones tomados de la naturaleza y de la vida humana
En el primer capítulo, por ejemplo, se refiere 
  • al viento y a las olas, 
  • al sol naciente y al calor quemante, 
  • a la planta y a su flor, 
  • a las luminarias celestiales y a las sombras cambiantes, 
  • a la imagen del espejo y al dominio de la lengua. 
El estilo de esta epístola es atrayente: captura y retiene la atención del lector porque las imágenes que utiliza son naturales.

Finalmente, Santiago vincula oraciones y cláusulas repitiendo un verbo o un sustantivo. Hasta en la traducción esta característica estilística es evidente. Nótese este ejemplo tomado de Santiago 1:13–15:
Al ser tentado, ninguno diga: “Soy tentado por Dios”. Pues Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta a nadie; cada uno es tentado cuando es arrastrado y seducido por su propio mal deseo. Entonces, cuando el deseo ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, cuando ha crecido totalmente, da a luz la muerte.
2. Características culturales
Santiago y sus lectores están totalmente familiarizados con los nombres que aparecen en la historia del Antiguo Testamento: Abraham, Isaac, Rahab, Job y Elías. 
La inclusión de estos nombres es una indicación preliminar de que Santiago dirige su carta a lectores cristianos de orígen judío.

A lo largo de su epístola, Santiago hace referencia a las tres partes del canon del Antiguo Testamento—
  • la Ley, 
  • los Profetas y 
  • la Literatura Sapiencial. 
Al dirigir la atención de sus lectores a la totalidad de la ley, los exhorta a guardarla (Santiago 2:10). Además, en cuanto a tener paciencia frente al sufrimiento, el escritor les dice que tomen como ejemplo a los profetas (Santiago 5:10). Y cuando les recuerda la perseverancia de Job, está haciendo alusión a la literatura sapiencial (Santiago 5:11).

Estas referencias indican que el Antiguo Testamento era un libro que tanto el escritor como los lectores conocían bien. 

Santiago y los destinatarios de esta carta pertenecían a las doce tribus (Santiago 1:1). Ellos eran el pueblo que Dios había escogido “para heredar el reino” (Santiago 2:5). Ellos eran el pueblo que llamaba a Abraham “padre” (Santiago 2:21).

Santiago también habla de “las lluvias del otoño y de la primavera” (Santiago 5:7). Esta es una descripción que cuadra bien con el clima de Israel, no así con el de otros países que rodeaban el Mar Mediterráneo. Por consiguiente, el escritor revela que vive en Israel y que los lectores también tienen allí su orígen.
C. ¿Quiénes fueron los primeros lectores?
Los lectores eran judíos, tal como lo indica claramente la carta: “A las doce tribus dispersas entre las naciones” (Santiago 1:1). La designación doce tribus es una referencia bíblica a Israel (Ex. 24:4; Mt. 19:28; Lc. 22:30; Hch. 26:7; Ap. 21:12) que debería ser interpretada de un modo figurativo y no literal. Santiago se dirige a representantes de estas doce tribus que, a causa de la obra de Cristo, son ahora el nuevo Israel.

De hecho, Santiago llama hermanos a los lectores que son “creyentes en nuestro glorioso Señor Jesucristo” (Santiago 2:1). Se trata de judíos cristianos que viven “dispersos entre las naciones” (Santiago 1:1), pero que no obstante saben que son el pueblo de Dios. Santiago no aporta en su epístola ninguna evidencia de estar dirigiéndose a cristianos gentiles. Los lectores de esta epístola son exclusivamente judíos, a excepción de los ricos opresores a quienes Santiago reprocha (Santiago 5:1–6).

Los destinatarios de esta epístola son judíos; ellos se congregan para el culto en una “reunión”—una traducción de la palabra sinagogue (Santiago 2:2). 

Se los llama “pueblo adúltero” (Santiago 4:4); el original griego tiene la palabra adultera (santiago 4:4), que es obviamente una figura tomado del Antiguo Testamento que tiene que ver con el contrato de casamiento entre Dios (como esposo) e Israel (como esposa). 

Entienden también el término hebreo Sabaoth, que en la versión que utilizamos en esta obra se traduce “Todopoderoso” (Santiago 5:4). Además, ellos llaman a los ancianos de la iglesia para que los visiten y para que oren por los enfermos (Santiago 5:14). 

Pero esta iglesia no tiene supervisores. 
La expresión supervisor (véase Hch. 20:28; Fil. 1:1; 1 Ti. 3:2; Tit. 1:7; 1 P. 2:25) encuentra su orígen en aquella parte de la iglesia cristiana que tenía membresía de origen gentil. El término anciano, por otra parte, nos recuerda al de los líderes de Israel que se llamaban ancianos; este término refleja, por lo tanto, una influencia judía.

Estos judíos, entonces, son cristianos. 
El escritor se presenta como “siervo de Dios y del Señor Jesucristo” (Santiago 1:1). Aparte de dirigirse a los lectores como a hermanos que creen en Jesucristo (Santiago 2:1), escribe que Dios ha escogido “hacernos (al escritor y a sus lectores) nacer por la palabra de verdad” (Santiago 1:18, bastardillas añadidas). Los lectores pertenecen a Jesús, cuyo buen nombre es calumniado (Santiago 2:7).

Estos cristianos judíos habían sido dispersados entre las naciones. Aunque la expresión dispersos aparece solamente en Juan 7:35, Santiago 1:1, 1 Pedro 1:1, la misma tiene un paralelo verbal en el relato escrito sobre la persecución de la iglesia en Jerusalén. 

Después de la muerte de Esteban, la iglesia de Jerusalén fue dispersa por toda Judea, Samaria (Hch. 8:1), hasta llegar a Fenicia, Chipre y Antioquía (Hch. 11:19). Es entonces por medio de Hechos que sabemos que los cristianos dispersos eran judíos que habían sido expulsados de Jerusalén.

Si damos por sentado que Santiago escribió su epístola a judíos cristianos que fueron perseguidos después de la muerte de Esteban, entonces la conclusión lógica es que esta epístola proviene de la primera parte del primer siglo. 

