Sermones expositivos










miércoles, 1 de agosto de 2012

Jesucristo. El Libertador de los cautivos

biblias y miles de comentarios
 
Jesucristo:
Conduce a la gente hacia la libertad
En diciembre de 1989 participé en un «Simposio de evangelización de poder», al que estaban invitados únicamente profesores de seminarios que daban cursos sobre temas relacionados con la guerra espiritual. Los trabajos presentados en ese congreso formal se publicaron en forma de libro titulado Wrestling With Dark Angels [La lucha contra los ángeles de las tinieblas]. Todos los participantes eran bíblicamente conservadores, pero representaban una amplia perspectiva teológica. Mi trabajo fue el último presentado.
Antes de empezar a leer, dije: «No veo la batalla como un enfrentamiento de potencias, sino más bien como un encuentro con la verdad. Creo que la verdad nos libera. En segundo lugar, temo que en el pasado hemos adoptado un método extraído de los evangelios en vez de las epístolas.
No hay instrucción en las epístolas para echar fuera un demonio, pero hay muchísima instrucción a los individuos para que tomen responsabilidad propia por lograr y mantener la libertad.
Antes de la cruz, el pueblo de Dios no estaba redimido y Satanás no estaba vencido, por lo que se requería un agente con autoridad, especialmente dotado para echar fuera un demonio, como en el caso de Cristo o de los apóstoles (Lucas 9:1). Después de la cruz ya Satanás está vencido y todo hijo de Dios tiene autoridad para resistir al diablo, pues estamos en Cristo y sentados con Él en los lugares celestiales. La responsabilidad se traspasó del agente externo al individuo. Tenemos en 2 Timoteo 2:24–26 un pasaje muy determinante:
Pues el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar y sufrido; corrigiendo con mansedumbre a los que se oponen, por si quizás Dios les conceda que se arrepientan para comprender la verdad, y se escapen de la trampa del diablo, quien los tiene cautivos a su voluntad.
No es el poder, sino la verdad
El ministerio que Dios ha dado a la iglesia no es un modelo de poder, sino más bien un modelo amable, «apto para enseñar», que depende totalmente de Dios para otorgar el arrepentimiento. No podemos liberar a nadie, pero podemos facilitar el proceso si somos siervos del Señor, si conocemos la verdad y si la transmitimos con compasión y paciencia.
Después de presentar mi trabajo en el simposio, me preguntaron si realmente da resultado el encuentro con la verdad. Le aseguré a quien hizo la pregunta que sí, porque la verdad siempre da resultado y Dios es el liberador. Él vino a librarnos (Gálatas 5:1). He visto encontrar su libertad en Cristo a cientos de personas por medio de la consejería personal y a miles por medio de congresos.
Luego me preguntaron si la liberación perdura. Siempre perdurará, más cuando los que se han liberado se responsabilizan y toman sus propias decisiones, en vez de hacerlo yo en su lugar. Es la persona que estoy aconsejando la que tiene la responsabilidad de perdonar, renunciar, confesar, resistir, etc. Nosotros, como los pastores y consejeros, no lo podemos hacer por ellos.
Luego me preguntaron si era transferible. La verdad siempre es transferible, pero no lo es si nuestro método se basa en los dones de algún individuo o en un oficio de la iglesia. La mayoría de los pastores no desean entrar en un enfrentamiento de poderes, y si lo hacen algunos consejeros probablemente perderían su licencia o serían enjuiciados. Abogo por un medio tranquilo y controlado de ayudar a liberar a la gente, un medio que dependa de Dios y no de alguna persona especial. No es el «método de Neil» lo que libera a la gente, sino simplemente la obra de Dios por medio de la verdad en su Palabra. Miles de pastores y laicos en todo el mundo están utilizando los pasos hacia la libertad para hacer precisamente lo mismo.
Un ministerio transferible
Un pastor asistió a una clase que yo impartía para el doctorado en el ministerio; junto con su asociado había conducido por los pasos hacia la libertad a más de cien personas en su iglesia evangélica, en más o menos un año. Hablé en su iglesia y me sentí transportado por el espíritu de adoración y la «vitalidad» que había allí. Muchas de esas personas se me acercaron y me expresaron su gratitud para con Dios. Hablaron de lo agradecidos que estaban de tener pastores que les podían ayudar a resolver sus problemas. El personal pastoral actualmente está en proceso de capacitar a otros en la iglesia para conducir a la gente a la libertad en Cristo.
En este capítulo va a conocer a John Simms, un santo pastor pentecostal que reconoció su necesidad de liberación pero que se cansó de las sesiones maratónicas del enfrentamiento de poderes. También estaba frustrado por la falta de «herramientas» para ayudar a una pareja de su iglesia que estaba sumamente necesitada. Luego tendrá el relato de la pareja, que fueron referidos a un pastor que había sido alumno mío, y quien se ofreció a guiarlos a través del proceso.
Hago saber sus historias para transmitir que lo que estamos realizando es transferible. Los pastores pueden y deben involucrarse en la ayuda a las personas como esta pareja. Creo que lo que llevamos a cabo no es un asunto evangélico carismático, teológico dispensacional o pactista. Ni siquiera es un asunto protestante o católico. Es un asunto cristiano centrado en la verdad de la Palabra de Dios, parte íntegra del propósito eterno de Dios.
*     *     *
La historia del pastor Simms
Soy simplemente un pastor que ama a la gente.
Pat y su esposo George empezaron a ir a nuestra iglesia invitados por el hermano y la cuñada de ella. Desde el principio mismo supe que Pat tenía problemas: le costaba mucho estar sentada en la iglesia, siempre se retorcía en el asiento y a menudo simplemente se levantaba y se iba. Jamás miraba a los ojos, era callada y ensimismada al extremo.
Le llevó tiempo armarse de confianza para empezar a contarme las cosas y pedir ayuda. Le dije que no era un consejero por formación, sino simplemente un pastor que ama a la gente y que estaba dispuesto a escucharla y a orar con ella. Nos pusimos de acuerdo para reunirnos.
Pat vino a nuestra casa y empezó a contarnos a mi esposa y a mí la historia de su vida. Generalmente trato de limitar las citas a una hora, pero ella a menudo lloraba tan profundamente que las citas se alargaban fácilmente a un par de horas o más. Trabajaba con ella una o dos veces cada quince días, tratando desesperadamente de ayudarla a liberarse de sus luchas contra toda una vida de rechazo, depresión y dolor.
Su memoria estaba bloqueada por sus heridas y falta de perdón. Traté de lograr que se centrara en Jesús y en la Palabra de Dios, y le dije que era como un atleta que tenía por delante muchas vallas que saltar. A veces golpearía algunas de las vallas, brincaba saltaría otras y algunas le parecerían demasiado altas para saltar: pero Jesús estaba al final de la carrera. Eso empezó un largo viaje en un período de por lo menos año y medio, reuniéndose conmigo un promedio de cada quince días.
Era fastidioso tener a alguien que emocionalmente dependiera tanto de mí.
Pat tenía siempre alguna necesidad, y llegó a depender tanto de mí que tuve que ser brusco y directo para volverla hacia la dependencia en Cristo y en su marido. Lo aceptó bien, pero todavía me llamaba constantemente, a veces tres, cuatro o cinco veces en una semana. Era fastidioso tener a alguien que emocionalmente dependiera tanto de mí. Oraba todo el tiempo porque quería hacer lo mejor que pudiera como pastor, pero también tenía responsabilidades para con el resto de la congregación. Sin embargo, ella era una de las personas más frágiles que conocía en esa época. Tal era la fortaleza que Satanás tenía en su mente que la engañaba con facilidad. A menudo ella sentía que me enojaba, y constantemente tenía que convencerla de que no estaba enojado.
Trabajé con Pat, pero de vez en cuando hablaba en privado con George, de las necesidades de ambos. Sin embargo, en esa época no estaba consciente de todo lo que había transcurrido en la vida de él.
Fue en medio de esta constante consejería que Dios me llevó a comunicarme con el ministerio Freedom in Christ [Libertad en Cristo], del que jamás me había enterado antes.
No buscaba demonios bajo cada arbusto.
Ese contacto fue importante porque hacía ocho años, cuando yo era pastor asociado en otra iglesia, que el Espíritu Santo me había manifestado de que Dios me usaría en un ministerio de liberación. Ese mismo día dos personas endemoniadas cruzaron mi camino buscando liberación y ayuda. No buscaba demonios bajo cada arbusto y ni siquiera había leído libros al respecto, por lo que no estaba programado para dar ese tipo de ayuda.
El primer año me mandaron todo caso perdido que hubiera. Una señora manifestó actividad demoníaca en mi oficina y Dios generosamente la liberó, pero en mi corazón sentí gran disgusto por la maratónica laboriosa de pasar noches enteras en el ministerio de liberación. Después de un año ya estaba dispuesto a abandonarlo todo y simplemente dedicarme a predicar la Palabra. Ya no quería tener nada que ver con la liberación. Parecía que no había suficiente poder. Le pedí a Dios: «Señor, no te puedo imaginar insistiendo toda la noche con la gente. Tú hablabas y la gente se sanaba instantáneamente, y eso es lo que añoro, lo que quiero ver».
Vi que la liberación era más amplia de lo que me imaginaba.
Fue entonces que asistí a una reunión pastoral, donde el Dr. Neil Anderson habló de su próximo seminario titulado: «Resolución de conflictos personales y espirituales». Conforme nos hablaba yo sentía una punzada en el corazón. Vi que tenía mucho que aprender, que la liberación era más amplia de lo que me imaginaba, y eso me emocionó. Regresé a casa y le conté a mi esposa: «Este hombre tiene la respuesta y quiero conocer más».
En esa misma época Dios me puso por delante a un joven muy atormentado. Sucedieron en la vida de Frank cosas muy terribles que jamás había contado a nadie. Tenía más hábitos y conductas compulsivas que nadie que hubiera conocido; lo diagnosticaron como esquizofrénico y maniaco depresivo.
Sabía que Frank necesitaba liberación, por lo que lo llevé donde un par de amigos pastores y tuvimos varias sesiones largas tratando de echar fuera los demonios. Hubo manifestaciones claras pero no se logró la libertad; mi alma añoraba que él fuera libre.
Para ese entonces ya su papá estaba listo a llevarlo a cualquier parte del mundo con tal de conseguirle una cura espiritual. Me dio el nombre de alguien que quizás podría ayudarnos, mi esposa pasó cinco horas en el teléfono tratando de ubicarlo. Esa noche cuando llegué a casa me dijo: «No me lo vas a creer. No pude ubicar a aquel hombre, pero adivina con quién me comunicaron». Procedió a contarme que la habían dirigido a llamar a la oficina del doctor Anderson, la misma persona a quien yo había escuchado en aquella reunión pastoral.
Pat no pudo aguantar ir a la última sesión.
Los padres de Frank, Pat, mi esposa y yo asistimos al seminario de Neil. Frank no pudo ir porque estaba hospitalizado. La primera parte de la semana nos dio una enseñanza maravillosa de nuestra aceptación como hijos de Dios. Pero cuando llegamos a la última sesión, en que Neil nos condujo a través de los pasos hacia la libertad, Pat se levantó y salió de la reunión. Pegó contra la barrera del asunto del perdón. Sencillamente no podía perdonar, y se sintió muy mal emocional y físicamente. El doctor Anderson dijo que algunos tal vez no podrían resolver sus conflictos en grupo y tendrían que tomar los pasos en otra ocasión.
Proseguí este asunto luego con Pat. Le conté que me había enterado de un pastor en un pueblo cercano que había estudiado con el doctor Anderson, y que estaba ayudando a la gente a tomar los pasos hacia la libertad. Ofrecí comunicarme con él. Ella sentía temor y estaba atormentada, quería y no quería hacerlo. Las voces que había estado escuchando ya se habían convertido en «amigas» y temía exponer su pasado y sus problemas ante un extraño, pero como yo había sido un amigo confiable me dejó hacerle la cita.
¿Cómo se podría haber liberado tan rápidamente?
La sesión con Pat duró casi cuatro horas. No hice mucho a excepción de estar allí para apoyar en oración. Un par de veces casi se levanta y se va, pero el pastor la condujo por los pasos. Cuando salimos de la oficina estaba sonriente y feliz. Yo casi no lo podía creer. ¿Cómo se podría haber liberado tan rápidamente cuando a mí me había tomado tantos meses sin ver ningún resultado? Pero sabía que Dios había usado todo lo anterior para llevar a Pat hasta este punto.
Sin embargo, mi esposa era un poco más escéptica. Supongo que había presenciado demasiadas sesiones largas y tediosas de consejería con Pat, como para creer que pudiera venir una sanidad tan rápidamente, después de que habían fallado muchos meses de nuestro esfuerzo por aconsejarla. Ese escepticismo duró muy poco. Las mujeres de nuestra iglesia asistieron a un retiro al que también asistió Pat. Después de ese fin de semana llegó mi esposa diciendo: «No puedo creerlo. Esa Pat es un milagro total».
Es realmente la mejor manera de describir lo que sucedió en su vida.
Pat empezó a alabar al Señor en nuestros cultos y a aplaudir durante la alabanza. Fue liberada y se mantiene libre. Por supuesto, como para cualquiera, hay momentos de un poco de desánimo y de derrota, pero Satanás ya no tiene ese asidero en su mente; se liberó de esa opresión.
Su esposo George también encontró libertad sobre espíritus sexuales al tomar los pasos con ese mismo pastor.
Los padres de Frank esperaban que también sería la solución al problema de él. Desafortunadamente Frank ahora no tiene el control suficiente como para recorrer este camino y saber lo que hace. Pero sus padres se liberaron de algunas cosas en sus vidas, y seguimos orando por Frank.
Dios me ha traído una nueva comprensión del proceso de liberación. Veo que es un cuadro mucho más amplio. A veces somos tan estrechos de mente que no nos damos cuenta de que no es sólo liberación lo que nos falta: sino tener la consciencia de quiénes somos en Cristo, cuál es nuestra autoridad y cuáles nuestros recursos para enfrentarnos con fuerza ante el enemigo. Dentro de eso está la necesidad de perdonar. Creo que la falta de disposición a perdonarnos a nosotros mismos y a los demás es el asunto más grave que mantiene atados a muchos.
*     *     *
Hemos dado un vistazo a las vidas de Pat y George, y el resultado de los esfuerzos de un pastor fiel por ayudar a un miembro de su iglesia en necesidad. Veamos ahora la historia de Pat a mayor profundidad.
La historia de Pat
Nuestra familia jamás expresaba sus sentimientos.
Recuerdo anécdotas de la escuela durante mi niñez, pero no recuerdo mucho de mi vida familiar, excepto algunas escenas retrospectivas que tuve durante mi consejería. Nuestra familia jamás expresaba sus sentimientos y a nadie le importaba lo que sucedía en la vida de los demás.
Entre los cuatro y los seis años de edad, papá abusaba de mí sexualmente. Al fin le dije a mi mamá: «Tengo miedo de papi. Me duele lo que me hace». Esa noche los oí discutir y luego mamá dejó de hablarme. Estaba enojada conmigo y me cortó mi pelo largo para que pareciera un niño. Aprendí a nunca más contar mis problemas ni a mamá ni a papá.
El muchacho vecino me violó cuando tenía ocho años. Me sentí confundida, deprimida y enojada por mucho tiempo, y temía mucho el rechazo. Nunca tuve muchas amistades y no me gustaba la vida. En la escuela primaria me corté las manos con vidrio creyendo que era una persona horrible que necesitaba castigo.
Si pensaba que mi vida de niña fue dura, esta empeoró todavía más durante la escuela secundaria. Me sentí como si hubiera llegado al final de todo. No podía beber lo suficiente como parar mitigar el dolor que sentía y las voces que escuchaba, pero lo intenté. Tomaba alcohol antes de ir a la escuela, durante las clases y en los fines de semana con el fin de poder sobrevivir a esos días. Cuando al fin me dieron un cuarto para mí sola, lo hice mi refugio y pasaba mucho tiempo encerrada en él. Era el lugar donde escapaba de mi abuela, que vivía con nosotros y que nunca me quiso.
Cuando tenía quince años tomé un puñado de pastillas para el dolor que tenía mamá. Pensar y planear el suicidio me dio el rato de más paz que jamás hubiera experimentado en mi vida de incredulidad. Esperé que todo el mundo fuera a dormir y me las tomé, pero no tomé las suficientes y sólo dormí todo el día siguiente. Mamá no dijo nada al respecto y me volvió a enviar a la escuela al otro día. Lloraba en todas mis clases hasta que finalmente la profesora llamó a mamá y le pidió que me recogiera. Me llevó al médico que nos puso en contacto con un siquiatra que me dio antidepresivos y empezó a aconsejarme con regularidad.
Un día cuando papá me recogió después de una cita con el siquiatra, me dio una impresión muy rara, como si fuera otra persona. Vi en sus ojos una expresión malévola como cuando acostumbraba abusar de mí. Creo que estaba temeroso de que lo desenmascarara ante el doctor. Después de eso traté dos veces más de tomar una sobredosis.
Lo único que te va a ayudar en tu vida no voy a ser yo.
Cuando todavía era alumna de secundaria conseguí un empleo como mesera en un centro cristiano de conferencias. Creo que lo logré porque en la solicitud mentí respecto a mi experiencia con Dios. Un día hablaba con otra mesera acerca de mis problemas y ella me presentó un muchacho llamado George. Había oído que él era un «seguidor de Jesús». No sabía qué pensar de alguien que siempre hablaba de Jesús, Sin embargo, era un muchacho bueno y simpático.
Conforme nos conocimos empecé a apreciarlo mucho porque me escuchaba y me trataba de ayudar. Una noche estrellada de diciembre, después del trabajo, estábamos conversando en el estacionamiento y me dijo: «Pat, podemos hablar todo el tiempo, pero tiene que ser el Señor».
Y esa noche, a la edad de diecisiete años, le entregué a Cristo a mi vida.
