Sermones expositivos










viernes, 21 de enero de 2011

Un hombre Muy Peligroso: Elías Tisbita - Muy Osado

Un hombre Muy Peligroso: Elías Tisbita - Sacar Agua de lo Ajeno
 
 Tipo de Archivo: PDF | Tamaño: 1.5MBytes | 170 páginas | Idioma:Spanish | Categoría: Estudio Bíblico Liberación


 Información
ÍNDICE 
Introducción 
La dramática aparición de Elías 
El cielo cerrado 
El arroyo de Querit 
La prueba de la fe 
El arroyo seco 
Elías en Sarepta 
Los apuros de una viuda 
El Señor proveerá 
Una Providencia oscura 
Las mujeres recibieron sus muertos por resurrección 
Frente al peligro 
Frente a Acab 
El alborotador de Israel 
La llamada al  Carmelo 
El   reto   de   Elías 
Oídos que no oyen 
La confianza de la fe 
La   oración   eficaz 
La   respuesta  por  fuego 
El sonido de una grande lluvia 
Perseverancia en la oración 
La huida 
En el  desierto 
Abatido 
Fortalecido 
La cueva de Orbe 
El silbo apacible y delicado 
La   restauración   de   Elías 
La viña de Nabot 
El pecador descubierto 
Un mensaje aterrador 
La última misión de Elías 
Un instrumento de juicio 
La partida de Elías 
El carro de fuego

Su aparición repentina de la oscuridad más completa, sus  intervenciones dramáticas en la historia, nacional de Israel, sus milagros, su partida de la tierra en un carro de fuego, sirven para cautivar el pensamiento tanto del predicador como del escritor. 

El Nuevo Testamento apoya este interés. Si Jesucristo es el Profeta "como Moisés", también Elías tiene su paralelo en el Nuevo Testamento: Juan, el más grande de los profetas. Y, lo que es todavía más notable, Elías mismo reaparece de forma visible cuando con Moisés, en el monte de "la magnífica gloria", "habla de la contienda que ganó nuestra vida con el Hijo de Dios encarnado".

¿Qué sublime honor fue éste! Moisés y  Elías son los nombres que no sólo brillan con pareja  grandeza en los capítulos finales del Antiguo  Testamento, sino que aparecen también como representantes vivientes de la hueste redimida del Señor —los resucitados y los traspuestos— en el "monte santo", donde conversan de la salida que su Señor y Salvador había de cumplir en el tiempo designado por el Padre. 

Es el representante "transpuesto", la segunda de las maravillosas excepciones en el Antiguo  Testamento del reino universal de la muerte, cuyo retrato se traza en las páginas que siguen. “Aparece, como la tempestad, desaparece como el torbellino” —dijo el Obispo Hall en el siglo XVII—; "lo primero que oímos de él es un juramento y una amenaza". Sus palabras, como rayos, parecen rasgar el firmamento de Israel. En una ocasión famosa, el Dios de Abraham, Isaac y  Jacob respondió a éstas con fuego sobre el altar del holocausto. A lo largo de la carrera sorprendente de Elías el juicio y la misericordia están entremezclados. Desde el momento en que aparece, "sin padre, sin madre", "como si fuera el hijo de la tierra"', hasta el día, cuando cayó su  manto y cruzó el río de la muerte sin gustarla, ejerció un ministerio sólo comparable al de Moisés, su compañero en el monte. "Era",  dice el Obispo Hall, "el profeta más eminente reservado para la época más corrupta".