Además, los lectores eran judíos cristianos cuya lengua nativa era el griego y que encontraron refugio en países de habla griega al norte de Israel: Fenicia, Chipre y Siria.

Santiago escribió una carta pastoral a estos creyentes dispersos que antes de la persecución pertenecían a la iglesia de Jerusalén. El sabía que ellos vivían en la pobreza, trabajando para ricos hacendados que los explotaban. Algunos de ellos eran mercaderes, pero todos experimentaban dificultades. Santiago respondió a sus necesidades escribiendo una carta pastoral.
D. ¿Quién escribió esta epístola?
El saludo de introducción informa al lector que Santiago es “un siervo de Dios y del Señor jesucristo” (Santiago 1:1). Este saludo en sí mismo da poca información acerca de la identidad del escritor. ¿Quién es él? ¿Qué dice el Nuevo Testamento acerca de Santiago?
1. Evidencia del Nuevo Testamento
Nombre
El Nuevo Testamento menciona a varias personas que se llaman Santiago. Estas son 
  • el hijo de Zebedeo (Mt. 10:2 y paralelos; Hch. 1:13; 12:2); 
  • el hijo de Alfeo (Mt. 10:3 y paralelos; Hch. 1:13); 
  • Santiago el joven (Mr. 15:40); 
  • el padre de Judas (no el Iscariote [Lc. 6:16; Hch. 1:13]); 
  • el hermano de Judas (Judas 1); y 
  • el medio hermano de Jesús que llegó a ser líder en la iglesia de Jerusalén (Mt. 13:55;       Mr. 6:3: Hch. 12:17; 15:13; 21:18; 1 Co. 15:7; Gá. 1:19; 2:9, 12). 
Si el hermano de Judas (Judas 1) y Santiago, el medio hermano de Jesús, son la misma persona, el número queda reducido a cinco hombres que llevan ese nombre.

a. “Santiago el hijo de Zebedeo”. 
Santiago y su hermano Juan recibieron el nombre de Boanerges, que significa “Hijos del trueno” (Mr. 3:17). 

Aparte de la lista de apóstoles que encontramos en los Evangelios y en Hechos, su nombre aparece en Hechos 12:2, dónde Lucas informa al lector que el rey Herodes Agripa I “hizo matar a espada a Santiago, el hermano de Juan”. Esto sucedió en el año 44 d.C. durante la Fiesta de los Panes Acimos. 

Si Santiago el hijo de Zebedeo hubiese escrito la epístola de Santiago, hubiésemos esperado más información interna y externa. En vez de llamarse a sí mismo “un siervo de … Jesucristo”, él hubiera usado el título de apóstol de Jesucristo. La iglesia primitiva hubiese recibido y atesorado esta epístola como un escrito apostólico.

b. “Santiago el hijo de Alfeo”. 
Sólo conocemos a este apóstol a partir de las listas de los apóstoles que encontramos en los Evangelios y Hechos. 

El Nuevo Testamento guarda silencio acerca de la vida y obra de esta persona. Si este apóstol hubiese escrito la epístola, hubiese aportado una mayor identificación. Además, si esta epístola hubiese sido escrita por un apóstol, la iglesia habría recordado este hecho.

c. “Santiago el menor”. 
Según el Evangelio de Marcos 15:40, Santiago, José y su hermana Salomé eran hijos de María. Santiago es identificado como “el menor”—una referencia a su edad o a su estatura. Nada sabemos acerca de la vida de Santiago el menor. Su madre era presumiblemente la mujer de Cleofas (Jn. 19:25).

d. “Santiago el padre de Judas”. 
Nada se sabe acerca de esta persona en particular, a excepción de que él era padre del apóstol Judas (no el Iscariote).

e. “Santiago el [medio] hermano del Señor. 
Los escritores de los Evangelios lo mencionan como uno de los hijos de María, la madre de Jesús (Mt. 13:15; Mr. 6:3). 

Durante el tiempo del ministerio terrenal de Jesús, él y sus hermanos no creyeron en Jesús (Jn. 7:5). Santiago llegó a ser creyente cuando Jesús se le apareció después de la resurrección (1 Co. 15:7). 

Después de la ascención de Jesús, él estuvo presente con sus hermanos y los apóstoles en el Aposento Alto (Hch. 1:14). 

El asumió el liderazgo de la iglesia de Jerusalén después que Pedro fuera liberado de la prisión (Hch. 12:17), habló con autoridad durante la asamblea llevada a cabo en Jerusalén (Hch. 15:13), fue reconocido como cabeza de la iglesia (Gá. 1:19; 2:9, 12) y se encontró con Pablo para escuchar su informe acerca de las misiones al mundo gentil (Hch. 21:18). La tradición enseña que este dirigente influyente y estimado fue quien escribió la epístola.

Las objeciones en contra del punto de vista tradicional de que fue Santiago, el hermano de Jesús, quien escribió esta epístola, se han presentado con los siguientes argumentos:
a. Un galileo cuya lengua natal fuese el arameo no podría haber escrito una carta en un griego tan culto
Esta objeción, sin embargo, no es tan crucial como parece si tenemos en cuenta la profunda influencia griega que había en Galilea. 

La habilidad lingüística de Santiago no es conocida, pero no es remota la posibilidad de que fuese bilingüe. “El verdadero punto en cuestión debe ser el de la educación. Si tenemos en cuenta que Galilea era una región que tenía muchas ciudades griegas y no judías, y que hay amplia evidencia del uso del griego por parte de los judíos a lo largo de Palestina, entonces no hay razón para suponer que Santiago no pudiese hablar fluidamente el griego”. 

Ni siquiera el asunto de la educación es convincente; téngase en cuenta, por ejemplo, que un zapatero remendón e inculto llamado John Bunyan escribió El Progreso del Peregrino, que es considerado un clásico del idioma inglés. El argumento de que Santiago no pudo haber escrito una carta parece carecer de fundamento.

b. Santiago se identifica como siervo de Jesús, no como hermano. 
Si él hubiese sido dirigente de la iglesia de Jerusalén, pudo haber indicado tal cosa en el saludo de introducción. Sin embargo, otros escritores de epístolas del Nuevo Testamento omiten en sus encabezamientos referencias acerca de sí mismos y a sus cargos. 