A partir de ese momento cambió mi vida, como si se hubiera soltado una enorme presión y pesadez desde mi interior. Tuve mucha hambre de leer la Biblia y no me importaba que mi madre pensara que sólo estaba pasando por otra etapa en mi desarrollo.
Estaba agradecida de George por haberme conducido a Cristo y empezamos a salir, y luego me pidió que me casara con él. Cuando le contamos a mi madre de nuestros planes, su respuesta a George fue: «No la deje embarazada. No quiero otro bastardo en la familia».
Ella había quedado embarazada antes de casada y mi hermana pasó por lo mismo. Como el sexo era un tema que jamás discutíamos en casa, me enojó muchísimo y sentí vergüenza de que mi madre lo hubiera mencionado de esa manera delante de George.
Volvió la pesadez sentida antes de ser cristiana.
Cuando George empezó a presionarme sexualmente, volvió la pesadez sentida antes de ser cristiana. Me sentí sumamente decepcionada, porque todos los demás hombres que yo conocía también habían hecho lo mismo. Pero como sentí que lo quería mucho, cedí ante el concepto de que «así son todos los hombres». En ese momento se empezó a realizar un cambio muy sutil en mi manera de pensar: el comienzo de mi desilusión con el cristianismo.
Cuando nos casamos ya estaba embarazada, pero al mes perdí mi bebé y empecé a caer en espiral hacia la depresión. George empezó a traer marihuana a casa para que fumáramos juntos, y de nuevo consideré el suicidio.
Asistíamos a la iglesia esporádicamente y escuchábamos gloriosos relatos de las victorias de los demás. Yo agonizaba respecto al hecho de que tuviéramos que luchar tanto. La gente nos decía que deberíamos ser diferentes dado que éramos nuevas criaturas en Cristo, pero eso sólo me hizo sentir más rechazada, confundida y desesperada.
Pensé que si tuviéramos un bebé tal vez se llenaría el vacío de mi vida. Me parecía que nadie me necesitaba y que tener un bebé que dependiera de mí me haría feliz. Cuando me enteré que estaba embarazada le dije a George que ya no iba a fumar marihuana. Se enojó y empezamos a pelear por casi todo, hasta que nuestras discusiones se volvieron muy violentas y a menudo él salía furioso de casa.
Me enojaba hasta llegar a la violencia.
Seguí con depresión casi todo el tiempo, pero no me di cuenta de la urgencia de que necesitaba ayuda hasta después que nació mi hijo. Me enojaba con él hasta llegar a la violencia. Dos años y medio después, nació mi hija, entonces empecé a tener pesadillas de que mi hijo abusaba de ella o le hacía daño, y me vi reaccionando excesivamente ante cada equivocación del niño, por más simple que fuera. Esto me molestó y hablé con amistades y con mi pastor (no era el Pastor Simms), pero no tomaron en serio el asunto diciéndome que yo era «una buena mamá».
Me pareció que el pastor me rechazó porque esperaba que un cristiano viviera una vida perfecta. Fue severo y acusador, y no nos sentimos a gusto en esa iglesia. Tampoco sentía aceptación de parte del papá y de la madrastra de George, por lo que también tuvimos conflictos al respecto.
Entonces George perdió su empleo, al mismo tiempo en que nuestro pastor asociado se mudaba a trabajar en una iglesia en otra parte del estado. Sugirió que hiciéramos un cambio y que nos trasladáramos con él, cosa que hicimos.
Estábamos en el fin del mundo.
Resultó un trabajo para George en una hacienda, que nos ubicó en el fin del mundo. Trabajábamos siete días por semana y casi nunca íbamos a la iglesia como familia. Fue una época difícil, pero nos unimos más pues dependíamos uno del otro en vez de depender de los demás.
Allá vivimos por dos años y medio. En todo ese tiempo sentí odio de parte del jefe de mi esposo. Siempre nos preguntaba: «¿Cuándo se van de aquí?» Finalmente, cuando nos fuimos, no estuvo en la cena de despedida que nos hizo el personal.
Alguien nos ofreció un empleo de tiempo parcial y nos dio dinero para regresar al pueblo donde habíamos vivido anteriormente. Esto enojó al pastor que nos había invitado a mudarnos con él. Se separó de nosotros también.
Seguía viviendo en tormento, oyendo voces, hostigada por pesadillas terribles y bebiendo. Era anoréxica, luchaba con el suicidio y era masoquista: me cortaba como lo había hecho en la escuela primaria.
Cuando iba a la iglesia, me sentía atormentada.
Después de mudarnos, George y yo empezamos a asistir a la iglesia donde iban mi hermano y mi cuñada; llegué a querer mucho al pastor Simms. Parecía que tenía un amor genuino por la gente. A pesar de eso, cuando iba a la iglesia, me sentía atormentada; de repente le tenía un odio intenso. Cuando lo miraba se me llenaba la mente con escenas de cosas terribles que le sucedían. Le tenía pavor y buscaba cualquier excusa para no asistir.
Una amiga me contó de un grupo de atención a víctimas, al que asistí por mucho tiempo, pero me costó mucho. El momento que entraba donde estaba el grupo, las voces y los horribles pensamientos se agravaban. Sin embargo, pude soltar un poco de mi ira para no descargarla siempre en mi hijo. Eso me ayudó porque me había sentido culpable de estar destruyéndolo.
Jamás me hizo sentir que me estaba volviendo loca.
Cuando empecé a recibir la consejería del pastor Simms, esperaba ilusionada cada sesión. Fue la primera persona que no me dijo que era una criatura nueva en Cristo, que las cosas viejas habían pasado y que no debería seguir con problemas. Jamás me hizo sentir que me estaba volviendo loca. Recuerdo la primera vez que le dije que oía voces en mi cabeza. No se burló de mí, sino que me creyó.
El pastor Simms sufrió mucho tratando de ayudarme porque lo llamaba con frecuencia y cuando luchaba contra el suicidio, su apoyo fue muy fuerte.
Por dos años pasé por un ciclo de bulimia que nunca le conté a mi marido. No sé por qué, pues ya sabía de mi lucha contra el alcohol, de las voces y de los pensamientos suicidas. Pero cuando me hospitalizaron por un mes debido a mi trastorno en la alimentación, fue todo un choque para él y se sintió traicionado.
Más tarde me confesó que poco antes de que yo saliera del hospital había tenido relaciones con una compañera de su trabajo. Eso me chocó violentamente. No quería saber nada de eso ni de las voces que me atormentaban cada vez que asistía a la iglesia … ni de las cosas que me sucedieron antes, durante y después de mi hospitalización … ni de mi niñez … ni de nada. Por dos meses me retiré dentro de mi casa y me encerré en mí misma.
Estaba segura de que Dios no quería que viviera así el resto de mi vida.
Fue entonces que el pastor Simms me dio el folleto sobre el seminario del Dr. Anderson. Quise ir porque estaba segura de que Dios no quería que viviera así el resto de mi vida.
Escuchar a Neil fue como oír la historia de mi vida. Habló de las personas que escuchan voces y tienen pensamientos suicidas, cosa que yo hacía. Su enseñanza me dio una esperanza increíble, hasta el último día en que se nos pidió que hiciéramos las oraciones en los pasos hacia la libertad. Ese día sentí náuseas y parecía que la cabeza me iba a estallar.
Me fui a la parte trasera del auditorio y finalmente salí, pues ya no aguantaba más. Después de un rato me obligué a regresar; fue el momento en que todo el mundo hacía las oraciones de perdón. Las voces dentro lazaban alaridos. Sentí que no había nadie con quien estuviera enojada, nadie que tuviera que perdonar, todo el mundo era perfecto; el único problema era yo.
Con sólo pensar en mis problemas, las lágrimas corrían por mis mejillas.
Unos quince días después llamé al pastor Simms y le dije que en un ambiente de grupo no podía hacer mi lista de personas a quienes perdonar. Además, cuando estaba sentada en la parte trasera del auditorio no había nadie llorando cerca de mí. Parecía que nadie luchaba contra nada, mientras que con sólo pensar en mis problemas, las lágrimas corrían por mis mejillas y no quería pasar vergüenza.
El pastor Simms me dijo que se había enterado de otro pastor que me podría conducir por las oraciones, me concertaría una cita y hasta iría conmigo, si así lo deseara. El día de la cita nos encontramos allá. Me sentía muy nerviosa, pero de inmediato me sentí segura cuando el pastor Simms y yo nos sentamos en la oficina del pastor Jones. Nunca había visto antes a este hombre pero cuando miraba su cara sentía paz, sabía que era sincero y que yo le importaba. Empezó diciendo que le advirtiera inmediatamente en caso de que las voces o las náuseas aparecieran, para que nos detuviéramos a orar y hacerlas ir.
Desde la infancia había tenido incesantes dolores de cabeza a diario, los que habían aumentado su intensidad, desde que asistí al primer grupo de apoyo hacía tres años. Ahora me empezaba a martillar la cabeza. Cuando llegamos al paso del perdón, me dieron náuseas como el día que estuve en el seminario. Me temblaban las manos. Las voces eran tan fuertes que me volvían loca, y recuerdo haber preguntado: «¿No oyen esto?» Con cada una de estas distracciones, el pastor Jones oraba o me pedía que orara: «En el nombre de Jesús, te ordeno Satanás que te vayas de mi presencia» y se calmaba la molestia. Quizás de lo más difícil que jamás haya hecho en mi vida entera fue seguir esos pasos, pero lo logré con la ayuda del pastor Jones.
Sabía que ahora todo era distinto.
Al principio parecía como si nada hubiera cambiado. Pero luego vino mamá y criticó el orden y la limpieza de mi casa como acostumbraba hacerlo en el pasado. Cuando sucedió eso no me molestó, ¡y sabía que todo era distinto¡ Al principio me costó un poco regresar a la iglesia, pero eso también cambió. Me encantaba la alabanza y escuchar al pastor Simms, por primera vez pude entender lo que decía porque no habían voces. ¡Jamás había sonreído tanto como ese día! Estoy muy agradecida por el amor incondicional del pastor Simms que no me había dejado retirarme de la iglesia.
He subrayado todos los versículos en mi Biblia respecto a quién soy en Cristo. Todavía tengo pensamientos que me condenan y me acusan pero no me agarro de ellos como lo hacía antes: Ahora los reconozco rápidamente. La vida todavía tiene sus problemas pero lo que siento ahora es como de la noche al día, nada como era antes. En realidad, mi manera de ver las cosas ha cambiado totalmente desde el día que salí de la oficina del pastor Jones.
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George, el esposo de Pat, se sintió tan animado y contento de que ella fuera liberada de tanto tormento, que quiso también buscar ayuda.
La historia de George
Nada en mi vida había obrado para liberarme.
Me emocioné mucho cuando revisé los libros que Pat trajo del seminario a casa y pensé: Esto sí va a resultar. No hay palabras para describir lo desesperadamente que necesitaba la ayuda prometida en ellos, porque en mi vida nada había obrado para librarme de la fortaleza sexual de Satanás que estaba destruyendo a nuestro matrimonio y a mí.
Me crió un padre perfeccionista, la clase de papá al que nada le era suficiente por más que yo tratara de hacer lo mejor. Cuando bateaba jonrón me decía: «Lo hiciste bien, pero déjame mostrarte otra manera mejor».
Mis padres se divorciaron cuando yo tenía unos cinco años y a pesar de mi poca edad mi madre empezó a depender de mí. Se volvió a casar y mi padrastro era un alcohólico verbalmente ofensivo. En mi etapa de crecimiento trabajaba con él, quien a su vez me decía cuánto me necesitaba. Creo que fue por eso que desarrollé la actitud de tener que esforzarme por conseguir aceptación y aprobación, lo que intentaba hacer con ahínco.
Mi papá tenía pornografía con escenas muy vívidas de actos sexuales.
La primera vez que vi material pornográfico todavía vivía con mi padre biológico. Había escenas muy vívidas de actos sexuales pornográficos. Mi abuelo también tenía una cabaña empapelada con ilustraciones de la revista Playboy. Tanto papá como el abuelo tenían una actitud irrespetuosa y de explotación hacia las mujeres.
Además, mi abuelo tenía un grado treinta y dos en masonería. Usaba un anillo de la masonería y tenía mucha influencia política en la ciudad en donde vivía. Al morir, tuvo un funeral masón.
Cuando tenía trece años, empecé a asistir a una pequeña escuela católica. Quería que me aceptaran, por lo que le correspondí a uno de los muchachos que parecía muy popular cuando mostró interés en mí. Me invitó a su casa cuando sólo se encontraba su hermano mayor, y nos fuimos a su dormitorio porque quería tener relaciones sexuales conmigo. Recuerdo que pensaba: La verdad es que no quiero hacerlo, pero lo haré con tal de que seas mi amigo. Jamás me había llamado la atención los muchachos, pero en ese momento parece que fue plantada una semilla que más tarde tuvo un impacto profundo sobre en mi conducta.
La pornografía era mi manera de sentirme bien.
No me sentía cómodo conmigo mismo ni me sentía aceptado, lo cual hizo que la pornografía fuera mi manera de sentirme bien. Nunca tuve que comprar revistas pornográficas porque podía ver todas las que quisiera del surtido de mi padre. Devoraba las revistas Playboy y tenía fantasías con las mujeres que allí aparecían, así como también con las que salían en las secciones femeninas de los catálogos.
Empecé a masturbarme a los catorce años. Escogía a una muchacha de la escuela y de noche me iba a pensar en ella y a masturbarme. Tenía fantasías con las muchachas, pero no salía con ninguna; ni siquiera les hablaba y no quería ninguna relación con ellas, sino la simple gratificación sexual. El punto central era sexual.
Tuve relaciones sexuales por primera vez a los diecisiete años y ni siquiera fue por una cita. Conocí a la muchacha en un centro comercial, donde nos presentó un amigo mutuo, y luego nos fuimos a la casa de ella donde hicimos el acto sexual.
A los dieciocho años empecé a salir con muchachas, una de ellas era la vecina. Lo que recuerdo es que no soportaba su risa, cosa que no impidió que tuviera relaciones con ella. De nuevo, el eje de todo era el sexo; ni siquiera me interesaba llegarla a conocer. Esto me preocupó porque sentí que quizás nunca iba a poder amar verdaderamente a una muchacha, sino que seguiría encontrando en ella defectos que romperían la relación.
Estaba decidido a salir únicamente con las que pudiera tener relaciones sexuales, y no buscaba chicas de carácter ni respetables. Lo único que deseaba era sexo.
No sabía cuál era el propósito que tenía mi vida.
A los veinte años me deprimí totalmente y por un año más o menos no salí con nadie. El Señor empezó a hacer su obra en mi vida como resultado de un curso universitario de ecología humana. Cuando me enteré de que nuestro mundo se está desmoronando, me empezó a sobrecoger una depresión profunda, la cual quise contrarrestar fumando marihuana y tomando licor. No sabía cuál era el propósito que tenía mi vida. Quería que me amaran, pero no andaba con la gente indicada. Quería un futuro pero me frustraba que no lo hubiera.
En esa época alguien que repartía en la universidad el Nuevo Testamento de los gedeones me regaló uno y lo empecé a leer. Más tarde, después de ver la película «Los Diez Mandamientos», empecé a leer el Antiguo Testamento.
A medida que lo leía me emocionaba sobremanera el hecho de que Dios pudiera establecer una relación conmigo. Conforme leía el Antiguo Testamento, lo único que se me ocurría era pensar en todas las reglas que había quebrantado. Pensé: ¿Cómo voy a salir de esto? Soy demasiado culpable. Así me deprimía más.
Lo otro que me hizo sentir impotente fue la costumbre de fumar marihuana. Sabía que era malo y deseaba dejar el hábito, pero no podía. Recuerdo que le decía a Dios: «Por favor, haz algo porque yo quiero dejar de hacerlo. Quiero estar bien ante ti, pero sigo ofendiéndote y pecando contra ti».
Se me ocurrió que Dios estaba literalmente hablándome a través de la Biblia.
Un día tomé mi bicicleta, mi almuerzo y mi Nuevo Testamento de los gedeones y dije: «Voy a salir a almorzar con Dios». Leí la parábola del sembrador y comprendí su significado. Cuando leí la interpretación en los siguientes versículos y vi que mi entendimiento había sido correcto, se me ocurrió que Dios estaba literalmente hablándome a través de la Biblia. Sin embargo, no comprendía por qué lo hacía cuando yo había quebrantado todas sus leyes.
Sabía que necesitaba romper con mis relaciones poco sanas, así que volví al estado donde vivía mi madre. Ese verano conocí a una lesbiana quien me invitó a su casa con otros muchachos. Me invitaron a un bar donde empecé a tomar y terminé besando a un tipo que estaba allí. Me arrolló un poderoso sentimiento de lujuria, mucho más potente que lo que jamás había sentido con una muchacha y me dio un tremendo susto. Era un deseo ardiente, agresivo que saltó de la nada y me di cuenta de que me estaba abriendo al homosexualismo. Eso me asustó tanto que lo dejé allí mismo.
En esa época leí un libro extraño de Roy Masters que describía a Jesús de manera desviada. Lo había comprado en una librería en el centro comercial, donde daban un seminario de la Nueva Era. Empecé a meditar dentro de mi ropero, colocando mi mano ante la frente y trayéndola hacia mí para darme la sensación de que la mano me atravesaba la cabeza. Estaba en una búsqueda y el hecho de que esta enseñanza tuviera un sabor a «Jesús» me hizo receptivo a la misma.
Lo más probable es que me hubiera metido más en la Nueva Era de no haber sido por la copia del libro The Late Great Planet Earth [El finado gran planeta tierra], que alguien le dejó a mi hermana. Leí el libro en su totalidad y cuando terminé, salí a pedir a Jesús que fuera mi Salvador, pero no estaba muy seguro de que realmente lo fuera.
En ese momento obtuve la seguridad de mi salvación.
Un amigo me dijo: «Tienes que conocer a mi abuela. Ella te puede ayudar».