Además Santiago consideraba su relación con Jesús no desde el punto de vista físico como hermano, sino desde el punto de vista espiritual como siervo. A todo lo largo de la epístola, la autoridad inherente a la posición del escritor en la iglesia es inequívoca e innegable. Ya conocido por los lectores de este documento, Santiago no se ve obligado a identificarse como líder de la iglesia de Jerusalén.
Lenguaje
Si suponemos que Santiago, el dirigente de la iglesia de Jerusalén, es el escritor de esta epístola, nos conviene examinar el discurso que él hizo durante la asamblea llevada a cabo en Jerusalén, y la carta que compuso en dicha ocasión (Hch. 15:13–29). 
Por ejemplo, a Pedro él lo llama Simón (en el griego, Hch. 15:14), nombre que sólo vuelve a aparecer en 2 Pedro 1:1. “Si tenemos esto en cuenta, llegamos a la conclusión de que las palabras mismas del orador están registradas, ya sea en forma original o en una traducción; y entonces se transforma en un asunto de interés saber si hay algún parecido entre el lenguaje de nuestra epístola, el del discurso que se dice que Santiago pronunció, y el de la [carta] circular que contiene el decreto, la que probablemente haya sido redactada por él”.

Además, encontramos semejanzas cuando comparamos la selección de términos y la estructura de las oraciones (tal como las registra Lucas en Hechos) con los de la epístola de Santiago. Santiago comienza su discurso con el apelativo familiar hermanos, una expresión que emplea con frecuencia en su epístola. Considérense las siguientes palabras y frases que, aun en una traducción al español, muestran parecido:
  • “Saludos” (Hch. 15:23; Stg. 1:1)
  • “Hermanos escuchadme (Hch. 15:13) y “Escuchadme, hermanos míos amados (Stg.          2:5)
  • “El resto de los hombres pueden buscar al Señor, y todos los gentiles que llevan mi nombre” (Hch. 15:17) y 
  • “¿No son ellos los que calumnian el noble nombre de aquél a quién pertenecéis?” (Stg. 2:7)
Si bien no podemos estar absolutamente seguros acerca de la paternidad literaria de la epístola, la evidencia interna parece señalar en la dirección de Santiago, el medio hermano de Jesús.
2. Evidencia externa
Eusebio, el historiador eclesiástico del siglo cuatro, cita a Hegesipo, quien narra que Santiago “acostumbraba a entrar solo en el templo y que se lo podía encontrar arrodillado y orando por el perdón del pueblo, a tal punto que sus rodillas se pusieron duras como las de un camello a causa de su constante adoración a Dios”. 
Como líder de la iglesia de Jerusalén, Santiago se había granjeado el respeto tanto de los cristianos como de los judíos.

Sin embargo, este hombre pío, conocido como Santiago el Justo, encontró una muerte violenta descrita por el historiador judío Josefo. 

Después de que el gobernador Festo (Hch. 24:27–26:32) muriera en el año 62 d.C., el emperador Nerón envió a Albino a Judea como sucesor de Festo. Pero antes que Albino llegase a Jerusalén, un sumo sacerdote llamado Anano, que era joven e inexperto, juntó a los jueces del Sanedrín. 

Acusó entonces a Santiago y a otros de quebrantar la ley, Santiago fue condenado a muerte por apedreamiento. Sin embargo, Santiago encontró la muerte a manos de los sacerdotes que lo arrojaron desde el techo del templo. 

Sobrevivió la caída, pero ellos comenzaron a apedrearlo hasta que un lavandero lo golpeó con un garrote hasta matarlo.
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jueves, 12 de mayo de 2016

Pablo, anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo... Te ruego por mi hijo que engendré en mis prisiones

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6






¿Eres prisionero de Jesucristo?


PABLO, PRISIONERO DE JESUCRISTO

Como era costumbre en aquel entonces, el autor de la carta se identifica desde la primera palabra de la misma: Pablo.

Casi nadie duda de la autoría paulina de esta pequeña epístola. Los pocos que la han cuestionado lo han hecho por querer desestimar la autoría paulina de Colosenses, epístola con la cual, como veremos, la de Filemón está estrechamente vinculada. Pero todas las evidencias, tanto externas como internas, indican que Pablo fue el autor.

En cuanto a las externas, podemos mencionar el testimonio de Eusebio, quien dice que todos sus contemporáneos aceptaban la autoría paulina de Filemón como verdadera, genuina y reconocida. Igual testimonio dan Tertuliano, Orígenes, Marción, el fragmento de Muratori y otros.

En cuanto a las evidencias internas, podemos señalar que el estilo, el lenguaje y la doctrina son eminentemente paulinos, mientras el nombre de Pablo figura no solamente al comienzo de la Epístola, sino también dos veces más en medio de ella, y esto de tal manera que sería inconcebible que fuesen palabras de un imitador de Pablo que haya «tomado prestado» su nombre, a no ser que hubiese tenido intenciones absolutamente fraudulentas.

Por otra parte es enormemente difícil imaginar por qué retorcidos motivos un falsificador inventaría una carta de este tipo, en la cual no hay ninguna doctrina controvertida, ningún énfasis especial, sencillamente la elaboración de una situación personal.

Al menos en una primera lectura, el contenido de Filemón parece intrascendente porque, como hemos dicho, las lecciones espirituales no tienen que ver tanto con la circunstancia particular de la carta, sino con la manera en la que el apóstol la aborda.

    Aquí se trata de circunstancias absolutamente individuales y que parecen no contener mucha instrucción para un lector superficial.

    La carta es algo único entre todos los escritos del Nuevo Testamento en cuanto que se ocupa sólo de un asunto puramente privado.

Por lo tanto, a estas alturas sólo una mente malintencionada querría impugnar la autoría de Pablo. Podemos, entonces, aplaudir el hecho de que …

    … los autores más recientes tienen el buen gusto de no discutir ya la autenticidad de este pequeño escrito inimitable.

Pablo indica que su situación en el momento de escribir era la de un prisionero. Seguramente en aquel entonces se encontraba en la casa alquilada en la que —según nos cuenta Lucas— Pablo pasó su primer «encarcelamiento» romano.

Al acabar su tercer viaje misionero, Pablo se dirigió a Jerusalén y visitó el templo (Hechos 21). Allí fue reconocido por algunos judíos de Asia, quienes le acusaron de predicar contra la ley y de introducir a gentiles en el templo.

A causa del disturbio que provocaron, las autoridades imperiales tuvieron que intervenir y llevaron a Pablo primero a la fortaleza romana y posteriormente a Cesarea Marítima. Después de muchas demoras en la vista de su causa, y ante la amenaza de ser trasladado nuevamente a Jerusalén, donde los judíos planeaban asesinarlo, el apóstol utilizó sus derechos de ciudadano romano y exigió ser juzgado por el tribunal imperial de Roma. Por lo tanto, emprendió el largo y difícil viaje a Roma (Hechos 27). Una vez allí, estuvo bajo custodia durante un mínimo de dos años a la espera de su juicio:

    Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que le custodiase …

Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento (Hechos 28:16, 30, 31).

En total, entre las estancias en Jerusalén, Cesárea y Roma y los meses de viaje, podemos sumar un período de unos cinco años en los cuales Pablo estuvo preso. En algún momento de estos cinco años recibió la visita de un tal Epafras. Él procedía de la iglesia de los colosenses y comunicó al apóstol las noticias —algunas de ellas preocupantes— acerca de la situación en Colosas.

Pablo redactó la Epístola a los Colosenses en respuesta a esas noticias y decidió enviarla por medio de su compañero Tíquico, juntamente con Onésimo.

A través de Colosenses 4:7–8 aprendemos que Onésimo procedía de Colosas y que, por lo tanto, era en aquella ciudad donde Filemón residía. Todo hace suponer que las dos epístolas —a los Colosenses y a Filemón— fueron escritas por Pablo en el mismo momento y al mismo destino.

Pero ¿desde qué lugar las escribió: estando Pablo en Cesárea o en Roma? Aunque en realidad la ubicación geográfica importa poco, porque no afecta el contenido de las cartas, hemos dicho que seguramente fue en Roma desde donde el apóstol las escribió, y esto por las razones siguientes:

    —En primer lugar, es más probable que Onésimo huyera a la capital del imperio que a una provincia como Palestina.

    —En segundo lugar, porque hay referencias en Colosenses (Colosenses 4:3–4) que indican que Pablo disfrutaba de cierta libertad para predicar el evangelio, lo cual sabemos que era cierto en Roma, pero sospechamos que no era el caso de Cesarea.

    —En tercer lugar, porque sabemos que algunos de los compañeros mencionados tanto en Colosenses como en Filemón estuvieron presentes con Pablo en Roma. Es más probable que tuviesen acceso a Pablo estando él en una casa alquilada que cuando estaba en la prisión de Cesarea. Por otra parte, algunas personas que sabemos que estuvieron en Cesarea (como Felipe; ver Hechos 21:8,–9) no son mencionadas en Colosenses y Filemón.

    —También, y en cuarto lugar, Tíquico, además de llevar las Epístolas a los Colosenses y a Filemón, llevó la carta de Pablo a los Efesios (véase Efesios 6:21). Éfeso cae en la ruta desde Roma a Colosas, pero no desde Cesarea.

Ninguna de estas razones es de suficiente peso en sí como para establecer sin lugar a dudas que la Epístola a Filemón fue escrita desde Roma, pero a la luz del conjunto de todos estos pequeños detalles, la mayoría de los comentaristas suponen que la fecha de la carta cae aproximadamente entre los años 61 y 63, en algún momento del primer encarcelamiento romano.

Sin embargo, Pablo trata como asunto de poca importancia el que sea prisionero de los romanos. Lo que le importa mucho más es que él sea prisionero de Jesucristo (literalmente, «encadenado» de Jesucristo).

Si sacáramos esta frase de su contexto, podría significar sencillamente que el Señor Jesucristo ha «cautivado» a Pablo, casi como si fuese una frase sinónima de siervo de Jesucristo. Él se siente atado a Cristo por la fe y la dedicación, con vínculos tan fuertes que está sin libertad de actuar fuera del ámbito del señorío de Jesucristo.

Pero si la frase hubiese significado esto, Pablo podría haberla empleado desde el momento de su conversión. Sin embargo, Pablo mismo indica que es una frase de aplicación reciente, porque en Filemón 9 dice: Pablo, ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo. Se refiere, entonces, a sus prisiones en Roma, pero entiende que éstas son el resultado directo de la providencia de Cristo.

Su encarcelamiento es el resultado directo de su amor y fidelidad a Jesucristo. Por lo tanto, esta frase significa,

  • en primer lugar, que Pablo es prisionero por causa de Jesucristo (cf. Filemón 13: mis prisiones por el evangelio). Pero, en 
  • segundo lugar, Pablo era muy consciente de la providencia y soberanía de Dios en todas sus circunstancias y sabe que si está en la cárcel es por la voluntad de Jesucristo. Sólo en segundo lugar Pablo se considera prisionero de las autoridades civiles. 
En primer lugar está en la cárcel por designio divino. Su vida está en manos del Señor y Él está gobernando sus circunstancias:

    Cierra los ojos a todas las causas secundarias y ve en su prisión, como José lo había visto antes, a la sabia Providencia.

¿Por qué esta insistencia de Pablo en sus prisiones? En la epístola «gemela» a los Colosenses, Pablo se describe a sí mismo como apóstol de Jesucristo y sólo hace menciones pequeñas e indirectas de su encarcelamiento (Colosenses 1:24; Colosenses 4:7, 10, 18). En cambio, en la breve Epístola a Filemón insiste en el tema (Filemón 1, 9, 10, 13, 23).

El cambio de títulos es significativo. En Colosenses Pablo asume la autoridad que le ha sido otorgada por el Señor en la definición de doctrina y espera de sus lectores que acaten su autoridad, se alejen de los falsos maestros y presten toda atención a la buena doctrina autorizada.