Cuando lo hice, pensé: Jamás he conocido a nadie que tuviera tanto celo por el Señor. Ella tenía una profunda relación personal con Jesús. Después de hablar con ella una noche me di cuenta de que debía tomar una posición definitiva y rendir mi vida a Cristo. Al día siguiente asistí con ella a la iglesia y cuando hicieron la invitación, me preguntó si no quería que me acompañara adelante. Le dije: «No tiene que hacerlo. Ya voy».
En ese momento obtuve la seguridad de mi salvación.
A partir de ese día quise verdaderamente obedecer al Señor, por lo que no me masturbé por todo un año y no tuve problemas sexuales de ninguna clase. Entonces regresé al estado donde vivía papá y empecé a trabajar en el centro de conferencias cristianas donde conocí a Pat.
Amaba al Señor y sólo quería servirle, pero un día mientras escuchaba una transmisión nacional de radio cristiana, el conferenciante dijo algo que le abrió al enemigo una brecha por la cual meterse. Habló acerca de la masturbación, no la veía como pecado sino algo sin importancia, era problema sólo si sucedía por un largo período. Lo escuché, fui a casa y esa noche dije: «Bueno, Señor, si tú lo comprendes, entonces creo que lo puedo hacer». Volvió la atadura y una vez renovado el hábito continuó por años, aun por mucho tiempo de casado.
Muchas muchachas trabajaban en el centro de conferencias, pero Pat se destacaba entre todas. Me gustaba su personalidad tranquila y quise ayudarla con sus problemas. También era atractiva, y después de un tiempo empezamos a salir juntos. Luego me di cuenta de que la amaba y quise casarme con ella.
Ese matrimonio pudo haber ido muy bien, pero arruiné todo cuando la convencí que tuviera relaciones sexuales conmigo antes de casarnos. Soy el responsable. Más tarde me contó que había pensado: ¿Por qué quiere hacer esto si vamos a casarnos? Pero no expresó lo que pensaba y no me sensibilicé con sus sentimientos. Sé que el Señor me ha perdonado, pero esto tuvo sus efectos. La noche de bodas fue decepcionante para ambos.
Todo estaba Juera de control.
Con mis adicciones sexuales y el hostigamiento que sufría Pat por parte de voces, pesadillas, ira y depresión, se puede imaginar lo que era nuestro matrimonio: todo estaba fuera de control.
Mientras hacía unos trabajos extras para papá, encontré en su escritorio una pornografía muy explícita que miraba y a la vez me masturbaba. Luego vi que tenía videos pornográficos, cosa que jamás había visto antes, era tan fuerte que no lo podía creer. Era diez veces más poderoso que una revista. Empezó a crecer en mí cada vez más el deseo sexual, tanto que cada vez que miraba a una muchacha era con lujuria.
En esa misma época Pat trataba de librarse de su pasado por medio de la consejería que le daba el pastor Simms, y yo empezaba a sentirme sexualmente atraído por una muchacha en mi trabajo. Era algo así como: «El pasto se ve más verde del otro lado de la cerca». Estuve tentado por unos seis meses, a veces sí y a veces no, el jueguito del ratón y el gato, algo muy sutil. El diablo tenía todo arreglado, mordí el anzuelo y tuve un romance con esta muchacha. Lo más triste es que sucedió cuando Pat estaba en el hospital buscando ayuda. Después lloré toda la noche, consumido por la culpabilidad que pesaba como una enorme roca en mi corazón. Tenía muchísimo miedo de perder mi matrimonio. Dios nos había dado mucho a Pat y a mí, y me había arriesgado a perderlo todo.
Estaba totalmente esclavizado. Había desarrollado un fuerte deseo de tener sexo oral. Una vez, poco antes de ir Pat a la conferencia, me miré en el espejo del baño antes de meterme a la ducha y sentí que alguien me estaba agarrando para tener relaciones sexuales conmigo. Otra vez me desperté en la noche sintiendo una mujer encima de mí, con su boca sobre la mía. Era algo físico, superior a un sueño. Sé que había algo más que yo involucrado, pero nadie más estaba en el cuarto.
Tuve la certeza inmediata de que estaba libre.
Después de que Pat asistió a la conferencia y me puso a leer los libros que trajo a casa quise ir a ver al pastor Jones, el hombre que la había conducido por los pasos hacia la libertad. Estaba listo; sabia que lo necesitaba.
Se concertó una cita y fui. Después tuve la certeza inmediata de que estaba libre: los deseos sexuales desaparecieron, pero mi preocupación era si podría mantener mi libertad o si regresaría la atadura.
Debo ser honesto y confesar que aun después de ver al pastor Jones y de tomar los pasos hacia la libertad, volví a caer en la masturbación unas cuantas veces. Pero estoy aprendiendo a resistirlo y sé que cuando caigo es por un acto de mi voluntad, un patrón de conducta, no por una compulsión descontrolada. Sé que Dios me ama, me perdona y me acepta, y quiero que sea Él quien renueve y transforme mi mente.
Antes creía que la batalla contra Satanás ya estaba vencida y que no podíamos volver a tener ese tipo de problema. Pensaba que teníamos una nueva naturaleza y que simplemente luchábamos contra la carne, que no era un asunto espiritual. Ahora sé que como hay ángeles también hay espíritus que nos rodean, y que pueden sugerirnos cosas pero no tenemos que decidir a favor de ellos. Pat fue la que me recordó esto diciendo: «Tienes libre albedrío». Cuando lo dijo, recordé todo. Jesús dijo: «Conocerás la verdad y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). Él es la verdad y me ha liberado. Conforme dependo de Él, le obedezco y me decido por su verdad, Él me mantiene libre.
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Un ministerio para la iglesia
El pastor Jones, un ex alumno mío, se dedicó a ayudar a la gente a librarse de las ataduras espirituales cuando estuvo presente en una sesión de consejería que me pidió que dirigiera. Desde ese entonces se ha capacitado más y ha empezado un grupo que se llama S.W.A.T. (Spiritual Warfare Against Trauma [Guerra Espiritual Contra el Trauma]). No sólo ha ayudado personalmente a muchos a encontrar su libertad en Cristo, sino que ha visto a varios de su congregación recibir preparación para ayudar a otros. Siempre insto a los pastores que no intenten ejercer este ministerio solos, pues rápidamente quedarán abrumados y finalmente abandonarán otros ministerios importantes de la iglesia.
Si su iglesia va a tomar en serio este ministerio vital, entonces empiece seleccionando con mucha oración un grupo pequeño de las personas espiritualmente más maduras. Esta gente misma debe estar libre en Cristo y viviendo una vida balanceada, comprometida con la autoridad de las Escrituras y con el estudio de la Palabra de Dios.
La paciencia es un prerrequisito, ya que ninguna sesión se puede realizar en el corto período asignado normalmente para la consejería cristiana. Una vez que empiece a conducir a una persona por los pasos a la libertad, termine con ella en la misma sesión. Si no desarrolla todos los pasos hacia una resolución, esa persona se irá y experimentará la peor semana de su vida. La única excepción es cuando se trata de la gente gravemente traumatizada, cuyo caso examinaremos en el último capítulo.
El aspecto espiritual de la adicción
La declaración de George, de que «había algo más que yo involucrado», saca a relucir otros asuntos sobre la adicción sexual. Ya he dicho que existe un lado espiritual en los comportamientos enviciados, pero se alude a lo que él experimentaba como íncubo y súcubo (nombres latinos para los espíritus o demonios sexuales masculino y femenino). Casi nadie divulgará jamás haber experimentado algo semejante por ser muy pervertido. Cuando sé que ha habido incesto o adicción sexual grave, pregunto a los pacientes si alguna vez habrán sentido que se les acercaba alguna presencia con el fin de tener relaciones sexuales. A menudo la imagen que habrán visto es la de un hombre con la mitad inferior de su cuerpo en forma de chivo o de una mujer con su parte inferior en forma de culebra, o cualquier variedad de imágenes grotescas. A veces se despiertan masturbándose compulsivamente.
Un hombre sintió que algo acariciaba sus genitales en la noche y al principio creyó que era su esposa. En vez de resistir, participó en la experiencia; ésta creció hasta que pudo sentir el peso de un cuerpo femenino sobre el suyo. Luego empezó a sentir la presencia en su auto mientras iba al trabajo. Finalmente, empezó a pensar: ¿Qué estoy haciendo? ¿Me estaré volviendo loco? Al haber participado con esto, creció en intensidad y ya no se quería ir.
En la época en que fue a verme a mi oficina se acostaba de noche con una Biblia entre las piernas y cuadros de Jesús encima de su cuerpo, con el intento de parar ese ataque. ¡No resultó! No obtuvo la libertad sino cuando renunció a su participación con el espíritu sexual, negándose a usar su cuerpo como instrumento de maldad y cuando pidió a Dios que lo perdonara. Esta atadura sexual puede ser muy enfermiza y malévola. Algunas personas me han contado que sienten la compulsión de atar algo alrededor de su cuello mientras se masturban, hay quienes han muerto así por la asfixia autoerótica.
La naturaleza viciosa de la perversión
El breve encuentro que tuvo George con el comportamiento homosexual ilustra vivamente la naturaleza diabólica del sexo pervertido. El torrente de sensación que tuvo al besar al hombre, como la misma sensación que se da en las drogas que alteran la mente, no venía de su propio ser natural ni tampoco de Dios. Cuando voluntariamente se opone a las normas de Dios, las puertas quedan abiertas a las sirenas de Satanás, y el hecho de sentir ese «climax» es intoxicante y esclavizante. En primer lugar, jamás se debe dar rienda suelta al sexo pervertido, pero si ya lo ha hecho, debe renunciar inmediatamente y tomar la decisión de huir de la inmoralidad. Pablo lo resume en Romanos 13:12–14:
La noche está muy avanzada, y el día está cerca. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz. Andemos decentemente, como de día; no con glotonerías y borracheras, ni en pecados sexuales y desenfrenos, ni en peleas y envidia. Más bien, vestios del Señor Jesucristo, y no hagáis provisión para satisfacer los malos deseos de la carne.
10
El abuso ritual y el TPM
Mientras dirigía un seminario en otro estado me pidieron que visitara a una joven hospitalizada en una unidad siquiátrica. Había leído mis libros y quería verme. El médico lo permitió, pero debía haber una enfermera y la sesión se debía filmar. Marie fue víctima de abuso ritual cuando niña. Sabía que no iba a poder hacer mucho en la hora que me asignaron, por cuanto lo único que iba a hacer era ofrecerle alguna esperanza. Con las víctimas del abuso ritual la sesión inicial puede durar varias horas si se quiere lograr algún cambio importante.
Le pedí su colaboración en que me dijera cualquier oposición mental que experimentara durante la sesión. Como he mencionado antes, la mente es el centro de control. No perderíamos el control mientras Marie dominara activamente su mente y expusiera a la luz los pensamientos mentirosos que trataban de distraerla. Fue una lucha, pero logró mantenerse centrada en toda la hora. Durante ese tiempo afirmé quién era como hija de Dios y la autoridad que tenía en Cristo. Traté de ayudarla a comprender cuál era la batalla que se libraba en su mente. Cuando me levanté para salir, habló una voz diferente: «¿Quién es usted? ¿Por qué no me quiere?»
¿Qué era eso? ¿Un demonio? ¿Otra personalidad? Su educación teológica y su visión bíblica del mundo van a influir mucho en la respuesta que dé. En vista de que la sicología secular no acepta la realidad del mundo espiritual, existe un solo diagnóstico posible: el TPM (trastorno de personalidad múltiple). En contraste, algunos ministerios de liberación ven sólo demonios en situaciones como esta. ¿Cuál interpretación es correcta? ¿Cómo podemos saberlo? ¿Hay otras explicaciones posibles?
Antes de apresurarse a contestar, permítame contarle otra historia. Después de una conferencia que di en una iglesia, varias personas me atiborraron de preguntas, entre las cuales estaba una mujer atractiva de unos treinta años. Al describirme el abuso del que fue víctima en su infancia, se le empezaron a poner vidriosos los ojos. Podía ver que algo en su mente la distraía y no quise apenarla en esos momentos. Entonces le pedí que me esperara hasta que terminara de atender a los demás, y concerté una cita para la siguiente semana.
Elaine era una mujer inteligentísima con una carrera profesional bien establecida. Sin embargo, su vida interior apenas se podía mantener a flote, a pesar de ir a ver un consejero secular y a un grupo de recuperación de doce pasos. Mientras me contaba su historia, proclamó de repente que uno de sus múltiples no se quería ir. Le pregunté si se le había diagnosticado TPM. Lo afirmó; su consejero le había informado que tenía doce personalidades alternas.
Pedí permiso para dirigirme sólo a ella y después de pasar por los pasos hacia la libertad, no hubo rastro de los múltiples. En su caso, creo que las voces eran claramente demoníacas. En otros casos extremos, creo que hay una combinación de fortaleza espiritual y mente fragmentada debido a un trauma severo.
La mente fragmentada
¿Qué es una mente fragmentada? Es una mente dividida como resultado de haber decidido desprenderse de las circunstancias inmediatas que rodean al individuo. En un sentido limitado, todo el mundo decide hacerlo. Recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños optaba por desconectarme de mi entorno. Podían estar discutiendo y vociferando en la habitación vecina, y yo los «apagaba» como quien baja el volumen. Me concentraba tanto en lo que hacía, como estudiar o ver mi deporte favorito en el televisor, que consciente o inconscientemente decidía no ocuparme de ellos porque no quería enfrentar algo desagradable, o porque no quería que me distrajeran de lo que estuviera haciendo. Mentalmente me encontraba «en el jardín», como decía mi esposa. «Tierra llamando a Neil», era su forma de lograr que me sintonizara de nuevo con lo que me rodeaba.
No, no soy raro; de vez en cuando todos hacemos lo mismo. La gente que vive cerca de la línea del tren o de los aeropuertos aprenden a hacerle caso omiso al ruido. Una amistad puede estar en su casa cuando pasa el tren y pregunta: «¿Cómo aguanta esto?» Usted responde: «¿Aguantar qué? Ah, ¡el tren!» Al principio me molestó casi tres semanas y ahora ni siquiera me doy cuenta cuando pasa». Decidimos pensar en lo que es verdadero, bello, puro, etcétera (Filipenses 4:8). Podemos decidir no tratar con algo desagradable, disociarnos y pensar en otra cosa. Pero a lo mejor es malsano si nos desprendemos de la realidad como una manera de aguantar. También se puede transformar en un patrón de negar la realidad.
Multiplique por mil lo desagradable que es oír a niños pelear y a los trenes que pasan, y tal vez logre sentir un poco de lo que soportan quienes sufren de trastorno disociativo: Es un mecanismo de defensa, causado por trauma severo, mediante el cual la persona se disocia para sobrevivir. Desafortunadamente, las atrocidades de las que han sido víctimas están grabadas en su banco de memoria. Físicamente sus ojos siguen viendo, sus oídos oyendo y sus cuerpos sintiendo, pero la mente decide hacer caso omiso de todos esos horrores que rondan y crea un imaginario mundo «seguro», dentro del cual vivir.
Sólo hay un certificado de nacimiento
¿Cómo resolveremos este dilema? Primero, no me gusta mucho el término TPM, pues da la impresión de que hay mucha gente presente en un cuerpo. Sólo hay un certificado de nacimiento y cuando muera, una persona tendrá únicamente un certificado de defunción … sólo un nombre se puede escribir en el Libro de la Vida del Cordero … y sólo una persona puede presentarse ante Dios un día y rendir cuentas por las decisiones que haya tomado en la vida.
Los que intentan traer a la superficie e integrar otras personalidades reconocen que, por lo general, hay un ser dominante, y que casi siempre identifican como la personalidad anfitriona. El cuadro clínico TPM, tal y como lo ven la mayoría de los expertos en salud mental, sería este:
Personalidades múltiples
No creo que esta sea la percepción correcta. Prefiero pensar que sólo hay una persona y que tiene una mente fragmentada. El cuadro entonces se vería de la siguiente manera:
Porciones fragmentadas de la mente escondidas de la memoria
Qué hacer con el viejo ser
La integración sicológica de las personalidades va mucho más allá de los límites de este libro, pero sí quiero presentar la necesidad de establecer en Cristo a estas queridas personas y de resolver primero sus ataduras espirituales. En muchos casos, las mismas víctimas no logran determinar si la voz en sus mentes es una personalidad alterna o un demonio. Mientras conducía a una joven por los pasos hacia la libertad, de repente confesó, al llegar al paso de la rebelión: «Siempre pensé que esa parte mía era otra personalidad». Renunció al espíritu maligno y a su participación con él y le ordenó que se fuera. El cambio en su rostro nos fue notable a ambos. Muchos consejeros que no conocen a Dios tratan de integrar a los demonios dentro de las personalidades de la gente, y muchos pastores bien intencionados tratan de echar personalidades. Hay que evitar ambos extremos.
Las personalidades anfitrionas no siempre quieren aceptar que sean TPM y a menudo se resienten con la intervención de otras personalidades menos desarrolladas que a veces los humillan delante de la gente. Las personalidades se desarrollan debido a ciertos factores ambientales. Cada personalidad emergerá involuntariamente a realizar la función para la cual fue desarrollada. Una personalidad puede dominar durante el trabajo cuando se encuentra presionada y otra puede salir para las ocasiones sociales. Cada trastorno de personalidad múltiple es distinto. En la mayoría de los casos las personalidades fragmentadas no se han desarrollado ni han aprendido a manejar la vida centrada en Cristo. En casos severos, la personalidad fragmentada quizás aun sea leal a la secta que causó la fragmentación. Han surgido numerosos casos en que un cristiano comprometido se haya escapado de noche y literalmente haya participado con los satanistas.