Pablo podría haber empleado aquella misma autoridad en el caso de Filemón. Escribe pidiéndole ciertos favores. Sin embargo, tratándose de una cuestión de orden doméstico y de una situación íntima, Pablo deliberadamente renuncia a emplear imposiciones apostólicas y apela a Filemón como su hermano.

    Te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo; te ruego por mi hijo Onésimo … Nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario … Yo, Pablo, lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también. Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor (Filemón 9, 14, 19, 20).

Podría haber exigido a Filemón, en el nombre de Cristo, lo que le pide por amor y como favor. Pero renuncia a la autoridad apostólica en este caso. Prefiere escribir como prisionero de Jesucristo:

    Al escribir a las iglesias, lo que pone en prominencia es su autoridad. Pero esto no sería útil aquí. No le parece apropiado mandar a Filemón lo que tiene que hacer con Onésimo. Prefiere rogarle … Apela a la compasión de Filemón más bien que a su conciencia.

    Pablo no se presenta como apóstol con derecho a exigir obediencia a sus peticiones de un miembro de la iglesia, sino como prisionero de Jesucristo … El que pide que Filemón tome medidas que exigen sacrificio no es alguien que no conozca el sacrificio. Ha perdido su libertad por la causa de Cristo y éste es el fundamento de su petición.

    Pablo omite deliberadamente el título de apóstol, siendo su intención hablar sólo de amigo a amigo.

Sin embargo, si bien el título prisionero de Jesucristo es evidencia de condescendencia y humildad de parte del apóstol, su uso tiene que haber comunicado a Filemón, con gran diplomacia y tacto, la idea de que el sacrificio que Pablo pedía a Filemón era poca cosa en comparación con lo que él mismo estaba dispuesto a pagar a causa de su compromiso con Cristo.

    En comparación con el sacrificio que yo estoy haciendo, ¿no es el favor que te pido algo más bien fácil?

    Las circunstancias deplorables de Pablo hacen ínfimas las de Filemón.

    Con gran tacto escoge Pablo este término, para dar más fuerza a la petición que seguirá inmediatamente y ahora prepara en favor de Onésimo. Ciertamente, el conceder el perdón será para Filemón un sacrificio menor que el que está padeciendo Pablo. Es razón que haga lo que cueste menos quien ve a su padre, maestro y superior padecer lo que cuesta más.

Éste es un ejemplo de lo que ya hemos dicho acerca del tacto y la discreción del apóstol, y de cómo rehuye abusar de las relaciones fraternales o de sus propios derechos apostólicos. Tiene sumo cuidado en no ejercer presiones psicológicas o espirituales indebidas sobre su amigo. Podría haber dicho: Yo soy apóstol y te digo que debes recibir a Onésimo. Sin embargo, hace la misma petición evitando toda prepotencia y ofensa, pero esto sí, aduciendo sus «derechos» de prisionero por la causa de Cristo.

    Cualquier petición que [Pablo] haga, y cualquier favor que se le conceda, estará en relación con la causa del Amo al que tanto Pablo como Filemón pertenecían. El llamamiento que sigue se verá, pues, reforzado con la compasión y reverencia debidas a quien sufre en el nombre de Cristo.

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miércoles, 11 de mayo de 2016

Si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él: La magnífica historia de una operación de rescate

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6




La magnífica historia de una operación de rescate

GÉNESIS
Génesis es el nombre que se le dio al primer libro de la Biblia, el primero de los cinco libros que escribió Moisés. En la Biblia hebrea, este libro tiene el nombre de la primera palabra del libro mismo: “En el principio”.

“Génesis” es una palabra griega que significa “origen”, y es un nombre muy apropiado.

Este primer libro de la Biblia nos informa sobre:

  • el origen del universo y de la raza humana; 
  • describe los trágicos detalles del origen del pecado y sus terribles consecuencias. 
  • el origen de la obra misericordiosa de Dios para deshacer el daño que el pecado le causó a su creación, y que comienza con la promesa del Salvador. 
  • La sección más larga del libro de Génesis (capítulos 12–50) describe el origen de Israel, el pueblo especial de Dios.

Este importante libro de los orígenes no pretende ser un libro de historia universal del mundo antiguo; el propósito específico de Génesis es describir la actividad salvadora de Dios.

Génesis es el primer capítulo de la magnífica historia de la operación de rescate que hizo Dios, a la que nosotros llamamos su plan de salvación. Es interesante e instructivo notar cómo describe Génesis la obra redentora de Dios, no por la formulación de declaraciones doctrinales, sino narrando las biografías de las personas.

En la vida de esas personas podemos ver a Dios en acción, con el mensaje de su ley y de su amor.

Autor

En Génesis no hay una referencia directa a su autor, pero eso no significa que debamos considerar este libro como anónimo.

Las Escrituras no tratan a Génesis como un libro separado; desde los primeros tiempos, el pueblo hebreo consideró el libro de Génesis, junto con los siguientes cuatro libros, como una unidad. A estos cinco libros los llamaron “la Torá de Moisés”.

Torá (usualmente traducido como “ley”) significa “instrucción”, “enseñanza”. Esta “ley de Moisés” también se conoce normalmente como el Pentateuco (“cinco libros”). Los antiguos judíos con frecuencia llamaban al Pentateuco “los cinco quintos de la ley”.

La premisa desde la cual se escribe este comentario es que Moisés es el autor de estos cinco libros de la Biblia. El resto del Antiguo Testamento y todo el Nuevo Testamento simplemente dan por sentado que existía el libro conocido como la “ley de Moisés”, cuyo contenido recibió Moisés de Dios mismo.

La Biblia reconoce tan sólo un autor humano del Pentateuco, y ese autor es Moisés. Jesús definió de una vez por todas el asunto del autor de Génesis y de todo el Pentateuco, cuando les dijo a sus críticos: “Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él” (Juan 5:46).