Por lo general, explico a las personalidades anfitrionas que su mente es como una casa, en la que ellas ocupan el espacio más dominante. Conforme ayudo a limpiar el espacio y las establezco en Cristo, puede ser que estén conscientes de que hay otros cuartos en la casa. Estos no se han limpiado ni están conscientes de que fueron establecidos en Cristo. Hay que reconocerlos, vencerlos y liberarlos de su pasado. Con el tiempo, deben estar de acuerdo en ser uno en Cristo. Los siguientes versículos ofrecen esperanza y dan dirección para conducir el tratamiento.
Porque los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos (Gálatas 5:24).
Porque si bien en otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. ¡Andad como hijos de luz! (Efesios 5:8)
Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Filipenses 3:13, 14, RVR)
No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno (Colosenses 3:9, 10, RVR)
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé lo que era de niño (1 Corintios 13:11)
Perfectos en Cristo Jesús
No hay lugar en las Escrituras donde se nos diga que debemos resucitar al viejo hombre o sanar la carne. Somos completos en Cristo. «A Él anunciamos nosotros, amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre con toda sabiduría, a fin de que presentemos a todo hombre, perfecto en Cristo Jesús» (Colosenses 1:28) No podemos remendar nuestro pasado, pero podemos liberarnos de él.
A todos los hijos fragmentados de Dios les digo que en la parte más profunda de su ser ya están completos. Están sanos porque son completos en Cristo (Colosenses 2:10). Lo único que queda por hacer en nuestro proceso de orientación pastoral es resolver los asuntos que causaron la fragmentación cuando eran jóvenes. Una vez resueltos esos asuntos, se pueden integrar plenamente. Oro que el Señor los reintegre, los haga completos y perfectos en Él. Cada personalidad debe decidir que va a formar parte de la persona completa y perfecta en Cristo. No podemos sanarlas, pero Jesús lo puede todo. Él vino a sanar a los quebrantados de corazón y a restaurar el alma.
Dios nos redimió y estableció nuestra identidad en Cristo, y luego espera que tengamos una estructura de apoyo adecuada, antes de pelar las capas de la cebolla para mostrarnos cada vez más de nuestro ser (véase el capítulo dos). A menudo me preguntan: «¿Qué pasa si he bloqueado períodos de mi vida que no recuerdo?» Entonces siga buscando a Dios y sea un buen mayordomo de lo que Él le haya encomendado. En el momento preciso, «sacará a la luz las cosas ocultas de las tinieblas y hará evidentes las intenciones de los corazones. Entonces tendrá cada uno la alabanza» (1 Corintios 4:5). La única razón por la que es necesario traer el pasado a la superficie es para recordar experiencias con el fin de que se resuelvan. Si no hay nada escondido en la oscuridad, no se preocupe. Si lo hay, será revelado en el debido momento.
Trate con la persona
Cuando empiecen a emerger las atrocidades del pasado, ¿cómo nos damos cuenta si nos habla un demonio o un fragmento de la mente? A veces es difícil, aun cuando tengamos mucha experiencia y discernimiento espiritual. Hasta las personas más experimentadas y maduras pueden ser engañadas. Es más, yo lo he sido. En cierto sentido, no trato de diferenciar; siempre busco la solución tratando únicamente con la persona, porque no quiero que pierda su control a nivel mental. Siempre es malo dialogar con demonios porque ese proceso desvía íntegramente a la persona y con seguridad la conducirá al engaño, ya que todos los demonios hablan a partir de su naturaleza mentirosa. La gente que cree en lo que les diga un demonio corre el riesgo del engaño.
En el momento del abuso, la gente quizás se disocie mentalmente para sobrevivir. Cuando los aconsejo, no quiero que vuelvan a caer en ese patrón defensivo para lograr su sobrevivencia. Cristo es ahora su defensor y hago todo lo que encuentre a mano para ayudarles a mantener el control de sus mentes. Si uno anima a los clientes a separar reiteradamente sus personalidades fragmentadas y explora sus estados disociativos sin resolver nada, ni ganarlos para Cristo, termina fortaleciendo la existencia de un mecanismo de defensa en vez de establecer a Cristo como su única defensa necesaria. Los consejeros cristianos legítimos no desean reforzar la existencia de ningún otro mecanismo de defensa. Entonces, ¿por qué este? Expongámoslo a la luz y busquemos una manera mejor de resolver las cosas en Cristo. Cuando se usan técnicas seculares de orientación con múltiples, cuando ni siquiera dan resultados con una persona integrada, los múltiples se disocian aún más. Tenemos que aprender a resolver los asuntos en Cristo para que puedan seguir adelante con sus vidas.
Así como con la persona que escucha voces, la gente con trastornos disociativos no va a querer que se conozca lo que verdaderamente sucede en su mente. Cumplirán sus funciones como adultos en la sociedad, pero tendrán características muy distintas en casa. En la sala se comporta como un padre y luego como niño a puerta cerrada en el dormitorio.
Un consejero a quien respeto y que también entiende lo demoníaco, le pregunta a sus clientes atribulados: «¿Siente alguna vez que no está integrado?»
Si reconocen que ese es su caso, les pide permiso para hablar con la otra parte de ellos. La única razón por la que siempre es necesario hacer esto es para tener acceso al recuerdo de lo que sucedió, a fin de lograr que el individuo se disocie en primer lugar. En mi caso, prefiero pedirle al Espíritu Santo que me revele las «cosas ocultas de las tinieblas».
Si acaso va a sondear los estados alterados de la persona, recomiendo mucho que primero oren juntos y que haga orar al individuo, pidiéndole al Espíritu Santo que guarde su corazón y su mente para protegerlos de cualquier engaño. Al pedir permiso para dirigirse a un fragmento, asegúrese de que la persona permanezca activamente involucrada. Una vez que haya averiguado qué llevó a causar la disociación, resuelva los asuntos pidiéndole a la persona que perdone a los que la ofendieron y renuncie a toda experiencia con sectas o con el ocultismo.
En todo caso, recomiendo muchísimo que pase primero por los pasos hacia la libertad con la personalidad anfitriona, antes de empezar a sondear en su mente. El proceso de tomar los pasos resolverá los asuntos para la personalidad anfitriona y tal vez eliminará cualquier fortaleza demoníaca. He tenido a personas que cambian de personalidad a medida que van por los pasos. Si colabora, simplemente continúo. A menudo existe la necesidad de que una personalidad perdone a la otra. Un grupo cristiano conduce a todas las personalidades por los pasos. No creo que sea necesario, pero cada parte debe resolver sus propios asuntos. Hago un sondeo sólo después de seguir los pasos cuando siento que no ha habido una solución completa o cuando así lo ve el afectado.
Cuando se han resuelto los asuntos, jamás he tenido que volver con ellos a esas mismas experiencias. Las causas de la fragmentación y de las fortalezas demoníacas se resuelven simultáneamente. La persona seguirá recordando experiencias, pero ya el pasado no tiene ningún poder sobre ella. Su mente empieza a verse de la siguiente manera:
Lo viejo ha pasado
Parcialmente integrada
Plenamente integrada
Muchos consejeros que tratan de integrar las personalidades del pasado en la personalidad anfitriona sin resolver los asuntos, tienen experiencias extrañas con sus clientes. Algunos adoptan varias personalidades de maneras destructivas: unos salen a merodear en la noche y luego llaman a la casa, o los encuentra la policía sin poder explicarse cómo llegaron a ese lugar. Este tipo de comportamiento sólo sucede cuando se disocian. Entonces, ¿por qué los ayudamos a disociarse? ¿Debemos animar a las víctimas a perder su control mental al comunicarse sin solución con los fragmentos de sus mentes? A nadie le gustaría salir de una sesión de consejería sin saber lo sucedido. Nadie quiere disociarse. Santiago 1:8 dice que el hombre de doble ánimo es «inestable en todos sus caminos». Esa inestabilidad es precisamente la que tratamos de evitar al ayudarles a no perder el control mental.
Ya sea el problema de mente fragmentada o de fortaleza espiritual, les pido una colaboración importante. Deben decrime cirme lo que sucede en su interior. Les explico que su mente es el centro de control y que si no pierden el control en ella, no lo vamos a perder en la sesión. Hay dos razones por las que quizás no colaboren. En primer lugar, no van a revelar lo que sucede en su mente si sospechan que no les vamos a creer. También a lo mejor les dé pena debido a la naturaleza asquerosa de sus pensamientos. Les digo que no importa si esos pensamientos vienen desde adentro o desde un parlante en la pared, la única forma de ser dominados por esas ideas es creerlas. A veces digo a las personas que si pudieran ver un demonio, sería muy parecido a un mosquito con una enorme boca. Satanás es un matón y un engañador. Lo que enfrentamos es una enorme decepción.
Algunos tienen un pensamiento e inmediatamente lo creen o lo obedecen, sin saber que tienen una tecla que dice «no». Es como si no tuvieran voluntad. Antes de creer o ejecutar el pensamiento, les pido que me comuniquen lo que están pensando. Es muy intenso trabajar con casos severos porque les es muy fácil perder el hilo. A veces los hago levantarse y caminar por el cuarto para comprobarles que tienen el control y lo pueden ejercer. Otras habrá que quitar un poco la presión y dejar que el proceso siga con más lentitud.
La segunda razón por la que quizás no digan lo que les sucede por dentro es que los están intimidando. Por lo general, es la amenaza de que al llegar a casa van a recibir una paliza o que si quedan libres otros sufrirán daños. A menudo los espíritus malos amenazan a los padres con atacar a sus hijos. Tuve la sensación de que una persona no me estaba comunicando todo, por lo que le pregunté: «¿Están amenazándola de que si divulga lo que sucede en su interior la van a castigar al regresar a casa? Contestó afirmativamente. Entonces le dije: «Esto no tiene nada que ver con su casa ni con el momento de llegar allá, es cuestión únicamente de su libertad. Si lo resuelve aquí, también estará resuelto en su casa porque el problema no está allá, sino en su mente».
De inmediato me dijo: «Cuánto desearía que me lo comprobara».
Lo que mantiene el control es exponer a la luz el problema. Dios todo lo hace a la luz porque Él es la luz del mundo. El poder de Satanás está en la mentira, pero ese poder se rompe si desenmascara la mentira. El poder del cristiano está en la verdad, por eso debemos hablar la verdad en amor porque somos miembros unos de otros.
Hay un concepto sicológico popular en esta era, el del «niño interior del pasado». He oído decir a los promotores de este concepto: «Estoy aconsejando a dos personas: un adulto y un niño pequeño en su interior». No estoy de acuerdo con eso porque en términos bíblicos, ¿cuál es el niño interior de nuestro pasado? ¿Será parte de nuestra nueva identidad en Cristo o de nuestra vieja naturaleza? Las Escrituras nos aseguran que no somos primordialmente productos de nuestro pasado, sino que somos nuevas criaturas en Cristo. «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17).
No me malinterprete; he visto personas acurrucándose en posiciones fetales cuando están recordando sus experiencias infantiles. He visto la regresión espontánea en edad de una personalidad cuando recuerda atrocidades. Sé que muchos se han estancado en su desarrollo emocional debido a las experiencias traumáticas, pero sólo una persona está sentada delante de mí, no dos. Por el bien de ella, no quiero que se disocie mientras experimenta un recuerdo muy doloroso. Quiero que aprenda una nueva manera de comportarse con el pasado, una manera fundamentada en la verdad.
Con respecto a vuestra antigua manera de vivir, despojaos del viejo hombre que está viciado por los deseos engañosos; pero renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre que ha sido creado a semejanza de Dios en justicia y santidad de verdad (Efesios 4:22–24).
Tenemos que reconocer el dolor emocional de nuestro pasado, buscar la sanidad que viene por medio del perdón y establecer en Cristo nuestra nueva identidad. No podemos arreglar nuestro pasado, pero podemos liberarnos de él. Para ser libres, debemos tener una manera bíblica de lograr acceso a los recuerdos reprimidos.
El acceso a las cosas pasadas
Lo repetiré por ser demasiado importante. Primero debemos establecer en la persona su identidad actual en Cristo antes de tratar de exponer el pasado, pues es el orden que dan las Escrituras por una razón muy importante. Cuando examinamos el pasado a partir de nuestra posición actual en Cristo, tenemos la seguridad de que ya hay victoria en Él. Estamos restablecidos en el hombre interior y perfeccionados en Cristo.
Supongamos que el consejero secular más dotado del mundo pueda reconstruir a la perfección el pasado de alguien, de tal manera que explique con exactitud lo que hace hoy en día y por qué siente lo que siente. Entonces, ¿qué? El alcohólico diría: «Tienes razón; precisamente es por eso que tomo. ¿Quieres tomarte un traguito conmigo?» La reconstrucción del pasado tiene su valor, pero en sí no ofrece ninguna solución. Debe haber un conocimiento de quiénes somos en Cristo para lidiar adecuadamente con los problemas del pasado. No queremos ponerle una venda a un síntoma; queremos sanar la enfermedad, que es la separación de Dios.
Los consejeros legítimos saben que deben escuchar la historia de la persona para lograr resolver su conflicto. La mayoría de los programas de formación de consejeros se centran en técnicas de consejería como confianza, cariño, congruencia, empatía exacta, concreción, urgencia, transparencia, etc. Estas son imprescindibles cuando la persona tiene buena memoria y sólo requiere de una relación de confianza para ser franca. Pero cuando la memoria está bloqueada, sólo Dios puede revelar las cosas ocultas en las tinieblas y exponer los motivos de nuestro corazón (1 Corintios 4:1–5).
Dios trae todo a la luz
«Él revela las cosas profundas y escondidas; conoce lo que hay en las tinieblas, y con Él mora la luz» (Daniel 2:22). Satanás hace todo en la oscuridad; como un ladrón en la noche, teme ser desenmascarado. Sin embargo, cuando un niño ha sido víctima del abuso ritual satánico, aunque haya sido en su propio hogar, téngalo por seguro que Dios lo va a exponer a la luz. «Si al padre de familia le llamaron Beelzebú, ¡cuánto más lo harán a los de su casa! Así que, no les temáis. Porque no hay nada encubierto que no será revelado, ni oculto que no será conocido» (Mateo 10:25, 26).
Y esta es la condenación: que la luz ha venido al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que practica lo malo aborrece la luz, y no viene a la luz, para que sus obras no sean censuradas. Pero el que hace la verdad viene a la luz para que sus obras sean manifiestas, que son hechas en Dios (Juan 10:19–21).
Lo común es que los perpetradores no aceptan lo que Dios revela. La mayoría de los abusadores no admitirán jamás su pecado; los satanistas no lo hacen porque están bajo pena de muerte si revelan alguna vez sus acciones. Sus hechos son malos, y odian la luz y rara vez van hacia ella.
No le pido a la persona que trate de recordar lo que pasó, sino más bien le insto a pedirle a su Padre celestial que le revele la verdad. «Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:31, 32). Hacerle frente a la verdad puede ser una experiencia espantosa para muchos. Algunos prefieren no encararla, pero la libertad sólo viene cuando se conoce toda la verdad, la verdad de la Palabra de Dios y la verdad sobre nosotros mismos. David clama en el Salmo 51:6: «He aquí, tú quieres la verdad en lo íntimo».
La obra del Espíritu de Dios
La gran obra del Espíritu Santo es divulgar esta verdad dentro del hombre interior. Jesús dijo: «Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre. Este es el Espíritu de verdad» (Juan 14:16, 17). «Y cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad» (Juan 16:13). No tenemos ningún poder para revelar la verdad del hombre interior, ni hay una técnica que se pueda aprender para cumplir esta tarea. Nuestra parte consiste en colaborar con Dios, como lo dice 2 Timoteo 2:24–26:
Pues el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar y sufrido; corrigiendo con mansedumbre a los que se oponen, por si quizás Dios les conceda que se arrepientan para comprender la verdad, y se escapen de la trampa del diablo, quien los tiene cautivos a su voluntad.
Este pasaje no se refiere a un modelo de liberación, sino a un modelo amable, paciente, «apto para enseñar» que exige que el pastor o consejero dependa de Dios. Sólo Dios puede conceder el arrepentimiento y conducir a la verdad, lo que da la libertad al cautivo. Parte de nuestro papel es ser pacientes; requiere tiempo procesar las más grandes atrocidades. Las víctimas del abuso ritual satánico necesitan muchas sesiones, y aun así me cuido de no avanzar demasiado rápido, porque si lo hago, la persona perderá el dominio.
No he perdido el control en mucho tiempo, pero si sucediera, detendría el proceso de consejería. Hace poco, por unos momentos se me manifestó un demonio y dijo: «¿Quién caramba crees que eres?» «Soy un hijo de Dios», respondí. «¡Cállate!»
Inmediatamente, la señora volvió en sí. No podemos dejarnos intimidar por esos mentirosos. Con frecuencia oigo a la gente decir durante una sesión que tienen que salir de allí. Les digo:
«Está bien, no voy a hacer nada para violar su mente».
Toda persona que haya salido de mi oficina ha regresado al cabo de unos cinco minutos. Recuerde que pensar es responsabilidad de la persona misma.
El diario de la oración
Una recuperación de la memoria guiada por el Espíritu Santo se puede dividir en cuatro categorías: primero, hacer un diario de oración. A veces animo a las personas entre cita y cita a que personalmente pidan a Dios que les revele la verdad en sus casas y que luego mantengan un diario de lo que el Espíritu Santo les traiga a la memoria. Algunos tienen un compañero o una compañera de oración en quien confían para pedir ayuda. Cuando nos reunimos de nuevo, les ayudo a procesar lo que recordaron. Es muy común que traigan dos o tres páginas de detalles vergonzosos.
Si tratan de hacerlo por su propia cuenta, les indico que le pidan protección a Dios. Sugiero que escriban exactamente lo que les revele el Espíritu Santo, sin cuestionarlo, sólo registrando hasta el más mínimo detalle. Muchos se preguntarán si estarán inventándolo todo. Una señora visitó la casa donde se crió para ver si los detalles de su vecindario eran los que pensaba que el Espíritu Santo le permitió recordar. Para su sorpresa, el vecindario era exactamente como se lo había revelado el Espíritu Santo, a pesar de que no había pasado por allí en veinticinco años. Los recuerdos de mi primera infancia son muy vagos, así que, ¿cómo va a recordar esta gente con tanta claridad las primeras experiencias de su infancia? No las recuerdan: Dios se las revela.
Atravesemos el punto muerto con la oración
Un segundo método de recuperación es que las personas, en presencia suya, le pidan a Dios que les revele lo que las mantiene atadas. Casi siempre hago esto si nuestras reunión ha llegado a un punto muerto, o después de haber pasado por los pasos hacia la libertad sin lograr una solución completa. Hemos procesado todo lo que pudiéramos, pero algo todavía no llega a la superficie.
Una señora pasaba por el proceso del perdón cuando paró al llegar a su maestra de tercer grado. Lo único que recordaba era que salía del aula y de alguna manera se sentía atada a ella. La perdonó por eso, pero ambos sabíamos que este no era el asunto clave. La animé a orar, pidiéndole al Señor que le revelara lo ocurrido realmente en el tercer grado. Lo hizo y se vio en el baño con la maestra maltratándola sexualmente.
¿Cómo sabemos que ese no era un juego mental o un engaño satánico? Una manera es ver si hay alguna confirmación externa. En este caso, sus compañeras le habían dicho años después que su maestra la había tratado muy mal. También, que la enviaron a casa sangrando del útero con la explicación de que se había caído, aunque jamás recuerda ninguna caída. La atadura fue espiritual debido al maltrato sexual, y no una atadura sicológica que puede darse debido a la cercanía de una relación entre maestro y alumno.
Jamás debe implantar sugerencias en la mente de otra persona, aun cuando sospeche de maltrato, porque la mente es demasiado vulnerable a las sugerencias. Un recuerdo vago de un abrazo honesto de un padre o una madre se puede distorsionar muy fácilmente e interpretarse como un cariño inapropiado o algo peor. Como pastor y consejero pido sabiduría y dirección al Señor para mí, pero también pongo a la persona a pedir al Señor que le revele lo que le causa la atadura. Sospecharía de lo veraz de cualquier detalle que provenga de un sueño. Por lo general, las pesadillas indican un tipo de asalto espiritual, pero casi siempre se acaban después que la persona encuentra su libertad en Cristo. Una mujer acusó a sus padres de abuso sexual por un sueño que tuvo, y una amiga se lo confirmó mediante «palabras de conocimiento». Esto es demasiado subjetivo como para presentar acusaciones. Casi siempre habrá alguna confirmación externa para los recuerdos.
Satanás ataca la mente de las personas lastimadas y busca desacreditar a los líderes espirituales con pensamientos sembrados en la mente de sus hijos o de sus asociados. Conozco varios casos en que los hijos acusan falsamente a los padres. Satanás es muy astuto. Si puede inducir recuerdos falsos de abuso ritual y que luego se absuelva de todos los cargos a los acusados, muchos van a pensar que los casos legítimos también son falsos.
¿Qué tal si la gente ora y no surge nada a la superficie? Entonces los animo a continuar en su búsqueda de Dios. A lo mejor este no sea el momento oportuno. O que tal vez no haya nada y debamos explorar otra razón por sus dificultades. Usted sólo puede procesar lo que conoce. No creo que debamos indagar mucho sobre el pasado, sino esperar hasta que Dios revele las cosas ocultas de las tinieblas.
Pidamos iluminación para las áreas donde hay ataduras
La tercera forma es pedir al Señor que revele áreas específicas de atadura. Por lo general, lo hago a medida que conduzco a las personas por los pasos hacia la libertad. En el primer paso oran y piden a Dios que les revele toda experiencia que hayan tenido con sectas, con el ocultismo o con cualquier otra cosa que no sea cristiana. Después de orar, les pido que señalen esas participaciones en una lista de experiencias no cristianas incluidas dentro de este paso. Pero la lista no es completa, pues hay miles de fraudes, a veces la gente los agrega a la lista. Si siento que van pasando demasiado rápido por este paso, les pido que oren de nuevo para que Dios les recuerde todas las participaciones que hayan tenido en esta área. En el capítulo dos de este libro se cuenta la historia de la mujer que había olvidado por completo que siendo niña había buscado activamente lo oculto. Fue sólo después que perdonó a otros cuando el Espíritu Santo le reveló sus pasatiempos infantiles.
Cuando llegamos al paso del perdón, la persona le pide a Dios que le revele los nombres de las personas que deben perdonar. En la mayoría de los casos emergen algunos nombres que había enterrado conscientemente. Cuando pasa por el proceso del perdón, muchas veces Dios le trae recuerdos sumidos en el pasado, sea consciente o inconscientemente.
Cuando ha habido abuso sexual, conduzco a la persona que pida al Señor que le revele toda ofensa sexual, para que renuncie a cada una diciendo: «Renuncio a esa (violación específica) de mi cuerpo». Cuando termina la dirijo en una declaración general basada en Romanos 6:1, 2, 13 y 12, 1, 2: «Renuncio a todo uso de mi cuerpo como instrumento de iniquidad y presento mi cuerpo ante Dios como instrumento de justicia, un sacrificio vivo y santo y agradable a Dios». Si la persona es casada, le pido que agregue: «Reservo el uso sexual de mi cuerpo únicamente para mi cónyuge».
Estas personas no sólo recuerdan una experiencia, la reviven. Hacerlas sumirse en el pasado es mantenerlas en la esclavitud y fortalecer la atadura por lo cual jamás debemos reforzar lo sucedido. Cuando Dios concede el arrepentimiento que lleva a la verdad, debemos participar bajo su dirección, ayudando a la persona a lograr un arrepentimiento pleno. El arrepentimiento significa literalmente un «cambio de mentalidad». La idea es: «Antes creía eso; pero ahora creo esto». No obstante, el concepto es mucho más amplio que la aceptación mental. El arrepentimiento pleno significa «antes caminaba por aquí, y ahora he dado una vuelta completa y camino de acuerdo al camino, la verdad y la vida. Renuncio a la mentira y a todas las experiencias satánicas que he tenido, anuncio la verdad y toda la realidad de la salvación que es mía como una nueva criatura en Cristo».
Renunciamos al reino de las tinieblas
El cuarto método de lidiar con el pasado es conducir a la persona a través de varias renuncias. Uso este método al inicio del proceso de consejería si el individuo tiene bloqueados varios períodos de su vida. Es un medio de aplicación general tanto para revisar el pasado, como para resolver ciertos asuntos que acompañan al abuso ritual satánico. Si no hay maltrato de ese tipo, no hay nada que perder.
En el abuso ritual satánico, los satanistas hacen todo en directa oposición al cristianismo. El satanismo es la antítesis del cristianismo y Satanás es el anticristo, por lo que pido a los clientes que renuncien de la siguiente manera a cualquier participación:
El reino de las tinieblas
El Reino de la luz
Renuncio a haber entregado mi
Declaro que mi nombre ahora está
nombre a Satanás o haber dejado que
escrito en el Libro de la Vida del
otro entregue mi nombre a Satanás.
Cordero.
Renuncio a toda ceremonia en que
Declaro que soy la Esposa de Cristo.
me haya casado con Satanás.
Renuncio a todos y cada uno de los
Declaro que soy partícipe del nuevo
pactos que he hecho con Satanás.
pacto con Cristo.
Renuncio a toda asignación satánica
Declaro que me comprometo a
para mi vida, incluyendo obligaciones,
conocer y a cumplir únicamente la
matrimonio e hijos
voluntad de Dios y aceptar sólo su
dirección.
Renuncio a toda espíritu guía que se
Declaro que acepto sólo la dirección
me haya asignado.
del Espíritu Santo.
Renuncio a haber entregado mi sangre
Confío sólo en la sangre derramada
al servicio de Satanás.
por mi Señor Jesucristo.
Renuncio a haber comido carne o
Por fe, tomo sólo de la carne y de la
bebido sangre en alabanza a Satanás.
sangre de Jesús a través de la Santa
Cena.
Renuncio a todos y cada uno de los
Declaro que Dios es mi Padre y que el
guardianes y padres satanistas que se
Espíritu Santo es mi Guardián, en
me han asignado.
quien estoy sellado.
Renuncio a cualquier bautismo y a
Declaro que sólo el sacrificio de Cristo
todo sacrificio en mi beneficio por
tiene poder sobre mí. Le pertenezco a
medio del cual Satanás podría
Él. He sido comprado por la sangre del
reclamarme como propiedad suya.
Cordero.
Para las víctimas del abuso ritual satánico las renuncias anteriores son una extensión de la confesión que se hacía en la iglesia primitiva: «Renuncio a ti, Satanás, a todas tus obras y todos tus caminos». Sin embargo, aun las renuncias anteriores son de aplicación general porque cada víctima del abuso ritual satánico se ha entregado, de una manera u otra, a los ritos mencionados y a otros más. Además, conforme el Espíritu Santo revele las cosas específicas que se ocultan en las tinieblas, hay que renunciar a ellas específicamente.
La forma en que engaña Satanás
Los satanistas llaman el «libro de la vida del chivo» al referirse al libro o al pergamino en donde piden que la gente firme, a menudo con sangre. Un colega de nuestro seminario me trajo una muchacha de quince años de edad que había participado en el satanismo durante diez años. Fue difícil, pero al fin entregó su vida al Señor. Sin abrir los ojos, exclamó:
—¡Se está quemando! ¡Se está quemando!
—¿Qué se quema?—le pregunté.
—¡El libro en que escribí mi nombre!
Al parecer, Dios le estaba dando una ayuda visual para que pudiera aceptar que su nombre ahora está escrito en el Libro de la Vida del Cordero.
Los satanistas también realizan ritos matrimoniales en que una niña o una adulta se casa con Satanás, luego el matrimonio se consuma con espantosas violaciones sexuales. Comer carne humana y tomar sangre son parte normal de sus ritos, como una falsificación de Juan 6:53: «De cierto, de cierto os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros». Juan equipara el comer y tomar con creer (Juan 6:40: 47, 48), pero ellos lo toman literalmente. Una persona a quien estuve aconsejando no podía comer carne porque le traía recuerdos de haber comido carne cruda. Renunció a ello a la luz de 1 Timoteo 4, donde se nos dice que los que han sido engañados (v. 1) son los que «prohibirán casarse y mandarán abstenerse de los alimentos que Dios creó para que, con acción de gracias, participasen de ellos los que creen y han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios ha creado es bueno, y no hay que rechazar nada cuando es recibido con acción de gracias»
(vv. 3–4).
El cortarse en un rito con el fin de derramar sangre es común en muchas religiones paganas, en que la gente se corta ritualmente como una falsificación del derramamiento que hizo Cristo de su sangre. La idea es que así nos convertiremos en nuestro propio dios y derramaremos nuestra sangre por nosotros mismos. Hay que renunciar a todo pacto de sangre, hasta los «inocentes» que hicimos con nuestros «hermanos de sangre».
El sacrificio satánico
El sacrificio es un intento de establecer propiedad. Fuimos redimidos «con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación» (1 Pedro 1:19).
En el abuso ritual satánico a menudo se obliga a los niños a matar en sacrificio por dos motivos: primero, eso los prepara para una participación futura en el rito. Con frecuencia, las drogas son medios para obligarlos a acceder en el espantoso abuso sexual y en los ritos del sacrificio. O quizás obedezcan por las amenazas de hacer daño a otros, como en el caso de una niña a quien le dijeron que si no participaba le harían daño a su hermano. ¿Por qué realizan estas matanzas de víctimas inocentes como bebés, fetos y animales? Dicen: «Tu Dios sacrificó a su único Hijo, quien era perfectamente inocente». Para ellos, mientras mayor sea el sacrificio, más grande es el poder; y los satanistas van tras el poder.
En segundo lugar, a los niños se les obliga a matar porque los sujeta a mantener el secreto: quien mató a un niño inocente o a un animal jamás va a contarlo a los del mundo exterior. Sus recuerdos se pueden bloquear, pero cuando años más tarde recuerde las atrocidades, todavía no podrá hablar de ellas porque siente responsabilidad por haberlas cometido. Tiene que tomar en cuenta las drogas u otros medios que se usaron para obligarle a acceder. Esta gente teme por su vidas, en ese entonces y ahora, porque saben que sacrificar una vida no es nada para un satanista. Si rehúsan matar durante el rito, los matarán a ellos, o al menos temen esa posibilidad. El temor les impide divulgar las cosas hechas en lo oculto, y se sienten abrumados por la culpabilidad y el dolor presentes.
Los síntomas del abuso ritual
Los dos síntomas principales del abuso ritual satánico son la disfunción sexual y la falta de afecto (cero emoción). La mayoría de los ritos satánicos son orgías desgarradoras y estrepitosas de violencia sexual; no es el sexo que experimentarían los seres humanos normales. El clímax óptimo sería el orgasmo sexual en el momento de la matanza. De esto se trata la pornografía más extrema e intensa: el uso de animales, objetos y actos sadomasoquistas. Es más, a menudo se liga la pornografía extrema con el satanismo.
Quienes han sufrido maltrato de esta manera, deben renunciar a este uso sexual de su cuerpo y perdonar a los abusadores sexuales. Una víctima pudo recordar con claridad a veintidós abusadores sexuales. Sinceramente, ¿podríamos esperar que perdonara esas ofensas múltiples? Recuerde, el hecho de que los perdone no excusa lo que hicieron los abusadores; más bien la libera de su pasado.
La falta total de emoción es el resultado de la programación. Condicionan a las víctimas a creer que si lloran, alguien o algo será destruido o le sobrevendrá un grave daño físico. Una señora recuerda que tuvo que abortar para cumplir con un sacrificio. Cuando gritó horrorizada, le dijeron que si lloraba moriría otro bebé. Como resultado, no había podido llorar durante años. Le dije que renunciara a esa experiencia y a la mentira de que su llanto traería la muerte de algo o de alguien. Apenas lo hizo, sollozó por varios minutos.
La esposa de un pastor manejó varios kilómetros para asistir a una conferencia. Acababa de empezar a recordar el abuso ritual satánico y estaba perpleja ante su incapacidad de llorar. No tenía recuerdos específicos de los acontecimientos, sólo imágenes vagas y leves. Le dije: «Tal vez no va a comprender esto, pero quiero que renuncie a la mentira que su llanto terminará en la muerte de alguien». Apenas lo hizo, una lágrima comenzó a correr por su mejilla.
Hay que renunciar a cada asignación específica. Como las maldiciones, las asignaciones que se dan durante los ritos. Por ejemplo, estaba trabajando con una víctima en el área del perdón y cuando llegó a su madre no la podía perdonar. No era porque no quería hacerlo, sino que había una experiencia en particular con la que no se podía conectar emocionalmente. Ya había perdonado a su padre, quien la había llevado a los ritos, un proceso muy emotivo y doloroso que duró mucho tiempo en realizarse. Podía recordar con claridad una experiencia en que su padre la violó y ella clamó a su madre para que la rescatara, pero no lo hizo. Era como si contara la historia de otra persona, porque no se podía conectar emocionalmente con la experiencia (por lo general, cuando describen la experiencia hay muchísima emoción en el relato, porque no sólo la recuerdan, sino que la viven).
No pudimos resolverlo, así que proseguimos con los demás nombres de su lista, lo que casi nunca me gusta hacer; llegó al nombre de una mujer a quien recordó del abuso ritual satánico y de quien dijo: «Me la asignaron como mi madre». «¡Eso es!», exclamé. «Renuncie a esa asignación». Manifestó:
«Renuncio a la asignación de esa mujer como mi madre y declaro que solamente tengo una madre que es (nombre)».
Tan pronto lo dijo empezó a llorar histéricamente:
«¡Mi madre me abandonó!» Pasó los siguientes diez minutos reviviendo el horror de su madre rescatando de su padre a su hermano, sin rescatarla a ella.
Otra persona recordó que se le asignó una familia como sus padres satanistas y al hijo de ellos como su esposo. Esta era una familia eminente en la iglesia donde se crió. Tampoco tenía libertad emocional para llorar ni sentir algo profundamente. El hijo la embarazó y el bebé fue abortado y sacrificado. Cuando lloró histéricamente, le pusieron en brazos otro bebé. Le dijeron que ese bebé también moriría si ella lloraba. Apenas pudo renunciar a esa mentira tuvo libertad para sentir emociones y llorar. También renunció al que le asignaron como su marido. Cuando salió de mi oficina, me dijo: «Ahora me puedo casar, ahora puedo tener hijos». Mientras no se recuerden esas asignaciones y se renuncien a ellas, seguirán atando a las personas.
Una señora recordó una asignación que le dieron cuando estaba apenas en el cuarto grado de primaria. Un niño en el grupo iba a ser su marido y ellos debían procrear un hijo. Cualquier otro hombre la rechazaría y cualquier otro vástago sería asesinado.
Con el tiempo, la señora se casó con otro hombre, pero sentía paranoia de que él la iba a rechazar y temía tener hijos. Cuando la insté a renunciar a esa asignación, se aterrorizó. Me dijo que no lo podría hacer. Le aseguré que no sólo podía, sino que debía hacerlo. Más tarde me enteré que su mente era bombardeada de mentiras y visiones de bebés moribundos. Le dije:
«Esto nada tiene que ver con algún bebé en el futuro; sólo tiene que ver con su libertad actual». Le dije que Dios protegería a cualquier descendencia en el futuro. Renunció a la asignación, rompió la fortaleza satánica y cayó hecha un mar de lágrimas. Ahora tiene la libertad para tener bebés, entendiendo por qué no la tenía antes.
Conforme el Espíritu Santo trae recuerdos a la mente, le pido a la persona que renuncie a las mentiras y a las asignaciones, que proclame la verdad y que acepte solamente la voluntad de Dios para su vida (el tema de mi libro, Cuando andamos en la luz, es cómo buscar la dirección de Dios en una era de falsedades). Esto se debe hacer específica y verbalmente conforme los recuerdos lleguen a la mente.