Esto plantea inmediatamente la pregunta: “¿Cómo recibió Moisés la información que escribió en el Pentateuco?” La mayoría de lo que está escrito en los libros de Éxodo, Levítico, Números, y Deuteronomio ocurrió durante la vida de Moisés; pudo haber usado sus experiencias personales para escribir estas cosas. Sin embargo, lo que está escrito en Génesis, desde el relato de la creación hasta la muerte de José, tuvo lugar mucho antes del nacimiento de Moisés. ¿Cómo pudo haber recibido este material?

Como no hubo testigos humanos en la creación del mundo, esta información sólo pudo haberle llegado a Moisés mediante el milagro de la revelación divina. Milagrosamente, Moisés recibió de Dios la información acerca de cómo llegó a existir el mundo; no es posible que la haya obtenido de otra forma. El Pentateuco es una parte de las Escrituras del Antiguo Testamento, del cual dijo Pablo: “Toda Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16).

Podríamos preguntarnos: Cuando Dios le reveló a Moisés el contenido de Génesis, ¿lo hizo directamente? ¿O pudo Moisés haber usado documentos escritos previamente?

Por ejemplo, al informar sobre los viajes del patriarca Abraham, ¿es posible que Moisés haya tenido acceso a documentos que Abraham conservaba? Lutero una vez hizo el siguiente comentario: “Pienso que Abraham elaboró un pequeño manual o un breve relato de la historia desde Adán hasta su tiempo”, documento que muy bien pudo haber usado Moisés.

Aunque no puede decirse nada con seguridad acerca de si Moisés usó documentos existentes, no hay razón para que el cristiano creyente en la Biblia niegue esta posibilidad. Si Dios estimó conveniente usar la comida de un muchacho para alimentar a 5.000 personas, y usar el vientre de una virgen para dar al mundo un Salvador, ¿por qué no pudo haber usado documentos escritos previamente cuando reveló su verdad para que Moisés la escribiera?

Nuestra posición sobre la inspiración divina y la divina autoridad de la Escritura en general, y de Génesis en particular, se deriva de las presuposiciones de la fe cristiana. El mensaje bíblico de la ley de Dios y su mensaje del amor de Dios, nos han convencido de que Dios nos habló milagrosamente en Génesis, y de que lo que dice es verdad. Dios no puede mentir. El Hijo de Dios se refirió en particular a las Escrituras del Antiguo Testamento cuando dijo: “La Escritura no puede ser quebrantada” (Juan 10:35).

No será una sorpresa para el lector saber que no todos los que estudian la Biblia abordan el estudio de Génesis con estas mismas suposiciones. Muchos consideran que el Pentateuco no fue escrito por un autor, sino que es el resultado de la unión de al menos cuatro documentos anteriores e independientes llamados:

  • el yahvista, 
  • el elohísta, 
  • el deuteronomista, y 
  • el código sacerdotal. 
Se supone que el yahvista (J) debió ser un teólogo que vivió en el reino del sur hacia del año 850 a.C., y quien habitualmente se refirió a Dios como Yahveh.

El elohísta (E), se ha dicho que vivió en el reino del norte alrededor del año 750 a.C., y que su contribución al Pentateuco puede identificarse por el uso predominante del nombre Elohim que le da a Dios.

La fuente deuteronomista (D), se dice que fue: una persona, o una escuela, o un grupo, en el norte de Israel, que escribió después de que la capital de Samaria cayó en manos de los asirios, tal vez hacia el año 625 a.C.

El código sacerdotal (P), se nos dice, estaba constituido por un escritor o un grupo de escritores que se dirigieron por escrito a Israel en el tiempo del exilio en Babilonia o más tarde (500 a.C., con un siglo más o menos de variación). Éste vuelve a narrar la historia de los antepasados de Israel y explica la forma en que Israel adoraba a Dios.

Las series genealógicas, las listas de tribus, y las reglas de adoración se le atribuyen generalmente a este código sacerdotal, ya que en esas cosas pudo haberse interesado en particular un sacerdote escritor.

Según esta teoría documental, se piensa que el Pentateuco es como un mosaico literario, que fue recortado y pegado usando diferentes documentos escritos con anterioridad. Este punto de vista sostiene que el Pentateuco alcanzó su forma actual tal vez algunos siglos antes de la época de Cristo, más de mil años después de Moisés.

Se repite que este comentario está escrito con la convicción de que Moisés es el autor de los primeros cinco libros de la Biblia.

Estructura

A fin de apreciar la singular estructura del libro de Génesis, será útil recordar que Moisés organizó su material literario en diez secciones, la mayoría de las cuales se introducen con la fórmula: “Estos son los descendientes de…” (La Nueva Versión Internacional dice: “Estos son los relatos…”).

Estos diez relatos son pequeñas historias que ilustran cómo, desde el principio de los tiempos, Dios ha estado interesado y activo en el establecimiento de una familia de creyentes.

Nueve de estos diez relatos llevan el nombre de las personas; el primero es el relato de los cielos y la tierra (Génesis 2:4).

En cada caso, el relato no nos dice el origen de las personas o de la cosa que se nombra, sino su historia subsiguiente, y siempre con referencia al gran plan de la salvación de Dios.

Aquí tenemos un resumen de los diez relatos:

1. El relato de los cielos y la tierra (Génesis 2:4–4:26) explica lo que ocurrió cuando el diablo invadió la perfecta creación de Dios. Por la tentación de Satanás, Adán y Eva dudaron del amor de Dios y se rebelaron contra su santa voluntad, y por lo tanto, trajeron la maldición de la muerte y la condenación sobre toda la familia humana.

La historia de los cainitas (capítulo 4) muestra la rapidez con que avanzó la maldad, una vez que se introdujo en el mundo. Sin embargo, por pura gracia, Dios dispuso restaurar su creación; prometió que el Salvador (la “simiente” de la mujer) destruiría el poder de Satanás y liberaría a sus cautivos.

2. El relato de Adán (Génesis 5:1–6:8) describe los antepasados del Mesías prometido, desde Adán hasta Noé. Lucas 3:36–38 confirma que esto es historia, y no una leyenda popular. Un tema prominente de este relato es la muerte. Todos los que aquí son nombrados mueren, con la única excepción de un hombre que caminó con Dios.