Sólo el Señor puede liberar a los cautivos
En la medida en que tratamos de ayudar a otros, encontraremos que cada caso es diferente y en cada circunstancia tendremos que esperar pacientemente al Señor y confiar en su dirección porque Él es el único capaz de liberar a los cautivos. Nuestro papel es colaborar con Dios para ayudar a sus hijos a encontrar su identidad y su libertad en Cristo.
En este libro usted ha leído las historias de varias personas muy queridas, que clamaban a Dios con desesperación en busca de su libertad. Le pido a Dios que estos relatos le ayuden a comprender lo que sucede con mucha gente en su iglesia. Quizás a usted le esté sucediendo y es mi oración que hayamos podido darle alguna esperanza y dirección para encontrar la libertad que Jesús compró para usted en la cruz. ¡Dios le ama y quiere que sea libre en Cristo!
Un último testimonio … pero este lo reconocerá del Salmo 18:16–19:
Envió desde lo alto y me tomó; me sacó de las aguas caudalosas. Me libró de mi poderoso enemigo y de los que me aborrecían, pues eran más fuertes que yo. Se enfrentaron a mí el día de mi desgracia, pero Jehová fue mi apoyo. Él me sacó a un lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí.
¡Alabado sea su nombre!
Apéndice
Pasos hacia la libertad en Cristo
PRÓLOGO
Si ha recibido a Cristo como su Salvador personal, Él le ha dado la libertad a través de su victoria en la cruz sobre el pecado y la muerte. Si no ha experimentado la libertad, quizás se deba a que no ha estado firme en la fe ni ha tomado activamente su lugar en Cristo. El cristiano es responsable de hacer lo necesario para mantener una buena relación con Dios. Su destino eterno no está en juego pues está seguro en Cristo, pero su victoria diaria corre peligro si no reclama y mantiene su posición en Cristo.
Usted no es una víctima indefensa atrapada entre dos poderes celestiales casi iguales, pero opuestos, como lo quisiera presentar Satanás, el gran engañador. Sólo Dios es omnipotente (todopoderoso), omnipresente (siempre presente) y omnisciente (que todo lo sabe). Algunas veces la realidad del pecado y la presencia del mal pueden parecer más reales que la presencia de Dios, pero eso es parte del engaño de Satanás. Él es un enemigo derrotado y nosotros estamos en Cristo. Un verdadero conocimiento de Dios y de nuestra identidad en Cristo es la clave de nuestra salud mental. Un concepto falso de Dios, un entendimiento distorsionado de quiénes somos como hijos de Dios y la deificación equivocada de Satanás (asignarle a Satanás los atributos de Dios) son los factores más importantes que contribuyen a la enfermedad mental.
Al prepararse para dar los pasos hacia la libertad, debe recordar que el único poder que tiene Satanás es el de la mentira. En cuanto la expongamos, se rompe el poder. La batalla es en su mente, pues esta es el centro de control. Si Satanás logra que le crea una mentira, controlará su vida, pero usted no tiene que permitírselo. Los pensamientos conflictivos que quizás experimente sólo le controlarán si los cree. Y si va a dar los pasos solo, no atienda al engaño, por ejemplo, a las mentiras y a la intimidación en su mente. Los pensamientos como: «Esto no va a resultar», «Dios no me ama», etc., pueden interferir sólo si cree esas mentiras. Si realiza los pasos con un pastor o un consejero profesional o un laico de confianza (lo cual recomendamos mucho si hay trauma severo en su vida), exprese todos los pensamientos que tenga en oposición a lo que intenta hacer. En cuanto exponga la mentira, se rompe el poder de Satanás. Tiene que colaborar con la persona que intenta ayudarle, explicándole lo que está sucediendo en su mente.
Conociendo la naturaleza de la batalla por nuestras mentes, podemos orar con autoridad para impedir cualquier interferencia. Los pasos empiezan con una oración sugerida y una declaración. Si está dando los pasos por su cuenta, deberá cambiar algunos de los pronombres personales; como por ejemplo, cambiar «nosotros» a «yo», con sus correspondientes verbos, y si es mujer, tendrá que cambiar los pronombres, adjetivos, etc., al género femenino.
PASOS HACIA LA LIBERTAD EN CRISTO
Oración
Querido Padre celestial: Reconocemos tu presencia en este lugar y en nuestras vidas. Tú eres el único Dios omnisciente (que todo lo sabe), el único omnipotente (todopoderoso), el único omnipresente (siempre presente). Dependemos de ti porque separados de Cristo nada podemos hacer. Nos afianzamos a la verdad de que toda autoridad en el cielo y en la tierra ha sido entregada al Cristo resucitado, y puesto que estamos en Él, disfrutamos de esa autoridad para hacer discípulos y liberar a los cautivos. Te pedimos que nos llenes de tu Espíritu Santo y nos guíes en toda verdad. Oramos por tu completa protección y pedimos tu dirección. En el nombre de Jesús oramos. Amén.
Declaración
En el nombre y por la autoridad del Señor Jesucristo, le ordenamos a Satanás y a todos los espíritus malignos a soltar a (nombre) de manera que (nombre) quede libre para conocer la voluntad de Dios y decidirse por esta. Como hijos de Dios sentados con Cristo en los lugares celestiales, nos ponemos de acuerdo que cada enemigo del Señor Jesucristo sea atado y enmudecido. Le decimos a Satanás y a todos sus obreros malignos que no pueden causar dolor ni de ninguna otra manera impedir que se cumpla la voluntad de Dios en la vida de (nombre).
Preparación
Antes de realizar los pasos hacia la libertad, repase los acontecimientos de su vida para discernir las áreas específicas que quizás tenga que enfrentar.
     Historia familiar
_________     Historia religiosa de los padres y abuelos
_________     Vida hogareña desde la niñez hasta la adolescencia
_________     Historia de enfermedad física o emocional en la familia
_________     Adopción, tutores temporales o permanente
     Historia personal
_________     Hábitos alimentarios (bulimia o anorexia, comer compulsivamente o hartarse de comida para después purgarse)
_________     Cualquier adicción (drogas o alcohol)
_________     Medicamentos de receta médica (¿para qué son?)
_________     Hábitos de sueño y pesadillas
_________     Violación o cualquier maltrato sexual, físico o emocional
_________     Pensamientos (obsesivos, blasfemos, condenatorios, distracción, falta de concentración, fantasía)
_________     Interferencia mental en la iglesia al orar o al estudiar la Biblia
_________     Vida emocional (enojo, ansiedad, depresión, amargura, temores)
_________     Peregrinaje espiritual (salvación: cuándo, cómo y qué seguridad tiene)
Ahora puede empezar. Los siguientes son siete pasos específicos que debe desarrollar para experimentar libertad de su pasado. Se enfrentará con las áreas donde Satanás más se aprovecha de nosotros y donde se han edificado fortalezas. Al derramar su sangre, Cristo compró en la cruz la victoria para usted. A medida que decida creer, confesar, perdonar, renunciar y abandonar, logrará como resultado su libertad. Eso es algo que nadie puede hacer por usted. La batalla que se libra en su mente se ganará únicamente cuando escoja la verdad.
Al dar estos pasos hacia la libertad, recuerde que Satanás sólo será derrotado cuando lo confronte verbalmente. Él no puede leer su mente ni tiene obligación de obedecer sus pensamientos. Sólo Dios tiene conocimiento pleno de su mente. Conforme desarrolle cada paso, es importante que se someta a Dios interiormente y resista al diablo, al leer cada oración en voz alta, y verbalmente renunciar, perdonar, confesar, etc.
Usted está haciendo un inventario moral serio y un compromiso total con la verdad. Si sus problemas provienen de otra fuente que no se mencione en estos pasos, no tiene nada que perder al seguirlos. Si es sincero, ¡lo único que le puede suceder es que termine arreglando sus cuentas con Dios!
Primer paso: Falso vs. real
El primer paso hacia la libertad en Cristo es renunciar a su participación anterior o actual en prácticas ocultistas y religiones falsas inspiradas por Satanás. Debe renunciar a cualquier actividad y grupo que niegue a Jesucristo, que dirija mediante cualquier otra fuente que no sea la autoridad absoluta de la Palabra de Dios escrita, ni que exija iniciaciones, ceremonias ni pactos secretos.
Para poderle ayudar a evaluar sus experiencias espirituales, comience pidiéndole a Dios que le revele cada dirección falsa y todas las experiencias religiosas fraudulentas.
Querido Padre celestial: Te pido que guardes mi corazón y mi mente, y me reveles todas y cada una de mis participaciones en prácticas ocultas, en sectas, en religiones falsas y con falsos maestros, a sabiendas o sin saber. En el nombre de Jesús te lo pido. Amén.
Con base en el «Inventario de experiencias espirituales no cristianas» que se encuentra a continuación, marque cualquier cosa en la que estuvo involucrado. Esta lista no es completa, pero le guiará a identificar las experiencias no cristianas. Agregue cualquier otra participación que haya tenido. Aunque haya participado «inocentemente» o lo haya observado de esa manera, debe escribirlo en su lista a renunciar, por si acaso sin saberlo le haya dado un asidero a Satanás.
Inventario de experiencias espirituales no cristianas
(Marque las que se ajusten)
OCULTISMO
SECTAS
OTRAS RELIGIONES
Proyección astral
La ciencia cristiana
El budismo zen
La ouija
La unidad
El hare krisna
Levitación de objetos
La cienciología
El bahaísmo
Laberintos y dragones
El camino internacional
Los rosacruces
Hablar en trance
La iglesia unificada
La ciencia de la mente
Escribir en trance
El mormonismo
La ciencia de la inteligencia creativa
La bola mágica del ocho
La iglesia de la palabra viva
Meditación trascendental
Telepatía
Los testigos de Jehová
El hinduismo
Fantasmas
Los hijos de Dios
Yoga
Sesiones de espiritismo
El swedenborgianismo
El eckankar
Materialización
Herbert W. Armstrong
Roy Masters
Clarividencia
El unitarismo
Control mental Silva
Espíritus guías
La masonería
Padre divino
Adivinación de la suerte
La nueva era
La sociedad teosófica
Lectura del tarot
Otras _________
El islam
Lectura de las manos
El musulmanismo negro
Astrología
Otras _________
Vara y péndulo (zahorí)
Autohipnosis
Sugestión mental o intento de intercambiar mentes
Magia negra y blanca
Medicina de la nueva era
Pactos de sangre o cortarse a sí mismo de manera destructiva
Fetichismo (adoración de objetos)
íncubo y súcubo (espíritus sexuales)
Otros _________
1.     ¿Ha sido alguna vez hipnotizado, ha asistido a un seminario de la Nueva Era o de parasicología, ha consultado una médium, un espiritista o un canalizador? Explique.
2.     ¿Tiene ahora o ha tenido un amigo imaginario o un espíritu guía que le ofreciera dirección o compañerismo? Explique.
3.     ¿Ha escuchado alguna vez voces en su mente o ha tenido repetidas veces pensamientos persistentes que le condenan o que eran opuestos a su creencias o sentimientos, como si dentro de su mente se realizara un diálogo? Explique.
4.     ¿Qué otras experiencias espirituales ha tenido que consideraría extraordinarias?
5.     ¿Se ha involucrado en cualquier tipo de rito satánico? Explique.
Cuando esté seguro de que su lista está completa, confiese cada participación activa o pasiva y renuncie a ella mediante la siguiente oración en voz alta. Repítala por cada punto en su lista:
Señor, confieso que he participado en _________.
Te pido perdón y renuncio a _________.
Si ha participado en cualquier rito satánico o en alguna actividad ocultista interna (o si lo sospecha debido a recuerdos bloqueados, pesadillas terribles, disfunción sexual o esclavitud), tiene que hacer en voz alta las siguientes renuncias especiales. Lea de lado a lado de la página, renunciando al primer punto en la columna, que es del reino de las tinieblas y luego afirmando la primera verdad en la columna del reino de la luz. Siga las listas de esa misma manera.
Hay que renunciar específicamente a todos y cada uno de los ritos, pactos y asignaciones satánicas, según el Señor le permita recordarlos. Algunos han sido víctimas del abuso ritual satánico y han desarrollado personalidades múltiples para sobrevivir. No obstante, debe continuar a través de los Pasos hacia la libertad para resolver a nivel consciente todo lo que pueda. Es importante que resuelva primero las fortalezas demoníacas. Luego tiene que dirigirse a cada personalidad, cada una se debe resolver y debe estar de acuerdo en unirse a Cristo. Quizás necesite la ayuda de alguien que comprenda el conflicto espiritual.
Renuncias especiales para la participación en los ritos satánicos
El reino de las tinieblas
El Reino de la luz
Renuncio a la entrega de mi nombre a
Declaro que mi nombre ahora está
Satanás o a permitir que otro entregue
escrito en el Libro de la Vida del
mi nombre a Satanás.
Cordero.
Renuncio a toda ceremonia en que me
Declaro que soy la novia de Cristo.
haya casado con Satanás.
Renuncio a todos y cada uno de los
Declaro que soy partícipe del nuevo
pactos que he hecho con Satanás.
pacto con Cristo.
Renuncio a toda asignación satánica
Declaro que me comprometo a
para mi vida, incluyendo obligaciones,
conocer y a cumplir únicamente la
matrimonio e hijos.
voluntad de Dios y aceptar sólo su
dirección.
Renuncio a todo espíritu guía que se
Declaro que acepto sólo la dirección
me haya asignado.
del Espíritu Santo.
Renuncio a haber entregado mi sangre
Confío sólo en la sangre derramada
al servicio de Satanás.
por mi Señor Jesucristo.
Renuncio a haber comido carne o
Por fe, tomo sólo de la carne y de la
bebido sangre en alabanza a Satanás.
sangre de Jesús a través de la Santa
Cena.
Renuncio a todos y cada uno de los
Declaro que Dios es mi Padre y que el
guardianes y padres satanistas que se
Espíritu Santo es mi Guardián, por
me han asignado.
quien estoy sellado.
Renuncio a cada bautismo en sangre u
Declaro que he sido bautizado en
orina mediante el cual me he
Cristo Jesús y que mi identidad ahora
identificado con Satanás.
está en Cristo.
Renuncio a todo sacrificio en beneficio
Declaro que sólo el sacrificio de Cristo
mío mediante el cual Satanás podría
tiene poder sobre mí. Le pertenezco a
reclamarme como propiedad suya.
Él. He sido comprado por la sangre del
Cordero.
Segundo paso: Engaño vs. verdad
La verdad se revela en la Palabra de Dios, pero debemos reconocer también la verdad que existe en el ser interior (Salmo 51:6). Cuando David vivió una mentira, sufrió tremendamente. Cuando al fin reconoció la verdad y encontró su libertad, escribió: «Bienaventurado el hombre[…] en cuyo espíritu no hay engaño» (Salmo 32:2). Debemos apartarnos de la falsedad y hablar la verdad en amor (Efesios 4:15, 25). La persona con buena salud mental es la que está en contacto con la realidad y bastante libre de ansiedad. Ambas cualidades deben identificar al cristiano que renuncia al engaño y acoge la verdad.
Empiece este paso crucial expresando en voz alta la siguiente oración. No permita que el enemigo le acuse con pensamientos tales como: «Esto no va a dar resultados» o «Quisiera creerlo, pero no puedo» o cualquier otra mentira que se oponga a lo que está proclamando. Aunque le sea difícil, debe hacer la oración y leer la afirmación doctrinal.
Querido Padre celestial: Sé que tú deseas la verdad en el ser interior y que el camino hacia la libertad es enfrentarse con esta verdad (Juan 8:32). Reconozco que me ha engañado el padre de las mentiras (Juan 8:44) y me he autoengañado (1 Juan 1:8). Te pido, Padre celestial, en el nombre del Señor Jesucristo, que reprendas a todo espíritu engañador en virtud de la sangre derramada y la resurrección del Señor Jesucristo. Por fe te he recibido en mi vida y ahora estoy sentado en lugares celestiales en Cristo (Efesios 2:6). Reconozco que tengo la responsabilidad y la autoridad para resistir al diablo y cuando lo haga, huirá de mí. Ahora le pido al Espíritu Santo que me guíe en toda verdad (Juan 16:13). «Examíname, oh Dios, y conoce mis pensamientos. Ve si hay en mí camino de perversidad y guíame por el camino eterno» (Salmo 139:23, 24). Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.
Quizás quiera tomar unos momentos para considerar las artimañas engañosas de Satanás. Además de los falsos maestros y profetas, y de los espíritus engañadores, usted se puede autoengañar. Ahora que está vivo en Cristo y que ha sido perdonado, ya no tiene que vivir más una mentira ni defenderse. Cristo es su defensa. ¿Cómo se ha engañado o intentado defender de acuerdo a la siguiente información?
     El autoengaño
_________     Si somos oidores y no hacedores de la Palabra (Santiago 1:22; 4:17)
_________     Si decimos que no tenemos pecado (1 Juan 1:8)
_________     Si pensamos que somos algo que no somos (Gálatas 6:3)
_________     Si pensamos que somos sabios en esta época (1 Corintios 3:18, 19)
_________     Si pensamos que no segaremos lo que sembramos (Gálatas 6:7)
_________     Si pensamos que los injustos heredarán el reino (1 Corintios 6:9)
_________     Si pensamos que podemos asociarnos con malos compañeros y no corrompernos (1 Corintios 15:33)
     La autodefensa (defendernos en vez de confiar en Cristo)
_________     La negación (consciente o inconsciente)
_________     Las fantasías (escapar del mundo real)
_________     El aislamiento emocional (retraerse para evitar el rechazo)
_________     La regresión (regresar a un tiempo menos amenazante)
_________     El desplazamiento (desquitar sus frustraciones en los demás)
_________     La proyección (culpar a los demás)
_________     La racionalización (defenderse mediante pretextos verbales)
Ore en voz alta respecto a las cosas que han caracterizado su vida:
Señor, estoy de acuerdo que me han engañado en el área de _________. Gracias por perdonarme. Me comprometo a conocer tu verdad y a seguirla. Amén.
Quizás sea difícil escoger la verdad cuando ha vivido en la mentira o lo han engañado durante muchos años. Tal vez deba buscar ayuda profesional para entresacar todos los mecanismos de defensa en los que ha confiado para sobrevivir. El cristiano necesita sólo una defensa: Jesús. Lo que lo libera para enfrentar la realidad y declarar su dependencia de Él es la seguridad de que es perdonado y aceptado como hijo de Dios.
La fe es la respuesta bíblica a la verdad, y creerla es una decisión que se toma. Cuando alguien dice: «Quiero creer en Dios, pero no puedo», se engaña a sí mismo. Por supuesto que puede creer en Dios. La fe es algo que decide hacer, no algo que siente deseos de hacer. Creer la verdad no hace que sea cierta. Es verdad y por lo tanto la creemos. El movimiento de la Nueva Era distorsiona la verdad diciendo que creamos la realidad a través de lo que creemos. No podemos crear la realidad con nuestras mentes; podemos enfrentarnos a ella. Lo que cuenta es qué y en quién es que creemos. Todos creemos en algo y andamos por fe de acuerdo a lo que creemos. Pero si lo que usted cree no es verdad, entonces la manera en que viva (andando por la fe) no será correcta.
Históricamente, la iglesia ha encontrado gran valor en la declaración pública de sus creencias. El credo de los apóstoles y el credo Niceno se han recitado por siglos. Lea en voz alta la siguiente afirmación de su fe, y hágalo cuantas veces sean necesarias para renovar su mente. Léala a diario durante varias semanas.
Afirmación doctrinal
Reconozco que hay un solo Dios vivo y verdadero (Éxodo 20:2, 3) que existe como Padre, Hijo y Espíritu Santo; y Él es digno de todo honor, alabanza y gloria como Creador, Sustentador, Principio y Fin de todas las cosas (Apocalipsis 4:1; 5:9; Isaías 43:1, 7, 21).
Reconozco a Jesucristo como el Mesías, el Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:1, 14). Creo que Él vino a destruir las obras de Satanás (1 Juan 3:8), que despojó a los principados y a las potestades, exhibiéndolos públicamente, habiendo triunfado sobre ellos (Colosenses 2:15).
Creo que Dios ha mostrado su amor por mí porque cuando aún era pecador, Cristo murió por mí (Romanos 5:8). Creo que me salvó del dominio de las tinieblas y me trasladó a su reino, y en Él tengo redención, el perdón de pecados (Colosenses 1:13, 14).
Creo que ahora soy hijo de Dios (1 Juan 3:1–3) y que estoy sentado con Cristo en los lugares celestiales (Efesios 2:6). Creo que fui salvo por la gracia de Dios por medio de la fe, y que fue un regalo y no el resultado de cualquier obra mía (Efesios 2:8).
Decido ser fuerte en el Señor y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10). No tengo confianza alguna en la carne (Filipenses 3:3), porque las armas de mi lucha no son carnales (2 Corintios 10:4). Me visto con toda la armadura de Dios (Efesios 6:10–20), y estoy decidido a estar firme en mi fe y a resistir al maligno.
Creo que aparte de Cristo nada puedo hacer (Juan 15:5), por lo que declaro mi dependencia de él. Decido permanecer en Cristo para llevar mucho fruto y glorificar al Señor (Juan 15:8). Le anuncio a Satanás que Jesús es mi Señor (1 Corintios 12:3), y rechazo cualquier don u obra falsificada por Satanás en mi vida.
Creo que la verdad me hará libre (Juan 8:32), y que el único camino de comunión es andar en la luz (1 Juan 1:7). Por lo tanto, estoy firme en contra del engaño de Satanás al llevar cada pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo (2 Corintios 10:5). Declaro que la Biblia es la única regla autorizada (2 Timoteo 3:15–16). Decido hablar la verdad en amor (Efesios 4:15).
Decido presentar mi cuerpo como instrumento de justicia, en sacrificio vivo y santo, y renuevo mi mente por medio de la Palabra viva de Dios, para poder comprobar que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta (Romanos 6:13; 12:1, 2). Me quito el viejo hombre con sus prácticas malignas y me pongo el nuevo hombre (Colosenses 3:9, 10), y declaro ser una nueva criatura en Cristo (2 Corintios 5:17).
Le pido a mi Padre celestial que me llene con su Santo Espíritu (Efesios 5:18), que me conduzca a toda verdad (Juan 16:13), y que me dé el poder para vivir sin pecado y no satisfacer los deseos de la carne (Gálatas 5:16). Crucifico la carne (Gálatas 5:24) y decido caminar según el Espíritu.
Renuncio a todas las metas egoístas y escojo el propósito final de amor (1 Timoteo 1:5). Decido obedecer los dos mandamientos más grandes: Amar al Señor mi Dios con todo mi corazón, con toda mi alma y con toda mi mente, y amar a mi prójimo como a mí mismo (Mateo 22:37–39).
Creo que Jesús tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18), y que Él es la cabeza sobre todo principado y potestad (Colosenses 2:10). Creo que Satanás y sus demonios están sujetos a mí en Cristo porque soy miembro del cuerpo del Señor (Efesios 1:19–23). Por lo tanto, obedezco el mandamiento de someterme a Dios y de resistir al diablo (Santiago 4:7), y le ordeno en el nombre de Cristo, que se aleje de mi presencia.
Tercer paso: Amargura vs. perdón
Debemos perdonar a los demás para que Satanás no se pueda aprovechar de nosotros (2 Corintios 2:10, 11). Debemos ser misericordiosos así como nuestro Padre celestial es misericordioso (Lucas 6:36). Debemos perdonar así como hemos sido perdonados (Efesios 4:32). Pídale a Dios que le traiga a la memoria los nombres de aquellas personas que debe perdonar, al leer la siguiente oración en voz alta:
Querido Padre celestial: Te doy gracias por las riquezas de tu bondad y paciencia, pues sé que tu bondad me ha llevado al arrepentimiento (Romanos 2:4). Confieso que no he dado esa misma paciencia y bondad hacia otros que me han ofendido, sino que he albergado amargura y resentimiento. Te pido que durante este momento de examen traigas a mi mente aquellas personas que no he perdonado, para poderlo hacer ahora (Mateo 18:35). Te pido esto en el nombre precioso de Jesús. Amén.
Conforme recuerde a las personas, haga un listado sólo de sus nombres.
Al final de su lista, escriba: «yo mismo». Perdonarse a uno mismo es aceptar el perdón y la purificación de Dios. Escriba también: «Pensamientos contra Dios». Por lo general, los pensamientos que se levantan en contra del conocimiento de Dios resultan en sentimientos de enojo contra Él. En realidad no perdonamos a Dios, porque Él no puede cometer ningún pecado ni de acción ni de negligencia. Pero usted debe renunciar específicamente a las falsas esperanzas y pensamientos que ha tenido de Dios y decidir desechar cualquier ira que sienta hacia Él.
Antes de hacer su oración para perdonar, deténgase y considere lo que es y lo que no es el perdón, qué decisión tomará y cuáles serán sus consecuencias.
En la siguiente explicación, los puntos principales están en negrita:
Perdonar no es olvidar. Las personas que intentan olvidar se dan cuenta de que no pueden. Dios dice que «nunca más me acordaré de sus pecados» (Hebreos 10:17), pero siendo omnisciente, Él no puede olvidar. «Nunca más me acordaré» significa que nunca usará el pasado en nuestra contra (Salmo 103:12). Quizás el olvido sea el resultado de perdonar, pero jamás es el medio para perdonar. Cuando sacamos el pasado en contra de los demás, decimos que no los hemos perdonado.
Perdonar es una decisión, una crisis de la voluntad. Como Dios nos manda que perdonemos, es algo que sí podemos hacer. Pero perdonar es difícil pues va en contra de nuestro concepto de justicia. Queremos venganza por las ofensas sufridas. Pero jamás se nos permite vengarnos (Romanos 12:19). Usted dice: «¿Por qué he de dejarlos libres?» He ahí el problema: sigue atado a los que lo han ofendido, sigue atado a su pasado. Usted los liberará, pero Dios no lo hará nunca. Será justo con ellos, que es algo que nosotros no podremos ser.
Usted dirá: «¡Pero no entiende cuánto me ha herido esa persona!» ¡Pero no ve que todavía lo hiere! ¿Cómo parar el dolor? Usted no perdona otros para el bien de ellos; lo hace por su propio bien, para quedar libre. La necesidad de perdonar no es un asunto entre usted y el que lo ofendió; es entre usted y Dios.
Perdonar es estar de acuerdo en vivir con las consecuencias del pecado de otra persona. El perdón es costoso: Usted paga el precio del mal que perdona. Va a tener que vivir con esas consecuencias, quiéralo o no; su única opción es hacerlo en amargura si no perdona, o vivir en libertad por el perdón. Jesús llevó sobre sí las consecuencias del pecado de usted. Perdonar de verdad es tomar el lugar de otro, porque nadie perdona realmente sin llevar consigo las consecuencias del pecado de otra persona. Dios el Padre «al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él» (2 Corintios 5:21). ¿Dónde está la justicia? La cruz hace que el perdón sea legal y moralmente correcto: «Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas» (Romanos 6:10).
¿Cómo se perdona de corazón? Se tiene que reconocer el dolor y el odio. Si el perdón no toca la profundidad de sus emociones, será incompleto. Muchos sienten el dolor de las ofensas interpersonales, pero no quieren reconocerlo o no saben cómo. Permita que Dios traiga su dolor a la superficie para que Él lo enfrente. Es allí donde puede haber sanidad.
Decida llevar la carga de las ofensas recibidas al no usar en el futuro esa información en contra de los que le han ofendido. Eso no significa que deba tolerar el pecado; siempre tendrá que estar firme en contra del pecado.
No espere perdonar hasta que sienta deseos de hacerlo; nunca los tendrá. Los sentimientos necesitan tiempo para sanar después que se toma la decisión de perdonar y que Satanás haya perdido su lugar (Efesios 4:26, 27). Lo que se obtiene es la libertad, no un sentimiento.
A medida que ora, Dios puede ayudarle a recordar las personas y experiencias ofensivas que había olvidado por completo. Permita que lo haga, aunque sea doloroso. Recuerde que lo hace por su propio bien. Dios desea que usted sea libre. No justifique ni explique la conducta del ofensor. Perdonar significar enfrentar su propio dolor y dejar a la otra persona en manos de Dios. Con el tiempo se desarrollarán los sentimientos positivos; pero librarse del pasado es el asunto crucial en este momento.
No diga: «Señor, por favor, ayúdame a perdonar», porque ya le está ayudando. No diga: «Señor, quiero perdonar», porque estaría pasando por alto la decisión difícil de perdonar, que es su responsabilidad. Quédese con cada individuo hasta que esté seguro de haber enfrentado todo el dolor recordado: lo que hizo, cómo le hirió, lo que le hizo sentir (rechazo, falta de amor, indignidad, suciedad, etc.).
Ahora está listo para perdonar a las personas de su lista y quedar libre en Cristo sin que esas personas controlen más su vida. Por cada persona en su lista, ore en voz alta:
Señor, perdono a (nombre) por (identifique específicamente todas las ofensas y los recuerdos o sentimientos dolorosos).
Cuarto paso: Rebelión vs. sumisión
Vivimos en una generación rebelde. Muchos creen tener el derecho de juzgar a los que están en autoridad sobre ellos. Rebelarnos contra Dios y su autoridad le da oportunidad a Satanás de atacarnos. Como comandante en jefe el Señor dice: «Únete a las filas y sígueme. No te meteré en tentación, sino que te libraré del mal» (Mateo 6:13).
Tenemos dos responsabilidades bíblicas en cuanto a las autoridades: Orar por ellas y someternos a ellas. Dios sólo nos permite desobedecer a los líderes terrenales cuando nos exijan hacer algo inmoral ante Él, o cuando intenten gobernar fuera del dominio de su autoridad. Haga la siguiente oración:
Querido Padre celestial: Tú has dicho que la rebeldía es como el pecado de adivinación, y la obstinación es como la iniquidad de la idolatría (1 Samuel 15:23). Sé que en mis acciones y actitudes he pecado contra ti con un corazón rebelde. Pido tu perdón por mi rebelión y oro que, por la sangre derramada por el Señor Jesucristo, sea cancelada toda ventaja adquirida por los espíritus malignos a causa de mi rebeldía. Te pido que ilumines todos mis caminos para que conozca toda la extensión de mi rebeldía. Decido ahora adoptar un espíritu sumiso y el corazón de un siervo. Amén.
Estar sujeto a una autoridad es un acto de fe. Usted confía en que Dios realice su obra por medio de su orden de autoridad establecido. Hay momentos en que los empleadores, los padres y los maridos violan la ley del gobierno civil ordenada por Dios con el fin de proteger del abuso a las personas inocentes. En esos casos, usted debe apelar al estado en busca de protección. En muchos estados la ley exige que los abusos se informen.
En casos difíciles, como el abuso constante en el hogar, quizás sea necesaria una consejería más extensa. En algunos casos, en que las autoridades del mundo han abusado de su posición y exigen desobediencia a Dios o un término medio en su compromiso con Él, usted debe obedecer a Dios y no al hombre.
A todos se nos amonesta que nos sometamos unos a otros como iguales en Cristo (Efesios 5:21). Sin embargo, hay algunas cadenas de autoridad específicas en las Escrituras con el fin de cumplir las metas comunes.
El gobierno civil (Romanos 13:1–7); 1 Timoteo 2:1–4; 1 Pedro 2:13–17)
Los padres (Efesios 6:1–3)
El esposo (1 Pedro 3:1–4)
El patrón (1 Pedro 2:18–23)
Los líderes de la iglesia (Hebreos 13:17)
Dios (Daniel 9:5, 9)
Examine cada área y pídale perdón a Dios por las veces que no ha sido sumiso, y ore de la siguiente manera:
Señor, sé que he sido rebelde hacia _________. Por favor, perdóname por esta rebelión. Decido ser sumiso y obediente a tu Palabra. En el nombre de Jesús. Amén.
Quinto paso: Orgullo vs. humildad
El orgullo mata. El orgullo dice: «¡Yo puedo solo! Puedo salir de este enredo sin la ayuda de Dios ni de nadie». ¡Pero no es posible! Necesitamos terminantemente de Dios y también con desesperación unos de otros. Pablo escribió: «Porque nosotros somos[…] los que servimos a Dios en espíritu, que nos gloriamos en Cristo Jesús y que no confiamos en la carne» (Filipenses 3:3). La humildad es la confianza debidamente fijada. «Fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza» (Efesios 6:10). Santiago 4:6–10 y 1 Pedro 5:1–10 revelan que al orgullo le sigue el conflicto espiritual. Use la siguiente oración para expresar su compromiso de vivir humildemente ante Dios:
Amado Padre celestial: Tú has dicho que antes de la quiebra está el orgullo; y antes de la caída, la altivez de espíritu (Proverbios 16:18). Confieso que he vivido de manera independiente y que no me he negado a mí mismo, ni he tomado mi cruz diariamente para seguirte (Mateo 16:24). Al hacer eso, he concedido territorio en mi vida al enemigo. He creído que podía tener éxito y vivir en victoria por mi propia fuerza y mis recursos. Ahora confieso que he pecado contra ti al anteponer mi voluntad a la tuya y al centrar mi vida en mí mismo en vez de centrarla en ti. Ahora renuncio a la vida egoísta y, al hacerlo, cancelo toda ventaja adquirida en mis miembros por los enemigos del Señor Jesucristo. Te pido que me guíes para que no haga nada por rivalidad ni por vanagloria, sino estimar humildemente a los demás como superiores a mí (Filipenses 2:3). Permíteme servir en amor a los demás y preferirlos en honor (Romanos 12:10). Esto te lo pido en el nombre de Cristo Jesús, mi Señor. Amén.
Habiendo hecho este compromiso, ahora permítale a Dios mostrarle cualquier área específica de su vida donde haya sido orgulloso, como en los aspectos siguientes:
_________     He tenido un mayor deseo de cumplir mi voluntad que la de Dios
_________     He dependido más de mi fortaleza y de mis recursos que de los de Dios
_________     A veces creo que mis ideas y opiniones son mejores que las de otros
_________     Me preocupo más de controlar a los demás que desarrollar el dominio propio
_________     A veces me considero más importante que otros Tengo la tendencia de pensar que no tengo necesidades Encuentro difícil aceptar mis faltas
_________     Tengo la tendencia de complacer más a la gente que complacer a Dios
_________     Me preocupo demasiado respecto a si recibo o no el reconocimiento debido
_________     Me siento obligado a obtener el reconocimiento como resultado de los grados académicos, títulos y cargos
_________     Suelo pensar que soy más humilde que los demás Otras maneras en que haya pensado más de sí mismo que lo debido
Por cada uno de los puntos anteriores que se aplique en su vida, ore en voz alta lo siguiente:
Señor, reconozco que he sido orgulloso en el área de _________. Perdóname, por favor, por este orgullo. Decido humillarme y confiar totalmente en ti. Amén.
Sexto paso: Esclavitud vs. libertad
El siguiente paso hacia la libertad se relaciona con las costumbres pecaminosas. Las personas atrapadas en el ciclo vicioso de pecar-confesar-pecar-confesar quizás tengan que seguir las instrucciones de Santiago 5:16: «Confesaos unos a otros vuestros pecados, y orad unos por otros de manera que seáis sanados. La ferviente oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho». Búsquese a una persona justa que le apoye en oración y a quien le pueda rendir cuentas. Otros quizás sólo necesiten la seguridad expresada en 1 Juan 1:9: «Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad». La confesión no es decir «lo siento», sino más bien, «lo hice». Ya sea que necesite la ayuda de otros o sólo tenga que rendirle cuentas a Dios, ore de la siguiente manera:
Amado Padre celestial: Tú nos has dicho que nos vistamos del Señor Jesucristo y que no hagamos provisión para satisfacer los malos deseos de la carne (Romanos 13:14). Reconozco que me he entregado a las pasiones carnales que combaten contra el alma (1 Pedro 2:11). Te doy gracias que en Cristo mis pecados me son perdonados, pero he pecado contra tu santa ley y le he dado al enemigo la oportunidad de luchar en mis miembros (Romanos 6:12–13; Santiago 4:1; 1 Pedro 5:8). Vengo ante tu presencia para reconocer estos pecados y en busca de tu limpieza (1 Juan 1:9) para ser libre de la esclavitud del pecado. Ahora te pido que reveles a mi mente las maneras en que he transgredido tu ley moral y he contristado al Espíritu Santo. Te lo pido en el nombre precioso de Jesús. Amén.