La trágica conclusión de este relato menciona la unión gradual de los descendientes de Set con los cainitas en su vana y propia glorificación y en su completo abandono moral. Por resultado, Dios tuvo que anunciar el juicio universal. Sólo Noé, por la gracia de Dios, permaneció fiel a Dios.

3. El relato de Noé (Génesis 6:9–9:29) nos da un doble mensaje sorprendente. Mientras el diluvio universal destruía toda vida fuera del arca, el Señor en su gracia preservó la línea mesiánica a través de Noé y su familia. El mismo diluvio que trajo el juicio de Dios sobre el pecado y la dura incredulidad, trajo también la gracia de Dios que salvó de la muerte y de la destrucción el arca con su preciosa carga. Después del diluvio, el Señor usó a Noé para anunciar que la línea mesiánica seguiría mediante Sem.

4. El relato de los hijos de Noé (Génesis 10:1–11:9) pone el énfasis en la unidad de la raza humana al describir la distribución de los tres hijos de Noé en varias naciones e idiomas. Esta “tabla de las naciones” examina el mundo de las naciones que el antiguo Israel conocía. Se enumeran con más detalle las naciones con las que el pueblo escogido de Dios tuvo mayor contacto. El relato concluye con la dispersión que tuvo lugar en Babel. Los que buscaron su propia gloria en lugar de glorificar el nombre de Jehová cayeron otra vez bajo el juicio de Dios.

5. El relato de Sem (Génesis 11:10–26) nos menciona los antepasados del Mesías, limitando el linaje del Salvador de la línea de Sem a Taré, padre de Abraham.

Estos primeros cinco relatos describen el principio de la historia de la actividad salvadora de Dios en el mundo antiguo. El segundo grupo de relatos menciona la actividad salvadora de Dios entre los patriarcas.

6. El relato de Taré (Génesis 11:27–25:11) es uno de los más largos, cubriendo casi una cuarta parte del libro de Génesis. Describe cómo, después de que la raza humana abandonó el evangelio (Génesis 6:5–7; Génesis 11:1–9), Dios estableció un nuevo programa de amor fiel para sus criaturas pecaminosas.

Escogió a Abraham, de la familia de Taré, para ser el padre de su nación especial de Israel. El Señor sacó a Abram de una cultura donde se practicaba la idolatría, y lo capacitó para confiar completamente en la promesa de Dios. Por esta fe Abram llegó a ser “el padre de los creyentes”.

7. El relato de Ismael (Génesis 25:12–18) es el más corto de los diez relatos de Moisés, dado que los descendientes de Ismael, hijo de Abraham nacido de una joven esclava, no fue parte de la línea escogida, sino una línea secundaria en la historia de la gracia salvadora de Dios en el Antiguo Testamento. Este relato de seis versículos narra el cumplimiento de la promesa divina de que doce gobernantes descenderían de Ismael. Dios cumple todas sus promesas.

8. El relato de Isaac (Génesis 25:19–35:29) lleva el cumplimiento de la promesa mesiánica mediante las dos generaciones que siguieron a Abraham. A diferencia de su ilustre padre, Isaac fue de naturaleza tranquila e introvertida. Él y su esposa tuvieron hijos gemelos; desde antes del nacimiento de los gemelos, Dios anunció que el mayor (Esaú) serviría al menor (Jacob).

Al contrario de lo que se hubiera esperado, Jacob fue el hijo que Dios escogió para continuar la línea de la cual iba a nacer el Salvador.

Desafortunadamente, Jacob, en su juventud, tuvo la tendencia a confiar en su propia inteligencia para obtener el éxito. Este relato muestra que Jacob tuvo que aprender del modo más difícil a depender por completo de la gracia salvadora de Dios. Cuando Jacob aprendió esto, Dios le cambió el nombre a Israel: el que, en fe, pudo con Dios y con el hombre.

9. El relato de Esaú (Génesis 36:1–37:1) también constituye una línea secundaria. En primer lugar, nos habla del desarrollo de la línea de Esaú y, en segundo lugar, del desarrollo de los edomitas, vecinos de Israel ubicados al sur.

10. El relato de Jacob (Génesis 37:2–50:26) es el último y más largo de los diez relatos de Moisés. Relata cómo los doce hijos y la hija de Jacob llegaron a formar una familia de setenta almas que, junto con sus familias, se fueron a vivir a Egipto. Dios en su gracia obró de forma misteriosa para realizar todas estas cosas, usando la crueldad de los hermanos de José para llevar a cabo sus maravillosos planes para la nación que había escogido. Este relato explica cómo las doce tribus lograron establecerse en Egipto y prepara la escena para la narración del Éxodo.

Entonces vemos que, al registrar la historia temprana del misericordioso trato de Dios para con la humanidad, Moisés divide su material en dos partes desiguales. Los primeros once capítulos de Génesis describen la actividad salvadora de Dios en el mundo antiguo: primero entre las dos primeras personas, luego entre los descendientes de Adán y Eva, y finalmente entre los descendientes de Noé.

Los últimos treinta y nueve capítulos del libro de Génesis describen la actividad salvadora de Dios entre los patriarcas: Abraham, Isaac y Jacob.

Después del relato de los descendientes de Noé, que terminó en idolatría y rebelión contra Dios (Génesis 11:1–9), Dios introdujo un nuevo programa de su amor salvador. Amorosamente escogió y capacitó a los patriarcas: Abraham, Isaac, y Jacob para formar su pueblo especial de Israel.

Mediante este pueblo escogido, Dios resolvió llevar a cabo su maravilloso plan para rescatar del pecado a toda la raza humana. Por lo tanto, el amor salvador de Dios es el gran tema de toda la Biblia, desde la primera palabra de Génesis hasta la última de Apocalipsis.