Las obras de la carne son numerosas. Quizás quiera abrir su Biblia en Gálatas 5:19–21 y orar a través de estos versículos, pidiéndole al Señor que le revele sus pecados específicos de la carne.
Es nuestra responsabilidad impedir que el pecado reine en nuestros cuerpos mortales al no utilizarlos como instrumentos de iniquidad (Romanos 6:12, 13). Si lucha contra los pecados sexuales habituales (pornografía, masturbación, promiscuidad sexual) o si experimenta dificultades sexuales e íntimas en su matrimonio, ore de la siguiente manera:
Señor, te pido que traigas a mi memoria cada uso sexual de mi cuerpo como instrumento de iniquidad. Te lo pido en el nombre precioso de Jesús. Amén.
Conforme el Señor le traiga a su memoria cada uso sexual de su cuerpo, sea que fuera víctima (de violación, incesto o cualquier otro abuso sexual) o que haya participado voluntariamente, renuncie a cada ocasión:
Señor, renuncio a (mencione el uso específico de su cuerpo) con (nombre a la persona) y te pido que rompas esa atadura.
Ahora dedique su cuerpo ál Señor con la siguiente oración:
Señor, renuncio a todos estos usos de mi cuerpo como instrumento de iniquidad y al hacerlo, te pido que rompas toda atadura que Satanás ha traído a mi vida a través de esa relación. Confieso mi participación y ahora te presento mi cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a ti, y reservo el uso sexual de mi cuerpo sólo para el matrimonio. Renuncio a la mentira de Satanás de que mi cuerpo no es limpio, que es sucio o de alguna manera es inaceptable como resultado de mis experiencias sexuales anteriores. Señor, te doy gracias porque me has lavado totalmente y me has perdonado, y que me amas y me aceptas incondicionalmente. Por lo tanto, puedo aceptarme a mí mismo. Y decido hacerlo: a aceptarme a mí mismo y mi cuerpo como limpios. En el nombre de Jesús. Amén.
Oraciones especiales para las necesidades especiales
La homosexualidad
Señor, renuncio a la mentira de que me has creado a mí o a cualquier otro para ser homosexual, y afirmo que tú prohíbes terminantemente el comportamiento homosexual. Me acepto como hijo de Dios y declaro que tú me creaste como hombre (o mujer). Renuncio a toda atadura de Satanás que puede haber pervertido mis relaciones con los demás. Declaro que soy libre para relacionarme con el sexo opuesto de la manera dispuesta por ti. En el nombre de Jesús. Amén.
El aborto
Señor, confieso que no acepté la mayordomía de la vida que me encomendaste y pido tu perdón. Decido aceptar tu perdón al perdonarme a mí misma, y ahora te entrego ese hijo para que tú lo cuides durante toda la eternidad. En el nombre de Jesús. Amén.
Las tendencias suicidas
Renuncio a la mentira de que puedo encontrar paz y libertad al quitarme la vida. Satanás es un ladrón que viene a robar, a matar y a destruir. Escojo la vida en Cristo, quien dijo que vino a darme la vida y a dármela en abundancia.
Los trastornos en la alimentación o la costumbre de cortarse
Renuncio a la mentira de que mi valor depende de mi apariencia o de mis logros. Renuncio a cortarme, a purgarme o a defecar como medio de limpiarme de toda maldad, y anuncio que sólo la sangre del Señor Jesucristo me puede limpiar de mi pecado. Acepto la realidad de que puede haber pecado presente en mí como consecuencia de las mentiras que he creído y por el uso equivocado de mi cuerpo, pero renuncio a la mentira de que soy maligno o de que cualquier parte de mi cuerpo sea maligna. Declaro la verdad de que soy totalmente aceptado en Cristo, tal y como soy.
Drogas y alcohol
Señor, confieso que he usado de manera equivocada las sustancias como alcohol, tabaco, comida, medicamentos o drogas, para mi placer, para escapar la realidad o para enfrentar l
as situaciones difíciles, lo cual ha resultado en el abuso de mi cuerpo, en la programación dañina de mi mente y en entristecer al Espíritu Santo. Te pido perdón y renuncio a toda conexión o influencia satánica en mi vida por medio de mi uso equivocado de sustancias químicas o de la comida. Echo toda mi ansiedad sobre Cristo que me ama y me comprometo a no entregarme más al abuso de sustancias, sino más bien al Espíritu Santo. Te pido, Padre celestial, que me llenes de tu Espíritu Santo. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de confesar todo pecado conocido, ore lo siguiente:
Ahora te confieso estos pecados a ti y reclamo mi perdón y limpieza por medio de la sangre del Señor Jesucristo. Cancelo todo terreno que los espíritus malignos hayan adquirido a través de mi relación voluntaria en el pecado. Esto lo pido en el nombre de mi Señor y Salvador Jesucristo. Amén.
Séptimo paso: Conformidad vs. renuncia
La conformidad es una entrega o un acuerdo pasivo, sin consentimiento propio. El último paso hacia la libertad es renunciar a los pecados de sus antepasados y a cualquier maleficio o maldición impuestos por otros. Al dar los Diez Mandamientos, Dios dijo: «No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen» (Éxodo 20:4, 5).
Los espíritus familiares se pueden traspasar de una generación a la siguiente si no se renuncia a ellos ni proclama uno su nueva herencia espiritual en Cristo. Usted no tiene la culpa del pecado de cualquier antepasado, pero debido a su pecado, Satanás ha logrado acceso a su familia. Esto no es negar que muchos problemas se trasmiten genéticamente o se adquieren en un ambiente inmoral. Las tres condiciones pueden predisponer al individuo a un pecado en particular. Además, hay personas engañadas que traten de maldecirlo a usted, o grupos satánicos que intentan hacerlo el blanco de sus ataques. Usted tiene toda la autoridad y la protección que necesita en Cristo para hacerle frente a tales maldiciones y asignaciones. Para andar libre de las influencias del pasado, lea primero en silencio la siguiente declaración y la oración, para que sepa exactamente lo que va a declarar y pedir. Entonces reclame su posición y su protección en Cristo al hacer la declaración verbal y al humillarse delante de Dios en oración.
Declaración
Por este medio y en este momento rechazo y desecho todos los pecados de mis antepasados. Como uno que ha sido librado del poder de las tinieblas y trasladado al Reino del amado Hijo de Dios, cancelo toda obra demoníaca que me hayan traspasado mis antepasados. Como uno que ha sido crucificado y levantado con Jesucristo y se sienta con Él en los lugares celestiales, renuncio a toda asignación satánica dirigida hacia mí y hacia mi ministerio, y cancelo toda maldición que me hayan puesto Satanás y sus obreros. Le anuncio a Satanás y a todas sus fuerzas que Cristo se hizo maldición por mí (Gálatas 3:13) cuando en la cruz murió por mis pecados. Rechazo todas y cada una de las formas en que Satanás pueda reclamarme como propiedad. Me declaro estar eterna y completamente comprometido con el Señor Jesucristo y entregado a Él. Por la autoridad que tengo en Jesucristo, ahora le ordeno a todo espíritu familiar y a cada enemigo del Señor Jesucristo que esté dentro o alrededor mío que se vaya de mi presencia. De ahora en adelante me comprometo con mi Padre celestial a cumplir su voluntad.
Oración
Amado Padre celestial: Vengo como tu hijo, comprado por la sangre del Señor Jesucristo. Tú eres el Señor del universo y de mi vida. Te entrego mi cuerpo como instrumento de justicia, un sacrificio vivo, para que te glorifiques en él. Ahora te pido que me llenes de tu Espíritu Santo. Me comprometo a renovar mi mente para poder comprobar que tu voluntad es buena, perfecta y agradable para mí. Esto lo hago todo en el nombre y con la autoridad del Señor Jesucristo. Amén.
Una vez asegurada su libertad al seguir estos siete pasos, puede ser que las influencias demoníacas intenten regresar días o meses después. Alguien me contó que, después de haber recibido su libertad, oyó a un espíritu decir a su mente: «Ya volví». A lo cual proclamó en voz alta: «¡De ninguna manera!» El ataque se acabó al instante. Una victoria no constituye una guerra ganada, pues hay que mantener la libertad. Después de completar estos pasos, una señora muy feliz me preguntó: «¿Estaré siempre así?» Le dije que permanecería libre entretanto permaneciera en una buena relación con Dios. «Y aunque resbale y caiga», la animé, «usted sabe cómo ponerse otra vez a bien con Dios».
Una víctima de atrocidades increíbles me contó este ejemplo:
«Es como si me hubieran obligado a participar en un juego con un tipo extraño y desagradable dentro de mi hogar. Iba perdiendo y ya no quería jugar, pero el tipo extraño no me dejaba. Al fin llamé a la policía (una autoridad superior) que vino y lo sacó de mi hogar. Más tarde tocó a la puerta con deseos de entrar de nuevo, pero esta vez reconocí su voz y no lo dejé entrar».
Qué hermoso ejemplo de cómo obtener la libertad en Cristo. Le pedimos ayuda a Jesús, la máxima autoridad, y Él saca al enemigo de nuestra vida. Conozca la verdad, manténgase firme y resista al maligno. Busque buen compañerismo cristiano y comprométase a una costumbre de estudiar con regularidad la Biblia y de orar. Dios le ama y nunca le dejará ni le desamparará.
Conservación de resultados
La libertad se tiene que mantener. Usted ha ganado una batalla importante en una guerra continua. Suya es la libertad mientras siga decidiéndose por la verdad y esté firme en la fuerza del Señor. Si llegaran a la superficie algunos recuerdos nuevos, o si se diera cuenta de las «mentiras» que ha creído o de otras experiencias no cristianas que haya tenido, renuncie a ellos y decídase por la verdad. Algunos han encontrado que es beneficioso volver a realizar los pasos. Al hacerlo, lea con cuidado las instrucciones.
Para mantener los resultados de la libertad sugerimos lo siguiente:
1.     Busque el compañerismo cristiano legítimo, donde puede andar en la luz y hablar la verdad en amor.
2.     Estudie su Biblia a diario. Memorice los versículos clave. Quizás quiera expresar la afirmación doctrinal diariamente y buscar las referencias en esta.
3.     Lleve cada pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo. Responsabilícese de su vida mental, rechace la mentira, escoja la verdad y permanezca firme en su posición en Cristo.
4.     ¡No se aleje! Es muy fácil que sus pensamientos se debiliten y retroceder a las viejas costumbres en cuanto a la manera de pensar. Cuente sus luchas abiertamente a un amigo de confianza. Necesita al menos alguien que se mantenga firme con usted.
5.     No espere que otro batalle por usted. Otros pueden ayudar, pero no pueden pensar, orar, leer la Biblia ni escoger la verdad por usted.
6.     Comprométase a orar todos los días. Puede usar a menudo y con toda confianza estas oraciones sugeridas:
Oración diaria
Amado Padre celestial: Te honro como mi Señor soberano. Reconozco que siempre estás conmigo. Eres el único todopoderoso y sabio Dios. Eres bondadoso y amoroso en todos tus caminos. Te amo y te agradezco estar unido con Cristo y en Él estar espiritualmente vivo. Decido no amar al mundo y crucifico la carne con todas sus pasiones.
Te agradezco la vida que ya tengo en Cristo y te pido que me llenes con tu Espíritu Santo para vivir libre del pecado. Declaro mi dependencia de ti y tomo mi posición en contra de Satanás y todos sus caminos mentirosos. Decido creer la verdad y no me dejo desanimar. Tú eres el Dios de toda esperanza, confío plenamente en que vas a suplir mis necesidades a medida que procuro vivir de acuerdo a tu Palabra. Expreso con confianza que puedo vivir con responsabilidad mediante Cristo que me fortalece.
Ahora tomo mi lugar en contra de Satanás y ordeno a él y a todos sus espíritus malignos que se aparten de mí. Me pongo toda la armadura de Dios. Entrego mi cuerpo en sacrificio vivo y renuevo mi mente por la Palabra viva de Dios para poder comprobar que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. Estas cosas las pido en el nombre precioso de mi Señor y Salvador Jesucristo. Amén.
Oración nocturna
Gracias, Señor, que me has recibido en tu familia y me has ensalzado con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Gracias por darme este tiempo de renovación a través del sueño. Lo acepto como parte de tu plan perfecto para tus hijos, y confío en ti para cuidar mi mente y mi cuerpo mientras duermo. Así como he meditado en ti y en tu verdad durante este día, así escojo dejar que estos pensamientos continúen en mi mente mientras duermo. Me entrego a ti para que me protejas de cada intento que hagan Satanás y sus emisarios en atacarme durante mi sueño. Me entrego a ti como mi roca, mi fortaleza y mi descanso. Te lo pido en el poderoso nombre del Señor Jesucristo. Amén.
Limpieza de la casa o el apartamento
Después de quitar todo artículo de falsa adoración de su casa o apartamento, ore en voz alta en cada habitación si es necesario.
Padre celestial: Reconocemos que tú eres Señor del cielo y de la tierra. Por tu poder y amor soberanos nos has dado todas las cosas para que las disfrutemos en abundancia. Gracias por este lugar donde vivimos. Reclamamos esta casa para nuestra familia como un lugar de seguridad espiritual y de protección de todos los ataques del enemigo. Como hijos de Dios sentados con Cristo en el lugar celestial, ordenamos a todo espíritu maligno que esté reclamando su lugar en las estructuras y en el mobiliario de este lugar debido a las actividades de los que antes la ocupaban, que se vaya para nunca más regresar. Renunciamos a toda maldición y encantamiento utilizado en contra de este lugar. Te pedimos, Padre celestial, que pongas ángeles guardianes alrededor de esta casa (apartamento, cuarto, etc.) para guardarlo de los intentos que haga el enemigo de entrar y de perturbar tus propósitos para nuestras vidas. Te damos gracias, Señor, por hacer esto y oramos en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.
La vida en un ambiente no cristiano
Después de quitar todo artículo de falsa adoración de su cuarto, ore en voz alta en la habitación que se le ha asignado.
Gracias, Padre celestial, por un lugar donde vivir y donde el sueño me renueve. Te pido que separes esta habitación (o parte de ella) como un lugar de seguridad espiritual para mí. Renuncio a toda lealtad ofrecida a dioses falsos o a espíritus de parte de otros ocupantes, y renuncio a cualquier reclamo de este cuarto (o espacio) por parte de Satanás en base a las actividades de los ocupantes anteriores riores o mías. Con base en mi posición como hijo de Dios y como coheredero de Cristo, quien tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra, ordeno a todos los espíritus malignos salir de aquí para nunca más regresar. Te pido, Padre celestial, que me asignes ángeles guardianes para protegerme mientras viva aquí. Esto lo pido en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.
Siga buscando su identidad y su valor en Cristo. Lea libros que le edifiquen. Renueve su mente con la verdad de que su aceptación, su seguridad y su importancia están en Cristo, al saturar su mente de las siguientes verdades. Lea toda la lista por las mañanas y en las noches durante las próximas semanas.
EN CRISTO
SOY ACEPTADO
Juan 11:2     Soy hijo de Dios (Gálatas 3:26–28).
Juan 15:15     Soy amigo de Cristo.
Romanos 5:1     He sido justificado.
1 Corintios 6:17     He sido unido al Señor y soy uno en espíritu con Él.
1 Corintios 6:19, 20     He sido comprado por un precio. Pertenezco a Dios.
1 Corintios 12:27     Soy miembro del cuerpo de Cristo.
Efesios 1:1     Soy santo.
Efesios 1:5     He sido adoptado como hijo de Dios.
Efesios 2:18     Tengo acceso directo a Dios por medio del Espíritu Santo.
Colosenses 1:14     He sido redimido y perdonado de todos mis pecados.
Colosenses 2:10     Estoy completo en Cristo.
ESTOY SEGURO
Romanos 8:1, 2     Estoy libre de condenación para siempre.
Romanos 8:28     Todas las cosas ayudan a mi bien.
Romanos 8:31ss      Estoy libre de todo cargo de condenación en mi contra.
Romanos 8:35ss     Nada me separará del amor de Dios.
2 Corintios 1:21, 22     He sido confirmado, ungido y sellado por Dios.
Colosenses 3:3     Estoy escondido con Cristo en Dios.
Filipenses 1:6     Confío en que la buena obra que Dios comenzó en mí sera perfeccionada.
Filipenses 3:20     Soy ciudadano del cielo.
2 Timoteo 1:7     No he recibido un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
Hebreos 4:16     Puedo encontrar gracia y misericordia en tiempo de necesidad.
1 Juan 5:18     Soy nacido de Dios y el maligno no me puede tocar.
SOY IMPORTANTE
Mateo 5:13, 14     Soy la sal de la tierra y la luz del mundo.
Juan 15:1, 5     Soy una rama de la vid verdadera, un canal de su vida.
Juan 15:16     He sido elegido y nombrado para llevar fruto.
Hechos 1:8     Soy un testigo personal de Cristo.
1 Corintios 3:16     Soy templo de Dios.
2 Corintios 5:17ss     Soy ministro de reconciliación para Dios.
2 Corintios 6:1     Soy colaborador de Dios (1 Corintios 3:9).
Efesios 2:6     Estoy sentado con Cristo en los lugares celestiales.
Efesios 2:10     Soy hechura de Dios.
Efesios 3:12     Puedo acercarme a Dios con libertad y confianza.
Filipenses 4:13     Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.