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martes, 10 de mayo de 2016

Oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos

RECUERDA Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible debe ser apto para enseñar;no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 1Timoteo3:2,6





FILEMÓN: SU ANTÍTESIS - ONESIMO 
        ESTUDIO CONCIENZUDO DE ESTA CARTA
No existen dudas respecto a la autenticidad de ésta, la carta más personal de Pablo. Juan Knox escribió: “La autenticidad de la carta está tan bien establecida, que apenas si es discutible” (Philemon among the Letters of Paul, “Filemón entre las epístolas de Pablo”, pág. 32).
Paternidad literaria
Los padres de la iglesia como Ignacio, Tertuliano, Orígenes y Eusebio dan evidencia de la canonicidad de este breve libro. Asimismo, formaba parte del canon de Marción y del códice Muratorio.

El autor se refiere a sí mismo como Pablo tres veces en la epístola (vv. 1, 9, 19) y el estilo y lenguaje de la misma evoca al mismo apóstol (cf. v. 4 con Fil. 1:3–4). Las introducciones de las epístolas paulinas comúnmente usan los términos “amor” y “fe” (V.Introducciones de las epístolas paulinas”, en el Apéndice, pág. 364). 

Y también aparecen esos vocablos en Filemón 5. Además, existe una estrecha relación con el libro de Colosenses, porque ambas epístolas mencionan a Arquipo, Epafras, Aristarco, Demas y Lucas (cf. Col. 4:10, 12, 14, 17).
Fecha y lugar de redacción. 
Pablo estaba prisionero cuando escribió Filemón (vv. 1, 9). Por lo tanto, esta epístola ha sido incluida en las llamadas “cartas de la prisión”. Fue escrita durante el primer encarcelamiento de Pablo por los romanos en el año 61–63 d.C. 
Debido a que Onésimo acompañó a Tíquico, quien llevó la carta a Colosas, es evidente que las dos epístolas fueron escritas aproximadamente al mismo tiempo, probablemente en el verano del año 62 d.C.
Destinatarios
Filemón es el destinatario. A juzgar por su posesión de esclavos y del tamaño de su casa (suficientemente grande como para albergar a la iglesia local mencionada en el v. 2), ese hombre era un rico residente de Colosas. Aunque no se sabe cuándo escuchó a Pablo predicar por primera vez, es evidente que Filemón fue un convertido de Pablo (v. 19b). 
Parece ser que los dos llegaron a ser amigos durante los tres años que el apóstol ministró en Éfeso (Hch. 19). Comúnmente se cree que Apia (Flm. 2) era la esposa de Filemón y Arquipo su hijo, aunque esto no puede afirmarse de manera dogmática.

Entre los primeros lectores de la carta se encuentran los miembros de “la iglesia que está en tu casa” (la de Filemón, Flm. 2). Posiblemente Arquipo era un oficial de esa iglesia y Filemón fungía como un obrero laico (vv. 1–2; contrasta los términos “colaborador” y “compañero de milicia”). Lightfoot sugiere que Arquipo era un anciano o que cumplía una labor misionera, ambas responsabilidades de mucha importancia en la iglesia. 

Algunos sugieren que Arquipo pudo haber sido el pastor. Por lo tanto, es probable que éste sí tuviera alguna función oficial en Colosas (Col. 4:17).
Ocasión y propósito
La ocasión o motivo por el cual se escribió Filemón es prácticamente idéntico a la historia que se relata en la misma epístola. Onésimo, uno de los esclavos de Filemón, había huido y evidentemente hurtó algo de su amo (Flm. 18). De alguna manera, uno de sus viajes lo condujo a Roma en donde, por la providencia divina, tuvo contacto con Pablo. A través de ese contacto, el apóstol lo condujo a conocer a Cristo como Salvador. Así que, de alguna manera, Onésimo llegó a ser útil a Pablo (vv. 12–13).

Pero Pablo se dio cuenta de que Onésimo tenía un deber que cumplir con Filemón y que debía restituirle lo robado. De esta manera, Pablo consideró justo devolver a Onésimo a su amo. Tíquico recibió la encomienda de llevar la carta de Pablo de Roma a Colosas, y evidentemente Onésimo debió haber viajado con él de regreso a casa (Col. 4:7–9).

En esta carta, Pablo explica su situación y pide a Filemón que trate a Onésimo no como a un esclavo y ladrón fugitivo, sino como a un amado hermano en Cristo Jesús (Flm. 15–16; cf. Col. 4:9). 

Al hacer esto, el apóstol no solamente proporciona información para ayudarnos a conocer la institución de la esclavitud en la era apostólica, sino también la responsabilidad que tiene el cristiano ante ella. 

La realidad de Gálatas 3:28 llega a ser evidente aquí en la carta a Filemón: “ya no hay … esclavo ni libre … en Cristo Jesús”. Pablo también aporta una brillante lección acerca de la verdad del evangelio con las palabras: “ponlo a mi cuenta” (Flm. 18).
BOSQUEJO
     I.     Saludo (vv. 1–7)
A.     Escritor. (v. 1a)
B.     Lectores (vv. 1b–2)
C.     Salutación (vv. 3)
D.     Elogio (vv. 4–7)
1.     Acción de gracias (vv. 4–5)
2.     Oración (v. 6)
3.     Testimonio (v. 7)

     II.     Contenido de la carta (vv. 8–21)
A.     Súplica (vv. 8–12, 17)
1.     Una súplica, no mandato (v. 8)
2.     Una súplica por causa del amor (v. 9)
3.     Una súplica por un hijo espiritual (vv. 10–11)
4.     Una súplica del corazón (v. 12)
5.     Una súplica de un compañero (v. 17)
B.     Relación (vv. 13–16)
1.     La hermandad vigente entre Pablo y Onésimo (v. 13)
2.     La pasada hermandad entre Pablo y Filemón (v. 14)
3.     La futura hermandad entre Filemón y Onésimo (vv. 15–16)
C.     Promesa (vv. 18–21)
1.     De que Filemón cargara la deuda de Onésimo a Pablo (vv. 18–19a)
2.     De que Filemón considerara su propia deuda con Pablo (v. 19b)
3.     De que Filemón confortara a Pablo (v. 20)
4.     De que Filemón hiciera más de lo que pide Pablo (v. 21)

     III.     Conclusión (vv. 22–25)
A.     Consolación (v. 22)
B.     Saludos fraternales (vv. 23–24)
C.     Bendición (v. 25)
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